Este OS fue escrito para celebrar el cumpleaños de Harry Potter.
A continuación algunas advertencias:
- Omegaverse
- Post-Hogwarts
- Alfa! Harry Potter
- Omega!Draco Malfoy
- Tensión romántica no resuelta
El fanart que fue usado para la portada pertenece a la artista Waterlouper a quien pueden encontrar en su cuenta de Twitter e Instagram.
No me queda más que decir: ¡Feliz cumpleaños Harry! Eres una cosita hermosa y tierna, Te Amo, no me importa que siempre te insulten y no te valoren como mereces.
A pesar de que siempre se había caracterizado por respetar la privacidad de su hijo, entró a la habitación sin llamar. Narcissa era el tipo de madre que se preocupó por su bebé desde el momento en que lo tuvo por primera vez en sus brazos. Siempre estuvo pendiente de él y sufrió mucho cuando la guerra llegó, pues muchas veces sintió que no cumplió la promesa que se hizo a sí misma, la promesa de protegerlo pasara lo que pasara.
Y una vez más estaba en la misma situación.
En el momento en que entró a la habitación quedó abrumada. La imagen de su hijo demacrado, pálido como un muerto, también el aroma nauseabundo fue suficiente para que supiera que una vez más le había fallado a su pequeño.
Dejando lo reproches a su persona para después llamó a Lucius para que la ayudara a llevarlo al hospital de San Mungo.
Afortunadamente el mayor no tardó mucho en aparecer en el umbral de la puerta ─por su aspecto era obvio que él también había estado preocupado─ y al ver el estado en que se encontraba su hijo gruñó preocupado.
Draco se retorció sobre la cama mientras un gemido lastimero emergía de su boca.
— Déjame —susurró pidiéndole a su esposa que se hiciera a un lado y se centró en tomar a su hijo entre sus brazos antes de levantarlo con suma facilidad.
Narcissa estaba haciendo uso de todo su autocontrol para no echarse a llorar. Su pequeño, su bebé, parecía casi muerto.
— Vamos, Cissy —llamó Lucius ya saliendo de la habitación, la rubia lo siguió de inmediato y prácticamente corrieron hacia la chimenea, dónde ella tomó los polvos flu y exclamó suave y claro su destino.
En unos cuantos minutos ya se encontraban en el hospital, Lucius se dirigió lo más rápido que pudo a la recepción donde solicitó el servicio de urgencias.
— Por favor, mi hijo está muriendo ─exclamó importándole poco romper con su expresión impasible característica de su linaje.
La bruja recepcionista lo observó un par de segundos repasando su mirada desde el hombre mayor hasta el delgado rubio que yacía entre sus brazos. Al ver el rostro etéreo, sin expresión y sin vida del menor se apresuró a llamar al servicio de camilleros.
Lucius ni siquiera se dio cuenta cuando le arrebataron a su hijo de los brazos y lo llevaron al cuarto piso en el área de urgencias.
— Por favor —se apresuró un mago a interceptarlos cuando intentaron seguir a Draco—, esperen en la sala de espera, en cuanto el sanador encargado lo atienda saldrá a dar su informe.
No conformes, pero teniendo que apegarse a las reglas, asintieron.
Esta vez, Narcissa no pudo contenerse más y soltó un sonoro sollozo, su esposo se apresuró a abrazarla.
Harry estaba tomando el té en el quinto piso del hospital cuando su varita comenzó a vibrar indicándole que alguien había ingresado al área de urgencias.
Había tomado unos minutos de descanso, pero al ser el turno nocturno y al no haber mucho personal de guardia era común que solicitaran su servicio en momentos inoportunos. Sin siquiera sentirse frustrado, bajó al cuarto piso e ingresó al área de urgencias.
Una enfermera se apresuró a informarle lo que estaba ocurriendo.
— Omega, veintitantos años, complicaciones con cirugía de disolución de vínculo.
Harry entrecerró los ojos. Era bastante inusual una cirugía de disolución de vínculo, de hecho, contados sanadores en Europa eran capaces de llevar a cabo una cirugía de ese nivel de complejidad con éxito, y la gran mayoría de esa corta lista ya ni siquiera estaban vivos. Se preguntó quién sería capaz de atreverse a llevar a cabo un procedimiento tan delicado.
─ El sanador Harris se encuentra con él.
Asintió mientras su mente formulaba cuál podría ser la causa de que fallara el procedimiento. Tal vez el mago a cargo no había sido lo suficiente cuidadoso para lograr romper por completo el vínculo. Aunque la mayoría de los casos eran un total fracaso porque los omegas perdían mucha magia en el proceso.
— Gracias, Patrice —respondió antes de ingresar al lugar donde se encontraba el omega.
Al entrar a la habitación, el sanador Harris lo interceptó.
─ Se encuentra bastante inestable, honestamente no creo que sobreviva.
─ Eso ya lo veremos ─sentenció acercándose de inmediato al cuerpo postrado sobre la cama.
Soltó un jadeo ante la sorpresa que le provocó ver de quién se trataba.
No había visto una cabellera igual en su vida, ni siquiera la del padre se asemejaba. Su nariz afilada y sus largas pestañas, así como sus pómulos cincelados eran inconfundibles. Draco Malfoy era único en su persona, aunque cualquiera que no lo conociera lo suficiente habría dudado al ver su rostro etéreo y pálido sin esa expresión de malicia que solía tener en los años de colegio o su cabellera rubia, que antes era lo suficientemente corta como para solo tocar los bordes del inicio entre su cuello y su nuca, la cual ahora se extendía por la cama de hospital como largos y finos hilos de plata, y Harry de pronto sintió una gran tristeza al imaginar lo que había llevado a Malfoy a buscar romper el vínculo formado con quién sea que haya sido su pareja. Al fin y al cabo, su relación había mejorado considerablemente después de que terminara la guerra. Las ocasiones en que llegaban a encontrarse en la casa de Andrómeda Tonks y los juegos con Ted Lupin lograron que entablaran una relación un poco más amistosa; aunado al agradecimiento que Malfoy le dio justo después de su juicio y un poco de la atracción que Harry comenzó a sentir por el omega justo antes de que se mudara a Francia sin siquiera decir adiós.
Negando para sí mismo y dejando que tomara control de sí su profesionalismo se acercó al rubio y comenzó a inspeccionarlo para obtener un diagnóstico más certero.
Procedió a tomar con cuidado la cabeza de Malfoy y la giró levemente alcanzando a ver de esta forma lo que alguna vez fue una marca de vínculo. Los colmillos que deberían mancillar la piel ya no se pronunciaban, en su lugar se encontraba una deforme cicatriz muy parecida a una quemadura, la cual ni siquiera comenzaba a sanar.
Harry suspiró y se apresuró a solicitar algunas pociones.
Una vez la enfermera le hizo entrega de los viales y ungüentos procedió a suministrarlas.
Primero una para reducir la fiebre, ya que evidentemente Malfoy estaba ardiendo. Después, una para reducir el dolor en el área afectada y al final una poción para combatir la infección. Por último, cubrió el cuello del rubio con una crema especial para reducir el enrojecimiento y evitar que la infección continuara desarrollándose.
Ya satisfecho con su trabajo procedió a sacar su varita y comenzó a susurrar una serie de hechizos sobre Malfoy con la intención de buscar dentro de su vínculo.
Gimió frustrado al describir que el vínculo con la ex pareja del rubio aún permanecía, era casi imperceptible, pero allí estaba, como si se tratara de múltiples, finas y casi invisibles hebras de un hilo y solo una de ellas permaneciera arraigada al otro extremo. Eso era lo que sin duda había afectado el cuerpo de Malfoy y por lo que era tan delicado llevar a cabo una cirugía tan complicada como esa, ya que solo el dos por ciento de las cirugías resultaban cien por ciento exitosas.
— ¿Él... Va a estar bien? —cuestionó insegura la enfermera.
Harry asintió.
— Afortunadamente he logrado detectar que aún persiste un punto de unión con el alfa ─explicó dirigiéndose a ella y al otro sanador─. Solo tenemos que romper dicha unión y el paciente comenzará a recuperarse como debió ser desde el inicio.
El otro sanador se mostró altamente sorprendido.
─ ¿Estás seguro?
— Ya que tenemos un caso de disolución de vínculo de apareamiento incompleto —informó al otro sanador—, tendremos que completar el proceso o de lo contrario el paciente morirá.
— Pero eso es altamente peligroso y realmente difícil de llevar a cabo.
— Ya lo sé, por eso mismo no es una cirugía autorizada en el Reino Unido, pero tenemos que intentar, no voy a permitir que muera.
— ¿Al menos lo has intentado alguna vez?
Harry resopló. Por supuesto que no, durante sus años de estudio y los años posteriores únicamente aprendió al respecto desde un enfoque meramente teórico, pero tenía que intentarlo, ese era su deber como sanador, ¿no es así?
— No, pero he estudiado al respecto. Y tengo una ventaja —agregó antes de que su compañero volviera a refutar—, puedo detectar su vínculo, a pesar de que es bastante débil. Solo necesito un poco de tu ayuda para lograrlo.
— Bien, pero debes hablar con los padres.
Harry se puso rígido al escuchar aquello. Hace años que no tenía un enfrentamiento con Lucius Malfoy, no sabía que esperar del otro mago.
Anteponiendo sus pensamientos y sentimientos decidió salir en busca de los padres de Malfoy.
— Si no lo intentamos es seguro que Malfoy morirá —dijo sin titubear.
Las palabras lograron que de nuevo Narcissa se derrumbara, lógico, una noticia así es demasiado para una madre.
— Y si realiza el procedimiento… ¿Qué probabilidades tiene de sobrevivir? —cuestionó Lucius sin mostrar ningún tipo de expresión.
Harry exhaló con fuerza antes de contestar.
— No puedo asegurarle un cien por ciento de éxito, pero sí puedo asegurarle que haré todo lo que esté en mis manos para salvarlo.
Lucius asintió. Permaneció largo tiempo en silencio, Harry quería apresurarlo para que diera su consentimiento, pero no se sentía seguro de lograr persuadir al mago con más palabras, así que esperó por la respuesta.
— No lo sabíamos —jadeó de pronto el rubio—. Nunca nos lo dijo, nunca nos decía nada. Y de pronto, llegó por la tarde sintiéndose cansado, parecía enfermo, sabíamos que algo andaba mal, su aroma no era el de siempre, pero no logramos que confiara en nosotros. Nunca lo logramos, es nuestra culpa.
Aquella confesión logró que de pronto la apariencia de Lucius Malfoy se deteriorara significativamente. Ahora parecía un alfa mucho mayor de lo que realmente un hombre de su edad debería reflejar.
Por un momento, un minúsculo y casi insignificante momento, Harry se compadeció de él.
— Señor Malfoy —interrumpió el moreno eligiendo que los Malfoy resolvieran sus problemas en privado y no frente a él, no era un sanador de mentes, ¡por el amor a Merlín! —, le prometo que haré todo lo posible para salvar a Malfoy, solo firme la autorización.
Fue el momento en que Narcissa asintió y tomó los pergaminos que Harry traía entre sus manos. Se las ofreció a Lucius para que firmara su consentimiento.
— Gracias, Harry —dijo Narcissa antes de que volviera al área de urgencias.
Harry asintió brevemente e intentó sonreír, aunque en realidad su expresión se acercó más a una mueca.
— ¿Dijeron que sí? —cuestionó su compañero.
Harry asintió.
— Hagámoslo ahora mismo —indicó antes de ponerse a trabajar con su varita sobre el vínculo de Malfoy.
La cirugía para romper vínculos era un proceso bastante delicado de ejecutar. El mago encargado de romper con dicho vínculo debía hacer uso de una serie de hechizos enunciados uno tras otro sin perder el ritmo ni la intensidad de la magia suministrada dentro del paciente. Mientras tanto, era indispensable que otro mago o bruja ayudara a mantener el núcleo mágico del paciente estable.
Eso fue lo que hizo su colega mientras él comenzaba a recitar los hechizos.
Draco parpadeó repetidas veces tratando de acostumbrar su visión a la luz que irradiaba sobre él. No era muy luminosa, de hecho, era tenue, pero aun así lastimó su visión.
— ¿Cómo te sientes?
Escuchó una voz aguda y bastante familiar, aunque no supo identificar de quien se trataba. Era un alfa, en definitiva, el aroma a roble fresco lo delataba.
─ Co-co ─carraspeó─ cómo si ─su garganta estaba seca, la breve molestia provocó que hiciera una mueca y arrugara la nariz.
─ Toma, bebe un poco de agua.
Y ese fue el momento, el alfa se acercó con un vaso con agua, tenía toda la intención de acercarlo a sus labios.
Draco solo atinó a jadear cuando en su campo de visión apareció Harry Potter. Su cabello desalineado, esa cicatriz que atravesaba su ceja y ojo derecho, sus gafas anticuadas y esos brillantes ojos verdes no podían pertenecer a otro ser más que a Potter.
─ Po-po-po ─¡otra vez su estúpida garganta le impedía hablar!
─ Bebe un poco de agua.
Y así lo hizo una vez Potter levantó suavemente su cabeza y acercó el borde del vaso a sus labios, empinándolo suavemente conforme Draco bebía.
Demostró que estaba más sediento de lo esperado cuando Harry tuvo que volver a llenar el vaso.
─ ¿Qué tal ahora? ─cuestionó Potter.
─ Me siento como si un hipogrifo me hubiera golpeado.
Harry no pudo evitar reír.
─ ¿Qué es tan gracioso?
Harry negó y volvió a ponerse serio. No le iba a decir que recordó su tercer año en Hogwarts y a Buckbeak haciendo precisamente eso.
─ Es normal que te sientas así, después de lo que pasaste es todo un milagro.
─ ¿Qué es lo que me pasó? ─cuestionó arrugando el entrecejo, no comprendía a qué se refería Potter. Miró a su alrededor, dándose cuenta al fin que se encontraba en una habitación de hospital, en San Mungo, específicamente.
─ ¿Acaso no lo recuerdas? ─Malfoy negó, Harry suspiró, ¿cómo resumirlo sin que sonara tan malo? Tal vez sería mejor llamar a los señores Malfoy─. Hace dos días fuiste ingresado al área de urgencia…
─ ¡¿Hace dos días?! ─exclamó conmocionado.
Harry asintió, instintivamente llevó la palma de su mano a la nuca y comenzó a frotar su cabeza. Draco pensó que Potter continuaba conservando algunas manías de la juventud, era lo mismo que siempre hacía en Hogwarts, cuando se sentía frustrado por alguna razón, lo que no comprendía es porqué se sentía frustrado ahora… ¡oh! Posiblemente porque estaba hablando con él, aunque… los recuerdos de Potter conversando tranquilamente con él mientras vigilaban a Teddy que jugaba no muy alejado de ellos los hizo aterrizar.
─ Si, Malfoy… creo que será mejor que llame a tus padres. Es necesario que hable con los tres, pero para eso es importante que recuerdes primero.
Antes de que Draco pudiera decir algo al respecto Potter salió de la habitación.
Ahora era él quien se sentía frustrado, y sí, era gracias a Potter y esa actitud misteriosa.
No estuvo mucho tiempo solo con su frustración, en unos cuantos minutos Lucius y Narcissa ingresaron a la habitación. Su madre, importándole poco las etiquetas, se abalanzó sobre él y besó su frente y mejillas susurrando entre cada beso lo agradecida que estaba con la vida por permitir que su bebé viviera. El aroma a eucalipto de su madre lo envolvió inmediatamente logrando que así se sintiera más seguro y relajado.
Por otro lado, Lucius permaneció de pie, impasible, observando con atención el intercambio de afecto entre sus familiares.
─ Ahora que Malfoy ha despertado es necesario que hable con ustedes.
Los tres rubios centraron su atención en él. Harry no pudo evitar sentirse un poco amedrentado, pero rápidamente recuperó la compostura y levantando solo un poquito el mentón, continuó hablando.
─ Malfoy, me has dicho que no recuerdas la razón por la que estás aquí, así que les pediré por favor, señores Malfoy, que hablen con Draco. Saldré un momento. Avísenme cuando estén listos.
─ ¿Qué me pasó? ─cuestionó una vez Potter se había retirado.
Narcissa lo abrazó y besó gentilmente. Lucius caminó hasta la cama y se sentó a la altura de sus pies. Posó cautelosamente su mano fría en su pierna y la apretó con suavidad.
─ Potter nos informó que rompiste tu vínculo con un Moreau ─era la primera vez que su padre llamaba al hombre por su apellido, usualmente lo llamaba Simon, y se sintió aliviado, eso quería decir que de cierta manera su padre lo apoyaba. A su vez, la mención de aquello hizo que recordara su marca de vinculo rota, instintivamente se llevó la mano a la parte trasera del cuello.
─ Lo hice ─susurró mirando con mucha atención su regazo.
─ ¿Por qué? ─cuestionó Narcissa, su tono no sonaba exigente, ella claramente no estaba haciendo un reclamo, en su lugar estaba intentando saber las razones que llevarían a su hijo a poner su propia vida en peligro.
─ Vincularme con ese idiota fue un terrible error.
Al comenzar a recordar la razón que lo había llevado a tomar tal decisión sintió que su sangre comenzaba a bullir y sus entrañas se retorcían de furia.
Por su parte, sus padres esperaron, permitiendo que se tomara su tiempo para decidir contarles el resto de la historia.
─ No llevábamos ni un año vinculados cuando mordió a otro omega.
Lucius apretó con fuerza su bastón, la furia interna que emergió al saber que ese intento de alfa se había vinculado con otro omega le hizo ver rojo.
─ Ese horrible hombre ─se escuchó el susurro de Narcissa.
Para la sociedad mágica inglesa no estaba bien visto que un alfa se vinculara con más de un omega. Si llegaban a hacerlo siempre era porque la relación anterior estaba terminada y en acuerdo mutuo con la primera pareja decidirían separarse. Por supuesto, el omega quedaría toda su vida vinculado al alfa, sufriría bastante durante sus celos anhelando a su pareja, pero sobreviviría. No obstante, para la sociedad francesa y otras cuantas sociedades de Europa, no había inconvenientes.
─ Me dijo que lo había intentado, que en serio deseaba estar únicamente conmigo, pero que un alfa no puede pelear contra sus instintos, esa no es su naturaleza y que no podía continuar consintiendo mis caprichos. Fue así que tomé la decisión de dejarlo. Sin embargo, no quería sufrir más de lo necesario por su culpa, así que contacté con un sanador que aseguraba saber cómo romper los vínculos de unión. Sabía que prácticamente era imposible que lo lograra, pero mi instinto de supervivencia se había esfumado y lo único que deseaba era dejar de sentir.
«Así que fui con él y después de salir de la cirugía y que me dijera que todo estaba bien, decidí ir a la mansión ¿a dónde más podía ir si no tenía otro lugar donde estar?
Narcissa lo abrazó con fuerza y besó su sien. Esta vez Draco le acarició el brazo para hacerle saber que estaba agradecido con ella por su comprensión.
─ ¿Por qué no nos dijiste nada? ─esta vez fue Lucius quien lo cuestionó.
Él no quería decirlo en un inicio, no había deseado preocupar a sus padres, pero al final hizo eso y más. La culpa inundó su corazón y tuvo fuertes ganas de llorar, pero debía ser fuerte, no quería angustiar más a aquellos que amaba.
─ Quería demostrar que puedo hacer las cosas por mi cuenta y no quería ser una decepción para ti.
─ Draco, jamás serías una decepción para mí ─al ver la expresión de incredulidad en su hijo agregó─, sé que lo dije muchas veces, antes, cuando, cuando el Señor Oscuro nublaba mi mente, pero te amo y te juro que nunca me has decepcionado.
─ Llamemos al sanador Potter ¿sí? ─dijo de pronto la rubia con una sonrisa─. Él te informará con más detalle tu situación médica.
Una vez que Draco asintió Narcissa corrió a llamar al mago.
─ Malfoy, entiende, necesito que denuncies al charlatán que te convenció para disolver el vínculo de unión. No es por mero capricho, es importante, este hombre está poniendo en peligro las vidas de muchas personas, que, como tú, buscan ayuda.
Draco resopló.
Después de que Potter volviera a la habitación, le había explicado que su vínculo no había sido disuelto, solo se había roto un poco, la razón por la que comenzara a sentirse mal una vez llegara a la mansión Malfoy, después le explicó que había sido afortunado, pues él, con ayuda de sus colegas, habían logrado eliminar el vínculo por completo y luego le había pedido que levantara una denuncia contra el sanador que le había realizado la cirugía. Se había negado a delatarlo porque tenía miedo de lo que pudiera pasar. Tanto sus padres como él aun no estaban en buenos términos con el Ministerio, un escándalo como ese seguramente sería todo un banquete para la sociedad mágica inglesa y por supuesto, las autoridades los ignorarían. Después de todo eran simplemente los Malfoy, nada de qué preocuparse.
Potter tenía razón, pero...
─ ¿Qué pasa si la denuncia no procede? Ya no solo seremos la familia de indeseables, ahora seré el hazme reír de toda Inglaterra, el idiota que no logró que su pareja se mantuviera monógamo.
─ No es tu culpa, Draco, lo sabes ─intervino Lucius─. Ningún idiota tiene el derecho de burlarse por algo así.
─ ¡Pero soy Draco Malfoy! ─exclamó molesto.
─ ¿Vale algo que te diga que yo me aseguraré que se haga justicia?
Draco observó a Potter mientras parpadeaba continuamente.
Aquella mirada fija en su persona hizo que Potter se sintiera inseguro.
─ Lo siento, yo solo… no quiero que esto quede impune.
─ Por favor, Draco. Escucha al sanador Potter ─suplicó su madre. Y eso fue suficiente para que aceptara.
─ Es un sanador que vive en Francia.
Harry sonrió.
─ Gracias, Malfoy. Ahora hablemos de tu recuperación…
Harry estaba nervioso.
Desde que Malfoy había sido dado de alta no había podido dejar de pensar en él. se preguntaba a cada momento qué estaría haciendo, si se encontraría bien, si estaría descansando tal como él se lo había indicado. Toda la semana estuvo diciéndose a sí mismo que iría a visitarlo, pero siempre que se sentía completamente decidido, su valentía se quedaba en ceros y terminaba por no hacerlo.
Es que… ¿qué le diría?
Malfoy, he venido a ver cómo estás.
Malfoy, estaba por el vecindario y pasé a ver cómo te encuentras.
¿A qué jodido vecindario se refería?
Malfoy, como tu sanador es indispensable que pase cada cierto tiempo a realizarte un chequeo.
No, eso parecía tener intensiones indecorosas.
Malfoy, yo sé que me odias, ya no tanto, tal vez, y bueno… he estado preocupado por ti…
¡Maldición! Era un asco.
─ ¿Por qué no solo apareces con un ramo de rosas rojas? Malfoy hará el resto.
─ ¡Ron! ─reprendió Hermione─. Harry está confiando en nosotros y tú sales con tus chistes de mal gusto.
Eso pasó días después, cuando Harry tuvo que acudir a sus amigos para pedir un consejo.
Hermione liberó sus feromonas calmantes, aroma a lavanda, para ayudar al moreno a relajarse.
─ Solo ve y dile que querías ver cómo se encuentra ─exhaló Ron.
─ O podrías hablarle de la denuncia ─refutó Hermione ignorando al pelirrojo a propósito─. Dijiste que el sanador responsable ya ha sido detenido y pronto le será dictada su sentencia ¿verdad? ─Harry asintió─. Entonces ve e infórmale eso. Por supuesto, es un pretexto, pero Malfoy no tiene que saberlo.
Y así lo hizo Harry. Al día siguiente apareció en la mansión Malfoy. Un elfo doméstico lo hizo esperar en el salón del ala sur. Y no pasó mucho tiempo antes de que la señora Malfoy apareciera para recibirlo.
Con una gran sonrisa lo saludó y después hizo que lo siquiera hasta la habitación de Malfoy, lugar donde el joven omega descansaba.
─ Draco, el sanador Potter ha venido a ver cómo te encuentras ─anunció antes de abrir la puerta de la habitación.
─ Harry, llámeme Harry solamente ─comentó el aludido mientras ingresaban.
Ella simplemente sonrió.
En el momento en que Harry entró a la habitación fue recibido por un agradable y delicioso aroma a manzanas verdes. Era el aroma de Draco. Fresco y dulce, como el de cualquier omega joven en edad fértil.
Inhaló profundamente sin poder evitarlo, aunque al segundo siguiente se sonrojó avergonzado, pendiente de que alguno de los dos rubios le hubieran descubierto. Afortunadamente no fue así.
─ ¡Potter! ─fue el saludo del rubio.
Harry se apresuró a acercarse a la cama.
─ Ehhh ─divagó─ yo quise venir a decirte que el sanador responsable de que casi murieras ya ha sido detenido y pronto recibirá su sentencia.
Malfoy lo miró con atención.
─ Los dejaré solos ─anunció Narcissa ya saliendo de la habitación.
─ Si, recibí una carta esta mañana de parte del jefe del departamento de seguridad mágica donde me informaba todo a detalle.
Harry se sintió patético, ¿qué más decir? Por primera vez Hermione no había acertado.
─ No debiste molestarte para venir hasta aquí a informarlo, seguro tienes cosas más importantes qué hacer.
El moreno se apresuró a negar con la cabeza.
─ No es ninguna molestia, además quería saber cómo te encuentras, cómo te has sentido.
Simplemente balbuceó las palabras, afortunadamente Malfoy las comprendió a la perfección.
─ Estoy bien, Potter. Afortunadamente el vínculo ha sido disuelto por completo y el descanso junto con las pociones que me recetaste me han hecho bien.
De pronto, Malfoy inclinó la cabeza y miró por detrás de Potter.
─ ¿Qué es eso? ─cuestionó con curiosidad.
Harry se golpeó la cabeza internamente, había olvidado que llevaba entre las manos un estúpido ramo de margaritas. No lo había pensado al inicio, pero ahora le parecía completamente tonto haber traído flores para Malfoy… ¡Para Malfoy!
─ Solo son margaritas ─dijo intentando parecer indiferente, a pesar de que era seguro que el rubio se burlaría de él─. Flores muggles.
─ ¿Son para mí? ─cuestionó Draco con una ceja arqueada. Inspeccionando desde la lejanía aquellas pequeñas y tiernas florecitas blancas.
─ Ehh ─dile que no, que son para alguien más, eso dijo su cerebro, pero su boca… ─ Si.
— Gracias, Potter —por primera vez Malfoy sonrió y le sonrió a él, a Harry Potter, su enemigo jurado por siete años. Sin poder hacer nada para evitarlo, su corazón se estremeció y su ser por completo sintió que un calor placentero lo envolvía. El recuerdo de aquella atracción que sintió por el rubio cinco años atrás se hizo presente provocando que su corazón comenzara a palpitar como loco.
— No tienes nada que agradecer, Malfoy.
Fue lo que se le ocurrió responder.
─ Haré que un elfo doméstico las ponga en un florero.
Harry asintió sonriendo. Tampoco pudo evitar que sus labios se curvaran por iniciativa propia.
─ Ya, ya tengo que irme.
Malfoy lo despidió con otro agradecimiento.
Los días posteriores Potter volvió a la mansión, siempre con el pretexto de ver cómo iba su salud.
Al principio, para Draco las visitas solo significaban la preocupación de su instinto de héroe de todo ser desvalido. Pero poco a poco y después de todos esos pequeños ramos de flores llamadas margaritas comprendió que había algo más. Aunque no quería pensar en eso, no hace mucho había salido de una relación fallida y no se sentía listo para aventurarse con un nuevo romance. Mucho menos si se trataba de Potter, quien posiblemente solo estaba interesado en él porque lo veía como una pobre víctima de las circunstancias, el pobre omega abandonado por su alfa.
No, no y no.
Draco necesitaba que Potter volviera a sus cinco sentidos.
─ Es obvio que Potter te ama ─mencionó Blaise mientras veía como el rubio arreglaba las plantas del jardín. El moreno había vuelto de su viaje a China hace un par de días y ahora se había pasado por la mansión para enterarse sobre todos los acontecimientos de los últimos meses, o lo que es igual, quería saber qué había pasado entre Draco y su ex pareja.
A su vez, desde el día en que fuera ingresado a San Mungo habían pasado más de cuatro meses, para esas alturas ya se encontraba completamente bien. De hecho, el tiempo estimado para que un omega se recuperara después de romper el vínculo de unión era de tres meses. Sin embargo, Potter aun aparecía de vez en cuando por la mansión con su respectivo ramo de margaritas y le preguntaba a Draco cómo se encontraba.
─ Simon también me amaba y mira en qué terminó todo.
─ Si, pero Simon no es Harry Potter, Simon no te miraba como lo hacía Potter en las cenas con la tía Andy y tampoco se preocupaba por ti como evidentemente lo hace Potter.
─ ¿En serio, Blaise? ¿Quieres a Potter cómo tu nuevo cuñado?
Él se encogió de hombros mientras observaba al rubio enterrar una palita en la tierra comenzando a removerla con suavidad.
─ ¿Por qué no?
─ No estoy seguro de que sea lo correcto ─respondió mientras negaba con la cabeza, su amigo estaba diciendo sandeces, él definitivamente no estaba bien de la cabeza.
Blaise resopló. Así que Draco dejó lo que estaba haciendo, se puso de pie y caminó hasta una de las bancas del jardín para tomar asiento.
─ Sé que es difícil para ti. Hace tan poco tiempo que has terminado tu relación con el doxy francés que no sería sano apresurar las cosas, pero tampoco debes cerrarte por completo. Tu primera relación formal no funcionó, pero eso no quiere decir que la siguiente será un desastre.
─ ¿Por qué no? Es de Potter de quien estamos hablando.
─ Precisamente por eso ─argumentó─, Potter está apegado a la costumbre inglesa, jamás se emparejaría con un segundo omega y aunque pudiera, no lo haría, es un Gryffindor, romper promesas y herir a los seres que ama no está dentro de su valores.
─ Pero Potter me odió, fui terrible con él en el colegio, hice cosas horribles…
Sin embargo, no habló de los días que convivieron después de que terminara la guerra. No quiso decir abiertamente que la primera vez que se dio cuenta que Potter se estaba fijando en él salió huyendo del país como un maldito cobarde.
─ Sin embargo ahora te ama, ese hecho lo cambia todo.
Draco volvió a su posición anterior con la intensión de comenzar a podar las plantas, pero no lo hizo, en su lugar se sentó sobre el césped. La verdad es que, tal como la primera vez, no se sentía listo para aceptar los sentimientos de Potter, no sabía si alguna vez lo estaría, y no era porque continuara enamorado de su ex pareja, de hecho, hace tiempo que había dejado de amarlo, pero Potter era todo lo contrario a él, un ser correcto, fuerte, audaz, valiente. No obstante, su cabeza comenzaba a dolerle de tanto pensar y pensar que tampoco deseaba rechazarlo, el mago lo había ayudado tanto desde que lo salvó del fuego maldito, de cierta manera esos pequeños detalles le habían hecho desear algo más. Por eso, quería darle una oportunidad, pero no sabía cómo.
Si, se había enamorado. Ya no podía negarlo más.
Amaba su aroma dulce y fresco, su sonrisa maliciosa, sus intensos ojos grises, su cabello suave y platinado, su voz siseante y aguda, su actitud altanera y un tanto caprichosa. Ese era Draco Malfoy, el mismo idiota exasperante que le había hecho la vida imposible en Hogwarts. Esa era su forma de ser, la misma que alguna vez le había parecido horrible, ahora le parecía divina, maravillosa y encantadora.
Pero sabía, y entendía, que Malfoy, no, que Draco acababa de romper con una persona a la que amaba, por supuesto que no iba a corresponder a sus sentimientos de la noche a la mañana, mucho menos cuando él era Harry Potter, el mismo que le lanzó un sectumsempra y casi asesinándolo en el proceso.
"Espera, deja que pase el tiempo" había dicho Hermione.
"Eso sí, no dejes de acosarlo con tus flores muggles", había agregado Ron.
Comenzó a reír al recordar las palabras de sus amigos.
─ ¿Listo para tu fiesta de cumpleaños? ─cuestionó Hermione al verlo atravesar la chimenea de la madriguera.
Harry se encogió de hombros.
─ Faltan dos días.
─ Por eso Molly decidió adelantarla.
Si, era domingo, el día en que podría celebrar su cumpleaños número treinta y uno junto con todos sus seres querido, bueno, casi todos.
Narcissa besó la sien de Draco.
— ¿En qué estás pensando?
Draco se sonrojó furiosamente. Titubeó por unos segundos, pensando si era pertinente decirle a su madre lo que tenía en mente. Sin embargo, después de valorarlo a profundidad decidió que era propicio hacerlo, después de todo si le ocultaba la verdad ella se daría cuenta que estaba mintiendo y si no se lo decía ella insistirá hasta que lo hiciera.
— Quiero... Me gustaría obsequiarle algo a Potter. Ya sabes, como agradecimiento. Recordé que pronto será su cumpleaños y pensé que sería un buen momento para hacerlo.
Narcissa sonrió.
─ Sin embargo, no estoy seguro de qué sería adecuado. Quiero obsequiarle algo que le guste, pero que también sepa que es especia… es decir, un agradecimiento sincero.
Narcissa no dijo nada, pero entendió la implicación profunda de las palabras.
─ ¿Que tal algo que hagas tú mismo?
Draco se quedó pensando por lo que parecieron eternos minutos. De pronto volteó a ver a su madre con una gran sonrisa, besó su mejilla y exclamó:
─ ¡Madre, eres una genialidad!
─ Ya lo sé ─dijo ella como si se tratara de cualquier cosa.
─ Tengo mucho que hacer, el cumpleaños de Potter es mañana…
Y salió corriendo rumbo a la planta baja de la mansión.
Potter
Te escribo
No, sonaba bastante mal.
Potter,
Espero que te encuentres bien
Si, eso sonaba formal, pero no tanto.
Ya que hoy es tu cumpleaños
No, no, eso tampoco.
─ Solo dile que venga.
Draco desvió la vista del pergamino y miró a su padre, quien yacía de pie en el dintel de la puerta de su despacho.
─ ¿A quién? ─cuestionó inseguro.
─ A Potter, por supuesto. Escríbele que venga y cuando esté aquí habla de su cumpleaños, agradécele y todo eso que planeas hacer.
─ Yo… si, eso haré.
Garabateó rápidamente un mensaje, lo colocó en la pata de la lechuza familiar y salió apresurado del despacho de su padre con la lechuza en el brazo.
Potter estaba esperando en el salón del ala sur de la mansión. Si, ese que estaba destinado para las visitas. Draco lo observó por un espejo especialmente diseñado para que los dueños de las casas pudieran espiar a las visitas antes de recibirlas.
Comprobó rápidamente su aspecto, no es que quisiera verse bien frente a Potter, era solo que un Malfoy siempre debe verse perfecto.
Observó su camiseta y pantalón muggle ─desde que se mudó a Francia había comenzado a usar ropa muggle pues descubrió que era bastante cómoda─, ambas prendas contrastaban perfectamente con su piel pálida. A gusto con su apariencia fue directamente hacia el salón.
Harry estaba dando vueltas por el salón como un león enjaulado, preguntándose una y otra vez si habría hecho algo malo. Si Draco estaba molesto con él o si se había dado cuenta al fin de su enamoramiento y quería cortar toda relación que pudo comenzar a surgir.
Sentía la boca seca. Sentía que su estómago se retorcía y tenía muchas ganas de vomitar.
Estaba comenzando a entrar en pánico cuando el dulce y refrescante aroma de manzanas verdes le anunció que Draco había entrado al salón.
Rápidamente giró sobre sus talones y soltó un jadeo sorprendido cuando vio que el rubio caminaba directamente hacia él, tenía un gesto severo, pero el pastel que llevaba entre las manos le indicó que no tenía nada de qué preocuparse, este era su momento. Se veía hermoso con su largo cabello atado en una coleta alta y a pesar de que su ropa no era ni un poco elegante el mismo rubio podía lograr que ese simple conjunto se viera perfecto en su persona.
Draco se detuvo lo suficientemente cerca como para permitir que el pastel quedara entre ambos cuerpos y habló suave y firmemente:
— Feliz cumpleaños, Potter, o lo que sea —y sus ojos grises se desviaron a algún punto por detrás de Harry.
Mientras tanto, el moreno no pudo más que pensar que el momento fue sumamente adorable.
— Yo —Draco estaba sumamente nervioso, ahora mismo es cuando se cuestionaba si su idea realmente había sido buena—, yo... He... Sé que tienes que ir a trabajar. Pero quería agradecerte y bueno, se me ocurrió que esto te gustaría.
— ¡¿Tú lo hiciste?! —expresó emocionado. El Omega asintió, su mirada aún seguía fija en otro punto lejano.
Harry sonrió, estaba feliz al imaginarse a Draco Malfoy horneado un pastel PARA ÉL, era increíble, Draco había pensado en él. Sin embargo, inconveniente o convenientemente —dependiendo del enfoque desde el que se mire—, su imaginación fue más allá de solo imaginar a Draco horneado un pastel como lo haría cualquier otro ser humano y en su cabeza de pronto se visualizó la imagen de un hermoso rubio concentrado en leer un recetario, mientras sostenía un batidor el cual tocaba sutilmente su mentón y no solo eso, al mirar hacia abajo se podía observar claramente que Draco no llevaba puesto más que un mandil, un mandil rosa con encaje.
¡Qué deliciosa y encantadora imagen!
— ¿Potter?
Y parpadeó repetidas veces para salir de su ensimismamiento
— Gracias, Dra... Malfoy. En general los pasteles me encantan así que...
— Draco, puedes llamarme Draco —corrigió tratando de parecer indiferente—. Si los pasteles te gustan estoy seguro que quedarás maravillado con este. No es solo porque yo lo haya hecho, es que bueno, ya sabes, soy muy hábil con el arte de las pociones y cocinar es algo bastante parecido.
Si, lo dijo de una manera muy confiada, aunque en el fondo estaba recordando que casi incendió la cocina y su madre, junto con algunos elfos domésticos tuvieron que intervenir para instruirlo en las artes culinarias. Pero eso no se lo mencionaría a Potter. Y mucho menos que se la pasó toda la noche y parte de la mañana horneando pasteles hasta que estuvo satisfecho con los resultados.
— Estoy seguro de que así será —respondió el moreno con una gran sonrisa, saboreando la autorización del rubio para llamarlo por su nombre de pila en su cabeza una y otra vez─, Draco.
El rubio no anticipó que su nombre en la boca del alfa lo haría sonrojar y que ese nerviosismo casi extinto regresaría con mayor fuerza.
— ¿Aceptaste salir con Potter? —Pansy, su amiga de la infancia se había presentado en la mansión para hacerle una visita. No hace mucho se había enterado que el rubio ya no vivía con el tipo francés y en cuanto tuvo un momento libre no dudó en ir a buscarlo. Por supuesto, ella no estuvo de acuerdo cuando decidió vincularse con Simon, le parecía demasiado idiota, pero aun así lo había apoyado. Ahora, al saber que se había separado y estaba vivo sin su vínculo pasado, se veía muy feliz.
— Si, digo, ¿por qué no?
A pesar de conocer, lo sutilmente que interfirió la señora Narcissa para que Draco aceptara a Potter, todavía se veía impresionada, como si realmente no esperara que Draco considerara la posibilidad de iniciar una relación con el alfa.
— No digo que tenga algo de malo —se apresuró a aclarar—, es solo que hace algunos años estabas muy dispuesto a cortar toda posible relación con él, incluso huiste cuando te diste cuenta de que te miraba con ojos de crup abandonado, y ahora te noto muy decidido. ¿Puedo saber a qué se debe?
Asintió con la cabeza antes de continuar explicando.
— Sé que me arrepentiré de esto justo después de decirlo, pero aquí voy... Potter es agradable, es amable, honesto, divertido y me gusta que me trate como una persona especial. Además, tiene un aroma muy agradable, cada vez que está en la misma habitación que yo, no puedo evitar inhalar su aroma y disfrutar de su frescura.
Pansy sonrió.
— De hecho, estoy seguro de que puedo llegar a enamorarme de Potter —dijo con una sonrisa.
Pansy solo puso los ojos en blanco.
─ Ya te estabas tardando ─fue su única respuesta.
¡Gracias por leer!
