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Las semanas siguientes, la mayor de las chicas, para dejar trabajar tranquila a su pareja, intentar ayudar y se que sintiera orgullosa, empezó a estudiar y trabajar duro. Comenzó a quedarse en la biblioteca de la universidad y luego iba a trabajar a una cafetería. Intentar abarcar tanto, fue mermando su energía hasta que unas semanas después finalmente enfermó. Volvió a casa agotada y apenas pudo llegar a la habitación se desplomó en la cama. Se despertó algo desorientada, entraba bastante luz por el balcón y estaba sola en la habitación. "¿Mei se habrá ido a clase ya?" Salió a la cocina y allí vio a la otra joven cacharreando.
- Oh… Mei. Buenos días.
- Hola. - Dejó lo que estaba haciendo para mirarla.
- Lo siento, ya sé que no es hora de levantarse. Debería haber hecho el desayuno.
- Puedes llamarlo "desayuno", pero ya es más de medio día.
- ¡¿Qué?! - Miró al reloj para comprobar la hora.
- Además, ya hice algo de comer.
- ¿Eh? ¿Hiciste de comer?
- Sí.
- Mmmm - La miró dudosa, entonces recordó. - ¡Un momento! ¿Y la universidad?
- Hoy es domingo, Yuzu. - Se acercó a ella.
- ¡¿Domingo?! ¡Pero… pero!
- Mmmm - Chocó su cabeza con la de ella un momento. - Parece que tienes menos fiebre, igualmente ponte el termómetro luego, ¿vale? - Al ver la cara de desconcierto de la rubia suspiró y habló. - El viernes prácticamente te desmayaste cuando volviste, lo que me inquietó, sobre todo teniendo en cuenta las últimas semanas. Te tomé la temperatura y efectivamente tenías fiebre. Así que llamé a tu madre y trajo algunas medicinas y me ayudó a preparar algo de comida.
- ¿Mi madre estuvo aquí?
- Sí, pero no pudo quedarse mucho tiempo, porque tenía que trabajar, así que me dejó a tu cuidado. Y de vez en cuando llama para preguntar cómo estás.
- ¿Estuviste conmigo todo el rato?
- Claro.
- Mmmm este fin de semana… ¿no tenías que reunirte con el abuelo?
- Le llamé disculpándome por la ausencia.
- Deberías haber ido, Mei. De todas maneras no hice nada más que dormir.
- En realidad, no. A veces balbuceabas cosas sin sentido, otras veces te levantabas y tambaleabas por la casa, tenía que tener cuidado de que no te hicieras daño.
- ¿En serio? Vaya, perdona.
- Eso no fue problema, además me gusta estar contigo. - Agachó la cabeza. - El problema es cómo llegaste a esa situación.
- ¿Eh? - Torció un poco la cabeza, curiosa.
- Te excediste estudiando, trabajando... No deberías hacerlo.
- Puede ser, pero tú también lo haces.
- Yo conozco mis límites y no los supero.
- Lo siento.
- No te estoy regañando, es solo que me preocupas. - Mientras se llevaba un mechón de pelo tras la oreja. - Intenta no sobrepasarte.
- ¡Está bien, no lo haré! - Fue a abrazarla, pero la otra chica se lo impidió.
- Vuelve a la cama a descansar, ahora te llevaré la comida.
- ¡Joo! ¿por qué siempre eres así? - Haciendo un puchero.
- A la cama.
- De acuerdo. - Dijo hinchando los mofletes. Y se fue a la habitación, más tarde llegó Mei con la comida y la cuidó hasta que se recuperó.
Los siguientes días la morena estuvo más receptiva de lo habitual. Incluso hacía algunos huecos más en la agenda para poder pasar más tiempo con la rubia. La cual, aunque le parecía raro teniendo en cuenta la situación real de la academia, no quiso cuestionar nada de lo que estaba pasando. Ni siquiera cuando empezó a verla tener pesadillas y descubrirla con ojos vidriosos. "No es nada, solo son imaginaciones tuyas. Si ella intenta no preocuparme, no debería hacerlo." Se decía mientras fingía no darse cuenta de nada.
Hasta que una tarde, al volver a casa, todo estaba apagado. Había una maleta al lado de la puerta y Mei estaba sentada en el salón mirando al infinito. No parecía haberse dado cuenta de su presencia, incluso a pesar de estar a unos pocos pasos de ella.
- ¿Mei? - Llamó su atención con voz temblorosa.
- Yuzu… - La miró un instante, pero rápidamente apartó la mirada. Pero la rubia se movió hacia el lugar al que la apartó.
- ¿Qué te pasa, Mei? - Pero la otra chica no contestó. - Mmmm la maleta que hay al lado de la puerta… ¿vas a algún lado?
- Voy con mi abuelo.
- Vaya, ¿cuando volveras? - Preguntó nerviosa.
- Yo… - Hizo una pequeña pausa. - No voy a volver.
- ¿Qué quieres decir? - La ansiedad empezó a crecer dentro de ella. - ¿Mei? - Sus ojos empezaron a derramar lágrimas mientras sentía como si la apuñalaran en el pecho. - ¿Qué está pasando, Mei?
- Esto se acabó, Yuzu. - Dijo con los ojos clavados en la otra joven, ni siquiera parpadeo. Con un tono de voz sin ninguna emoción.
- ¿Por qué haces esto?
- Eso no importa. - Empezó a caminar hacia la puerta. - Puedes quedarte aquí todo el tiempo que necesites.
- Quiero saber por que te vas. - La siguió y cuando la otra cogió la maleta y estaba a punto de abrir la puerta la abrazó por detrás. - No te vayas, por favor.
- Suéltame.
- No lo haré hasta que me expliques.
- Dejame ir. - Dijo con la voz rota.
- Si dejo que te vayas, no te volveré a ver nunca. - Apoyó la cabeza en el hombro de la otra chica.
- ¿Realmente quieres saber por qué estoy haciendo esto? De acuerdo. Mi abuelo arregló un compromiso para no perder la academia. Supongo que incluso tú sabías que esto eventualmente pasaría. - Al escuchar esto la rubia la soltó y retrocedió un par de pasos. - Ya no hay más que hacer aquí.
- Mei… - Es lo único que pudo alcanzar a decir.
- Gracias por todo y adiós. - Salió cerrando la puerta tras ella, dejando sola a la rubia que se desplomó en el suelo.
Se quedó allí, de rodillas en el suelo llorando. Lloró y lloró hasta que se quedó sin lágrimas que derramar, mirando a la puerta durante horas. El sol se fue, dejando paso a la luna, mientras ella seguía esperando que aquella puerta se abriera y Mei la dijera que todo había sido mentira. Sin saber cuando, se quedó dormida y cuando despertó, estaba totalmente desorientada, no sabía si lo que recordaba era real o solo había sido una pesadilla. Pero le bastó con dar un vistazo a la casa, para ver que las cosas de la morena no estaban. Aún así tenía la esperanza de que ella volviera y se sentó a esperarla en el salón. Pasaron las horas y ella no volvió, ni llamó, ni envió ningún mensaje. Yuzu no quería perder la esperanza, no podía ser que Mei la dejara así después de tantos años juntas.
Entonces recordó cómo se conocieron. Ella estaba andando por el patio de la academia Aihara, cuando de repente vió a la morena en problemas, siendo acorralada por un profesor albino. Ella la "ayudó a escapar" y denunció la conducta de aquel hombre llamado Daisuke Fujiwara a la dirección del centro. Más tarde se enteraría de que ese profesor era el prometido de Mei.
Otro flash le vino a la cabeza, esta vez de la conversación que tuvieron después de que la joven Aihara rechazó a Takeda, sobre que no tenía permitido salir con nadie y que su abuelo le estaba buscando a alguien para casarla.
"Ya veo." Pensó comenzando a reír desquiciada. "Desde que la conocí… ella siempre estuvo bajo el yugo de su abuelo. Y yo lo sabía, simplemente fingí no ver sus cadenas" Siguió riendo un rato, luego paró y miró a su alrededor. "Todo se siente tan solitario sin su presencia… Si ella no va a volver, no puedo quedarme aquí." Asi pues recogió todas sus cosas y se marchó de aquel apartamento.
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Perdón por tardar 84 años.
#MantenteASalvo
