Summary: Todo estaba próximo a terminar. Todo el engaño se cayó y los hermanos Shidou volverían a su rutina original. ¿Pero por qué no es tan sencillo como suena?
M.C.: Mariya (hombre)
"Mariya. ¿De verdad eres Mariya?"
Esa frase rondaba por su mente luego de las fiestas navideñas y el reencuentro con su amada abuela. Todo lo ocurrido recientemente fue bastante fuerte para él, en especial todo lo que conlleva saber la verdad de Irene, pero aún así se sentía demasiado confundido. Aunque no lo admitiera, estaba feliz por su hermana menor, ya que al contrario de él, todas sus preocupaciones y dudas sobre quién era realmente se esfumaron en aquel momento. En cambio él quedó perdido. Bastante.
Por un lado, siempre consideró la apuesta como un reto más hacia su camino al éxito, nada que lo condicionase emocionalmente; sin embargo, la razón principal de seguir con esto el mayor tiempo posible era para cumplir el último deseo de su querida difunta abuela. Nunca se dio cuenta cuando su alter ego femenino comenzó a incorporarse más a su persona hasta un punto de no retorno (o por lo menos, no tan fácil retorno). Siempre tuvo presente desde que nació que él era el gran y adorado Shizu Shidou, el ser humano más perfecto que haya existido a pesar de que algunos dijesen lo contrario. Nunca puso en tela de juicio su mirada sobre si mismo a pesar de lo exageradamente narcisista que esta pudiese ser. Cuando llegó el día del intercambio, supo muy bien que su ser como Shizu no iba al tomar el nombre de Mariya y con todo lo que este conllevaba, solo iba a cambiar de portador por un tiempo hasta que haya un ganador (en su mente él). Luego, todo volvería como debió haber sido desde un primer momento. Shizu como Shizu y Mariya como Mariya. Todo a la normalidad.
Normalidad...
¿Desde cuando su normalidad se volvió representada en vestidos y la rutina dentro de Ame no Kisaki?
Nunca supo responder con certeza a esa pregunta.
"¿De verdad eres Mariya?"
En aquel entonces esa pregunta lo había descolocado completamente. ¿Cómo una persona con falta de materia gris e inmoralidad como Kanako Miyamae llegaría a una pregunta tan profunda que ni ella podía formular con coherencia? Pero hasta ese momento tenía grabado a fuego en lo más profundo de su ser el nombre "Shizu", lo cual lo ayudó a recomponerse rápidamente. Internamente, agradeció la torpeza de su compañera de habitación, porque sin ella en aquel momento hubiera terminado el día un poco más triste de lo que en sí ya era para él. A su vez, le hizo tener presente con mayor seguridad quien era. Era Shidou Shizu, futuro heredero de ambas escuelas y hermano mayor de Shidou Mariya, a quién estaba suplantando momentáneamente. Luego de aquel día no volvió a presentarse una pregunta que lo ayudara a reafirmar su verdadero ser, solamente remarques de parte de Matsurika de cómo su falsa feminidad se estaba volviendo más verdadera al ver cómo mantenía su personaje cuando no era necesario. Ya no se quejaba como antes al ponerse el corset, tampoco hacía un gran esfuerzo en agudizar su voz al momento de hablar, mucho menos se molestaba en quitarse las extensiones rubias que traía (incluso hace meses que no se cortaba el cabello, logrando así que su largo llegase hasta sus hombros).
¿Quién era ahora?
Por primera vez en su vida, estaba teniendo una crisis existencial fuerte. No era como la que tuvo de niño con su gemela al ver que por mucho tiempo serían idénticos en todo aspecto o si los amarían como por quién realmente son. Ya no tenía a alguien que lo comprendiera, mucho menos los consejos de su sabia abuela por el hecho de no querer contarle sobre esto por miedo a lo que pensara de él. No quería ver sus ojos reflejando la preocupación de que su hermoso nieto se estaba volviendo loco. Incluso prefirió evitarla el mayor tiempo posible, dejando preocupadas a su madre, hermana y sirvienta. Se refugió en su dormitorio… no, el de Mariya. Comenzó a pasar la mayor parte de sus días allí hasta que sea tiempo de irse a donde debió estar desde un principio: Mihoshi no Mori, el internado para chicos. Pero una parte de él no quería irse todavía, se había acostumbrado mucho a la vida que su hermana debía llevar. Caminar en los pasillos con sus compañeras mientras es admirada por su elegancia y bondad, tomar sus descansos al aire libre mientras pensaba nuevas formas de torturar a la gigante que tenía como "amiga cercana", practicar arquería junto con Yuzuru y las demás integrantes. En esos momentos quería seguir siendo dueño de la vida de su hermana, por más egoísta que suene. Y eso era lo peor, por más que le costase admitirlo frente a otros, al estar tanto tiempo en aquella rutina prestada logró que comenzara a sentirla como suya, a quererla. Conllevando a su vez al lamento silencioso de la verdadera Mariya, quien quería con ansias lo que estaba predestinado para ella. Se sentía como una basura por no querer retomar su rol como Shizu sabiendo el daño que le hacía a su gemela, su otra parte que tenía casi toda la bondad de ambos mientras él se quedaba con el sadismo y egoísmo.
Sin darse cuenta se aisló completamente. Prescindió de los servicios de los hermanos Shinoji para sorpresa de todos mientras que se volvió más reservada y callada. Cada alumna y profesor notó la mirada de preocupación con tristeza en la joven Mariya. Incluso el padre Kanae trató en varias ocasiones de hablar con su amor platónico, el cual lo fue rechazando cada vez más firmemente hasta que quebró su resistencia. Yuzuru intentó saber qué le ocurría a su consejera, pero también fue rechazada, pero a diferencia de Kanae de una manera más cordial. Esos fueron los únicos cambios que se notaron en su persona, ya que sus calificación seguían siendo perfectas, los trabajos como presidenta estudiantil eran cumplidos en tiempo y forma, y cada favor pedido por parte de las profesoras era logrado exitosamente. Esa misma perfección comenzaba a preocupar por el hecho de que nadie podía saber realmente qué le ocurría. Nadie se imaginaba el caos mental que tenía al no saber su verdadera identidad. Incluso dejó a un lado la felicidad que le transmitía jugar con la mente de Kanako, quien cada día que pasaba sin hacerle pasar un mal momento sentía que algo muy malo le estaba pasando a la encarnación del demonio mismo, como a veces ella le solía decir.
¿Mariya? No, ya existía una. ¿Shizu? En teoría era él, pero ya no se sentía como tal. ¿Entonces quién era?
Eran pasadas las ocho de la noche y todavía seguía sentado en su cama, cubriéndose el rostro como si se escondiera de algo o alguien. Sin embargo, de la vergüenza no se puede esconder tan fácil uno para su desgracia.
—Mariya.— aquella voz hizo que saliera de sus pensamientos. En ese momento lo menos que quería escuchar era ese nombre y menos ser llamado así. Elevó su rostro y la pudo ver, con su estúpido rostro con una expresión de preocupación y sus ojos de convalecencia.
Odiaba sentir que los demás lo miraran con pena.
—¿Qué quieres, cerda? No estoy de humor y te sugiero que no me provoques si no quieres pagar las consecuencias. —esa amenaza provocó lo que buscaba, la palidez y el temblor de la joven. Sus advertencias de castigo próximo lograban que la chica se comportara y lo dejase en paz, siempre funcionaban.
¿Por qué esta vez no?
Mantuvo su mirada punzante en la azabache, podía leer el terror en sus ojos. Aún así, no se movió de su lugar ni trató de huir como la mayoría de las veces. Solo se quedó estática en su lugar y no apartaba su mirada azulina de él. Observó como esta cerró sus ojos y se agachó lentamente, aún temblando y se acercó con precaución a su cama, sorprendiéndolo en el acto. ¿Cómo era posible que ella, con un gran miedo y odio al género masculino, se acercara a él, su "verdugo personal" como a veces le llamaba? Cuando sus párpado se volvieron a abrir vio cierto brillo de… ¿determinación?
—N-no lo haré.— titubeó, pero aún así se mantuvo firme. Esto lo molestó aún más, haciendo que acerque su rostro al de ella, pero sin tocarlo, apreciando de cerca el sudor frío que le empezó a correr por su rostro.
—¿Ah, no? Mira que en estos días estuve bastante generoso al no molestarte, Kanako-chan. Te recomiendo que no termines con tu suerte tan pronto, maldita. —le advirtió con una sonrisa tétrica. Lejos de una reacción de espanto, logró calmarla. Un suspiro se escapó de la joven como forma de expresar su cansancio.
—Creeme que lo se muy bien, no fui a la enfermería por algún sarpullido o herida... causados por ti o Matsurika. —agregó mirando para el otro lado, recordando que si no hubiera sido por sus sangrados nasales al comienzo de sus "vacaciones" o los ruegos del padre Kanae para que le confesara que le ocurría su diosa no hubiera siquiera pasado cerca del lugar.— Sé de sobra que me estoy arriesgando, pero ya no aguanto esto.
—¿De qué hablas? —preguntó sin entender bien a lo que se refería.
—¡De ti y de tu estado, Mariya! Estas raro últimamente, ya no ideas planes para torturarme, tampoco eres tan sociable como antes, dejaste de querer resaltar en todo. ¡Incluso despediste a Matsurika!— expresó enojada Kanako.— ¡ Así que habla de una buena vez! ¡Esperé bastante tiempo para que me dijeras que te ocurre y nada!
—¡Y por qué mierda te tendría que hablar de mis problemas! —gritó enojado mientras se levantaba de su sitio.— ¡Ni siquiera somos amigos de verdad!
Kanako no se quedó atrás, ya que también se levantó con una expresión de indignación.
—¡Aunque no lo creas, tu eres como un amigo, estúpido! ¡Y a pesar de que sientas lo contrario, yo no, me preocupo y quiero saber qué ocurre contigo maldito insensible!— contestó enojada mientras se acercaba.
—¡Alguien con tan poco cerebro como tu no lo entendería ni aunque se lo explicara con una putas manzanas! —atacó el rubio, sintiendo su cara arder de furia.
—¡Entonces al menos desahógate, di algo maldita sea! ¡Estás preocupando a todo el mundo por tu forma de ser!
—¡¿Quieres saber?! ¡Pues trata de procesarlo, estúpida cerda lesbiana, no lo repetiré ni explicaré para que tu corta inteligencia lo entienda! ¡No sé quién mierda soy! ¡No sé si soy Mariya o Shizu! ¡No quiero la rutina de Mariya, ni quiero volver a la de Shizu ahora! ¡Dime, Kanako! ¡¿Quién carajo soy?!
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.
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No se si soy Mariya o Shizu
Esa frase marcó un silencio sepulcral en la habitación. Los ojos de la alta se abrieron enormemente y su cerebro comenzó a procesar lo que dijo el rubio. En cambio, Mariya comenzó a respirar entrecortadamente mientras sostenía los mechones rubios de las extensiones, los cuales se los arrancó durante sus gritos en medio de su cólera. No sintió ningún dolor ya que todo su ser estaba concentrado en la pelea verbal. Su rostro ardía al igual que su garganta. Mordía su lengua para no expresar ninguna emoción más. Ya se sentía lo demasiado patético y humillado como para seguir haciendo el ridículo. Volvió a tomar asiento en su cama, fijando su mirada en la alfombra. Cualquier persona lloraría en aquellos momentos, pero no él, odiaba sentir sus ojos hinchados e irritados luego de hacerlo. Solo lo hizo una vez y fue cuando anunciaron la muerte de su abuela. Esa noche, estando finalmente solo en su habitación logró desahogarse, luego siguió adelante con su vida a pesar de sentir que algo faltaba en ella.
Sintió como Kanako volvió a ponerse a su lado y a los pocos segundos sus manos masajeando su cabello. Ahora era él quien abrió ampliamente sus ojos.
—No digas nada. —ordenó la chica.— Debió doler arrancarte esas cosas, esto ayudará a aliviar el dolor, supongo.
Y si lo hacía de hecho. Mariya comenzó a contar los segundos internamente hasta que ella se desmayara, dejando de contar a los dos minutos al ver que no ocurría. Pero supuso que sí tuvo su usual urticaria, ya que sentía como disimuladamente se rascaba de vez en cuando sus manos. Aún así, eso no quitaba la aliviante y relajante sensación. La incomodidad y tensión en el ambiente se fueron, ahora había una clase extraña de paz, en la cual ninguno se animaba a decir algo.
Mientras los minutos pasaban, el peso del rubio se iba yendo, sintiendo demasiada liberación a comparación del principio. ¿Mariya o Shizu? Esa pregunta era demasiado para él, más sería para Kanako obviamente. Pero no la culpaba… o tal vez si. Ya que ella también influía a que tuviera esa confusión. Si se iba, tal vez no la volvería a ver hasta que él se gradúe. Su vida con ella no era fácil, ya que sus horribles costumbres sumadas a las veces que le causaban problemas, sin hablar de su fobia a los hombres, volvía su día a día más complicado de lo que por sí era. Más allá de todo eso, también volvía su rutina "perfecta" más entretenida y, en contradicción a lo que gritó anteriormente, sí la ve como una especie de amiga. También, gracias a ella fueron creciendo las incertidumbres de él sobre que tal si fuera Mariya. Si fuera Mariya completamente, tal vez la alta no sienta tanto rechazo a su contacto; si fuera Mariya completamente, tal vez no hubieran desarrollado esa extraña relación de amor-odio; si fuera Mariya completamente, tal vez serías más allá de "amigos"... Pero todo eso no significaba que por Kanako se volvería mujer completamente, no sentía la necesidad de dar un paso más allá de sus cambios de vestimenta femeninas o actitudes de mujer.
—Creo que logró comprender algo. —escuchó la voz de su compañera, la cual estaba mirando un punto hacia la nada.— Desde mi punto de vista, no creo que seas Mariya al cien por ciento, tampoco al Shizu que conocí en tu hermana; tal vez seas la combinación de los dos o tal vez ninguno. —explicó torpemente, tratando de buscar en el proceso las palabras correctas— Las personas siempre cambian, pero su esencia no, sin importar cual sea su apariencia o nombre. A mi ni a nadie de los que te conocen en realidad les importaría eso, solo querrían conocer tu verdadero tú, sin importar si ese es Mariya, Shizu o cualquier otro. Solo nos importa como tú eres y cómo te sientes realmente. Mujer u hombre lo mismo da, incluso para mí.
—¿Seguirías pensando lo mismo si volviera a ser Shizu? ¿Seguirías considerándote mi amiga o la de Mariya? —las preguntas salieron por si solas de él, quería saber que pensaba.
—Soy amiga tuya, ya sea que te llames Mariya, Shizu o Yonakuni. Seguirías siendo el mismo verdugo, a veces protector. —respondió, ambos percibiendo cómo el cerebro de la mayor se esforzaba enormemente para mantener este hilo de conversación para que mantuviera sentido.
De algún modo, el rubio logró comprender las palabras de Kanako, como aquella vez que le preguntó si era Mariya. ¿Seguía confundido? Obviamente, esto no sería sencillo de resolver. Lo único que tenía claro ahora era que quería volver a ser llamado Shizu, como antes, devolverle la identidad a su hermana por su felicidad. Siendo Shizu comenzaría de nuevo, volvería a reinventarse en lo que realmente quiere para él. Ya sea seguir comportándose como hasta ese entonces con su verdadera esencia, o volviendo a su antiguo ser, del cual ya estaba desacostumbrado.
—Gracias. —dijo mientras se reincorporaba. Sin darse cuenta, en aquellos minutos de silencio estuvo apoyado sobre la chica en su pecho. Las manos de Kanako cesaron su movimiento y las apartó.
Volvió a sentir una sensación cálida al ver como el rubio sonreía con sinceridad, como aquella que vez que lo confrontó luego de la ceremonia por la señora Irene. Sin duda la ascendencia italiana ayudaba a que los Shidou sean realmente bellos. Que envidia.
—No es nada, trata de disfrutar el resto del año. Todo se resolverá con el tiempo. —aconsejó mientras sonreía de vuelta, feliz porque esta conversación no haya terminado mal. Bueno, no tan mal. Tendría que ponerse mucha crema en sus manos y cuerpo por la urticaria que viene aguantando desde hace rato.
—Eso dices con tus tareas de último momento. —respondió burlonamente Shidou.— Y deja de rascarte las manos, no fue para tanto.
—Pequeño demonio, ten compasión de tu senpai, esto realmente pica. —se defendió ofendida, sintiendo sus mejillas arder por haber pensado que todo terminaría mejor que ahora.
Mariya puso sus ojos en blanco y fue hasta el mueble de la otra, donde tomó el ungüento que siempre usa en esos casos y se lo tiró en la frente, escuchando su quejido.
—De nada.— respondió con dulzura y femeninamente, adornando su rostro angelical con una sonrisa socarrona.
Kanako suspiró pesadamente, por lo menos esto era mejor que verlo mal. Prefería volver a su rutina que cada vez menos le afectaba que seguir viéndolo preocupado. Por más que no lograron resolver completamente el asunto, sabía que todo se resolvería, ya que Mariya es un Shidou puro y ellos son jodidamente perfectos y ayudados por la vida misma, no como ella.
Los años pasaron rápidamente para Shizu, quien durante un tiempo de su vida respondió por el nombre de Mariya. No fueron tiempos fáciles al principio cuando toda la apuesta terminó y se vio a sí mismo en la escuela Mihoshi no Mori, ocupando el lugar que su hermana le cuidó en su ausencia. Temido, odiado y admirado por los hombres del lugar, lo cual le encantaba. Sintió que una parte de él pudo ser la de antes al comenzar con sus bromas pesadas a los alumnos del instituto, lo cual hizo más fácil su reinserción como varón. Muchos les sorprendió ver cómo el chico parecía haber dejado crecer su cabello, siendo atado por una pequeña coleta baja. Su hermana procuró mantener su cabello siempre al mismo corte que lo hubiera tenido su hermano, pero ahora ya no importaba. Otro cambio que notaron sus compañero era que era más arrogante y orgulloso que antes, su forma de caminar y su comportamiento eran la prueba de ello. Sin embargo, lo vieron también más... ¿humano? Cada vez que Shidou veía a alguien en problemas serios, se volvía una persona sabia y ayudaba a los desafortunados a salir de sus problemas, volviéndose una contradicción entre los muchachos de cómo calificarlo ahora. ¿Demolió puro o ángel caído? Hasta el último año, nadie supo que responder.
Irene, quien siguió por mucho más tiempo viva, lo citó antes de que comenzara su nueva jornada en el internado de hombres para por fin conversar de que le estaba sucediendo. Lejos de que su querida abuela lo despreciara, lo miró con ternura y algo de culpa. Confesó que quería que su nieto tuviera un cambio de visión, que dejara de un lado su arrogancia y comprendiera mejor que los demás también valen igual que él. Aunque nunca se imaginó que terminaría causándole a su pequeño un sin fin de preocupaciones e interrogantes sobre quién era en realidad. Ella le dijo que lo apoyaría en todo lo que él sintiese que sea mejor para él, si eso incluía volverlo a inscribir en Ame no Kisaki, así lo haría. Esa misma comprensión recibió por parte de su hermana, padres e incluso los gemelos Shinoji. Sin embargo, recibió un ultimátum de Matsurika de que si la volvía a ignorar cómo lo hizo dejaría todos sus secretos al descubierto, recibiendo una amenaza de su parte como respuesta, que en su forma de comunicarse sería como una afirmación.
Shizu pudo en menos de un año darse cuenta que era él y siempre lo fue. Aceptaba que era él mismo antes de comenzar la apuesta, pero también aceptó que cambio y era una versión nueva de él, quien si un día quería volver a su alter ego de mujer lo haría sin problemas, mientras que a su vez estaba combinado con su elegancia y glamour que pulió fingiendo ser su hermana. Su ser era complejo, lo admitía ya que a veces él mismo le costaba explicar, pero aún así se consideraba como aquel ángel de Dios que envió a la tierra para iluminarla con su presencia.
En cuanto su apariencia, decidió dejar su pelo algo largo, atándolo de vez en cuando o dejándolo suelto cuando estaba solo. Luego, su forma de vestir se volvió mucho más refinada y a la moda que antes, llevándose las miradas siempre que salía al parecer un modelo de alta costura. Por fin se sentía cómodo con su vestimenta, sin corset ni pechos de silicona que le incomodaban.
"¿De verdad eres Mariya?"
Antes sí, ahora es Shizu, el nombre por e cual respondía con seguridad.
Al mayor de los Shidou le encanta caminar por las calles y sentir como las miradas de los plebeyos se maravillan con su existencia. Camino hasta que divisó la cafetería a la que siempre iba, entrando al local con orgullo y estilo, como siempre lo hacía. El lugar era bastante tranquilo y cómodo para pasar horas tomando un café, además que la comida allí estaba aceptable. Subió al segundo piso y tomó lugar en donde siempre lo hacía, esbozando una sonrisa burlona al ver que todavía no había llegado.
Pasaron cinco minutos aproximadamente cuando entró Kanako al lugar, sin aire algo despeinada. Sin pensarlo tomó asiento frente al rubio, quien se divertía observándola en ese estado.
—Deja de burlarte, desconsiderado patán. Sabías muy bien que hoy debía terminar un trabajo para la universidad y tenía trabajo, agradece que vine.— soltó de una, aún recuperando el aliento.
—A pesar de los años, que tu padre sea un profesor reconocido, que tus hermanas te hayan dado mil y una charlas de que debes ser más responsable con tus responsabilidades, inclusive Mariya también te aconsejo; y sigues asiendo lo mismo. —recriminó exasperado.
—No seas así. —lloriqueo la mujer de forma infantil.— Sabes que mejore bastante, inclusive soy una de las mejores de mi comisión. Es difícil mantener un trabajo e ir a la universidad, más si te tengo que ver seguido. —se quejó por la dureza del hombre.
Y aunque el rubio le costara admitirlo era cierto, Kanako cambio bastante. Por un lado, tomó terapia y con esfuerzo ya no tenía reacciones alérgicas a los hombres. ¡Incluso fue novia y mantuvo una relación seria con Onozaka Kirie! Por el otro, ya no se desangraba al pensar en situaciones pervertidas con mujeres, aunque eso no significaba que dejó de sentirse atraída por ellas, su historial de relaciones fugaces con muchachas la delataba. Además, gracias a su hermana mayor encontró un método de estudio que la ayuda a aprobar con calificaciones casi perfectas en los parciales. Por último, tomó responsabilidad de su vida como adulta y rechazo que su padre la mantuviera mientras estudiara, todo para que su hermana menor pudiera estudiar en la universidad que quisiera, un acto muy altruista y masoquista si le preguntaban a él. Le costaba aceptarlo abiertamente, pero aquella adolescente pervertida, inmoral, estúpida e irresponsable se había ido. Bueno, tal vez no desapareció, pero estaba más madura y consciente de su comportamiento. Aún así era un gran avance.
—Cómo sea, sabias muy bien que mínimo una vez a la semana nos vemos, así que es tu culpa. —expresó, restándole importancia a su queja y ganándose una mirada de odio por parte de su amiga.— Mejor pidamos algo y ya está, si quieres puedes terminar tu tarea aquí, no me molesta.
—Aunque quisiera no podría, deje mi notebook en el departamento. —se lamentó mientras cerraba los ojos. En menos de un segundo vio la computadora del joven frente a ella.
—Termine con mis deberes antes de venir, así que úsala para que termines los tuyos. Iré a pedir algo para comer, no descargues mangas yuri, lesbiana. ¿Sí, Kanako-chan?— advirtió, diciendo esto último con su voz de mujer mientras caminaba hacia las escaleras. Escuchó cómo se quejó diciendo que no haría algo así y que la dejase de tratar como una depravada, pero lo ignoró.
Antes de bajar, volteo a verla. Sus mejillas se encontraban rojas y su ceja fruncida mientras comenzaba a escribir. No pudo evitar sonrojarse un poco mientras una sonrisa imperceptible aparecía en su rostro. Le alegraba saber que era verdad lo que alguna vez le dijo, que siendo Mariya, Shizu o Yonakuni seguiría siendo su amiga. Sin distraerse más y antes de que la mujer percibiera su mirada, bajó a buscar sus bebidas de siempre.
Soy Shidou Shizu, hermano de Shidou Mariya y encargado de proteger la sociedad del peligro para la sociedad que es Kanako Miyamae. El ser más puro y perfecto que Dios haya creado.
Sin duda su narcisismo exacerbante era parte innata de él.
