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En celebración de la "YamiChar Week" decidí escribir mi primer fanfic de la pareja, gracias a Liraz que por ella me enteré. I luv U. .3.
Espero les guste, y, si encuentran las cosas OOC, sepan disculparme. QwQ Si les gusta el fic y les gustaría una continuación, les agradecería sus reviews. Mil gracias por leer.
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Disclaimer: Los personajes pertenecen a Yuki Tabata. La historia es invención de mi fluff.
Referencias De Lectura :
Narración.
Diálogo.
«Pensamientos»
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Rosa Azul
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Tenía veintiocho años.
Por supuesto que lo sabía.
Porque además de no ser tonta y saber perfectamente cuantos años tenía, Charlotte Roselei había recibido comentarios sobre su edad y sobre la cuenta regresiva hasta los treinta desde el día que cumplió dieciocho.
Como olvidarlo.
La fiesta de su cumpleaños número dieciocho llevaba años planeándose y por tanto el día esperado siguió un riguroso horario que, como se esperaría de la gran y antigua familia Roselei, se cumplió al pie de la letra, hasta las miles de rosas que llenaban la mansión por dentro y por fuera parecían más hermosas y más fragantes ese día, probablemente ellas también cargaban con gran orgullo ese apellido ―o simplemente se burlaban de ella y de su familia―, después de todo esas hermosas rosas azules solo crecían en los territorios de los Roselei, según una leyenda que circulaba en su familia, esas rosas habían sido el regalo que un enamorado había dado a una Roselei.
Y no fue cualquier enamorado.
Según contaba la leyenda, ese enamorado había sido nada más y nada menos que un poderoso y noble elfo, y sí, sonaba como todo un cuento de hadas, y tal vez por eso, y como suele pasar en la mayoría de estos, esa leyenda también tenía en su narrativa una maldición.
Una maldición que aún al día de hoy, su familia creía.
Poco antes de bajar las ricamente decoradas escaleras en ese día de cumpleaños, las mujeres mayores de la familia se encerraron con ella en su habitación, y una a una contaron de memoria un verso de la leyenda, pero al final, su Tía abuela, siendo la matriarca de la familia, agregó un verso que ella jamás había escuchado:
"Roja fue la rosa que Lady Roselei recibió,
La que plantó en el jardín,
Y llenó así toda su extensión.
Más cuando el amor del elfo fue rechazado,
Y a otro ella se destinó,
La joven soportarlo no pudo,
escapó y huyó.
Mas traída fue de vuelta,
Y un destino fatal conoció
Justo antes de sus treinta primaveras,
la tan amada Lady Roselei,
del mundo partió.
Lleno de ira, al verla sin vida,
a toda la culpable familia,
una maldición lanzó:
"Ninguna de las vuestras,
De tu edad más allá vivirá, mi amor
Si no es al lado de un amor,
Que sea de verdad"
Tras esas palabras y por su mano,
Su propia sangre de su corazón brotó
Pues ella ya no vivía
Y por tanto él tampoco lo haría.
Y así fue como,
La rosa que le regalase, tras ese día
en azul,
sus pétalos tiñó"
Todas las mujeres de la familia la miraron con pesar y horror al finalizar su Tía abuela.
Todas creían esa leyenda.
Desde joven, Charlotte Roselei había sido una mujer inteligente, madura y razonable, por eso cuando terminó de escuchar ese verso pensó que le jugaban una broma, pero al ver el terror en el rostro de sus familiares cuando soltó una carcajada, entendió que para todas ellas, y desde generaciones atrás, esa maldición era algo real.
Así que, a pesar de su escepticismo, se disculpó y asintió con respeto cuando le dieron el colgante que todas llevaban al cumplir dieciocho.
El símbolo de la maldición.
Una rosa azul.
Esa noche bailó, sonrió, y atendió a sus invitados y a los candidatos a su ano que ya habían preparado, pero nunca, ni por un momento creyó en lo que le habían contado, pero nunca tuvo el corazón de discutirlo con su Tía abuela, porque sabía que ella había perdido a su única hija en un accidente a los veintinueve años, y era obvio para ella que su Tía abuela había usado la maldición para poder lidiar con la tristeza que eso le generó.
Pero al fin y al cabo, las maldiciones no existían.
Por eso, estar ahí a sus ya casi veintinueve años escuchando como su madre hablaba de posibles matrimonios la estaba por hacer perder la tolerancia que sentía por tal asunto.
―...serían grandes candidatos, Charlotte ―su madre repitió por tercera vez―, tanto los Vermillion como los Silva tienen un apellido que lleva siendo noble desde hace más de trein... veinte generaciones ―Charlotte aguantó un suspiro cuando su madre evitó decir el número treinta por la superstición en la que creía―, y los hijos de esas familia siempre han sido una maravilla de caballeros. Ya sea que elijas uno de los candidatos de los Silva o de los Vermillion, será un gran esposo, te lo aseguro, sus madres estarán encantadas de comprometerse con nuestra familia.
―Madre... ―trató de controlar su fastidio―, no estamos en la edad media, no puedes comprometer a tus hijos hablando con sus padres.
―Oh, Charlotte ―la interrumpió una de sus tías― eres tan humilde, por supuesto que ellos serán quienes acepten comprometerse, tal vez ya no estás joven, pero la belleza de las Roselei aún no se ha marchitado en ti, al menos no aún, pero la belleza no dura para siempre, querida, y aunque estás bien para tu edad, últimamente tu cabello no parece tan brillante como antes...
―Tía Elieth ―dijo amablemente ante uno de los comunes ataques por los que su tía era famosa entre sus sobrinas jóvenes―, agradezco sus cumplidos y preocupación, pero no pienso comprometerme con ninguno de ellos.
―Ridículo ―rebatió su tía―, ¿acaso dices que los Vermillion y los Silva no son suficientes para ti? ¿Acaso estás apuntando por algo más alto? ―la miró con una ceja alzada y bajó la voz con una idea que pareció llenarla de entusiasmo―. Escuché que el heredero de los Novachrono está soltero y aunque ya está casi en los cuarenta es un excelente partido, ¿ese es tu objetivo?
Charlotte negó con la cabeza.
―No me digas que te falta confianza, estoy segura que aún con tu edad lo logras, si fuese más joven sería el candidato perfecto para mi hermosa Lydia.
―Tía, Lydia apenas tiene catorce.
―Y por eso se pierde de tan buen candidato ―soltó un suspiro lastimero, Charlotte podía entender porque su prima, a pesar de su corta edad, tenía tanta obsesión por las bodas, su tía probablemente le hablaba de posibles candidatos cada día.
Un mesero se acercó a dejar la comida de las cuatro mujeres y Charlotte agradeció que eso diera por terminada la plática de su tía.
Pero se equivocaba.
―Volviendo al tema...
―No, no quiero volver al tema ―dijo antes de que su tía comenzase otra vez― pero quiero aclarar lo siguiente ―miró a su madre―, no me casaré con ninguno de ellos, Solid Silva apenas tiene veinte años y es un joven egoísta que trata mal a su hermana menor, Nozel es un hombre frío que aunque es protector con los suyos, dudo que pueda querer a alguien más que a su madre y a su hermana menor, y en cuanto a los Vermillion, Fuegoleon apenas y puede con las cosas que se le vinieron encima por la repentina sucesión de las empresas que cayó en sus manos y no en su hermana mayor y Leopold es casi un niño, y no me digas que por un momento contemplaste a Kirsch Vermillion, todos saben que ese tipo solo se ama a sí mismo.
―Aún si rechazas a todos ellos, aún podemos buscar a un candidato entr--
―¡Dije que no quiero! ―alzó la voz y las personas en las mesas lejos de la suya, que estaba en un lugar privado y VIP, las volvieron a ver.
―Hija... ―su madre bajo su tono hasta casi una imploración, lo que hizo que se sintiese mal por haber levantado la voz―, solo estoy preocupada por ti, no quiero... perderte... ―su siempre estoica madre dejó unas lágrimas caer, Charlotte sintió su corazón arrugarse―, escucha, no pido que aceptes a los candidatos solo porque te lo digo, pero al menos accede a tener alguna cita con ellos...
―Madre...
―Por favor... acepta comprometerte antes de tu cumpleaños veinte... nueve... ―le costó terminar de decir el número.
―Yo...
― Te lo ruego, hija, no quiero perderte... por favor... acepta este trato
―Yo... ―Charlotte sintió la mirada llena de preocupación sincera de las tres mujeres en la mesa, aunque sus intenciones la fastidiasen, no le cabía la menor duda que lo hacían porque la amaban y no querían perderla, además, sí aceptaba comprometerse, no significaba que tenía que casarse, después de su cumpleaños número treinta cancelaría el compromiso y les demostraría que la maldición era una tontería―. Yo acep...
―Vamos, no se metan en el camino de un hombre que busca sentarse en su trono.
La voz fuerte y profunda de un hombre interrumpió sus palabras.
―Señor, por favor, no puede entrar en ese estado.
―¿Está insinuando que estoy borracho? ―el hombre alto y corpulento acomodó el cigarro en su boca, Charlotte no pudo evitar notar como los músculos de sus bíceps sobresalieron aún más cuando dobló el brazo al hacerlo.
Sintió calor en su cara.
¿Desde cuando ella ponía tanta atención a unos bíceps?
Aunque, para su defensa, nunca había visto unos tan bien definidos como esos.
―No, no, por supuesto que no, señor... pero su atuendo... ―el joven anfitrión del restaurante lo miró de arriba abajo y Charlotte hizo lo mismo, y así pudo notar que al igual que sus brazos, ese hombre tenía piernas fuertes bajo sus pantalones negros desteñidos y descuidados y también un torso trabajado bajo la simple camiseta sin mangas llena de algo negro que no supo identificar.
―Estarías igual de sucio si hubieses tenido que reparar un auto de una dulce anciana que se quedó varada en la pista ―contestó el hombre sin darle importancia―, ahora, con permiso que debo ir al baño.
―Pero no puede entrar al baño si no es consumidor.
―Pues consumiré algo cuando vaya al baño, mocoso ―soltó una vaharada de humo―, y te aseguro que consumiré mucho si me deshago de todo lo que ya tengo procesado aquí, nada como sacar lo viejo para meter lo nuevo ¿no? ―se tocó el abdomen y la gente del restaurante se dividió entre caras de diversión y muecas de asco, en la mesa de Charlotte abundaron las segundas, mientras que la joven tenía una sonrisa divertida.
Encontraba todo ese descaro refrescante.
―Se-señor...
―Por aquí, caballero ―un hombre de cabello blanco y barba de chivo se acercó a la puerta en donde discutían, Charlotte sabía que era el gerente―, déjeme guiarlo, pero le pido apague el cigarrillo, es prohibido fumar dentro de los locales de alimentos.
―Oh, esto si es buen servicio ―el descarado hombre palmeó el hombro del joven anfitrión― tienes que aprender los modales de este anciano ―sin perder tiempo sacó el cigarro de su boca y se lo dio al joven―. ¿Podrías deshacerte de esto? Lo haría yo pero apenas puedo contener la llamada de la naturaleza ―sacando un arrugado billete de la bolsa de su pantalón y dándoselo al joven en una especie de propina, el hombre desapareció por el pasillo que le señaló el gerente.
Charlotte aguantó la risa.
―¡Que descaro! ―comenzó su tía― ¡Y se supone que este es un restaurante de primera! ¡No puedo creer que dejen entrar a gente así!
―Solo necesitaba el baño, Tía ―respondió Charlotte.
―Más descaro aún, además, ¿acaso viste su ropa?
―Solo era grasa, ayudó a una anciana con su auto.
―Pudo haberse cambiado primero en su casa.
―¿Para que ocuparía entrar al restaurante a pedir al baño si hubiese podido ir a cambiarse a su casa? ―chistó Charlotte y su tía se puso roja al entender lo tonto de su comentario.
―¿¡Y qué sé yo!? ―mortificada tomó su copa de vino y bebió un largo trago―. ¿¡Y por qué lo estás defendiendo!? ―le reclamó― ¿Acaso lo conoces? Parecías muy interesada observándolo.
―Y-yo... no... ¡Claro que no! ―la rubia joven sintió un poco de calor en sus mejillas, no lo conocía, pero no podía negar que lo había estado observando interesada.
Muy interesada.
―Basta Elieth ―dijo su madre―, no hagamos de nuestra mesa un circo, además, la comida se enfría ―Charlotte agradeció en silencio a su madre.
No quería explicar por qué ese hombre le había parecido interesante.
...Las razones secretas enrojecieron sus mejillas...
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Todo había estado delicioso.
Llevaba tiempo sin disfrutar tanto de una comida.
Pero sin duda, lo que se llevaba las palmas era el postre que estaba frente a ella, una especie de cheesecake de fresa relleno con una vaporosa mezcla de crema italiana y chocolate blanco, nunca había probado un postre así.
―A pesar de que su nombre no me da buena espina se ve delicioso ―dijo su madre al observar el postre frente a ella.
―¿Qué tiene de malo su nombre? ―preguntó la más joven de la mesa.
―Ya sabes, se llama "Gâteau de Fée", o sea ―bajó el tono a su conocido tono supersticioso― pastel de hadas...
―¿Y?
―Hija, pues hadas... ―se inclinó más y dijo en un susurro aún más débil―, elfos...
―Madre... ―Charlotte luchó con su instinto de poner los ojos en blanco―, ni siquiera son los mismos seres.
―Da igual, Charlotte, son parientes y todos esos seres siempre andan haciendo daño, y nuestra familia lo sabe bien ―su tía asintió a lo dicho por su madre y tocó su propio dije de rosa azul, una manía que tenían todas las mujeres mayores de la familia para alejar el temor que esa leyenda les provocaba, Charlotte solo soltó un bufido y siguió comiendo del delicioso postre.
Charlotte llevaba el collar siempre con ella por petición exhaustiva de su madre, aunque ella lo solía llevar en una larga cadena debajo de su ropa.
Al final nunca le iba a ganar al poder que tenía esa superstición sobre su familia.
―¡Vaya! ―dijo su tía de pronto―. ¡Daliah tenía razón! ¡Este postre es una delicia! Y para que yo le dé la razón a Daliah... ―su tía soltó una risita que ocultó elegantemente detrás de una servilleta.
―Daliah tiene un excelente gusto ―respondió su madre―, tu solo estás molesta con ella porque te ganó ese vestido que querías para la cena de Navidad de hace dos años.
―Tonterías ―con un movimiento de su mano, su tía desechó el tema― por cierto ―bajó el tono―. ¿Saben sobre el rumor que dice que cierta actriz famosa tiene un amorío con el maestro pastelero de este restaurante?
―¿De verdad? ―su madre se inclinó un poco, su madre era una mujer muy digna, pero amaba demasiado los chismes de farándula―. ¿Quién?
―Bueno, no dicen el nombre, pero dicen que es pelirroja y que hace películas de acción...
―Oh... ―su madre se detuvo a pensar―, imagino quien puede ser...
―Yo también, aunque cuesta pensar que alguien como ella que podría conseguir a alguien de buen estatus, se conforme con un pastelero cualquiera... ¡Que desperdicio!
―No todas las personas se interesan por el estatus, tía ―habló Charlotte, de alguna manera le irritó el comentario de su tía―, si sale con él seguro debe de ser porque piensa que es una persona que le hace bien tener a su lado, además, alguien con este talento para hacer postres debe de ser más que un simple pastelero.
―Vaya, Charlotte, tienes la fama de vivir criticando a todo hombre que se te mencione, pero no sé si hoy te crees la santa madre Teresa reencarnada como para defender a cada hombre extraño del que hablo, ¿o es que solo quieres llevarme la contraria?
―Ni uno ni lo otro ―bajó la cuchara―, solo digo que hay gente que prefiere encontrar amor en lugar de buscar estatus, y no deberías cuestionarlos por eso ―dijo seriamente haciendo a su tía fruncir el ceño molesta.
―Palabras muy románticas para una solterona de tu edad ―respondió ácida.
―¡Elieth! ¡Le estás hablando a mi hija!
―Por supuesto que es tu hija, es como tú, se cree superior por su gran carrera y éxito en la empresa, de quien más iba a heredar esa obsesión por el trabajo.
―¿Ahora está mal que mi hija disfrute trabajar y ganar su dinero en lugar de buscar a un hombre que se los dé?
―Pues si no fuera por esa obsesión ya hubiese tenido el tiempo para encontrar un marido y no estaríamos aquí buscando evitar que mue...
―¡Basta! ―la anciana en la mesa, una que se había mantenido en silencio durante toda la velada por fin habló―. Charlotte, pequeña, ¿acompañarías a esta anciana al tocador?
―Por supuesto, Tía abuela ―sin perder un segundo, Charlotte se levantó y del brazo guió a su abuela por el restaurante hasta los baños, cuando entraron al lugar de múltiples cubículos, su abuela se dirigió a los lavatorios y comenzó a revisar su complicado y elegante peinado.
―Tu tía no es una mala persona ―dijo de pronto.
―Lo sé.
―Pero sí es una persona algo frívola y superficial.
―Eso también lo sé ―sonrió.
―Al final las mujeres Roselei somos muy diferentes entre nosotras, pero nos une una cosa ―dejó de acomodar su cabello y la volteó a ver―, todas queremos seguir viviendo.
―Abuela...
―No creas que no vi que luego de la interrupción en el plato fuerte no dijiste que aceptabas el trato con tu madre, sé que piensas que las razones detrás de todo esto son solo supersticiones absurdas y no las crees a pesar de las pruebas que te hemos dado a lo largo de los años, pero todo esto es por tu bien, acepta de una buena vez el comprometerte y vive una vida larga con esa pequeña molestia o sigue de terca y vive una libre pero horriblemente corta... Decide de una vez, ¿qué acaso no estás entusiasmada por los nuevos negocios en los que te estás embargando? ¿Crees que con pocos meses que te faltan para los treinta lograras todos tus sueños?
―Yo...
―¡Decide de una vez! ―la forma en que su Tía abuela casi gritó la hizo sentirse como una niña pequeña y débil―. Tengo a un hombre dispuesto a casarse contigo en cuanto se lo diga, solo necesito que me digas que sí lo aceptas.
―¡Yo no voy a aceptar casarme con alguien solo por complacerlas!
―¡No es por complacernos, es por tu bien!
―Eso es absurdo...
― Charlotte, aún si no lo amas, él puede ayudarte con la empresa, trabajarás menos.
―¿Y quién dijo que necesito ayuda de un extraño o que quiero trabajar menos? Me gusta trabajar, disfruto los nuevos proyectos.
―¡Entonces, si no aceptas casarte, te quitaré de tu cargo! ―Charlotte sintió eso como un golpe bajo, si la empresa estaba tan en buenos números como lo estaba actualmente era, en gran parte, gracias a su dirección.
―¡No puedes hacerme eso!
―Claro que puedo, sigo siendo la accionista mayoritaria y la matriarca de la familia, una palabra mía y estarás fuera, y todos esos proyectos tuyos morirán.
Sintió la furia llenarla.
―¡Hazlo entonces! ―su abuela la vio sorprendida por su enojo―. ¡Si tengo que empezar de cero para lograrlos los haré!
―¡No sabes lo que dices, has tenido todo en bandeja de plata desde pequeña!
―¿Y qué? ―le dijo indignada al ver como hablaba de todo su trabajo y esfuerzo―. ¡Aprenderé a recoger lo que necesito del suelo si es necesario! Soy muy capaz de crear algo propio si me esfuerzo, me ensuciaré si es necesario, me desvelaré, trabajaré sin descanso como lo he hecho hasta ahora, y tú lo sabes muy bien. Así que no tienes que echarme de la empresa, yo renuncio ahora mismo.
―¡CHARLOTTE! ―su abuela la tomó de los hombros y la zarandeó, nunca pensó que ella tuviese tanta fuerza―. ¡Entiéndelo, es por tu bien! ¡Solo tienes que decir que sí y podrás cumplir tus otros sueños! ¡Yo te amo mi pequeña! ¡Y estoy orgullosa de lo que te has convertido! ¡Pero tengo miedo! ¿¡Acaso quieres perderlo todo como pasó con mi hija!? ―con lágrimas en los ojos la soltó―. ¡Di que aceptas! ¡Por favor, por ella! ¡Di que aceptas mi pequeña, Charlotte! ¡Por mi pequeña! Mi pequeña Charlotte... no quiero perderte, no otra vez...
Y entonces Charlotte entendió.
Su abuela estaba desesperada.
No solo por ella, sino también por la hija que perdió, esa hija por la cual su madre le dio su nombre.
Su tía difunta, Charlotte.
Y ahora ellas temían revivir de nuevo la muerte de su amada Charlotte.
Y por eso, por amor a ellas, ella debía de aceptar.
Sacrificarse.
Porque no deseaba verlas sufrir, aunque fuese por una absurda superstición.
Además podía hacer lo mismo que pensó con lo de aceptar comprometerse, aceptar ahora, casarse, y, en un par de años divorciarse.
No sería realmente un sacrificio ¿cierto?
Pero fuese como fuese, debía hacerlo.
―Tía abuela, yo... ―sintió que una enredadera de espinas se enrollaba en sus brazos, sus piernas y su cuello, apresándola, enterrando sus espinas urticantes en su piel, asfixiándola, nublando su mente, la maldición de la rosa azul de su familia se sentía más real que nunca― yo acep--
―¿Alguien me pasa papel?
Una voz grave que le pareció conocida la interrumpió.
«¡No puede ser él... eso fue hace una hora!» negó su sospecha.
―¿¡Hey!? ¿Alguien? Sé que este es el baño de damas pero estaba tan apurado que solo entré al primero que vi.
―¡Un hombre! ―su abuela miró con desagrado el único cubículo cerrado―. ¡Inconcebible! ―se giró sobre sí misma―. ¡Iré a llamar a la policía! ―con pasos más rápidos a sus usuales, la señora mayor abandonó el baño desconcertada e incrédula con lo que acababa de pasar.
―¡Que carácter! ―escuchó Charlotte la voz del hombre en el baño y luego el agua del excusado al bajar la cadena―. Solo pedí un poco de papel ―sorprendida de ver que su sospecha era real, la mujer joven no pudo moverse del sitio al ver salir al hombre de hacía una hora.
―Us-usted...
―No te preocupes, sí me limpié, sí había papel ―dijo sin pena alguna, acercándose al lavatorio a lavarse las manos―, solo me pareció que era un buen momento para interrumpir.
―¿Eh?
El hombre sacudió sus manos y las secó en sus pantalones desgastados a pesar de que habían toallas de papel disponibles.
―Solo digo que no pareces una debilucha ―alzó los hombros restándole importancia―, o tal vez sea que me agradan las mujeres fuertes y tercas, como sea ―la señaló―, ahora encárgate tú misma ―le palmeó un hombro al acercarse y así, dejándola totalmente desconcertada, salió del baño.
Charlotte no entendió lo que quiso decir el hombre.
Pero se dio cuenta que ya no sentía que una enredadera de rosas la asfixiaba.
En su lugar sentía su corazón latir de manera muy extraña.
Cuando llegó su Tía abuela con el gerente, su mente estaba clara.
Increíblemente clara.
Así que luego de arreglar el asunto del hombre en el baño, y volver a la mesa con su madre y su tía, no dudó en responder a su Tía abuela.
―No aceptaré casarme con nadie.
Fue lo único que dijo antes de abandonar la mesa y volver a su casa.
...Tenía muchas cosas que hacer ahora que había sido desheredada...
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Había obtenido un pequeño éxito más.
Y se había esforzado para eso.
Su pequeña compañía de programación había obtenido un contrato importante que hacía un año, cuando renunció a la compañía de su familia e inició con su propia empresa no podía ni imaginar, y aunque era verdad que aún alquilaban las oficinas que usaban, estaba segura que si lograban mantener las buenas relaciones con la compañía nueva que los contrató, pronto podría comprar las propias.
Lo estaba logrando.
Charlotte viró a la izquierda en la siguiente intersección y sonrió emocionada.
No solo había iniciado algo totalmente propio, sino que había creado una compañía con varias de las personas que tras su renuncia decidieron seguirla a ella, todas mujeres increíbles que ahora estaban esperando por ella para celebrar la reciente firma del contrato que estaba en la carpeta sobre el asiento junto a ella, ese simple papel a su lado con un poco de tinta simbolizaba su segundo mayor triunfo en la vida.
Porque el primero era otro.
Sonrió y de reojo miró el símbolo en la carpeta que traía el contrato, el símbolo de su compañía.
Una rosa azul.
De cierta manera, el escoger ese símbolo era parte de su rebeldía contra su familia y su obsesión con la superstición que llenaba la cabeza de los Roselei, cierto fue que se sintió un poco mal al saber el desasosiego que sintió su madre al darse cuenta de tal herejía, pero las cosas eran más grandes que su madre o ella misma, con ese simple acto les demostraba a las Roselei menores a ella que una maldición no tenía por qué decidir sus vidas.
Eran libres de la jaula de espinas que las quisiese contener.
Y ella, con sus treinta años ya cumplidos y orgullosamente soltera, era la prueba de ello.
Justo ese día los había cumplido.
Admitía para sí misma que cada segundo del día anterior antes de que el reloj marcase las 12:00 am y con ello un nuevo día, había sentido cada nervio de su cuerpo en completa tensión, pero pasó, el segundero transformó un día en otro en un parpadeo, y aún, durante todo un minuto de ese nuevo día, Charlotte Roselei no se atrevió a celebrar su victoria, ni siquiera se dio cuenta que desde el día anterior ―dos minutos atrás― había contenido la respiración, y por eso, a las 12:01 am soltó el nudo que atenazaba sus pulmones y respiró avariciosamente del aire de ese nuevo día.
Un nuevo día que se sentía increíblemente libre.
Y ocupado, también.
Pues desde ese mismo minuto empezó a recibir llamadas de sus familiares, que aunque dolidos por la separación abrupta de Charlotte de los Roselei, también vivieron con angustia esos momentos en que la maldición podría o no podría cumplirse.
Y no se cumplió.
Soltó un gran suspiro, frenó el auto ante la luz roja del semáforo y sonrió entusiasmada.
Desde su cumpleaños dieciocho nunca había celebrado un cumpleaños tranquila, siempre estaban llenos de recordatorios de la maldición y de presentaciones de posibles candidatos para romperla, pero ese día no era así, sabía ―gracias a su siempre leal, pero sumamente indiscreta asistente Sol― que además de celebrar el contrato, las chicas de la empresa habían preparado una gran fiesta sorpresa para ella.
―No puedo creer que algo como eso me emocione tanto... ―se sintió apenada por su inusual comportamiento pero lo dejó pasar, al fin y al cabo ese día había mucho que celebrar.
Su empresa.
Su libertad.
Su vida.
―Mi vida... ―susurró, mirando al frente mientras ponía el auto de vuelta en marcha ya que la luz azul del semáforo le daba la vía libre para cruzar―. Mi vida... ―repitió, mientras una luz blanca llenaba su visión desde el lado opuesto de su asiento y el chirrido de caucho contra asfalto llenaba sus oídos, y luego de eso, dolor...
Mucho dolor.
No se dio cuenta siquiera de como el auto giró sobre sí mismo hasta quedar volcado, ni como el olor a gasolina comenzaba a llenar el vehículo, lo único que sentía era el dolor en sus brazos, en sus costillas, y el cinturón de seguridad que apretaba fuertemente su pecho y le impedía respirar correctamente al estar ella de cabeza.
Asfixiándola.
Como una enredadera de espinas a su alrededor.
―Voy a... ―sintió sus lágrimas salir de sus ojos y resbalar anormalmente a su frente y no a sus mejillas, al final, lo único que sintió sobre sus mejillas fue el frío dije de su cadena, el de la rosa azul que le regalasen a sus dieciocho años, burlándose de ella.
Dándole el frío beso de la muerte.
― ...a morir...
―¡Llama a una ambulancia, rápido!
«Ayuda...» Charlotte intentó decir pero no puedo decir ni una sola silaba.
―¡De inmediato, jefe!
―¡Hey! ¿Está bien? ¡Quien sea que esté ahí, resista un poco!
«¡Estoy aquí!... por favor...!»
―¡Quítate!
―¡No puede acercarse!
«Por favor...»
―Oh, bien, esto me servirá.
―Pero es peligroso, es mejor no acercarnos o...
―Peligroso, ja... si no vas a ayudar quítate de mi camino.
―Pero...
«No quiero morir...»
Crash...
El sonido de metal contra metal lastimó sus oídos, pero nunca esos horribles chirridos habían significado tanto para ella, porque luego de esos sonidos una luz se abrió paso a sus ojos, y sintió una mano fuerte contra su cuello.
―Hey, no te rindas ahí ―la voz masculina la hizo sentir más ganas de llorar―, te sacaré de aquí en un momento... ―Charlotte quiso responder pero no pudo, en su lugar una tos ganó control de su cuerpo lastimándola más―. Tranquila, solo tomará un momento...
―¡SALGA DE AHÍ DE INMEDIATO! ―se escuchó una voz en el exterior― ¡EL AUTO ESTALLARÁ EN CUALQUIER MOMENTO! ―Charlotte sintió su pulso acelerarse más, era verdad, olía mucho a gasolina, cerró los ojos, sintió más lágrimas caer mientras el hombre a su lado intentaba zafar el cinturón de seguridad que la retenía.
«Si no sale de aquí, él... él también...»
No podía permitirlo.
Si la maldición era cierta, no dejaría que se llevara a más de una persona.
Al menos en eso no la dejaría ganar.
―Ve...vete... ―dijo en un murmullo ronco―. Rá...pido...
―Oe, oe... ―el hombre no detuvo sus accionares―, no podré ser un héroe si me echas.
―Ve...te... ―sollozó―. Si sigues aquí... puedes... morir... vete...
―Las mujeres fuertes y valientes me gustan ―dijo, una de sus manos dejó de pelear con el cinturón y Charlotte pensó que se había rendido―, pero ahora estás siendo necia, no deberías rechazar la ayuda de un buen samaritano como yo ―la mano desaparecida volvió y Charlotte sintió algo duro y fino entre su abdomen y el cinturón.
―Pe...
―Te va a doler ―la interrumpió el hombre poco antes de que sintiese sus costillas liberarse dolorosamente de la presión que ejercía el cinturón de seguridad―. Lo siento, tuve que cortar, no me cobres esto a mí, seré todo un héroe pero últimamente he estado en números rojos ―Charlotte sintió por un momento las locas ganas de reír por la estupidez que decía ese hombre en esos momentos, pero le dolía tanto hasta respirar que no pudo, en su lugar se aferró a los fuertes brazos que la envolvieron, y aunque cada movimiento que el hombre hacia le dolía, se aferró a él y no permitió que ni un solo sonido de dolor saliese de su boca.
Y entonces el frío de la noche la golpeó, junto con aire menos denso que entró como un golpe de vida a sus pulmones.
¡Estaba fuera del auto!
―¡Está perdiendo mucha sangre!
―¡Que hombre tan loco!
―¡Ahí viene la ambulancia!
―¡Aléjense del lugar!
La bulla de las voces comenzó a aturdirla, y a pesar del nuevo aire, comenzó a sentir que su conciencia se perdía.
Luego escuchó una explosión y una sirena.
Y algo suave en su espalda.
«Quiero... descansar...» pensó para sí, sin darse cuenta que ya estaba en una camilla siendo atendida en la parte de atrás de una ambulancia que se dirigía a toda velocidad al hospital más cercano.
«Duele... mucho...» por voluntad propia comenzó a dejar que su mente se escapase a una oscuridad que le aliviaba el dolor que sentía.
―¡SUS SIGNOS CAEN! ―alertó uno de los paramédicos, Charlotte encontró la bulla aún más molesta que el dolor que ya había disminuido mucho y decidió no luchar más.
«¿Para qué luchar más?»
―Oe, no vayas a rendirte ahora... ―la voz del hombre que la rescató se abrió paso en la oscuridad que la devoraba, y como si él comandase esa oscuridad, la hizo retroceder―. No me dirán héroe sino vuelves a abrir los ojos ―el dolor comenzó a llenarla de nuevo, quiso que la oscuridad la rodeara de nuevo pero sintió algo cálido en su mano― Lucha...
Y no supo por qué, pero decidió hacerlo.
Tal vez por la voz que le daba confianza.
Tal vez porque quería vivir bajo sus propias reglas.
Tal vez porque nunca había sido una cobarde.
Tal vez porque era demasiado orgullosa para perder contra esa maldición.
Luchó.
...Cuando despertó, una mano cálida sostenía la suya...
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Gracias por leer.
Sus reviews son sumamente apreciados.
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Aclaraciones:
Semáforo: Puse luz azul en lugar de verde porque así son en algunas partes de Japón, y por mucho tiempo al verde en Japón se le tomó como un tono de azul, así que por siglos, el color verde se le dijo "Ao" (Azul) y la palabra para verde no existía, hoy en día existe la palabra "Midori" (Verde) pero aún muchos siguen usando el primer nombre del color. En mi caso y valiéndome de esa curiosidad idiomática, quise usar el color azul para esa luz del semáforo para que combine con todo lo de la maldición de la rosa azul, porque así soy de obsesiva. Gracias por entender. Lol.
Rincón de la Autora:
Escogí el día 4 de la week:
Prompts: Familia Accidente
Se supone que se escoge solo uno en el día pero yo me fui por los dos porque así soy yo de especial. Lol.
Por allí está escondida mi OTP suprema que es de otro manga/anime, como pista diré que ese pastel de hadas no es la primera vez que aparece en mis fics. :x
¿Qué dicen? ¿Les gustó? ¿Da para más? ¿La maldición existe o no? ¿Se rompió o no?
Chan chan...
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Gracias por leer.
Adieu!
.o./
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