Primero que todo, te agradezco muchísimo por seguir leyendo esta historia. Aquí empieza una nueva etapa de esta saga. Originalmente era un libro aparte titulado "Solo Skywalker", correspondiente a la continuación de "El Último Guardián"; pero aquí uní toda la saga porque es la misma historia. Desde ahora comenzaremos a conocer otros personajes, veremos a un Reylo más maduro y la historia de sus hijos. Espero les guste.


Capítulo XVI

El joven de 13 años contemplaba los jardines, sentado sobre el pasto mientras oía el canto de las aves y sentía el viento acariciar su pálido rostro, moviendo su desordenado y abundante cabello castaño oscuro.

- Bail, ¿qué fue lo que pasó ahora?- le preguntó preocupado su padre, sentándose a su lado- Otra vez te suspendieron de la escuela. ¡Ya es la quinta vez este semestre!

- ¡Yo solo intentaba ayudar! ¡Estaban golpeando al mismo chico de siempre!- se excusó

- De acuerdo- tomó aire para calmarse y hacer la siguiente pregunta- ¿Alguno quedó inconsciente?

- Cinco- le contestó sin reparos.

Ambos se miraron. Tenían la misma intensa mirada marrón, solo que en el joven se apreciaba algunos tonos verdes. Ben conocía esos ojos: su hijo no se arrepentía de lo que había hecho.

- Entiendo que quieras defenderlo, pero tienes que medir tus actos. ¡Esta vez te suspendieron un mes completo!

- Mejor para mí . Detesto la escuela.

Él lo sabía. El joven era poco sociable y demasiado inteligente. Al transcurrir los años, cada vez lo suspendían en más ocasiones como si buscara oportunidades para no tener que ir.

- Lo sé y ya lo hemos conversado con tu madre. Definitivamente no volverás a ir pero--

- ¡¿Es en serio?!- lo interrumpió lleno de ilusión

- Sí, pero escúchame. Terminarás este semestre y de ahí en adelante estudiarás solo y sacarás los cursos antes, ¿entendido?

- Sí, sí, lo prometo.

- Y entrenarás el doble de tiempo. Tienes que controlar tu carácter, Bail; no puedes ir por la vida atacando a los demás, aunque sea algo justo. Lo de hoy lo puedo entender, pero la gran mayoría de tus suspensiones eran evitables- añadió Ben, seriamente.

El joven bajó la mirada y se quedó en silencio. Él se sentía diferente todo el tiempo en la escuela, excepto cuando estaba con su familia o entrenando con los demás aprendices.

- Papá...

- ¿Dime?

- Cuando me has hablado de la Díada que hay entre tú y mamá... ¿tú crees que nosotros también somos parte de eso?

- ¿A quiénes te refieres?

- A Tai, Shmi y a mí. ¿Tú crees que Tai sea la Luz, Shmi el Balance y yo la Oscuridad?

Ben se quedó perplejo frente al razonamiento de su hijo menor. Nunca había pensado en ellos de esa manera, hasta que él se lo mencionó.

- No, no creo que sea así - le respondió apacible- Si bien cada uno de ustedes es distinto, los 3 tienen ambas tendencias y eso es normal. Tai, aunque es sumamente alegre y sociable, tan parecido a tu madre, tiene su oscuridad... y quedó más que claro cuando Serena lo rechazó. Nunca lo vi tan mal y, te seré sincero, me asusté con él.

- Según él ya la olvidó, pero no le creo.

- Ya son 8 meses desde eso... A lo que voy, es que él no era Luz absoluta así como tú no eres total Oscuridad. Tus intenciones siempre son nobles, aunque no las sepas llevar a cabo correctamente. Esos buenos motivos son los que valen y me hacen estar orgulloso de ti.

El joven miraba a su padre con alivio. Sentía esa necesidad constante de aprobación. No era tan seguro de sí mismo como aparentaba hacia los demás.

- En el caso de Shmi- continuó su padre- Ella... ella no es el balance que tú crees. De pequeña tenía unas rabietas feroces que ni tú ni tu hermano manifestaron. Ya después se le pasó. Ahora, desde que se propuso llegar al senado y representar a Naboo, está empecinada en lograrlo. Tiene carácter muy fuerte como tu abuela... y tu bisabuela. Lo hace por una buena causa, esa es su Luz-

- Yo sé que lo va a conseguir... de verdad espero que lo haga, porque, de lo contrario, no quiero ver su reacción al fracaso- comentó el joven en una mezcla de risa y temor

- Lo hará. Sabes que no me gusta la política, pero desde que llegamos a Naboo, cuando tú tenías 3 años, ella tenía recién 10 y ya quería conocer a la Reina y a quienes la rodeaban. Tu hermano en ese entonces tenía 16, aunque tú sabes que él tiene otros intereses.

- Las armas, le encantan las armas-

- Tai es una mezcla extraña entre lo bélico y lo amable. ¿No te parece?

Bail no pudo evitar reirse del comentario de su padre.

- Volviendo a tu caso, tú eres tan especial y único como tus hermanos. Tal vez tú te criaste en una ciudad y no escondido en el bosque como ellos, pero al menos fuiste más libre. Por años nos tuvimos que esconder hasta que tu tío Poe le consiguió protección política a tu madre aquí. Naboo quería a tu madre para limpiar la reputación del planeta, la cual se manchó por culpa de su abuelo.-

- Mamá es una heroína. Todos la quieren-

- Sí, ahora. Fue difícil enfrentar a quienes no pensaban así cuando la galaxia conoció su origen-

- Fue en ese mismo periodo cuando dejaste de usar el traje, ¿verdad?-

- Sí y fue un riesgo enorme. Ya habían pasado 18 años desde que había muerto Kylo Ren y para que tu madre ingresara legalmente tenían que tener todos sus registros, incluido con quién estaba casada. Lo mantuve oculto mucho tiempo, Bail. No quería que los dañaran por mi culpa. Pero como mi abuela también era nativa de Naboo fue más facil que me aceptaran y me dieran protección política como a tu madre. Eso sí, me pidieron algo a cambio: entrenar más Usuarios de la Fuerza para mantener la paz y luego poder enviarlos a otros planetas. Así que instalaron la Academia aquí, en Keren. No me pusieron más trabas después de todo el bien que hice durante todos esos años. Todos reconocían mi trabajo, solo no conocían mi cara.

- Y sigues fomentando la paz. Mereces ser un héroe igual que mamá-

Ben le sonrió a su hijo. Ambos compartían esa mirada cómplice... Bail tenía una gran idea para ese mes sin clases.

- Si me halagas para aceptar tu idea, no es necesario. Iremos a Kashyyyk, pero solo por 15 días y volverás a ponerte al día con tus materias-

-¡Yo quería todo el mes!- refunfuñó

- No. Solo 15 días y volvemos. Si quieres quedarte más, será haciendo aseo porque la casa no se limpiará sola mientras estemos allá -

- ¡Sí, yo limpio!-

- No te creo- le dijo su padre, poniéndose de pie- Yo le hablaré a tu madre sobre estos planes. Iremos solo los dos-

- ¿Y los aprendices nuevos? Quiero entrenar mucho estando allá -

Ben esbozó una gran sonrisa. Se alegraba que su hijo tuviera ganas de socializar, aunque fuera en entrenamientos con jóvenes un poco mayores a él.

- Cinco varones. No voy a llevar más aparte de ti. Recuerda que ellos son aprendices de mis antiguos alumnos que ya son Maestros. Tú eres el último aprendiz oficial que tengo.

El joven no podía estar más emocionado. Le encantaba Kashyyyk y hace 7 meses que no volvía a ese planeta. Cuando se puso de pie, sintió algo extraño... como si alguien lo estuviera llamando. Miró a todos lados reiteradas veces.

- ¿Qué ocurre?- le preguntó Ben

- Algo... o alguien me llama- respondió preocupado

- ¿Acaso será esto?- agregó su padre, acercándole la empuñadura de un sable de luz que sacó de entre su ropa

El joven lo tomó con asombro. Miró a su padre asintiendo con la cabeza.

- Entonces ahora te pertenece. Era de mi abuelo- añadió, haciendo que el joven lo mirara atónito- A tu hermano lo llamó el sable de tu abuela Leia. Él lo modificó y le cambió la empuñadura. Pero a tu hermana no la llamó este. Por eso tiene su propio sable doble violeta.-

- ¿Por qué nunca lo has usado tú?-

- Porque ese sable nunca me llamó. De hecho, llamó a tu madre en ese tiempo cuando yo ni siquiera la conocía. Me molesté al saber que una don nadie usaba el sable que por derecho me pertenecía a mí. Hasta que supe que ella era mi otra mitad, lo entendí. El sable llamó a mi mitad luminosa. Después preferí quedarme con el sable que me otorgaron los jedi. Es el sable estándar que usaban todos los guardianes de templo. Para mí significa mi segunda oportunidad y usarlo me recuerda porqué estoy aquí -

- Gracias, papá. No voy a modificarlo, me gusta así, pero no sé si lo merezco después de los problemas que he causado-

- Tenerlo no es un premio. Significa que desde ahora tendrás mayores responsabilidades. No lo uses hasta que entrenemos en Kashyyyk. Cuando tengas 15 te enseñaré a usar la reliquia, como lo hice con tus hermanos; siempre y cuando mejores de aquí en adelante-.

- Sí, lo prometo. Seré responsable- sonrió feliz

- En dos días nos vamos. Te avisaré con qué aprendices iremos-

El joven prendió el sable antes que su padre se fuera.

- Sigue igual de perfecto como la primera vez que lo vi- comentó Ben, contemplando esa belleza de hoja azul brillante- Me alegro que la arena no lo dañara. No entiendo porqué tu madre enterró los sables en Tatooine. Al menos mi abuelo me avisó cuanto antes para que fuera a sacarlos de ahí -

Ambos rieron. La amaban con su vida, pero sabían que aquella mujer era impredecible.

- ¿Están hablando de mí?-

Los asustó a ambos, provocando que el joven apagara el sable al instante y lo escondiera en su espalda.

- Ya sé lo que escondes, cariño. Me alegro que ese sable ahora sea tuyo. Ya vengan a cenar, es tarde.


La joven de 20 años estaba muy nerviosa. No dejaba de acariciar una y otra vez la gran trenza azabache que recorría el lado izquierdo de su cuello. Al día siguiente sería la votación decisiva y ella quería el puesto a toda costa. Se había esforzado por 4 años y mañana sabría si todo valía la pena. Su madre la miraba orgullosa mientras ensayaba su discurso de agradecimiento si ganaba. Hasta que un joven abrió la puerta de improviso.

- Disculpen, ¿han visto al Maestro? Ni siquiera puedo ubicarlo a través de la Fuerza- dijo intrigado aquel hombre de iris morados

- Está ocupado hablando algo importante con Bail, por eso no aparece. Le avisaré después que estuviste buscándolo- le contestó Rey

- Gracias. Ah, Shmi, suerte con la votación de mañana-

Ella solo le sonrió e hizo un pequeño gesto de saludo con la mano. Entonces el joven se fue.

- Mejor empecemos de nuevo- sugirió su madre, pero ella seguía con la mirada fija en la puerta - ¿Todo bien?- le preguntó ante su silencio

Ella la miró inquieta. No estaba segura si hablar o no sobre eso... eso que llevaba años ocultando y que por vergüenza no quería admitir.

- Mamá... cómo... ¿cómo lograste que papá se enamorara de ti?-

Rey abrió los ojos por la sorpresiva interrogante. ¿En qué momento el discurso había pasado a segundo plano?

- Pues...la verdad, no sé. Yo no hice nada en especial, supongo que eso deberías preguntárselo a tu padre. ¿Por qué quieres saberlo?

- Él es... nueve años mayor que yo-

Fue entonces cuando Rey entendió el abrupto cambio de tema de su hija: era aquel joven que hace minutos atrás había interrumpido su discurso.

- Solo tienes que ser tu misma con él. Eso fue lo que yo hice. Tienes que ser auténtica, sincera... si Kylo no lo valora entonces no lo vale, cariño-

- Me molesta que use ese nombre-

- Para todos fue difícil aceptar llamarlo así. Pero él no tenía familia, Shmi. Se crió solo y se autodenominó así para sentirse fuerte, sentir que nadie le haría daño si portaba el nombre del temible Líder Supremo de la Primera Orden. Imagínate lo emocionado que estaba cuando supo que tu padre era aquel personaje. Ben tardo semanas en hacerle entender que no lo entrenaría para ser como Kylo Ren; que no era un buen modelo a seguir. Él debía buscar su propio camino y así lo hizo. Ahora conoce su origen, pero no existen registros de su identificación. De todos modos, toda su vida vivió con ese nombre-

- Y ¿cuál es su origen?

- No puedo decírtelo. Tu padre y yo le prometimos que no le diríamos a nadie a menos que él lo hiciera. Es un tema difícil-

- Ojalá bastara con ser como soy. Él solo tiene ojos para ella y ella no lo valora- comentó sin poder evitar los celos

- Sé a quién te refieres, pero ¿sabes? Él ya no es ese niño que se encaprichó con la primera aprendiz que vio.

- ¿Podemos salir a entrenar un rato? De verdad necesito distraerme de todo esto- le dijo agobiada

- De acuerdo, vamos al jardín. Las salas están ocupadas ahora-

Físicamente eran casi iguales. Era ver el reflejo de Rey a esa edad. Tan ágil y poderosa en la Fuerza como ella, aunque su hija había logrado avanzar mucho más a corta edad por el entrenamiento que recibió desde pequeña, al igual que sus hermanos. Para Ben era un deleite verlas pelear y cruzar sus sables dorado y violeta, pero hoy estaba ocupado en asuntos más urgentes con su hijo menor.

- Alguien está afuera. No sé quién será. Iré a atender, ya vuelvo- le dijo su madre, cuando ambas escucharon el timbre de la casa unos 45 minutos después.

Shmi siguió practicando posiciones de batalla cuando sintió que alguien la estaba observando desde la entrada del jardín.

- Pensé que hoy solo te dedicarías a tu discurso.

- Necesito eliminar el estrés - le respondió, tratando de sonar lo más natural posible ante el joven que le gustaba

- Acabo de terminar con los aprendices nuevos. Podemos practicar un rato si quieres-

Ella lo miró sorprendida. Pocas veces les tocaba entrenar juntos por diferentes circunstancias. No iba a perder esa oportunidad así que asintió con la cabeza.

- Bien, pero entrenaré contigo solo con una condición

- ¿Cuál?

- Que pelees en serio. Las pocas veces que hemos entrenado te reprimes de usar todo tu potencial. ¿Crees que no me doy cuenta? Tu sangre te delata. Así que quiero una batalla de verdad. ¿Entendido?

El joven era casi tan alto como el verdadero Kylo Ren. Llevaba un mohicano el cual resaltaba sus facciones serias e intimidantes. Su cabello azulado lo hacía ver aún más pálido, era corto a los lados y bastante largo al medio, peinado hacia atrás. Él era un misterio, un misterio que Ben había guiado tan bien que en sus ojos ahora se veía bondad a pesar de su apariencia.

Shmi asintió nuevamente. Lo que él decía era verdad, ella solo quería evitar que se sintiera mal si lo vencía. Pero ahora estaba dispuesta a ser auténtica, tal como dijo su madre.

Kylo no era del todo gentil, menos en batalla. Aun así hizo una excepción en este caso, dejando que ella dominara el paso del combate. Le agradó cuando la cara de aquella jovencita se tornó de apacible a furiosa cuando él le demostraba que era más hábil. Nunca se había fijado en ella más allá de ser la hija de su Maestro. Sin embargo, muchos aprendices comentaban sobre ella, de lo bonita que era, tan inalcanzable...

No obstante, todos los que demostraban interés le tenían terror a su padre, aunque ya no fuera usuario del Lado Oscuro. Esta vez la observó mejor... ¿En qué momento se había convertido ante sus ojos en una mujer tan hermosa?

- ¡Ya deja de fastidiarme!- le gritó ella, chocando una y otra vez sus sables- ¡Dijiste que esto iba en serio y eres tú el que está jugando ahora!

Kylo se reía mientras respondía sus golpes con su sable de luz blanco. Para que dejara de recriminarle, la atacó en serio unas cuantas veces hasta que sintió una perturbación en la Fuerza. Era Tai. Miró hacia la casa preocupado por quien se había convertido en su primer y mejor amigo. Todavía recordaba a aquel joven de 13 años que, cuando recién se conocieron, le dijo que le prestaría a sus padres para que pudiera ser feliz como él.

Aquella distracción le costó un corte profundo en su brazo izquierdo. Su queja de dolor hizo que Shmi soltara su sable de luz, apagándose al caer al suelo.

- Lo lamento. ¡Por favor, perdóname!- le suplicó - Yo... yo puedo curarte- y sin que él pudiera decir nada, lo tomó del brazo y lo sanó.

Kylo miró en silencio aquellos ojos azules que lo observaban arrepentida.

- No te preocupes. Es mi culpa, yo me distraje- la consoló, observando sorprendido el lugar donde se suponía estaba la herida

- Tú... ¿tú todavía piensas en ella?- le preguntó, dando por hecho que esa era su distracción. Estaba tan absorta en él, que no notó lo que ocurría al interior de su casa.

-¿Ella? ¿De qué hablas?

- Ya no importa. Me tengo que ir- añadió molesta, aunque sabía que no tenía derecho a hablarle de ese modo. No eran nada.

- De verdad no te entiendo. Yo no estoy saliendo con ninguna chica y, si en algún momento quise a una, eso fue hace mucho... y nunca funcionó-.

Ella se volteó a verlo. Sintió como aquellas últimas palabras estaban teñidas de dolor.

«Se crió solo y se autodenominó así para sentirse fuerte, sentir que nadie le haría daño si portaba el nombre del temible Líder Supremo de la Primera Orden»

- ¿Quieres acompañarme mañana?

Su pregunta fue tan impulsiva, que hasta ella misma quiso golpearse por su imprudencia.

- ¿A la votación? - preguntó curioso

- Sí, solo si quieres. No sé, quizás lo encuentres aburrido.

- No creo que sea tan desagradable.

- Para mi padre siempre será una tortura. Solo va por mí - aquel comentario hizo que ambos se rieran- Estoy segura que si me eligen, no irá más.

- Entonces yo podría ir contigo. Buscas más financiamiento para el Centro de Entrenamiento, ¿cierto? Tu padre quiere que ayude a tu hermano más adelante con eso, cuando Tai sea el responsable en vez de él.

Ella sonrió, mas su sonrisa escondía otra cosa. Él... ¿él de verdad quería estar cerca de ella? Con solo pensarlo entró en pánico. Se dio la vuelta y empezó a correr directo hacia su casa, buscando a su madre con urgencia.

- ¡Después me dices a qué hora es!- le gritó Kylo, mientras la veía alejarse

Buscó y buscó, pero no la hallaba por ningún sitio. Hasta que la encontró en los sillones de la entrada junto a... Serena. Se quedó en silencio mirando a la visita inesperada.

- Acabo de hablar con él- le decía Rey a la hermosa joven de cabellos ondulados castaño oscuro, tez trigueña y ojos verdes- y, aunque intenté hacerlo razonar, no hay caso. No quiere hablar contigo. Lo lamento-.

Serena tenía los ojos hinchados de tanto llorar. Miraba a Shmi buscando su ayuda, pero sabía que si su madre no lo había convencido ella tampoco podría.

- ¿Puede entregarle esto?- solicitó Serena a Rey, pasándole una carta

- Por supuesto, aunque no te aseguro que la lea- le respondió con tristeza

- Lo entiendo. Solo quiero que la reciba-

Luego de entregársela, ella se levantó dispuesta a irse. Rey le dio un abrazo afectuoso. A pesar de los líos que tenía con su hijo, ella seguía siendo la hija de sus grandes amigos.

- Saluda a tus padres y a tu hermano de mi parte.-

- Lo haré. Gracias, tía Rey. Adiós Shmi.- la puerta se cerró tras ella

- ¿De verdad viajó desde Coruscant para darle una carta?- le preguntó asombrada Shmi a su madre

- Tu hermano cortó toda comunicación con ella desde que lo rechazó. Y ahora... no sé si esto aún tiene arreglo- se lamentó su madre con la carta en las manos- ¿Querías decirme algo cuando llegaste?

- Sí, pero eso puede esperar. Ve con Tai primero.


El joven de 26 años estaba furioso. No toleraría más humillación de parte de la mujer que en algún momento llegó a querer más que como una amiga. No quiso verla a pesar de los varios días que tomaba ese viaje.

Prefirió darse una ducha para calmarse y olvidar el mal rato. Había vuelto recién de una misión y estaba preparando su ropa limpia cuando su madre lo interrumpió con la "buena noticia".

- No me importa. Que haga lo que quiera con su vida. Ya no somos nada- murmuraba para sí, una y otra vez hasta que se metió al baño.

Al salir, su cabello mojado de veía más largo y oscuro de lo normal. Una vez seco volvía a apreciarse su rubio natural ondulado. Su piel mostraba un tostado leve como el de su madre. Fue entonces cuando vio en su cama una carta. La letra del sobre lo sobresaltó. Era de ella. Se quedó inmóvil sin saber qué hacer. Su mente y su corazón no daban tregua a una decisión ya tomada hace meses, cuando tuvo el valor de confesarle lo que sentía. Su padre le había recomendado decírselo antes... pero no sentía que fuera el momento. Y cuando finalmente se lo dijo, ella negó sentir lo mismo. Se sintió traicionado cuando le comentó que llevaba un mes saliendo con un chico.

«¿Por qué no me lo dijo? ¿No se supone que éramos amigos?»

Recordarlo le hacía sentir la misma rabia de ese día, cuando desató su furia destruyendo todo lo que tenía a su paso hasta que sus padres lo hicieron entrar en razón. Nunca más volvería a hablar con ella... nunca más.