Hijos de la discordia


Capítulo XIX

≪Abandonada≫


Pasado


—¿Requiere dos naves, Su Alteza? —preguntó uno de sus súbditos en el hangar cuando lo vio llegar acompañado. Vegeta le respondió a secas.

—No. —Vegeta se acercó a una nave vacía y tecleó las coordenadas que había memorizado. Sus hombres lo miraban en silencio, tan curiosos que olvidaban que su rey era irritable con cualquier cosa.

≪—Uno de nosotros no va a regresar —pensó ella con el mentón descontrolado, sin aguantar el llanto—. No se necesitan dos naves para abandonarme.≫

Bulma estaba un poco más detrás de Vegeta y sollozaba en silencio esperando que nadie la escuchara, pero era difícil de pasar por alto. Los hombres teorizaban que el rey la iba a meter dentro para deshacerse del último recuerdo que había dejado Tarble, el príncipe caído en desgracia que había asesinado Vegeta.

Su Alteza puede asesinarla, ¿por qué tomarse la molestia de exiliarla? —escuchó Bulma.

Vegeta se acomodó la capa de un manotazo y se metió dentro de la nave personal, lo que causó sorpresa dentro del hangar.

Entonces ella vino a despedirse del rey —dijeron las nuevas teorías—, que llore le debe agradar al rey —continuó y Bulma supo que pensaban que ella estaba fingiendo la tristeza. Después de todo, nadie le tenía estima a Vegeta.

La chica dejó escapar un lamento y se alejó del cuchicheo hasta la nave de Vegeta, y como habían acordado antes, Bulma se subió sobre sus piernas. En la mente de Vegeta aquello era algo sin importancia pero al ver a sus hombres con la cara cruzada por el asombro, se sintió terriblemente avergonzado y apuró el inicio del viaje solo para que no lo vieran más.

Bulma se permitió una sonrisa cuando se abrazó de él. No era un viaje particularmente turbulento por lo que no era necesario aferrarse a algo, simplemente lo hizo por gusto. Bajo su pecho, el rey gruñó.

—No intentes seducirme para convencerme de dejarte quedarte, no funcionará.

—Quizás te convenza de quedarte en el planeta insignificante conmigo. —Vegeta miró hacia otro lado y la terrícola esperó que ese fuera el equivalente a una risa en él. Era claro que no—. ¿Quieres hacerlo? —preguntó ella con malicia, eso de seducirlo le pareció una muy buena idea.

Vegeta la interrumpió.

—Serán horas —dijo buscando un botón detrás del cuerpo de Bulma—, deberíamos dormir-

La mano del rey dio muchos manotazos ciegos sin encontrar el botón correcto y Bulma lo tomó de las orejas y lo besó de manera fogosa, haciéndolo dudar de su intención de hacerlos dormir. La mano que buscaba el botón la usó para acariciarle la espalda de abajo hacia arriba y ella sonrió, aunque su rostro seguía evidenciando la tristeza que la embargaba antes.

Vegeta simplemente se dedicó a verle la cara mientras ella lo liberaba y lo hacía entrar a ella. Estaban acostumbrados el uno al otro, por lo que cada uno supo lo que debía hacer. Bulma sonreía, cerraba los ojos, movía la cabeza; pero él simplemente la miraba atentamente. Al terminar, Bulma le acarició una mejilla y se inclinó a darle un beso corto y suave, y Vegeta accionó el botón. El gas la tumbó enseguida, como Vegeta ya estaba acostumbrado demoró en ceder al sueño y se permitió estrecharla momentos antes de quedarse dormido.


Vegeta tuvo que levantarse del asiento para que Bulma se dignara a salir de la nave. El rey se puso el rastreador en la oreja y comenzó a buscar las señales de vida cercanas y cuán poderosas eran. En efecto, la población era poca y no era particularmente fuerte, aunque un pensamiento inquietante se apoderó de Vegeta…, ¿y si la atacaban? Rápidamente descartó esa idea, Bulma había sobrevivido a su planeta, bien podría sobrevivir a esa roca de insectos.

—Te ves guapo con eso puesto —dijo ella, refiriéndose al rastreador, pero Vegeta hizo como si no la escuchara.

El guerrero se sintió extraño al estar en ese lugar sin la intención de purgarlo y con Bulma siguiéndolo de cerca. Sin acordarlo, se dispusieron a recorrer un poco, incluso permitió que ella se le colgara de un brazo, aunque le recordó que ellos no acostumbraban hacer esas cosas.

—¿Estás buscando el lugar dónde abandonarme? —Bulma lo preguntó de manera burlona pero él sabía que estaba muerta de miedo. No tuvo la intención de responderle—. ¿Quieres hacerlo aquí?

Vegeta enrojeció de golpe y masculló una maldición.

—¡No conseguirás nada con eso!

Lo hicieron de todas formas.

Bulma alegó cansancio y dijo que quería dormir un poco, pero él simplemente siguió caminando y todo el cansancio de la terrícola se desvaneció para seguirlo. En tanto vieron lo que sería una aldea, Vegeta decidió que era suficiente.

—Este planeta es insignificante —le confesó Vegeta con la cara seria—, no atrae la atención. —Se echó una mano en el bolsillo de su armadura y le extendió el comunicador de la Patrulla Galáctica. Bulma, sin embargo, desvió la mirada—. Debes llamarlos.

—Ya te dije que no quiero que me dejes —dijo ella y Vegeta frunció la boca, para él ya no había vuelta atrás—, si piensas que estás protegiéndome de ti y tus hombres al dejarme aquí estás equivocado. Moriré aquí de todas maneras. —Bulma se sentó en el suelo y se cruzó de brazos, dándole la espalda—. No sé cómo llamar a la Patrulla con eso.

Tras unos instantes Bulma tomó el comunicador sólo para lanzarlo lo más lejos que pudo.

—Siempre haces eso —le reprochó Vegeta a lo que Bulma protestó.

—No seas cínico, te he visto lanzarlo muchas veces. Quizás está roto, por eso no funciona. ¿Ves? Nadie vendrá por mí.

—Sí lo harán —le dijo.

—¡Que no!

Vegeta apretó los labios para evitar gritarle de vuelta y comprendió que era el momento de irse. No era su problema si los llamaba o no, ya había hecho suficiente tomándose la molestia de llevarla hasta ahí en persona.

—No te estoy dejando porque no quiero que mueras —le confesó dándole la espalda—, te dejo porque me molesta en lo que me he convertido —y tan pronto como lo dijo se marchó. Escuchó que Bulma le gritaba desde el suelo alguna insolencia y que lo odiaría por siempre, pero estaba bien, Vegeta podía lidiar con el odio de todo el universo si fuera necesario.


Vegeta volvió solo al planeta como era de esperarse y aquello solamente había alimentado el rumor de que Vegeta asesinaba a sus acompañantes durante los viajes al espacio exterior. El chisme relataba cómo el rey se había cansado de la mujer y la había matado lejos del planeta para no alterar a los más creyentes de la deidad lunar, siendo Bulma una falsa servidora de la diosa.

Unos ingenieros hicieron una reverencia cuando salió de su nave personal. Nunca se fijaba en sus súbditos ni en lo que decían y en ese momento en particular se encontraba más huraño de lo normal, por lo que fue sorpresivo que captara un comentario inofensivo de lo que decía uno de ellos.

—Qué extraño, Su Alteza volvió desde las mismas coordenadas a las que acaba de partir Turles y su equipo —murmuró revisando un sinfín de veces el sistema en busca del error.

Vegeta se volteó hacia el susodicho con una velocidad tenebrosa y tomó al hombrecillo del cuello. Si esperaba que le repitiera lo que acababa de decir, la falta de oxígeno sería un problema.

—¿Qué fue lo que dijiste? —susurró con la ira contenida, ocasionándole un escalofrío a los presentes. Por supuesto que el hombre no respondió y Vegeta lo soltó pero lo golpeó en el aire para lanzarlo muy lejos—. ¿Hace cuánto? —le preguntó al resto con la mandíbula apretada y uno de los ingenieros cayó al suelo en medio de súplicas de misericordia.

—Una hora —dijo el más valiente de todos y Vegeta gritó colérico. Había sido un viaje de muchas horas y la vuelta sería la misma cantidad, mientras que Turles le sacaba una hora de ventaja.

Su nave ya se la habían llevado para llenarla de combustible por lo que buscó una que estuviera libre. Vegeta se dirigió a paso rápido a un soldado que se disponía a meterse a una y cuando éste se percató de su presencia, el rey lo quitó del camino de un manotazo. Mientras se sentaba en la nave cambió las coordenadas del soldado y fijó la del planeta remoto, con la paciencia pendiendo de un hilo.


Bulma había llegado a la pequeña aldea. Las criaturas que habitaban ahí no hablaban un idioma de palabras y se comunicaban con ella mediante sonidos. La primera noche le ofrecieron refugio o al menos eso pensó y compartió una choza de arcilla luego de comer algo con sus anfitriones. Estaba tan cansada de llorar por Vegeta que se durmió rápido y soñó con él. Más que nada eran imágenes de sus recuerdos y otras simples fantasías. Su inconsciente era cruel y le mostró un futuro ficticio en el que seguía junto a Vegeta y un muchacho apuesto de pelo y ojos lilas la miraba con infinito amor. En sus brazos una bebé mamaba de su pecho izquierdo y una mano enguantada le acariciaba el cabello lila de su hija.

La humana despertó antes de que el sueño le mostrara a Vegeta y abrió los ojos en medio de la oscuridad con una sonrisa aleteando en los labios. ¿Era posible volver al sueño desde donde había quedado?

Una luz blanca iluminó el cielo antes que el sonido y el movimiento retumbaran dentro de la choza. Bulma estaba aturdida pero se tambaleó hasta la salida para ver un incendio a lo lejos, había sido una explosión, pensó…, pero después el viento llevó un rugido espantoso a sus oídos.

—Están aquí —lloró Bulma y cayó al suelo presa del pánico.

Sus anfitriones comenzaron a gritar y a buscar refugio dentro de su misma choza pero Bulma les dijo un sinfín de veces que debían huir, pero no le hicieron caso, por lo que decidió que se marcharía sola. Se echó al hombro una manta y tomó el comunicador de la Patrulla antes de salir, Bulma eligió una dirección al azar y resultó ser la peor porque se encontró de lleno con una de las bestias. Antes de ser vista se devolvió y tomó otra dirección, siendo abatida por la onda expansiva de una explosión.

—Estúpido Vegeta —murmuró mientras se levantaba, apenas limpiándose el polvo de su cuerpo—, dijiste que era un planeta insignificante —recordó mientras se cercioraba que seguía teniendo el comunicador aunque dejó la manta atrás.

Bulma siguió corriendo a pesar que el terreno seguía cambiando y que el suelo caliente le lastimara los pies. Otra bestia apareció frente a ella pero esta vez sí la vio, por lo que lanzó un puñetazo hasta donde estaba ella, queriendo matarla como a un mosquito. Bulma saltó pero al caer al suelo, supo que no se salvaría otra vez y cerró los ojos con fuerza esperando ser aniquilada.

La bestia pegó un rugido y un temblor hizo que se despegara del suelo dando un salto, otra bestia había aparecido.

—Oh, mierda —lloró pensando que sería doblemente aplastada, pero lo que ocurrió no tuvo sentido para ella. Ambas bestias se comenzaron a rugir entre sí y la segunda terminó por abrirle un agujero a la otra como si lo hubiese ofendido. El temblor que hizo la bestia al caer no vino, puesto que el guerrero volvió a su forma humanoide antes de llegar al suelo. La bestia que había quedado en pie se volteó a verla con calma y le extendió una palma frente a ella como si quisiera que se subiera. Bulma estaba atónita—. ¿Vegeta? —La bestia no hizo nada, simplemente se le quedó mirando con sus ojos rojos sin pupilas.

La mujer no protestó cuando la mano gigante se cerró suavemente a su alrededor y la alzó del suelo. Bulma cerró los ojos y se apoyó en el dedo pulgar, quería llorar por el miedo que había tenido al huir y reír porque volvía a reunirse con Vegeta..., si es que aquel era Vegeta.

Los rugidos le recordaron que estaban en medio de una purga y Bulma se escondió dentro del puño por lo aterrada que estaba. Vegeta rugió también y la terrícola se preguntó si ellos se comprendían a sí mismos estando en ese estado. Bulma pensó que habían dos bestias más y apenas se asomó fuera, uno de los monstruos intentó arrancarle la mano al rey de un mordisco. Por supuesto que él reaccionó con rapidez y la chica pensó que vomitaría por el vértigo y la velocidad a la que la sometían.

Dentro del puño sintió la pelea y gritó con todas sus fuerzas pidiendo que ese suplicio se terminara. La otra bestia se unió al ataque y Vegeta luchó con sólo una de sus manos para proteger del movimiento a Bulma. Ambas bestias seguían intentando arrancársela de un bocado.

Vegeta logró tomar del cuello a uno y lo mató con un mordisco en la cara. Bulma jamás olvidaría el sonido de la mandíbula destruyendo carne, músculo y huesos, y el mar de sangre que golpeó el suelo sin detenerse. El último monstruo se abalanzó hacia el rey mientras rugía y lo derribó, haciendo que abriera la mano cuando chocó contra el suelo y Bulma salió disparada en el aire. La terrícola dio tantas vueltas al aterrizar que no supo dónde estaba el cielo y dónde la tierra. Con la mirada perdida buscó a Vegeta que luchaba por sacarse de encima a su compatriota pero la sangre del otro monstruo le había cubierto los ojos de manera que estaba dando golpes ciegamente. La bestia frustró el ataque del rey cuando intentó cargar energía en el hocico al cerrarle la boca con una mano gigantesca.

Bulma gritó todo lo que le permitieron sus pulmones cuando la bestia comenzó a mirarla mientras sostenía el hocico de Vegeta, cargando su propio ataque hacia su dirección. Un gruñido terrorífico precedió el final del monstruo, el rey tomó la muñeca de su atacante y la dobló en una dirección antinatural, liberando su hocico y pudiendo abrirle un agujero en la cabeza a Turles de un solo ataque.

La respiración agitada de Vegeta retumbó en todo el lugar y la pequeña humana se le acercó con lentitud, sabiendo que él la alzaría con una mano de la manera más gentil que una bestia podía.

Vegeta caminó hasta donde había caído su nave y dejó a Bulma en el suelo con un gruñido, comenzando a disminuir de tamaño. La figura humana de Vegeta estaba tan maltratada como su forma bestia pero Bulma se lanzó sobre él de todas maneras. Estaba feliz pero seguía aterrada, por lo que no pudo controlar el llanto de espanto que había estado reprimiendo. Bulma apenas sintió una mano masculina sobre su costado pero como no era costumbre de los saiyan acariciar, valía como un abrazo.

—Pensé que no te volvería a ver —sollozó abrazada de su cuello y de alguna manera supo que él se permitió sonreír—. Tampoco pensé que te vería en tu forma horrorosa.

—Es más poderosa que mi forma normal —le respondió de manera seria y Bulma sonrió al escuchar su voz.

—Te ves horrible de todas maneras —insistió ella y sintió que Vegeta carraspeaba, un tanto ofendido.

—No interesa cómo luzca-

Cuando Vegeta volvió al planeta y el escuadrón de Turles no, el rumor de que había matado a sus camaradas corrió con rapidez por las tabernas. Atribuyeron el asesinato nuevamente al mal humor del rey. Esta vez el rumor sí fue cierto. El rumor que había llegado con la humana en las piernas, también.


Nota: Y este rant se ha acabado. Para Sybloominaï.