Hola a todos aquellos que están leyendo mis historias. Hoy me tomé la libertad de escribir un pequeño One Shot de Yu-Gi-Oh. Esta vez le corresponde a Yugi Muto como protagonista. A mi pequeño bebé. Bueno hoy por ser 1 de noviembre un día muy nostálgico en varios países del mundo de habla hispana me tomaré la libertad de escribir este pequeño relato. Una pequeña historia familiar de tres hermanos que fueron separados por un hombre egoísta.
Yu-Gi-Oh le pertenece a Kazuki Takahashi.
Tomaré prestado los nombres de los personajes de una historia muy especial que es de mis favoritas en este mes que acaba de terminar en octubre.
Sin más que agregar espero puedan disfrutar la lectura.
Yo Primero los Amé: Capítulo Único: Siempre Viviste en mi Corazón.
La pequeña tricolor de ojos verdes sonreía con dulzura ante sus hermanos mayores, no había dejado de abrazar a su hermano de ojos violetas, mientras con acariciaba con cariño la cicatriz en su mejilla, desde que tuvo la primera oportunidad de hacerlo no había podido soltarlo, durante muchos años deseaba poder estrecharlo en sus brazos, hacerle saber que vivían en su corazón. Los dos él y su madre quién dio su vida para que ella pudiera nacer: su madre Ashita* Muto.
Tenía 12 años, 9 de los cuales había pasado añorando aquel reencuentro que solo le pertenecía a ellos tres como hermanos que eran e incluso podía contar al abuelo Solomon en el evento, pero tenía que reconocer dentro de su alma que los otros presentes los quería… los quería lejos de su hermano, sabía que no podía arrojar a la calle a ese tal Atem porque a pesar de todo vivía en la casa. Quizás podría convencer a Heba, a Yugi y al abuelo de irse a otro lugar, dejando de lado a ese joven que no soportaba. Además que hoy en era un día especial quería que Yugi fuese participe de esto. Así que se dedicaría a ignorar a los cuatro extraños a los cuales ella deseaba mandarlos a volar con una patada por lastimar a quien más quería.
Su hermano mayor Yugi, a quien no conocía personalmente desde su nacimiento. Heba su otro hermano mayor siempre le habló de que eran tres hermanos. Siendo ella la más pequeña. Vivían en Taiwán junto a su padre Mitsubishi* desde que tenía uso de razón su padre trató de negarle la existencia de su hermano de ojos violetas, Heba su hermano con quién se había vuelto muy unida al tenerlo siempre cerca le contaba que allá en Japón habían dos personas que los esperaban: El Abuelo Solomon y Yugi.
-¡Eso no es verdad! ¡Yo no tengo más hijos que ustedes dos! El otro es un huérfano que solo me arrebató a la mujer que tanto amé. Exclamó furioso el hombre mientras Heba abrazaba acercando a su hermanita a su pecho mientras ella lloraba en silencio.
-¡Yo quiero ver a Yugi! Gritaba la pequeña niña de 5 años mientras trataba de enfrentar a su padre quien sólo observaba sus orbes verdes llenas de dolor, le recordaba tanto a los ojos de su madre.
-No nombres a ese engendro. Gritaba el hombre, desde que su hijo mayor había desobedecido al nombrarle a aquel ser que el odiaba con su alma tenían peleas continúas en su hogar.
-¡No lo llames así! ¡Es mi hermano también! ¡Nos separaste a los dos! ¡Mamá falleció y ni siquiera nos dejaste vivir nuestro luto juntos! ¡El abuelo me necesitaba también! ¡Mamá era su hija, no te importó romper nuestra familia en aquella época! Heba se sentía impotente al ver a su hermana pequeña lloraba sin consuelo mientras sus abuelos paternos trataban de calmar a su hijo.
-¡Por favor Heba, no me hagas reír, nuestra familia siempre ha estado junta! Tu, Yuriko y yo ya lo somos y no necesitamos a ese huérfano.
-¡Déjame ver a Yugi! ¡Quiero verlo! ¡Quiero conocerlo! ¡Yugi! ¡Yugi! ¡Yugi! La niña no pudo evitar gritar aún más fuerte sin importar que si garganta se pudiera desgarrar por los gritos.
-Ah no tiene caso, solo eres una niña caprichosa. Con los días se te va a quitar el berrinche. Finalmente el padre dio por terminada la conversación, se fue de la casa. Dejando a los dos niños con sus abuelos que lejos de ayudar a sus nietos, culpaban también al pequeño Yugi.
-¡Heba! ¡Yo quiero verlo! ¡Prométeme que un día lo veremos! Se aferró a las piernas de su hermano sin dejar de llorar.
-Mi Hojita de maple, así será pronto estaremos con nuestra estrellita*
Ese día algo se rompió dentro de ella, ya no podía ver con cariño, con devoción a sus abuelos y a su padre. Su amor murió aquella tarde mientras los tres le negaban la existencia de su hermano.
-Heba. ¿Cómo era mamá? ¿Acaso ella era como pa… como Mitsubishi? Su hermano se sorprendió al ver que su pequeña hojita se dirigía a su progenitor con su nombre. Desde ahí supo que si se iban juntos a Japón, ella no extrañaría a sus parientes paternos.
-Nuestra madre era una mujer amorosa. Ella nació con un problema del corazón. Cuando nació Yugi, su problema se agravó según dijeron los doctores. El día que tú naciste ella estuvo hospitalizada pero su corazón no resistió más. Falleció un 7 de enero.
-¿Yo maté a mamá? Preguntó la niña creyendo que debía ser a ella a quien su padre debía odiar no a Yugi, no lo conocía y ya lo amaba tanto.
-¡No! Ninguno de los dos tuvo la culpa de eso.
Un día pudieron escabullirse al teléfono público ya que en casa estaban vigilados las 24 horas del día. Heba hablo primero para prepararlo, cuando considero que ya era suficiente le pasó el teléfono a ella mientras la cargaba en brazos para que lo pudiera alcanzar.
-¿Yugi? ¡Yugi eres tú! Aún no nos conocemos pero ya te amo. Exclamó ella mientras trataba de no llorar por su emoción desbordante.
-Yuriko. Durante muchas noches he soñado con tu voz. También te amo mi pequeña lirio. Respondió el chico de ojos violetas sin poder evitar llorar.
Después de aquella conversación telefónica Yuriko quien al principio odiaba las fotografías comenzó a dejar que Heba le tomara varias al mes. Con vestidos, posando para la cámara, fotos abrazando a su hermano. Le pedía que se las enviara a su hermano hasta Japón.
Que un día no muy lejano cuando Heba cumpliera 18 años se irían los dos de la casa. Si hermano podía pelear por su custodia y ella feliz se iría con ellos con Yugi con Heba con Solomon.
Su hermano ya estudiaba la universidad cuando ella conoció a su amiga Sofía una niña pequeña que había nacido en México pero tenía parientes de tierras guatemaltecas. Vivían en Taiwán porque su padre había conseguido un trabajo más estable para él y su familia.
Ella le explicó con lujo de detalles que en México donde había pasado sus primeros años de vida, se celebraba el 1 de noviembre una hermosa tradición: "Día de Muertos" en realidad se empezaba desde el 31 de octubre, las personas llegaban a las tumbas, mausoleos para limpiar y decorar los nichos de los infantes ya fallecidos. El día siguiente era el turno de los adultos. Llevando mariachis y serenatas. Decorando bellamente el panteón. Habían otras festividades dependiendo el estado de México: bailes, danzas y desfiles. Lo más llamativo era el "Altar" que hacías en casa, decorado con papel de china, la comida que más le gustaba a él difunto y su foto familiar adornado la ofrenda. Junto a las calaveritas de azúcar.
En Guatemala la tradición variaba, las personas llegaban el día primero al Cementerio desde las primeras horas del día, limpiaban las tumbas, con las flores favoritas del finado, su comida en pequeños platos desechables, algunos suelen comer a la par de la tumba y los más atrevidos juegan con barriletes de papel dentro del cementerio ya que los vientos fuertes de la región hacen que los mismos se eleven. Dependiendo del departamento así era la tradición lo más llamativo era el fiambre una comida elaborada con verduras y carnes frías y los barriletes gigantes de Sumpango. La tradición oral dicta que el sonido del papel al golpearse con el viento ahuyentaba a los malos espíritus.
A pesar de que para Yuriko solo podía existir el Obon que se celebraba en Julio o agosto dependiendo de la región y el calendario, quiso poder aprender más de aquellas tradiciones de América. No duró mucho su amistad. La pequeña Sofía a México regresó y perdieron la comunicación. Solo le podía agradecer que por ella una bella tradición conoció. Perdió a su mejor amiga.
En su pequeña habitación cada primero de 1 noviembre hizo su pequeña Ofrenda. Con la foto de su madre al centro, una de las pocas que había en su casa, donde podían ver los ojos marrones de ella como los de Heba, porque a pesar de que no pudo conocerla porque la muerte se la llevó, ella le hacia una plegaria en cada altar.
-¡Mamá, mamita! Si de verdad me puedes visitar, y escuchar por favor, que el próximo año yo a Yugi pueda mirar.
Lloró cuando tenía 10 años y su padre la verdad descubrió, le rompió todo lo que ella por tantos años guardó. Debajo de su almohada escondida tenía una foto de su hermano desteñida por el paso del tiempo, por sus lágrimas derramadas, por los besos que tantas veces le dio a él recuerdo de Yugi. Mitsubishi la destrozó sin importarle que para ella y Heba era el único recuerdo de Yugi. Como castigo la foto de su madre le arrebató.
Fue el único año donde la tricolor gritó y lloró sin parar, no le interesaba que los vecinos la escucharan en todo momento. La foto de mamá y de Yugi ya no estaba.
Heba y ella eran incapaces de irse a Japón. Su padre alegó una enfermedad mental cuando el cumplió la mayoría de edad. El estado lo declaró incompetente negándole la salida de la casa, por ende la custodia de la menor. Hasta que la oportunidad llegó y la pequeña tricolor aprovechó aquella posibilidad de escapar con su hermano para recuperar a Yugi.
12 años acababa de cumplir. Su Progenitor se había vuelto a enamorar de una hermosa mujer presumida, altanera y orgullosa. Clarissa era el nombre de aquella mujer. A Yuriko no le agradaba aquella mujer rubia de ojos azules que le agarraba las mejillas como si fuesen manzanas. Fue una boda rápida y sencilla. 3 meses pasaron sin poder llamar a Yugi. Heba quería ganarse el favor de su padre para que les diera permiso de irse a Japón una semana, pero Yuriko algo muy diferente había planeado. Solo pedía que las cosas salieran como ella quería.
Clarissa, Mitsubishi y Yuriko iban en el auto cuando la pequeña tricolor aprovechó para tomar la cartera de su padre. Sacó una de las tarjetas de crédito, sin que nadie se diera cuenta la introdujo en la bolsa de la mujer. En uno de los semáforos cuando se detuvo a revisar sus papeles notó que la tarjeta no estaba, su padre avaro desde joven acusó a Clarissa de habérselo robado. Ella negó la acusación y le permitió revisar su bolsa.
El hombre comenzó a reclamarle cuando descubrió su robo. La pelea subió tanto de tono que las autoridades tuvieron que intervenir. La ira del hombre llegó a ser tal que en su afán de vengarse de su ofensa trato de golpear a Clarissa, quién se movió evitando el golpe, pero quién recibió el puñetazo en la boca haciéndole caer de espaldas contra la puerta del carro haciendo que la misma se abriera para finalmente caer contra el suelo fue Yuriko. Las autoridades indignadas por la extrema violencia con la cual el hombre atacó a hija menor arrestaron a la pareja. Los acusaron de violencia intrafamiliar retirando la custodia de la niña y del hermano que había sido declarado anteriormente como enfermo mental.
Sus abuelos paternos habían muerto hace años así que los únicos que podían hacerse cargo de los hermanos era la familia de Clarissa. Quienes solo querían hacerse cargo del adulto. Ellos culpaban a Yuriko de lo ocurrido, querían mandarla a un orfanato en China. Heba llamó inmediatamente a su abuelo en Japón quien sin decirle nada a Yugi argumentando que iba a hacer una expedición a Egipto con Arthur Hawkins tomó el primer vuelo a Taiwán reclamando la custodia de la menor y el adulto.
No podía llevárselos a los dos inmediatamente. Heba debía preparar las maletas, documentos, todo lo necesario para irse junto a su hermana. Además que ella no quería que Yugi viera el gran moretón que su padre en el rostro le dejó. No se arrepentía de su actuar, si su progenitor debía pegarle 100 veces, ella lo aceptaría si con eso a su familia recuperaba.
Heba llamó a Yugi para alegrarle el día. No se dieron cuenta ambos hermanos que la menor estaba escuchando en la otra línea telefónica anexada a la principal. Escuchó todo lo que el tricolor de ojos violetas le contaba al tricolor de ojos marrones sus desdichas con sus llamados amigos. Yuriko quiso tener el poder de volar e irse directo a Japón, para consolar a su hermano, sentía muchas ganas de enfrentarse a esos traidores.
Anotó sus nombres en una lista. Joey Wheeler, Tristán Taylor, Tea Gardner y Atem Muto. ¿Muto? El abuelo lo había adoptado o que había pasado ahí. No los conocía pero ya los despreciaba.
-Mi venganza será implacable con ustedes cuarteto de idiotas. Susurró sintiendo que de estar frente a ellos un golpe con el palo de la escoba sería capaz de propinarles.
Su abuelo los fue a recoger al aeropuerto. La pequeña al fin estaba de regreso en Japón. Su hogar, el lugar que la vio nacer. Estaba muy emocionada. Yugi no sabía que venían hoy así que ella una sorpresa le compro sabiendo que él amaba las hamburguesas le había comprado una mientras escogía una figura de acción del Espadachín Silencioso. Su hermano amaba esa carta así que ella le daría la figura para que al verla se recordara de su hermana.
Su hermano había salido no estaba en casa. Heba y el abuelo hablaban sentados en la sala, ella subió las escaleras buscando su futura habitación que estaba cerca del susodicho Atem. Puso los ojos en blanco en señal de molestia, solo esperaba que no llevara mujerzuelas a esa habitación.
Escuchó voces que provenían de la sala, vio un grupo que por alguna razón no le cayó bien, un rubio, un castaño, una castaña y un chico tricolor parecido a Heba y a Yugi pero no era ni uno de ellos.
-Entonces ¿Ellos son sus amigos? Escuchó que Heba preguntaba.
-Si, ellos son. Chicos les presento a Heba, ¿Yugi debió hacer algo o porque no llegó con ustedes? Su abuelo era quien hablaba ahora.
-Yugi no vino con nosotros. Respondió la única mujer del grupo parecía que iban a realizar algún tipo de juego de mesa por la caja que ella llevaba en las manos.
Al escuchar que mencionaban a su hermano quiso bajar para enfrentarlos. Habían traicionado a su hermano. El silencio reino un momento hasta que la puerta se abrió.
-Abuelo, ya vine, compré helado y una película de terror para que la veamos y…
Yuriko abrió la boca sorprendida al ver a su hermano Yugi la fotografía que ella tenía de él lucía diferente pero era él. Su cabello estaba amarrado en una coleta que acentuaba sus finas facciones, tenía puesta una camisa con mangas hasta los codos de color blanco se podía observar sus tatuajes solo uno pudo reconocer: Gandora. Los otros dos parecían una balanza y un signo de Ankh egipcio, botas militares, tres perforaciones en cada oreja y la bolsa de tela con dibujos del Dragón Blanco de Ojos Azules. Se detuvo el tiempo al verlo ahí estaba su Yugi. Se abrazó a si misma mientras su corazón saltaba de alegría en su pequeño pecho. Ahí estaba el hermano por quién lloraba, la otra parte de su familia que le hacía falta.
Esperó mientras su hermano le explicaba lo de Clarissa omitiendo el detalle de lo que le sucedió a ella. Sobre todo no podía evitar recordar que Heba le rompió la nariz a su padre por haberla herido. Le dieron la noticia que venía para quedarse.
Vio a sus hermanos abrazarse, ya no podía quedarse más arriba.
-Está no es toda la sorpresa, estrellita, aún hay alguien que necesitas ver.
-¿Alguien más? Dijo Yugi mientras Heba le indicaba a Yuriko que ya podía bajar.
No necesito más señas para hacerlo, no importaba si se caía de la escalera por bajar corriendo, llevaba años añorando ver a su otro hermano. Sus cabellos sueltos se movieron mientras bajaba con la bolsa donde llevaba sus regalos.
-¿Hermano? Fue lo único que pudo decir había tanto que quería hacer realmente pero su corazón emocionado fue lo único que le permitió decir.
-Si, soy tu hermano, Yuriko. Ella comenzó a llorar de felicidad ahí estaba su amado hermano la parte que le faltaba de su vida. Lo que su padre, no lo que el señor Mitsubishi le robó. Porque el le había robado a su hermano, el recuerdo de su madre, la oportunidad de vivir con un abuelo que si la quería, todo se lo había quitado y al fin lo había recuperado, se aventó a sus fuertes brazos.
-¡No sabes cuánto desee que este momento fuera realidad! Heba me hablaba tanto de ti y deseaba con todas mis fuerzas ver a mi hermano mayor y… y ahora estamos juntos. Ya no tendré que besar una foto de ti, porque la familia esta reunida de nuevo. ¡Mi gotita de miel! Exclamó para finalmente entregarle la bolsa a su hermano.
-Si, lo estamos hojita de Maple. Respondió Heba mientras los tres hermanos compartían un abrazo.
Hasta que un fuerte gritó los separó con fuerza.
-¡¡Yugi tiene una hermana!!
Quién sea que haya gritado lo iba a pasar mal. El grito era de la cocina, ella quería estar sola con sus hermanos y el abuelo debía sacar a las visitas de la casa. Sus hermanos la siguieron cuando entró a la cocina sin aviso.
-¿Tu eres la hermanita de Yugi? ¡Que guapa estás! Exclamó el rubio mientras estrechaba la mano de ella con efusividad. El no había sido quien gritó pero no le gustó la manera en la que la acercaba a él le empujó la mano y se limpió con una servilleta.
-Si lo soy. ¿Tu Eres?
-Soy Joey, el es Tristán, ella Tea y este es Atem.
Decir que sonrío cuando los nombró era una vana mentira.
-¿Tienen algo que hacer?
-En realidad íbamos a jugar en el cuarto de Atem. Respondió el castaño dándose cuenta de que la niña no estaba feliz de verlos
-¡Estupendo! Quédense ahí y no salgan hasta mañana. Abuelo vamos a ver la película que trajo Yugi mientras comemos helado. Igual ellos ya tienen algo que hacer. Tomó al abuelo de la mano mientras ignoraba a los adultos frente a ella. Váyanse al demonio idiotas. Pensó mientras cerraba la puerta de la cocina.
Dos meses llevaban Heba y Yuriko en la casa Muto, la pequeña tricolor había aprovechado la oportunidad para decorar el altar que tenía su abuelo de su madre para el día primero. En su habitación solo lo había hecho en una mesa pequeña. Pero sería el primer año en el cual la harían en grande.
Solo había algo que no le gustaba y estaba haciendo lo posible por sacarlo a menos solo para la festividad.
Atem estaba asentado en el sillón negándose a irse a otro lado. No entendía que estaba haciendo la niña con tanto papel, flores, veladoras y comida frente al cuadro de la madre de los hermanos.
Ella lo volteó a ver y frunció el ceño, odiaba que el la estuviera viendo como si fuese un fenómeno.
-¡Oye Feo! ¿No vas a ir con el mono, el perro y la tonta al Centro Comercial? Ella los había llamado así una semana después de que se instaló en la casa. Decir que una vez le derramó café en la cabeza al tercer tricolor diciendo que era un accidente por tropezarse con la mesa fue creíble para todos. Igual al decir que había pisoteado sin querer a Joey. Que el haberle roto el vestido a Tea había sido un terrible accidente o el haber dejado sin comer a Tristán era porque se había equivocado al servir la comida.
-Enana, hoy me voy a quedar aquí. Quiero estar con Yugi, compartir de nuevo con él. Recuperar nuestra hermandad.
Los ojos verdes de la preadolescente brillaron con furia ante el intruso.
-Ah no Yugi es mi hermano. Tu búscate al tuyo. Ahí están los traidores esos y el gorila de casi dos metros que dijo que era tu rival. Respondió al darse cuenta que estaban solos en ese momento.
-No me iré.
-¡Vete o si no! -Lo amenazó con el palo de la escoba mientras lo apretaba con fuerza- Este día no lo vas a arruinar. ¡Cásate con la tonta y lárgate de aquí!
-No me voy a ir. Tea no me gusta.
-No sabes cuánto te desprecio. ¡Feo, traicionero abandona amigos!
-El sentimiento es mutuo, enana berrinchuda. Recibió un libro en la cara como respuesta a su pelea infantil con la niña.
Yuriko se cruzó de brazos ignorando al ser que se negaba a irse. La ofrenda estaba casi lista. El marco de la fotografía lo había pintado ella con sus manos mientras Heba le explicaba a Yugi la festividad.
Yugi quería ser parte de lo que su hermana amaba. Solo faltaba su familia reunida, unida por fin.
Su abuelo y sus hermanos llegaron con ella. Yuriko quedó en medio de sus hermanos mayores. Los tomó de las manos mientras el abuelo estaba al lado de Yugi.
-¡Mamá! ¡Mamita! Te quiero agradecer que hoy por fin a Yugi pude ver. La familia unida está y ya jamás nadie nos va a separar, siempre nos vamos a apoyar. ¡Mamá Ashita! Gracias por venir. Te amo. A Yugi también, yo primero los ame y jamás los olvidaré.
Colocó la última flor fresca de cempasúchil en el altar.
Podía su madre descansar en paz al ver que sus tres pequeños juntos se estaban cuidando uno al otro. Ashita sonrío a pesar de que ninguno de ellos la podia ver. Su padre estaba radiante, sus tres nietos estaban con el.
Atem se sentía excluido. Ahora podía compartir el sentimiento de su Aibou. Se sentía muy solo, Heba y Yugi lo ignoraban todo el tiempo, el abuelo solo le trataba con cordialidad y solo la pequeña Yuriko era con quién peleaba frecuentemente.
Ese era su castigo por abandonarlo.
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Que nostálgica me siento al escribir este cuento. Cabe resaltar que Ashita, Mitsubishi son personajes que le pertenecen a CallMeCrowley y la historia está escrita en el fanfic Yugitober en los drabbles Hermanos y Abrazo. Está historia tiene diálogos y toda la esencia de la escena es creación de él.
Yo solo usé a los personajes para este relato del día 1 de noviembre.
Nombré tradiciones de México y Guatemala. Este día fue de recuerdos solamente. Y necesitaba liberar lo que llevaba por dentro. Si me equivoqué con algo con respecto a México pido disculpas.
Espero que si es leído les pueda gustar está historia.
Gracias por leerlo.
Atentamente,
Sharlotte Soubirous.
