Senki Symphogear no me pertenece, es de sus respectivos autores


Su mirada era penetrante: fuerte cual roble y nunca cedería ante la tentación. Sus años de entrenamiento para ser una Sakimori no eran en vano. Cada gota de sudor era su emblema de valor y lo portaba con orgullo.

- ¡Anda, Tsubasa-mamá! - grito una pequeña niña de apenas ocho años de edad.

No sería doblegada, no, una espada jamás se dejaría vencer por unos ambarinos ojos brillosos.

- ¡Por favor! -la infante junto sus manos y continúo pidiendo.

Ese peinado corto y rebelde era la perfecta combinación con su carita de "no rompo ni un plato". Pero no sedería. Ella sola había levantado esa casa que actualmente compartía, su para nada humilde casa, lo suficientemente grande para cubrir sus necesidades; pero justa para que dos habitantes extras se sintieran bien. Parecida a la casa de su padre pero en una versión más pequeña, compartía ciertos parecidos, como por ejemplo; el hecho de que tuvieran un enorme portón que las resguardara del peligro; un pequeño pero funcional dojo en el cual entrenaba por las mañanas lo más temprano posible; el jardín era simplemente una belleza, fruto de sus tardes de ocio y en las cuales su inspiración llegaba a niveles altísimos; su casa a comodidad y costumbre, fue fabricada con pisos de madera pero con un estilo moderno para que sus dos habitantes extras se sintieran cómodas. Pero el lado sumamente positivo de esa esplendida casa, es que, con la suficiente astucia y perspicacia, una sola persona podía encargarse de la limpieza.

Después de todo el trabajo que había realizado, no se cedería por una pequeña infanta con cara de ángel y ojos de ensueño.

- ¡Te juró que me portare bien esta vez! -grito con fuerza y determinación; no se detendría sin cumplir su cometido, aquel era su mayor virtud.

La mujer de apenas veinticuatro años, apretó el arco de su nariz tras suspirar resignada. Ni todos sus años de entrenamiento la habían preparado para ese momento.

-Está bien, Hibiki -su usual voz dura se había convertido en una suave- pero ten cuidado, ¿sí? -se inclinó al nivel de la niña y acaricio su cabeza- recuerda que tu hermana es un tanto difícil de tratar cuando está practicando con el piano.

-Entendido, Tsubasa-mamá -Hibiki beso la mejilla de la mujer y salió disparada a la habitación de su hermana.

-Lo lamento por Chris -soltó un suspiro mientras se levantaba del suelo y veía a la niña correr como loca- se va a enojar.

- ¡Ya llegué, nenas! -ese sonoro y fuerte grito provenía de una mujer de pelirrojo cabello rebelde al igual que sus ojos que entro por la puerta de la gran casa- ¡Tsubasa, ven y ayudame! -le grito a la peliazul.

-Ya voy, Kanade -la aludida suspiro y acerco a la recién llegada- ¿ahora que compraste? -inquirió al ver dos grandes cajas envueltas en sus manos.

-Una sorpresa para mis niñas -dijo orgullosa- toma, es para Chris -al ofrecerla a la peliazul lo tomo al instante.

-Si son vídeos de "entrenamiento" alias películas de mi tío –indago la Sakimori- sabes que a Chris no le gustan esas películas-sacudió la caja y escuchó unos sonidos secos- ¿Que son?

-Ya verás -le guiño el ojo y vio la escalera que conectaba a las habitaciones- ¡Niñas, vengan, les traigo unos regalos!

En un dos por tres, la pequeña de cabello naranja ya se encontraba bajando las escaletas o más bien saltando escalón por escalón.

-Hibiki, no saltes mientras bajas las escaleras -regaño la Sakimori.

-Lo siento, Tsubasa-mamá -la niña río al estar enfrente de ambas mujeres.

-Eres una idiota, idiota -insulto la hermana de Hibiki; una niña de siete años de edad, su cabello corto era blanco y sujetado por dos coletas bajas; tenía unos bellos ojos amatistas; a diferencia de su hermana que portaba unos pantalones cortos y una blusa, ella tenía puesto un vestido rojizo.

-Chris, esa boquita -de nueva cuenta, la ojiazul regaño a una de sus hijas- deja de repetir lo que dice Kanade, no es una buena influencia para ti.

-E-eso lo sé... Claro que lo sé -sus mejillas se sonrojaron y desvío la mirada- no soy tan tonta como Hibiki-oneechan.

- ¡Hey! Para tu información- se intentó defender la mayor de las dos hermanas- ¡puedo ser más tonta si me lo propongo! –al darse cuenta que había dicho, se cubrió la boca y sacudió rápidamente la cabeza.

-Ella sola se echa la soga al cuello -murmuro Kanade un poco decepcionada de la menor- ¿Qué tal si mejor abren sus regalos para que no discutan?

- ¡Regalo, regalo! -Hibiki grito de entusiasmo, alzando las manos y sacudiéndolas para recibir esa caja.

-N-No es que me importe -la albina vio a las mujeres y luego la caja.

-Se más honesta, Chris -Tsubasa le entrego la caja a la mencionada- ábrela, es de parte de Kanade por tus buenas calificaciones.

-G-gracias... -murmuro y se dedicó a abrir la caja con cautela.

- ¡Sabía que sacar ese seis serviría de algo! -vocifero la ojiambar y comenzó a abrir su caja desesperadamente.

-Claro, Hibiki. Todo arriba de seis es vanidad -la pelirroja asintió con la cabeza y alzó el pulgar derecho.

-N-No es que me guste, pero... -la hermana menor alzó con sus pequeños manos un libro de partituras para el piano.

-Supe que has comenzado a solfear y a digitalizar en el piano. Esto debería funcionar para un pequeño genio como tú -Kanade se acercó a ella y acarició su cabeza- no dudes en pedir ayuda si necesitas, ¿Sí?

-E-entiendo... Kanade-mamá -murmuro apenada.

-Vaya niña -la mujer de ojos carmesí dejo de acariciar su cabeza- empieza lento y...

- ¡Esto se va a descontrolar! -el chillido alegre energético de Hibiki se hizo sonar- ¡Soy el vengador más fuerte! -usando su regalo unos puños de Hulk, comenzó a golpear paredes y chocar sus puños.

- ¡Kanade! -ahora era Tsubasa quien gritaba- ¡Te dije que nada de juguetes violentos para la niña!

-No pude evitarlo~ sus ojitos gritaban que se los comprará desde la semana pasada -rio la aludida con gracias- aparte no hará nada...

- ¡Hermanita, mira, mira! -se posicionó en pose de guardia- ¡Ahora te enseñaré lo que Tsubasa-mamá me enseñó en el dojo!

- ¡Onee-chan, no! -grito la albina asustada- ¡No de nuevo! -se fue corriendo en busca de algún escondite que la salvará del pequeño demonio de Tasmania.

- ¡Niñas, no! -la peliazul salió corriendo para detener a las pequeñas.

- ¿Qué habrá hecho Tsubasa de comer? -sin darle mucha importancia, Kanade se fue a la cocina en busca de algo para apaciguar su hambre.

-15 minutos después-

-En mi defensa -comenzó a hablar la Amou- tú le enseñaste a Hibiki esa llave de lucha –una leve risita nerviosa salió de sus labios- nunca pensé que Chris podría girarse de esa manera.

-No tiene absolutamente nada de gracioso, Kanade- mascullo la ojiazul- ahora por tu culpa, tuve que levantarle la voz a Hibiki –se tiro en el sofá de su oficina, lamentándose de lo que había hecho- no quise hacerlo. Sabes que no me gusta.

-Lo entiendo –la pelirroja se mantuvo de pie viendo el cómo su mejor amiga se deprimía- Pero son pequeñas, aun no lo entienden que lo haces por su bien –le sonrió para confortarla.

-Aun así… ¿crees que deba de seguir enseñándole a Hibiki como pelear? –pregunto afligida- tal vez eso sea la razón por la cual es tan hiperactiva.

-Mujer, estas locas –negó suavemente con la cabeza y toco el hombro de su amiga- que le enseñes a Hibiki es la forma que tiene ella para acercarse a ti.

- ¿Qué no soy confiable? Solo debería de hablar conmigo y ya está… -suspiro y formo una mueca en sus labios- Tal vez le doy algo de miedo…

-Considerando que el primer día que llegaron esas dos te mostraste un tanto molesta –Kanade rio un poco al ver como su amiga marcaba aún más esa mueca- vamos Tsubasa, sabes que es verdad.

-Por más que me duele, tienes toda la razón –volvió a suspirar- estoy más que muerta. No sé qué hacer, cuando creo estar haciendo algo bien, siempre pasa algo para abofetearme y reprocharme que nada de lo que hago por las niñas está bien –paso sus manos por su cabellera azul y los dejo descansando en su cabeza.

-Tsubasa, las niñas te adoran, eso lo sabes a la perfección –dijo con la mayor sinceridad del mundo- es solo que te hace falta organizar mejor tu tiempo para pasar estar con ellas; Por eso Hibiki es tan hiperactiva, quiere llamar tu atención; ni se diga de Chris, si comenzó a tocar el piano fue porque tú le dijiste que sabes tocar ese instrumento, si no ella seguiría enfrascada en la televisión.

- Lo haces ver tan fácil… -soltó un pequeño quejido y negó con la cabeza- estoy a dos semanas de entregar el primer borrador del libro. No he salido del bloqueo mental –se dio un buen golpe en la cabeza con las palmas de sus manos- soy pésima para estas cosas.

-Se que tienes mucho trabajo y te es difícil escribir con el estrés que tienes ahora- Kanade hablo comprensiva- Pero te he dicho que busques ayuda –delicadamente tomo asiento al lado de Tsubasa- me gustaría estar más tiempo con las niñas... pero sabes que solo puedo venir ciertos días...

-Eso lo sé, Kanade -suspiro y vio el techo- solo que...

-Ninguna te convence, eso lo sé bien -la pelirroja imitó ese suspiró- pero entiende, tu trabajas todo el día y las niñas no se pueden quedar tanto tiempo solas.

-podría renunciar...-hablo con cierta naturalidad- aun puedo hacerlo si no entrego el primer borrador.

- ¿Esta loca? –la pelirroja la vio como si su mejor amiga hubiera perdido su capacidad de razonamiento- ¿Hibiki te golpeo en la cabeza con sus guantes? –tomo la cabeza de la peliazul y la examino; tocándola y palpándola en busca de una contusión.

-Es enserio –bramo y la aparto enseguida- si no consigo ayuda, renunciare. Quiero que las niñas vivan felices, no angustiadas ni mucho menos con la necesidad te llamar mi atención.

-Pedazo de tontita –Kanade negó con la cabeza y se cruzó de brazos viendo con desaprobación lo que su mejor amiga decía- Estas a punto de escribir el mejor libro de tu carrera. ¿enserio quieres abandonarlo por querer hacerte la buena?

-Pero estoy en la casa, eso debería bastar...-murmuro un poco tímida.

-No, Tsubasa, no –negó rotundamente- No dejarás tu trabajo lo hagas o no en tu casa o no.

-Pero...

-Pero nada, Kazanari. Acepta que necesitas ayuda –hablo decidida a convencerla de que la necesitaba- no puedes abandonar tus sueños.

-Las niñas son la prioridad- al escuchar el tremendo bufido que salió de la boca de su mejor amiga, Tsubasa se encogió de los hombros y asintió tímidamente con la cabeza- Ninguna chica me convence –dijo en su defensa del porque no contrataba una niñera.

-Mas bien no te convencen porque no son serías –soltó un suspiro y apretó el arco de su nariz en busca de algo de calma. Su amiga podía ser un tanto desidiosa cuando conocía personas nuevas.

-Es que son colegialas idiotas, ¿Por qué no hay mujeres adultas que quieran trabajar de niñeras? –se lamentó al paso que sus esperanzas morían. Ninguna mujer parece tener futuro

Tras unos segundos de silencio, la pelirroja sonrió confiada y victoriosa- creo que se de alguien que nos puede ayudar en este caso.

- ¿De quién hablas? –curiosa por esa mirada de Kanade, se aventuró a preguntar

-La hermana de Serena actualmente es desempleada, no le caería mal algo de trabajo –se encogió de los hombros aun sonriendo- sin contar que quedaría en familia.

Al verla tan entusiasmada, Tsubasa no tuvo más opción que negar con su mano derecha -No Metas a tu novia en esto –sacudió un poco su cabeza y la miro con una cara de aburrimiento- No la contrataré solo porque a ti te conviene.

- ¿Me crees capaz de eso? –aunque fue fingida su molestia, casi al instante se sintió molesta cuando la Kazanari tardo en responderle- Gracias, amiga –coloco los ojos en blanco, indignada por lo que veía.

-Solo digo la verdad –estiro sus piernas al igual que sus brazos, aun sentada en el sofá- A ti te importa contratarla porque es la hermana de tu novia ¿o me equivoco? –la pelirroja no pudo negarlo, y mucho menos cuando comenzó a balancearse de adelante hacia atrás- ¿ves? Siempre haces eso cuando me quieres mentir- la miro con seriedad- la seguridad y bienestar de mis hijas es lo más importante para mí.

-También son mis hijas, tonta –la Amou, un poco indignada, apretó de nueva cuenta el arco de su nariz- Ella me importan y mucho.

-No es lo que quise decir, y lo sabes bien –entrelazo los dedos y mantuvo su mirada fija en su mejor amiga- se perfectamente que son tan importantes para mí como lo son para ti. Pero eso no significa que no quiera protegerlas de la más mínima amenaza.

-Eres muy sobreprotectora, así eres tú –suspiro y toco el hombro de Tsubasa- Pero te juro que María es una excelente opción, nunca te daría una mala idea si se trata de nuestras hijas.

Al verla tan seria, opto por creerle. Kanade no es el tipo de mujer que jugaría con algo tan importante como lo son Hibiki y Chris -Uh...a ver, te escucho –inclino levemente su cabeza hacia adelante para demostrarle que tenía interés en lo que le iba a decir.

-¿Por dónde empiezo? –alegre de que le dieran el voto de confianza, rebusco en su memoria cosas relevantes para su mejor amiga -María es una mujer de 24 años, al igual que tu; fue maestra de música pero el colegio en el cual enseñaba cerro por no sé qué motivo; por lo tanto, puede ayudar a Chris con su practica con el piano –esa leve sonrisa por parte de la Kazanari demostraba que le agradaba la idea- domina varios idiomas gracias a los viajes que menciono Serena que hacían cuando eran jóvenes; cocinera de corazón, sus platillos son deliciosos. –sonrió traviesa cuando vio el cómo su mejor amiga comenzaba a inclinar incluso su cuerpo para prestarle aún más atención- Y esto te va a gustar –guardo un segundo se silenció para darle algo de emoción al asunto- A practicado boxeo y solo le falta el titulo para ser profesional, será de buena ayuda cuando no puedas seguir con las lecciones de Hibiki.

Unos dos o tres minutos pasaran para que Tsubasa razonara toda la información que su mejor amiga le había entregado-Me- me convence- incluso ella se sorprendía de que estuviera tartamudeando al pensar en esa mujer- Pero…

-Dejate de exageraciones de mamá pollo –la pelirroja sacudió el cabello azul de su acompañante- María es perfecta para el trabajo. Crio a Serena cuando sus padres las dejaban porque tenían que trabajar. Bueno, a Serena y a otras dos jovencitas.

- ¿Cuáles jovencitas? –curiosa alzo la ceja- ¿María tiene más hermanos?

-Biológicamente no; pero legalmente si –sonrió sin darle mucha importancia al asunto- pero eso no me corresponde contártelo.

- ¿Y porque no si…? –antes de terminar, el dedo índice de Kanade la hizo callar al colocarlo sobre sus labios.

-La traeré esta tarde ¿Sí? Estoy más que segura que María podrá venir y hablar contigo personalmente –la miro complacida y alejo su dedo de los labios de Tsubasa- eres una completa mamá pollo –rio un poco- te prometo que nada malo les va a pasar.

-Solo porque tú lo dices… creo plenamente en ti, Kanade- una media sonrisa volvió a aparecer en su rostro- aunque…- miro al techo y suspiro- ¿Crees que ellos estarían de acuerdo con eso?

-Claro que sí. Ellos eran muy amorosos y siempre quisieron lo mejor para sus hijas- la mayor franqueza del mundo- sé que ellos hubieran querido que siquiera con tus sueños, claro, sin tener que perjudicar a las niñas.

-Espero que tengas razón –volvió a suspirar y vio una foto en la que se encontraba Kanade, un hombre alto acompañado de su mujer, y ella misma- más les vale apoyarnos en esto, ¿entendido? –le hablo directo a la foto.

-Lo harán. En estos cinco años nunca nos han dejado solas; no lo harán ahora –la confianza de Kanade era visible a kilómetros de distancia- María será de tu agrado, de eso estoy segura.

-Creeme, espero que así sea –murmuro sin despegar la vista de la foto- será mejor que nos pongamos a limpiar, ¿no crees?

-Claro que si –La Amou asintió rápidamente con la cabeza- tienes hecho un cochinero esta pobre oficina, no quiero ni saber cómo están los cuartos de las niñas porque tú eres una madre muy desordenada.

-Y-ya te dije que no me alcanza el tiempo para limpiar por completo… -murmuro un poco apenada por esa situación a la que se enfrentaba con frecuencia.

-Mas bien eres una pequeña desorganizada –chasqueo la lengua y negó con la cabeza lentamente en un acto de desaprobación- Para ser una proclamada Sakimori, eres muy mala en las labores de la casa, querida Tsubasa. Espero que María no se vaya con solo ver el porquerio en el que dejas la cocina después de intentar apilar platos para hacer una torre.

-M-mejo cállate –la peliazul se levantó de la mesa y comenzó a levantar los papeles que había en el piso de su oficina- ayúdame.

- ¿Así que ya te importa lo que dirá María? –la sonrisa de Kanade la delataba, sabía que en el fondo a su mejor amiga le había cautivado la mujer que le había descrito: la conocía a la perfección para asegurar eso.

-E-eso no… -la Sakimori tuvo que jalar y soltar aire sucesivas veces para poder calmar sus crecientes nervios.

-Está bien, te ayudo –divertida se dispuso a ayudar con a limpiar el desastre. Pero sabía que se divertiría molestando en futuras ocasiones a la Kazanari sobre su repentino interés por las mujeres.

Afuera de la oficina, dos pequeños infantes habían escuchado la plática que sostuvieron sus dos madres adoptivas.

- ¿Escuchaste eso, onee-chan? –la albina le pregunto un tanto preocupada a su hermana mayor que, como pocos días, se encontraba seria.

-Si, Chris-chan, escuche todo –se cruzó de brazos y asintió con la cabeza- tal parece que Tsubasa-mamá va a contratar a la hermana de la novia de Kanade-mamá –pensó cada palabra que dijo y ladeo la cabeza confundida- ya me perdí…

-Ni siquiera entiendes lo básico, onee-chan –negó rápidamente con la cabeza y le dio un golpe en el hombro a la mayor- eso quiere decir que Tsubasa-mamá no quiere estar ya con nosotras.

- ¿Eso crees? –la ojiambar continúo ladeando la cabeza sin entender del todo- a mí me pareció otra cosa.

-Eso es lo que es –bufo molesta- Tsubasa-mamá se cansó de nosotras –bajo la mirada, su voz entrecortaba demostraba que ya se sentía afligida por la situación.

-Chris-chan, no pienses eso –la mayor abrazo a su pequeña hermana pese a que esta comenzaba a forcejear para que la liberaran- ni creas que te voy a soltar así de fácil~

- ¡O-onee-chan! –soltó un gritillo lo suficientemente agudo para que las mujeres se dieran cuenta de la presencia de las niñas- ¡d-dejame, idiota!

- ¡Eres tan linda que podría comerte! –la ojiambar beso repetidamente las mejillas de su presa, que con cada contacto se ponía cada vez más roja.

- ¡I-Idiota! –grito de nueva cuenta. Pero a ese punto había desistido de querer escapar, su hermana mayor era más fuerte que ella; intentar huir ya no era una opción viable.

-Mira, que lindas –dijo Kanade enternecida al abrir la puerta y descubrir esa escena- me alegra saber que se llevan tan bien.

- ¡Claro que sí! –hablo la hermana mayor con gran alegría- siempre que Chris-chan se sienta triste, ¡la apoyare y la hare sonreír!

- ¡N-ni que fuera un perro, idiota! –volvió a gritar aún más sonrojada por las palabras de su hermana.

-Esa boquita, Chris –reprimió Tsubasa que por más que quisiera verse dura, estaba encantada de ver a sus dos hijas tan cercanas- tú también quieres abrazar a Hibiki, ¿o no? –su sonrisa se ensancho al ver como la albina desvió la mirada- Tus manos te delatan. Han estado descansando en la espalda de Hibiki por un rato; por lo tanto, quieres abrazarla, más te da vergüenza hacerlo.

- ¿Así, Chris-chan? –los ojos de Hibiki brillaron cual estrellas al notar lo que su mamá había dicho- ¡eso quiere decir que me quieres mucho!

-E-eso…, no es cierto –murmuro bastante apenada- r-realmente no quiero un abrazo de onee-chan como dicen.

- ¿Entonces quieres un abrazo mío? –la pelirroja las miro divertidas- ¡vengan acá, pequeñas! –extendió los brazos hacia los lados se abalanzo sobre las niñas, aunque su intento fue en vano, pues Hibiki había movido su cuerpo y por ende el de su hermana menor también- ¿eh, no quieren un abrazo mío?

- ¡Chris-chan es mía, solo mía! –dejo de abrazar a la albina y tomo su mano firmemente- vamos, Chris-chan, escapemos –la valentía que mostro en ese momento hizo que, inconscientemente, la aludida asintiera con cierta timidez.

Sin más las infantes salieron corriendo en busca de un refugio para que su feroz y cariñosa madre de ojos carmesí no las atrapara.

-Me toco atraparlas –decidida, la Amou se trono los dedos y se colocó en posición de carrera- Tsubasa, deséame suerte- no espero contestación y fue en busca de sus dos pequeñas hijas.

-No sé porque no me sorprende –la peliazul soltó un suspiro resignado. Sabía lo que vendría después de que Kanade las atrapara: primero tendría que limpiar el desastre que hicieron, después les daría algo de helado, y terminarían el día viendo un programa infantil.

Por mientras que esas tres jugaban, Tsubasa se dedicaría a indagar un poco más de la vida de María. Confiaba plenamente en el juicio de su mejor amiga; pero más vale prevenir que lamentar.


¡Otro fanfiction congelado en mi laptop! Si le he avanzado, pero es que intento hacerla… Un tanto familiar e intentar limitar mis referencias a temas de adultos… ¡Es muy difícil cuando esa es la base de mi humor! Ya veré como lo soluciono.

Esta pequeña historia nacido, como todas, de una plática nada normal con mi hermana xD. Siempre suelen pasar este tipo de cosas cuando converso con ella.

Bien, eso es todo de mi parte, en unos días tendrán la segunda parte.

Sin mas que decir: dudas, criticas o alguna cosa por favor no duden en comentarlo. Sus reviews alimentan la creatividad de cualquier escritor, asque regalen, aunque sea un review a cada historia que lean en sus hermosas vidas.

Nos vemos en la siguiente actualización~ n_n