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Los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi
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Kaede no era las más rápida, ni la más expresiva, pero si que era perspicaz, desde el momento en que su aprendiz había puesto un pie en la aldea había sentido su presencia. Había pasado tanto tiempo a su lado que incluso sentía que era parte de ella.Normalmente no le sorprenderia que la pequeña miko viniese acompañada, el Lord siempre iba con ella a donde fuera desde antes e inclusive mucho más después del desafortunado incidente, y en caso de que no fuese él en persona, siempre enviaría a alguno de los de su guardia con ella.
Pero está vez fue diferente, algo, más bien alguien, cuidaba a la joven, noto como este no había entrado en la aldea sino que tomó posición en algún lugar fuera.
Le pareció extraño, sabía de la aberración que para los humanos representaba aquella criatura, aun así sabía que entre estos había más posibilidad de que se aceptace a un ser de su caso, inclusive en un futuro el heredero del oeste sería uno de ellos, aún así es muy contrario a lo que los demonios se refiere ... Eso dejaba la incógnita, ¿Qué hacía el Lord del Oeste con un hanyo entre los suyos?
Pudo haber dado más vueltas con respecto al tema, pero no había tomado nota, que en cuanto a la joven señora occidental se refiere, no existe alguna diferencia cuando se trata de un ser vivo. Por supuesto, debió haber sido obra de la joven de ojos azules el que está persona logrará adentrarse tan a fondo. Eso cerraba un cabo, pero no su inquietud.
Kaede tomó su tiempo de camino al claro para observar a los dos pequeños y a la dama tomar diferentes flores de todos colores para lo que Rin había solicitado.
Entre risas, desde su posición por fin pudo enfocar con su único ojo, al dueño del aura extraña.
No es nadie que cuente con el derecho a juzgar, pero la forma en la que el dueño de los ojos carmín observaba a la miko inconsciente, clavaba una espina de inseguridad en su viejo corazón.
Su preocupación aumentaba al ver cómo la energía, el aura, al rededor de este parecía luchar consigo misma.
La risa y la voz de la joven de ojos azules la distrajo de su línea de pensamiento, dirigió su atención enteramente a ella, y al ver su sonrisa, pensó en que tenía deparado el destino.
