Capítulo 1: Inicio

Observaba atenta las constante gotas de lluvia golpear el vidrio del auto alquilado, el olor de tierra mojada impregnó sus fosas nasales inhalando con fuerza haciéndole recordar un pequeño pedazo del sengoku. Era un nuevo comienzo luego de un año entero lleno de sangre, muertes, batallas, dolor, sufrimiento alrededor de las desgracias hubieron risas, amistad, alegría; emociones momentáneas teniendo en cuenta el poco tiempo libre que llegaban a tener sabiendo de antemano, las luchas cercana en cualquier esquina, camino, bosque o aldea que llegaran.

Alrededor de dos meses habían ocurrido luego de la batalla final; logrando vencer a Naraku con una de sus flechas la cual atravesó la Shikon No tama, creyendo que las cosas finalizarian se llevó la gran sorpresa de terminar en el inframundo por tres días; preocupando a su familia en el futuro al desaparecer el pozo devora huesos. La perla intentó quebrantar su alma fuerte y valiente, pero gracias a la fuerza de voluntad junto a la ayuda de Inuyasha, pidió el "deseo correcto" eliminando por completo la enemiga que inició todo. . .

O eso pensó.

El tiempo límite en el que podría estar en la aldea arribaba dos meses; meses que aprovecho para entrenar y mejorar sus habilidades en compañía de la anciana Kaede y el alma de Kikyo la que recidia en el interior de la suya como un recuerdo de la hermosa mujer de cabellos azabaches. Los Kamis le brindaron la suficiente paciencia para aprender todo, en compañía de Sesshomaru quien llegaba a la aldea visitando la pequeña Rin, memorizó algunas de sus técnicas de manejo con la espada solamente por si en un dado caso necesitara de usar una; sabría manejarla.

Cuando el momento vino; las lágrimas se hicieron presente abandonaría a sus más allegados amigos. Tenia grandes recuerdos de ese lugar, en donde maduro, creció y aprendió más de la vida o historia. Con un fuerte abrazo reunió a la pareja de casados; Sango y Miroku recordándole al monje su deber de cuidar a su mejor amiga, de repente un peso se instaló en los brazos, sosteniendo al pequeño zorro mágico: Shippo. El demonio que cuido a lo largo del viaje como un propio hijo.

Con solo recordarlo las lágrimas volvían, posiblemente la despedida de Shippo fue la que más le afectó, en comparación con Inuyasha quien solamente le deseo un buen viaje y que la recordaría siempre, y es que en el tiempo vivido en la cabaña de la anciana Kaede su relación fue en decadencia, la muerte de Kikyo le hizo mucho efecto e intento mostrarle a todos su estado de salud mental estable, pero realmente el hanyôu estaba todo menos bien. Ella comprendió que el chico de ojos dorados amaba más allá de la muerte a su maestra y lo aceptó sin reclamo alguno.

Porque ella maduro y comprendió a la perfección ese punto.

Inclusive se despidió del mismísimo Sesshomaru; posiblemente en ese momento no lo pensó tanto pero terminó abrazando al temido Dai-youkai como si amigos íntimos fueran. Caminando directamente al pozo, volvió una vez más a despedirse sintiéndose mal al mirar las lágrimas de su primera maestra; Kaede. Sin embargo ese lugar no era su tiempo y aunque anhelaba quedarse ahí, también tenía una familia, una vida en el futuro; con ese ultimo recuerdo saltó visualizando los destellos azules significativos para ella hasta que dejó de flotar tocando tierra firme, alzando su cabeza encontro el techo de la padoga el lugar de un inicio y un fin de su época de aventura.

— Señorita.— sacándola de su ensoñación— Hemos llegado a su destino.

kagome asiente bajando el vidrio de la ventana admirando la construcción delante; una simple casa de dos pisos de colores abstractos con un amplio patio del cual sacaría provecho plantando flores y plantas medicinales, agradeciéndole al conductor pagandole el precio por su servicio, sostuvo en ambas manos sus maletas. Soltando un suspiro retenido una sonrisa surco su rostro.

— Bien Kagome, estas sola en este lugar pero eres fuerte. Lo conseguirás y saldrás adelante — dandose palabras de aliento a si misma —Eres fuerte tanto mental, espiritual y físicamente.

El único sonido alrededor eran las botas de tacón de la chica golpear el asfalto del camino que conducía a la puerta de su nueva casa; realmente era un vivienda comprada con el intercambio de piezas de diamantes producidas por la Tenssaiga. El interior estaba vacío a excepción del pantry en la cocina, sus ojos zafiro encontraron las escaleras en forma de caracol guiadas al segundo piso, dejando sus maletas en la entrada caminó directamente ahí subiendo por estas, no había mucha diferencia estaban seis puertas más que al abrirla la condujeron a tres habitación con tres baños por separado.

—Esta vació, pero llegará el camión de mudanza pronto o eso estoy deseando — recargando su peso en el respaldar de las escaleras —Aunque. . . creo que cambiaré el color de la pared de la habitación elegida.

No es que le molestarán; pero había adquirido un amor por el color azul luego de usar el dicho color en todas las flechas disparadas. Antes de dar un paso para elegir una habitación; el claxon de un auto resonó bombardeando de alegría ya que el camión estaba ahí. Bajando emocionada las escaleras abrió la puerta sonriendole a los trabajadores.

—Pueden entrar, pero tengan cuidado con algunas cosas de vidrio que vienen en las cajas. —juntando sus manos suplicandole a los hombres.

— Lo tendremos en cuenta, señorita.

La azabache sintió un alivio vigilando la entrada, salida de los hombres, el continuo movimiento de muebles y cajas en el interior, internamente chillaba de felicidad al tener un cambio de ambiente radical; en comparación con Tokio donde su santuario estaba un poco alejado en comparación con la extensa y ruidosa ciudad; la vegetación era bastante similar en Fork. Había escuchado la normalidad de la lluvia azotar el lugar en cualquier momento, junto a la extrañeza del sol en ese lugar.

Le gustaba, comenzaba amar el ambiente que la rodeaba. Le daba vida la naturaleza, revivia sus poderes como sacerdotisa y no sentía el smog en el ambiente; decidida a conocer un poco al pueblo. Tomó las llaves de la casa encaminándose a una cafetería observada con anterioridad en el taxi, realmente le intrigaba descubrir todo lo que rodeaba a Fork.

El camino fue en silencio teniendo la brisa fría del pueblo golpear sus pálidas mejillas adornadas por un ligero sonrojo que llegaba a la nariz tal como un reno; dándole un aspecto tierno ante los ojos de los habitantes, quienes miraban a la asiática con interés, ojos recorriendo la figura de ella, centrándose en la persona que era.

En Fork era normal ver personas pálidas tan blancas como el papel, con piel curtida por el frío y reseca por el mismo clima. Sin embargo, Kagome no podía pasar desapercibida; su larga cabellera azabache adornada por reflejos azulados que brillaban, unos hermosos ojos azules donde un singular brillo los iluminaba y parecían aclararse por la luz, una piel blanquecina cremosa que a simple vista se notaba suave al tacto, unos carnosos labios de tonalidad rosada natural, su pequeño tamaño al transitar por las calles y posiblemente un llamativo cuerpo cubierto por prendas de tonalidades pastel.

Pero su . . .Aura.

Era lo que más llamaba la atención; extrañamente las personas que pasaban a su lado sentían una paz inmensa impregnarse en ellos. Parecía, todo lo malo que los agobiaba se eliminara por arte de magia; la asiática atraía a las personas de manera inconsciente, sin percatarse de ser un centro de atención, realmente Kagome estaba en su propio mundo intentando recordar la dirección de la cafetería.

Hasta que la encontró.

Ingresando retiro la bufanda blanca del cuello dirigiéndose directamente a la barra solicitándole a la amable mesera una hamburguesa, papas fritas, una ensalada y un refresco acompañado de una malteada para llevar junto a un postre.

Las campanas en la entrada de la cafetería sonaron— ¡Buenos días, Charlie!— menciona emocionada la mesera llamada, Cora.— Tenemos gente nueva.

Charlie observa a la azabache comer en silencio —Eso notó, es la chica que compró una casa cercana a nosotros. Entendí que vino sola a vivir aquí.

—Pobre chica, pero es sumamente linda y dulce a simple vista— colocando una taza de café en la mesa—. Tal vez tú hija, Bella, llegue a llevarse bien con ella.

—Eso esperemos, acaba de llegar aquí y esta tratando de acoplarse a vivir en Fork.

kagome terminó de comer, sintiéndose incómoda de ser el cuchicheo del lugar; lo había notado desde que el hombre llamado Charlie comenzó hablar con la señora Cora; tomando sus cosas se despidió de la mesera agradeciéndole su amabilidad. Teniendo en mente otro problema. . .

La próxima semana entraría al instituto de Fork, solamente quería quedarse en la casa y disfrutar del tiempo en el pueblo. Pero sus deberes como estudiante también importaba. . . Soltando un suspiro más en ese día, abandonó el lugar encontrándose afuera con una brisa suave de lluvia. Maldijo internamente colocando la bufanda alrededor de su cabeza comenzando a correr directamente a su casa sin antes disculparse con la persona que chocó hombros.

—¡Lo siento!.— ignorando que aquella persona, era una chica de cabellera rubia y una belleza sumamente exótica, atrayente al ojo humano.

Rosalie Cullen o Rosalie Hale.

La vampira observó con un ligero tinte de interés a la azabache; sorprendiendose por el soplo de aire que la hizo sentir, más humana, sumado a que en ningún momento llegó a sentirla acercarse o alguna indicio de aroma en ella.

Y eso fue lo que convenció por completo a la rubia, la humana era interesante.


Hola, esta es mi primera historia Crossover publicada en este lugar, espero que llegue a gustarle el trabajo que emplearé a lo largo hasta finalizar esta historia.