15 años – Desmayo

–¡No pienso soportarlo más!

Se levantó furiosa de la silla, arrojando sin cuidado los libros que desde hacía días intentaba leer sin verdadero éxito. Bajó las escaleras pisando con toda la fuerza que las mullidas pantuflas con motivo de calaveras le permitieron ejercer sobre el suelo, y sin importarle que el ligero conjunto de seda negro que llevaba le cubriera a penas la piel, azotó la puerta del garaje y caminó hasta el fondo del mismo; directamente hasta donde se encontraba su hermana, lo que provocó miradas curiosas que se clavaron con atención sobre ella de inmediato.

Se cruzó de brazos mirándola a los ojos con seriedad en silencio, hasta lograr que la rubia finalmente se rindiera de su patético intento por ignorarla. Kayle la tomó de la muñeca arrastrándola con fastidio hasta una esquina oscura donde pudieran tener algo más de privacidad, intuyendo el regaño que le esperaba.

Morgana se tomó un momento para apreciar mejor lo que pasaba a su alrededor, empezando por el olor nauseabundo mezcla entre alcohol, cigarro y alguna otra sustancia desconocida que prefirió no identificar. Cerca de la entrada un par de chicos perdieron el interés en su presencia, volviendo a concentrarse en lo que parecía una ardua competencia de escupitajos; el barbudo de larga cabellera rosa inclinó exageradamente su cuerpo expulsando el proyectil de manera tan efectiva que su corpulento compañero, que llevaba un ridículo sombrero de copa, solo pudo bajar la cabeza aceptando la derrota con tristeza.

–¿Vas a decir algo? me están esperando –preguntó con altanería, imitando la posición de brazos de la pelinegra, mientras apuntaba con la cabeza hacia el sitio donde se encontraba hace un momento.

Recostado del capó del auto de su madre, un borracho, que aparentaba ser mucho mayor que el resto, alternaba entre dar largos tragos a su botella de Jarvan Walker y coquetear con una chica pelirroja, de curvas exageradas para ser una adolescente, que evitaba con sutileza los acercamientos girándose de vez en cuando hacia ellas buscando atraer de nuevo a Kayle con la mirada.

–A demás, ¿qué haces aquí desnuda? –recriminó, examinándola de pies a cabeza con una intensidad que revelaba el estado de embriaguez en el que se encontraba.

–Y eso que, ¿te molesta que tus amigos me vean así? –le enarcó una ceja con reproche– ¿acaso alguno de ellos sabe lo que es llevar camiseta?

–Mira, nuestro "parecido"es evidente por lo que preferiría que evitaras revelarles esa información sobre mí –se acercó hacia ella juguetonamente, cubriéndola con su cuerpo de cualquier posible mirada indiscreta.

–¡Suéltame! –la empujó– ya veo que prefieres guardar esa información para un mejor momento –bufó molesta, haciendo referencia a la chica de antes, quien desde la distancia no dejaba de interesarse por la conversación que mantenían.

–Awww –pellizcó sus mejillas siendo de nuevo apartada de un golpe– ¡Sona puso celosa a mi hermanita! –se burló de ella sonriéndole ampliamente–

–Idiota… –rodó los ojos, suspirando de cansancio– ¡ya te gustaría tener este cuerpo! –le picó, haciendo referencia a las claras diferencias de complexión entre ellas a pesar de ser gemelas.

–¡Tienes razón! –la tomó de la cintura atrayéndola con fuerza para hablarle directamente al oído –no hay nada que desee más en este mundo, ¿podrías permitírmelo algún día? –mordió ligeramente el lóbulo de su oreja, aprovechando el desconcierto de la pelinegra quien tardó unos segundos en apartarla, respirando agitada.

–¡Apestas a alcohol! –le gritó, sintiéndose abrumada por aquella pérdida de control tan increíblemente inusual por parte de su hermana– lo único que quiero es al menos poder estudiar tranquila una noche, ¿tienen que ensayar todos los días? –su tono molesto se hizo ligeramente suplicante– ¡Nuestra habitación queda justo encima Kayle!

–No veo para que tanto estudio si ni siquiera hemos comenzado –borró la sonrisa en cuanto su hermana había empezado a sermonearla– ensayo todos los días porque cuando nos vayamos quien sabe cuándo podré volver a hacerlo, viviremos en una región completamente nueva, ¿sabes?

–Lo sé, por eso quiero prepararme, ¿no te da ni un poco de ansiedad todo eso de la logia?

–Aff, ya eres puras quejas y preocupaciones ¡alguien se está volviendo cada vez más una adorable mini copia de papá!

–Púdrete.

La actitud prepotente y despreocupada que Kayle mostraba esa noche era algo a lo que no estaba acostumbrada, por lo que no tuvo la menor idea de cómo manejar la situación. Entró de nuevo a la casa a través de la puerta que la conectaba al garaje, sintiéndose frustrada de no haber logrado nada. El heavy metal empezó a salir todavía más fuerte de las cornetas adaptadas a las paredes de aquel sitio, lo que hizo retumbar los vidrios de la sala amenazando con romperlos en cualquier momento. «Pero por supuesto mamá no hará nada para detenerla» pensó mientras caminaba con prisa a través del pasillo, tan ensimismada en su amargura, que no se percató del chico que salía del baño distraído. Lo embistió con tal fuerza que, de no ser por su gran tamaño, lo habría arrojado al piso sin ninguna dificultad.

–Lo siento…. –Mordekaiser la miró embelesado, tuvo reflejos rápidos para sostenerla entre sus fuertes brazos evitando así que cayera hacia atrás luego de impactar contra él, pero con pesar tuvo que soltarla. La mirada oculta tras su característico casco se iluminó por tan solo tenerla cerca, se sentía agradecido de no haber bebido demasiado a sabiendas de que la chica gótica era muy quisquillosa con los olores, por lo que desde ya hacía un tiempo se había desarrollado en él la manía de cuidar el suyo con regularidad, procurando estar siempre perfumado y aseado para ella.

–Fue mi culpa, estaba distraída.

Aquello no era extraño en Morgana, quien solía ignorar bastante de lo que pasaba a su alrededor, con frecuencia llevándole a tomar decisiones un tanto desafortunadas que no consideraban los evidentes pensamientos o deseos de los demás. El chico frente a ella le pareció atractivo, no solía fijarse demasiado en ninguno de los tontos amigos de su hermana, sin embargo, luego de examinarlo un poco, decidió que podría divertirse esa noche en lugar de simplemente ir a su cuarto a dar vueltas en la cama sin poder dormir.

«¿Querrá lo mismo que yo?», caminó con calma hacia el baño del cual él acababa de salir, rozando su brazo suavemente con premeditación mientras lo miraba de reojo, sonriendo con malicia al pasar por su lado, para luego perderse de su vista sin cerrar la puerta tras ella. «Bueno, eso parece ser un sí», le sonrió más descaradamente cuando lo vio asomarse a través del marco de la puerta y se recostó de espaldas a la pared invitándolo a acercarse más.

Él lo hizo, caminó aletargado como si un delicioso hechizo estuviese dictando sus movimientos. Al tenerla en frente, la tomó con extrema delicadeza de la suave tela negra que cubría sus costillas, notando al momento que las manos le temblaban sudorosas por estar demasiado nervioso y sin saber realmente lo que estaba haciendo. Los blancos dedos delgados de la chica, que se apoyaron sobre su ancho pecho, le dieron la confianza que necesitaba para acercarse aún más, rozando con suavidad sus labios contra los suyos.

«¿Cómo no lo noté antes?, huele muy bien para ser un bruto y también es guapo» Morgana se acomodó mejor disfrutando del suave beso, notó que el chico alejó a propósito sus caderas de ella, teniendo la intención de ocultarle la excitación que se hacía evidente en su cuerpo; limitándose a besarla mientras acariciaba su delicado rostro como si se le fuera la vida en ello. «Tampoco es tosco a pesar de ser tan grande, me alegra que actúe así, no quiero que piense que iremos más allá de solo unos besos». Abrió un poco más la boca invitándolo a tomar su lengua, lo que aceleró el ritmo del beso. «Se está volviendo posesivo a pesar de que parece estar totalmente sobrio, me pregunto, hermana, ¿Cuántas botellas necesitarías para atreverte a tocarme de esta forma?» ahogó un gemido en la boca del moreno, el cual, enloquecido la atrajo más hacia él manteniendo el cuidado de no sobrepasarse demasiado «Ummmh, Kayle, ¿también tomarías así mi boca si te lo permitiera?» acarició la fuerte nuca atrayéndolo aún más, ladeando su cabeza un poco para alcanzar a olerlo mejor sin romper el beso «¿Cómo sería tu aroma si estuvieras así de excitada sobre mí, bañándome de tu sudor, agitada y desesperada por comerme…»

–Lamento interrumpir. Yorick pidió un taxi y ya está por llegar –. Kayle clavó su mirada violeta en Morgana haciéndole sentir indefensa–… quiso irse temprano al hotel en cuanto Kartus y Olaf empezaron a pelear –siguió explicando sin quitarle los ojos de encima a su hermana. Mordekaiser entendió la gravedad de la situación entre sus amigos, al ya haber sucedido antes, por lo que corrió inmediatamente a separarlos sin alcanzar a despedirse. – Iré a dejar a Sona en su casa –, sus palabras rompieron el tenso silencio que se había formado en cuanto quedaron a solas, la expresión de la rubia era inexplicable para Morgana quien se esforzaba inútilmente en leerla. – No tardaré mucho, solo la dejaré en su casa –aclaró sin que se lo pidiera, como intentando a toda costa no ser mal interpretada. A Morgana le pareció que sonaba más triste que molesta, lo que la dejó sin palabras, no pudiendo alcanzar a responderle antes de que la rubia se fuera.

–Puedo sentir que me miras. –dijo repentinamente, haciéndole pegar un pequeño brinco.

–Lo siento… –se aferró aún más a la almohada que abrazaba, escondiendo su rostro parcialmente en esta – ¿te molesta si lo sigo haciendo?

Morgana abrió por fin los ojos, girándose para mirarla de vuelta con sorpresa, no esperando esa honestidad. Kayle estaba hecha un ovillo, perfilada hacia ella. Se había arrimado tanto al borde que le daba la falsa sensación de que podría alcanzarla tan solo con estirar el brazo.

–Hoy has estado especialmente extraña –. Se levantó harta de no recibir respuesta, sentándose junto a ella en su cama–, ¿y bien? –le apuró, al ver que se mantenía en silencio.

–No sé decirte… –contestó por fin, haciendo un puchero.

–Aff… Hazme lugar –. La empujó ligeramente del hombro para que quedara boca arriba y así se le hiciera más fácil acomodarse sobre su cuerpo, entrelazando sus piernas con las de ella luego de ser recibida por un par de brazos que la atraían con calma.

Se quedaron en silencio durante un rato, Kayle le acariciaba la cintura con tanta suavidad que sin darse cuenta empezó a dormirla; era algo que solía pasarle cuando se acostaba con ella en esa posición, sin embargo, esta vez no pudo evitar pensar en voz alta.

–Me preguntaba si tal vez… –dudó un poco en continuar con lo que quería decir– por tan solo un segundo… –suspiró pesadamente, resignada– llegaste a pensar en mi –. Giró su cara hacia abajo para mirarla.

Morgana alzó inmediatamente la vista hacia ella, entendiendo perfectamente a lo que se refería, no dando crédito a lo que acababa de oír. La mirada que Kayle le dedicaba le estaba rogando que fuera sincera, y ella lo sabía, por lo que, aun pareciéndole una locura, decidió responder.

–¿Dudas de si lo hice durante un solo segundo? –tragó con dificultad al hacerse consciente del gran brillo de felicidad que provocó en sus ojos.

–Te veías tan hermosa… –. Le acarició la mejilla mientras acercaba su rostro más al de ella, moviendo el pulgar en patrones circulares que se acercaban peligrosamente a sus labios, sin llegar nunca a tocarlos. – Estabas agitada, sonrojada… –, delineó ahora su mentón con la punta de los dedos, sintiéndose perdida. – Muy linda… hermanita… –. Su otra mano, con la que la tenía abrazada de la cintura, jugueteaba peligrosamente con la tira elástica de su short de seda, luchando por contenerse en su deseo por explorar más allá.

–Kayle… –cerró los ojos con fuerza al sentir como su hermana acomodaba mejor la pierna entre las de ella, empujándola un poco para poder atraerla con más comodidad desde las caderas – detente, Kayle… –no podía evitar jadear contra su boca, las lágrimas brotaban de sus ojos sin poder frenarlas, sintiéndose atrapada en una pesadilla.

–No llores hermanita –, detuvo sus caricias en una batalla interna contra los efectos del alcohol en su voluntad, batalla titánica que en ese momento no recordaba por qué tenía que ganar, ella no quería ganar. – "Me rompes el corazón" –se burló, intentando imitar el tono que tantas veces Morgana había usado al dedicarle aquella frase, la cual resumía tanto en tan poco.

–Eres una idiota –rió sin haberse tranquilizado aún. Movió lentamente sus labios de un lado al otro, a escasos milímetros de los de ella, esperando hasta el último segundo en que sabía que ambas podrían aguantar y giró su rostro. Depositó un corto pero profundo beso en la comisura de su boca, tan hambriento que ambas jadearon intentando recobrar el aliento, aún sin despegarse de la otra.

–Por favor no me hagas… –se aclaró la garganta intentando sonar más decente – cosquillas ahora… –. Suspiró aliviada al sentir que Morgana apoyaba el rostro nuevamente sobre su pecho, creyendo que por fin podría retomar el autocontrol, así que no se preparó para la húmeda lengua que de improvisto le recorrió la piel con deseo. Desde las clavículas hasta detrás de la oreja.

El peso del cuerpo de su hermana sentada a horcajadas sobre su vientre, le arrancó un sonoro gemido grave. Tensó el cuello apretando los parpados hasta que le rasparan las córneas; buscando en su mente aquel recóndito lugar en el que se refugiaba, con la mayor rapidez que pudo, y al encontrarlo se impulsó, quedando ahora ella sobre Morgana, aprisionándole las muñecas por encima de la cabeza para inmovilizarla.

–Nos quedaremos así un rato –jadeo de desesperación Kayle contra la frente sudada de la chica –no te muevas, te lo pido… –, las piernas de Morgana aún rodeaban ambos lados de sus caderas juntándolas fuertemente contra las suyas, lo que la dejaban en una situación bastante comprometida –. Ni un solo centímetro mi amor, o te juro que me perderás y no tengo ni idea de cómo podría regresar después. –Besó su frente en un primer momento con cariño e inmediatamente con ansias, presionando su lengua contra la piel deleitándose en su sabor mientras presionaba con más fuerzas sus muñecas, empezando a causarles daño.

– No Kayle… –, su pecho se sacudió violentamente, mareada por el deseo y al mismo tiempo aterrada por las palabras de su hermana, las cuales le habían dejado el resto del cuerpo congelado. – No me abandones, lo siento –, gimoteaba por no ser capaz de controlarse más allá de no moverse como Kayle le había pedido, se sentía miserable y sumamente agotada, – ¡lo siento mucho, hermana! –. Los párpados se le caían solos, pesados, también perdiendo progresivamente la sensación en sus piernas y brazos.

– Todo estará bien, amor –, sintió un enorme frío que le recorría el cuerpo desde los pies, ayudándole a bajar de a poco la intensidad de sus besos. – Yo nos protegeré… duerme… –. El inconfundible ritmo acompasado en la respiración de quien tenía debajo le alivió, permitiéndose liberarla de a poco del agarre para pasar a desplomarse sobre ella, entregándose al frío que no se detenía en su avance, adormeciéndole primero el pecho y luego el cuello… las orejas…

–Estaré una noche más aquí... Resistiéndote.

Fin