Cuando era pequeño, supe que era diferente a los demás niños, quizás no en apariencia, pero si en actitudes. No negaba que me gustaban las cosas que a un niño podría gustarle, como los deportes; pero teniendo 10 años, supe que era lo que me hacía diferente a los demás. Había llegado una nueva familia a la ciudad, y el más pequeño de su familia (Que tenía mi edad) asistió a mi escuela, nos volvimos inseparables; todos los días jugábamos en el patio, compartíamos el almuerzo y siempre nos reuníamos en la casa del otro para hacer pijamadas. Pero una noche todo eso cambio…
Ese sábado era el turno de Michael de ser el anfitrión, cenamos con sus padres, me di una ducha para ponerme mi pijama y ver unas cuantas películas. En cierto momento, comenzamos una pelea de almohadas, terminamos cayendo en su cama, el encima de mí. Nos miramos a los ojos por varios segundos hasta que el comenzó a acercar su rostro al mío, no pude moverme, de hecho, no era como si quisiera hacerlo. Nuestros labios se unieron en un pequeño contacto, pequeño pero muy tierno, nos separamos gracias al sonido de la puerta abriéndose. Era su padre, quien nos miraba completamente atónitos, trate de explicarle lo sucedido, pero el solo me jalo del brazo hasta llevarme a mi casa. Mi padre se levantó de su sofá al verlo entrar azotando la puerta –Arthur, ¿Qué sucede?-
-¡Aleja a tu hijo del mío! ¡No quiero que Anthony se acerque de nuevo a Michael!-
-¿Pero qué sucedió?-
-Sucede que tu hijo es un marica que acosa a mi hijo. Yo no permitiré que mi hijo se convierta en un fenómeno como el tuyo, así que ya sabes a que te atiendes-
Me arrojo al suelo, frente a los pies de mi papa, no me atrevía a mirarlo a la cara; aun así, suponía que era lo que pasaba por su mente. Decepción, enojo, asco… Era todo lo que podía pensar –Papa, yo…-
-Jarvis, llévalo a su habitación de inmediato-
Jarvis toco mi hombro suavemente, me levante del suelo y sube las escaleras en completo silencio. Traté de dormir, pero en toda la noche solo pude escuchar los gritos de mis padres, claramente mama trataba de calmarlo, pero no funcionaba mucho. El desayuno fue de los peores momentos que pude haber vivido, el ambiente era tenso y nadie se dirigía una sola palabra, ni siquiera la mirada, apenas termine de comer, me levante de la mesa para ir por mis cosas, pero la voz de mi padre me lo impidió –Hoy no iras a la escuela, Anthony-
-¿P-Por qué no?-
-No quiero que te encuentres con ese niño, a esta hora su padre ya debió haber divulgado lo sucedido entre todos los padres-
-P-Pero Michael es mi amigo-
-Pues ya no lo es, vete olvidando de ese niño, porque no volverás a verlo en tu vida. Y si sabes lo que te conviene, será mejor que vayas cambiando esos moditos tuyos, porque nadie en mi familia será un enfermo-
-C-Como tú digas, padre-
Lógicamente me cambiaron de escuela, pues el padre de Michael se encargó de divulgar entre los demás padres lo que sucedió en su casa. Los años pasaron, y si bien, mi relación con mi madre no cambio nada, hubiera deseado que ese también fuera el caso con mi padre; no solo era más serio, sino que ahora incluso creo que se inventaba reuniones con tal de no estar en casa el mayor tiempo posible. Ahora mismo estoy cursando el último año de secundaria, y todo seguiría de forma normal, de no ser por ese suceso…
-¿Stark? –Anthony Stark? No puedo creer que en serio eres tu-. Por mucho tiempo trate de no toparme con Obadiah Stane, de niños jamás nos llevamos bien, y ahora que conocía mi pasado sabía que no sería nada bueno que me reconociera
-N-No sé de qué hablar-
-No puedo creerlo. Anthony Stark, ¿Qué paso? ¿Tantos años siendo un marica te borraron la memoria?-. ¿Tenía que gritarlo? Ahora todos nos veían –Dios, pensar que desde niño eras un desviado. Gracias a ti, Michael fue enviado a un colegio militar, para que fenómenos como tú no siguieran confundiéndolo. ¿Cuántos penes has tragado en todo este curso?-
Con el rostro serio, tratando de no demostrar lo que esas palabras me afectaban, tome mis cosas y me aleje de allí, escuchando los murmullos de los demás. No le conté nada a mis padres, de todos modos, no es como si ellos hicieran algo al respecto, y no estaba para cambiarme de escuela a poco tiempo de terminar el año. Tuve que aguantar las burlas de algunos compañeros, las bromas pesadas de otros e incluso el acoso de unos cuantos. Pero siempre dicen que detrás de todo lo malo, hay un rayo de esperanza, el mío tenía un nombre: James Barnes, aunque me dejaba llamarlo Bucky. Lo único malo era que él tenía un amigo, Steve Rogers, y aunque él no me lo dijera de frente, sabía que era de aquellos que no aceptaban la homosexualidad o alguna otra preferencia. ¿Algo peor que eso? Oh sí, he estado enamorado de Rogers como un jodido loco desde la primera vez que lo vi. Y por más que lo quisiera, sabía que era inútil decirle mis sentimientos; el primero se casaría con un alienígena antes que interesarse en mi
Por lo común, yo siempre almorzaba bajo un árbol que se encontraba apartado del edificio; pero un día, cuando me disponía a hacer lo mismo de la rutina, James me llamo desde su mesa donde estaba junto a ese rubio, invitándome a comer con ellos. Trague saliva antes de caminar lentamente, Dios, el rostro de Steve reflejaba todo menos gusto por sentarme en la misma mesa que él. Coloque mi mochila a mi lado, pero justo antes de sentarme, escuche –Espero que no se tarde mucho, detesto comer con maricas-. Aunque trato de "susurrarlo", pude escucharlo claramente; con Stane no derrame una sola lagrima frente a todos, pero esto era completamente diferente. La persona que había dicho esas palabras era alguien a quien admiraba y amaba desde hace tiempo, tomé mi mochila y salí caminando rápidamente, justo cuando sentía que mis ojos comenzaban a llenarse de ese líquido salado
Caminé por uno de los callejones del edificio, ahí pude soltar todas las lágrimas que mis ojos pudieran derramar -¡Anthony!-. Esa voz… Era Steve, voltee y vi cómo se acercaba a mi rápidamente, no lo pensé 2 veces y acelere mis pasos, pero no tardó mucho en sujetarme del brazo para girarme hacia él. No podía verlo a su cara, así que agache mi rostro hacia el suelo –P-Perdóname… T-Te prometo que no volveré a molestarte-
-No, Anthony… T-Tu perdóname a mí, estuvo mal lo que dije y…-
-No tienes que fingir, Steve, no te caigo bien por lo que soy, así de simple-
-Aun así, eso no me daba ningún derecho de decirte esas cosas… No quiero que me comprendas, yo crecí con otros pensamientos, otras ideas, y yo… T-Te prometo que tratare de acostumbrarme a todo esto, s-solo dame algo de tiempo y paciencia-
Suspiré y asentí con la cabeza, realmente no podía culparlo del todo, su padre era como el mío, solo que el sí logro meterle esas ideas a su hijo. Al principio, dude mucho en volver a juntarme con James y Steve, pero si quería que esto resultara, debía dejar atrás esos miedos. Era bastante callado, solo miraba hacia otro lado y comía mientras escuchaba sus pláticas, la mayoría de ellas eran sobre sus entrenamientos; hasta que un día Bucky me animo a hablar sobre las cosas que me interesaban. Ellos realmente no entendían del todo sobre ciencias o mecánica, pero vi que poco a poco se acostumbraban a mis platicas; aunque creo que fue porque podía llegar a contar divertidas anécdotas vividas gracias a mis hobbies
-¿Y esa cara, hermano?-
-La maestra de algebra, lo de siempre, estoy a punto de reprobar su materia. Si eso pasa, no podre jugar en la siguiente temporada, sabes que el equipo me necesita-
-Lo sé, tendrás que pedir tutorías-
-Yo puedo ayudarte con tus estudios-. Lo solté sin pensarlo, claro que me arrepentí al ver como ambos me miraban algo sorprendidos, pude sentir como mi rostro se coloraba levemente –E-Es decir, si quieres, no digo que tengas que aceptar, solo…-
-Eso sería de mucha ayuda, es decir, si no es molestia-
Así fue como iniciaron mis tutorías con Steve, todas las tardes terminando las clases, nos íbamos a mi casa y él se quedaba un par de horas mientras le explicaba los temas que no entendía. Realmente estaba dando todo su esfuerzo, eso pude verlo en sus notas; y la verdad es que las tutorías no solo subieron sus calificaciones, sino que también hicieron que conviviéramos un poco más. Al principio el solo se enfocaba en los estudios, pero poco a poco comenzó a interesarse en mis gustos, convivíamos más en la escuela; no éramos uña y mugre, pero si podíamos platicar nuestros problemas. No esperaba que nuestra convivencia cambiara, era demasiado optimista de m parte pensar que eso podría pasar, pero bueno… Las mayores sorpresas vienen siempre de la forma menos pensada
-¿Entonces nos vemos en tu casa a la misma hora?-
-Creo que lo mejor sería ir a la biblioteca que esta por tu casa? Mi madre tendrá una de sus aburridas reuniones de mujeres, y conociéndola, no dejará de hacerte un millón de preguntas. Y créeme, no es nada divertido eso-
-¿Y porque no vamos a tu casa, hermano? La verdad es que yo también he bajado un poco mis calificaciones y necesito de tu ayuda, cerebrito-
-Si a Steve no le molesta, claro, solo le avisaría a mi madre. Y, en segundo lugar, llámame así de nuevo y te juro que mi nuevo invento lo uso en ti-
-No me molesta para nada, saliendo de clases nos vamos a mi casa-
Apenas terminaron las clases, subimos a mi coche y maneje hasta la casa de Steve, era una fortuna que no estuviera tan lejos. Si bien su casa no era una gran mansión, la verdad es que tenía ese aire familiar que tanto carecía en la mía; solo cruzar el umbral de la puerta, fuimos recibidos por una voz femenina muy cálida, era su madre. Dios, Steve se parecía mucha a ella. Nos saludó con un beso a los 3, de mas esta decir que ese tipo de acciones tan afectuosas me sorprendieron bastante, aun así, no me queje. Pero lo que si me molesto fue lo olvidadizo que era Bucky, en serio, a los 10 minutos olvidaba por completo lo que le explicaba; y de no haber sido porque le quite el teléfono, se le olvidaría en un tiempo más corto. De pronto mi teléfono sonó, ya eran casi las 10 de la noche –Mierda, ya es muy tarde. Tengo que irme-
-¿Por qué no te quedas a dormir, Anthony? A estas horas puede ser peligroso andar solo por estas calles-
Mire de reojo a Steve y a Bucky, ambos asintieron con la cabeza –C-Claro, solo le avisare a mi madre para que no se preocupe-. Tome mi teléfono y le mande un mensaje, y obviamente ella respondió con las típicas frases "No llegues tan tarde en la mañana" o "No olvides lavarte los dientes". En fin, Sarah nos dio de cenar y la ayude con los platos –Anthony, te quedaras en la habitación de Steve-
-N-No se preocupe, yo puedo dormir en el sofá-
-Oh, tonterías, Steve tiene una cama extra en su habitación. No creo que le moleste que duermas con él, ¿Cierto, hijo?-
-Oh no, para nada. Ven conmigo, Tony, te llevare a tu cama-. Me sorprendí por su respuesta, a decir verdad, esperaba que el buscara alguna excusa para que yo durmiera en otra habitación o en el sofá. Subimos las escaleras y abrió una puerta, la habitación era grande, incluso contaba con un baño propio –Puedes ducharte, te prestare algo de ropa-
-N-No quisiera causar molestias-
-Para nada, la dejare en el lavabo con la toalla-. Entre al baño y comencé a ducharme, no me demore mucho, solo me remoje lo suficiente para quitarme el sudor de ese día. Al salir, vi el pijama que Steve me había dejado, me la puse, pero había un pequeño problema… Steve era por mucho más grande que yo, su camisa me quedaba como bata, llegando un poco más debajo de mis muslos, y los pantalones ni siquiera se ajustaban. Así que solo me deje la camisa y mi bóxer, no puedo creer lo que hice, mire a mi alrededor cerciorándome de que nadie me estuviera viéndome, tome el cuello de la camisa y aspire la tela; detrás del detergente y el suavizante, se podía apreciar el aroma de Steve
Salí del baño y ahí ya estaba Steve en su cama, alistándose para dormir; no pude evitar sentirme nervioso al pensar que tal vez pudo verme, pero actué como si nada pasara -¿No te quedo mi pantalón?-
-L-La verdad es que me quedaba un poco grande, pero tu camisa funciona bien como bata para dormir- dije mientras reía nerviosamente
-Bueno, te deje una cobija en la cama y algunas almohadas-
-Gracias-. Acomodé las cosas en la cama, pero tenía el presentimiento de que alguien me miraba; por un momento pensé que era porque no se sentía del todo cómodo con tenerme en su habitación, pero al voltear disimuladamente, vi como el desviaba su cabeza. Me recosté dándole la espalda, esperé a que por fin apagara la luz para poder sentirme tranquilo de saber que ya estaba dormido; de pronto sentí como algo se movía en el colchón, quizás era el gato de la señora Sarah. Moví mi mano para acariciar su pelaje, pero lo que sentí en su lugar fue una mano
Me levanté rápidamente, y a pesar de la oscuridad, pude divisar la mirada de Steve, a pocos centímetros de mi rostro –S-Steve, ¿Qué pasa?-. Trate de sonar lo más calmado posible, pero esa imposible tomando en cuenta nuestra cercanía; su aliento chocaba con mi oreja. No pude siquiera hablar, algo choco con mis labios, trate de pensar que era otra cosa, pero el roce de nuestras narices me confirmo que eran sus labios besándome. Trate de separarlo, pero una de sus manos sujetó las mías mientras que la otra sujetaba mi cintura para recostarme en la cama –S-Steve, espe…-
Nuevamente me interrumpió, esta vez su lengua fue la encargada de acallar cualquier palabra, un hilo de saliva corrió entre nuestros labios y se derramaba a través de mi cuello –Tu aroma es delicioso, Tony… ¿Acaso el mío también lo es?-
… Oh mierda -¿D-De que hablas?-
-Por bastante tiempo sospechaba que tu sentías algo por mí, hoy lo confirme con verte oliendo mi camisa… Fui bastante ciego para no ver lo lindo que eres, pero esta noche todo eso cambiara-
-E-Estas loco-
-Si… Por ti-. Volvió a besarme, era inútil tratar de resistirme, de todos modos, no era como si aquel contacto no me gustase. Al ver que dejaba de forcejear, soltó mis manos, y estas se enrollaron alrededor de su cuello; sus manos me despojaron de su camisa, dejándola caer a un lado de la cama. Comencé a alzar su camisa, y el levanto los brazos para facilitarme las cosas; con mis dedos trace cada centímetro de su piel, era tersa, calidad… Muchas veces fantasee con este momento, aun si las probabilidades de que realmente sucedieran eran pocas, pero estaba sucediendo y cualquier fantasía se quedaba corta con lo que estaba viviendo. Se quitó el pantalón, a través de su bóxer se podía apreciar su prominente erección, no sabía si era enorme o muy ancha, lo que más me preocupaba era que yo jamás había estado con otro hombre. Quizás el sí tenía experiencia en ese ámbito, pero yo no, y eso podía llegar a asustarme un poco
Sus labios se pasearon por mi cuello, su lengua jugueteaba con mi piel y sus dientes se encargaron de dejar cuantas marcas fueran posibles. Las piernas me temblaban y en mi estómago comenzó a crecer un cosquilleo, una de sus manos se aventuró hasta mi entrepierna, tomando mi miembro entre sus dedos. Mi espalda se arqueo ante el contacto, traté de cerrar mis piernas, pero él me lo impidió acomodándose entre estas; no pude evitar jadear al sentir el choque de nuestras pelvis. Y un gemido entrecortado broto de mis labios cuando su mano comenzó a tocar (Manosear, mejor dijo) mi trasero, no contento con eso, lo nalgueó varias veces, seguramente mañana lo tendría de un color tomate. Cuando su otra mano rozo sus dedos con mis labios, supe que era lo que quería, comencé a lamerlos mientras jugueteaba con ellos usando mi lengua
La luz de la luna iluminaba la habitación, gracias a ella pude ver que sus ojos desprendían una chispa de lujuria total; dirigió sus dedos hasta mi trasero, tanteando mi entrada. Entro sin mucha dificultad y comenzó a moverlo varias veces, mis manos se aferraron a las sabanas y mordí mis labios tratando de no gemir, fue imposible gracias a que Steve toco un punto en mi interior que provoco una especie de choque eléctrico que recorrió todo mi cuerpo. Solté un fuerte gemido, pero Steve se encargó de callarme cubriendo mis labios con una mano mientras que la otra me despojo de mi última prenda. Ni corto ni perezoso, alineo su miembro en mi entrada antes de comenzar a empujar; esa cosa no era humana, quizás jamás había visto el pene de otro muchacho antes, pero eso ya no importaba ahora que podía sentir uno en su totalidad
Pero él sabía que yo era virgen, así que trato de distraerme del dolor con palabras dulces y caricias en mi rostro, de más está decir que funciono. Cuando el dolor fue reemplazado por el mayor de los placeres, primero comenzó a moverse lentamente, era una completa tortura, mi cuerpo pedía que fuera más rápido, que me follara como un jodido animal. No tenía palabras para pedírselo, así que enrollé mis piernas en sus caderas, clavando mis talones en sus glúteos, y enterré mis uñas en su espalda. Tras mirarme unos cuantos segundos, comenzó a moverse cada vez más rápido mientras me besaba para tratar de silenciar nuestros gemidos. En la habitación se podía escuchar el chapoteo y el choque de nuestras pieles, quizás fue mi imaginación, pero claramente escuche que la puerta se abría y se cerraba casi al instante; trate de decírselo a Steve, pero el solo seguía embistiéndome y besándome
No sé con exactitud cuánto tiempo duro con este ritmo, pero sí sé que cada segundo estaba lleno del más puro de los placeres. Una de sus manos sujeto mi cintura y la otra se sostuvo de la pared para poder impulsar sus movimientos, ambos nos corrimos al mismo tiempo, yo entre nuestros vientres y el en mi interior. Sus brazos me rodearon y, sin romper la unión, me recostó sobre su pecho; el cansancio poco a poco comenzó a inundarnos, me quede completamente dormido mientras el acariciaba mis cabellos. Los primeros rayos del sol fueron los encargados de despertarnos, abrí mis ojos mientras soltaba un leve quejido gracias al dolor que sentía en la espalda baja. Al alzar la mirada, Steve me miro unos cuantos segundos antes de besar mis labios en un beso tierno, lleno de cariño; correspondí abrazándolo por el cuello. Claro que lo detuve al sentir que su mano comenzaba a viajar hacia mi trasero –Quieto ahí, vaquero, debo regresar a casa-
-Moh, bien, pero el próximo fin de semana te secuestrare y te llevare a una cabaña, y te aseguro que no podrás caminar al menos en 3 días-
-Son solo palabras, Rogers… Anda, suéltame, quiero vestirme-
Me dio un pequeño beso y me levante de la cama tomando mi bóxer antes de entrar al baño; aun con ese dolor, logre vestirme y bajar al comedor para desayunar. Apenas terminé, me despedí de la señora Sarah con un beso en la mejilla, agradeciéndole su hospitalidad. Pero antes de poder tomar la perilla, Steve se colocó a mi lado besando mi mejilla –Mándame mensaje cuando llegues, lindura-
-Por supuesto, guapo-
