Discleimer: Los personajes de Prince of Tennis no me pertenecen. Pertenecen a Takeshi Konomi.

"Ryoma Echizen... el prodigio del tenis Nipón... ha vuelto a ganar el torneo wimbledon al derrotar por 6-3, 6-0 y 6-0 al hasta ahora número uno en el ranking mundial... y decimos hasta ahora porque con este triunfo, el joven tenista de tan solo 20 años, ha ocupado su lugar. Fue una derrota aplastante..."

- ¿otra vez estás viendo tenis?... - habló un hombre que entraba a la habitación –

La joven sonrió. Había sido inevitable para ella.

Como no le gustaba el silencio de la habitación estando sola, siempre mantenía la televisión encendida cuando estaba en un hotel. Estaba a punto de apagarla para alistarse cuando las noticias del deporte llamaron su atención. El tenis siempre la distraía.

-creí que ya lo habías dejado... pero veo que la pasión por ese deporte te domina – El hombre se detuvo a observarla con cierta curiosidad. Nunca se habían detenido a hablar de sus vidas privadas, a pesar de que la joven era una de sus muchachas favoritas y por la que sentía un cariño especial. Siempre se limitaban a hablar de trabajo, pero no había podido evitar notar la pasión con la que la muchacha miraba cada partido. Era una de las pocas cosas que, había observado, la distraía.

- no es el deporte Mamoru... –dijo la chica apagando la televisión de la suite del hotel donde se encontraban – pero no importa... nunca lo entenderías – se encogió de hombros para quitarle importancia al asunto sin dejar de mostrar la sonrisa que siempre la caracterizaba.

- no, nunca lo haré si no me explicas... pero no en este momento, en hora y media debemos estar en el salón del hotel para el baile de beneficencia, así que ve empezando a prepararte – y sin más salió de la habitación dejando a la chica muy pensativa.

Recordó como había conocido a ese hombre. Fue hacia dos años atrás, cuando ella había terminado la escuela. Había decidido independizarse económicamente de sus padres y consiguió un empleo como vendedora en una prestigiosa casa de modas en lo que empezaba la universidad.

Fue allí donde lo conoció

- buenos días – saludo el hombre – estoy buscando a la encargada del local -

- buenos días – respondió la chica – pero lamento informarle que ella está con unos problemas familiares y no podrá venir hasta la próxima semana – se disculpó con una gentil sonrisa

- mi nombre es Mamoru Fugitaka – él le extendió la mano – ya había hablado con ella por unas prendas que quería que me cosieran –

- a si claro... – extendió la mano para devolverle el saludo.- me ha dejado su encargo... enseguida se lo traigo–

La joven salió y volvió minutos más tarde con unas cuantas cajas en sus manos

- aquí está – dijo entregándole los paquetes

El hombre abrió y examinó cada prenda con sumo cuidado

- hum – y miró a la joven, lo pensó dos segundos, volvió a mirar la ropa, de nuevo a la joven… Y una mirada suplicante apareció en su rostro– por favor... hazme de modelo... es que el desfile es en dos días y no tendré tiempo de volver si algo está mal -

- pero yo no... –sorprendida, la joven trató negarse tímidamente, pero al parecer el hombre no estaba acostumbrado a recibir un no por respuesta. Y no es que le resultará prepotente de alguna manera, sino todo lo contrario… de alguna forma le hacía recordar al joven kikumaru.

- por favor... – suplico nuevamente

- está bien - la joven aceptó con una gran gota de sobre su cabeza, pero tampoco podía negarse a la cara de súplica de aquel sujeto, sobre todo porque le recordó a su antiguo compañero de escuela.

Una hora más tarde Mamoru estaba guardando las prendas en sus respectivas cajas y la castaña rojiza lo está ayudando completamente exhausta

- realmente aprecio mucho su ayuda señorita... - giró levemente la cabeza para mirarla de reojo mientras seguía juntando las prendas que hasta minutos antes la joven le había modelado.

- Ryuzaki, Sakuno Ryuzaki –

- señorita Ryuzaki... tiene buen físico, es muy bella y tiene un don natural, podría llegar a ser una gran modelo con un poco de entrenamiento... –

- ¿que? – se sorprendió la nieta de Sumire – no gracias... pero ese trabajo no va con mi personalidad –

- aquí tiene mi tarjeta por si cambia de parecer... y espero que así sea... podría tener una gran futuro...

Sakuno tomo la tarjeta... no supo porque, pero la gurdo... y tres días más tarde se estaba encontrando con aquel hombre para ponerse de acuerdo para comenzar con su entrenamiento.

Y de todo eso ya habían pasado casi dos años. Y ahí estaba ahora, una gran modelo internacional que lo único que hacía era viajar a todas partes del mundo sin un lugar fijo al que pudiera llamarle hogar. Porque, pasar de vez en cuando a su lujoso departamento de Japón, no significaba que ese fuera su hogar.

Observo la imagen que le devolvía el espejo antes de disponerse a salir de su habitación. El vestido de strapless azul marino que llevaba puesto, solo hacia acentuar su figura esbelta. Se había maquillado de manera sutil, lo mínimo para resaltar apenas sus ojos rojizos. Recogió su cabello en un elegante rodete dejando solo unos mechones sueltos al azar… se detuvo un momento para recordar cuan largo solía llevarlo. Se encogió de hombros. Eso era algo a lo no que había accedido en su profesión. Jamás cortaría su cabellos más de lo que estaba hasta ahí. Adoraba usar sus transas para sentirse cómoda de entre casa. Eso no sucedía a menudo, porque rara vez estaba allí. Pero lo hacía de vez en cuando.

Sonrío, pronto dejaría Londres para volver a su "hogar".

- que no – dijo fastidiado el joven de ojos gatunos – no tengo ganas de asistir a ningún baile, y no iré – enojado, ya no sabía si con él mismo por seguir ahí con sus antiguos compañeros, o con ellos porque a pesar de los años transcurridos desde que dejara Seigaku, seguían siendo igual de infantiles y entrometidos.

Porque no escapaba de su conocimiento el maldito propósito que se habían autoimpuesto ese grupo de descerebrados…

Como si no los conociera…

- anda Ryoma, no te hagas de rogar... ya verás que la pasaremos bien – Momo se levantó del sillón de orejas donde se encontraba acomodado, para situarse en el que estaba frente a él, donde Ryoma sentado, mantenía la cabeza echada hacia atrás con los ojos cerrados y su gorra tapándole la cara mientras que sus manos descansaban tras su nunca.

- que no, y es mi última palabra Momoshiro –

Tan difícil resultaba entender…

- vamos o´chibi – Eiji salto sobre Ryoma haciendo que saltara sorprendido y del dolor que le provocó al "sentarse" sobre sus piernas… su gorra cayó de su rostro para mostrar lo contrariado que estaba en ese momento…

- Eiji... creo que deberías dejar de decirle pequeñín... está más grande que tú – agregó Oishi marcando la diferencia de estaturas con sus manos desde la otra punta del sala

- Syuichiroh... tu siempre molestando – el comentario de su pareja de tenis lo único que hizo fue que el joven se aferrara al cuello de Ryoma con fuerza…

-Eiji... me... asfixias – se quejó el chico de ojos gatunos.

- oh, lo siento pequeñín - Eiji al fin lo soltó, - pero tienes que venir con nosotros –

- ¿y porque? .preguntó impaciente. Se acomodando su gorra nuevamente en su cabeza y bajando la visera para ocultar nuevamente su rostro…

- porque habrá muchas chicas lindas – aseguro Kikumaru con ojos de corazones tal cual niño frente a una gran panzada de dulces.

Ryoma gruño para sí. Como ya se había imaginado, la idea de sus compañeros no había escapado a sus suposiciones.

Por favor, como si no conociera la compañía femenina. Quizás hasta más que ellos. Mada Mada dane pensó para sí. Era hijo de Nanjiro. Y por favor, no era un pervertido como su padre, pero disfrutaba de las buenas cosas que ofrecía la vida. Pero no por eso debía andar alardeando de nada, ¿quién creían que era.?

Su enojo estaba llegando a los extremos.

- no me interesa – dijo con indiferencia fingida para no mostrar lo exasperante que le resultaba esa conversación. No iría y punto. Fin de la discusión

- es verdad... a Ryoma no le interesan las chicas... – Momoshiro se guardó la última carta para picarlo, bien sabía que eso no era cierto, pero si no lograba convencerlo, al menos lo haría cabrear. Le encantaba hacerlo cabrear…

- claro que eso no es cierto Momoshiro... como se te ocurre semejante estupidez – dijo ya perdiendo la paciencia. Se levantó de donde se encontraba sentado y comenzó a caminar por la habitación como león enjaulado, su rostro ya estaba rojo de la ira y de la vergüenza y se frotaba las sienes con impaciencia y frustración ya nada contenida.

- pues yo nunca te eh visto con ninguna chica... y realmente me cuesta creer que no descargues ese tipo de energías... tus manos ya deberían de tener cayos – agregó con tono perverso

- ¡Momoshiro, como se te ocurre – le reto el ex sub Capitán de Seigaku llevándose su palma a rostro ya tan frustrado como Echizen.

- Oishi, no seas aguafiestas... deja que nos divirtamos un poco con Ryoma –

Bien, eso ya se había desmadrado, ellos no dejarían de insistir. Ya encontraría la forma de escaparse luego.

- pues qué más da... si con eso dejan de molestar... – El dolor de cabeza que amenazaba con golpearlo con una intensidad como la que solo ese grupo lograba provocarles. ¿Cómo es que todavía seguía con ellos?

- muy bien... entonces te cambias y nos vamos –

- no me apures Momoshiro o no voy a ningún lado – Camino hacia su habitación y cerró dando un fuerte portazo tras de sí.

Como que se llamaba Echizen Ryoma que se les escabullirse ese maldito baile…