Ignorada
Muy temprano en la mañana, Hermione tomó a su hijo y lo colocó en un portabebés y lo aseguro bien a su cuerpo, luego se puso su túnica más abrigadora y con mucho tino de no despertar a sus compañeras de habitación, salió.
Cuando llegó a las puertas de la enfermería, se quedó parada allí, indecisa si entrar o tocar. Respirando profundo, decidió entrar.
Todas las camas estaban vacías, pero al final de la enfermería había un biombo separando una de las camas. Hermione supuso que allí estaba Remus. Apenas había dado unos pasos cuando el biombo se abrió y por allí salió James Potter, con el cabello más desordenado que nunca y las gafas mal puestas; se cubrió la boca con una mano evitando un bostezo.
El chico parpadeó varias veces al verla y luego se acomodó las gafas.
—¿Hermione? —Susurró confundido—. ¿Qué haces aquí? —Cuestionó, no pudiendo evitar dar una mirada hacia atrás.
—Yo ... vine porque quería que la señora Pomfrey ... eh ...
—Granger —escucharon una voz petulante. Ambos Gryffindors miraron hacia la puerta de la enfermería, encontrándose así con la alta figura de Draco Malfoy—, te dije que yo mismo podía conseguir mis pociones —frunció el ceño—. No necesito de tu compasión —terminó dirigiéndole una mirada llena de desdén.
Hermione no pudo más que mirar al rubio con confusión. ¿De qué estaba hablando?
—Espera —habló James pasándose una mano por sus revueltos cabellos azabaches—. Viniste a la enfermería para ayudar a Maslow —y en cada una de sus palabras se podía escuchar la acusación.
—Yo ... —murmuró Hermione, sin saber que más decir. Ver a Malfoy allí la había dejado sin palabras.
Draco se acercó a los dos leones.
—Excelente respuesta, Granger. Que elocuente dicho con sarcasmo.
—Oye, no le hables de ese modo —advirtió James.
Draco sonrió socarronamente.
—Creí que tu novia era Evans, Potter, no Granger. Me pregunto qué dirá Evans cuando se entere con cuanta pasión defiendes a su amiga.
James frunció el ceño de tal manera a que a Hermione le recordó a tanto a su buen amigo Harry.
—No hables de mi pelirroja hermosa —siseó Potter.
—Por supuesto, por supuesto, Potter —contestó Malfoy moviendo la mano como si estuviera espantando a una molesta mosca.
Pero antes de que James volviera a hablar una cabeza con cabellos negros alborotados apareció por el biombo.
—¿Por qué tanto ruido? —Preguntó Sirius Black saliendo completamente detrás del biombo. Su expresión somnolienta desapareció completamente al ver quien estaba frente a su amigo—. ¿Maslow? ¿Qué demonios haces aquí?
No sabía que la enfermería de la escuela era de tu propiedad, Black.
Sirius se paró junto a James a la vez que le dirigía una mirada de soslayo a Hermione.
—No repitiere la pregunta, Maslow —advirtió Sirius apuntándolo con el dedo índice.
El rubio simplemente sonrió sin inmutarse antes de las palabras de su pariente.
—Chicos, por favor —murmuró Hermione—. Draco no quería…
Ambos Gryffindor miraron a su nueva compañera de casa silenciándola al instante.
—Creo que la señorita Granger aún no sabe que no debe tratar con serpientes, ¿verdad, señor Cornamenta?
—Por supuesto que no lo sabe, señor Canuto, sino no trataría de hacer favores.
A pesar de usar sus apodos, los pelinegros no estaban bromeando esta vez.
—¿Favores? —Preguntó Sirius—. ¿Qué clase de favores?
—Nada de tu incumbencia, Black —respondió Draco.
Sirius metió su mano dentro del bolsillo de su túnica dispuesto a sacar su varita.
—Ni se le ocurra hacer tal cosa, señor Black —advirtió una voz furiosa de mujer.
Los cuatro jóvenes se volvieron para ver a una joven señora Pomfrey parada con los brazos cruzados sobre su pecho y con una expresión más que enojada.
No se dan cuenta de que hay pacientes que necesitan descansar. Sobre todo, el señor Lupin necesita…
—Remus oferta Hermione apartándose de los chicos—. ¿Qué le paso? —Preguntó fingiendo ignorancia.
La expresión de la enfermera se suavizó un poco.
—El señor Lupin se está recuperando —respondió la enfermera sin dar más información—, es por eso que les pido muy amablemente que si no van a ayudar se vayan porque mi paciente necesita descansar.
—Y eso es lo que haremos —aceptó James, tomo del brazo a Hermione y la arrastró hasta la salida—. Te quedas un cargamento, Canuto.
Hermione quería protestar, pero apenas vio a Sirius asentir con la cabeza.
•••
—Espera, James —forcejeó a Hermione soltándose del agarré del pelinegro—. Sabes que eso no fue cortés.
James se revolvió el cabello y sonrió avergonzadamente.
—Además ni siquiera pude ver a Remus —se quejó la castaña.
—Pero escuchaste a la señora Pomfrey. Ella dijo que Lunático necesitaba descansar.
—No creo que tú seas del tipo de persona que siempre siga las reglas.
James sonrió levemente.
—Bueno, en eso tienes razón —admitió—, pero…
—¿Pero? —Instó Hermione.
—Se hace tarde para el desayuno —respondió y volvió a cogerla del brazo para dirigirla al Gran Comedor—. Muero de hambre —agregó.
—Espera.
—Ahora, ¿qué?
—Piensas ir a desayunar así funciona Hermione señalándolo.
—¿Qué tiene?
—Parece que has pasado la noche en la enfermería.
—Oye —se quejó haciendo un infantil puchero—. Eso es muy grosero de su parte, señorita Granger.
Hermione no pudo evitar soltar una suave carcajada.
Luego de que James se pusiera un uniforme limpio y bien planchado, arreglara su cabello —o bueno, tratara de arreglar su cabello—; volvió a tomar a Hermione del brazo y jaló hacia la salida de la sala común.
—James —se quejó Hermione.
-¿What?
—¿Podrías dejar de tratarme como si fuera tu muñeca de tamaño real? —Preguntó la castaña moviendo su brazo sujetado por la mano del capitán de Quidditch de Gryffindor.
James se revolvió el cabello con su mano libre.
—Yo solo estoy comportándome como un caballero escoltándote hasta el Gran Comedor. No todas las chicas tienen ese privilegio —y continuación, sonrió coquetamente.
Hermione negó con la cabeza, definitivamente su amigo Harry había heredado el carácter de Lily. Ella no se podía imaginar a su amigo sonriéndole de esa manera, ni mucho menos arrastrándola del brazo como lo hacía James.
—Además…
—¿Qué? —Lo interrumpió la chica—. Me diste «permiso» de dejar a mi hermano en su cuna.
James hizo un gesto de molestia.
Vaya , pensó Hermione. Juntarme con Malfoy, tiene sus consecuencias. Ya se me están pegando sus malos modos de hablar.
—Lo siento. No quise ser grosera.
James sonrió como un niño que ha hecho alguna travesura.
—Ahora que ha mencionado a tu hermano —hizo una pausa—. Me he estado preguntando porque tus padres lo nombraron Remus.
Hermione quedó en shock por unos minutos. ¿Qué podría responder? Porque ese es el nombre de su padre.
—Bueno… porque es un nombre bonito —murmuró.
—Pero no mejor que James —aportó al pelinegro. Hermione sonrió nerviosamente—. Oye, cuando tengas un hijo podrías ponerle mi nombre. ¿Verdad que lo harás?
Hermione se quedó en silencio, ya que no sabía que decir. ¿Cuándo tuviera un hijo? «Ya lo tengo», le hubiera gustado responder. Pero lo único que hizo fue sonreír nerviosamente.
James negó con la cabeza al verla sonreír de esa manera, ya que ese gesto era casi idéntico al que hacia su madre.
—Eh… sí, «James» también es un lindo nombre, pero ya veremos —aceptó Hermione zanjando el tema.
•••
Hermione no pudo ver a Remus en todo el día, entre las clases, su hijo y sus deberes le fue imposible, y además se había dado cuenta de que James, Sirius y Peter eran muy protectores con su amigo.
Al otro día tampoco lo vio. Remus seguía evitándola. Eso la deprimió. Ella lo amaba con locura, pero no podía encontrar la manera de hablar con él.
Suspiró. No lo presionaría, ella le daría su espacio.
—Hola, mi pequeño Remus —murmuró Hermione besando la frente de su bebé.
El pequeño sonrió mostrando sus rosadas encías.
—Hola, caballerito oferta Lily, se acercó para verlo mejor—. Es realmente hermoso.
Hermione asintió.
—¿Estás bien? —Le preguntó Lily—. Te noto desganada.
—Estoy… —pero se interrumpió cuando Lily le dedicó una mirada de «no intentes engañarme» -, a veces es un poco difícil.
—Estudiar y ser una hermana mayor, no puedo imaginarme lo difícil que es.
Hermione no respondió, ella no hablaba solo de eso, sino de su futuro esposo ignorándola.
—Si necesitas ayuda, no dudes en buscarme, Hermione.
—Gracias, Lily. Eres increíble.
La pelirrojo sonrió.
—¿Puedo cargarlo? —Preguntó.
Hermione asintió y colocó al bebé en los brazos de su amiga.
—Eres una cosita hermosa, Remus —arrulló—. Cada vez que tengo a tu hermano en mis brazos, me preguntó cómo sería si tuviera un hijo.
Hermione sonrió con nostalgia.
—Tal vez herede el color de tus ojos —comentó Hermione, y en su mente aparecía una imagen de su mejor amigo sonriendo.
—Y la apariencia de James —completó Lily.
—Pero con tu carácter —concluyó Hermione.
Lily sonrió.
—¿Cómo lo llamarías?
—Uhm… —Lily se quedó pensando—, creo que le pondría el nombre de mi padre.
Hermione quería preguntarle cómo se llamaba su padre, pero decidió dejar esa conversación ahí.
Luego Lily devuelve al pequeño a su hermana, y esta lo coloca sobre su cuna, lo abriga y lanza un hechizo en caso de que se despierte una lenta y dulce melodía sonaría.
Ambas chicas salen de su habitación, cuando están caminando por un pasillo se encuentran con Marlene; la rubia tenía las mejillas sonrojadas y refunfuñaba.
—¿Qué te sucede, Marlene? —Le pregunta Lily.
—Ese idiota de Black otra vez —gruñe—. Estos últimos días había estado distante, por lo que creí que me dejaría en paz, pero no . Insiste en que le diga porque lo «odio». —Hace una pausa—. Y no, en realidad no lo odio, pero odio que yo valga tan poco para él como para olvidar lo que me hizo.
Marlene se detiene y se apoya contra una pared y cierra los ojos. Hermione quiere preguntar qué es eso tan malo que le hizo Sirius, pero Lily niega con la cabeza.
Marlene respira profundo una vez, dos y tres veces, luego abre los ojos, estos están llenos de lágrimas no derramadas.
—El muy imbécil —gruñó—. Sucedió en cuarto año, él me invitó a una cita el día de San Valentín… yo estaba en las nubes, Sirius Black había puesto sus ojos en mí, no lo podía creer, obviamente dije que sí. Cuando el 14 de febrero llegó, usé uno de mis mejores vestidos y túnicas, lo esperé en el lugar acordado: en el campo de Quidditch. Espere por tres horas y él nunca apareció —limpió las lágrimas de sus mejillas—, erróneamente creí que tal vez podría estar herido y que por eso me dejo plantada, así que fui a la enfermería, él no estaba allí. Caminé de regreso hacia la sala común, pero cuando llegue junto al cuadro de la Señora Gorda, me lleve una gran sorpresa, Sirius estaba allí, besándose con Maritza Grey, una chica de Hufflepuff un año superior a nosotros. Los vi ingresar a la sala común.
—Lo siento mucho, Marlene expresó Hermione, ella sintió realmente enojada con Sirius. Eso era mucho peor que el comentario de Ron en su cuarto año: «Tú eres una especie de chica, ¿verdad, Hermione?». Y él creyó que con ese comienzo ella aceptaría ir al Baile de Navidad con él.
—Estaba tan triste y sobajada, así que los seguí, pero cuando ingresé a la sala común, iba dispuesta a gritarle y llamarlo a él y su acompañante por todos los insultos que me conocía. La sala común estaba casi vacía, solo había algunos chicos de primer y segundo año, los demás tenían citas; pero ni Sirius ni su amiguita estaban allí, supuse que estaban en su habitación. No le reclame nada, y él tampoco se disculpó conmigo, era como si nunca me hubiera invitado. Desde ese día lo empecé a ignorar.
—¿Por qué no me lo contaste, Marlene? —Le reprochó a Lily.
—¿Para qué? Nada podía cambiar lo que había sucedido.
—Pero podría haberle dado una lección —gruñó Lily—. Solo espero que Potter no sepa de esto, porque entonces conocerá mi verdadera furia.
—No puedes preguntarle a James…
—¿Por qué no, Marlene? —Preguntó la pelirroja.
—No quiero que esto se sepa —respondió Marlene limpiando el resto de lágrimas de sus mejillas y ojos—. Promételo, Lily.
Lily frunció el ceño, ella no estaba de acuerdo con la petición de su amiga.
—Promételo, Lily —repitió.
—Bien. Lo prometo —aceptó a regañadientes.
La mirada azul de Marlene ahora se posó en Hermione.
—No diré nada, lo prometo.
Marlene asintió, cuadró los hombros y comenzó a caminar a su siguiente clase. Hermione y Lily la siguieron.
•••
Hermione dejo pasar una semana. No había hablado con Remus y tampoco había intentado buscarlo. Seguía con el plan de darle su espacio.
El mapa del merodeador le era útil nuevamente, ya que, gracias a él, podía salir del camino de Remus.
Suspiró, ella intentaba hacer lo mejor para él, aunque le costara mucho, siempre lo pondría primero, ya demasiado sufría.
—Ratona —Hermione escuchó una voz distrayéndola de sus pensamientos.
Hermione miró al frente y se encontró con un rubio de sonrisa arrogante.
—Draco —saludó. Desde ese mañana en la enfermería no hablaba con él, lo veía en clases, sí, pero él no le dirigió la palabra y ella tampoco—. ¿Qué quieres?
—¿Por qué piensas que quiero algo?
—No hemos tenido esta conversación antes —recordó Hermione. Draco volvió a sonreír—. No hemos hablado desde esa mañana en la enfermería, y ahora te presentas ante mí y me hablas, así que sea rápido, Draco. Dime, ¿qué quieres?
—Deberías de agradecerme, sabía que la noche anterior era luna llena y también sabía qué harías algo imprudente… por eso fui a buscarte a la enfermería y tratar de buscar una excusa a tu proceder. Ustedes los Gryffindors pueden ser tan predecibles cuando se trata de sentimientos —se burló.
Hermione no estaba para sus juegos, negó con la cabeza y pasó por su lado, pero no logro ni dar dos pasos cuando la mano de Draco la tomó de la muñeca.
—¿Qué? Escucharte hablar hace que me dé jaqueca. Y si eso era todo lo que querías decirme, pues bien, ya te escuché, ahora me voy.
—No tan rápido.
Hermione respiró hondo.
—Si quieres que te dé las gracias —suspiró—. Bien, gracias —masculló—. ¿Me puedo ir?
—No.
—¿Me sueltas?
—No —respondió Draco y sonrió cuando vio a alguien mirándolos desde una esquina.
—Hubo un momento en que te daba asco tocarme.
Draco frunció el ceño levemente, pero luego volvió a sonreír.
—Antes era un niño mimado, malcriado…
—Lo sigues siendo —interrumpió Hermione.
—… que pensaba que mi sangre limpia me hacía superior a todos.
—¿Quién eres tú y que hiciste con el antiguo Draco?
—Madure —dijo con un tono serio—, la vida es demasiado corta como seguir con los mismos estándares con lo que me educaron. El status de sangre no nos indica quien es mejor y quien no.
Hermione estaba sorprendida y conmovida en partes iguales, nunca creyó que escucharía a Draco Malfoy hablar de esa manera. Estaba gratamente orgullosa de la enseñanza que toda la guerra había dejado en él.
—Me alegro por ti, Draco ofrece con sinceridad y sonrió colocando una mano sobre la mano que Draco sostenía su muñeca—. En serio lo hago. Pero no creo que solo me hayas buscado por eso. ¿Me dirás que quieres?
—Todo bien. Necesito de tu mapa.
Hermione lo miró entrecerrando los ojos.
—¿Para qué?
—Para nada malo, solo lo necesito. Además, acordamos que lo deberíamos un tiempo cada uno. Tu tiempo acabo —Hermione iba a protestar—, recuerda que yo lo recuperé.
Se iba a negar, pero era cierto, él lo había recuperado y después de todo lo que dijo, tenía que confiar en él. Eran aliados, ¿verdad?
—De acuerdo —aceptó la bruja, metió la mano en su bolso y sacó el pergamino—. ¿Recuerdas cómo hacerlo funcionar?
—Por supuesto —asintió.
—Y para borrar todas evidencias debes decir…
Draco se acercó a ella y se inclinó para poder hablarle al oído.
—Travesura realizada —murmuró, luego se inclinó un poco más y besó su mejilla.
—Oye —chilló una sorprendida Hermione—. ¿Qué crees que haces?
—Solo te agradecía.
Draco guardo el mapa en el bolsillo de su túnica, miró hacia la esquina, el chico todavía estaba allí, observándolos. Le sonrió coquetamente a Hermione, dio media vuelta y se fue.
Hermione se quedó unos minutos parada en el mismo lugar, pensando en el comportamiento de su antiguo némesis. Sus mejillas estaban sonrojadas, miró hacia todos lados para asegurar de que nadie la veía.
—Cretino —murmuró.
•••
—Hola, ¿puedo sentarme?
Hermione estaba en la biblioteca, leyendo un libro de encantamientos, cuando escuchó esa voz que reconocería siempre.
Era Remus. Él por fin le hablaba de nuevo.
—Remus —le sonrió y el parecía avergonzado—. Sí, por supuesto, puedes sentarte.
El alto mago se sentó frente a ella, abrió su morral y sacó sus libros, pergamino, pluma y tinta.
Hermione hacia todo lo posible por no mirarlo y hacerlo sentir mal, así que siguió leyendo y debes en cuando tomando notas en su pergamino.
Remus no había abierto su libro, el tintero estaba cerrado y los pergaminos enrollados, él la miraba, se sintió avergonzado por su proceder tan infantil.
—Hermione… yo quería…
—Está bien, Remus —dijo Hermione dejando su pluma, y lo estoy—. Todos tenemos derecho a tener días malos.
—Pero yo...
—No te preocupes, está bien, no estoy enojada —le sonrió y volvió a su libro.
—Me entere que fuiste a la enfermería y que preguntaste por mí —tanteó.
Hermione volvió a mirarlo, mientras que hacía memoria de las palabras de Draco esa vez.
—Eh, sí, iba por unas pociones para Maslow, pero él es tan cretino que no supo apreciarlo —se excusó, no quería que Remus supiera que ella sabía de su licantropía, porque eso sería un motivo más para alejarse de ella—. James y Sirius estaban allí, por eso me enteré de que estaba allí. ¿Ya te encuentras mejor?
—Sí —respondió enseguida Remus, sus mejillas se pusieron sonrosadas—. No era nada grave, solo un pequeño accidente con…
—Ya lo sé —susurró Hermione y ahora Remus empalideció—, seguro fue en algunas de sus bromas para los Slytherins.
Remus sonrió nerviosamente.
—Sí, fue eso.
Luego él procedió a abrir su libro de Transformaciones avanzadas y ya no dijo nada más. Hermione tampoco habló, no necesitaba decir nada más, lo único que le importaba era que Remus estaba con ella.
