Los personajes que aparecen aquí no me pertenecen, son de Gege Akutami.
AU basado en Pretty Woman dirigida por Garry Marshall.
sin fines de lucro solo escribo por diversión.
El traje negro de tres piezas le quedaba a la perfección; ceñido a su cadera y de una caída en los pantalones rectos justo a su medida, haciendo lucir los zapatos de charol lustrosos y brillantes de suela roja exclusivos. El saco y el chaleco que junto a la camisa abrazaban sus músculos de forma perfecta y provocativa, a Itadori Yuuji le gustaba mantenerse en forma, aunque no muchas veces tuviera dinero suficiente para pagar un gimnasio en su barrio, pero las salidas a correr, las reflexiones, sentadillas, lagartijas y cuánto ejercicio que constara en levantar su cuerpo y tonificar esos músculos era suficiente y este era el resultado; verse irresistible en ese lindo traje de diseñador.
Su cabello rosa melocotón domado hacia atrás con laca —también cara—, incluso tuvo una sesión de spa previo a vestirse; masajes con exfoliante en su cara y espalda, cremas humectantes, depilación con esa rara técnica de hilo en sus cejas hasta darle un rasurada aunque no la necesitará y humectar sus labios.
Al verse en aquel espejo que abarcaba toda una pared de aquella lujosa y bonita habitación en uno de los hoteles cinco estrellas y más caro en medio de Roppongi hizo que casi no se reconociera. La bonita cadena de oro puro en su cuello que tomó de la caja de cuero que venía junto con el traje y que en la tapa decía Harry Winston en dorado le hizo cosquillas en sus estómago, dedos y cuello pues bastó googlear la marca para saber que tenía unos cuantos miles de dólares colgados al cuello y prefirió no indagar en el rolex en su mano derecha porque seguro traía más miles de dólares ahí, la pequeña arracada también dorado con un pequeño diamante incrustado se veía linda en su oreja lo que lo hizo recordar esa fijación de cierta persona por lamer y morder su lóbulo perforado, pero prefirió dejar ese recuerdo para más tarde.
Yuuji no va a mentir que se siente bonito, no, se siente increíblemente bonito, jamás en su corta vida pudo imaginarse en aquella situación y mucho menos vistiendo en su cuerpo marcas tan caras. Recordó lo que le dijo Kugisaki días atrás cuando por fin pudo hablar con ella y tranquilizarla en medio de su conmoción por haber desaparecido después de salir a trabajar. Ese martes no se sentía con el ánimo suficiente pues lo habían despedido de su trabajo de medio tiempo como camarero y que lo mantenía entre semana lejos del barrio rojo en kabukicho, lugar que lo vio crecer desde los diez años tras quedar huérfano, así solo los fines de semana se presentaba en aquella esquina donde era seguro que alguien llegara a solicitar un trabajo especial porque no importaba que fuera hombre, mujeres y también hombres llegaban por igual a solicitar sus servicios y bueno, tenía que trabajar para pagar su parte de la renta, su comida y ropa.
Era un mierda lo sabía, pero era la opción rápida cuando necesitaba dinero y tras haber pagado su deuda con el maldito de Sukuna, Yuuji era libre de trabajar cuando quería y hacer de su trasero lo que quería, también ayudar a Kugisaki que aún le faltaba un año mas de pago a su deuda.
La noche estaba nublada y hacía algo de frío, sin embargo su camisa ceñida de tirantes negra junto a unos vaqueros claros rasgados de varias partes dejando ver más piel de sus piernas era suficiente para atenuarlo —en el pasado había trabajado con ropa más diminuta en pleno invierno así que esto no era nada—. Con su cangurera cruzada en su pecho con lo esencial para la noche y ya un poco más animado con las dos cervezas que había tomado junto a Kugisaki e Inumaki quienes lo acompañaban esa noche.
Era al rededor de la media noche cuando un lujoso Lamborghini completamente negro mate se detuvo aun lado de su acera; no era raro ver coches o camionetas lujosas en el área aún así ese tipo de coches resaltaba de un forma diferente. Tenía los vidrios polarizados evitando que se viera quién era el tipo forrado en millones que había ido a buscar un poco de diversión.
Varias de las chicas empezaron a acercarse contoneando sus caderas y mostrando la piel de sus hombros, esperando a que alguna ventana bajara o la puerta se abriera y ofrecer sus servicios, Yuuji por el contrario admiraba aquel lujoso coche, no podía evitar notar la carrocería, la pintura y el tipo de neumático y como los rines brillaban cuáles faros, al fin de cuentas era un chico con cierta fascinación en la línea automotriz.
Justo cuando la ventana del piloto bajo Yuuji captó el rostro de aquel hombre, sorprendiendose porque no parecía ser mayor o un viejo riquillo de Roppongi Hill's. El hombre tenía el cabello blanco prístino partido por un lado y su flequillo echado hacia atrás dejando ver su rostro pálido resaltando a la primera sus ojos de un intenso azul cielo, algo fuera de este mundo y que les robó el aliento a cada mujer y hombre ahí parados. De nariz respingada, barbilla redondeada como un bebé y sus pómulos se veían finos. Su mandíbula afilada que hacía resaltar también su cuello grueso y largo.
Jodido infierno el hombre era increíblemente guapo y maldito sea cuando sonrió de medio lado pues su encanto subió otras tres cifras.
Yuuji pasó de contemplar el lujoso auto a no quitarle la mirada a su ardiente conductor pero una vez las chicas se arremolinaron alrededor y taparon la vista volvió a poner atención a lo que le decía Kugisaki.
—Vaya ese tipo debe de tener fetiches enfermos o quizás es un asesino en serie, no se, algo de toda esa imagen no está bien.
Yuuji resopló divertido ante lo dicho por su amiga y su cara recelosa.
—Kugisaki exageras, quizás solo es un niño rico que no sabe en qué gastar el domingo que le dió papá, deberías ir allí eres más de su tipo.
—¿De su tipo?
—Si, como una sugarbaby, eres experta pidiendo cosas caras y parece que él es de los que regala cosas caras, no lo sé, deberías intentar.
Inumaki río por lo bajo mientras Nobara despeinaba con violencia los mechones rosados de Yuuji y este reía algo encorvado pues su amiga era fuerte y le había hecho una llave al cuello después de su burla.
—Buenas noches, tú el de cabello rosado ¿Estás trabajando?.
Los tres chicos pararon en seco lo que hacían volteando a la vez hacia el frente viendo al chico que se había bajado del Lamborghini, notaron que el tumulto de chicas se había dispersado y se sintieron perdido pues ya hacían a dicho hombre con quizás más de dos mujeres a bordo del lujoso coche ya partiendo a algún lujoso hotel, sin en cambio estaba ahí, viéndolos con sus intensos ojos azules bastante interesado, específicamente en Yuuji.
Yuuji siguió viendo al hombre completamente perdido sin poder parpadear.
—Hay alguien ahí, ¿estás disponible?.
Nobara fue la que salió antes de su estupor.
—!Si¡ ¡Está completamente disponible!.
El grito de Nobara sacó tanto a Yuuji como Inumaki de la sorpresa, sin embargo Yuuji no podía hacer que sus neuronas hicieran sinapsis pues no terminaba de entender por qué el guapísimo hombre preguntaba por él. Sintió en su mano una mano más grande y cálida y sin más fue jalado hacia el lujoso Lamborghini, casi tropezando con sus pies que no se ponían de acuerdo para avanzar.
Una vez dentro del auto sintió la suavidad del asiento de piel y el olor a colonia amaderada suave, entonces fue que reaccionó, atinando solo a ver a sus amigos quienes se despedían con sonrisas burlonas y las manos alzadas.
Yuuji regresó la mirada al hombre que ya se había también acomodado a su lado y que al sentirse observado le regreso la mirada junto a una sonrisa amable pero no le dijo nada, puso el auto en marcha y subió la ventana polarizada para que nadie viera quienes iban dentro.
Yuuji sintió miedo y emoción por igual, no entendía nada de nada, ni por qué este guapo hombre lo había elegido a él.
Roppongi Hill's era lujo y opulencia en su máximo apogeo; edificios altos, restaurantes de lujo, boutiques de diseñador por todos lados, así como joyerías y la imponente Tower Morí. Yuuji podía contar con tres de sus dedos las veces que estuvo en la zona y dos de ellas fue porque se perdió, pero justo ahora estaba ahí en un lujoso coche con un guapo millonario rumbo al algún lujoso hotel de la zona, lo que no esperaba Yuuji era que sería el más caro y lujoso del área: el The Ritz-carlton.
El viaje hasta el hotel fue en total silencio, de vez en vez Yuuji miraba hacia el albino quien pasó de esa sonrisa amable a una completamente sería y fría, incluso puede decir que se siento un poco ignorado pues parecía tan atento al camino que ni una vez lo vio de reojo, para Yuuji y su hiperactividad empezaba a ser molesto aquel silencio no pudiendo evitar removerse en su asiento, eso bastó para que el albino se girará a verlo un instante.
—¿Pasa algo? ¿Estás incómodo?
—Yo ahm no...no estoy incómodo...por cierto soy…
—Llegamos — el albino lo interrumpió mientras frenaba. La puerta de Yuuji fue abierta y afuera pudo ver a un hombre sosteniendo dicha puerta, Yuuji bajo agradeciendo pero bastó ver la expresión del hombre que recorrió desde sus botas rojas hasta su cabeza para saber que lo estaba juzgando. Aún así, Yuuji lo ignoró y puso atención en el bonito recibidor del hotel que brillaba con luces doradas, las puertas dobles de cristal se abrieron por otros dos tipos en traje haciéndoles una corta reverencia y Yuuji se quedó ahí parado sin saber que hacer y justo cuando volteo hacia atrás para buscar al hombre con quién iba, este pasaba por su lado sin prestarle atención, como esperando que sin palabra alguna le siguiera, y bueno, Yuuji ya sabía a lo que iba así que esto no le molestó.
Entraron al lobby dónde más luces doradas iluminaban el área haciéndola sentir acogedora pero sin perder el lujo; con varios sofás tersos en rojo sangre y detalles dorados, un enorme candelabro de cristal colgaba en medio y que Yuuji no pudo evitar mirar con los ojos muy abiertos al igual que su boca. Las paredes eran de un beige claro y en varias había cuadros de pinturas colgados que nunca había visto, pensando en si eran de importantes pintores o solo genéricos para adornar. Justo cuando iba a dar un paso más la enorme mano que anteriormente lo había tomado de la suya lo detuvo de su estómago pues un botones pasaba justo enfrente suyo con un cochecito con maletas e iba a chocar con él.
Rio por lo bajo y agradeció al albino un poco apenado rascando su nuca, dicho albino no dijo nada y sin más se dirigió hacia la recepcionista que esperaba vistiendo su propio saco ceñido al cuerpo y su peinado perfecto detrás del alto escritorio de caoba brilloso. Yuuji decidió quedarse aun lado admirando aún más el lugar e ignorando a propósito las miradas recelosas y molestas de más trabajadores del hotel y huéspedes. Lo sabía, su vestimenta no era la adecuada y podía decir que varios ahí sabían lo que era, pero eso le importaba mucho menos pues era gente que no volvería a ver en su vida y él necesitaba el dinero, también estaba trabajando.
El ligero toque en su espalda lo trajo de regreso de sus pensamientos y noto que el albino ya estaba a su lado, lo guío aún con su mano en su espalda baja hacia el ascensor, se pararon ahí mientras esperaban a que las puertas se abrieran y Yuuji podía ver sus siluetas en las puertas de metal distorsionadas y noto que aquel hombre era mucho más alto que él y que sin duda ese traje gris oxford le quedaba increíblemente bien.
Las puertas se abrieron y solo bajaron dos personas que también lo miraron poco discretos de arriba a abajo, entraron y justo detrás de ellos un matrimonio de ancianos que en cuanto vieron a Yuuji no disimularon la mirada desaprobatoria por el look elegido y quizás el que la señora se le quedara viendo fijamente a su oreja izquierda le dijo que también desaprobaba por completo su perforación en el lóbulo, era algo sencillo, solo un arete de bolita, nada extravagante pero que se había hecho solo por dejar a Kugisaki practicar antes de que se perfora toda su oreja ella misma.
Yuuji empezaba a preguntarse cuál era el problema con la gente rica y estirada pues este hombre no le había preguntado si quiera su nombre, ni cuánto le iba a cobrar o si quiera que quería que le hiciera; por lo regular el viaje en auto hacia el hotel que elegían estaba lleno de manoseos y quizás un oral mientras conducían pero este hombre estaba siendo tan frío como su cabello y ojos. El pensamiento repentino de lo que dijo Kugisaki llegó de la nada, quizás pudiera ser que su amiga tenía razón y el tipo era alguien con fetiches extraños incluso un asesino serial, de todas formas nadie sospecharía de tan refinado hombre cometa algún asesinato y aún así tendría el dinero suficiente para ocultar su crimen y evadir la justicia.
La repentina tensión en el cuerpo de Yuuji no pasó desapercibida para el albino quien volteo a verlo interrogante pero Yuuji al sentir su mirada escrutadora decidió mirar hacia un lado, pensando ya cómo podría mandarle un mensaje a Kugisaki pues para variar llevaba su teléfono pero no le había metido ningún recarga de tiempo aire.
El ding del ascensor al detenerse en un piso lo hizo regresar su mirada hacia el frente y vio que el matrimonio descendió ahí, no sin antes dirigirle nuevas miradas molestas. Yuuji había tenido suficiente de eso y antes de que las puertas se cerraran levantó su mano haciéndola puño y la llevó a su mejilla para chocarla varias veces mientras con su lengua movía su mejilla contraria desde adentro en una seña obscena.
La cara atónita del par de ancianos hizo reír a Yuuji al punto de doblarse en sí mismo y limpiar un lágrima que salía de uno de sus ojos, el sonido de un risa acompañándolo lo hizo detenerse y enderezarse para ver a su acompañante quien se reía detrás de su mano y que terminó por quitar pues su risa fue en aumento hasta que también se limpió una lágrima de la comisura de su ojo derecho.
—Sus caras, eso-eso estuvo bueno.
Yuuji sintió un poco de calma al ver que el albino tenía esta reacción positiva.
—Por favor no hagas eso con todos, no queremos que nos echen de aquí.
—Oh no, solo lo hago con señores como ellos, ya sabes recordarles los buenos tiempos de las mamadas y eso.
El albino río más y Yuuji lo acompañó.
Un nuevo ding anunció el piso que había marcado el albino quien nuevamente puso su mano en la espalda baja de Yuuji y lo dirigió a la habitación al fondo del pasillo.
La habitación era enorme y espaciosa, demasiado espaciosa; tenía su propia sala de estar, un mini bar con un mini frigorífico con bocadillos y bebidas, tanto agua embotellada y según de manantial, jugos y arriba, en un estante de cristal, botellas de vino, champagne y bourbon.
Justo detrás de la sala con mullidos y suaves sofás de terciopelo blanco se encontraba la enorme cama pulcramente tendida y almohadas en diferentes tonos de azul y gris, un enorme ventanal en la derecha y en la pared izquierda un enorme espejo que abarcaba toda esa pared, justo en la esquina una puerta que supo era el baño que también era enorme con una tina de jacuzzi blanca y una regadera, o lo que se supone era la regadera pero no veía por dónde debía caer el agua.
El brazo que antes estuvo tocando su espalda para guiarlo ahora lo abrazaba para pegarlo al cuerpo alto del albino, su enorme mano ocupaba casi todo su estómago y sintió como acariciaba sus firme músculos mientras su respiración la sentía cálida en su nuca.
—Deja tu inspección y ven a la cama. — La voz de este hombre salió baja y gutural como si algo lo hubiera poseído y de repente quisiera fundirse de una con Yuuji. Yuuji por su parte no pudo evitar cerrar los ojos ante los toques y esa voz en su oreja dejándose llevar por la agradable sensación.
El albino lo posicionó frente a la cama y sin dejar de estar a sus espaldas con sus dos amplias manos empezó a acariciar su torso mientras dejaba besos superficiales en la nuca y detrás de las orejas. Yuuji sintió cada vello erizarse en su cuerpo y las piernas hacerse gelatina, jadeo cuando sin más su camiseta fue levantada de su abdomen y esas manos continuaron acariciando sin pudor, sintiéndola cálidas y fuertes. Cuando llegaron a sus pectorales estos fueron amasados con vehemencia y fue cuando los besos del albino en su nuca se volvieron más húmedos, su lengua dejaba caminos de tibia saliva desde la curva de su cuello hasta detrás de su oreja, y esa misma lengua tomó su lóbulo perforado y empezó a jugar con su arete mordiendo un poco. Yuuji llevó sus manos hacia atrás para acariciar el suave cabello del albino y al ver que no se apartó acarició con reverencia, jadeo ante el toque en sus ya erectos pezones y gimió un poco más alto cuando empezó a retorcerlos un poco entre sus dedos pulgar e índice; la sensación era agradable y lo estaba poniendo duro.
El albino se enderezó en toda su altura pues para llegar al cuello de Yuuji tenía que encorvarse y fue que Yuuji sintió la polla dura contraria en su máximo esplendor descansar en la curva de su espalda baja y glúteos. Estaba tan dura como una barra de hierro y tuvo la imperiosa necesidad de tocarla y medirla, pero antes de moverse para comprobarlo, el albino tomó la camiseta otra vez ahora quitandola por completo. Se mantuvo un momento solo ahí viendo la espalda de Yuuji y Yuuji volteo a verlo por sobre del hombro captando esa mirada azul cielo devorarlo entero y eso lo hizo estremecerse y jadear.
—Tu cuerpo es...es…
El albino no termino de decir nada cuando tomo el rostro de Yuuji y lo hizo levantarla aún de espaldas para besarlo, a lo que Yuuji se dejó completamente hacer, sintiendo los tersos labios chocar con los suyos un tanto secos pero que enseguida se humedecieron con la lengua persistente del contrario exigiendo entrar en su boca y chuparle hasta el alma y Yuuji no era nadie para negar las cosas a su clientes así que lo dejó.
El beso se convirtió en saliva y deseo desenfrenado, en una danza de lenguas armonizando, Yuuji no supo en qué momento lo volteo pues ahora estaba de frente al albino quien ya se quitaba la corbata con prisa junto al saco que cayó con descuido en alguna parte lejos. Yuuji le ayudó con la camisa blanca que con algo de dificultad cedió y se fue. Yuuji se permitió un instante para apreciar ese cuerpo también definido; pectorales prominentes, estómago trabajado y piel tersa. Quiso pasar su lengua por todas partes pero sintió que esto estaba tomando demasiado tiempo y algo se sentía diferente, no estaba siendo la forma usual de hacer su trabajo.
Yuuji se arrodilló sin dejar de ver a los ojos azul cielo, relamiéndose sus labios abusados por los besos mientras bajaba la bragueta y una vez abajo desabrochó el cinturón que seguro también era ridículamente caro, saco el botón plateado con facilidad practicada y bajo sus pantalones bien planchados junto al bóxer liberando su gruesa, larga y venosa polla que chocó con sus labios, haciéndolo a Yuuji esbozar una gran y satisfecha sonrisa.
El albino se había quedado embobado viendo las acciones del pelirosa, un tanto fascinado y perdiendo por completo la cabeza una vez vio su polla chocar con sus deliciosos labios manchandolos con pre-semen. Estúpidamente se le antojo besarlos así; con su semen haciéndolos brillar como brillo labial. La sensación de la calidez de la boca del chico lo sacó de su ensueño haciéndolo sisear pues de una se trago más allá de la mitad de su polla mostrándole la falta de reflejo nauseoso y eso fue tan jodidamente caliente que no se contuvo en tomarlo de sus suaves cabellos melocotón para empujarlo aún más, jodido infierno al sentir la presión en la punta por la estrechez de su garganta.
Las manos de Yuuji se anclaron a sus muslos lechoso dejando marcas rojas que quizás se harían moretones más tarde pero necesitaba algo a qué sujetarse pues el albino empezó a joderle la boca sin piedad, no lo iba a negar, se setia increíble el ir y venir de esa polla en su boca y como el agarre era firme pero sin dolor en su cabello; por lo regular no les importaba jalar su cabello con fuerza e incluso si se llevaban algunos en sus manos después. Este era un agarre prolijo que lo hacía concentrarse en la sensación y el aguante.
De repente el albino sacó su polla de su boca, viendo a Yuuji con un sonrisa mordaz y sus ojos brillaron al verlo con la boca abierta y respirando con fuerza por esta y su nariz, viendo como pequeña lágrimas escapaban de la comisura de sus ojos por el esfuerzo y ese jodido sonrojo en sus mejillas y orejas lo hacían ver exquisitamente lascivo. Ahora fue el turno del albino de relamer sus labios ante la obscena cara del más bajo.
—Levántate y sube a la cama te quiero en cuatro. — La voz del albino aunque salió trémula era autoritaria y Yuuji sin pensarlo hizo lo que se le pidió. El albino se dirigió hacia la mesita de noche donde dejó su cartera, celular y las llaves de su coche, se quitó por completo los pantalones dejándolos tirados en el piso y ahora sí quedando completamente desnudo.
Yuuji se mantuvo en medio de la cama como se lo pidieron, sintiendo en su estómago la anticipación y la emoción pues esa polla si se había sentido increíble en su boca, se sentiría mucho mejor dentro suyo. Volteo a ver al albino que ya iba hacia él con un condón y una botella de lubricante en sus manos y que arrojó aún lado de sus rodillas. Yuuji admiro ahora todo ese ser resplandeciente completamente sin ropa y su cintura aunque estrecha estaba tonificada, sus piernas por igual y su lechosa piel ya mostraba algunas gotas de sudor quizás de la mamada previa y eso le hizo sentir una especie de orgullo por su logro.
—¿Te gusta lo que ves?.
Yuuji se sintió un poco cohibido al ser atrapado viendo pero enseguida pensó que eso era algo absurdo en su situación así que su mirada se dirigió hacia la azul y con confianza volvió a relamer sus labios.
—Mucho a decir verdad, tu polla...es todo un caso.
Oh, ¿acaso ese era un sonrojo de parte del más alto?.
El albino se subió rápidamente a la cama situándose frente al trasero redondeado y aún vestido de Yuuji, sin pudor alguno levantó ambas manos para dejarlas caer en dos nalgadas con algo de fuerza y disfrutando como estás rebotaron, las apretó con fuerza y eran realmente suaves y firmes. Yuuji jadeo ante el choque pero lejos de sentir dolor sintió un cosquilleo que recorrió hasta su vientre y polla.
—Enderesate un poco.
El albino cruzó su mano por su pecho para ayudarlo a enderezarse hasta estar nuevamente pecho contra espalda, mientras que con la otra mano acariciaba desde su espalda hasta sus abdominales y bajaba hacia su pantalón, los besos húmedos en su nuca regresaron al igual que el jugueteo de su lóbulo perforado, el botón y la cremallera fueron abiertos y esa enorme mano se coló dentro sujetando su polla dura ya goteando, pequeños tirones superficiales hicieron a Yuuji jadear y sentir un cosquilleo en su vientre que lo hizo menear su trasero para sentir la dura polla del albino, queriendo sentir más para aliviar la lujuria en su interior.
De repente el albino lo soltó haciéndolo caer nuevamente en el colchón y quedar nuevamente en cuatro y sin más tomó sus pantalones de atrás y los bajó hasta dejarlos en sus rodillas, tomó estas y las levantó para sacar el vaquero por completo y aventarlo a algún lugar junto a sus boxers.
Yuuji una vez se sintió desnudo hizo uso de sus encantos bajando su pecho al ras de la cama y sacando más su culo dejándolo totalmente a merced del albino. El albino rio complacido por lo bajo y nuevamente repitió lo de sus manos levantarse y dejarlas caer sintiendo la picazón en sus palmas al chocar con esos firmes y suaves glúteos bronceados y estrujarlos, bien podría hacer esto toda la noche como terapia contra el estrés pensó.
Yuuji jadeo también complacido viendo de reojo hacia atrás y le gustó lo que vio; la mirada depredadora junto al hambre que era dirigida hacia él. Lo que él había provocado con su cuerpo.
Sintió como el albino separaba sus glúteos para dejar al descubierto su fruncido canal y de un momento a otro sintió humedad y una sensación deliciosa, el albino empezó a comerse su culo con hambre voraz y él solo podía quedarse ahí disfrutando de esa lengua lamer alrededor de su entrada y querer entrar; los ruidos obscenos salir de su garganta, el chasquido de su lengua y la saliva que empezaba a resbalar hasta sus bolas lo hacían perderse más y más en las sensaciones que llegaban a montones a su cerebro.
—Joder sabes tan malditamente bien. —Yuuji sintió la vibración de la gutural voz del albino recorrer hasta su nuca.
—Asi que el hombre de pocas palabras es habládor en el sexo. —Yuuji jadeo cuando sintió una de las grandes manos volver a nalguear como reprimenda pero nuevamente sintiendo placer al sentir ese cosquilleo.
El cuerpo de Yuuji se tensó cuando sintió algo más firme pinchas su entrada aun lado de la lengua hábil del albino y sin más sintió la intrusión que lo estiraba un poco. El albino se enderezó ya buscando la botella de lubricante, una vez la tuvo en su mano la abrió con habilidad y dejó caer sobre su entrada el líquido viscoso frío sintiéndolo como un estímulo más.
Sintió como el que ahora sabía era su dedo, salía y se paseaba por el borde esparciendo más el lubricante y volviendo a entrar ahora con seguridad y menos molestia pues resbaló sin problemas hasta el último nudillo y empezó a sentir como ese dedo acariciaba sus paredes internamente pero sin ejercer presión en ningún lado. Yuuji gemía ya sin importar si alguien podía escuchar y realmente no importaba si más adelante con la polla de ese hombre metida hasta su cerebro gritaba de total placer y lo oía todo el hotel.
El segundo dedo lo hizo sujetar con fuerza la colcha bajo sus manos y babearla pues esos dedos eran realmente largos y alcanzaban su punto dulce y aunque no ejercía presión directa el simple roce lo tenía al límite.
—Tomas mis dedos tan bien, si vieras lo que veo ahora...joder.
Las palabras eran susurros que llegaban a sus oídos aún en medio de sus gemidos y eso lo excitaba aún más pues él era quien provocaba esas reacciones. Llámenlo egocentrismo pero Yuuji ama ser quien provoque reacciones así en sus clientes, pensando en que podrían volver a requerir en el futuro más de sus servicios al ser tan bueno.
—Tus-tus dedos se sienten in-increíbles~.
—¿Si? Espera a que meta mi polla en ti.
Yuuji jadeo ante la promesa ya exasperado por la lentitud en prepararlo, bien podría recibir ahora esa polla, y como si el albino le hubiera leído el pensamiento.
—Impaciente, tenemos toda la noche, no importa cuánto cueste.
Yuuji se dejó hundir más en la cama sacando aún más su culo, ya sintiendo el ardor y el placer del tercer dedo estirando y dónde el albino empezó a joderlo de verdad con ellos. Yuuji también arremetía con su propio cuerpo a los dedos que salían y entraban con fuerza, sintiendo en su estómago el espasmo que se iba formando por su orgasmo.
Cuando sintió que el ir y venir lo acercaban más a su liberación, los dedos del albino salieron de él haciéndolo sentir frustrado y cuando volteo hacia este con mirada de reproche vio como ya había tomado un condón y se lo ponía en su gruesa polla, tomo el lubricante y unto una generosa cantidad que goteo hasta la colcha, levantó su mirada cargada de deseo mientras tomaba su polla de la empuñadura y la acercó a su entrada, Yuuji regreso su mirada hacia el frente esperando con ancia anticipada y cuando sintió la dura punta entreabrió sus ojos.
—Sé un buen chico para mí y toma todo.
Yuuji sintió como su entrada era estirada alrededor de la gruesa punta y con un poco de esfuerzo entró haciéndolo sentir dolor y placer por igual; definitivamente era un polla gruesa pero él podía con ella, tenía que poder.
El albino sintió la estrechez del canal del pelirosa y tuvo que contenerse para no venirse pues la sensación era placenteramente asfixiante, sin embargo poco a poco fue entrando sin soltar el agarre firme en las caderas fuertes y tonificadas del más bajo.
La sensación de a poco dejaba de arder y Yuuji empezaba a adaptarse a su tamaño y justo cuando faltaba poco para terminar de entrar, el mismo se impulsó hacia atrás dejando que el placer terminara de hacer corto circuito en su sistema, necesitaba urgentemente que este hombre lo follara con fuerza y el albino no necesito palabra alguna para saberlo, empezando a arremeter con dureza, tomando con aún más fuerza sus caderas y manteniendo su culo firme y en alto, pues Yuuji empezó a sentir las piernas como gelatina en cada empuje sin piedad, teniendo también que impulsarse con los brazos para no irse de frente al colchón.
Tanto Yuuji como el albino habían dejado de prestar atención al volumen de sus gemidos y la temperatura en el amplio cuarto había subido ya; viéndose el espejo y las ventanas empeñadas. Sus cuerpos chocaban haciendo ruidos verdaderamente sucios y obscenos, la colcha hacia mucho se había arrugado y Yuuji ya tenía incluso parte de su espalda rojiza. El albino tenía que llevarse su cabello hacia atrás con su mano para que no estorbara en esa deliciosa vista, de ver cómo el canal de Yuuji devoraba su polla y como esas paredes se sentían cada vez más estrechas pues Yuuji estaba por alcanzar su orgasmo y el de paso.
El albino se encorvó para que su pecho descansará en la espalda del pelirosa y empezó a lamer, deleitándose con el sabor salado, el toque de jabón y lo que parecía su colonia afrutada, sabía deliciosos y continuó hasta que paso a dejar marcas rojizas que por la mañana se haría violáceas. Dejó que esa sensación satisfecha de verlo marcado por su boca se asentará en su cabeza y pecho y lo estimularán a embestir más fuerte pues el chico no protestaba por ser mercado, estaba más perdido alcanzando su orgasmo, podía sentir como este se impulsaba cada vez más con sus brazos y piernas. El albino se enderezó una vez más pero ahora alzando una de sus piernas y plantarla en la cama para mayor impulso, lo que hizo que Yuuji arqueara mucho más su espalda si era posible y el nuevo ángulo dió de lleno en su próstata haciéndolo perder por completo el control.
—¡Justo ahí!, ¡ahí! ¡Más! ¡más!~.
El albino arremetió sin piedad una vez Yuuji se lo pidió, sintiendo como el estrecho canal apretaba aún más cuando alcanzó su orgasmo en todo su esplendor; viendo ese hermoso arco de su espalda y como el ya sonrojo se tornaba más oscuro.
Yuuji sintió que perdió por unos segundo la noción del espacio y el tiempo pues ese orgasmo lo azotó con toda su potencia, dejándose caer por completo en la cama sintiéndose molido de pies a cabeza y sintiendo cómo se retiraba de golpe el albino para unos momentos después escuchar su jadeo gutural y sentir humedad en su culo y espalda, dándose cuenta que el albino se había quitado el condón para venirse encima suyo.
Con todas sus fuerzas volteo su cara para ver sobre de su hombro y vio a ese hombre en todo su esplendor post orgásmico; su cabello caía en su frente goteando sudor al igual que por sus sienes, sus mejillas rojizas al igual que su pecho que subía y bajaba para llevar más oxígeno a sus cansados pulmones y recuperarse, en su mano aún tenía su polla sacudiendola para que lo último de su semen saliera.
El albino levantó su mirada a la suya al sentirse observado dándole nuevamente un media sonrisa a él pero que ahora Yuuji sintió sumamente falsa y carente de una pizca de alegría. No se sintió mal por si mismo, si no por él, recordandole a varios de sus clientes y como estos buscaban en el sexo olvidar un mal amor, una mala vida, tener un escape a sus problemas. Pensó en que como todos, este también era otro ser humano quizás tratando de ahogar de alguna forma su tormenta.
Yuuji rodó sobre su espalda para acostarse boca arriba y seguir respirando para nivelarse, aunque sentía la humedad pegarse más a su cuerpo por el semen sobre de él poco le importaba realmente, ya podría bañarse más tarde. El albino por igual se recostó a su lado más alejado llevando uno de sus brazos y ponerlo sobre sus ojos aún respirando con dificultad, dejando que el silencio llenará el momento.
Yuuji no supo cuánto tiempo pasó cuando escucho el suave ronquido del hombre a su lado y volteo a verlo, este ya había quitado el brazo de su cara para dejarlo descansar sobre su cabeza, dejando ver su rostro completamente sereno al dormir, sin la expresión sería y ciertamente tensa. Yuuji suspiro pensando en que ni siquiera sabía su nombre ni él le había dicho el suyo, pero eso ya no importaba y podía preocuparse mañana. Se metió bajo las mullidas sábanas, arropando al más alto con la colcha pues se había dormido sobre de ella.
—Buenas noches señor extraño. —Yuuji se dejó adormecer con el respirar acompasado del albino.
Yuuji se enderezó de golpe tras ser despertado por el fuerte sonido de algo chocar con algo.
Volteo hacia sus lados desorientado, viendo de primera los ventanales ya con la luz de la mañana entrando por ellas y del otro el enorme espejo que lo reflejaba, volteo hacia el frente donde la voz de alguien hablando, o mejor dicho, discutir se oía, entonces vio la cabeza del albino de anoche y como tenía su teléfono pegado al oído, estaba sentado en la sala de estar y parecía que ya se había bañado pues tenía una toalla sobre sus hombros y el pelo aún escurriendo.
—Si, si iré, no, solo…¿Y a quién quieres que lleve? Shoko ya se casó y ya no puede ser mi tapadera...Megumi está de vacaciones con Kamo...Yuuta ni siquiera está a menos de once horas y es seguro que me mande por un tubo y lleve a Maki-chan. Sabes que no me importa que digan esos viejos pomposos estirados...Suguru ve conmigo entonces...eres el peor amigo de este mundo, yo soy mucho más interesante que Yoshino…¿Suguru? ¿Suguru? Mierda.
Yuuji se sobresaltó cuando escuchó el celular del albino caer con dureza contra la mesa de café.
El albino se paró con prisa volteando hacia donde estaba él, entonces noto el mohín en su boca y su ceño contraído. El albino se quedó un momento parado ahí sin moverse, como analizando algo y al siguiente fijó sus ojos en los suyos haciéndolo estremecer pues esta era una mirada intensa pero sin la carga o el deseo sexual de anoche, poco a poco vio como una sonrisa confiada y hasta cierto punto malvada creció en sus labios.
—Buenos días, ¿Cuál es tu nombre?.
Yuuji parpadeo dos veces antes de entender la pregunta y señalarse contrariado.
—¿Mi nombre?.
—Si si tu nombre, yo soy Gojo Satoru.
—Itadori Yuuji, un gusto Gojo-san. —Yuuji ahora podía estar más tranquilo al saber con quién se acostó; no era ley tácita saber los nombres de sus clientes pero eso lo mantenía un tanto tranquilo aún que sabía que podían ser falsos.
—Oh no es necesaria la formalidad Yuuji anoche tenías mi polla dentro así que hemos pasado de esas formalidades.
Yuuji resoplo ante las palabras directas y se sintió casi apenado pero nuevamente no le vio caso porque tenía razón, habían tenido sexo e iban a pagarle por ello.
—Si, de eso, van a ser quinientos mil yenes.
—Oh cierto cierto, pero te quedaste aquí toda la noche así que debe de ser más y Yuuji Kun ¿No te gustaría ganar más dinero?.
Yuuji volvió a parpadear dos veces ante la pregunta y ya sintiendo recelo por lo que le fuera a pedir.
—¿No tengo que matar a nadie verdad? O quitar algo de mi cuerpo o viajar a otro país con la promesa de hacerme modelo o cantante o algo así ¿cierto?.
El albino ahora era el contrariado pero se empezó a reír.
—Oh no no, nada que comprometa tu integridad, solo un poco de compañía en una reunión que tengo, solo una noche, este domingo.
Yuuji llevó su mano a su mentón en clara señal de pensar en la propuesta.
—Te daré cincuenta mil...dólares más tres mil por cada noche que pases conmigo hasta el domingo.
Yuuji toció tras atragantarse con su saliva apenas terminó de escuchar la ridícula cantidad de dinero por su compañía.
—¡Eso es mucho dinero! ¿Y en dólares? y aparte más por cada noche, es decir, quiere que yo siga viniendo todas las noches de la semana.
Gojo mantuvo su sonrisa confiada y asintió.
—En realidad no quiero que te vayas, te quedarás aquí y esperarás a que yo regrese del trabajo hasta el domingo, el lunes serás completamente libre con más de sesenta mil dólares, es un precio justo, no, es más, déjame cerrarlo a cien mil dólares.
—¡Es-espera debes estar bromeando! eso es demasiado dinero, ¿dónde está el truco o cuál es la prueba?.
—¿Prueba?.
—Si, nadie va por ahí dando todo ese dinero solo por compañía y en dólares — Yuuji ya se había arrodillado en la cama moviendo sus manos para señalar su punto.
Gojo se acercó a él sin perder su postura, teniéndolo enfrente lo tomó de sus mejillas para que lo viera claramente a sus ojos.
—No estoy mintiendo y tengo el dinero, no es un problema para mí y tampoco es que estarás aquí como un adorno, Yuuji-kun todas las noches voy a cogerte y nos vamos a divertir mu-cho.
Los suaves labios de Gojo invadieron nuevamente su boca sin dejarlo pensar en nada más, sintiendo como sus amplias manos ya recorrían sus hombros hacia su espalda. Yuuji sintió su vientre cosquillear ante las palabras implicadas y cómo todo eso sonaba a un buen trato, podría seguir entre las piernas de este guapo hombre por casi una semana y al final recibir una muy buena cantidad de dinero y por supuesto, ayudaría a Gojo con lo que sea que necesita que haga en aquella reunión.
Gojo se apartó de los labios de Yuuji viendo cómo se había hecho masilla moldeable en sus brazos.
—Entonces tenemos un trato Yuuji-kun.
—Si…¿Si?. —Yuuji vio apartarse a Gojo y dirigirse nuevamente a la sala de estar donde levantó del sillón de dos piezas un gancho con un guardatraje y dónde claramente se leía la palabra Gucci, la abrió sacando de él un traje perfectamente planchado en color azul marino, una corbata negra al igual que una camisa blanca y ponerlas en aquel sillón.
—Bueno debo ir a trabajar, te dejo los primeros tres mil junto a esta tarjeta y necesito que vayas a comprar ropa, la que creas necesaria para los días que pasarás aquí, no tiene límite puedes comprar lo que gustes.
Yuuji seguía sentado ahora en seiza sobre la cama sin terminar de creer lo que Gojo le decía mientras se vestía despreocupadamente y maldito infierno si no sentía su polla reaccionar ante la flexión de los músculos del cuerpo prístino mientras se vestía. También preguntándose si este hombre era real o si estaba mal de la cabeza o si ese hombre era el que estaba mal de la cabeza al dejarle algo tan valioso como una tarjeta de crédito sin límite. ¿Quien en su sano juicio hacía tales cosas?
—Entonces nos vemos esta noche Yuuji-kun — Gojo ya estaba anudando su corbata cuando Yuuji regresó su atención, dándose cuenta que se había ensimismado, sacudió su cabeza para regresar más en sí mismo.
—Esta bien, Goj…
—Nada de Gojo-san dime Satoru, no tengo ningún problema Yuuji. — Yuuji sintió sus mejillas cálidas al ver el descarado guiño y sonrisa de medio lado que le fueron dirigidos.
—Está bien...Satoru... pero ¿No te parece excesivo todo esto? es decir, le estás dejando a un completo extraño tu tarjeta ilimitada.
—Ya no eres un extraño, se tu nombre y que coges de maravilla, así que nos veamos esta noche para cenar, debo irme, siéntete como en casa Yuuji bye bye.
Yuuji vio atónito como el albino meneo su mano a modo de despedida y se fue sin más.
Yuuji se sintió en la dimensión desconocida pues no terminaba de entender la situación en la que ahora se encontraba. Inhaló con fuerza y exhaló en un intento por aclarar su mente. Se paró de la cama caminando hacia la sala de estar y viendo en la mesa de café dos tazas de café una vacía y otra aún humeante, aún lado la dichosa tarjeta de un intenso color dorado con una serie de números y el nombre de Gojo Satoru en letras plateadas, justo aun lado varios dólares de cien.
Yuuji suspiro mientras tomaba los billetes y la taza de café, regresando hacia la cama buscando su cangurera para guardar el dinero y yendo hacia el baño para darse una larga ducha tomando café y pensar mejor en todo lo que le había dicho aquel hombre a quien ahora debía llamar Satoru.
Yuuji se dedicó a holgazanear toda la mañana; pedir servicio a la habitación para el desayuno y el almuerzo y para justo a las dos de la tarde salir con la tarjeta dorada resguardada en su cangurera. En el corto trayecto hacia el lobby solo se encontró con trabajadores que al igual que el día anterior lo vieron con fastidio y que nuevamente ignoro, no era la primera vez ni sería la última.
Al salir del hotel fue hacia la zona más concurrida dónde había boutiques por todos lados y ciertamente se preguntó qué clase de ropa esperaba que comprara Satoru, aunque si lo pensaba podría irse más hacia algo sexy pues estaría más en el hotel complaciendolo en la cama. Si tan solo hubiera sabido que esto pasaría habría llevado consigo esos ligeros y bragas de encaje que tenía justo para ocasiones especiales y pensando también que si Kugisaki estuviera con él ella sabría dónde comprar.
Sin pensarlo mucho mas entro en la primera que se le atravesó; el sonido de una campanilla al abrir la puerta puso en aviso a las dos trabajadoras que en cuento voltearon a verle se les borró la sonrisa pre trabajada de atención al cliente para pasar a una recelosa y verlo desde sus botas rojas hasta sus mechones de cabello rosa melocotón.
—Disculpen quisiera comprar pantalones y camisas.
Yuuji jamás se había sentido tan desanimado, ni siquiera cuando Sukuna lo molestaba cuando trabajaba para él y jamás se había sentido avergonzado por su apariencia; en su barrio era querido por ser amable y servicial, ayudando en lo que podía a quien podía y en especial a sus amistades. Era honesto, jamás se aprovecharía de la amabilidad o vulnerabilidad de otra persona, prueba era que estaba siguiendo al pie de la letra su trato con Gojo al ir y comprar ropa, sin embargo fue sacado de las tres boutiques dónde probó, e incluso en la última escoltado por seguridad. Se suponía estaban en el siglo XXI y las apariencias habían dejado de importar.
Que equivocado estaba, al menos en esa zona el vestirse lujoso valía más que ser simplemente humano y un cliente potencial, ¿Es que acaso no les habían enseñado trato al cliente?.
Así que en vez de intentar en otro pomposo lugar decidió regresar al hotel y donde para variar solo lo dejaron entrar mostrando la tarjeta del cuarto donde se hospedaba y que inteligentemente tomó antes de salir. Ahora estaba sopesando si ir de regreso a su casa y empacar ropa de allá o ir a Shibuya, al menos ahí nadie le pondría caras y hasta se pelearon por que comprara más.
Tan ensimismado en su pesimismo estaba que no noto que ahora quien pasará y lo viera, lo hacía con lastima y que inevitablemente llamó la atención del gerente del hotel que en su acostumbrada ronda de la tarde había bajado, notando al peculiar chico hundido en una atmósfera de tristeza en uno de los sofás del lobby.
Uraume había visto de todo en los años que llevaba trabajando y siendo gerente en el Ritz, cosas tan locas como mundanas y aquella vista, aunque no extraña, si era inusual y debía averiguar qué pasaba y solucionarlo para que no tuviera quejas posteriores de los huéspedes.
—Buenas tardes mi nombre es Uraume y soy el gerente del hotel ¿Puedo ayudarte en algo?.
Yuuji levantó su mirada rápidamente limpiando una lágrima que resbalaba por su mejilla y vio al hombre que le hablaba; delgado de cabellera clara y ojos color lila, vestia un pulcro traje negro con un broche en la solapa donde decía su nombre. No se veía enfadado o molesto, simplemente apacible y firme esperar una respuesta.
—Soy-soy Itadori Yuuji y me hospedó aquí— Yuuji titubeó nervioso ya esperando una ceja alzada e incredulidad de parte del hombre, pero solo recibió un asentimiento de cabeza.
—Un gusto Itadori-san podría saber en qué habitación está hospedado.
Yuuji rebuscó en la bolsa de sus vaqueros claros y sacó la tarjeta que servía como llave para la habitación, mostrándola al gerente quien la tomó y vio.
—Oh, una de nuestras suites y vino con el señor Gojo.
—Si si, el hombre alto de cabello blanco.
Uraume volvió a asentir con la cabeza.
—¿Tiene algún problema para ingresar a su habitación?.
—Oh no, no quise subir, no tengo problema con eso...es solo...es solo que trate de ir a comprar ropa pero nadie me quiso vender nada y me sacaron de las tiendas y Gojo me dijo que fuera a comprar ropa y me dió esto. —Yuuji ahora rebusco en su cangurera cruzada en su pecho y sacó la brillante y hasta cierto punto insultante tarjeta de crédito. Al verla Uraume volvió a asentir quedándose un instante pensando.
—Ok, Itadori-san acompañarme por favor.
Yuuji vio al gerente girar en sus talones y dirigirse al escritorio alto de caoba brillante y pedirle a la recepcionista en turno el teléfono, entonces fue que Yuuji se paró para seguirle, alcanzando solo a escuchar un agradecimiento del gerente a alguien que tomó la llamada que hizo.
—Itadori-san vaya a esta tienda y ahí lo atenderán sin ningún problema, ya he pedido un taxi para que lo lleve y traiga, ah y diga que Uraume lo envía. — Uraume le entrego en sus manos una tarjeta de color azul cielo con letras cursivas en negro con una dirección.
Yuuji sintió su corazón hacer un mortal doki doki ante la amabilidad del gerente y sin pensarlo se arrojó a darle un gran abrazo que descolocó tanto al gerente como a la recepcionista que río por lo bajo. El gerente una vez salió de los fuertes brazos sonrió imperceptible acomodándose nuevamente el saco.
La boutique era impresionantemente lujosa, con enormes letras de aluminio arriba de la entrada que decían: Kasumi's. Una vez entró vio enseguida a una mujer de cabello azul cielo largo con un traje sastre blanco y falda de tubo que al verlo le dirigió una gran sonrisa.
—Buenas tardes ¿Puedo ayudarte en algo?.
—Si-si ahm me envía Uraume-san yo…
—Oh eres Itadori-san, si Uraume me dijo que vendrías, por favor pasa y ponte cómodo enseguida te atenderemos.
Yuuji sintió que parte de la tensión y malestar se iban de su cuerpo ante el buen trato de la chica y se permitió suspirar tranquilo.
El resto de la tarde había pasado en un santiamén entre probarse diferentes vaqueros o pantalones formales, camisas de diseñador y probar outfits para cócteles o un día en el club campestre, según le decía Míwa la dueña de la boutique y quién lo asesoró en todo, incluso en lencería para en la noche recibir a Gojo. Por supuesto no dijo que era sexoservidor y que Gojo era su cliente, simplemente dejó que eso se olvidará por unas horas y disfrutar de la agradable compañía y la ropa de marca en su piel.
Justo cuando llegó y vio a Uraume aún rondando la recepción, sin pena alguna le gritó desde dentro del ascensor antes de que se cerrara la puerta —¡Gracias Uraume-san!— contrariando nuevamente al hombre y ahora a todos los presentes en la recepción.
Yuuji contemplaba las muchas bolsas de compras satisfecho por haber cumplido con la petición de Gojo. Justo estaba por abrir la primera bolsa cuando el sonido de la cerradura abrirse de la habitación sonó y vio que Gojo había llegado. Algo en su interior se emocionó al ver al hombre, aunque su cara era de pocos amigos y tenía el ceño contraído.
Gojo no prestó atención a nada más que el quitarse la corbata y el saco, dejarlos tirados en la entrada junto a su maletín de cuero corrugado, suspirando cansado y dirigiéndose al minibar, no para sacar una bebida alcohólica, si no para prepararse un café cargado con extra de azúcar.
—Bienvenido Satoru.
Gojo volteo hacia atrás un poco sorprendido pero en cuanto vio a Yuuji parado en medio de un montón de bolsas recordó que estaba acompañado, rápidamente compuso una sonrisa de medio lado.
—Oh Yuuji ya he regresado, vaya veo que tu día de compras fue fructífero.
—Así es y se lo debo a Uraume-san.
Gojo regresó su vista a lo que hacía en el minibar mientras continuaba su charla.
—¿Uraume? ¿Uraume el gerente del hotel?.
—¡Si! Fue tan amable y me ayudó a encontrar una boutique dónde me ayudarán a elegir ropa, fue muy divertido...aún que las primeras a las que fui no tanto je.
Gojo dejo que Yuuji le platicara como había sido su día y haciendo una apreciación cuando creía prudente. Cenaron juntos cuando el servicio llegó con exquisita y caliente comida junto a una botella de vino americano y que Yuuji solo probó pero que dejó aun lado pues el sabor se le hacía muy amargo. Gojo se sirvió una copa dejando que su cabeza se llenará de algo más que su estresante trabajo y notando que Yuuji era muy expresivo con sus manos y cuerpo al relatar algo al igual que su cara y su perpetua sonrisa.
Gojo se metió a bañar rato después, dejando que Yuuji organizará la ropa que se compró y la acomodo en el armario que se encontraba justo detrás del espejo gigante en la pared; este se recorrían hacia un lado y noto que más guardatrajes estaban colgados ahí junto a zapatos lustrosos de charol de suela roja, también noto que había una pequeña caja fuerte, imagino que ahí guardaba cosas de valor o que simplemente estaba vacía.
Una vez acomodo todo entró a bañarse, Gojo salió del baño apenas con una toalla amarrada a la cintura y otra secándose el pelo. Disfruto especialmente del respingo del albino al pasear su mano sin recato por su abdomen y pecho al pasar a su lado y reír porque logró escapar de su agarre cuando Gojo trato de jalarlo a él y besarlo.
Gojo estaba recargado en la cabecera de la cama con su portátil en las piernas cuando sintió a Yuuji salir del baño pero al no sentir movimiento alguno en la cama levantó la mirada para ver a Yuuji a los pies de esta con un lindo liguero de encaje negro en su cintura que sujetaba un par de medias que llegaban hasta la mitad de sus carnosos muslos y unas diminutas bragas también de encaje que apenas ocultaban su polla ya medio dura. Su pecho totalmente al descubierto y su merced.
Gojo cerró de golpe la portátil y la olvidó en la mesita de noche acomodándose mejor en las mullidas almohadas devorando con ojos hambrientos la bonita y erótica imagen de Yuuji.
—¿Te gusta lo que ves? — Yuuji sonrió amplio al ver abrir más de la cuenta los ojos depredadores de su cliente y extender una satisfecha sonrisa, una un poco más sincera que las anteriores.
—Por supuesto que sí, eres todo un caso Yuuji.
Yuuji se subió a la cama de forma lenta y calculada, batiendo sus pestañas mientras su cara se paseaba por uno de los muslos de Satoru desnudo hasta llegar a su boxer que era lo único que usaba, restregando su mejilla con su polla que también empezaba a endurecerse por el contacto y por tener a la vista su culo en lo alto con las bragas de encaje. Paso una de sus manos por los alborotados mechones rosa mientras Yuuji subía por su abdomen y estómago, llegando a su pecho y plantando besos hasta llegar a su cuello y sentarse a horcajadas encima suyo, empezando a menear sus caderas para estimular más su polla. Satoru jadeo ante la sensación cosquilleante en su cuello y polla y sujetó las caderas de Yuuji con sus amplias manos para que con más fuerza moliera sobre de él.
Yuuji encontró la boca de Gojo y sin más, ahora el lo devoró, lamiendo cuánto tuvo a su alcance dentro de su boca y danzando con su lengua sin parar, no noto cuando Satoru lo levantó para que pudiera quitarse los boxers y dejar su polla al aire, ni cuándo ni cómo alcanzó la botella de lubricante y el condón de la mesita a su lado pues su boca era mucho más interesante y estaba siendo consumido por esta por completo.
—No es necesario que me prepares, ya lo hice — Yuuji dijo entre jadeos y bocanadas de aire y eso a Satoru terminó de enloquecer, el que Yuuji ya estuviera listo para recibir su polla necesitada y palpitante. Sacó el condón y se lo colocó, abrió el lubricante y lo dejó caer frío dándole unos cuantos tirones para esparcirlo.
—Montame Yuuji — la orden dicha con esa voz gruesa y gutural hicieron a Yuuji jadear. Una de las manos de Gojo se dirigió a sus nalgas acariciando y haciendo a un lado sus bragas en clara señal de que no quería que se las quitará, Yuuji levantó sus caderas para con su mano tomar la polla de Gojo y alinearla sin dificultad en su entrada e ir bajando poco a poco en ella, sintiendo a la primera como el placer iba en aumento con cada centímetro que entraba, hasta estar nuevamente sentado cadera con cadera.
Yuuji gadeo alto cuando Gojo saco de las bragas también su polla ya llena y dura, usó el resto de lubricante en ella para masturbarlo mientras se recargaba en sus pectorales duros lechosos y empezaba a subir y bajar, cabalgando tan deliciosa polla y haciendo uso de su resistencia y fuerza en las piernas.
Yuuji ahora podía ver con detenimiento los ojos azul cielo vidriosos y el tenue sonrojo en las mejillas del albino junto a su boca jadeando por aire, sentir como el agarre de la mano en su cintura se fortalece con cada sentón que le da junto a su mano aumentar la velocidad al masturbarlo; las sensaciones son intensas en todos lados y Satoru termina por tomarlo de la nuca para jalarlo hacia adelante y chocar nuevamente sus labios para besarse largo y apasionado, sin importar el poco oxígeno que logra colarse, hasta que ambos están mareados y al borde de su orgasmo.
Yuuji se endereza en busca de aire y porque necesita intensificar sus sentones para alcanzar su liberación, para romper esa tensión insoportable en su vientre.
Dos sentones duros y firmes más y siente su tibia semilla salir en hilos delgados manchando el estómago y pecho de Gojo y llega un poco a su mentón. Gojo llega por igual al sentir aún más presión en el canal de Yuuji que lo asfixia y lo rompe llenando por completo el condón.
Se mantienen así unos momentos para recuperar el aire y calmar el salvaje tamborileo de sus corazones. Yuuji se levanta de a poco y Gojo lleva su mano a la base de su polla para mantener el condón en su lugar. Yuuji se deja caer a un lado dejando que sus brazos se rocen, esperando recuperar el aliento.
Gojo quita el condón le hace un nudo y se levanta para ir al baño y tirarlo en el cesto de basura, toma papel para limpiarse el pecho y lo poco que llegó a su cara, se alcanza a ver en el espejo del baño y nota que tiene una sonrisa en la cara que lo desconcierta pero termina por negar riendo. Es increíble que todo el estrés del día se haya borrado con sexo y la erótica imagen de Yuuji en bragas y ligero.
Regresa a la habitación con más papel, se lo da a Yuuji quien le agradece por lo bajo y limpia un poco su polla y el lubricante.
Ambos no dicen nada y se meten bajo las sábanas y las mullidas colchas, se dejan llevar por el cansancio y la calma hacia la inconsciencia de los sueños.
Es un tanto extraño para Gojo despertar con Yuuji pegado a su espalda y su brazo rodear su cintura como si él fuera la cuchara pequeña pero no lo siente molesto, aún así sale con cuidado del agarre y antes de dirigirse a la ducha contempla su rostro tranquilo y despreocupado, pensando en que nadie podría verse como un ángel al dormir pero ahí estaba ese chico luciendo como uno.
Los demás días fueron parecidos; Gojo yendo a trabajar y el teniendo todo el día disponible, optando por salir a correr y pasar al menos dos horas en el gimnasio y el sauna propios del hotel. Ya no recibe miradas molestas pues el simplemente hecho de que vistiera ya sea ropa casual o deportiva de marca había hecho la diferencia. Los empleados que ya lo ubicaban dejaron de mirarle extraño incluso con la nueva apariencia pasó desapercibido como uno más de los huéspedes del hotel.
Yuuji se sentía tranquilo y cómodo, no hacía mal consentirse de vez en cuando, eso le habría dicho Kugisaki, y justo pensando en su mejor amiga fue que recordó algo que quizás debió hacer desde el miércoles por la mañana; recargar su teléfono y hacerle una llamada a esta avisando que estaba bien.
Tomó el teléfono que estaba en la mesita de noche contraria a la que ocupaba Gojo para poner sus cosas ya sacando su celular buscando el número de Kugisaki. Marcó el número, espero en la línea que sonó dos veces y escucho la voz nasal como si estuviera congestionada.
"Alo".
—¿Kugisaki? Soy Yuuji oye…
"¡¿Itadori eres tú?! ¡¿Itadori Yuuji?!."
—Si soy yo ku…
"¡Tú grandísimo hijo de perra! ¡¿Por qué no me has llamado antes?! ¡Me tienes con el jodido Jesús en la boca preguntándome dónde carajos estás y si te mandé directo a tu muerte!, ¡¿Sabes cuántos malditos días han pasado desde que te vimos?! ¡Toge está igual de preocupado! ¡He estado llorandote maldito infeliz! ¡Más vale que hayas tenido una razón increíblemente grande para no hablar antes!" Los gritos de Nobara habían hecho que Yuuji alejara el teléfono de su oído y aún así escuchaba perfectamente lo furiosa que estaba, ya arrepentido de haberla llamado pero supo que hubiera sido peor si no lo hacía y solo aparecía el lunes de la nada.
—Ku-Kugisaki estoy bien, en verdad perdóname que no haya llamado antes pero si, pasaron unas cosas y lo ¿Olvide?. — Yuuji había hecho una reverencia como si Nobara lo estuviera viendo, pues si, estaba apenado por causar molestias y preocupación y ya imaginando a la pobre chica ahogada en remordimiento, jurándose llevarle presentes como tregua de paz.
"¡¿Dónde carajos has estado metido?!"
—Bueno, ¿Recuerdas al tipo del Lamborghini?
"Ajahm"
—Pues aún estoy con él, hasta el lunes regresaré, estoy bien no te preocupes.
"Espera, ¿Sigues con ese tipo raro? No me digas que te has metido en problemas, ¿Está a tu lado amenazandote para que me digas esto y no te busque más? Sabes que puedo hablarle a Choso y Esou y estamos en un segundo donde sea que estés."
Yuuji río nervioso rascando su nuca —No Kugisaki estoy muy bien, de hecho más que bien, te lo prometo que el lunes ya estoy de vuelta y con una muy buena paga y te prometo que te llevaré algo.
"Itadori ¿estás seguro?."
—Si, el hombre se llama Gojo Satoru y me pidió que este domingo lo acompañara a una reunión, no sé de qué se trate pero te juro que no es nada malo, creo que son negocios o algo así.
"Itadori eres muy confianzudo como siempre, a ver espera."
Al otro lado de la línea se oyó estática y ruidos como si Nobara se moviera. Yuuji conocía tan bien a su amiga que estaba seguro había estado en su cama con alguna bolsa de frituras aún lado y por el ruido parecía que se había levantado yendo quizás hacia el pequeño escritorio en su cuarto.
El ruido de teclas al ser presionadas le confirmó que efectivamente kugisaki estaba ya sentada buscando algo en línea desde su notebook.
"Dijiste que se llama Gojo Satoru, veamos…"
Yuuji terminó por recostarse en la enorme cama viendo hacia el techo esperando el resultado de la búsqueda, dándose un golpe mental porque no se le ocurrió eso antes; buscar quién era Gojo Satoru y por qué era millonario.
"Santa mierda Itadori, Gojo Satoru es nada más ni nada menos que el hijo del primer ministro actual de Japón Masimichi Gojo y tiene su propia firma de abogados, es un bufet de renombre y Satoru es un reconocido abogado a nivel internacional, tiene veintiocho años y es según la revista Yumeki el soltero más codiciado y sexy actualmente…"
—Estás bromeando ¿cierto?.
"Nop está escrito aquí en línea y hay muchos artículos de él y su carrera así como su vida y fotos y definitivamente es él Itadori, ¿Cuanto te va a pagar por todos estos días con él?."
—En un principio dijo que cincuenta mil...dólares y tres mil por cada noche que pasé con él y al final dijo que cerraría la cifra en ¿cien mil dólares?.
La línea se quedó en total silencio y Yuuji podía escuchar el latido de su corazón. Imagino que Gojo era alguien importante, más no tan importante y que era tan joven, que aunque se llevaran ocho años de diferencia ambos seguían en sus veintes y definitivamente no estaba preparado para lidiar con toda esa información.
"Eso-eso definitivamente es mucho dinero Itadori, ¡aah!, por favor ten mucho cuidado y hablame todos los días o mínimo recarga tu maldito teléfono, lo que necesites a la hora que lo necesites no dudes en llamar o mandar un mensaje, iré a donde sea ¿ok?."
—Si Kugi lo haré, tendré cuidado y tú también, saluda a Inumaki, dile que estoy bien y pronto nos veremos.
Yuuji escuchó un fuerte suspiro salir de su amiga y un gruñido en afirmación, la línea se cortó y Yuuji solo pudo quedarse en la misma posición mientras dejaba resbalar el teléfono aun lado de su cara pensando en todo lo que se enteró y definitivamente pensando que Gojo Satoru era más que inalcanzable.
Esa noche follaron como todas las demás noches pero Satoru sintió algo distinto; Yuuji no había querido besarlo y poco lo miro a los ojos, aunque sus movimientos seguían siendo increíbles y sus gemidos eran música para sus oídos lo sintió distante, incluso la cena previa había sido en casi total silencio, solo interrumpido por alguna cosas comentadas por Yuuji esporádicamente y el que había hablado con su mejor amiga a quien avisó de que estaba bien.
Cuando ambos terminaron nuevamente al mismo tiempo Yuuji se levantó de la cama yendo a bañarse sin dirigirle una rápida sonrisa o coqueteo descarado como solía hacer. Por supuesto que Satoru pensó que quizás el que Yuuji estuviera todo el día en el hotel o los alrededores empezaría a ser aburrido y por eso se sentía decaído, tampoco era como si debiera importarle pues solo estaban en un negocio, una transacción justa dónde Yuuji le daba placer sin límites y él su tarjeta de crédito sin límites, pero verlo así le hizo mella en su pecho y en verdad quería hacer algo para que esté chico que lo recibía con una gran sonrisa volviera a hacerlo.
Yuuji regresó ya listo para dormir después de la ducha que no terminó de quitarle la sensación extraña y nervios hacía con Gojo, viendo que aún estaba despierto con la portátil en su regazo.
—Yuuji ¿Te gusta la ópera?
Yuuji se quedó pensando ante la pregunta.
—No realmente, me aburre.
Satoru río por lo bajo.
—Lo supuse, a mí tampoco, ¿Qué te parece si mañana vamos a una carrera de autos en el Hipódromo en Fuchū?.
—¿Carrera? ¿De verdad?.
Los ojos de Yuuji brillaron emocionados ya mostrando su enorme sonrisa con dientes perlados y haciendo a Gojo sonreír en reflejo.
Yuuji salto a la cama ya interrogando al albino por su conductor favorito y sobre lo que pensó del grand prix del año pasado y que esperaba del circuito de ese año. Así se sumergieron en una extensa charla sobre qué autos prometían, como ambos llegaron a gustar de la fórmula uno y pasando a gustos musicales; notaron que aunque eran de generaciones distintas terminaban escuchando bandas influenciadas por otras de su mismo gusto; Queen, pink Floyd, Ozzy Osbourne, AC-DC, TPC, Bon Jovi, Gun's and Roses, NIN, hasta Nirvana, green day o My chemical romance, y por supuesto sus gustos culposos; mientras Yuuji tenía a Thalía, Gojo tenía a lady Gaga.
Ambos terminaron sentados en la sala de estar con sandwiches, jugos y algunos caramelos hablando sobre su paso por la escuela; Yuuji supo que Satoru no fue el chico bueno y de notas sobresalientes, aunque fuera inteligente la procrastinación le ganaba por mucho y no solía esforzarse en nada, simplemente porque no le apetecía y disfrutaba más hacer el tonto con sus amistades. Gojo supo que Yuuji solo estudió hasta la secundaria y que era hasta cierto punto responsable; dejaba las cosas hasta el último día pero entregaba trabajos decentes, solía ser deportista y a un mantenía el hábito de salir a correr y hacer ejercicio dónde podía. Que quedó huérfano siendo un bebé y que su abuelo falleció cuando cumplió los diez años, dejándolo a cargo de una tía que tenía un hijo bastante desagradable y que fue parte de que el terminara dedicándose al sexo servicio. Yuuji no quiso ahondar más en eso y Gojo no insistió pues no quería ver nuevamente esos ojos radiantes perder brillo. Sin duda el chico era interesante y había pasado por mucho pero eso no había opacado su encanto que pareciera ser innato.
Yuuji noto que Satoru comía muchas cosas dulces y supo que era para lidiar con el estrés pues Gojo le contó sobre su trabajo y la firma de abogados, que tenía clientes bastante difíciles con casos el doble de difíciles y que por lo regular se encargaba de que no fueran a dar a la cárcel por evasión de impuestos, algunas estafas y cosas que no debían ser mencionadas y que le hizo prometer a Yuuji que no diría porque se suponía que no debía hablar de eso por aquello del secreto profesional, Yuuji se rió por lo alto pensando en que no podría hacer uso de aquella información porque realmente no entendía nada de cuestiones legales.
Cerca de las dos de la mañana decidieron poner fin a su charla e ir a acostarse a dormir, dejándose perder nuevamente apacibles en la inconsciencia de los sueños.
Yuuji está maravillado con lo increíble que es el hipódromo de Tokio, nada en comparación a verlo en televisión.
Esta vez Gojo opta por conducir hasta el lugar en su BMW serie 8 rojo brillante. Yuuji eligió usar jeans azul medio, una camisa blanca con puños y cuello en azul marino y un saco negro acompañados con zapatos lustrosos de pana café obscuro. Satoru solo eligió usar un traje color beige con camisa de manga larga café y zapatos lustrosos café medio sin corbata y los dos primeros botones sin abrochar pues el intenso sol hacia que el clima se sintiera abochornado y lo que lo hace también usar unos lentes negros circulares para poder ver bien el panorama, en especial al chico que desde que salieron a estado vibrando de emoción y que en cuanto llegaron salto del asiento del copiloto admirando todo lo que podía ver; enormes ojos que se agrandaban al ver una cosa más interesante que la otra junto a su boca que pareciera no poder cerrar, llamándolo y señalandole algo —¡Mira Satoru es enorme!.
Satoru se siente animado y rejuvenecido pues reconoce que la energía de Yuuji es fácilmente contagiable al igual que su sonrisa y eso le gusta; verlo sonreír tan amplio porque le queda y junto con el atuendo se ve bien, más que bien, sigue viéndose como un ángel.
Yuuji pensó que verían las carreras desde las gradas pero satoru lo guía nuevamente con la mano en su espalda hacia el alto edificio con enormes ventanas de cristal que llegan desde el piso hasta el techo y dónde hay varias mesas y un restaurante, Yuuji sigue viendo todo su alrededor fascinado y sin contenerse haciendo reír por lo bajo a la recepcionista que los lleva a la mesa que está justo en el medio del ventanal.
—¡Wooow se ve toda la pista! ¡Esto es asombroso Satoru! ¡Mira, ya están acomodando los autos!. — Yuuji grita y en sus ojos pueden verse chispas y estrellas mientras se acerca al cristal y recarga sus manos. Satoru solo puede mirar con una sonrisa propia e ignorar a conciencia a la recepcionista que ahora mira con algo de recelo al chico pero que termina carraspeando y dirigiéndose al albino de mejores modales.
—En seguida les traerán la carta, mientras ¿Gustan algo de beber?.
— Yo quisiera un café helado con doble de azúcar por favor...oh traiga terrones extra aparte. Yuuji ¿Que vas a querer beber?
—¿Ehm? Oh, un refresco de cola está bien. —Yuuji dice apenas volteando a ver, en verdad no puede apartar mucho la mirada pues nada va a quitarle la fascinación por la vista y el lugar.
La recepcionista asiente y se marcha negando un poco con la cabeza. Satoru sigue contemplando a Yuuji sin prestar mucha atención cuando las demás mesas van siendo ocupadas por señores mayores con quizás sus hijos y nietos; señoras y jovencitas saludándose y Satoru piensa distraídamente que usar tacones de aguja debería de estar prohibido en pisos de azulejo pues se oyen espantosos.
Por los altoparlantes se oye que la carrera empezará en quince minutos, mientras sus bebidas son llevadas a su mesa ahora por uno de los meseros que también les entrega las cartas, es cuando Yuuji voltea y se da cuenta que ha dejado a Gojo solo, no puede evitar sonrojarse rascándose la nuca por la falta de respeto que siente ha cometido.
—Lo siento es la primera vez que vengo y es todo tan genial, muchas gracias otra vez Satoru.
Gojo levanta los hombros restándole importancia y sonríe —No es nada Yuuji, ven veamos que vamos a comer.
Eligen pasta acompañada de salmonetas y se sumergen en otra plática sobre carrocerias y dónde a ido Gojo también a ver el grand prix. Yuuji le pone total atención a Gojo y lo que dice, como si le estuviera contando el mejor cuento de aventuras que jamás haya leído y Gojo siente un tirón en su pecho cálido por qué tenía tanto tiempo que nadie lo escuchaba hablar de lo que le gustaba sin terminar aburriendolos.
Su comida llega justo cuando la carrera da inicio y Yuuji la ignora por completo por qué desde dónde están sentados se puede ver perfectamente la línea de salida y nuevamente se levanta para pegarse al cristal y ver cómo un niño pequeño su juguete favorito tras el mostrador.
Los señores y jóvenes de las mesas adyacentes voltean a verlo irritados y alzando las cejas cuando lo oyen gritar.
—¡Satoru, Kobayashi y Hattori salen primero, apuesto que Kobayashi le va a ganar!...¡Oh por los dioses esa es Mei Mei la modelo super famosa!. ¿Crees que pueda pedirle un autógrafo más tarde?.
En ese punto la mitad de las mesas miraban a Yuuji de forma molesta, soberbia y otros de forma burlona, cuchicheando al oído y tapándose las bocas. Satoru carraspeó incómodo, no por Yuuji si no por los demás, pensó en que de todos los ahí presentes Yuuji era el único que iba realmente por la emoción de ver la carrera y no para presumir y aparentar. Por supuesto que él no dejaría pasar el momento para también irritar más a los pomposos creídos.
—¡Por supuesto que no, Hattori les va a ganar ya lo verás! —Satoru grito ya poniéndose también de pie y dirigiéndose hacia el ventanal aun lado de Yuuji parándose en toda su altura. —¡Oh! es verdad, esa es Mei Mei la modelo super famosa en internacional, vayamos a pedirle su autógrafo más tarde!.
Satoru y Yuuji gritaron a la par emocionados cuando la modelo en medio de la pista dejaba caer la bandera blanca para dar inicio a la carrera. Vieron como las llantas rodaban en su lugar creando fricción y sacando humo antes de partir a toda velocidad, Yuuji vitoreaba y Satoru le hacía segunda, ignorando por completo las caras largas, algunas rojizas de molestia y ojos torcidos, sin embargo, nadie se atrevió a callarlos pues también varios de los ahí presentes, si no es que todos, sabían perfectamente quién era Gojo Satoru y lo que menos querían era problemas con el primer ministro.
Solo se sentaron para comer la pasta y las salmonetas que ya estaban frías y rechazando el que las volvieran a calentar.
Cuando estaban en la última vuelta volvieron a ponerse de pie pues los conductores a los que apoyaban se discutían férreamente la victoria de la carrera, ya habiendo dejado a los demás conductores una vuelta atrás.
Satoru terminó por olvidar su molestia inicial y realmente morderse las uñas cuando vio que tanto Hatorii como Kobayashi conducían como si fueran la sombra del otro; en su rato sentados habían apostado y Satoru sabe que su conductor debe ganar si no quiere mañana ir a la gala con el culo adolorido.
—!Por el amor de dios Hattori pisa el maldito acelerador a fondo! — Satoru llevó sus manos a su boca para gritar al ver que el coche de Hattori empezaba a quedarse atrás, mientras, escuchaba a Yuuji vitorear más alto al ver la nueva ventaja de su conductor, pero justo en la curva de la vuelta en la pista Hattori como si hubiera escuchado a Satoru pisó el acelerador a fondo dejando a Kobayashi medio carro atrás.
—¡No¡ ¡eso fue trampa!.
Yuuji deja caer sus brazos y hombros derrotado al ver cómo el coche de Hattori cruza la línea de meta con Kobayashi unos centímetros detrás. Satoru grita lanzando las manos al aire para después aplaudir con fervor, poco le importaban los demás pues se ha divertido y encuentra algo satisfactorio el ver a Yuuji haciendo pucheros por el resultado de la carrera.
Paga y salen del restaurante yendo por el autógrafo de la modelo y que anima rápidamente a Yuuji pues le ha dado su autógrafo en la espalda de su camisa ridículamente cara y aunque el resto de gente lo mira raro a Satoru ya no le importa y acepta también que la modelo le de el suyo en la camisa en su pectoral derecho —Satoru paga una buena cantidad de dinero sin que Yuuji se entere pues él ya sabía que dicha modelo cobra por sus autógrafos, incluso por qué respires cerca de ella, no le importa, tiene los recursos—, ambos se dirigen hacia el coche riendo y hablando sobre la carrera y que Satoru se ha salvado por los pelos de pagar con su culo.
Una vez se adentran en la ciudad nuevamente, Yuuji le dice que pasen a Shibuya porque le va a mostrar el lugar donde venden el helado de fresas más delicioso que haya probado y Satoru no lo piensa dos veces cuando ya los está llevando con las instrucciones de Yuuji a dónde le dijo. Terminan guiándose por el gpc pues Satoru descubre que Yuuji está un poco desorientado en cómo llegar desde Fuchū a Shibuya.
El helado del que habla Yuuji es un cono sencillo de una pequeña máquina de helado suave atendido por una amable señora en medio de la calle asakusa y que a Satoru le encanta porque es tan dulce como le gustan. Sus sacos terminan amarrados a sus cinturas mientras Yuuji le muestra las magnificencias del barrio donde creció, por supuesto evitando las calles donde sabe puede encontrarse a Sukuna o su gente.
Van a Akihabara, lugar donde Yuuji ha jugado en cada máquina de arcade y llegan a lugares rápidamente a través de los atajos que se sabe de memoria y por supuesto saluda a una o uno que otro señor que lo reconoce pues esa cabellera tan peculiar y sonrisa radiante son difíciles de olvidar; Satoru se da cuenta que la gente ahí no ve sus ropas ni si son de marca, solo lo ven a la cara y también le dan una sonrisa amable.
Regresan al hotel con dolor de piernas y cansados pero deciden bañarse juntos pues ambos están seguros que si uno se baña primero el otro se quedara dormido.
Yuuji lo talla con la esponja dónde alcanza mientras Satoru lo besa, pero esta vez no son besos hambrientos cargados de deseo, son lánguidos, saboreando su labios, saboreando su esencia y sintiendo no solo el cosquilleo naciente de la excitación en sus vientres, también sienten algo en el pecho, algo cálido que les hace latir el corazón diferente y simplemente se dejan llevar sin pensar en lo que eso significa.
No follan como lo han estado haciendo y aunque los besos anteriores los tentaban, terminaron acostados de lado viéndose a los ojos en la enorme cama que habían estado compartiendo, ambos están desnudos con la sábana a medio tapar sus cuerpos, dejando que solo sus respiraciones se oigan; están cansados pero no quieren dormir aún.
—Gracias por seguirme la corriente en el restaurante...y lo siento por hacer el ridículo, no pude evitarlo, en verdad estaba emocionado. — Yuuji dijo escondiendo la mitad de su cara en su antebrazo, a lo que Satoru con su mano movió para ver su cara y el tenue sonrojo en sus mejillas y esa expresión triste que en definitiva odiaba ver en él.
— Entonces los ignoraste a propósito. — Satoru afirmó.
—No es la primera vez que me miran así, creo que me acostumbré pero debió ser incómodo para ti lo sient…
—No tienes nada de qué disculparte Yuuji, en lo absoluto, creo que nunca me había divertido tanto, gracias a ti.
El sonrojo en las mejillas de Yuuji aumento llegando a sus orejas, veía a Gojo con los ojos muy abiertos y como si le hubiera crecido una mano en la cabeza.
—No-no hagas eso, dioses, debes saber que eso puede matar a alguien de un infarto.
—¿Un infarto? ¿De verdad?.
—Si eres-eres lindo y diciendo esas cosas podrías hacer que alguien muriera.
—Oh oh ¿A caso Yuuji dijo que soy lindo?. vaya eso también puede provocar algo mortal en mi sabes.
Yuuji sacó del agarre de Satoru su brazo para ocultar su cara azorada pero Satoru la volvió a sujetar para ver más de esa repentina timidez y picar una de sus mejillas burlándose.
—¡Ba-basta! o me iré a dormir al sofá.
Yuuji murmuró pues se había refugiado en el pecho de Satoru para ocultar su cara al tener ambos brazos retenidos por el albino. Satoru no sabe por qué lo hizo pero terminó por soltar sus brazos y atraerlo más hacia él dándole un beso en la cabeza y terminar por recargar mejor su cabeza en su pecho, Yuuji se sorprendió, aún así lo dejo hacerlo sin protestar. Nuevamente dejaron que el silencio reinará, sintiendo que sus corazones dentro de sus cajas torácicas latieran a un ritmo diferente; constante pero apacible, adormeciendolos de a poco hasta que volvieron a sumergirse en la inconsciencia de los sueños.
Había llegado el día esperado, así que ya estaba listo para bajar al lobby dónde había acordado con Gojo verse, pues el albino aún tenía un compromiso en su trabajo y el se cambiaría a su traje de noche allá. Nuevamente dió un repaso a su cabello, el traje y los accesorios tratando de calmar los nervios en su estómago y esperando que a Satoru le gustará cómo se veía.
Las palabras de Nobara volvieron a su mente una vez más: "Ten cuidado por favor". Lo sabía pero sentía que esas palabras tenían otro significado y eso poco hacía por calmar su corazón, también recordando que hasta entonces no había pensado ni preguntado de qué iba dicha reunión y que esperaba Gojo que hiciera en ella. Por los dioses ni siquiera sabía usar los cubiertos adecuadamente si la cena era así de formal.
Yuuji suspiro lo que parecía ser la milésima vez y decidio olvidar el asunto pues ya estaba cinco minutos retrasado así que sin más salió de la habiatacion alisando compulsivamente el saco del traje. "Que sea lo que tenga que ser" pensó antes de que se cerraran las puertas del elevador.
Gojo ya estaba parado en las puertas de cristal vistiendo de forma inpecable el traje negro que había elegido él cuando lo vio; su cabello peinado completamente hacia atrás con algunos mechones sueltos en su frente y que dejaban ver en todo sus explendor su rostro y hermosos ojos azules enmarcados en gruesas pestañas blancas. Yuuji carraspeo un poco para captar la atención del albino y cuando esté volteo a verlo se quedó paralizado.
Gojo sintió que le robaron el aliento pues Yuuji se veía impresionante.
—Te ves increíblemente lindo Yuuji — Los ojos de Satoru brillaban como el vasto mar y cielo, Yuuji sintió su cara subir de temperatura mostrando ya su sonrojo. Llevó sus manos a esta para ocultarse avergonzado pues jamás nadie le había dicho tal cumplido y su corazón ya lo sentía latir desenfrenado. Entonces fue que se dió cuenta que ante Gojo Satoru era vulnerable y estúpidamente quizás se había enamorado de él.
Mierda, eso no podía ser porque él era su cliente, esto era solo un trabajo, uno temporal, esto no era un jodido cuento de hadas ni vendría al final el príncipe con armadura brillante a rescatarlo y quedarse con él.
—Entonces vamos. —Yuuji quitó sus manos de su cara y miró fijo la mano que le era ofrecida y titubeando la tomo, Gojo entrelazo sus manos para que caminarán juntos hacia la lujosa limusina negra ya estacionada afuera del hotel.
Yuuji subió contemplando abiertamente los asientos largos de cuero y el minibar dentro; era la primera vez que se subía a una y la experiencia era ciertamente agradable. El chófer que los veía desde el espejo retrovisor solo dió un asentamiento de cabeza cuando cruzó la mirada con Gojo y este le hizo la señal de que podían irse.
No hablaron durante el camino a Tower Morí pues Yuuji está absorto en sus pensamientos, incluso sin darse cuenta que constantemente Satoru volteaba a verlo extrañado por su silencio pero sin querer presionarlo para hablar al respecto, no se habían tomado otra vez de la mano y Satoru se sintió extraño por eso. Suspiro por lo bajo y mejor contemplo el paisaje fuera; viendo las luces de los restaurantes, las joyerías y las boutiques, también viendo a lo lejos las luces de la imponente Tower Morí y como parte de él se sentía relajado al ir acompañado de Yuuji. El cómo ese hecho durante la semana empezó a cambiar su significado; si, necesitaba que esos viejos entrometidos dejarán de meterse en su vida y si iba o no acompañado era su problema, pero ahora solo podía estar agradecido de que fuera Yuuji quien iba a su lado, que este chico de personalidad brillante, risas sin medida y tan hermoso iba como su pareja.
Ya no podía negar que Itadori Yuuji le gustaba más allá de solo follar y ser un negocio, ahora solo le interesaba seguir viendo esa sonrisa todos los días y ser recibido después del trabajo como Yuuji lo hacía. Satoru quería más, mucho más.
En la entrada de la Tower Morí habían unos cuantos fotógrafos y periodistas tratando de entrevistar a las figuras públicas que llegaban y desfilaban en la bonita alfombra de color rojo, algunos se detenían solo para que les tomarán fotos, otros contestaban algunas preguntas y otro más solo pasaban de largo levantando la mano para un saludo rápido.
Cuando Gojo bajó de la limusina le tendió la mano a Yuuji para ayudarlo a bajar.
—No te detengas hasta entrar Yuuji, yo iré a tu lado.
Yuuji asintió rápidamente e hizo lo que se le pidió, pero conforme avanzaba empezó a sentirse abrumado por los flashes y los entrevistadores que gritaban para captar su atención y a lo que solo pudo forzar una pequeña sonrisa para no verse tan fuera de lugar. Volteo a ver a Gojo quien con una sonrisa deslumbrante caminaba con toda seguridad levantando su mano para también dar un rápido saludo a las cámaras que lo aman y siempre sacan su mejor perfil. Una vez dentro del enorme recibidor y lejos de las lentes Yuuji se permite respirar, notando que todo el tiempo Gojo lo ha estado abrazando de los hombros pues siente el apretón en este para llamar su atención, volteo a verlo y ahí seguía esa sonrisa deslumbrante pero ahora dirigida hacia él y maldita sea su corazón desenfrenado y el calor que de repente hace en el lugar.
Se dirigen al elevador junto a más hombres en trajes y una que otra mujer con vestidos de gala que al ver a Gojo le sonríen y hacen cortas reverencias como saludo, Yuuji se mantiene relativamente oculto a su lado aprovechando su altura. Se siente cohibido por tanto glamour y lujo y por qué realmente no tiene nada interesante que aportar a la pequeña charla que empieza uno de los hombres de traje con Gojo.
Llegan al piso cincuenta y tres dónde Yuuji descubre que se encuentra el famoso museo de arte Morí y del que varias veces oyó hablar. En la entrada hay dos edecanes en trajes pulcros de color blanco pristino y que los saludan y dan la bienvenida, los llevan hacia una de las mesas que han montado con bocadillos y Yuuji ve que hay meseros que van de aquí para allá ofreciendo copas largas de champagne, algunos otros invitados tiene vasos de whisky y puros humeantes en sus manos mientras ríen y conversan quizás de lo ridículas que son sus fortunas.
En las paredes, algunas blancas, otras grises claros y beige ve que hay cuadros de pinturas iluminadas con focos de luz amarilla o blanca, no hay nada en el medio que impida acercarse y contemplarlas y así lo hace Yuuji, se acerca a una donde hay una con un montón de rayas en colores marrones que tiene un placa abajo que dice el nombre de la pieza, quien la elaboró y el año; el contemplarla solo le reafirma la idea de que no tiene nada que hacer ahí, en medio de la opulencia y el buen gusto. Mira a las mesas pequeñas y que más parecen pilares cortados por la mitad en diferentes alturas y que están regados por la habitación y que encima tienen esculturas, debería encontrarle una firma o sentido pero no puede, por más que voltee su cabeza en ángulo no les haya una forma.
—¿Todo bien Yuuji? — Satoru le susurra al oído por la espalda haciéndolo respingar y casi derrama la copa de champagne que le insistió tomar uno de los meseros hace un momento.
—Si-si estaba contemplando esta fina pieza de arte.
—Oh, ¿Te gusta?.
—No, realmente no le encuentro sentido.
— Claro que tiene sentido, serviría bien para ser un pisapapeles o para retener libros en un estante. —Satoru alza los hombros despreocupado haciendo reír a Yuuji.
Satoru lo ve, la rigidez y la falta de palabras y sonrisas de Yuuji; el ambiente por sí mismo es pesado pues están en una gala donde varios de sus clientes más poderosos se reúnen para solidificar contratos multimillonarios y ganar mucho más millones a expensas de comunidades y el medio ambiente y dónde también otros colegas asisten para asesorar a sus clientes con dichos contratos y el peso legal que conlleva. Las esposas parejas y queridas de algunos lo ven más para socializar y enterarse de chismes jugosos y criticarse cuando nadie más ve. Justo ahora se siente un poco mal por Yuuji pues él no está acostumbrado a esto y no lo culpa por sentirse asfixiado.
—Satoru-kun que gusto verte — el hombre que se acerca a ellos parece ya estar en sus treinta y cinco, de cabello completamente negro al igual que sus ojos rasgados y que en su mano lleva un vaso de whisky, palmea el hombro de Gojo cuando llega a su lado y voltea hacia Yuuji dándole una sonrisa de lado. —Y por fin nos haces el honor de venir acompañado ¿Es tu amigo?.
Gojo saluda al hombre también palmeando su hombro. — Atsuya-san también es bueno verlo, él es Itadori Yuuji mi pareja de esta noche, Yuuji él es Atsuya Kusakabe un colega de otra firma y mi sensei unos buenos años en la universidad.
—Y todo lo que sabe lo aprendió de mi, un gusto Itadori-kun.
—Un gusto Kusakabe-san. — Yuuji le extiende la mano al hombre olvidando la reverencia y contrariando solo un instante al contrario pero que enseguida le corresponde el apretón de manos
—Puedes decirme Atsuya, dime Itadori-kun ¿De dónde eres? Y como terminaste conociendo a este hombre un tanto desagradable. —Atsuya se ríe al ver que Gojo ha torcido la boca.
Yuuji olvido como respirar y hablar, tratando de obligar a sus neuronas a conectarse y funcionar, golpeándose internamente por no pensar con anticipación sobre qué diría si llegaran a preguntarle dónde había conocido a Gojo pues definitivamente no podía decirle que en resumidas cuentas era un prostituto.
—Por fin los encuentro. — los tres hombres llevaron su mirada hacia el frente donde una despampanante mujer de cabello castaño caminaba de forma calma y con estilo hacia ellos; el vestido negro señido se adaptaba a la perfección a su figura, llevando apenas unos aretes largos, una pulsera y dos anillos en la mano donde sujetaba un delgado cigarrillo, aunque sobrio su atuendo su belleza la hacia destacar por mucho. —Ya me preguntaba dónde estaba el alma de la fiesta, Nanami aquí están Gojo y Kusakabe querido.
—Shoko exageras me viste en la entrada.
Tanto Satoru como Atsuya saludan con una reverencia a la bella mujer quien regresa el saludo, enseguida pone los ojos sobre Yuuji y este empieza a ponerse más y más nervioso cuando detrás de la castaña aparece otro hombre de cabello rubio, pómulos y barbilla afiladas que porta un traje negro de tres piezas y aunque ahora lleva lentes Yuuji entra en total conmocion al reconocerlo. Han pasado quizás dos años pero ese rostro jamás lo olvidará pues fue de los pocos clientes más amables que tuvo cuando aún trabajaba para Sukuna.
Nanami por su parte tarda en reconocerlo pero una vez que tiene a Yuuji frente suyo lo hace y trata de recomponer su semblante saludando con una reverencia, carraspea y levanta sus anteojos con su dedo en un tic nervioso.
—¿Quién es este simpático chico? —Pregunta Shoko sin quitar la mirada escrutadora de Yuuji quien siente que el corazón se le va a salir de su maldita caja torácica y espera en verdad que no se note.
—Es Itadori Yuuji mi pareja…
—Justo le acabo de preguntar de dónde se conocen.
Yuuji quiere vomitar incluso el desayuno de esa mañana y su cerebro a decidido apagarse completamente y aunque quiere voltear a ver a Gojo por apoyo no puede, su cuerpo no le responde y se mantiene viendo un punto fijo entre la castaña y el rubio quien sigue viéndolo de forma estoica pero que en su sien ya resbala una gota de sudor y en sus adentros ruega porque no diga nada que los delate. Porque Nanami sabe dónde conoció Gojo a Itadori, en el mismo lugar que él y del que ya no siguió frecuentando por qué tuvo que casarse con la hija de la familia amiga de la suya.
—Yuuji y yo nos conocimos en una cafetería, chocamos y tiramos nuestros cafés al piso y pagamos el café del otro como disculpa, nada especial, pero quise seguir conociéndolo y le pedí su número y henos aquí. —Gojo dijo de forma tranquila llevando su brazo a los hombros de Yuuji para regresarlo a tierra y calmarlo, cosa que funcionó pero al ver los ojos fríos de Nanami al regresarle la mirada sintió vergüenza, una muy grande porque podía o sentía en su cabeza que este le juzgaba, lo criticaba duramente.
—Si-si así nos conocimos.
—Me alegro por ti Satoru ya era hora aunque supongo que muchas de las señoras y jovencitas aquí van a entristecer — Atsuya dijo volteando a ver alrededor de la sala, viendo que varias de las mencionadas veían hacia su dirección hablándose bajo al oído.
—También me alegro por ti Gojo y lo siento por ti Itadori-kun. — la expresión de Shoko pasó de intensa a ojos compasivos, haciendo que Yuuji se contrariada pues pareciera que de verdad sentía que tuviera que haber conocido a Gojo. En otra situación habría reído mucho de eso, ya preguntando al albino que hizo para que pensaran eso de Gojo, pero no puede hacer nada sintiendo la mirada perforadora de Nanami, así que solo asiente y les da un escueto —Gracias—. Yuuji toma de un solo trago lo poco que le queda de su copa y se excusa diciendo que tiene que ir a los sanitarios.
Gojo lo ve irse sintiéndose un poco inquieto pero se sumerge en una charla trivial con Kusakabe y Shoko, sabe que Nanami no es mucho de hablar así que trata de picarlo con comentarios.
Yuuji no se dirige hacia el sanitario, va hacia una de las ventanas más alejadas para respirar; siente que la corbata lo ahorca y el lugar se ha reducido un poco. De todos los lugares en que pudo encontrarse a un cliente justo tuvo que ser ahí, ¿Habrá otro más? u otros que él no recuerde pero ellos sí, porque es un hecho que Nanami lo reconoció y ¿si le dice a Gojo?.
Yuuji voltea alarmado viendo así dónde había dejado a Gojo y sus amistades y ve que siguen ahí hablando de algo pero Nanami está de espaldas. Regresa la mirada hacia la enorme ventana que le da una vista que en otro momento lo hubiera hecho sonreír maravillado pero solo se puede concentrar en la imagen de sí mismo que se refleja y solo en ese momento odia un poco las decisiones que ha tomado en la vida, si tan solo hubiera conocido a Satoru de otra forma, si tan solo se hubiera opuesta con todas sus fuerzas a Sukuna cuando lo obligó a prostituirse y llevar dinero después de que la tía muriera.
—Así que aquí estabas — Gojo dijo a escasos centímetros de su mejilla haciéndolo respingar y estremecerse pues ahora veía a Gojo a sus espaldas encorvado hacia él y no noto cuando fue que el albino se había acercado.
—¡Satoru! yo-yo si, ehm me distraje por la vista, es hermosa. — Yuuji se removía incómodo ante su cercanía y desviaba la mirada fiera del alcance de sus ojos y que por supuesto no pasó desapercibido. Satoru pensó que el lugar realmente estaba abrumando a Yuuji, así que se le ocurrió algo para que se tranquilizara, al fin de cuentas estaban en un museo y había una exposición que en su opinión personal logró tranquilizarlo cuando asistió a verla, sería una buena distracción para Yuuji.
—Ven quiero mostrarte algo Yuuji. — Satoru tomo sus hombros haciéndolo girar hacia una puerta lateral, al salir por ella vieron un pasillo tenuemente iluminado y en el fondo otra puerta de metal con una manija grande, arriba de la puerta estaba otra placa con información que Yuuji no alcanzo a leer por qué Satoru rápidamente abrió la puerta adentrándonos a ambos al cuarto.
El lugar parecía haber salido del cuento de hadas más hermoso del mundo; el techo estaba lleno de linternas de papel que desprendían colores púrpura, rosas, celestes y unos toques rojizos y que estaban puestas a diferentes alturas, unas al alcance de su mano y otras pegadas al techo. El piso reflejaba como un espejo esas cientos o quizás miles de lámparas y las paredes por igual, el lugar simplemente era de ensueño. Yuuji miraba con total asombro todo ese bello espectáculo, girando sobre sus talones para ver cada rincón del lugar, acercándose a una de las linternas y descubriendo que eran sólidas, no era papel sino vidrio que simulaba ser papel.
—Es increíble — murmuró.
—Cierto es muy bello, vine cuando la inauguraron, es parte de las exposiciones del Mori bulding digital art y esto solo es una pequeña muestra de lo que han hecho, definitivamente increíble.
Yuuji veía fascinado, no las luces, a Satoru. El cómo estas luces resaltan en él de una forma espléndida; sus ojos reflejan parte de los colores y su semblante se ve más cálido. Yuuji siente que el pecho le va a explotar de amor, admiración o lo que sea que está sintiendo ahí, en medio de algo tan bello.
Satoru se acerca a Yuuji con paso firme y sin mediar palabra rodea su cintura con su brazo y la otra toma su mano para alzarla y lo pega más a su cuerpo, a Yuuji le toma dos segundos darse cuenta que ahora se balancean como si hubiera música de vals y Satoru lo gía con sus largas y fuertes piernas a dar vueltas por todo el lugar, Yuuji apenas le sigue el paso por qué está contrariado y le duele el pecho pero también se está divirtiendo, así que empieza a reír y termina por abrazar también a Satoru con su brazo libre. Dan y dan vueltas por todas partes y Satoru lo gira en sus talones para dar una vuelta dramática, Yuuji lo sigue y levanta los brazos como si fuera una bailarina ganándose la risa de Satoru.
Yuuji pasa a tener el liderazgo del vals y sabe que deben de verse ridículos con Satoru flexionando una de sus piernas como si se fuera a arrodillar y la otra estirarla para quedar al mismo nivel de altura o como Satoru tiene que agacharse más de la cuenta cuando también lo hace girar en sí mismo y terminen el baile con Satoru en sus brazos flexionando su espalda hacia atrás dramáticamente.
Ambos rompen a reír aún abrazados, Yuuji se siente más el mismo en es momento y siente que todo lo demás afuera de esa sala no existe y son solo ellos dos riendo de lo ridículos que son cuando se lo proponen y esperando que nadie haya decidido ir a ver y encontrarse con el show de su baile.
—¿Te sientes mejor? — Gojo pregunta levantando la cara de Yuuji entre sus grandes manos, desconcertando al más bajo.
—Si...si me siento mejor, gracias Satoru.
—Creo que debí comentarte que abría muchos señores aburridos y pláticas de negocios y en una media hora pasaremos a otra sección del museo donde se preparó un banquete y tendremos que sentarnos a comer con mis aburridos clientes, así que me disculpo de antemano por la tortura que va a ser.
Yuuji ríe y hace que sus mejillas se apretujen entre el agarre de Satoru y Satoru sabe que no debería de ver esto como algo entrañable y tierno. Así que besa a Yuuji, es un beso simple en sus labios. Cuando se aparta ve que Yuuji lo mira atónito y se da cuenta de lo que hizo, jamás se habían besado fuera de la cama o la ducha. Eso definitivamente se sintió diferente.
Satoru lo suelta y trata de esconder sus nervios en una sonrisa confiada e ignora las mejillas sonrojadas de Yuuji y lo contrariado que se mira.
—Bueno regresemos, les dije a Atsuya, Shoko y Nanami que los encontraríamos en el bar. Vamos Yuuji. —Satoru ya se dirige hacia la salida y Yuuji asiente aunque Satoru ya no lo ve y lo sigue.
Vuelven a entrar al salón donde estaban y Yuuji ve al otro lado del salón la barra improvisada dónde se están sirviendo cócteles y bebidas aparte de las que reparten los meseros y ve a los amigos de Satoru sentados ahí. Capta que Nanami lo mira y el malestar y nervios vuelven en avalancha.
—Satoru esta vez si voy al sanitario ahorita los alcanzo.
El baño está completamente vacía cuando Yuuji entra para mojarse la cara y despejarse, tomar unos cuantos respiros hondos y prepararse mentalmente para, supone, seguir cerca de Nanami y rogándole a los dioses porque nada delate que ellos ya se conocían, pues Satoru sabría en el instante que Nanami fue uno de sus clientes y no quiere tornar el ambiente y ponerlo extraño.
En otro momento y situación diferente esto no le hubiera molestado en lo absoluto, incluso habría saludado al rubio y hacerle plática preguntándole el porque ya nunca volvió a verlo y entendiendo su nuevo estatus de casado, pero tenía que llegar Gojo Satoru a desestabilizar su mundo y enamorarlo, era absurdo pensar en que Satoru lo viera de forma diferente a la que ya lo hacía, pero algo dentro de su cabeza quería tener esa pequeña esperanza de que a pesar de todo y lo que era, tuviera un chance de que Gojo se enamorara de él.
El recuerdo del beso y la imagen de Satoru en medio de las lámparas de papel volvieron a su mente, haciendo que sus mejillas se sonrojaran y una pequeña boba sonrisa se formara en su rostro, sacudió la cabeza al ver en el espejo ese maldito efecto que provocaba Gojo en él. Maldita sea su suerte.
—Si, definitivamente ya sabía yo que te conocía, eres Yuuji del barrio rojo en Shibuya.
El corazón de Yuuji se detuvo en el momento que escuchó esas palabras viendo que del otro lado del espejo había el reflejo de un hombre lo veía fijo, pensando que era Nanami, pero no. En esos cortos segundos su mente trabajó a toda su capacidad tratando de recordar a dicho hombre.
—Te ví desde que entraste y en seguida supe que te había visto en algún lado, admito que la ropa te queda de maravilla pero ahora que veo claramente tu lindo rostro se que eres tú, vaya que el mundo es tan pequeño.
El hombre ahora caminaba hacia el, Yuuji seguía mirándolo, tratando de recordar quién era. Tan ensimismado estaba que reaccionó cuando el hombre estaba a escasos dos pasó frente suyo; portaba un traje impecable gris perla, camisa blanca y corbata del mismo tono que el traje y dónde un sujetador en oro brillaba al igual que los aretes que adornan una de sus orejas. El recuerdo de esa fría y burlona sonrisa le eriza los vellos de forma aterradora.
—Oh no me digas que no me recuerdas Yuuji, ¿Tan fácil de olvidar soy? y eso que fueron varios nuestros encuentros, siempre me pregunté por qué ya no ibas a aquella esquina, hasta que uno de los hombres de Sukuna me dijo que habías pagado tu deuda y rara vez aparecías por ahí.
Naoya Zen'in, por supuesto que ahora lo recordaba. Así como Nanami era de los pocos clientes amables, Naoya era de los detestables y raros, teniendo fijaciones y fetiches bastante retorcidos y de los que Yuuji se negaba participar pero debía, si no quería que su deuda creciera.
— Zen'in-san.
—Así es, pero dime Naoya nos conocemos demasiado bien para ser formales pequeño Yuuji. Vi que vienes acompañando a Satoru. — Naoya se había inclinado hacia Yuuji recargando su mano en la pared detrás de Yuuji y acorralandolo con la otra también. —¿Entonces has escalado en los negocios?, Seguro de que debe de estar pagando una buena cantidad por coger tu delicioso culo, aunque no lo culpo, tú mi querido Yuuji eres la mejor puta que haya tenido en la cama.
Yuuji oía aquellas desagradables palabras y sentía el repulsivo aliento de Naoya en su oreja haciéndolo estremecerse de miedo y enojo. Recordando lo desagradable que era acostarse con él y esa forma rara de llamarlo: Toji. Siempre lo llamaba así, e incluso una vez ganándose un puñetazo la única vez que sin pensarlo pregunto el porque.
—Yo-yo tengo que irme Naoya-san, con permiso. —Yuuji empujó el pecho del hombre para alejarlo de él pero Naoya no se movió ni un centímetro, ya ampliando más su sonrisa escalofriante y que a Yuuji lo hizo entrar en pánico.
—Oh no no, no hay prisa Yuuji, nos volvemos a reencontrar después de tanto tiempo, es justo que recordemos los viejos y deliciosos buenos tiempos, no te preocupes voy pagarte muy bien.
Naoya tomó las muñecas de Yuuji jalandolo ya hacia uno de los cubículos a lo que Yuuji se resistió jalandose al lado contrario.
—¡Naoya-san no!.
Ante el grito Naoya se abalanzó hacia Yuuji dejándolo entre su cuerpo y los lavabos, tapándole la boca con rudeza.
—Ssshh no hagas ruido Yuuji no quieres que alguien entre y nos vea así y le vayan a contar a Satoru lo que su lindo compañero está haciendo aquí, tenemos que ser discretos, algo que tienen los de mi clase es que son un poco entrometidos en todo y no te estoy compartiendo ahora con nadie más. Oh, acaso Yuuji quiere que Satoru venga y entre los dos te follemos, ¿Eso quieres mi pequeño Yuuji?. Al final aunque traigas esta ropa de diseñador y quieras verte fino, no dejas de ser una puta de esquina.
Yuuji aflojó su cuerpo y en sus ojos solo se podía ver resignación y coraje mientras dos lágrimas caían y se perdían en el agarre de la mano de Naoya que se aflojaba, volvió a tomar sus muñecas para esta vez estamparlo en la pared contraria haciendo recordar a Yuuji lo especialmente rudo que era el tipo, sintiendo su lengua lamer su cuello y sus manos pasearse por sus costados llegando a sus pectorales y estrujarlos.
—Oh Toji cuánto te extrañe~.
Yuuji quería vomitar y que la tierra se lo tragara. Cerró sus ojos tan fuerte que dolieron y mordió tan fuerte su labio inferior, no importando que su boca empezará a saber a hierro y amargura.
Los brazos de Naoya volvieron a bajar hacia sus muñecas y empezó a jalarlo nuevamente hacía unos de los cubículos. Yuuji simplemente quiere dejar de existir en ese momento, tan perdido en su cabeza estaba que no oyó la puerta de los sanitarios abrirse y cerrarse de golpe, solo sintió el tirón de su mano cuando Naoya lo soltó y un fuerte golpe seco y otro más fuerte se escuchó. Justo en ese momento abrió los ojos viendo como Naoya caía al suelo retorciéndose con las manos en su cara.
Yuuji no oía nada, todo era ruido sordo y una voz a lo lejos llamándole una y otra vez, fue hasta que sintió la sacudida en su cuerpo que volteo a su lado para ver la cara de Satoru descompuesta en una expresión de furia y miedo; sus lindos ojos azules abiertos conmocionados y su boca moviéndose diciéndole algo que no alcanza a oír y su primer instinto fue llorar, quiere tirarse al piso y hacerse bolita y que todo se detenga.
—¡Yuuji con un carajo reacciona! ¡¿Qué mierda te estaba haciendo este desgraciado?! ¡¿Estás bien?! ¡Yuuji contestame!.
—Satoru cálmate, no le estás ayudando en nada.
—¡Tú hijo de puta! ¡¿Qué le hiciste?! — Satoru se abalanzó hacia Naoya quien trataba de levantarse, tomándolo de la solapa de su saco y empezando a sacudirlo con violencia y a nada de volver a golpearlo en la cara.
—Satoru no...basta…no por favor. —Yuuji empezó a susurrar viendo la espalda de Gojo y cómo de repente se veía más grande e imponente, temiendo que Naoya arremetiera contra el. —Por favor Satoru detente.
Gojo escucho a Yuuji y volteo hacia atrás para verlo y odiando lo demacrado y mal que se veía; lágrimas saliendo aún de sus ojos y su cuerpo temblando. Nanami quien estaba detrás tomó a Yuuji de los hombros para que no se acercara más a ellos.
Gojo regresó su mirada hacia Naoya quien lo veía con una mueca de ira con sus manos apoyadas en el piso.
—¡¿Que mierdas te pasa Satoru?! ¡Es una puta cualquiera, le iba a pagar!.
Gojo abrí los ojos sorprendido —¿Qué demonios dijiste?.
—Que Yuuji es una puta de Shibuya, yo fui su cliente. —Yuuji sintió que su alma escapaba de su cuerpo, mientras Nanami volteaba la mirada hacia un lado — No me digas que no tenías idea —Naoya ahora tenía una sonrisa torcida y mordaz mientras reía —Así que mi pequeño Yuuji aprendió trucos nuevos…
Naoya no pudo continuar cuando el puño de Gojo se volvió a estampar en su quijada haciéndolo morderse la lengua y empezar a retorcerse del dolor en el piso.
—¡Lo sé maldito bastardo pero él es mío! ¡Si vuelvo a verte cerca de lo que es mío no encontrarán ninguno de tus malditos huesos Zen'in!
Yuuji se estremeció ante la voz gutural y la amenaza mortal de Gojo quien ya se paraba en toda su altura obligando a Naoya a verlo fijo aunque el dolor en su cara no cesaba. Gojo volteo a ver a Yuuji aún con esos ojos intensos y la rabia tatuada y por alguna extraña razón vio mal que Nanami mantenía a Yuuji tomado de los hombros. Sabía que estaba siendo irracional pero en ese momento poco le importaba, no quería a nadie cerca del pelirosa.
Tomo a Yuuji de la mano ya arrastrándolo hacia la salida pero deteniéndose al no sentir a Yuuji avanzando con él, volteo hacia atrás y vio que Nanami no lo soltaba.
—Satoru no creo que sea buena idea que te lleves a Yuuji en tu estado, tienes que calmarte.
—Suéltalo Nanami. — Satoru susurro.
—No, tú estás alterado y es obvio que él está conmocionado no le hará bien a ninguno estar juntos en estos momentos, escúchame Satoru.
—¡Te dije que lo suel…
—Nanami-san suélteme por favor. — Yuuji giro su cara viendo a los ojos miel, dándole a Nanami una pequeña sonrisa tranquila, en sus ojos mostrando completa seguridad de lo que hacía. Nanami resopló por lo bajo y así lo hizo.
Gojo lo atrajo con uno de sus brazos para rodear sus hombros y darle una última mirada mortal a Nanami.
Ambos salieron del baño apenas haciendo voltear a unas cuantas personas que se encontraban cerca, Yuuji noto que aún a pesar de los gritos nadie había alcanzado a oír algo, agradeciendo por ello y no meter a Satoru en más problemas.
Se dirigieron hacia la parte trasera del salón donde no había nadie pues era la ruta de salida por las escaleras de servicio, a paso constante bajaron las escaleras hacia el piso inferior en donde entraron y rápidamente buscaron el ascensor de ese piso. Yuuji se mantenía callado, sentía su boca seca y sellada, también temiendo que al decir algo Satoru explotará. Verlo así de furioso no había sido en lo absoluto grato y no quería siquiera saber qué pensaba con respecto a que Naoya fue su cliente. Su cabeza la mantiene baja llena de vergüenza y pesar, el corazón le dolía y no sabe en qué momento todo se salió de control, cuando fue que esto empezó a doler tanto.
El viaje en ascensor a Satoru se le hace eterno, siente la sangre aún hirviendo y quiere regresar a romperle la cara otra vez a Naoya, quiere borrar de su cabeza la imagen de Yuuji aterrado mientras es jalado por ese bastardo aún cubículo sin importar que haya sido uno de sus malditos clientes, Yuuji tenía miedo y estaba llorando.
Yuuji se estremeció al sentir que el agarre de Satoru se intensifica pero no dice ni hace nada y vuelve a cerrar los ojos con fuerza reteniendo las nuevas lágrimas que pican por salir.
Salen del ascensor y ven que la entrada antes llena de gente está vacía, solo con tres guardias de seguridad que los ven y saludan, abren la puerta de cristal sin más. El aire se siente helado en sus caras pero le ayuda a Yuuji a respirar hondo y componerse un poco, voltea hacia arriba para ver a Satoru que los ha dejado parados y no le gusta la seriedad de su cara parecida a la que tenía cuando iban hacia el hotel el día que lo recogió en Shibuya.
Satoru saca del bolsillo de su pantalón su celular, busca el número de su chófer y a este le toma diez minutos está frente a ellos en la entrada de la Tower Morí.
Yuuji se sube y se arrincona hacia la ventana y durante todo el camino mantiene su mirada pegada a ésta, por su parte Satoru se mantiene del otro lado del asiento viendo también hacia afuera pero esta vez ignora el paisaje más tranquilo de la ciudad, también ignora su teléfono vibrar en su bolsillo constantemente, no le interesa nada ni nadie y sus malditos clientes pueden irse al carajo, solo quiere regresar al cuarto de hotel que ha estado compartiendo con Yuuji y encerrarlos ahí hasta que pueda calmarse.
Cuando llegan al hotel Yuuji no espera que Satoru abra la puerta y se baja del lado contrario y ahora es él quien camina hacia el ascensor sin ver si Satoru lo sigue, tampoco capta la mirada preocupada de Uraume detrás del escritorio en cuanto lo ve. Aprieta con dureza el botón del ascensor y agradece que esté vacío cuando las puertas se abren, entra y al dar la vuelta ve a Satoru parado frente a este pero no entra, se queda ahí mirándolo con frialdad, las manos metidas en los bolsillos y las puertas se cierran.
La imagen de Yuuji reflejada en las puertas de metal lo hacen consciente de lo desaliñado y acabado que se ve y se siente.
Cuando despierta toma su celular que dejó a un lado de su cara, toca la pantalla para que se ilumine y ve que ya son cuarto para las tres de la mañana, se levanta de la cama notando que se quedó dormido sin taparse y aún tiene la bata de baño que se puso después de salir de la ducha, nota que sigue solo en esa inmensa habitación y el corazón se le rompe solo un poco más.
Mira hacia la sala de estar y ve que el saco de Satoru que antes no estaba ahí, ahora sí lo está junto a los zapatos y el resto del traje en el piso, Yuuji se levanta rápidamente de la cama y se dirige hacia el sofá, toma el saco de Satoru y lo lleva a su nariz, huele esa colonia amaderada suave a la que se ha acostumbrado y que le gusta cuando su ropa o su cuerpo huele a ella después de besarse.
Abre los ojos y ve que en la mesita hay una nota, camina hacia ella y la toma.
[Estaré abajo en el salón del bar. Satoru.]
Yuuji vuelve a dejar el saco en el sofá y va hacia la salida, el corazón le vuelve a latir desenfrenadamente mientras baja en el ascensor. En cuanto las puertas se abren va hacia la derecha donde se ven las dos puertas de madera con detalles y manijas doradas, se detiene para respirar hondo y armarse de valor, esperando que no estén cerradas.
Entre abre la puerta y asoma la mitad de su cara, viendo que el lugar está completamente solo pero las luces tenues están encendidas, recorre el amplio lugar y ve que Gojo está de espaldas a él sentado frente al gran piano de cola café oscuro, se oye una tranquila melodía de piano y ve que Gojo mueve sus brazos; Yuuji ahora sabe que Satoru también toca el piano y se pregunta qué otras cosas sabe hacer, en qué instrumento es bueno y cuál le gusta más tocar y quiere saber mucho más.
Se adentra por completo al cuarto cerrando las puertas a su espalda sin hacer ruido. Camina despacio apreciando la música y la vista, porque le gusta la espalda de Satoru y como es su ancla cuando lo folla de frente y como su cabello cae en su nuca y cómo se siente cuando lo acaricia de ahí.
Satoru no deja de tocar aunque sabe que Yuuji está ahí, no lo ha oído pero lo siente, siente su presencia a sus espaldas y odio un poco que eso que siente haya escalado hasta ese grado.
—Sa-satoru yo…
—No te desperté, pensé que estarías muy cansado. —Satoru detuvo sus manos en el piano pero no las quitó de ahí.
—Gracias...yo.
—No necesitas decirme nada Yuuji, no me importa que haya sido...tu cliente, era obvio que no querías estar con él.
—Pero yo... — Yuuji camina hacia Satoru sentándose en el banco mirándolo mortificado, Gojo lo mira y no puede, no viendo a Yuuji así.
—Basta por favor.
Yuuji aprieta los labios en un firme línea y sus manos estrujan el listón que amarra su bata, está por levantarse e irse antes de volver a llorar cuando Satoru toma su mano y lo jala hacia él. Yuuji lo deja porque ese toque lo ha estado esperando desde que salieron de la Tower Morí.
Yuuji se sienta a horcajadas en las piernas de Satoru sintiendo la dureza de las teclas en sus glúteos haciendo sonar algunas. Tiene la cara de Satoru a su alcance y no duda en alcanzar su labios y ambos se besan; hay desesperación en el beso contrastando con las caricias tiernas que le da Yuuji con sus manos en la nuca y su mejilla y las manos de Satoru en sus espalda y cintura.
Se dejan perder por largo rato en besos hambrientos como si en estos pudieran gritar lo que callan, sus manos quieren escribir sobre sus pieles sus sentimientos y sean correspondidos. Satoru le baja la bata hasta que está cuelga de sus antebrazos y besa su cuello, sus ojos buscan frenéticamente que no le haya dejado ninguna marca ese bastardo y si la encuentra él la va a borrar con una propia. Yuuji desabrocha los únicos tres botones de la camisa blanca de Gojo y pasea sus manos por su pecho, siente su corazón latir con fuerza y desea tanto que sea por amor, por amor hacia él.
Jadean y se devoran con la mirada, su pollas están duras pero no se tocan más allá, ambos ya tienen marcas en el cuello y los labios rojos e irritados pero no quieren parar de besarse, no quieren soltarse para ir a la habitación y terminar lo que han empezado, sin embargo Gojo le pide que se sujete con fuerza de su cuello y de sus piernas a su cintura y lo carga. Salen del salón y van hacia el elevador y no les importa que la recepcionista de turno los mire sonrojada.
Entran a la habitación y Gojo patea la puerta para cerrarla, lleva a Yuuji directo a la cama y lo acuesta, saca solo la botella de lubricante y Yuuji no le dice nada, ambos lo quieren así de crudo y así lo hacen; Satoru lo prepara y por mucha hambre que tiene lo hace con calma, disfrutando los gemidos de Yuuji y su linda cara. Le termina de quitar la estorbosa bata y Yuuji ya ha desabrochado su pantalón, Satoru lo detiene cuando ve que sus intenciones son hacerle una mamada, no quiere eso ahora.
Satoru lo besa y abraza cuando está entrando en él, comiéndose sus gemidos, pegandolo más a su cuerpo con cada embestida, diciendo el nombre de Yuuji cuando apartan su boca por aire mientras Yuuji se pierde en el placer y la sensación de su piel contra la de Satoru en todo su cuerpo, siente que no solo su orgasmo va a explotar también su alma y su corazón.
Ambos vienen juntos, sus bocas unidas en un gemido conjunto mientras pierden la noción del espacio y el tiempo y se desmoronan. Satoru se aparta de la boca de Yuuji y lo ve en todo su esplendor; mejillas rojas como manzanas, ojos caramelo vidriosos con lágrimas en las comisuras y su boca abierta jadeando. El hilillo de saliva cayendo por un lado y sin más la lame para volver a juntar sus bocas en otro beso y que Yuuji da la bienvenida, está agotado pero si Satoru quiere una ronda más que así sea.
Gojo lo hace, se folla a Yuuji una vez más, está vez se endereza para levantar las piernas de Yuuji y pegarlas a su pecho, besa sus piernas hasta llegar a la parte posterior de sus talones y también deja marcas ahi. Las embestidas no merman en intensidad y Yuuji siente que se le fríe el cerebro y los órganos internos de tanto placer.
Sin esfuerzo Satoru lo levanta y solo sale de dentro de él para darle vuelta y pegar su pecho a la cama y vuelve a embestir sujetando con una mano su cadera y le encanta que abarque casi la mitad de esta y la otra mano la pone en su hombro para empujarlo más hacia él y su espalda se arquee. La plegaria no cesa con el nombre Yuuji y se une Yuuji con su nombre mientras se aferra a una almohada para no caer, ¿A dónde? no lo sabe, pero no quiere que Satoru lo suelte.
Nuevamente vienen y Satoru pierde un poco más la cabeza al ver cómo su semen ya se desborda de la entrada de Yuuji y está cansado pero se rehúsa a parar, quiere beberse a Yuuji, volverlo chocolate, que sea su brebaje, el remedio a todos sus males, pero es el mismo Yuuji es quien lo detiene; lo mira extasiado pero a la vez temeroso cuando siente que Satoru quiere seguir.
—No puedo más Satoru.
Gojo sale de él y se deja caer en la cama a su lado y atrae a Yuuji a sus brazos y lo encierra entre estos y su pecho. Ambos están jadeando, están sudorosos y llenos de semen pero no se quieren apartar porque en tan solo unas horas su negocio acabará.
Ambos se quedan dormidos y esta vez no es apacible ni reconfortante.
—Aquí están los cien mil que te prometí, mandé a traer maletas puedes llevarte toda la ropa y zapatos, el Rolex, la cadena y el pendiente son tuyos también, la tarjeta también llévatela y ocupala cuando la necesites.
—Satoru no, no la necesito y me estás pagando tres mil de más. —Yuuji veía hacia el suelo, por alguna razón no podía reunir el valor para ver a los ojos color cielo, temía que al hacerlo fuera obvio para Gojo que el tonto y confiado Itadori Yuuji se había enamorado de él y como iba Satoru a fijarse en un prostituto, en alguien con apenas estudios, sin modales, sin nada que ofrecerle más que vergüenzas como las de anoche con el estúpido de Naoya y en el remoto caso de que salieran, volver a encontrarse con que Yuuji fue comprado por algún otro compañero de trabajo o cliente. De ninguna manera Yuuji dejaría que fuera avergonzado nuevamente. Al escuchar réplica de peliblanco continuó — El sábado no follamos así que no tienes que pagarme esos tres mil.
—Aun así pasaste la noche aquí —Satoru piensa y quiere decirle que de todas las noches juntos fue su favorita, el que simplemente estuviera viéndolo solo a él y sentir su cálido cuerpo cerca, escuchar su respirar calmo y dormir abrazados. No lo hace y decide mejor apartarse. —No me gusta quedar a deber nada en los negocios.
Yuuji siente un hueco en su pecho por qué Gojo tiene razón, esos solo fueron negocios, siempre fue así, el simplemente fue el tonto que se dejó llevar y quizo confundirlo.
—Tiene razón Gojo-san fue un gusto hacer negocios con usted — Yuuji como pudo levantó la mirada fijandola en la contraria y esbozando también cómo pudo una sonrisa de oreja a oreja y por primera vez Gojo sintió que odiaba un poco esa sonrisa, esa que lo descomponía y de la que en tan pocos días se había hecho adicto.
Gojo asintió con la cabeza —Entonces tu decide que llevarte, preferiría que todo, de verdad no me molesta que te lleves la tarjeta pero es tu elección. Avísale a Uraume cuando tengas todo listo él llamará a un chófer para que te lleve a casa. — Satoru se oía calmado, todo lo contrario a la tormenta desatada dentro de su cabeza y pecho, aún así se dirigió hacia la sala de estar tomó su maletín de cuero corrugado y se dirigió a la puerta.
—Está bien Gojo-san...Gracias.
—Gracias a ti Itadori Yuuji.
Yuuji mantuvo la mirada fija en la espalda de Gojo y después en la puerta cerrada cuando se marchó, dejando que las lágrimas retenidas salieran de amontones y si tan solo Satoru hubiera volteado a verlo antes de irse se abrirá dado cuenta que Yuuji no quería nada de la ropa, zapatos y dinero que le dió, el solo quería llevarse algo mucho más valioso.
Fue hasta que tocaron la puerta rato después que se dio cuenta que se había quedado ahí sentado en medio de la cama, se obligó a pararse y abrir; era uno de los botones llevando cuatro maletas grandes. Una vez se quedó nuevamente solo volteo hacia el espejo gigante y suspiro pesado sintiendo que guardaba piedras en dichas maletas.
Gojo dejo que el trabajo lo absorbiera el resto del día e incluso aceptando dos casos más, imposibles para su ya cargada agenda según su asistente pero él necesitaba ocupar cada segundo de su tiempo para no pensar en nada, para ignoran incluso las llamadas de su amigo Geto y su padre, ni siquiera para detenerse a comer algo, solo deseando que más y más trabajo llegase a consumirlo y quizás matarlo de estrés y un infarto fulminante. Piensa que quizás eso dolerá menos que el vacío en su pecho. Se exige no pensar en eso y lo que conlleva profundizarlo, porque de ninguna manera puede volver al hotel y pedirle, no, rogarle a Yuuji que se quede, que le permita hacerlo feliz, darle todo lo que tiene de su alma y su cuerpo; que se había enamorado de él irremediablemente y que a pesar de todo, podían hacerlo, ser una pareja.
El recuerdo de Naoya abrazarlo y tocarlo de aquella manera lo hizo detener sus pensamientos, sintiendo ira y repulsión por no haberlo protegido, por haber dejado que ese maldito lo humillara.
El toque duro a su puerta lo sacó de sus pensamientos, está se abrió dejando ver a quien menos quería en realidad ver y no es que le desagrada, al final era su padre y siempre, aunque fuera el primer ministro, se preocuparía por él.
—¿Se puede saber por qué no has contestado mis llamadas en toda la semana y las de nadie en particular Satoru?.
Gojo suspiro pesado recargándose en el respaldo de su silla ya rodando los ojos exasperado.
—Sera por qué estoy muy ocupado papá, esos malditos peces gordos se meten en problema tras problema y tengo que limpiarles la mierda así que no tengo tiempo.
—No me hables así jovencito sea como sea deberías darte aunque sea dos minutos de tu importante tiempo para hablar con tu madre, esta mañana vio en sociales que anoche fuiste a la gala en la Tower Morí acompañado de un jovencito y quiere que lo lleves a casa a cenar esta noche.
Satoru volvió a suspirar pesado, llevando sus manos a su rostro y restregarlo con fuerza queriéndose quitar el malestar general en su cuerpo y alma.
—Veras no puedo llevarlo porque hoy termino nuestro estúpido contrato papá, el regreso a su casa y yo a mi maldita vida de mierda.
Masamichi se mantuvo parado frente al escritorio de roble oscuro viéndolo imperturbable.
—¿Es por eso que no regresaste a casa y te has quedado en el ritz?.
Gojo le puso los ojos en blanco a su padre, por supuesto que ya sabían dónde se estaba hospedando e incluso podría asegurar que su padre ya sabía quién era quién lo acompañó a la gala.
—Si, a si que dile a mamá que tampoco iré a cenar esta noche y que no saldré de esta oficina hasta arreglar las porquerías de mis clientes.
Ahora fue Masamichi quien suspiro pesado, pero en vez de salir de la oficina se quitó las gafas oscuras dejándolas en el escritorio, desabrochó el botón de su saco y tomó asiento en una de las mullidas y caras sillas, también recargándose despreocupado en el respaldo.
—Itadori Yuuji es peculiar pero nada desagradable a la vista, son palabras de tu madre —Yaga dijo levantando una mano para detener a Satoru de replicar algo al escuchar sus palabras, lo que funciona pues cierra la boca y se hunde más en su silla. — como primer ministro debo de resolver muchas cuestiones en el país y eso me ha hecho ampliar también mi visión del mundo y de las personas, puedo decirte que eh conocido personas que vienen de buena cuna hacer las peores cosas y a personas que nadie daría nada por ellas ser mejores seres humanos, no conozco al chico pero para tu madre y para mí basto verlos juntos y verte sonreír para saber que sea de donde sea que viene este chico te hace bien.
—Papá basta, no...no es como si él quisiera quedarse, apenas nos conocemos hace menos de una semana…
— A mi me basto ver a tu madre una sola vez para enamorarme de ella y una charla para saber que quería pasar el resto de mi vida a su lado, noto te compliques tanto la vida, no eres así o no lo eras y no pongas de excusa que son hombres estamos en el siglo veintiuno hijo. — Masamichi se puso de pie abrochando el botón de su saco nuevamente, esbozando una sonrisa de medio lado al ver a Satoru resoplar divertido antes sus palabras y viendo sus ojos brillar con determinación renovada.
Sin decir nada más su padre se fue y él se quedó pensando, viendo fijamente la pila de papeles y al instante siguiente viendo en el reloj de su pared que señalaba las cuatro de la tarde.
—Ijichi cancela mis reuniones de hoy me voy a casa temprano.
—¿Que-que?, espere Gojo-san su junta…
Gojo no se detuvo al escuchar las palabras de su asistente que lo veía atónito irse sin llevarse su saco o su maletín y en vez de tomar el ascensor se dirigió a la escaleras de servicio como alma que lleva el diablo.
Yuuji había llegado a su departamento compartido cerca de la una de la tarde, tardando demasiado en empacar y estando a nada de dejar las maletas y todo para solo salir de ahí, no quería nada, solo que el hombre del que estúpidamente se enamoró regresará y le dijera que se quedará, pero nuevamente no estaba en un cuento de hadas donde el resplandeciente príncipe se quedaba con la plebeya en apuros, para empezar él no era una ella, aunque si un plebeyo en apuros y no estaba en un cuento de hadas, estaba en la realidad dónde era un prostituto y Gojo Satoru un importante abogado con un futuro brillante a lado de una linda mujer que le diera hijos y nada de problemas por ser quién era o de donde vení y su pasado.
Kugisaki lo recibió con un fuerte abrazo y un coscorrón digno de ella, aún así fácilmente olvidó el enojo cuando Yuuji le entregó una de las maletas con ropa y zapatos exclusivamente para ella.
A Nobara no le tomó más de cinco minutos estar con Itadori para notar su semblante triste y que se había espaciado dos veces en la charla mientras se probaba la ropa que le había traído.
—Soy un estúpido Kugisaki, como pude pensar que él se fijaría en alguien como yo.
Kugisaki lo abrazó, acariciando su espalda en círculos, tratando de reconfortarlo como tantas veces a lo largo de los años lo había hecho al igual que Yuuji con ella, así que sin pensarlo más sacó los suministros de emergencias cuando alguno de los dos tenía un día particularmente malo y la ocasión ameritaba, pues muy en el fondo esto era lo que temió Nobara, que Yuuji saliera no solo físicamente lastimado, también sus sentimientos y su corazón; Yuuji era demasiado noble y entregado para su bien, teniendo más desilusiones en su vida que cualquiera pudiera soportar aún así siempre se lograba reponer, seguir y sonreír, sin embargo verlo así de deprimido era nuevo y que en definitiva no le gustaba.
Helado napolitano, galletas con chispas de chocolate, confites varios y una frazada encima de ambos acurrucados en la cama individual de Nobara junto a una maratón de películas de Julia Roberts reproducida en su notebook era lo que los animaba y pareciera estar funcionando, solo que había más llanto y papeles con mocos de lo que había imaginado cuando acabo "un lugar llamado notting hill". Ya habían visto "la novia de mi mejor amigo", "novia fugitiva" y decidían si ahora verían "Pretty Woman" o "espejito espejito"; esa película donde Julia había incursionado como antagónica de blanca Nieves y sería nueva en el repertorio. Cuando Nobara vio en la esquina de la pantalla que eran cerca de las siete de la noche y no habían comido nada sólido y de verdad nutritivo.
Ambos decidieron ir por comida al barrio chino para practicidad y avisarle a Choso y los chicos para pasar el rato y distraer más a Yuuji, quizás volver a ver a sus amigos lo animaría más.
Nobara se quedó estática al abrir la puerta y ver al albino parado con la mano alzada en puño, aparentemente iba a tocar cuando ella abrió; estaba completamente desaliñado, respirando con dureza y de su sien bajaban gotas de sudor.
Quiso cerrar la puerta rápidamente más sorprendida que molesta pero Yuuji ya estaba a su lado también quedándose estático en su lugar viendo al hombre afuera.
—Yuuji, yo...dejaste la tarjeta y tres mil dólares ¿Por qué?. — Satoru se había auto invitado a entrar a pesar de la mirada molesta de la chica castaña, acercándose a Yuuji como magnetos que siguen su ley natural de atracción.
Yuuji parpadeó un par de veces, cerraba y abría la boca como un pez Koi sin saber qué decir o siquiera creer que Gojo estaba ahí en medio del recibidor de su triste departamento.
Es hasta que pone ambas manos en su pecho que lo cree y suspira.
—Te dije que no la necesitaba y que me estabas pagando de más, los negocios deben ser claros y tú me ibas a pagar por follar no por dormir contigo.
Satoru trago duro pensando a dónde carajos se había ido todo el diálogo que armó durante el camino hacia el departamento de Yuuji y que dicha dirección fue proporcionada por Uraume en cuanto lo vio entrar con prisa al lobby del hotel, ya intuyendo lo que pasaba, pues no era complicado sumar uno más uno al ver también a Yuuji irse con ojos tristes aunque se despidiera de él con una sonrisa y varios agradecimientos más.
Había tomado un taxi, algo que no hacía desde su tiempo en el instituto, dando la dirección al conductor y rezando por encontrar al pelirosa en aquel lugar y pensando decirle que sin importar nada debían estar juntos, que él se había enamorado como loco de su risa, de su ser entero, que no le importaba en lo absoluto su pasado y que quería ser parte de su presente y su futuro porque así de idiota y loco estába por él, pero ahora las palabras no salían aunque estuvieran en contacto pues Gojo abrazo por la cintura a Yuuji no queriendo soltarlo nunca más.
—Oigan saben que, yo iré por comida y ustedes arreglen este drama de película por favor. — Kugisaki dijo irritada levantando sus manos rendida y tomando las llaves colgadas en el recibidor. — Cuando regrese más vale que ya hayan hecho...lo que tenga que hacer.
Azotó la puerta dejando a Yuuji y Satoru viendo hacia esta azorados y confundidos pero fue lo que necesitaron para regresar en sí.
—Esa noche en la que solo dormimos fue mi favorita...es decir las otra fueron increíbles creeme, pero esa, esa fue especial y yo me la paso increíble contigo y eres encantador y lindo y...maldita sea Yuuji no se que me hiciste que caí enamorado de ti...quiero que salgamos, quiero que seas mi pareja de verdad e ir a carreras, a recitales, a esas aburridas galas contigo de mi brazo porque tú harás de todo eso mil veces mejor...te quiero Yuuji déjame estar a tu lado.
Yuuji mantenía sus ojos café ya aguados con lágrimas conectados a los azules brillantes de sinceridad y esperanza; su labio inferior lo mordía para no soltar a llorar por completo y perderse una sola palabra que le decía Gojo. No podía creerlo, que este hombre inalcanzable con un brillante futuro le estuviera diciendo estas cosas, que le estuviera confesando su amor a él un chico por el que nadie daba nada como en un cuento de hadas donde el príncipe elige a la pueblerina sin nada que dar y no a la princesa que lo tiene todo.
—Yo-yo también te quiero Satoru, también me enamore de ti, de lo amable que en realidad eres y lo infantil que actúas cuando te lo propones y de tu linda sonrisa, de lo responsable que eres y...dioses no puedo creer que te guste, yo no tengo nada para darte y no quiero que lo que soy te avergüence y pase algo como lo de anoche, qué tal si en otra fiesta aparece otro...otro cliente que conoces y pasa lo mismo, no puedo borrar lo que soy.
—Entonces le romperé la cara a quien se le ocurra molestar a mi chico, si, nos conocimos de una forma distinta pero eso no me importa por qué no te define, a menos que quieras seguir haciéndolo entonces tendré que invertir toda mi fortuna en tu tiempo lo cual no me molesta en lo absoluto, lo vales, absolutamente todo lo vales.
Yuuji resopló ante eso dándole un manotazo en el pecho.
—Ya te dije que no digas esas cosas vas a hacer que tenga un infarto y no, no pensaba seguir trabajando en Shibuya, le di parte a Nobara para que finiquitara su deuda con el bastardo de mi primo y ambos nos vamos a mudar de aquí, más a los suburbios y voy a estudiar, terminar la preparatoria en línea y una carrera corta, algo que me ayude a encontrar un trabajo más estable.
—Entonces déjame ser parte de eso y apoyarte en lo que pueda.
Sus frentes ahora estaban juntas y Yuuji fue quien se levantó en puntas para alcanzar los labios de Satoru y besarlo, un beso tierno con Yuuji subiendo sus manos hasta tomar sus mejillas y suspirar por tenerlo nuevamente cerca de el. Se apartó para entreabrir sus ojos y ver a Satoru sonrojado y expectante a su respuesta.
—Si si quiero, si si y mil veces si.
Gojo lo abrazó con más fuerza levantandolo del suelo y ahora él besándolo con ímpetu, relajándose pues Yuuji ahora estaba en sus brazos y nada más importaba que eso.
Terminaron acostados en su cama en su habitación, Satoru contemplando el pequeño mundo ahí; fotos familiares de Yuuji con su abuelo, otras con sus amigos en fiestas en casa de alguno o algún bar. Una foto de un Yuuji de seis años sonriendo amplio y sin un diente y que Satoru quiso robar para tenerla en su mesita de noche en casa, su pequeño closet abarrotado de ropa, en especial de sudaderas de varios colores llamativos. Vio que se había puesto una roja junto a pantalones cortos negros y sus botas rojas y amo esa simpleza. Las tres maletas que había empacado y que aún estaban cerradas se mantenían en una esquina de la habitación.
— ¿A dónde iban cuando llegue?
— Al barrio chino por comida y con algunos amigos. Quita esa cara solo son amigos con los que crecí.
—Si, pero Yuuji es mi Yuuji.
—Oh por favor no te pongas así bebé grande. —Yuuji quitó la mano del pecho de Gojo dónde hacía círculos mientras se veían a los ojos, disfrutando simplemente de estar ahí orbitando en el espacio del otro.
—Esta bien, por cierto, mis padres en especial mi madre te quieren conocer, ¿Así que la cena con tus amigos puede posponerse para mañana?.
—¿Cómo? ¿Ir ahora a cenar a tu casa?.
—Si Ahora, si nos vamos ya, solo estaremos llegando una hora tarde.
—Pero- pero no me he bañado y no tengo nada listo y…
—Ey ey calma, no importa, ellos igual te van amar en cuento te conozcan, por cierto ¿Ya te dije que mi padre es el primer ministro de Japón?.
—¡Satoru!.
Gojo ríe mientras ve a Yuuji ir hacía las maletas para abrirlas y empezar a sacar ropa. Yuuji termina aventándole a la cara un par de camisas y que hace reír más a Gojo. Yuuji termina por rendirse sentado en el piso también riendo, pensando en que quizás si sea mejor que la familia de Gojo lo conozca tal cual es.
Extra.
—Bienvenidos, tú debes de ser Yuuji-kun soy Gojo Yukie aunque puedes decirme Yukie con confianza querido. — la alta mujer que los recibía en el pórtico de la residencia kantei vestía un traje sastre en color blanco con una blusa roja de satin, zapatillas en punta junto a su cabello blanco prístino amarrado en un chongo prolijo.
Al verla, Yuuji supo que Satoru había salido completamente a su madre pues ambos también compartían los ojos azul cielo intensos, también bastó ver en persona al primer ministro que aún lado de su esposa esperaba también a saludarlos, para notar que el porte lo había sacado de él.
—Gra-gracias Yukie-san —Yuuji titubeó y rasco su nuca nervioso ante la bella mujer, preguntándose cómo ya sabían su nombre. No tuvo tiempo de voltear a ver a satoru interrogante pues el primer ministro se acercó a saludarlo, a lo que instintivamente hizo una reverencia marcada que sorprendió al hombre, pero le ofreció una sonrisa amable y le dijo que no había necesidad de tanta formalidad, solo sería una cena común para conocerse, Yuuji aún así se mantuvo rígido pues pensó que como tal no tenía ni idea sobre la etiqueta cuando se conocía al primer ministro, también sintiéndose ya abatido ante su elección de atuendo, pues solo se cambió los pantalones cortos por unos jeans oscuros, dejando la sudadera holgada roja y sus botas del mismo color. Satoru tampoco se había cambiado, aún así bastó que se ajustará la camisa y el saco para verse informalmente bien y atractivo.
—Tu jovencito debería castigarte como cuando eras un niño pequeño, ¿Por qué no habías venido o si quiera contestado mis llamadas o las de tu padre? Suguru-chan también marcó preocupado y no se digan tus primos.
Satoru era jalado de una oreja por su madre que aunque más baja y menuda tenía la suficiente fuerza para hacer doblar el cuerpo de Satoru.
—¡Ya ya! madre los siento no volverá a pasar.
—Por supuesto que no volverá a pasar pues llamará a Yuuji-kun para que te dé un jalón de orejas de mi parte, deja de preocuparme, soy vieja y mi corazón no aguanta esas tensiones.
—Si si entiendo, deja mi oreja la vas arrancar y me estás poniendo en vergüenza con mi novio ya soy un adulto madre.
—Un adulto que aún vive bajo mi techo y te aguantas.
Tanto madre como hijo voltearon hacia Yuuji al escuchar una carcajada, viendo a Yuuji sonreír de oreja a oreja. Entonces Yukie vio lo que quizás había hecho que su obstinado y necio hijo había visto en Yuuji y supo con ese instinto que solo una madre tiene hacia con los hijos que el suyo estaba en buenas manos.
Sin más la madre de Gojo soltó a su hijo dirigiéndose hacia Yuuji y tomándolo de los hombros para dirigirlo dentro de las casa.
—Vamos Yuuji-kun espero que te guste el Udon lo prepare yo misma.
—¡Por supuesto! como de todo.
Gojo miró la escena ya sonriendo y siguiendolos con su padre a un lado y con una palma en su hombro le transmitió sus pensamientos.
Muchisismas gracias por leer, espero les haya gustado como a mí el haber escrito.
Nos leemos después los iloveo un montón
