Nadie lo entendía, de verdad nadie lo entendía… Bueno, nadie excepto su mejor amigo.

No lo conocía en persona pero en su mente imaginaba mil escenarios dónde él y su mejor amigo iban a compartir miles de aventuras juntos, desde visitar un arcade hasta salir por una nieve.

Kisaki imaginaba que si un día lo pudiese conocer, podría buscar la forma de estudiar juntos y compartir aún más cosas con él, pero aún no sabía quién era y sus ensoñaciones se quedaban únicamente en eso… Sueños.

"... Eso fue lo último que vi esta semana. Si he escuchado que la historia se puso mejor en el próximo capítulo, pero estuve ocupado y ya no pude verlo. Prometo que mañana me pondré al corriente con ese capítulo y el nuevo que saquen.

Espero recibir tu siguiente carta, pronto.

Te quiero mucho.

T"

La parte que más me hacía ilusión de la semana eran los viernes, dónde sin falta cada semana pasaba el cartero a dejarle la respuesta de su amigo por correspondencia.

La primera vez que llegó una carta a su casa, fue por error. El cartero había dejado una carta que había sido mandada para otra dirección, pero como en la oficina de correos pusieron esa carta junto con la carga de su zona, creyó que era para aquella dirección.

En un intento de ser amable, Kisaki contestó la carta para ayudar a que llegara su destinatario y así escalaron las cosas hasta que terminaron siendo grandes amigos… Por correspondencia.

Ese viernes, su carta llegó como de costumbre, por lo que el chico decidió abrirla y leer su contenido.

"... Me iré de viaje la próxima semana con unos familiares y no podré mandarte una carta como todas las semanas pero quiero traerte un regalo y aprovechar para conocerte, si quieres, claro.

Para el día en qué llegue tu respuesta, no estaré en mi casa pero en cuanto vuelva, la buscaré. Dame una fecha después de la siguiente semana y un lugar, si te animas, ahí nos veremos.

Te quiero.

M."

La ligera tristeza que sintió fue aliviada por la propuesta de conocerse en persona.

Al fin podría saber algo más de su amigo secreto y no perdería la oportunidad.

"Me encantaría conocerte. ¿Te parece si nos vemos el xx en el parque xxxxx? Espero que puedas, te estaré esperando a las xx:xx.

Estoy muy emocionado.

T."

Tal y cómo su amigo por correspondencia le había dicho, su carta no llegó el día acostumbrado pero el hecho de extrañarlo se volvió más llevadero al pensar en que podría conocerlo al fin. A ese con el que compartía tantos secretos y se contaban tantas cosas, que lo obvio quedaba de lado, pues no les había sido relevante conocer sus nombres.

Kisaki contaba los días, uno a uno hasta que llegó el tan ansiado momento. El se encontraba en medio del parque con la última carta de su amigo en la mano, emocionado y pensando en todo lo que tendría por contarle.

Hasta que llegó.

— ¿Kisaki? –

— ¿Mitsuya? –

— ¿Qué haces..? – En ese momento notó la carta entre las manos del contrario y fue cuándo comprendió todo. — ¿Tú eres..? ¿A ti te he mandado mis cartas? –

La decepción en la voz del chico rompió algo en el pecho de Kisaki, entristeciendoló en sobremanera. Su único amigo, al que realmente consideraba su amigo estaba frente a él y lo estaba rechazando.

El moreno se quedó callado, de pie frente a otro que le veía incrédulo. Pudo haberse ido o intentar explicarlo pero decidió no hacer nada, otorgándole al contrario la oportunidad de decidir. Era él único regalo que podía darle a cambio de esas amistosas cartas con las que podría sentirse comprendido.

Ya no esperaba nada, sintió que esa amistad se había terminado pero los brazos del contrario rodeándo su torso, le dijeron lo contrario.

— Perdón por mi reacción, nunca esperé que fueras tú. – Susurró. — Por favor, no llores. Prometo que seguiré siendo tu amigo de correspondencia. –

No había notado las pequeñas lágrimas que se habían abierto caminó sobre sus mejillas hasta que él contrario las mencionó y junto con su promesa de amistad, el resto de lágrimas comenzaron a fluir sin cesar.

Al fin podía sentirse acompañado y comprendido, al menos por una persona, por sus cartas.

En ese momento agradeció al cielo ese error de la correspondencia pues le dió la carta que lo cambió todo.