Sí, otro fic, sorry. Necesito ir quitándome. Porque algunos van a terminar dentro de poco.


Nota: Sasusaku CENTRIC, con Naruhina detrás. Habrá ambas cosas, pero más SS. Para NH centric, please, leed los fics que encontraréis en mi lista de interesaros =D

Disclaimer: Naruto no me pertenece, es de Kishimoto. La historia sí.

Advertencias: OOC MUY grave, sorry. AU, muerte de personaje.


Resumen:

—Ella está fuera de tu alcance, Sasuke. Por muy cara bonita que tengas. Admítelo.

Sasuke Uchiha lleva trabajando como mecánico desde que era un niño para poder vivir. Nada le ha llegado gratis ni del cielo. Por más que los demás piensen que podría estar trabajando más como modelo que entre palancas y lleno de grasa, hasta que ven su brazo. Una herida que le acompañará durante toda su vida.

Siempre ha vivido por él y para él y no se ha fijado en mujeres, hasta que ella llega a su garaje por error y le planta cara. Parece que las apariencias engañan y mucho.

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1


La mujer le dio una patada a la rueda con todas sus fuerzas. Incluso llevando sandalias. Sasuke podía verla desde su puesto, bajo el escarabajo verde en el que llevaba trabajando toda la mañana.

Era una niña rica. De esas que mirabas una vez y ya te salía urticaria. De las que seguramente tenían un padre y una madre que les costeaba todo. Hasta desde donde estaba él olía el perfume.

Caminó hasta la altura del coche y se detuvo para, seguramente, otear a su alrededor. A esas horas la gran mayoría de ayudantes ya estaban comiendo y sólo él y Naruto, su compañero y también dueño del garaje, eran los que quedaban. Naruto estaba en el despacho atendiendo una llamada y desde su altura, no era capaz de verle.

—No, Sakura, te aseguro que este coche durará hasta que te mueras. ¿Hasta que me muera? ¡Hasta que te mueras tú, condenado Suigetsu! —ladró, luego tomó aire—. ¿Hola? ¿Hay alguien que tenga un condenado entendimiento de vehículos?

Sasuke apretó los labios.

Muchas eran las mujeres que llegaban a su taller creyendo que eran simplemente unos aprovechados. Puede que antes sí lo fueran, cuando su padre vivía. Ahora no. Él estaba al mando y se tomaba muy en serio lo que hacía. Y su trabajo era ese.

Se empujó con los tobillos hasta salir de debajo del escarabajo y se levantó. Ella estaba de espaldas, mirando ahora al otro lado del garaje en busca de alguna presencia.

—Diablos. ¿Se han ido y han dejado esto abierto?

Era delgada, de caderas que pronunciaba con unos pantalones cortos y un top que se ceñía a su cuerpo. El cabello caía por su espalda, rosado. Probablemente de esos de tinte caro y peluquería que haría el agosto con ella.

—No —negó anunciando así su presencia.

Ella se volvió enseguida.

Su rostro era hermoso. Delicado pese a que mantenía el ceño fruncido. Sus ojos eran llamativos, verdes. Una nariz pequeña y una boca larga que no afeaba sus facciones. Pero él no era experto en esas cosas.

Notó que le estudiaba de arriba abajo y que como muchas otras, su boca mostraba el rictus de gustarle, hasta que se detuvo sobre su brazo. No hizo nada por esconderlo. Estaba manchado de grasa hasta las cejas y le daba igual lo que pensaran los demás de él. Llevaba el mono reglamentario, una camiseta blanca y el cabello recogido en una torpe coleta. No había más.

—¿Es usted el jefe? —cuestionó acomodándose las gafas que llevaba en su cabeza.

—En parte —respondió limpiándose la mano en el trapo que guardaba en su bolsillo—. ¿Qué le ocurre?

—Soy Sakura Haruno —se presentó—. Espero que no sea tan inepto y arregle mi coche.

Sasuke Uchiha enarcó una ceja como respuesta. Había escuchado muchos insultos, muchas prisas y también una barbaridad de amenazas.

—Ya es la segunda vez que llamo para reservar una cita y he tenido que viajar hasta este pueblucho para que tengan un hueco. Podrían anunciar mejor su localidad, diablos.

Se detuvo al notar que él no la seguía.

—¿Qué pasa? ¿Tiene los pies pegados al suelo?

Estuvo tan tentado en levantar el dedo índice como respuesta…

A cambio, apretó el trapo entre sus dedos y la siguió. El coche era un clásico, de esos que necesitabas pasta para poder mantener. Y mucha.

—Lo llevé a arreglar con la promesa de que estaría a punto para mi viaje y enseguida ha empezado a calentarse de nuevo. Un compañero de tu marca prometió que estaría listo y que era irrompible.

Sasuke soltó un gruñido irónico. Levantó el capó y tras tantear, la miró.

—Costará caro.

—¿Más? —exclamó—. ¿Encima tengo que pagar la ineptitud de tus compañeros?

Se apoyó contra el coche para mirarla.

—Este es el único taller de Konoha que existe. No tengo compañeros. A lo sumo un socio incompetente.

—¡Te he oído, teme!

La voz de Naruto les hizo volver la vista hacia ellos. Caminaba hacia ellos con la misma soltura de siempre y nada más detenerse frente a ellos, extendió la mano. La mujer lo aceptó y Naruto se presentó.

—Soy Naruto Uzumaki, también dueño de este taller. Nosotros somos Talleres Konoha, como puede ver en nuestro letrero y no tenemos más cadenas que éste modesto taller. Dudo que hayamos trabajado en su coche antes, porque si no, no estaría tan pronto aquí, ttebayo.

Sasuke puso los ojos en blanco. Era lo mismo que él había dicho. Sólo que con frases más carismáticas. Por eso él se encargaba de los bajos del coche y Naruto, del bajo de las chicas.

La mujer miró hacia el logo y abrió la boca.

—No puedo creérmelo.

—¿Exactamente qué? ¿Que arreglemos los coches? —ironizó Naruto sonriendo—. Es nuestro trabajo.

—¡Qué ese estúpido me mandará al lugar que no era! —gritó dando otra patada a la rueda—. ¡Ese desgraciado de Suigetsu!

Naruto y él se miraron.

—¿Suigetsu de autos marea? —preguntó. Ella asintió y esa vez pareció hacerse bastante daño, porque cojeó—. Oh.

—Mierda, más bien —corrigió él—. Con razón tiene mala pinta. Lo extraño es que llegases hasta aquí.

Ella les miró alternadamente.

—No puede volver a la ciudad. ¿Verdad? —preguntó.

—¿Tan malo es? —preguntó Naruto mirándole a él. Sasuke se hizo a un lado.

—Míralo tú mismo.

Naruto hizo lo mismo que él y maldijo entre dientes.

—No llegará ni a la esquina —sentenció—. Y será caro.

Ella se llevó una mano a la frente.

—Oh, dios. Tú también lo dices.

—Sí —reconoció Naruto—. Sasuke tiene buen ojo con esto. Su primera versión siempre terminará acertando.

Sakura Haruno les miró avergonzada.

—Y encima he pagado el enfado con vosotros cuando no tenéis nada que ver con la chapuza que me han hecho —reflexionó—. Lo siento.

—No pasa nada, tranquila —descartó Naruto recibiendo una mirada de su parte—. Es lógico que nos confundan.

—Claro, porque agua y hoja son lo mismo —recalcó.

Ella enrojeció y Naruto le dio un codazo como reprimenda.

—Perdónale, ha despertado demasiado temprano hoy —se disculpó Naruto ofreciéndole entrar en el taller—. ¿Qué te parece si nosotros nos encargamos de su arreglo? A cambio podríamos darte un coche para que puedas volver a la ciudad, hacerte cargo de esos estafadores y regresar.

Sasuke enarcó una ceja. ¿Desde cuándo tenían servicio de coches de reemplazo? Era algo que se les iba del presupuesto y por eso nunca lo habían añadido. Era molesto, porque también les quitaba muchas oportunidades y reconocía que esa hermosura de coche era una joya de dinero en reparaciones.

Ella dudó y miró el coche, luego a él y después a Naruto.

—Eso me sería de gran ayuda —reconoció—. Podría regresar e instalarme hasta que esté listo.

—Perfecto, perfecto —canturreó Naruto—. Espere un momento en la salita y ahora mismo le entregó las llaves y hacemos todo el papeleo mientras que Sasuke se encarga de meter tu coche.

La mujer asintió y tras dedicarle una mirada de advertencia, entró en la frescura de la gabina con aire acondicionado.

Sasuke aferró a Naruto de la ropa para encararlo.

—¿Desde cuándo tenemos servicio de coches? —cuestionó.

—Oh, desde hoy. O mejor dicho, sólo por hoy.

Le mostró un juego de llaves que tardó en reconocer. Se palpó los bolsillos y Naruto aprovechó para escapar de sus garras.

—¡Hijo de…!

—¡Ese dinero lo vale, Teme! —canturreó entrando junto a Sakura.

Iba a matarlo. Después, pero lo mataría.

Entró el coche mientras ellos terminaban el papeleo. Dejó el capó levantado para empezar a apuntar lo que iba a necesitar comprar y, así, poder entregarle un presupuesto. Cuando salieron, Sasuke sujetó el bolígrafo con la boca y dejó la carpeta sobre el capó para seguirles.

Como temía, su coche era el que iba a servir de coche de sustitución. Y era una mierda. Le había costado mucho montarlo y debía de reconocer, que era demasiado mimado con él. Era lo único caro que conservaba de verdad.

Ella se subió con agilidad y luego les miró para despedirse.

Sasuke se acercó y apoyó la mano en el techo para inclinarse.

—No le des caña, no lo fuerces, la palanca está en el volante y no…

—Sé conducir —interrumpió ella mientras se ponía el cinturón—. Ni que fuera tu novia este bicho.

—Algo así —gruñó—. En cuarta va dura la palanca, has de…

Ella levantó una mano.

—Repito: sé conducir. Y no me vengas con mierdas de mujer al volante; peligro constante.

—No —negó fríamente—. Mi coche es el peligro. Después su dueño.

—Ya…

Ella le miró de arriba abajo. Encendió el motor y le dio gas. Sasuke frunció el ceño pero cuando iba a decir algo, ella echó marcha atrás y después, lo último que quedó, fue el humo y nada más.

—La mataré como… —acalló la frase apretando el puño.

Naruto se acercó a él riéndose a carcajadas.

—Ella está fuera de tu alcance, Sasuke. Por muy cara bonita que tengas. Admítelo.

Sasuke maldijo entre dientes.

¿Quién diablos estaba pensando en esa mujer? Era todo lo que no le gustaba.

Ruidosa, con la boca suelta, bruta, derrochadora y le miraba a los ojos con actitud.

Sí, era justo todo lo que no le gustaba.

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Sakura dejó las llaves sobre la mesita de la entrada y apenas pudo controlar las palabrotas. Estaba harta. Muy harta.

Había regresado del pueblo con ese espectacular coche, debía de reconocerlo, pero cuando fue al taller Suigetsu soltó barbaries pervertidas y machistas que no hicieron más que enfurecerla y llegó un momento en que no sabía ni por qué estaba en el taller.

—¿Sakura? ¿Has regresado?

Apretó los labios y se recompuso para mirar hacia las escaleras.

—¡Sí, estoy en casa! —anunció.

Hinata Hyûga descendió la escalera con andares perfectos de princesa. Le sonrió y se tiró de la falda del morado vestido para llegar a su altura, abrazándola.

—¡Te eché mucho de menos! —exclamó—. ¿Ha ido todo bien? No, tienes el ceño fruncido.

—Sí, tu coche ha sufrido más daños de lo que pensaba. No está listo para irnos de viaje —explicó—. Suigetsu, el amigo del amigo de tu padre es una rata estafadora que nos ha sacado el dinero para nada.

—¿Y qué haremos ahora? —cuestionó preocupada.

Sakura le sonrió.

—He encontrado otro taller por error. Son unos chicos muy majos. —Si a eso se le puede decir majo, especialmente el mecánico moreno—. Nos han dejado un coche y arreglarán el tuyo. He pensado que cómo íbamos a irnos de vacaciones, podemos empezar por quedarnos en ese pueblecillo y una vez arreglado el coche, ir tirando en carretera. ¿Te parece?

Ella le sonrió a su vez.

—Suena genial.

Se asomó a la ventana para ver el coche en el que había venido.

—Es muy de… hombre —murmuró.

—Sí —confirmó caminando hacia la cocina—. ¿Vas a desayunar algo? —preguntó.

—¡Tostadas! ¡Hazme tostadas! —demandó sonriente.

—Como ordene mi ama —aceptó.

Hinata apretó los labios con fingida molestia.

—Sabes que odio que me llames así —protestó—. Para mí no eres mi sirvienta. Eres mi amiga.

Sakura sonrió mientras trasteaba con la cocina.

—Vale, vale —aceptó—. Pero he de decirte que generalmente, las sirvientas y amigas no reciben el mismo trato que yo.

—¡Sakura! —protestó Hinata tirándole un trozo de servilleta—. ¡Eres mi guardaespaldas, no mi niñera, ni mi sirvienta!

Sakura le guiñó un ojo mientras empezaba a hacer las tostadas.

—He pensado que podríamos irnos ya, desayunar en el camino, y llegaríamos para la noche al pueblo. Buscar un lugar donde quedarnos y explorar el lugar mientras esperamos que el coche esté listo.

—Suena genial —se animó Hinata—. Tengo las maletas ya listas, así que sólo sería montar todo.

Sakura fingió remangarse.

Y en un visto y no visto, estaba en el coche en carretera.

Cualquiera que las viera a simple vista podrían pensar dos cosas: o que eran pareja o que eran niñas ricas y mimadas.

Sakura siempre sonreía ante esas ocurrencias.

Mientras que Hinata sí, debía de reconocer, era una niña de familia rica, tenía un carácter amable y demasiado entregado. Si no iba con cuidado, era capaz de desnudarse por tal de entregar todo a quien se lo pidiera.

Por eso, sus padres decidieron buscarle una guardaespaldas especial. Sakura fue recogida por la casa Hyûga cuando tenía siete años. De vivir en la calle y tener que buscarse lo necesario para sobrevivir le llenaron los bolsillos de dinero y el buche de comida. Además, tenía a una niña a la que no podía odiar a su cargo.

Amaba a Hinata. Daría su vida por ella de poder hacerlo.

Con toda su alma.

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—Sakura. ¿Qué es eso?

Sakura bajó la velocidad para mirar la indicación. Habían llegado finalmente al pueblo y era de noche. Estaba sopesando la idea de reservar una habitación en algún hostal cuando Hinata, completamente emocionada, señaló el objeto de su interés.

—Eso no estaba esta mañana cuando pasé —dijo.

Tras una verjas había un circuito de arena. Juraba que esa mañana no estaba nada. No había tiendas ni coches y menos tanta gente.

Bajó la ventanilla al ver a una chica pelirroja en la puerta.

—¡Oye, perdona! —llamó—. ¿Qué es esto?

La mujer se acercó y se inclinó.

—Es un circuito de carreras, corazón.

Miró el coche con ojo experto.

—Y tú llevas un buen carro para esto. ¿Por qué no te animas? Puedo hacerte un hueco.

Sakura levantó una mano para empezar a negarse.

—No, esté no es…

—¡Lo haremos! —interrumpió Hinata emocionada.

—¿¡Qué!? —exclamó Sakura incrédula.

—¡Hinata, este no es nuestro…!

Pero Hinata ya no la escuchaba. Estaba completamente emocionada ante la idea.

Sakura suspiró.

No le quedaba otra que obedecer.

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—Es de locos. Os pasáis todo el día con las narices metidas en las tripas de un coche para venir aquí a ver más coches.

Sasuke se encogió de hombros como respuesta mientras Naruto estrechaba la mano de Sai. El chico no es que le cayera bien, pero era un asiduo del taller y de las carreras de coches. Naruto y él también.

Estar presentes fomentaba sus ventas y también la popularidad. Sólo que esa noche él no participaría. Naruto se había disculpado ya varias veces, pero él continuaba con una espina clavada en su pecho, algo extraño.

—Vivimos de esto —respondió Naruto saludando a la rubia mujer que se acercó—. Ey, Ino. ¿Qué tal va?

—Bien, como siempre —respondió ésta asiendo el brazo de Sai—. Sasuke. ¿Qué haces aquí?

Sasuke la miró sin comprender. Ino levantó el brazo y extendió un dedo para señalar que todos siguieron.

—¿No es ese tu coche?

Frunció el ceño y maldijo entre dientes.

—¡Ay, madre! —exclamó Naruto.

Avanzó hacia la pista y se detuvo junto a Karin. La chica saludó a Naruto y luego a él.

—¿Qué os trae por aquí? —preguntó. Probablemente, esperando algo más que palabras por su parte.

—Mi coche —respondió mirando en su dirección.

Karin se puso de puntillas para ver mejor.

—Ah. ¿Es tuyo? Ya decía yo que me sonaba —murmuró—. Pues está inscrito.

—Sácalo —ordenó.

Karin movió el índice negativamente.

—Lo siento, Sasuke. En otras condiciones te ayudaría, pero ya es tarde. Tienes tres coches por detrás y tu rival ya ha sido decidido.

—¿En serio? —cuestionó Naruto inclinándose para ver la lista, ganándose un capón de Karin—. ¿Quién es?

—Orochi, por supuesto —canturreó Karin tranquilamente—. Ya sabes que siempre va tras cualquiera de vuestros coches. En fin. No puedo sacarte del circuito. Aunque me sorprendió que lo llevara una mujer, por eso pensé que no era tuyo.

—Pues lo es —gruñó.

Se quitó la chaqueta y se la estampó a Naruto en el pecho. Saltó la barandilla y caminó hasta su coche. Sin avisar abrió la puerta. Sus ojos se encontraron y la sorpresa y el miedo fue casi un ejemplo delicioso de culpa.

—Puedo explicarlo —aseguró levantando las manos.

Otra chica se asomó. Muy diferente, como la noche y el día, pero de claro gustos caros también. Dios, cómo odiaba a esas mujeres ricachonas.

—Largo.

La asió del brazo para bajarla y ella gritó una protesta.

—Espera, el cinturón —protestó.

Karin golpeó el capó.

—Sasuke, sales en nada.

Maldijo entre dientes, adentrando parte de su cuerpo para llegar al cierre. Se encontró de cara con la otra muchacha, quien parpadeó, sorprendida.

—Bájate —le ladró.

La chica lo hizo casi gritando, dando de bruces contra Naruto.

—¡Espera… Hinata…! ¡Oye, dónde pones las manos! —aseveró Sakura golpeándole la espalda con la mano abierta.

—¡Sasuke! —gritó Karin.

Él gruñó. Naruto cerró la puerta y se hizo atrás con la chica, que parecía algo perdida.

—¡Espera…! ¡Hinata! —gritó contra su oído —. ¡Oye, rubio, como le pase algo te juro que te los corto! —amenazó.

Sasuke se hartó. La levantó en el aire, cediendo el cinturón hasta poder meterse. La sentó sobre sus piernas y cerró la puerta. Ella se golpeó y lo maldijo, frotándose la nuca.

—¡Ten más cuidado! —demandó, hasta que se percató de su posición—. No irás a conducir conmigo así…

Sasuke pisó el acelerador. Movió los hombros.

—Quédate calladita, mujer.

—¡Es que no vas a poder! —exclamó forcejeando con el cinturón—. ¡Dios, si esta cosa sólo quisiera ceder!

—No hay tiempo.

Vio a Orochimaru colocarse en su lugar y mirarle con su sonrisa resplandeciente de serpiente. Sasuke gruñó. Odiaba correr contra él. Siempre era lo mismo. La misma petulancia, trampas y risas que le taladraban el cerebro.

—No verás bien conmigo encima.

—Simplemente, no te muevas —gruñó.

Ella puso los ojos en blanco y se aferró al cinturón con las manos. Cuando la bocina sonó, gritó ante el arranque, golpeándose contra su hombro y quedándose atascada ahí. Podía sentir su aliento en el cuello y su boca pegarse a su piel.

Hizo a un lado la sensación, concentrándose en la carrera.

Cuando pasó la meta antes que Orochimaru, éste maldijo.

—Kabuto te llevará mañana el coche —avisó antes de alejarse.

Sasuke asintió y empezó de nuevo a buscar el modo de quitársela de encima. Logró soltar finalmente el enganche y ella saltó al lado del copiloto. Tenía los ojos brillantes y con muestras de la adrenalina que le corría por las venas.

—¿¡Cómo has podido conducir así sin ver del todo!? ¡Ha sido…!

—Estoy acostumbrado a las limitaciones —explicó mostrando su única mano.

Las bocinas resonaron de nuevo y las luces de los coches se encendieron a la par que la gente empezaba a correr.

Sasuke miró hacia atrás, maldiciendo y volvió a encender el motor.

—Nos largamos.

—¿¡Qué!? ¡No! No puedo irme.

Lo sostuvo del brazo y él se soltó bruscamente.

—Si los demás se marchan, es porque la policía está aquí. No voy a perder mi coche porque hayas decidido meterte en un lío del que no habrías salido.

Ella apretó los labios pero no duraron demasiado cerrado.

—¡No, vale! No habría ganado. ¡Joder, no puedo conducir como lo haces! —reconoció, pero llevó la mano al cierre de la puerta—. Pero no puedo irme.

—Detente —ordenó. No podía sujetarla y conducir a la vez.

—¡No puedo irme y dejar a Hinata! —exclamó.

—Está con mi amigo —recordó—. Él se la llevará.

Sakura puso los ojos en blanco.

—Oh, sí, qué tranquilidad. Ahora me vas a jurar que no la va a tocar.

Sasuke torció el gesto.

—No, eso no te lo juraré. Esa chica es completamente el tipo de Naruto.

Ella le miró con la boca abierta.

—¡Eso no me ayuda!

—Y que estés protestando tampoco me ayuda a mí, joder. —Tomó nuevamente el volante y la miró—. Aprieta el botón rojo.

Ella le miró sin comprender pero lo hizo.

Enseguida se escuchó un tono de llamada y un jadeo poco después.

—Oí, Teme. La policía ha llegado. Me abro.

—¿Llevas a la chica contigo? —cuestionó antes de que Sakura abriera la boca.

—La llevo —confirmó Naruto—. Su amiga está contigo. ¿No?

Antes de que Sasuke abriera la boca, ella lo hizo.

—¡Sí! ¡Y más vale que quites tus manos de encima de mi amiga o te…!

—Me castraras, lo sé —recordó Uzumaki con la broma en la voz—. Te la devolveré. Si ella quiere.

Luego cortó.

La mujer gritó, furiosa.

—No tenía que haber aceptado, joder —soltó.

Sasuke le dio la razón.

Por suerte, el resto del camino fueron gruñidos y pisotones lo que marcaron el ritmo hasta que se detuvo. Ella se inclinó hacia delante, curiosa.

—¿Dónde estamos?

—En mi casa —indicó aparcando—. Naruto no tardará en llegar con tu amiga.

Miró por el retrovisor y maldijo, golpeándose los muslos.

—Siéntate encima mía.

—¿Qué…?

—Ya —ordenó tirando de ella.

Sakura se sentó a horcajadas de forzosamente. Le miró sin comprender y cuando tiró de ella para acercarla más, fue su error.

Lo comprendía, nunca debió de hacerlo.

Sin querer, al volver la cara, sus labios se rozaron. Sólo un roce tosco que los mantuvo pegados por unos segundos. Ella se sonrojó furiosamente y guiñó los ojos cuando la luz les dio de lleno.

—Uchiha.

Sasuke se cubrió el rostro con la mano.

—Sarutobi —saludó.

Konohamaru Sarutobi les miró alternadamente, hasta que comprendió la postura. Apagó la luz, carraspeando.

—Como todas las noches por la zona este ha sucedido un control de carreteras porque se ha montado un circuito ilegal. Por un casual tú no…

Sasuke enarcó una ceja e hizo un gesto hacia Sakura, quien parecía haber entrado completamente en shock. Se cubría la boca con una mano, sonrojada.

—No, ya me imagino que no. Vale. Buenas noches —tartamudeó el joven.

El policía se alejó y él suspiró, más aliviado cuando el coche se alejó. Entonces, comenzó a golpearle.

—¡Serás canalla! — exclamó.

Sasuke no comprendía el motivo de los golpes en sí, pero sí que dolían un montón. Se volvió hacia su izquierda y extendió la mano para cubrirse y a la par, abrir la puerta. Sakura cayó de bruces contra el suelo y si no hubiera ido alerta, una patada le había dado de lleno.

—¿Qué cojones? —cuestionó.

Ella se levantó, dispuesta a golpearle de nuevo.

—¿¡Quién diablos te crees que eres!? ¡¿Eh!? —cuestionó persiguiéndolo a medida que la esquivaba—. ¡Besarme! ¡Usarme como cebo! ¡Estabas ahí, en el condenado circuito!

Sasuke frunció el ceño y detuvo su puño.

—¿De quién era la culpa que mi coche estuviera a punto de ir a manos de un tipo cualquiera? Tuya —le recordó.

Ella enrojeció, frustrada.

—¡No entiendes por qué!

—Te pareció emocionante —respondió encogiéndose de hombros—. Excitante.

Ella apretó el puño en su mano. El otro estuvo muy cerca de no verlo.

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Estaba furiosa, frustrada y muy enfadada. O todo a la vez.

Esa condenada noche no hacía más que salir peor. Encima… ¡Estaba perdiendo contra un mecánico! Había sido entrenada en las artes marciales, era buena, muy buena y sin embargo, no conseguía golpearlo. ¡Incluso la había tirado del coche! Y todo después de besarla.

—No tienes idea de lo que puede excitarme —recalcó echándose hacia atrás.

Él se encogió de hombros.

—Dinero, coches lujosos o de buena maquinaria, un lugar que experimentas por primera vez, meterte en líos.

No pudo retener una carcajada.

—Sí, claro. Y besar a grasientos en un asiento. Mira, estoy que echo humo de excitación —soltó sarcástica.

Él se miró las uñas, indiferente.

Dios, deseaba pegarle en esa bonita cara.

—Veo mucho énfasis en un beso.

Sí, definitivamente quería romperle la cara.

—¿Por besarte a ti? ¡Ja! Ni siquiera eres mi tipo.

Se cruzó de brazos y desvió la mirada justo para ver otro coche mucho más llamativo acercarse. Naranja y azul. Hinata descendió del puesto del copiloto y al verla, sonrió extendiendo su brazo para saludar.

El conductor bajó y reconoció al amigo del mecánico. Sonrió maliciosa.

—Claro, tu beso.

—Sí —repitió él.

Le golpeó con el hombro al pasar y caminó en dirección a ellos. Cuando estuvo a su altura, tiró del rubio contra ella, besándole. El chico pareció perplejo pero se dejó hacer y cuando lo soltó, levantó el dedo corazón hacia el otro.

—Ese es un beso genial. Tú besas como el culo.

Luego se volvió para tomar a Hinata de la mano y echaron a caminar. Hinata se detuvo y la miró. Sonrió y volvió sobre sus pies. Tiró del hombro de Naruto y, para sorpresa de todos, también lo besó.

Luego regresó con ella, con la cara colorada.

—Eso fue atrevido —felicitó.

Hinata se echó a reír. Las lágrimas acudieron a sus ojos y ella deseó detenerlas para siempre.

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—¡He triunfado totalmente, Sasuke! —exclamó Naruto.

Sasuke abrió la puerta y lo golpeó con ella en todas las narices.

—Deja de lucirte, idiota —gruñó.

Naruto entró riéndose, como si nada. Aunque no entendía por qué la otra chica también lo había besado, sí los motivos de Sakura.

Miró a Naruto de reojo.

Y un cuerno ése tipo besaba mejor que él.

Había pateado su orgullo, esa condenada mimada. Aunque tenía un buen derechazo, debía de reconocer.

—Sabes, espero que nos las encontremos más veces —proclamó Naruto—. Si me van a besar tantas veces. ¡Yo me dejo!

Sasuke puso los ojos en blanco.

Él no.

Esperaba no volver a verla hasta que tuviera que darle las llaves, su coche y ver como ella y su bonito trasero se marchaban del pueblo.

Sí, era un bonito final.

Continuará..