(Música kawaii) Doki Doki! Ahora que tengo su atención, y pretendiendo sacarle jugo al hype por el anuncio de DDLC+, empezamos con este nuevo OS, que nuevamente me voy muy a lo loco en comparación con lo que se suele escribir, tanto en spanish como en inglés.

Doctora psicóloga matasanos Monika

En un consultorio de psicología se encontraba Monika, ataviada con una bata que le llegaba hasta las rodillas, y bajo esta tenía un traje de aspecto ejecutivo que se ajustaba a su físico, y por lo tanto le permitía resaltar sus mejores características. Y para rematar los lentes, sin aumento porque realmente no los necesitaba, pero le hacía gracia verse todavía más intelectual a la hora de analizar a sus pacientes. Por tener casi toda la mañana sin clientes, pues aprovechaba para leer algo de poesía amateur. Nuevas ideas para ella misma escribir de forma esporádica era algo que le generaba un grandioso disfrute. Nada como dejar volar su imaginación con un lápiz o en su computadora, dejando cada verso sin esfuerzo y con la gracia y estilo que marca su propia estampa. Vale que nunca se vio a sí misma como escritora en su vida adulta, pero igual no habría sido desdeñable haber adoptado esa forma de vida...

─ Umm... ¿Monika? ¿Me estás oyendo, Monika... ─ Natsuki pasa su mano al frente de la doctora, no obteniendo ninguna respuesta ─ ¿Así será el viaje que se echa cuando está de ociosa? Maldición, que no pagué sólo para verla metida de cabeza en otro mundo... ─ Natsuki toma aliento, ya habiendo decidido cómo llamar la atención de su amiga ─ ¡MO-NI-KAAAAAAAA!

Como era de esperarse, Monika se sobresalta y mira a su alrededor, estando bastante confundida por un breve instante.

─ ¿Natsuki? A-ah... hola, no sabía que habías venido a visitarme...

─ Ni siquiera sabía que estabas aquí, si te soy sincera. Nunca nos contaste a Sayori ni a mí que te convertiste en matasanos...

─ Yo no ejerzo la medicina, Natsuki. Mi trabajo es meramente de diagnóstico y apoyo psicológico ─ le corrige Monika.

─ Como sea ─ Natsuki se dirige al asiento de los pacientes ─. Pasa que necesito ayuda. No sé qué hacer con mi vida...

─ ¿Tiene que ver con los mangas?

─ ¡No! No, yo me refiero a mi vida con mi padre.

─ Muy bien, entonces voy agarrando libreta y lápiz para dar inicio al análisis ─ Monika se prepara lo mejor que puede para dar inicio a la consulta ─. A ver, Natsuki, cuéntame tus problemas.

─ Pues pasa que todavía al día de hoy vivo con él, y mis problemas de antes permanecen como si nada: Él me pega cuando nota que tengo aficiones que no le gustan, y a cambio paso hambre debido a que él nunca me permite cocinar en casa ni me deja dinero para comprarme nada. Ya he suspendido tres semestres enteros en la universidad por el bajón de rendimiento que me genera la desnutrición. No sé cómo afrontar esto.

─ Veo que ya lo tienes bastante claro.

─ Desde luego, Monika ─ Natsuki mira fija y seriamente a su amiga ─. Pero he estado bastante tiempo junto a mi padre. Hay dentro de mí un sentimiento que me impide irme sin más.

─ Creo que sé qu...

─ ¡Dependencia emocional! Eso es exactamente. Tus palabras sí que son certeras ─ Natsuki corta abruptamente a Monika ─ ¿Cómo es que no lo había visto, con lo obvio que es?

─ Bueno, puede ser que...

─ Que mi padre me ha criado con el propósito de que me mantuviera apegada a él mientras me agrede y me hace pasar hambre, porque así él mismo puede desahogar sus propias frustraciones, o da lugar a algún placer vicioso que tiene, una de esas dos. Buen señalamiento de tu parte, Monika ─ Natsuki parecía bastante más eufórica ─. Claro... Mientras me maltrata y me dice que mis aficiones son basura y que son inadecuadas, a su vez procura que no tenga la confianza necesaria para proyectarme hacia afuera a plenitud y actúe por cuenta propia, ni me atreva tampoco a cuestionar lo que me hace, y al final termino por temerle a los demás por pensar que opinarán sobre mis gustos lo mismo que opina mi padre, y de ahí mi reticencia a socializar. Mis problemas personales tienen su origen en mis problemas familiares. Eso es.

─ Es un señalamiento bastante certero según el cuadro que contemplo. En dado caso...

─ Debo buscar mi independencia, desapegarme de mi padre. Es una observación que realmente me hacía falta, Monika ─ la aludida siente un tic mientras escuchaba a Natsuki ─. Tienes muchísima razón. No puedo seguir así por siempre. Debo levantarme por mi cuenta y buscar un camino propio para que así nadie condicione mis pasatiempos ni me haga sentir mal por lo que me gusta. Puede que sea duro, pero lo necesito.

─ Pues eso es exac...

─ Desde luego que lo haré. Muchas gracias por tu ayuda, Monika ─ Natsuki se levanta y abraza fuertemente a Monika ─. Por eso es que pensaba que eras la mejor presidenta de club de toda la escuela. Tu ayuda es eficaz y certera. Para la próxima vez que pase por aquí procuraré traerte unas galletas como agradecimiento, pero ahora mismo voy a empezar por irme de casa. Necesito buscarme un trabajo de medio tiempo, eso sí, pero al menos así podré hacer algo de ritmo en la universidad, que me he quedado ya demasiado rezagada.

─ Si quieres yo puedo dejar que...

─ ¿Quieres que viva contigo? ─ Natsuki vuelve a abrazarla ─ Sabía que podía contar contigo, aunque esto que haces ya va más allá de lo que esperaba. De verdad que gracias. Igual voy buscando mis cosas. Nos vemos más tarde, Monika.

La ex-presidenta estaba boquiabierta. Se supone que con sus análisis y palabras de ayuda iba a arreglar, al menos en parte, los problemas de otras personas, pero con Natsuki ni siquiera tuvo la oportunidad de completar una sola oración, y ahí estaba Natsuki, más optimista de lo que recordaba haberla visto nunca. Era algo curioso, sin lugar a dudas.

Al mirar la hora que era, Monika nota que todavía faltaba mucho para la hora del almuerzo. No es que tuviera prisa ni nada, pero había creído que era más tarde. Bueno, igual podía sacar provecho con algunos poemas sueltos. No iba a estar lo que quedase de mañana mirando el techo.

Aunque pensándolo mejor, tampoco vendría mal tener un piano en el consultorio. En ese caso trataría de averiguar qué tan viable le saldría la terapia musical para así tener la excusa ideal para traer un piano.

─ Una licencia extraordinaria para ponerme creativa, jeje.

─ Ummm... ¿Monika?

Era una voz conocida, Monika no se podía equivocar con la interpretación. Al voltear a ver bien quién le había hablado, se encuentra con nada menos que Yuri. Era una sorpresa volver a verla, y es que a ella era quien más tiempo tenía sin ver. Con Sayori y Natsuki se trataba de un distanciamiento gradual por seguir cada quien su propio rumbo, pero en cambio Yuri había desaparecido del mapa apenas se graduó, y hasta entonces Monika no había vuelto a tener más noticias de ella. Por la sorpresa se levanta y se acerca un poco a la pelimorada.

─ ¿Yuri? Hace tiempo que no hablamos ni nada.

─ Lo sé, y lamento mucho eso ─ Yuri se aclara un poco la garganta antes de seguir ─. Emm, no me hubiese imaginado que terminaras convirtiéndote en matasanos...

─ Y no lo soy, que no soy psiquiatra, ni ejerzo la medicina de otra forma. No trabajo con fármacos ni con maquinarias médicas, Yuri.

─ B-bueno, lo siento, Monika. Solo es que no siempre es fácil distinguir la diferencia cuando se anda con demasiadas cosas en la cabeza desde hace tiempo... Pero ya ves, todavía vivo, aunque estoy aquí porque hay un problema conmigo y no sé qué hacer.

─ Tranquila, que para ayudar es que estoy aquí. Siéntate, Yuri ─ Monika se prepara así para atender a su segunda paciente del día ─. Entonces dime tus problemas.

─ Pues que mi vida se viene abajo y no he podido parar ─ Yuri suena bastante deprimida de golpe ─. Me la he pasado en un exceso sin sentido, y no soy capaz de detenerlo. Me he convertido en un despojo de mí misma.

─ ¿De qué exce...? Oh, creo que ya me acuerdo ─ Monika se lleva horrorizada una mano a la boca.

─ Esto va demasiado lejos desde hace tiempo. Me llegué a unir a un grupo en el que nos dábamos ánimos mutuamente para autoflagelarnos y hacernos daño de otras formas. Al final me vine a dar cuenta de que este no es el camino. Estoy desesperada. Quiero salir de esto. Me dejé llevar como una estúpida por estos impulsos insanos que tengo, y por ello he perdido todo lo demás que antes me gustaba y me permitía al menos en parte vivir normalmente.

─ Tranquila, Yuri. Sabes que te ayudo en lo que haga falta. Todo lo que hay que hacer de entrada es...

─ Conocer el origen de mi vicio por cortarme, ¿verdad? Es un poco complejo, pero te empiezo a contar ─ Yuri se recuesta completamente y mira hacia el techo, queriendo ordenar sus pensamientos y recuerdos ─. Recuerdo que desde pequeña me la he pasado leyendo El Retrato de Markov. En un principio me enganchaba su trama oscura. Me animaba a adoptar la lectura como mi hobby favorito. Pero entonces me encontré con que no tenía amigos al no tener control de mis propias actividades, y mi único consuelo era seguir leyendo mi libro.

─ Eso de verdad que es trág...

─ Y un día quise poner a prueba lo que hacían en los rituales del libro. La sacerdotisa que aparece allí decía que aquello desataba el placer de las personas. Tan inmersa estaba en el tema que había quedado sugestionada, y probé a hacerme pequeñas heridas en la punta de los dedos, luego en las palmas, y con el tiempo pasaba a hacerme cortadas en los brazos y luego usaba siempre camisas con mangas largas para que nadie lo notase, pues a todos les parecía raro y asqueroso lo que me estaba haciendo, y yo que simplemente seguía y seguía. Y después de que nos graduamos pasé a cortarme en más lugares. Mira esto, Monika ─ Yuri se quita a medias el pantalón y se sube el abrigo para que Monika le viese las cicatrices en la barriga y los muslos ─. Y no te cuento dónde más me he llegado a cortar. Se ha convertido en una droga para mí esta acción enfermiza, y me hice adicta a hacerlo. Me horrorizo nada más de verme así. No comprendo cómo me permití llegar a esto.

─ Es horrible. Yuri, definitivamente es necesario...

─ Que pare esto. Tienes toda la razón, Monika ─ Yuri se vuelve a acomodar la ropa mientras sigue hablando ─. Por eso es que estoy aquí. Necesito de alguna idea de tu parte para que pueda dejar esto de una vez y no vuelva a estar haciéndome esto nunca más.

─ Pues llegaste al lugar justo para buscar ayuda, Yuri. Yo te recomiendo que empieces por...

─ Dejar de poner en práctica lo que suelo ver en el libro. Es imposible no darte la razón, Monika ─ Monika resopla ante la interrupción, pero Yuri no lo nota ─. Diste justo en el clavo. Todavía ando como una niña pequeña e ingenua, imitando lo que encuentro en el libro cada vez que ando leyéndolo y releyéndolo. No me había dado cuenta, o mejor dicho, no me quise dar cuenta. He sido una total ingenua.

─ En ese caso lo que debe...

─ Cambiar mis actividades personales para dejar atrás esa sugestión, tratar de establecer un equilibrio en mi vida. Esa es una buena idea, Monika. De verdad tengo que hacerlo así. No puedo seguir así, o esto acabará conmigo.

─ Pues mi idea para que empie...

─ Buscar otro tipo de lecturas a las cuales aficionarme, aparte de dejar esa costumbre infantil de aplicar de manera irreflexiva en mi vida lo que leo. Muchas gracias por tu consejo, Monika, aunque no sé cómo seré capaz de hacerlo, si es un vicio bastante fuerte y que tiene una historia bastante larga. Debo dejarlo si deseo hacer amigos de verdad y encontrar a alguien que esté dispuesto a formar parte de mi vida de manera más cercana.

─ Pues yo propongo...

─ ¡Terapia! No sé cómo es que no se me ocurrió eso, si está justo ahí la respuesta que necesito. Gracias por todo esto, Monika.

─ Ehhh... Por nada ─ Monika empezaba a sentirse desorientada.

─ En ese caso me tengo que anotar ahora mismo. Ojalá que funcione, pues realmente quiero que mi vida cambie para mejor. Monika, no sé qué haría si no fuese por tu ayuda ─ Yuri sonríe alegre y se levanta para poder retirarse ─. Anoté mi número telefónico en la planilla que me dieron en la sala de espera. Dale el número también a Natsuki y Sayori, que también me gustaría recuperar el contacto con ellas. Tal vez así me anime todavía más para dejar mi adicción a estarme cortando. Nos vemos pronto.

─ Claro. Me aseguraré de que tengan el número. Y también puede que lo comparta con quien-ya-sabes ─ completa Monika con tono sugerente, a lo que Yuri se sonroja y se retira ─. Vaya, de todo corazón extrañaba ver a Yuri ponerse así, aunque me sorprende que todavia lo haga...

─ Disculpa, ¿se puede entrar? ─ la cara de Sayori se asoma por la puerta, y pronto entra al ver quién era la psicóloga ─ ¿Monika? ¿Ahora eres una matasanos?

─ Yo soy psicóloga, mi trabajo es diagnosticar y ayudar a través de terapias sin medicamentos. La labor que en cambio sí es médica la ejercen los psiquiatras, Sayori ─ Monika corrige a su amiga tratando de sona como si le estuviera dando una clase ─. Sinceramente no sabía que de pronto ahora le dicen matasanos a los médicos todo el tiempo. Antes escuchaba esa palabra únicamente en chistes de médicos y pacientes.

─ Yo tampoco sabía que ahora le dicen así tan seguido a los doctores, Monika. Sólo quería dar un saludo animado.

─ Bueno, eso es lo de menos, Sayori ¿Y qué me cuentas tú? Tampoco me has dicho qué has hecho con tu vida.

─ Pues estoy trabajando en una cadena de supermercados, Monika.

─ ¿Eres supervisora? ¿Cajera? ¿O acaso trabajas en almacén?

─ Jefa de Recursos Humanos.

─ ¿De verdad? ¡Pues enhorabuena, Sayori! Sin duda tenías lo necesario para llegar lejos.

─ Pero no siento que me lo merezca.

─ ¿Eh? No me digas que...

─ Todavía sufro de episodios depresivos, sí ─ Monika entorna los ojos, y es que ya se estaba haciendo costumbre que la interrumpan, mientras que Sayori empieza a tomar asiento ─. Todos dicen que hago un trabajo extraordinario. Todos en el trabajo me aman y dicen que les he dado el mejor año que haya tenido la cadena desde que fue creada. Pero siento como si en realidad yo no hubiese hecho nada relevante, y que todos mis compañeros simplemente muestran solidaridad ante la forma patética de desempañar mi papel. Quiero que todos estén bien, me esfuerzo todo lo que puedo, pero no siento que me merezca ni uno solo de los halagos que me dedican.

─ Sayori, yo no creo...

─ Que mi trabajo sea en vano. Siempre me repito eso mentalmente, pero no consigo que esas palabras calen en mí, no comprendo porqué. Y cuando lo intento, pronto pierdo la determinación y me convenzo de lo contrario. Monika, enserio necesito ayuda.

─ Pues necesitamos analizar tus pensamientos a profund...

─ Desde pequeña he sentido una profunda necesidad de ver a los demás sonriendo, pero cuando me veía en el espejo estaba simplemente allí, incapaz de ver nada especial en mí misma. Pero siempre he querido sacar lo que puedo de mí misma para lograr ese cometido de hacer a todos felices. Realmente deseo hacer eso, pero no logro dar con la satisfacción necesaria para salir de la depresión. Las nubes grises no se van, no importa lo que haga. Me siento inútil, patética, desechable.

─ Sayori, considero que...

─ Debo trabajar en mi autoestima. Tienes toda la razón, Monika. Pero no veo cómo podría empezar con eso.

─ Pues debes...

─ ¡Demostrar amor propio de manera física para reforzar mis propios intentos mentales! ¡Claro, eres una genio, Monika! ─ Sayori empieza a mostrarse genuinamente emocionada ─ Y también tienes razón en que parece que me he proyectado demasiado en propiciar la felicidad ajena y por tanto descuidando la mía, ignorando que la verdadera felicidad debo conocerla por mí misma, en sentir satisfacción por hacer las cosas bien, incluso aquellas que son simplemente para mí, y que también me sepa perdonar ante cada fallo que cometa, pues nadie es perfecto y no tengo que serlo para hacer cosas importante... ¡No sé cómo es que le haces para dar consejos tan buenos!

─ No he hecho nada ─ responde Monika mirando a otro lado y casi arrastrando las palabras.

─ Claro que sí, Monika. No hay manera de que hubiese llegado a este punto si no es por tu ayuda.

─ B-bueno, pero igual creo que la mayor parte de este esfuerzo necesario vendrá precisamen...

─ De parte mía. Así es, Monika.

─ Este es un consejo meramente personal, pero podr...

─ Ejercicios de autoayuda. Podría empezar mirándome al espejo y abrazándome mientras digo en voz alta que me quiero, que sí tengo algo especial y que sí puedo hacer cosas importantes. Me quitaste las palabras de la boca, Monika.

─ Pues yo lo veo de otra forma, Sayori.

─ Monika, sin la ayuda tan valiosa que me estás dando no veo ni cómo dejaría atrás la idea de suicidarme. Y es que sí, he estado barajando numerosas veces esa idea.

─ Definitivamente no debes hacer eso, no si valoras a aquellos que quieres, pues aunque no lo quieras ver, todos te necesitan. Pero primero que nada...

─ Debo aprender a apreciarme y procurar mi propia satisfacción emocional antes de andar alegrando corazones ajenos. Sí, eso es lo que he estado haciendo todo este tiempo, y siempre con el ánimo de dejarme fuera de todo, incluso de las celebraciones de éxitos en los que yo sí hice cosas que resultaron determinantes para los logros. He sido bastante idiota, Monika. Me esfuerzo en propiciar la felicidad de otros mientras dejo completamente de lado la mía. Así no hay manera de que me sienta bien por nada ni me convenza de verdad de que sí puedo alcanzar las metas que me he trazado, y entonces la felicidad que doy puede llegar a resultar frágil e incluso falsa. Es un análisis bastante bueno el que haces sobre mí, Monika.

─ S-sí... Gracias por notarlo.

─ Necesito mirar todo de manera diferente. No puedo proyectar color por todos lados y dejarme únicamente un triste gris. Gracias, Monika. Acabas de salvarme la vida.

─ Ha sido un placer, Sayori ─ responde Monika mientras recibía un fuerte abrazo de parte de su amiga ─. Si ves que eso no funciona...

─ De cabeza a terapia. Nuevamente tienes razón ─ Sayori se separa de Monika y hace ademanes de hacerse fuerte ─. Daré lo mejor de mí esta vez para ser feliz, pero sin olvidar que cuento con el apoyo de todos.

─ Bien dicho, Sayori.

─ Eres la mejor psicóloga de la historia, Monika. Gracias a ti me siento optimista con que ese sentimiento feo se convertirá en algo meramente anecdótico y no en el factor imperante de mi día a día. Ahora me tengo que ir, que necesito empezar lo antes posible con esa autoterapia. Ante cualquier duda te llamaré.

─ Esperaré por noticias sobre tu progreso ─ Monika se despide de Sayori, y luego ella misma se sienta en el asiento de los pacientes ─. Esta mañana sí que ha sido rara. Mis tres amigas son quieres han venido a que les diagnosticara, no me dejan hablar y se van contentas...

Se queda mirando al techo un rato, proyectando allí lo que había ocurrido hasta el momento, y entonces se ríe, divertida precisamente por eso.

─ Supongo que sólo tengo que esperar a verlas recuperándose de sus respectivos problemas. Definitivamente no quisiera haber tenido a otras personas en su lugar dento del club. Y aprovechando que Natsuki se vendrá a vivir conmigo, tal vez deba llamar a Yuri y Sayori para que nos reunamos un día, jeje.

Fin


Y así queda esto. Espero que lo hayan disfrutado o hayan quedado horrorizados con mi estilo de romper con la normalidad, que en cualquiera de ambos casos me sentiré satisfecho xD. Y bien, cuenten con que volveré muy pronto, con otra aventura del cuarteto kawaii con trasfondo oscuro más querido de estos lados de las redes.

Hasta otra