Kimetsu no Yaiba no me pertenece.
"Cicatriz"
La vida misma era un milagro. Había escuchado alguna vez de los labios de Sabito, Giyū asentía y continuaba acariciando la cicatriz que recorría la mejilla izquierda del mayor.
"No toques, deja ahí" decía con un pequeña bramido y entonces sonreía de esa forma que lograba que el pecho de pecho de Tomioka se sintiera cálido por que las sonrisa de Sabito era cálidas como un abrazo de sol.
"Es linda" decía Tomioka mientras se acercaba a él y deslizaba la punta de su nariz sobre ella.
El invierno era menos frío cuando le veía sonreír de esa forma.
"Cascada"
La montaña siempre había sido generosa con ellos, les daba sustento y les protegía, no había tramo de la montaña que Giyū no conociera perfectamente, agradecía a los dioses antes y después de salir de caza, la nauraleza había sido bondadosa con ambos, les daba sustento y cobijo entre sus espesos árboles.
La cascada quedaba a un par de kilómetros montaña arriba, era uno de los lugares favoritos de Tomioka, el agua cayendo precipitada contra la roca lograba relajarlo.
"Llevas mucho tiempo aquí" gritó Sabito desde la orilla, Giyū exhaló y nadó hasta él, el frío recorrió su espalda provocando que sus vellos se erizaran. "No pensé que fuera tanto tiempo" dijo acercándose a su pareja, Sabito tomó su hatori y lo colocó en la espalda desnuda de Tomioka.
"Hace frío, mucho." Dijo comenzando a avanzar sin mirarlo a los ojos. El saber que lo único que cubría la desnudez de Tomioka era su prenda favorita en cierta forma lo ponía nervioso.
Minutos después Sabito sintió la presencia de su amante tras de sí.
"¿No quieres verme?" Preguntó en un leve ulular Tomioka. La risa juguetona de Sabito le dejó entrever un sí pero su voz respondió con una negativa.
"Puse agua a calentarse, podemos tomar el baño juntos." Dijo Sabito apresurando el paso mientras sujetaba la helada mano de Giyū.
Ojalá pudiera siempre protegerlo del invierno. Pensó Sabito mientras Giyū se derretía entre sus brazos.
