Oportunidad

Disclaimer: Nada me pertenece.

Esta historia participa en el reto multifandom del foro Alas negras, palabras negras con la tabla técnica. Me tocó flasback. Es mi primera vez en el fandom, pero espero que no sea la última porque Crowley y Azirafel me gustan mucho.

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La rebelación de que Azirafel está muerto te golpea como nada lo había hecho antes. El dolor que sientes solo es comparable al día en que caíste y ni siquiera ese día te sentiste así. Te tomaste tu caída como un nuevo comienzo, pero la muerte de Azirafel no es el comienzo de nada.

Eres un demonio y, como tal, tu memoria está preparada para albergar millones de años de existencia. Es por eso que te acuerdas como si fuera ayer de la primera vez que ese ángel, uno más de tantos, te llamó la atención.

No era un día más. Adán y Eva habían sido expulsados del paraíso. Se abría todo un mundo de posibilidades sobre qué hacer ahora. Estabas pensando en eso cuando lo viste. Era uno de los guardianes, el que tenía la espada de fuego. Sin embargo, no la llevaba encima. Le preguntaste y te contó que se la había dado a ellos. Te habló del frío y del bebé que estaban esperando.

No te impresionó su bondad. A ti esas cosas nunca te han impresionado. Lo que realmente te hizo considerar interesante a Azirafel fue ese gesto de rebeldía: anteponer lo que para él era justo a una orden de Dios. Ningún otro ángel lo hubiera hecho. Los únicos dispuestos a desobedecer a la de arriba ya no érais ángeles y vosotros no lo habíais hecho precisamente por bondad.

Dejas atrás los restos de la librería. En teoría tienes un apocalipsis que detener, pero no sabes como hacerlo. De todos modos no tienes ganas de hacer nada. Solo quieres ahogar el dolor que sientes en alcohol. Desde luego Azirafel se merece que lo llores. Así que buscas un bar y pides la botella más cara que tengan, porque él se lo merece y porque tú no beberías otra cosa.

Te preguntas si así es como se sienten los humanos todo el tiempo y cómo lo soportan. Ellos pierden a sus seres queridos con frecuencia, con mucha más frecuencia que tú. Azirafel es tu primera gran pérdida y vaya si está siendo horrible.

Los recuerdos pasan por tu cabeza como en una de esas películas en las que el protagonista ve pasar su vida en pequeños flashbacks, escenas compartidas con Azirafel a lo largo de años y años: Italia, Escocia, Francia y un sinfín de lugares más, encuentros casuales y otros no tanto. Ni siquiera estás seguro de en qué momento pasásteis de limitaros a hablar de vez en cuando a ayudaros sistemáticamente. Tampoco sabes cuándo os hicísteis amigos ni cuándo empezaste a ver a azirafel como algo más. Ni siquiera sabes qué pensaba él al respecto. Crees que sí te consideraba su amigo aunque se negara a reconocerlo porque ¿cómo iban a ser amigos un ángel como él y un demonio como tú?

Azirafel siempre fue como todos los ángeles, demasiado cegado por lo que otros consideraban correcto como para plantearse que las cosas pudieran ser diferentes. No obstante eso no es del todo justo. Al fin y al cabo les dio la espada a los humanos. Al fin y al cabo, te dio una oportunidad a ti. Sí, quizá nunca lo reconociera, pero Azirafel era de los pocos ángeles que se dejaban guiar por su propio sentido de lo correcto.

Ese era te duele demasiado. Intentas dejar de pensar. Concentrarte en el alcohol. Entonces suena el teléfono y oyes su voz. Tardas un poco en procesar lo que eso significa. No está muerto. Azirafel está vivo y tiene un plan para evitar el apocalipsis. La tierra tiene una nueva oportunidad y, más importante, vosotros también.