HETALIA ES UN MANGA DE HIDEKAZ HIMARUYA


La autora es española de España. Aunque he procurado documentarme acerca del acento mexicano, ruego a los nativos presentes que por favor me indiquen si he colado alguna expresión que no corresponda para corregirlo.


«Se habla de la alegría española y nada hay más desolador y melancólico que esta española tierra. Es triste el paisaje y es triste el arte» (José Martínez Ruiz "Azorín")


El día en que recibimos la primera señal de que algo iba mal con España mi primera reacción fue sonreír y pensar que el viejo España ya volvía a hacer el ridículo frente al mundo entero. Aún a día de hoy sigo lamentando haber pensado tal cosa, pero en mi defensa diré que ninguno de nosotros tenía la menor idea de lo que estaba pasando realmente, y aquellos que sabían algo más que el resto no sospechaban lo serio del caso.

Ahora que miro toda esta historia desde la distancia del tiempo, me he dado cuenta de que tendemos que estarle muy agradecidos a Austria de que perdiera la paciencia durante la cumbre. De no ser por él, ninguno nos habríamos dado cuenta de nada y es muy posible que el daño que se hizo hubiera sido mayor e irreversible. Le debemos mucho a su temperamento, y por eso empiezo la historia en ese punto, aunque el problema hubiera estado desarrollándose durante mucho tiempo.

Como he dicho, todo comenzó durante una de las reuniones del Consejo Europeo. Europeas o americanas, todas son lo mismo. Están repletas de horas tratando asuntos sin importancia ni interés, tantas que uno a menudo se pregunta cuál es el objeto de seguir reuniéndose, de no ser para darle a unos pocos unos salarios muy buenos y un sentimiento de importancia. No es raro ver a los miembros mirando sus celulares a escondidas, intercambiándose notas o mensajes con la nación más cercana o dormitando. Incluso las naciones más serias, educadas e importantes no pueden resistirse a la tentación de cerrar los ojos e imaginarse en casa calentitos, cómodos, viendo la televisión o comiendo. Pero es nuestro deber asistir, lo único que nos piden nuestros ciudadanos. De vez en cuando sale algo útil de esas horas eternas de burocracia. Y, en el caso de la Unión Europea, a nadie le gusta enojar a Alemania. Ladra mucho.

Por supuesto, España hizo lo que se esperaba de él y cerró los ojos tras encontrar una postura cómoda. A sus vecinos no les importó, pues estaban acostumbrados; de hecho, si uno ve las imágenes, puede ver que Portugal estaba luchando por mantener los suyos abiertos. Hay países que no comprenden esta tendencia a echarse la siesta. Creen que es algo en el aire, en el agua, en la sangre. Hay quien cree que es el sol, que brilla más en ciertos lugares del mundo y nos roba la energía, nos fríe el cerebro, tener que trabajar bajo él nos reduce a los instintos básicos de comer, descansar y hacer el amor. Aunque es cierto que da mala imagen, y más en países como España a los que el norte acusa de ser como cerdos que nada más que se pasan tirados al sol todo el día sin hacer nada, viviendo a expensas de otros, los hay que tienen una idea equivocada de nosotros (ahí me incluyo) y nos mira por encima del hombro.

La cosa es, Austria no se sintió compasivo ese día. Supongo que se levantó con el pie izquierdo y no tenía su piano a mano para desahogarse. Así es Austria: raramente cuenta qué le molesta y espera que los demás lo sepamos de alguna manera, telepáticamente, tal vez. De modo que, como he dicho, Austria se percató de que España se había quedado dormido. Era su turno para hablar y quería que lo escucharan. Probablemente no estuviera de humor para aguantar ni la menor descortesía. De modo que fue hacia él con paso silencioso pero firme y una vez se encontró tras de él, con todos los asistentes callados como muertos, mirando con gran expectación (como he dicho, estas reuniones son normalmente muy aburridas y era una buena manera de hacerlas entretenidas). Jaló a España del pelo, no estoy segura de si pretendía golpearle la cabeza contra la mesa o si quería tirarle de los pelos hasta que gritara de dolor...

...Pero lo que pasó fue que la melena se separó de su cabeza.

No sólo los otros países y el personal, el propio Austria se quedó en shock por un instante, mirando la cabellera en su mano y a España frente de él, el cual ahora tenía el pelo largo y rubio.

— ¡¿QUÉ SIGNIFICA ESTO?!—exclamó entonces.

España abrió los ojos de sopetón y se quedó sin habla y tieso en su asiento, mirando a su alrededor como si su cerebro hubiera dejado de funcionar correctamente y no supiera cómo reaccionar. Algunos, como Polonia, tuvieron que tapar sus bocas para que no se los viera riéndose. Creo que pensaban que España se había hecho algo en el pelo. Al menos hasta que sus guardaespaldas lo sacaron de la sala rápidamente sin mediar palabra.

Como España no debía hablar pero su voto era necesario, hubo un receso, durante el cual los europeos recibieron el anuncio de que debían suspender la reunión.

El espectáculo me dio vergüenza ajena. Ya estaba España haciendo el payaso...Tenía un trabajo y no lo estaba haciendo.

Las noticias volaron fuera de Europa. América, Japón, Rusia, Inglaterra, todos lo escuchamos. El caso terminó en los periódicos de todo el mundo, en todos los noticiarios. En España levantó un buen revuelo; en la televisión, en las calles, todos hablaban sobre ello, las veinticuatro horas, durante semanas.

Porque resultó que el hombre que estaba sentado en el lugar de España en el Consejo no era España.

Para calmar a sus socios europeos, su gobierno fue obligado a admitir que el individuo era un actor contratado que se caracterizó como la nación para llenar su espacio. Entre los asuntos que se trataban ese día había algunos de gran interés para España que no podían atrasar, de modo que pagaron a ese hombre para que ocupara su puesto.

¿Y el verdadero España? La respuesta era muy vaga: «No se encuentra bien».

La prensa lo descubrió antes de lo que el gobierno habría querido y estalló el escándalo. ¿Por qué engañaron de esa forma a Europa y a los ciudadanos? ¿Durante cuánto tiempo habían llevado a cabo esta farsa? ¿Ya no serían válidos los acuerdos visados por el impostor? Y lo más importante: ¿dónde estaba España, para preguntarle si sabía lo del actor, preguntarle por su estado de salud...? El España que conocemos no pierde instante en quejarse de sus dolores y de sus problemas, adora airear sus quejas. Hablé del tema con Argentina y ella me dijo que no había sido capaz de contactar con él para saber cómo estaba.

Yo dudaba que estuviera enfermo, la verdad. Lo conozco muy bien. Muchas veces se inventa excusas para evitar compromisos.

Las semanas pasaron y aún no había noticias sobre España, no se le veía por ninguna parte. Sus ministros y embajadores tomaron cargo de sus asuntos. Pronto el revuelo por el actor se olvidó en favor de la última controversia, escándalo, moda. (Así es como funciona, me temo: si hay un escándalo, lo tapamos con una controversia lo suficientemente fuerte para hacer olvidar a la gente). Las otras naciones tampoco pensaron mucho en ello, porque tenían bastante con sus problemas para preocuparse por los de España, y se limitaron a encogerse de hombros.

— No hay por qué alarmarse. Aparecerá en cualquier momento como si no hubiera pasado nada—dijo Portugal a todos.

— Como si no conocierais a España. Seguro que está echándose la siesta de su vida—dijo Francia.

— Todos necesitamos un descanso de vez en cuando—lo disculpó Italia.

Incluso Austria cambió su ira por decepción y estoicismo:

— Estará esperando el momento de que olvidemos lo insolente que ha sido para reaparecer sin consecuencias.

Nadie lo vio en todo este tiempo en ningún bar o en la playa, sus redes sociales no tenían entradas nuevas en meses, los chats con sus amigos estaban vacíos.

Tiempo después unos asuntos de negocios me trajeron a su casa, no necesité alojamiento. Tenía la llave de su casa habitual, en Sevilla. Sus "niños" la tenemos desde hace tiempo. Dice que siempre somos bienvenidos, que su casa es su casa, así que le tomé la palabra. Entré esperando encontrarlo allí, jugando a videojuegos, viviendo la buena vida, mientras sus pobres superiores trataban de salvarle el trasero. Ya lo veía riéndose a causa de su travesura.

Su apartamento estaba vacío. En algunas partes había una considerable capa de polvo.

Como él no estaba, me reuní con la Ministra de Asuntos Exteriores.

Ella, las personas que me encontré, todos a su alrededor, actuaban como debían, pero había algo en sus caras, en la forma en que hablaban. Como tratando de apartar de sus cabezas algún mal pensamiento, como intentando concentrarse en el asunto que traían entre manos. Los humanos son individualmente mucho más fáciles de leer que las naciones. Nosotras estamos hechas de sentimientos conflictivos, contradictorios, complejos; ellos son mucho más simples. Con el tiempo, he sido capaz de leer sus caras, hacerme una idea de sus pensamientos y sentimientos. Es una de las ventajas de tener una inmortalidad virtual: llegas a aprender lo que a los humanos les llevaría varias vidas.

Tras un rato fingiendo que estábamos llegando a un acuerdo, decidí ser clara. Dejé mis documentos aparte, miré a la Ministra y le pregunté:

— ¿Tienen idea de dónde está España?

Se sorprendió al principio. Murmuró algo incomprensible, unas pocas excusas, trató de volver al tema. Al final, avergonzada, pareció encogerse en el asiento y evitó mirarme al murmurar:

— No...La verdad es que no...

— ¿Durante cuánto tiempo?

Otra pausa.

— Unos seis meses.

— ¿España lleva desaparecido medio año y ustedes no se lo dijeron a nadie?—si alcé la voz, si gruñí, fue completamente involuntario. Creo que la asusté. Me miró como una niñita asustada.

— Lo estamos buscando, llevamos buscándolo todo este tiempo. Es que...Preferimos hacerlo...discretamente...No estamos en una buena situación...Si la gente supiera que su nación está desaparecida, la bolsa, Europa, el mundo entero...Nuestros rivales políticos sacarían tajada de ello, lo usarían contra nosotros, los ciudadanos se pondrían a culpar a otros por su desaparición o creerían que los ha abandonado...Además...Aún no sabemos si ha sido secuestrado por terroristas, por...No sabemos nada...No podemos armar un escándalo...Por nuestro propio bien y el de España...

— ¿Creen que pudo haber sido secuestrado?

— Es una de las posibilidades que estamos barajando. España...Sabe lo que tiene que hacer, no es tan irresponsable...y si se marchó de verdad...No se llevó nada consigo, que sepamos. Sus cuentas bancarias siguen intactas...Quizás guardara algún dinero en casa del que no sepamos nada...Es muy conocido, una persona muy importante, alguien debió haberlo visto...A no ser que haya cambiado su apariencia o...

La dolía admitir todo esto, así que tuve que creerla. Su gobierno no tenía la menor idea de dónde podía estar. Aun así, yo seguía tranquila. Lo había hecho antes: saltar la tapia de palacio para ir donde le iba en gana, desaparecer y volver al tiempo...

Estaba convencida de que estaba siendo un niño tonto y por ello creí que era mi deber encontrarlo y llevarlo de vuelta a sus labores agarrado de la oreja. Por eso metí los hocicos en los asuntos de España, cuando podría haberme vuelto a casa y ocuparme de los míos propios, igual que hizo todo el mundo.

Si no querían hacer ningún ruido, lo respetaría. Por el momento. Pero tenía muy claro que debía hacer algo. Aunque sólo fuera por responder a una duda que me reconcomía: ¿cómo pudo alguien tan ruidoso desaparecer de una forma tan discreta?