-¡Tai, qué sorpresa!
El abrazo efusivo de Poe lo asustó apenas le abrió la puerta.
- Estás cada vez más alto- le comentó Zorii, mientras lo abrazaba también
- No creo, ya dejé de crecer hace tiempo- se rió él
- Eres tan enorme como Ben. Pero dime, ¿a qué vienes?- le preguntó ella
- ¿Está Serena?
- Sí, claro. Está en el jardín junto con unos amigos. Justo hoy vinieron a visitarnos. Estoy segura que les encantará verte después de tanto tiempo.
Los ojos de Finn y Jannah no creían lo que estaban viendo. Se levantaron sorprendidos al ver al joven, el cual solo les sonreía.
- ¿Tai? ¿Eres tú?
- Hola, tío Finn. Sí, hace mucho que no nos veíamos.
Finn y Jannah lo abrazaron al mismo tiempo, provocando que el joven se avergonzara. Ya no recordaba mucho a qué edad fue que los vio por última vez; quizás a los 17, y él ya tenía 26.
- Ya eres todo un hombre. Quién diría que Rey sería la primera en tener hijos- comentó Finn, muy emocionado- Hemos tenido tantas misiones durante estos años que no hemos podido visitarlos en Naboo.
- Sí, yo también viajo mucho. Hay diferentes usuarios de la Fuerza entrenados por mis padres en diversos planetas y debo estar al tanto de lo que han logrado en cada una de sus misiones.
- ¡Estás tan grande y guapo! Seguro tu madre debe estar espantando a las jóvenes que van por ti- lo molestó Jannah
- Papá dice que me parezco mucho a su abuelo- le comentó avergonzado
- Ya lo creo, pero también te pareces mucho a Han- agregó Finn
El rubio joven le sonrió. Su madre también le decía lo mismo, aunque su padre no hablaba mucho sobre eso.
Para Ben, seguía siendo difícil recordar la relación con su padre y cómo acabó. Más aún con Tai, quien físicamente se lo recordara. Su hijo lo sabía, por eso no lo obligaba a abrir esa herida.
- ¿Tai?
Reconoció de inmediato su voz, volteando en seguida. Ella lo miraba con asombro, ya que no esperaba esa sorpresa.
- Hola- la saludó con su voz grave y ojos iluminados- Quería verte.
- Pensé que estarías con Shmi. Esta semana eran las elecciones, ¿verdad?
- Sí, pero ella prefirió que estuviera aquí.
Tai, no es necesario que vayas mañana. Sé que quieres ir donde Serena. Puedo sentirlo, necesitas verla y quiero que vayas con ella.
Pero es importante para ti, para todos nosotros. Quiero verte ganar o estar contigo si no resulta como planeabas.
Iré con papá y mamá. Bail también va, a regañadientes, pero irá. Kylo también vendrá, así que no te preocupes.
¿Kylo? ¿Qué tiene que ver él?
Eso ya no importa. Solo prepara tus cosas y anda por ella, ¿sí? Ya no te quiero ver más triste por esto. No es lo mismo hablar a distancia que de frente. Tú siempre me apoyas en todo, así que yo lo hago ahora por ti.
Te quiero, Shmi. Ganes o pierdas, estoy orgulloso de ti
- Hola, Tai- lo saludó el hermano Serena, sacándolo de sus recuerdos.
- Hola, Rob.
- Tai, ¿recuerdas a nuestros hijos?- le preguntó Jannah, mientras señalaba a los jóvenes en el jardín - Creo que son de la edad de tu hermana y hermano.
- Sí, claro. De verdad vayan a Naboo cuando quieran. Mamá estará encantada de recibirlos.
- Tu mamá sí, tu padre... no sé. Creo que todavía me odia por cómo reaccioné cuando supe quién era cuando se sacó el traje de Guardián de Templo Jedi- temió Finn
- ¿Quién no, amor? A mí casi me dio un infarto. Todos pensabamos que estaba muerto- agregó Jannah
- No creo que siga enojado contigo. De eso ya han pasado 10 años y papá no es rencoroso; o sea, sí lo era como Kylo Ren, muy rencoroso, pero después que volvió a la Luz ya no lo fue más.
- Eso espero- terminó diciendo Finn
Tai se acercó más a Serena. De verdad quería estar con ella, no con el resto de visitantes en ese momento. Dudó de dónde podrían hablar tranquilos si había tanta gente en el lugar.
- ¿Podemos hablar en privado?
Ella asintió y lo encaminó a otra sala, más pequeña. Se notaba que era un lugar de estudio por todos los libros y computadoras que habían, entre otros artefactos tecnológicos. Se sentaron en una de las mesas, uno al lado del otro. Tai se giró levemente para tenerla de frente, aunque se quedó un largo rato ahí sin decir nada. No sabía por dónde empezar.
- Agradezco que leyeras mi carta- comenzó diciendo ella con timidez.
Él la contemplaba en silencio. No sabía cómo habían llegado a este punto, si antes no paraban de hablar. Siempre fue así, desde pequeños, cuando se hicieron amigos inseparables ya que sus padres se reunían con frecuencia. Ella era su mejor amiga, mucho antes que llegara Kylo y se convirtiera en su amigo más cercano en Kashyyyk. Pero Serena era diferente para él, era su todo y ahora... ahora sentía una distancia enorme entre los dos.
- Lamento todo lo que pasó, yo... - intentó decir Serena, tratando que no se le cortara la voz- Yo me equivoqué, lo siento.
- Yo también me equivoqué. Debí decírtelo antes, cuando papá me lo sugirió- admitió
- ¿Tu papá ya sabía?
- Sí, pero se lo dije por otra cosa. Es que...
Sabía que decir lo siguiente no aportaría en nada en solucionar las cosas; sin embargo, no quería seguir ocultándolo. Omitir información era precisamente lo que estaba destruyendo su relación.
- ¿Recuerdas al ex senador de Thune y todas las estupideces que hizo?
- Ni me lo digas, que papá apenas se acuerda le empiezan a salir más canas.
- Yo... yo era amigo de su hija.
-¡¿Tú qué?!- exclamó espantada
- ¡No te alteres! Gracias a eso conseguimos los planos y lo pudimos vencer. Todavía recuerdo la cara de satisfacción de mi padre mirando toda aquella flota de naves en llamas. Shmi ayudó a mamá a desactivar el arma gracias a los planos y Bail no dejaba de hacer berrinches porque quería acompañarnos, pero papá le dijo que no. Era muy pequeño para ir a la guerra.
- No fue una guerra en realidad.
- Claro que no, pero fue la única manera en la que Bail dejó de insistir.
Serena suspiró. La familia de su mejor amigo era bastante peculiar. Todos eran guerreros al fin y cabo, con personalidades fuertes y decididas. Reconocía en Tai sus logros como usuario de la Fuerza: era excelente en combate y, a la vez, una linda persona. Siempre fue tan carismático y amable, que más de alguna vez vio a las chicas mirarlo con otros ojos, pero él era lo suficientemente distraído como para notarlo. Ella era la mujer más cercana a él aparte de su madre y hermana.¿Cómo no supo valorar aquella posición tan privilegiada en su vida?
- ¿Y? ¿Todavía hablas con ella?- le preguntó sin mirarlo
- Sí, a veces. Aunque ya no es lo mismo porque... es que... Serena, ella en ese tiempo se me declaró - La joven se quedó quieta, sin demostrar su aflicción - y yo la rechacé. Papá lo descubrió por una grabación que ella me envió. Él creía que de verdad me gustaba, pero a mí... a mí me gustabas tú.
- ¿Ya no te gusto, verdad?- le preguntó desanimada, sin atreverse a darle la cara.
- ¿En serio crees que puedo olvidar toda una vida en ocho meses?
Serena se ilusionó con aquella frase. Él la miraba fijamente, tan acongojado que percibió en carne propia el dolor que le había causado. Ella no era usuaria de la Fuerza. Sabía que no tenía ese tipo de conexión con él, lo cual consideraba una desventaja en su caso para comprenderlo. Tai siempre estuvo rodeado de jóvenes iguales a él en ese sentido. Siempre creyó, en el fondo de su corazón, que él eligiría a una de las aprendices de su madre como novia. Sobre todo con lo que le contó cuando él tenía 14 años y ella 12.
- Nunca imaginé que yo te importaba de ese modo. Cuando besaste a Hera lo contaste como si nada, como si fuera un chiste. En ese entonces no te importó lo que yo sentía por ti.
- ¿Hera, la togruta? Lo conté así porque era un juego. Tuve que hacer eso ya que perdí, por nada más. Aunque esos juegos quedaron prohibidos cuando papá nos descubrió, dándonos la charla más eterna de nuestras vidas- se quejó - Nos decía una y otra vez que con las emociones no se juega, que es algo serio, que las muestras de cariño son por amor y no por perder una apuesta.
- Tu papá tiene razón.
- Lo sé, no lo niego, pero no tenía que enojarse tanto. De ahí que exigió que los romances entre aprendices fueran oficiales y que no se los ocultaran. Él siempre estuvo de acuerdo con eso y mi madre también. Lo que solicita es que sea formal y a una edad prudente, no a la ligera.
- Creo que fue lo mejor.
- Sin duda. De hecho, varios ya están casados, aunque creo que dijo todo eso porque mamá lo traumó. El amor entre ellos fue muy difícil.
- Él tiene muchas razones para decir eso, Tai. No solo por tu madre.
El silencio volvió a la sala. Serena conocía la historia de sus padres tan bien como él. Por eso acertó en lo último que dijo. Su padre tenía graves carencias afectivas y, de todas formas, se había esforzado por enseñarles la importancia de mantener equilibradas sus emociones tanto a él, a sus hermanos y a los aprendices.
- No sabía que besar a Hera te había afectado. Debiste decirme.
- Tú eres el que puede leer las mentes, no yo- respondió molesta
- No voy a hacer eso, Serena. ¡Tienes que decírmelo!
- ¡Intenté hacerlo cuando me dejaste! Te llamé muchas veces y nunca me contestaste. Ni siquiera quisiste hablar conmigo cuando fui a verte- le contestó dolida
-¡Me rechazaste! ¡¿Qué querías que hiciera?! ¡¿Actuar como si nada?!- exclamó poniéndose de pie
- ¡Al menos ser un poco más maduro y hablar como adultos!- le reclamó también ya de pie frente a él
- ¡Sí, claro! ¡Como si fuera tan maduro salir con alguien a escondidas!
- Si tú andabas besando a otras, ¡¿por qué yo no podía conocer a alguien nuevo?!
- ¡¡Solo pasó una vez!!
La chica se alejó furiosa sin decirle nada más. Desde aquel día que se le declaró, no habían dejado de discutir y antes todo era risas. Hacer esa comparación le provocó el llanto que se estaba reteniendo hace minutos, el que quiso salir apenas lo vio en su casa.
Él ya estaba llorando de impotencia. ¡Cuánto anhelaba recuperar lo que había perdido! Quería abrazarla como tantas veces hizo antes, pero no se atrevía. No hasta que la sintió ahogarse en su propia tristeza. Entonces lo hizo, la abrazaría aunque fuera una última vez.
- Lo lamento, perdóname. Nunca debí enamorarme de ti, éramos amigos.- se disculpó Tai en medio de su propia angustia- No quería sacrificar nuestra amistad. Temía arruinarlo si no me querías de ese modo. Incluso así todo salió mal.
- No, perdóname tú por no se capaz de entender mis propias emociones. Yo... yo en el fondo lo sabía... sabía que sentía algo más por ti y no pude decírtelo, ni siquiera cuando fuiste sincero. Soy una cobarde - sollozó en su pecho.
El silencio que volvió después no era tan incómodo estando abrazados. Él acarició las hermosas ondas de aquel cabello castaño oscuro, como lo hacía desde pequeño. Siempre le gustó su largo cabello y su rostro de niña con hermosos ojos verdes, el cual se transformó en el perfil de mujer más encantador para él. Solo entonces entendió que la amó toda la vida. ¿Debía culpar a sus padres por eso, por presentársela apenas nació?
- Arreglemos todo esto con calma. Confío en que sí se puede solucionar. ¿Estás de acuerdo?- dijo finalmente Tai
- Sí - le respondió, regalándole una de las sonrisas que a él tanto le gustaban
- ¿Quién eres y por qué me hablas?
La jovencita de cabello negro y ojos grises no pudo evitar reír por la actitud tan seria de Bail. Le sonrió mientras se ordenaba su larga cabellera ondulada.
- Soy Agatha Mankoch, un gusto Bail.
- ¿Cómo sabes mi nombre?
- Todos saben tu nombre. Tu familia es muy conocida en la galaxia.
- ¿Quién eres y por qué le hablas a mi hijo?
La voz profunda del hombre la hizo saltar del susto, sobre todo porque no lo sintió llegar detrás de ella. Iba a responderle, cuando otro hombre se colocó al lado de Ben.
- Ella es mi hija. Creo que no nos hemos saludado hoy, Ben Solo.
- Disculpe, Senador Jarrik. No lo vi antes. ¿Cómo sigue Bastión?
- Todo bien gracias a los usuarios de la Fuerza que me envió. Ya todo ha vuelto a la calma.
- Me alegro. Ellos seguirán allá hasta que usted decida lo contrario.
- Por el momento prefiero que se queden.
Ben veía a su hijo bastante disgustado con la niña que no le quitaba los ojos de encima. De hecho, él ya se había cambiado de asiento y ella volvía a sentarse a su lado.
- Si me disculpa, senador, debo ir a ver a mi hija. Vamos, Bail.
El jovencito se levantó de un salto al lado de su padre, saliendo junto con él.
- Te tardaste demasiado. ¿No escuchabas mis gritos de auxilio en tu cabeza?- le alegaba su hijo
- Sí, así que si me da jaqueca será tu culpa.
- Es culpa de ella. ¡Ni la conozco!
- Tu madre dice que serás tan atractivo como yo. Quizás ya lo eres, así que acostúmbrate.
- Entonces prefiero ser feo.
Ben rió nuevamente por las ocurrencias de su hijo. Recordaba que Tai le decía algo parecido a su edad. ¿Qué culpa tenía él de venir de una familia tan atractiva y heredarles ese hermoso gen adicional a la Fuerza?
- Camina más rapido, que tu madre me está llamando.
Muchas gracias por leer y comentar. Me encanta Tai ¿y a ustedes? Para mí es la mezcla perfecta entre Anakin y Han. Saludos!
