Capítulo 1 – Un día tan muerto como cualquier otro.

Un día como cualquier otro, el sol brillaba y la luz se colaba entre las ramas de los árboles, el viento silbaba suave y apaciblemente, todos cotorreaban fuera de las tiendas, creando un murmullo de fondo que conseguía acallar el ruido de los muertos agolpándose contra las vallas y el húmedo sonido de la carne putrefacta dividiéndose ante el metal. Sin duda, un día como otro cualquiera en el campamento.

Tras muchos días de penurias y lucha, el grupo había por fin podido reencontrarse con sus padres y los aliados que estos habían aunado y, a la espera de un rescate y con la esperanza de que aún hubiese alguna zona segura, habían construido una base fortificada en un descampado cercano al río. Asaltando o, mejor dicho, salvando lo que quedaba en tiendas de bricolaje, jardinería y en tiendas deportivas, habían construido una alta valla metálica anclada a la tierra como barrera. Como si de un campamento romano se tratase, el interior se dividía en calles a cuyos lados se formaban cuadrados de tiendas de campaña, donde los supervivientes vivían día a día. Se formaron patrullas que vigilaban constantemente el estado de las vallas y ponían fin al ímpetu de aquellas criaturas que se acercaban demasiado con un tajo bien medido a la cabeza.

Incluso se había formado un sistema político para organizar a los distintos grupos, teniendo un líder cada uno y tratando de tomar decisiones de manera democrática. A este consejo de líderes se le llamo "El senado". Así, el orden entre los integrantes estaba asegurado. Podría decirse que, dentro de la desgracia, habían encontrado una forma de vivir en paz.

No obstante, si en aquella mañana se cerraban los ojos y se trataba de escuchar la "nueva paz", había algo que la perturbaba. Y no, no eran los quejidos de los muertos. Eran una vez más, Rei y Komuro discutiendo.

"¡¿Y a mi qué me importan tus responsabilidades en el senado?! ¡Nunca estás conmigo, nunca me escuchas y tampoco te abres para dejar que te comprenda!" Los gritos que escapaban de la tienda de campaña del líder resonaban por todo el campamento.

"¡Basta Rei! Estás siendo muy inmadura y tú lo sabes. ¡Esto no es el instituto, no tengo tiempo para hacer de psicólogo!"

"Tampoco lo tenías antes…"

"¿Pero Hisashi sí lo tenía verdad?"

"¡Sí! ¡¿Recuerdas lo que te dije en la mansión de Saya?! ¡Sólo quiero que me trates bien!" Rei estalló al escuchar una vez más el nombre de su exnovio muerto, sabiendo que Komuro se estaba comparando con él como siempre hacía.

"¡No sé como hacer eso Rei, no sé cómo tratarte como tú deseas! ¡No soy Hisashi, compréndelo de una vez!" En la mente de Komuro, él siempre salía perdiendo al compararse y eso le sacaba de quicio, un súbito movimiento con el brazo asustó a Rei, que se quedó muda por unos instantes.

"Solo quiero poder acurrucarme junto a ti cada noche, que me abraces y que me dejes llorar en tu pecho, nada más…" Las lágrimas empezaron a brotar de los ojos de la adolescente, que agachó la cabeza y colocó sus manos juntas sobre su pecho, buscando algún tipo de protección.

"Rei.." Suspiró, chasqueó la lengua, descontento consigo mismo por haber hecho llorar a su amiga de la infancia y se acercó despacio para abrazarla.

Rei sintió la calidez y el arrepentimiento en el abrazo, sus suaves pechos se hundían contra el duro torso del adolescente y sus manos se posaban grácilmente en su espalda. Acomodó la cabeza sobre su pecho, respirando cada vez más despacio hasta que por fin, pudo dejar de llorar.

"¿Estás mejor?" Komuro se había separado del abrazo y la miraba directamente a los ojos, lo cual hizo que Rei se ruborizase.

"S…sí.. esto es lo único que necesito de ti, no sé por qué es tan difícil para ti.." Dijo con voz serena , sin hostilidad.

"Rei…yo…"

"Komuro" Le interrumpió poniendo un dedo sobre sus labios. "¿Por qué no me amas?" Su voz casi rota al pronunciar lo que ella ya sabía pero trataba de reprimir.

"Yo… no lo sé, Rei… Cada vez que te miro no puedo evitar sentir cariño por ti y querer protegerte pero…" Pero le recordaba a su traición con Hisashi y cada vez que la abrazaba no podía evitar pensar en cómo su mejor amigo lo había hecho antes. Un amigo al que él tuvo que matar. "Lo que pasó con Hisashi… no podemos hacer como si nada… te quiero Rei, me atraes pero solo con pensar en besarte, puedo imaginármelo recriminándomelo, puedo verle besándote como tuve que verlo tanto tiempo, estando enamorado de ti… No puedo corresponderte. Es culpa mía pero… no puedo Rei" Komuro apartó la mirada, sintiéndose la peor basura de este mundo por ser tan egoísta, pudo ver de reojo como el rostro de Rei se despedazaba, como sus piernas fallaban y caían al suelo.

"Eres un puto idiota" Su voz sonó grave pero calmada, derrotada.

"Rei.." Trató de acercarse a ella para consolarla.

"Lárgate, ahora mismo." Su mirada se clavó como mil puñales en el chico y Komuro supo que debía irse, había hecho un daño irreparable y la culpa era más pesada que cualquier responsabilidad.

Suspiró y salió de la tienda, dejando a una Rei agazapada y destrozada en el interior. Agarró su arma y se dispuso a pasear hasta el recinto donde guardaban los vehículos para salir a por provisiones. Una excusa para poder huir y aclarar su mente. Por suerte, desgracia o por el devenir del destino, Saeko estaba reclinada contra el gran árbol que hacía de pilar central del recinto. Sus pechos apenas cabían en el top negro y los pezones luchaban contra la fina tela negra sin nada de por medio, dejándose apreciar. Sus medias de encaje púrpura se adaptaban perfectamente a sus largas piernas y si uno las recorría con la mirada, podía llegar a la abertura de la falda que dejaba ver ligeramente la ropa interior de la chica, ese tanga negro que Komuro había podido apreciar días atrás, cuando estaba cocinaba sólo con dicha tela y un delantal.

En cuanto le vio, Saeko se levantó, quitándose el polvo de manera elegante y dirigiéndose hacia él con paso lento y estiloso.

"Oh, Komuro, ¿vas a algún sitio?"

La sola vista aún tenía al chico aturdido, no importaba cuántas veces la hubiese visto y en qué condiciones, siempre le costaba recomponerse para hablar con ella y se quedaba ensimismado. Si no era en sus hipnotizantes ojos, era en el contoneo de sus labios al hablar, en su esbelta figura o en las partes en las que su piel se veía y brillaba por el sudor.

"S-sí, voy a buscar provisiones" Dijo apartando la mirada y poniendo su mano sobre la cabeza avergonzado, sabiendo que Saeko tenía muy presente cómo la miraba.

"¿Te importa si te acompaño? No tengo nada que hacer y… me preocupa que salgas solo" Dijo con voz suave y acercándose a su oído a propósito, ella sabía muy bien el efecto que causaba en él. Al fin y al cabo, era el mismo que él causaba en ella, le gustaba deleitarse en esa atracción mutua y jugar con la timidez de Komuro.

Él asintió, avergonzado pero indudablemente feliz de poder disfrutar de la compañía de Saeko, aún si no era en el mejor de los días, le ayudaría a olvidar sus problemas por un tiempo. Komuro desató el quad, recordando que a Saeko le daban miedo las motos y agarró las llaves que colgaban del árbol para encender el motor. Se acomodó en su asiento y no pudo evitar estremecerse cuando Saeko se sentó más atrás, apretando sus pechos contra su espalda y agarrando su pecho. Si había algo que afectaba a Komuro aún más que esa sensación, era el olor de Saeko. No era perfume, pero era un olor suave, natural y muy particular, era su olor personal, tan seductor y excitante como ella misma. Estando tan cerca de ella era lo único en lo que podía pensar y le nublaba la mente, ya no existía Rei, ni los muertos, ni su labor como líder, sólo existían ellos dos.

Los guardas les abrieron las puertas, sabiendo que si Komuro no estaba, debían ir con Saya en una emergencia, siendo esta su segunda al mando. Salieron y se pusieron en marcha hacia la zona comercial de la ciudad, esperando encontrar algo útil para justificar su marcha.

"Y ahora, ¿a dónde me vas a llevar para la cita, Komuro?" La lengua de Saeko sibiló y se acercó a la oreja de Komuro como la de una serpiente, haciendo que un cosquilleo recorriese todo su cuerpo.

Continuará… 1/5