Este fanfic fue publicado con motivo de la actividad del «Amigo Invisible» de la página Hessefan en FaceBook. Mi amigo invisible fue Albión Alba.
Para mi amigo invisible: Pides demasiado. (?) Ok'no. Creo que esto cubre las partes de: yokai, camaradería, naturaleza diurna, escolar, magia y AU. XD Siento que quizá no es mucho, pero espero que te guste. ?
Para el resto de mis lectores: Los que hayan leído "La casa de los Todoroki" ya se darán una idea de cómo va a ser esto. Sólo que este tiene más caps, gg. (?)
Notas generales:
—A mí se me complica mucho utilizar a Todoroki y a Izuku, por lo que escribir estos caps fue realmente pesado.
—Si alguien sabe manejar a dichos personajes mejor que yo, agradecería mucho sus críticas. ;v; (¡LAS NECESITO!)
Notas sobre el fic:
—El fic está marcado como terminado por la principal razón de que cada cap será un acontecimiento "extraño" con el que Izuku deberá lidiar gracias a la convivencia con su nuevo e inusual compañero. Puede que con los meses (años) decida publicar más capítulos o profundizar la historia, pero de momento esto es lo que hay. Fin. (?) Espero no me linchen por eso. ;;;
—Aunque parezca una especie de longfic, en realidad es una serie de viñetas con relación entre sí.
Por último, pero no menos importante, quiero agradecer a Mía Topazio y a Dezato, quienes me hicieron el beta de esta serie de viñetas.
Aclarado esto, procedan a la lectura. No les tomo más tiempo. ✨
PRÓLOGO
«Es de mala suerte entrar a ese bosque» dicen.
«El que pise su territorio no podrá volver jamás» dicen.
«Quien vea las puertas del templo estará perdido» dicen.
Era una noche del mes de Octubre, lúgubre y solitaria. Bajo los oscuros cedros las sombras parecían eternas, y el día, una fantasía lejana. Quebrada por una racha de viento, el agua sollozó intermitente; la melodía fue un angustioso lamento embriagado de inexperiencia y dolor, para la luna y el viento, el agua y el soñador.
Justo en medio de aquel jardín había una fuente, y en la fuente una quimera. Un animal malherido yacía sobre el borde del suelo de piedra, como si hubiese evitado la vegetación al momento de caer, como si las plantas fueran las enemigas. La mitad de su pelaje era oscuro, difícil distinguir en color por la falta de luz, pero el resto era blanco, pulcro; las manchas sanguinolentas sobre ésta mitad, sumada a la respiración flemática y dificultosa, hicieron que Izuku concluyera lo evidente, por lo que decidió acercarse con pasos cautos.
Cada uno de sus sentidos le advirtió dar la vuelta y no mirar atrás, mas no lo hizo. La madera destrozada, arañada y los restos de humo a su alrededor le indicaron que ese no era lugar para él, pero continuó avanzando. De repente, el ambiente se tornó frío y el vaho de su aliento que escapaba de su cubrebocas se hizo notar; sin embargo, la juventud se impuso y se deshizo de su chamarra para tomar al herido animal.
«¿Un zorro?» pensó sin mucho detenimiento, luego de ver la forma de las orejas y el hocico de éste.
Unos graznidos agudos hicieron que un escalofrío reptara desde la base de su columna hasta la nuca. Esta vez no hubo reparos, cogió la linterna que había dejado en el suelo con anterioridad y se dispuso a encontrar el camino de regreso a su hogar.
Izuku no era precisamente un amante de los animales, o una persona entregada al servicio social, tan sólo se trataba de un estudiante universitario promedio con un par de décadas encima, que participaba de manera activa en programas de prevención de incendios.
¿Cómo llegó a ese bosque? ¿Qué había ocurrido? ¿Por qué estaba allí? Esas eran cuestiones que el noticiero se encargaría de responder a primera hora por la mañana.
