Descargo de responsabilidad: Los personajes pertenecen a DC Cómics. No hay ánimo de lucro.
Jim Gordon sabía qué algo horrible sucedería desde el momento en el que había socorrido a una anciana. Al principio no había nadie en la calle, salvo esa anciana y un hombre que le apuntaba con una pistola, luego terminó metido en el coche, atado de pies y manos con esa anciana totalmente desconcertada. Había sido secuestrado por la mafia rusa de Gotham. Jim estaba totalmente desconcertado. No sabía qué era lo que querían de él, normalmente si había algún intento de secuestrarle o matarle era en relación a algún caso, esta vez, que él supiera, no estaba investigando ninguno.
-Pueden cogerme a mí, pero dejen ir a esta señora. -dijo Jim en un intento desesperado para que no tuviesen apenas rehenes.
-¿Oyes eso, Andrik? El poli quiere que soltemos a la anciana.
La risa y el sarcasmo del conductor helaron la sangre a Jim. Su acento no era ruso, ni italiano, lo que significaba que no pertenecían a los hombres de Oswald ni de Falcone. Era la mafia búlgara, actualmente en guerra con la rusa. ¿Qué pintaba Jim en todo esto? Nunca había hecho ningún favor a nadie, quizás a Oswald alguna vez, pero siempre que podía, intentaba evitarle, sobre todo ahora que El Pingüino y el Acertijo se habían vuelto inseparables.
Mirando con más atención la situación, Jim se dio cuenta de que la mujer no había dicho ni una palabra desde que había sido secuestrada, ni siquiera estaba aterrorizada. En una situación así, cualquier persona inocente habría perdido un poco los nervios. De repente, tuvo la horrible sensación de que la mujer conocía a sus atacantes, o al menos, tenía una ligera idea de lo que estaba sucediendo. Aunque la mujer parecía demasiado mayor para estar en la mafia, quizá alguien se había retrasado con algún pago y habían decidido enviar un mensaje con algún familiar. Sea como fuere, Jim Gordon estaba de servicio y ella era un inocente que había que proteger.
-Ya empiezan a perseguirnos, Andrik.
Jim no se había dado cuenta de que un coche negro les seguía la pista muy de cerca. El conductor había empezado a acelerar y hacer giros bruscos, si Jim no tuviera los reflejos de un viejo soldado de trincheras, la anciana se habría empotrado contra la puerta del coche, afortunadamente, Jim pudo sostenerla contra él. La anciana no dijo ni una sola palabra. Pero ese coche negro que no les perdía de vista, era demasiado familiar para él, sólo que de momento no podía ubicarlo. Al conducir como un energúmeno, Jim tenía serias dificultades para saber dónde estaba mientras intentaba que la anciana no saliese lastimada. Intentó liberarse de sus ataduras para poder sujetarla mejor, pero en su lugar consiguió rasgar los asientos traseros. El cuerpo de un hombre, inconsciente o muerto, en el maletero, puso nerviosa a la anciana y empezó a vilipendiar e intentar agredir a los secuestradores. Esa no había sido la reacción que Jim había esperado, pero al menos la señora había salido del shock.
-Tranquilícese señora. -dijo Jim. -Si continúa moviéndose así, va a causar un accidente.
-Mi hijo. -dijo ella, señalando con su dedo al hombre del maletero.
Rivalidad entre mafias, la señora no era tan inocente como Jim había pensado en un principio. Independientemente de eso, Jim debía protegerla. La señora no tenía la edad para andar con semejantes vaivenes, ni siquiera él debería estar en esa situación. Desde que llegó a Gotham había tenido más sobresaltos que momentos tranquilos, ya se lo había dicho Mario Calvi y también Lee, tanto estrés en su vida no era bueno para él, necesitaba encontrar momentos para desconectar del trabajo. Pero siempre que lo intentaba, algo se lo impedía, como si la ciudad estuviese echándole un pulso para impedirle descansar. Ahora lo importante era lidiar con esa situación, protegiendo a dos rehenes mientras combatía a los dos atacantes, todo eso solo, sin apoyo y con posibles enemigos en el coche negro, a quien habían perdido de vista. El coche paró bruscamente y tanto Jim como la anciana, salieron despedidos hacia los asientos delanteros. Los hombres, armados, abrieron las puertas.
-Bajar, rápido. -dijo el tal Andrik con un fuerte acento. Él parecía ser el jefe de esos dos, pero Jim no estaba seguro de que fuera el jefe de la organización.
-¿Con qué intenciones? -preguntó Jim intentando tapar completamente a la anciana. Quería que esos hombres hablasen, necesitaba recopilar toda la información posible para saber hasta qué punto estaba metido en ese lío y si había posibilidad de escape. –Si esto es una cuestión de dinero, deberíais dar un poco más de tiempo, no hay que tomar decisiones precipitadas.
Los hombres se echaron a reír y la mujer le miró con confusión. Al menos él lo había intentado, pero esos hombres no eran aficionados y les iban a matar igualmente, por lo que en un breve descuido de ellos, mientras el tal Andrik, con la pistola preparada y el dedo en el gatillo abrió el maletero, Jim se lanzó hacia él. Aún sabía realizar alguna que otra técnica que aprendió en el ejército, maniobras que, cuando era más joven, había practicado repetidas veces en caso de que algún día las necesitase. Hoy era ese día y aunque era muy tarde para hablar con su instructor y superiores del cuerpo, Jim agradeció más que nunca los exhaustivos ejercicios y el alto rendimiento que le obligaron a hacer en el ejército y en los Boys Scouts cuando era más joven. El otro había decidido ayudar al tal Andrik, por lo que Jim se vio rodeado, intentando combatir contra dos mafiosos al mismo tiempo, maniatado y rezando para que no recordasen que ellos estaban armados y él no, mientras la señora había ido a socorrer a su hijo.
-¿Cómo está él? –preguntó Jim una vez que pudo zafarse de ambos mafiosos.
-Respira. -contestó la señora. Se notaba la tranquilidad en su voz, la tensió que había abandonado su cuerpo de golpe.
En ese mismo momento, el coche negro que les seguía antes paró bruscamente. De él salió Víctor Zsasz. El día iba de mal en peor. Jim intentó cubrir a los rehenes, pero la señora se abalanzó hacia delante y con una agilidad sorprendente para alguien de su edad, corrió, sí, Jim vio correctamente, corrió rápidamente la distancia que la separaba de Víctor y le abrazó. Víctor, sonriente y aliviado, le devolvió el abrazo. Jim sólo podía mirar, esperando que alguien le explicase la situación, sintiendo que la sangre le goteaba por la mejilla. Había recibido unos buenos golpes, un pequeño precio a pagar para seguir con vida.
-Hola, Jim.-dijo Víctor Zsasz sonriendo alegremente.-Parece que siempre que nos vemos estás metido en este tipo de situaciones. Gracias por ayudar a mi bube y a mi padre.
-¿Tu bube? ¿Tu padre?
Jim estaba realmente confundido, pero ambos Zsasz sonreían ampliamente. De repente, entendió por qué el hombre del maletero le parecía tan familiar. Era Iván Zsasz, Don de la mafia Rusa. Un asesino mucho más letal que Víctor Zsasz, que había mantenido una estrecha relación con Don Falcone en sus días de gloria. Muchos creyeron que Jim Gordon, al ir contra todas las mafias, iría también contra los Zsasz, Jim intentó evitar esas habladurías para no ponerse como objetivo de ninguna mafia.
Sería una semana después cuando Jim encontraría a Iván Zsasz y a Carmine Falcone en el salón de su casa, alarmando a Jim al instante. Carmine le explicó que Iván sólo quería agradecerle su ayuda a su madre y a él durante el secuestro. La abuela de Víctor, Svetlana, estaba encantada con la actitud del joven, guapo y valiente policía que la había salvado en un momento de necesidad. Por más que Jim intentó explicarles que sólo estaba haciendo su trabajo, que no quería meterse en asuntos de la mafia.
-Parece que al final vamos a agradarte, Jim.-dijo Carmine Falcone con diversión.-No dejas de salvarnos.
Él se refería a que ya había salvado a Carmine Falcone de Oswald, a Oswald y a Butch de Maroni y de Fish, a Maroni del Electrocutador, Víctor Zsasz de Oswald y de algún que otro villano, a Mario Calvi de sí mismo, a Svetlana y a Iván Zsasz. Sí, quizás Carmine Falcone tenga razón y la vida de Jim esté más conectada a la mafia de lo que creía. Sospechaba que esta no sería la última vez que sus caminos se cruzarían. Pero en una ciudad como Gotham, eso era algo normal.
-Por cierto. -dijo Iván. -Mi hijo quiere decirte qué si alguna vez lo necesitas, no dudes en llamarle, te hará un descuento para que puedas pagarle con tu sueldo de policía. Pero si estás pasando por dificultades económicas, podemos llegar a un acuerdo.
Jim era el único policía decente en Gotham ¡por el amor de Dios! Esto no podía estar pasando.
