Aquí traigo la 3a parte de esta historia, luego sólo faltaría un pequeño epílogo.

Siento haberme tardado tanto, pero aquí una que como todos tiene una vida, responsabilidades, etc.

MI PELIGROSA OBSESIÓN (3ª parte)

Se sentía tan feliz, su relación con Izuna era lo mejor que le podía pasar en la vida. Cada día el Uchiha le esperaba en su hogar y se le lanzaba a los brazos iniciando besos hambrientos. Con su amada obsesión habían cumplido las fantasías de cada uno, juegos eróticos y llenos de morbo que deseaban realizar cada uno. Era tan juguetón el pequeño Uchiha, y tan dulce... No sabía que disfrutaba más, si cumplir sus mayores fantasías ya fuera en casa o en el bosque al que iban a entrenar y... Bueno, los roces durante el entreno siempre terminaban con el azabache contra un árbol o contra el suelo gimiendo; o cuando Izuna se ponía dulce y amoroso, se abrazaba a su torso y le acariciaba la piel a su alcance con una suavidad que era difícil de creer en un guerrero de la fiereza del usuario del sharingan. Mientras de tanto en tanto iba dejando besitos en su torso. Adora a su gatito Uchiha y cree que la felicidad no puede ser mayor qué la que siente en esos momentos. Excepto cuando el pequeño azabache saca cierto tema...

–Tobirama...– La voz suave y empañada por una emoción de tristeza inunda la habitación.

–No, Izuna... Por favor, no me lo pidas más– Le suplica.

–Sabes que ya no pertenezco a este mundo– Ve como el Senju se levanta frustrado, mientras se revuelve el pelo.

Camina un par de pasos y se detiene. Él se incorpora en la cama, sentándose de lado. El cuerpo desnudo y de mayor tamaño le da la espalda y le permite observarlo, los años han pasado para el Senju desde su último combate, ese donde él fue herido de muerte. Ahora posee un cuerpo firme y maduro, más robusto al haberse hecho hombre. Él en cambio...

–¡No! No puedo Izuna, no puedo vivir sin ti.

–Pero... ¿No te das cuenta Tobirama?– Se levanta y le rodea el torso, apoyando su mejilla en esa fuerte espalda desnuda. –Yo no poseo un cuerpo real... Es una falsa felicidad. Tu irás madurando y envejeciendo. Yo siempre seré un ...

–No lo digas, no lo digas por favor. Voy...Voy a solucionarlo.– Se gira para rodearle, mientras le acaricia la mejilla.

–Aunque no quieras oírlo, sabes que es cierto. –El albino le abraza con fuerza y le aprieta contra su cuerpo, levantándole. Él le rodea la cadera con sus piernas y el cuello con sus brazos. Apoya la cabeza en su hombro.

–Te amo, Izuna. Te amo tanto.

–Yo también te amo. Y precisamente porque lo hago, se que me tienes que dejar ir...

Tobirama aprieta los ojos y esconde su cara en el cuello del menor. No... No quiere vivir sin su corazón, ahora que por fin ha conseguido ser correspondido.

·

Hashirama sonríe, su hermano está feliz... Aun no sabe quien es el chico o chica que consiguió que su pequeño hermano vuelva a ser él mismo, bueno no es el mismo de antes; de hecho lo ve mejor que antes, más feliz, más radiante. Si, Tobi-chan irradia felicidad, y aunque siente una inmensa curiosidad no piensa inmiscuirse, lo ha prometido. Y ahora está ahí delante, pidiéndole unos días libres... Le parece algo increíble que alguien como él, tan centrado en el trabajo, tan aplicado, le pida unos días libres. Pero sonriéndole algo travieso, se los da.

–A ver cuando me presentas a esa persona que te tiene así...– Pero, Tobirama es Tobirama, aunque sea feliz, le achica los ojos con molestia antes de desaparecer.

·

Esos días se dedica a buscar la manera de hacer "real" a Izuna, de darle un cuerpo de carne y hueso. Lo que propiamente diríamos, devolver a la vida. Además también pasa mucho tiempo con su pareja, porque es así como considera al menor. Entrenan, pasean, le muestra nuevos rincones de las afueras de Konoha, lugares en otras villas que se están creando, hacen el amor, cazan juntos, se bañan en ríos y lagunas, visitan la antigua localización de sus respectivos clanes... En definitiva son los mejores días que ha vivido en muchísimo tiempo. También le lleva a visitar su tumba, ha petición del mismo Uchiha, que se ríe durante unos instantes del sin sentido que representa eso.

–Estoy visitando mi propia tumba... – Suelta entre dientes, le resulta cómico.

–Puedes presentarte respetos a ti mismo. –Le sigue la morbosa broma. Hasta que le nota quedarse callado y sumido en sus pensamientos, mientras mira unas flores recientes. Le gusta ese color, es su favorito. Azul cerúleo.

–Madara...– Susurra con pesar y dolor. Ha ido allí con burla, buscando reírse de la bizarra situación y, ahora se arrepiente. Madara limpia su tumba con esmero y le lleva flores con sus colores favoritos. También ve barras de incienso terminadas y seguro que si se agachase a agarrar una, serían de su aroma favorito. –Hermano...

El sollozo de Izuna, le hace desviar la mirada con respeto, darle su intimidad. Es un guerrero y además Uchiha, eso significa que es orgulloso y altivo. Y como tal, sabe que no le gusta que le vean llorar, ni tampoco querría que le ofreciera consuelo. Así que hace ver que no le oye, ni que sabe que está llorando.

Izuna agradece que Tobirama haga ver que no sabe que llora, que haga ver que no le oye. Le ama, pero no deja de ser y considerarse un fuerte guerrero.

–¿Es de aquí de donde sacaste lo necesario para traerme de vuelta? – Dedujo, a grandes rasgos, que para traerle de vuelta el Senju necesitó algo suyo, algo realmente suyo. Y eso sólo puede ser alguna parte de su cuerpo o algo parecido. El asentimiento del albino se lo confirma.

–Seguí a tu hermano y le vi aquí, aquí mismo... Postrado ante tu tumba, mientras te hablaba.– Se siente miserable al contar eso, al saberse participe de ese momento tan íntimo para el líder Uchiha. – Tu hermano, te ama... Muchísimo. Siempre lo hizo.

No puede enfadarse, ahora ya no. Comprende a Tobirama Senju, desde que empezaron a convivir que empezó a entenderlo un poco, cada día que pasaban juntos lo comprendía un poco más... Y también le apreciaba cada vez más.

–Y yo a él... Siempre he amado mucho a Madara, era mi adorado hermano mayor. Imagino que a ti te pasa lo mismo con Hashirama, y que él siente lo mismo por ti.– Entrelaza sus dedos con los del mayor y le da una ligera apretada a la mano, busca transmitirle que no está enfadado.

–Lo siento... Por todo. Pero no podía... No podía más, te necesitaba... Izu

–Shht... Lo se, Senju. Tranquilo– Tira de sus manos unidas para ponerle cara a cara y le acaricia una mejilla, para luego hacerlo agacharse y unir sus labios.–Vámonos de aquí.

·

Estaba a la sombra de un árbol trabajando en su nuevo kinjutsu mientras Izuna entrena su kenjutsu. De tanto en tanto miraba asombrado a su obsesión, su pequeño Uchiha era muy veloz, ágil y poseía una gran habilidad con la katana. Por ese motivo durante la guerra entre clanes Izuna siempre le iba a la par en poder y velocidad. Era increíble, a sus ojos lo era.

–Ven a pelear contra mi, Senju.– Le pidió deteniendo sus movimientos al notar la mirada rojiza del albino sobre su persona.

Él no pudo negarse, haciendo que el menor sonriera emocionado antes de ponerse serio y prepararse para el combate.

Sus espadas chocaron con violencia empezando un nuevo combate de entrenamiento, que como siempre parecía una batalla real como las de antaño. Sólo que esta vez el vencedor escogía el premio o lo que deseaba del otro... Y eso les encantaba a los dos, prometía una buena diversión final.

·

Está haciendo pruebas, cree que ya lo tiene y está usando el cuerpo del ninja que resucitó antes, su sujeto de pruebas antes de que aplicara la resurrección de ultratumba con Izuna. Es su conejillo de indias, porque ni loco arriesga a su amado sin tener claras las consecuencias.

Pero lo que encuentra es que el Edo Tensei se libera de su control, del control del talismán en su cabeza y se lanza a atacarle con toda su fuerza. Consigue sellarle, pues sabe que es la única manera de parar totalmente a un revivido que ya no está bajo su contrato.

Mirando el cuerpo sellado a su lado, agradece que los Uzumaki hicieron ese pacto con ellos y que su hermano se casó con la princesa de dicho clan. Los pelirrojos les enseñaron técnicas de sellado a cambio de la protección de la Hoja y de formar parte de la alianza que habían creado en la villa, y ahora conocer tales técnicas, aunque fuera una simple, le había salvado.

Tenía que apuntar ese sello de desactivación en un pergamino que anexaría a lo que ya tenía sobre la resurrección del mundo impuro. Lo mismo que apunta los sellos para deshacer dicha técnica.

Pero no es el resultado que buscaba. Hace ya tiempo que no controla a Izuna con el talismán, aunque aun esté activo en su cabeza.

Frustrado se sienta apoyado en un tronco, dobla las rodillas y apoya los codos en las mismas, se agarra la cabeza y suspira. Con esos sellos que ha encontrado, Izuna seguiría siendo un resucitado, y él lo que busca es que tenga un cuerpo vivo, un cuerpo de carne y hueso de nuevo.

Tiene que seguir trabajando en ello, no piensa rendirse. Si consigue que Izuna vuelva a la vida, su pequeño Uchiha dejará de pedirle que le deje marchar que ya no pertenece a ese mundo. Podrán ser felices los dos juntos, podrá presentárselo a Hashirama, tal como su hermano lleva pidiéndole meses y, Madara recuperará a su adorado hermano, lo mismo para Izuna. Pero por mucho que busca y prueba no puede hallar solución, no puede resucitarle como vivo... Se esta desesperando.

Los meses siguen pasando, y sigue sin hallar nada que les ayude, Izuna ya no le pide que le deje marchar otra vez al más allá... Sabe que le duele cada vez que se lo pide, que sufre cuando el Uchiha intenta convencerle; así que ha dejado de hacerlo, pero siente en su mirada esa lástima... Ese dolor. Y es que Izuna cree que de esa forma no podrá avanzar en su vida, que se está atascando en un sentimiento pasado, que esta cegado por una falsa realidad... Pero es que él no quiere avanzar, no necesita hacerlo teniéndolo a su lado, pudiendo amarle, pudiendo abrazarle, pudiendo compartir sus ratos libres con su amado. Es inmensamente feliz de esa forma en la que están viviendo, aunque tenga que mentirle a su hermano, aunque mienta a todos y a él mismo... Es tan feliz.

Dicen que la felicidad termina de golpe y cuando menos te lo esperas... Que un día todo son flores, sonrisas, amor, jubilo... Y de pronto... Algo se tuerce de un forma que no esperas. Los gritos de enfado rompen tus oídos, las lágrimas surcan tu rostro, la tristeza te inunda... En un simple segundo. Y eso es lo que le ocurrió a él.

Izuna quería que avanzara, y eso tuvo que hacer.

·

Hacía ya semanas, meses realmente, que había vuelto al trabajo de mano derecha de su hermano y shinobi de Konoha. Aun no había encontrado solución a su técnica, una solución satisfactoria para todos... La vuelta a la vida de su pequeño Uchiha. Y si, realmente estaba algo estresado, no porque Izuna le pidiera que deshiciera el Edo Tensei, como he dicho hacía ya meses que su amado había dejado de pedírselo... Con palabras. Pero, pensar en esa técnica y en que quizás Izuna no era plenamente feliz siendo un muerto en vida le tenía estresado... Quizás eso afectaba a su perfecto rendimiento anterior, un rendimiento que era absolutamente intachable hasta ahora. Tanto que hasta el despistado de Hashirama le izo un comentario jocoso.

–Hermano, tu pareja te tiene bien distraído.– Sus palabras no tenían maldad.

–Que estúpido, Senju... Deja tus problemas amorosos para tu tiempo libre –Las palabras de Madara si que buscaban molestarle.

–Maddy... Que borde, el amor es algo bonito y tu lo haces sonar como si fuera una aberración.

Y ahí empezó una discusión que en más de una ocasión incluía el intento de descubrir por quien estaba así. Gruñí en molestia, no quería que esos dos se pusieran a husmear.

–Es por una técnica que he creado, me esta costando encontrar el contrasellado para revertirla. –Queriendo evitar que la curiosidad sobre temas más privados siguiera creciendo.

–Si es una de esas técnicas prohibidas que haces, Tobi-chan... Recuerda guardarla bien en la biblioteca privada de la Torre.

–Si, descuida. Ya está hecho. –Respondí sin darle mayor importancia.

En ese momento la felicidad por centrar la atención de los dos mayores en otros temas me asaltó... Que iluso fui. Ese sería el principio del fin. No había pensado en la curiosidad de mi hermano por saber que nueva creación había realizado.

Hashirama admiraba mi inteligencia y mi capacidad creativa para inventar técnicas poderosas que requerían poco esfuerzo, una vez lograbas dominarlas, pero que a su vez podían tener gran poder de destrucción. Le gustaba conocerlas.

En el caso de Madara Uchiha... El azabache era algo ambicioso, era un hecho. Pero, ¿Qué shinobi no lo era? Hashirama no cuenta, pues mi hermano era alguien muy bueno y noble para este cruel mundo. Tenía suerte de estar bendecido con tanto poder, sino hace tiempo que estaría muerto por esa nobleza de corazón.

Ese día volví a casa después de creer que había zanjado el tema y ninguno de los dos volverían, por ahora, a meter las narices en mi vida privada, esa vida que estaba compartiendo con un Uchiha Izuna resucitado.

·

Esa misma tarde, antes de irse, a Hashirama le asaltó la curiosidad. Admiraba la capacidad creativa de su hermano y siempre le gustaba conocer sus creaciones para poder mostrar a su aldea que Tobirama Senju era alguien magnifico, alguien por quien también tenían que tener admiración, él sin su hermano y su mejor amigo Madara no sería nada. Y realmente creía con firmeza en ese pensamiento.

Rebuscó entre los pergaminos de la zona prohibida de la Torre y encontró los escritos por el puño y letra de su menor. Entre ellos estaba el Kage Bunshin, era una gran técnica y ya muchos ninjas de nivel la habían aprendido. También encontró una técnica poderosa, pero demasiado oscura para su gusto: El Sello Consumidor del demonio de la muerte. Leyó la técnica y su realización y sus vellos se erizaron. Cerró veloz el pergamino y lo dejó escondido... A veces su hermano era de temer creando jutsus de esta índole. Y por fin encontró el que buscaba, un nuevo pergamino y según aparecía en el rollo, hacía poco había sido abierto, seguro que para añadir alguna modificación para mejorar esa nueva técnica.

Pero a medida que iba leyendo las bases del Edo Tensei su mirada se fue ensombreciendo y su sonrisa siendo substituida por un rictus severo.

–Eso no... No es posible, hermano.– Pero cuadraría con lo que le comentó Madara no hace mucho sobre la tierra recién aposentada en el viejo cementerio Uchiha. Cerró los ojos con pesar, sin querer creer lo que estaba sospechando. –Por favor no... No Tobirama, no has hecho tal cosa...

Pero todo encajaba tan bien... La creación de la técnica, la tierra de una tumba en especifico removida por mucho que se quiso disimular con agua, la felicidad de su hermano después de ese echo... Se tapó el rostro y sintió alguna lagrima deslizarse furtiva de sus párpados.

Se incorporó y sonrió mientras se giraba al sentir la presencia detrás suyo.

–Maddy, que susto me has dado. – La sonrisa tiraba de sus labios intentando que fuera lo más natural posible.

El Uchiha le miró con una ceja enarcada. Y se acercó algo más.

–Resurrección de ultratumba. – Leyó el nombre de la técnica– ¿Es la nueva invención de tu hermano?

–Eh... Si, si. Exacto. – Madara le había quitado la parte inferior del pergamino en un movimiento veloz, empezando a leer.

–Tendré que hablar con él... Esta creando algunas técnicas demasiado peligrosas.

Por suerte Madara había empezado a leer el pergamino por la parte media final, la superior la tenía agarrada para que no la pudiera desenvolver y leerla, pues la parte superior era la más peligrosa... En ella se decía lo que se necesitaba para invocar a un muerto del más allá. El Uchiha no era para nada tonto, sólo tenía que sumar dos más dos... Material genético de la persona que se desea invocar, era igual a la tumba removida de cierta persona y eso le llevaría a su hermano. Por suerte el azabache aun creía que su hermano sentía odio hacia su clan... Si supiera cuan equivocada era esa creencia.

–Interesante... Al menos más interesante que la anterior... ¿Por qué de que te sirve una técnica que te mata al aplicarla? Aunque esta con lo de usar peones para luchar en vez de bailar por ti mismo... Es de cobardes.– Soltó el rollo y se dio la vuelta–Pero no se porque no me extraña de esa rata que tienes por hermano.

–No empieces, Madara. Hoy no. –Enrolló el pergamino y se lo guardo entre la ropa.–Me voy a mi hogar... Mañana será otro día.

Ya hablaría con su hermano, indagaría antes de acusarle... Confiaba en el sentido común de Tobirama, seguro que se había imaginado cosas...

–Si, es lo más seguro...– Sonrió alejando esos demonios para irse a casa con su mujer.

Madara le vio marcharse y achicó la mirada, por mucho que el Senju hubiera intentado disimular algo le había perturbado demasiado, algo relacionado con su hermano. Lo iba a descubrir.

·

Esa mañana Tobirama se despertó abrazado a su Uchiha como cada día. Habían pasado una noche fantástica dando un paseo bajo las estrellas en ese bosque remoto al que acudían, hicieron el amor apasionadamente con un manto estrellado como techo y al volver al hogar se dieron un relajante baño para irse a dormir. Y al despertar, volvió a hacer el amor con su amado, abrazándose, jugueteando, mordisqueándose de forma cariñosa. Y fue al trabajo con una pequeña sonrisa de enamorado en el rostro.

Hashirama le recibió con una cara fría, un gesto duro en el rostro dirigido a él... Casi parecía que se hubieran intercambiado los papeles.

–Hermano...– Tanteó, poniendo él mismo un rostro serio.

–Tobirama... Creo que me tienes que contar algo y no quiero rodeos esta vez.–Ordenó el mayor.

Levantó una ceja a su hermano, en espera a lo que le dijera.

–¿Con quien usaste esa técnica?

–¿Por qué? –Pero la cara de Hashirama se enserió más– ¿En serio te preocupa un enemigo de Konoha?– Intentando desviar su atención, que olvidara la verdadera razón de preguntar... Su hermano se lo olía.

–¡Basta! – Golpeó con las manos en el escritorio, mientras se levantaba inclinándose de forma amenazadora hacia el albino– He visto el pergamino... Se lo que se necesita para el ritual y...

Por un segundo se quedó sin saber que decirle, tragó con cierta dificultad, pero él nunca se había dejado amedrentar por nadie... Y menos su hermano. Le cortó antes de dejarle continuar, antes de que se dejara dominar por ideas no tan equivocadas, su hermano no iba nada desencaminado en su posible sospecha.

–Así que vistes la resurrección de ultratumba. Estaba buscando otro resultado, pero los sellos me llevaron a descubrir eso. No te preocupes, Hashirama... Usé a ese ninja que maté en esa misión para probar la técnica. Y luego la deshice y su alma vuelve a descansar en paz.– Se cruzó de brazos y le dio un gesto serio–¿Por eso estás así? Por un ninja que me atacó intentando matarme y al que usé como sujeto de pruebas... No me seas ridículo, te estas pasando de benévolo. Si eso es todo, tengo trabajo que hacer.

–Comprendo... No la vuelvas a usar. No es justo, las almas tienen que descansar en paz.

–Descuida, no lo haré de nuevo.–Y salí del despacho, queriendo creer que ahí terminaba todo. Por mi bien, por mi felicidad, por mi amor.

Hashirama por su parte no quedó satisfecho, era quien más conocía el hermetismo de su hermano y lo que expresaban sus silencios y sus gestos. Su hermano lo había hecho, estaba bastante seguro. Arrugó las cejas de forma triste y apretó las uñas contra sus palmas. Esa tarde, cuando su hermano se fuera para casa le seguiría para comprobarlo y le encararía de ser ciertos sus temores.

Madara, desde fuera de la ventana había escuchado el intercambio tenso de palabras y ahora veía el gesto preocupado y tirante del moreno. Se alejó antes de ser descubierto. Algo le escamaba y creía que la maldita rata albina había hecho algo que para Hashirama era imperdonable... Y todo había comenzado cuando leía el pergamino del Edo Tensei, algo en ese pergamino que ayer noche no había podido observar en su totalidad... Así que disimula dedicándose a los quehaceres que le tocaban en ese día. Ya habrá tiempo de indagar más en ese escrito sin levantar sospechas de su interés.

Y cuando Hashirama sale del despacho, esa misma tarde, es cuando tiene la oportunidad perfecta. Abre el pergamino y lo lee entero. Y ahí ata cabos comprendiendo todo.

–Ese maldito... ¿Cómo se ha atrevido?– No sabe si sentirse roto de dolor o airado, un grito rasgado de sufrimiento escapa de sus labios, mientras su rostro se crispa... Al final la ira acaba venciendo. Matará a ese jodido hombre por lo que se ha atrevido a hacerle a su hermano.

·

Hashirama sigue a su hermano cuando éste le dice que se va, ya había dejado un clon desde antes para que no notara como amasaba chakra para lo que pretendía. Le sigue por los tejados, a cierta distancia para no ser detectado. Su hermano entra en su hogar, ve todas las persianas bajadas... Escondiendo lo que sea que haya dentro de esa casa. Ahora es su oportunidad, entra pocos segundos después de Tobirama. Y lo ve...

Tobirama está besando a Izuna y éste se lo esta devolviendo.

–¿Qué... Qué has hecho...? Esto... Esto no es... ¡Mierda!

Los dos amantes se separan. Tobirama intenta esconder el cuerpo de menor tamaño detrás de si.

–Hola Senju Hashirama, cuanto tiempo sin verte. –Saluda el pequeño Uchiha, saliendo de su escondite. Le pone una mano en el pecho a su pareja y le dedica un suave sonrisa para calmarle.

–Kami-sama...– Se cubre la cara con sus manos.–No te das cuenta que esto no está bien.

–Yo... Lo siento, pero... No podía olvidarlo. Le amo– Tobirama ha bajado sus defensas, necesita que Hashirama comprenda como de perdido estaba sin su amada obsesión... Y como de feliz es ahora.–No podía vivir sin él.

–¡Calla Tobirama! Esto está mal... No quieras justificarte.

–No le riñas, no seas muy duro. Tobirama sabe que hizo mal, ¿verdad?–Izuna intercede por el hombre al que ha acabado amando, todo y su estado confuso y algo enajenado como para hacer lo que hizo.

–No Izuna, no le defiendas. Hizo mal, contigo... Es una falta de respeto remover la tumba de un muerto, y aun más traerlo a la vida sin consentimiento de familiares. Y por eso me disculpo en su nombre.– Hashirama siente la responsabilidad de afrontar y cargar con los problemas causados por su menor. Se agacha en una profunda reverencia.

–Levanta, Senju. No tienes que hacer eso, no es necesario, yo no estoy enfadado. Tobirama arreglará la situación.– Mira al hombre con el que ha convivido. Los ojos de su albino se muestran atormentados, negando suavemente con la cabeza mientras alguna lágrima furtiva se desliza por esas mejillas. Izuna sabe que el albino no quiere perderle, pero ya es hora de que afronte el futuro, de que deje atrás el pasado y supere su muerte.

–No, no me lo pidas... Izu.

–Izuna-san tiene razón. Debes dejarle que vuelva a descansar, su tiempo aquí ya acabó... Su alma tiene que volver al lugar del que proviene. El mundo puro es donde vive ahora, o donde debería vivir sino fuera por ti.

Tobirama sigue negando fehacientemente. Le necesita... Le ama demasiado como para vivir sin su azabache.

–¡Ya basta hermano! ¡Reacciona! –Le agarra de los hombros y le sacude un poco –¿Qué pasará si Madara lo descubre? Lo has pensado... Sabe que alguien revolvió la tumba de su amado hermano, sabe de tu técnica... Sólo necesita unir dos más dos y entonces...

–Entonces me presentaré aquí a matar a ese cabrón que tienes como hermano menor.– Los presentes se giran hacía la nueva y oscura voz.

–Hermano... –Izuna sonríe feliz de poder verle de nuevo. Su hermano ha madurado, pero sigue con la misma esencia que le caracterizaba. Le trae tantos recuerdos.

Madara mira a su hermano menor, hacía tanto que no le veía que creía que le estaba olvidando. Memoriza cada rasgo del mismo con su sharingan para que no le vuelva a suceder lo mismo. Anhelaba verle, pero a la vez está tan cabreado con ese maldito hombre por entrar en sus tierras sin permiso, por profanar la tumba de su adorado hermano y por resucitarle por su maldito capricho.

–Voy a matarte Tobirama Senju... Y me da igual lo que digan los presentes.

–No, hermano, no lo hagas…Tobirama... Tobirama sólo no...–¿Que le decía qué no sabía lo que estaba haciendo? Alguien como el albino, tan astuto...– Él me necesitaba, pero ya ha acabado. Lo va a deshacer y no lo hará de nuevo... Nunca más.

–¡No le justifiques Izuna! Recuerdas que él te mató... Y no contento con esto, ¿te convierte en su mascota? –Eso ha sonado cruel y se arrepiente justo al soltarlo de entre sus labios. Su hermano al igual que él son muy orgullosos y esas palabras han estado totalmente fuera de lugar.

–Voy a creer que es la rabia que ha hablado por ti. –Mirándole con molestia –Sabes que nunca sería el perro de nadie. Es cierto que él me mató, y sabes que odiaba a Tobirama y a su clan con todas mis fuerzas, pero... He llegado a apreciarle, y he llegado a amarle al convivir con él y conocerle. Si a eso lo consideras ser la mascota de alguien, es que por mucho que hayas crecido en edad, sigues sin haber madurado.

–No quería decir eso y lo sabes –Gruñe hacia su hermano.– También espero que sepas que me alegra verte una vez más, aunque sea en esta desafortunada situación. Y que te quiero, hermano.

–Yo también te quiero, Madara. Sabes que siempre te he admirado y querido, que siempre he luchado a la par de ti y ahora te pido que confíes en mi.– Le sonrió a su mayor. –Por favor, déjanos arreglar esto con Tobirama y...

–¡No! Lo voy a matar, por mucho que quieras excusarle. Lo que hizo y lo que sigue haciendo no esta bien.

Para él la conversación había terminado, así que se lanzó a por el albino y su asquerosa cara compungida... Llegaba muy tarde para eso. Izuna quiso intervenir lanzándose sin pensar demasiado una estrategia. Su cuerpo se desmoronó en cenizas en la zona de la herida, para segundos después reconstruirse.

Las pupilas de Madara titilaron en dolor antes de arrugar su rostro en un odio absoluto hacia el albino. Se lanzó de nuevo a por él, hasta que una gruesa rama se interpuso. Y otras avanzaron hacia él haciéndolo retroceder.

–¡No te metas Hashirama!

–No te puedo dejar matar a mi hermano– Tobirama no tenía ninguna posibilidad contra el líder Uchiha. Moriría si no le ayudaba –Es mi hermano, Maddy.

–Él mató a Izuna y ahora le resucitó para sus jodidos planes... ¿Y le sigues defendiendo?– Se puso en posición con su sharingan brillando peligrosamente. –No pienso contenerme.

–Lo que ha hecho Tobi-chan esta mal... Pero se puede deshacer. Además no lo hizo con mala intención... Él amaba a Izuna demasiado.

–¡Jódete! ¿Y solo por eso le tengo que dejar que haga lo que quiera? ¿Qué se salga con la suya?

–Madara, por favor.– Intentando apelar a su hermano.–Escucha a Hashirama, o escúchame a mi... Pero no le mates y no pelees contra tu amigo.

–¡Basta!

Preparó los sellos y lanzó un katon hacia el albino, pero Hashirama se interpuso y le atacó de vuelta. La pelea entre esos dos grandes empezó... Dejando la casa derruida. Izuna había protegido con el Susanoo a Tobirama para que no le ocurriera nada, viendo que el albino en ese momento era incapaz de reaccionar. Con la mano de su técnica agarró al albino y saltó alejándose de la gran pelea. Otros aldeanos habían salido de sus hogares y corrían a refugiarse lejos de esa lucha.

–¡Tsk! ¡Basta Tobirama, reacciona!– Pero el Senju parecía ajeno a todo, mientras se agarraba la sien.

Sus hermanos estaban destruyendo todo a su paso, hasta que con un fuerte estruendo todo se detuvo. Tenía que ir a la zona, detener esa pelea absurda. Entendía a su hermano, si la situación hubiera sido al revés, él habría actuado de la misma forma.

Se giró al Senju una vez más y le pegó un puñetazo, tumbándolo al suelo.

–¡Senju Tobirama, no te reconozco! Tu no eres ese orgulloso rival con el cual queríamos matarnos, tu no eres el hombre decidido que me trajo de vuelta, tu no eres el apasionado y astuto hombre del cual me he enamorado. ¡Compórtate como lo que eres!... El segundo líder de un gran y poderoso clan. –Eso pareció hacer reaccionar al albino, que le miró con una mirada menos perdida.

Por fin parecía reaccionar, le dejó en el suelo y se centró en la pelea de los primeros líderes. Su hermano había caído al suelo, fue corriendo hacía el lugar. Madara tenía una gran herida y respiraba con dificultad. Hashirama ya había empezado con las curas para detener la hemorragia y cerrar la herida. Su cara era molesta por la situación y por lo que se había visto obligado a hacer.

–No... No hace falta... Coff coff... Que me salves

–¡Callate, Madara! Estoy intentando concentrarme. –Maldita sea, se sentía mal por causarle esa herida a Madara, pero estaba protegiendo a su hermano. Aunque también entendía que el Uchiha estuviera tan cabreado.

–Hermano, mira lo que te ha pasado por tu estupidez. –Le regañó a la vez que le sostenía una mano. –¿Por qué no podías escucharme por una maldita vez?

–Porque mira... Lo que te ha hecho...

–Yo también estuve muy cabreado y también desee matar a Tobirama, pero... Llegué a conocerle, sus defectos y sus virtudes, su lado más humano y vulnerable. Y por una vez quise enterrar y olvidar mi odio... ¿Y sabes qué? Me gustó dejarme dominar por otros sentimientos. Y por dejarme conocer otro tipo de vida es que le estoy agradecido a Senju Tobirama. –Le apretó fuerte la mano– ¿No crees que ya va siendo hora que tu también olvides el odio?

Después de la llamada de atención de su amado, Tobirama fue capaz de moverse y reaccionar, había escuchado todo lo hablado por los hermanos y ahora mirando alrededor veía todo lo que habían causado sus acciones, sus egoístas acciones. Casas destruidas, dolor en la cara de los implicados y en las personas que habían perdido sus hogares, una pelea entre dos personas que se apreciaban casi como si fueran hermanos... Miró a Izuna y vio su decepción y dolor por ver a su hermano herido. Y todo era culpa suya.

Se inclinó hacia los hermanos, tragándose su orgullo.

–Lo lamento, lo lamento mucho. Lo siento Uchiha Madara, se que no tengo perdón. E Izuna, no tengo las suficientes palabras para disculparme y a la vez agradecerte todo... Agradecerte que me hayas aceptado y me hayas hecho feliz durante estos meses y a la vez quiero disculparme, no tenía derecho... Fui tan egoísta. Hashirama tiene razón y tu hermano también la tiene. Merezco la muerte por tal deshonor cometido hacia su clan, hacia él y hacia ti.

Hashirama había acabado de salvarle la vida a su amigo. Madara ya se había incorporado con cierta dificultad, ayudado por su menor. Miró con rabia al Senju, pero el leve movimiento de aviso dado por Izuna le hizo desistir.

–Deshaz esto, maldita rata albina.– Se giró a su hermano y acarició su mejilla, para luego tirar de él y fundirse en un abrazo –Te quiero Izuna. Nos veremos en el más allá.

–Pero no tengas prisa Madara – Ese sería el último abrazo a su mayor, no lo vería en muchísimo tiempo, esperaba. Y cuando se encontraran de nuevo estaría deseando escuchar las anécdotas de su vida.

–No prometo nada... –Le bromeó débilmente. Se separó acariciando su rostro y mirándolo con sumo cariño, antes de girarse e irse.

Hashirama se inclinó respetuoso ante el Uchiha resucitado, disculpándose una vez más antes de marchar tras su amigo.

Vio marchar a los mayores antes de acercarse a su amada obsesión, aunque ese nombre ya no tendría que emplearlo... Quizás mejor llamarle su amado Uchiha. La obsesión ya había quedado superada en su momento.

–Supongo que esto es un adiós, Senju.

–Sigue doliendo... Izuna.–Era lo correcto, pero... También sabía que sufriría sin ese azabache al que amaba a su lado.

–Puede ser... Pero eres fuerte, siempre lo has sido y se que podrás sobreponerte. Ha sido una etapa muy bonita en nuestras vidas, una etapa que has de guardar en el recuerdo.– Se acercó y acunó su mejilla– Pero esta vez guárdala con amor Tobirama, recuerda con cariño todas las cosas bonitas y no te dejes dominar por la pena y la desazón. Vivir feliz es lo que tienes que hacer. –Le vio dudar – ¡Promételo! Promete que serás feliz y que no volverás a caer en la pena.

El albino le asintió a su petición y notando la intensa mirada, lo verbalizó. Lo prometía... Nunca más volvería a dejarse afectar por esa locura, esa depresión que le llevó a cometer tales actos. Besó a Izuna cerrando los ojos, disfrutando de ese dulce contacto mientras le abrazaba.

–Adiós, Uchiha. Espérame en el mundo puro.– Y empezó los sellos manuales mientras se miraban con una sonrisa de ternura y de paz: Rata, Buey, Mono, Tigre, Dragón, Jabalí.

Una luz envolvió al Uchiha y éste le sonrió aun más.

–Te estaré esperando, mi amor. Pero al igual que le he dicho a mi hermano, no tengas prisas en llegar y vive, vive por los dos.

Su alma se marchó y sólo quedó el cuerpo que había servido de recipiente y las cenizas. Suspiró mientras un par de lagrimas escapaban furtivas de sus ojos. Sonrió mirando al cielo. Viviría tal como había prometido y buscaría su camino y felicidad.

·

–¡Madara! ¡Madara, espera!– Había conseguido detener al Uchiha. –¿Dónde vas? Este es el camino de salida de la aldea...

–Lo sé, Hashirama. Pero necesito hacer esto... No puedo seguir aquí. – Suspiró –Izuna tenía razón, vivo dominado por el odio... Necesito, deshacerme de él y aquí no puedo. Sabes que me será imposible no tenerle rabia a tu hermano si me quedo aquí... Y que esto puede terminar en pelea.

Hashirama bajó la mirada, sabía que el Uchiha era un clan dominado por emociones fuertes, por mucho que siempre mostrasen ese semblante altivo y distante.

–Comprendo. ¿Vas a volver algún día?

–No lo se... Hashirama.

Se acercó al pelinegro y estiró el brazo para entrelazar sus dos dedos con los de Madara, en el sello de reconciliación. Se dedicaron una pequeña sonrisa y se desearon suerte, antes de que Uchiha Madara se alejara para siempre de esa aldea que había cofundado con él y a la que había bautizado.

·

Tobirama miró la aldea a sus pies, ahora era su responsabilidad... Pero él no sería como su hermano, no se quedaría detrás de un escritorio. Había aceptado ser Hokage, pero lo haría a su manera... Lo viviría a su manera, como más le gustaba hacerlo.

Miró con orgullo como estaba avanzando todo, como estaban mejorando las cosas y como estaba creciendo esa villa que crearon un Uchiha y un Senju.

Saltó al vacío, para desaparecer con su técnica. Aterrizó en el bosque algo alejado de Konoha y empezó a saltar de rama en rama de forma veloz, tenía una misión y quería cumplirla cuanto antes, tampoco es que fuera una misión muy complicada para él.

·

La misión fue un éxito y Tobirama vuelve a casa triunfador. Al pasar por un pequeño pueblo siente un chakra que conoce y no puede evitar ir a investigar, encontrándose cara a cara con Uchiha Madara en una de las casas más alejadas. Sigue igual que años atrás.

El Uchiha saca su katana, sin saber que esperar del albino que una vez, años atrás, odio. Más el Senju no hace movimientos sospechosos.

–Sólo estaba de paso. – No sabe si irse o hablar con él, esa es una espina que necesita sacarse, así que se decide por hablar – Hashirama murió hace unos meses atrás.

La noticia sorprende al azabache, que enfunda de nuevo su espada.

–¿Cómo ocurrió? – El Uchiha se gira hacia el porche de ¿Su casa quizás? Y se sienta, hace un gesto con su mano de forma suave. Él accede sin desconfianza, ni temor.

–De tanto usar su poder curativo, un desgaste celular... Eso es lo que dictaminó uno de nuestros médicos. Se fue a dormir y ya no despertó.

–Vaya... Siempre fue tan poderoso que no creía que le pudiera... –No acaba su frase, Hashirama era su mejor amigo. –¿Tuvo una buena vida?

–Tuvieron dos hijos con Mito, y a su vez su hijo le proporcionó una nieta... Senju Tsunade. Le enseñó sus vicios con el juego... Realmente parecían dos críos cuando estaba con Tsunade.

Ríe divertido y nota la pequeña sonrisa en los labios del azabache.

–Madara... Quiero disculparme de nuevo

–No es necesario, Senju– No le deja terminar.

–Quizás no, pero necesito hacerlo... –El asentimiento del más mayor le anima a proseguir– Discúlpame por lo que hice. Yo estaba en un momento pésimo, corrompido por la culpa, mortificándome por su muerte cuando yo realmente estaba enamorado de él. Maté a la persona que quería. Eso me estaba matando. Lo siento mucho, Uchiha Madara.

El silencio del otro se prolonga, mientras ligeras micro expresiones surcan su rostro; tristeza, molestia, enfado, pesar, comprensión...

–Realmente amabas a mi hermano...

Sabe que no es una pregunta, pero igualmente asiente.

–Llevo amándole desde que lo vi la primera vez siendo niños

A Madara no le pasa inadvertido que el Senju habla en presente, aun continua pensando en él y amándole.

–Pensaba que nos odiabas

–No, simplemente no te podía mirar, porque veía a Izuna en ti... En tus ojos, en tu comportamiento, en tus gestos, en tu actuar...

Le mira, el albino es sincero, lo lee en su rojiza mirada.

–Yo en un principio también te odie por lo que le hiciste a mi hermano. Me costó años comprender que eso era una guerra, que tu te lanzaste en su contra, pero que él fue descuidado y arrogante. Se lanzó contra ti sin tener en cuenta donde estaba su enemigo y sus capacidades. –Le mira para que vea que es sincero–Ahora ya no te odio, Izuna tenía razón... No se puede vivir siempre con el odio en tu corazón, es agotador.

Hablan un rato más, hasta que ve que se le está haciendo tarde. Ha disfrutado hablar con el Uchiha.

–Me tengo que ir... Ahora soy el Nidaime y sino vuelvo ya, tendré una montaña de papeleo interminable.

–¿Tu el Nidaime? –Ríe en burla –Ahora si que veo la decadencia próxima de Konoha.

Revira los ojos ante esa jocosidad o quizás se está metiendo realmente con él...

–Seguro que tu lo harías mejor... Si fueras capaz de que alguien te escogiera...–Le levantó las cejas y sonrió arrogante.

–¡Maldita rata albina! No te creas la gran cosa, te podría vencer con una mano en la espalda... O mejor las dos. –No se sentía ofendido, pero era divertido hacerlo ver ante el de ojos rojos.

–¡Ju! No lo creo pelos de erizo, estás anciano ya.

–¿Quieres comprobarlo, Senju?

–Me encantaría, pero ¿Lo podemos dejar para otra ocasión?

–Ya sabes donde encontrarme, Senju Tobirama.– Madara le sonrió con sinceridad antes de entrar en su hogar.

–Si, lo se, Uchiha Madara. –Antes de irse puso un sello del Hiraishin marcando la pared de ese porche en el cual habían estado hablando con tranquilidad. Volverían a verse con el azabache, lo prometía.

FIN...

Espero que os haya gustado. Gracias por los reviews que me escribís, por las lecturas, por ponerme en favoritos... Se os quiere.