Prólogo: I dreamed a dream
Sareen, Martha y Bharani se sentaban juntas en el sofá. Era una bochornosa noche de agosto en la que ni el ventilador de techo conseguía reducir un poco la sensación de incomodidad. No obstante, las tres amigas estaban pendientes de la televisión, donde las primeras escenas de "Harry Potter y el Cáliz de fuego" se proyectaban.
En la mesita de centro, entre las latas de refresco, los vasos, las botellas de agua y las galletas que habían preparado, se encontraban sus tres móviles puestos en silencio para que nada interfiriese su maratón de la saga creada por J. K. Rowling.
—No soy capaz de recordar el nombre del hermano de Blaine… En serio, me da mucha rabia —comentó Martha, que había estado explicando algo sobre Glee mientras Bharani cambiaba la película y Sareen iba por más galletas a la cocina.
—Pues búscalo en Google o en Wikipedia —sugirió Bharani, que tampoco era capaz de recordar el bendito nombre. Sólo sabía que el actor se llamaba Matt Bomer y que, al contrario que su personaje, era homosexual.
—Pues sí, no voy a quedarme con la duda —Martha alcanzó su móvil, lo desbloqueó y se puso a teclear mientras Sareen ponía los ojos en blanco y cogía otra galleta de chocolate.
—Yo lo que no me puedo creer es que no sacasen a Hux, digo, Bill, en los mundiales —Bharani rió y dio un trago de su refresco.
—¡Lo tengo! ¡Era Cooper! —exclamó Martha, eufórica.
—En ese caso, seguro que Cooper-a mucho —bromeó Sareen, con lo que las otras dos se echaron a reír, olvidando por un momento la película.
Sin embargo, sus carcajadas se convirtieron en un gritito de sorpresa cuando un fogonazo procedente de las pantallas de la televisión y el móvil las cegaron unos instantes, obligándolas a cerrar los ojos.
—¡Vamos, hermanita, levanta! ¡Hoy es el gran día! —Martha se frotó los ojos, los abrió y de inmediato los cerró para abrirlos otra vez. Frente a ella estaba Darren Criss, pero con el aspecto que tenía cuando hacía de Blaine en Glee.
—¿El gran día? —preguntó en un intento de entender qué pasaba.
—Merlín, en serio, tu cerebro no funciona cuando estás adormilada, Princess. Es 22 de agosto. ¿No te dice nada esa fecha? —la mirada de Martha se deslizó un poco a la derecha. Allí estaba Matt… ¿Cómo era? Bueno, el que hacía de Cooper.
—¿22 de agosto? No me suena que haya ningún cumpleaños ni nada importante —se sentó en la cama y escondió la cara entre las manos como si estuviese concentrándose al máximo.
—¿Nada importante? —se escandalizó Darren.
—¡Hoy es la final de los Mundiales de Quidditch! —corearon ambos.
—¡Irlanda contra Bulgaria! ¡Un equipo inmejorable contra el mejor buscador de todos los tiempos! —siguió Matt.
—Y que encima está buenísimo —añadió Darren como quien no quiere la cosa.
—No voy a dejar que vayas recorriendo campamentos por ver si lo encuentras como haría cualquier fan loca, Blainie, así que ve despidiéndote de descubrir si es gay o hetero.
A partir de ahí Martha ya no escuchó la discusión entre los dos chicos. ¿Los Mundiales? ¿Blainie? Allí pasaba algo gordo y no era capaz de entender cómo se había visto en aquella situación.
Lo último que recordaba era haber cerrado los ojos por el chispazo del móvil… Miró alrededor.
Ni rastro de Bharani, Sareen, el móvil o el salón-comedor en el que habían estado. En su lugar, un bonito y espacioso dormitorio con un par de pósters de Quidditch que tenían movimiento, un calendario en el que aparecía el 22 de agosto encerrado en un círculo rojo, un espejo y muebles de madera color caramelo.
—¡Martha, venga, muévete, por favor! Si no, te lanzaré un chorro de agua —Matt sacó una varita con aire amenazador.
—Ya voy, ya voy —la joven se puso en pie y salió del dormitorio, descubriendo que la casa unifamiliar de tres plantas en la que se encontraba no le resultaba desconocida como había temido.
Se aseó en tiempo récord y, al detenerse un momento frente al espejo para peinarse, se percató de que en ella habían cambiado algunas cosas: sus ojos, hasta entonces marrones, eran azules; su pelo, antes corto y con llamativas mechas naranja, aparecía largo, rizado y de un moreno uniforme; y su aspecto general era algo más aniñado, como si ya no tuviese 22 años, sino algunos menos, tal vez unos 15 o 16.
¿Qué estaba pasando? ¿Y dónde estaban sus dos amigas?
Sareen se incorporó de un bote al tiempo que soltaba un grito y se llevaba una mano al vientre, donde algo frío había contactado con su piel.
—¡Por fin! Ya pensaba que habías bebido Poción de Muertos en Vida o algo por el estilo —Sareen miró con fijeza al joven que tenía frente a ella. Debía de tener unos 14 o 15 años, era rubio platino y tenía unos bonitos ojos grises que la observaban con una chispa de travesura. En su mano derecha sostenía un cubito de hielo que empezaba a gotear sobre la colcha de delicados motivos florales.
—Draco, no vuelvas a hacer eso, por tu bien te lo digo —soltó sin pensar, furiosa—. Además, no hace ni cuatro segundos que he cerrado los ojos —el chico rió y la miró con arrogancia.
—Hermanita, hace diez horas que roncas como Crabbe y Goyle juntos.
—Yo no ronco —gruñó Sareen.
¿La había llamado hermanita? ¿Qué pasaba entonces con lo de salir con el rubito de sus sueños? ¿Ni siquiera en el reino de Morfeo podía tener un romance con él?
Porque estaba claro que aquello era un sueño, no podía ser otra cosa. Sin duda se había quedado dormida a mitad de la cuarta película… ¿Cómo tenía tan poco aguante?
—Venga, Sareen, ponte en marcha o padre se pondrá nervioso —recomendó Draco—. Yo digo que no importa cuándo lleguemos si de todos modos piensa aparecerse con nosotros, pero él dice que hay que montar la tienda antes de ir a ver el partido… —se encogió de hombros—. ¿Crees que Krum ganará a Irlanda?
—¿La pregunta no debería ser si Bulgaria ganará a Irlanda? —Sareen se levantó de la cama y se dirigió sin pensar hacia una puerta lateral que daba a su baño privado mientras el chico alzaba una ceja—. Da igual. Creo que el partido va a estar reñido. Y si me disculpas, voy a darme una ducha. No tardo, Drakito —devolvió la sonrisa que el chico le dedicaba y se encerró en el aseo, mirándose al espejo—. No puede ser… —se le escapó.
Reflejada en el cristal podía ver una versión algo más joven de ella misma con el cabello platinado largo y liso y los ojos claramente grises.
—Estoy soñando. Tengo que estar soñando… —se dijo mientras se tocaba el desordenado cabello con incredulidad. Hacía escasos segundos era media melena corta y estaba teñido de un intenso morado.
—Esto es real —se respondió a sí misma, aunque fue la imagen del espejo la que habló, asustándola—. Yo que tú me arreglaba un poco. Estás hecha una pena y llevas unos pelos… Nadie diría que eres una Malfoy.
—Cállate, impertinente —gruñó la Sareen de carne y hueso mientras se despojaba del caro pijama y se metía a la ducha. Tal vez el agua fría la ayudaría a despejarse y entender qué pasaba ahí.
¿Dónde estarían Bharani y Martha? Esperaba que no en un lugar peligroso o demasiado alejado.
—Bharani… Bharani… ¡Anie! —la chica abrió los ojos de golpe, sobresaltada, y casi soltó un grito de sorpresa—. Buenos días, Brownie —frente a ella, inclinado para llegar a la altura de la cama en la que estaba tendida, un hombre de bonitos ojos miel, cabello castaño con algunas canas y piel pálida cruzada por finas arruguitas y algunas cicatrices, le sonreía con aire paternal.
—¿Re-Remus? —preguntó, descolocada.
—Sí, querida. He llegado hace unos minutos y he decidido subir a despertarte antes de que a tu padre se le ocurriese echarte agua o algo por el estilo. Ya sabes que es un loco del Quidditch. Por llegar temprano a una final de los Mundiales, hasta los buenos modales se le olvidan.
—Vaya, gracias —Bharani se incorporó y se pasó los dedos por el pelo, percatándose de que era ondulado y no liso como había sido hasta hacía unos segundos.
—Prepárate, te esperamos para desayunar —el hombre se apartó de la cama y se dirigió a la puerta—. Tu tío ha pedido a Kreacher que haga tortitas —añadió con un deje de deleite anticipado en su voz.
—Vale, no tardo —Bharani esperó a que Remus saliera, se levantó, miró por la ventana y, a la luz de las farolas y del incipiente amanecer, descubrió que se encontraba en Grimauld Place. Más concretamente, en el número 12.
Un vistazo rápido a la habitación le confirmó que no era una de las de invitados, sino que se veía mucho más personal, con algunos posters colgados en la pared, así como un par de fotografías en movimiento en las que aparecía con Sareen y Martha, con algunos estudiantes de Hogwarts y con Remus, Sirius y un hombre moreno que se le parecía mucho, el mencionado tío, supuso.
Un calendario con la imagen de un hipogrifo gris acerado le dijo, además, que seguía siendo agosto de 2016.
—Esto es muy raro —murmuró al tiempo que salía al rellano y se dirigía al baño para asearse.
Cuando pasó frente al espejo se quedó atónita. Ahora era morena en vez de rubia oscura y tenía los ojos grises con un leve matiz azul en lugar de azul-grises como hasta entonces, además de aparentar unos siete u ocho años menos. En lugar de los 24 que se suponía que tenía, aparentaba unos 16 o 17.
—Ay, la madre que me… —jadeó, abriendo los ojos de par en par.
De pronto reparó en que, si estaba en Grimauld Place con Sirius y Remus y además tenía un tío, sólo podía significar que era hija del mayor de los Black y sobrina del supuestamente difunto Regulus.
Se tapó la boca con las dos manos para contener un grito y se apresuró en asearse para comprobar cuanto antes si sus deducciones eran correctas.
Tenía que descubrir qué pasaba allí y, más importante, tenía que encontrar a sus dos amigas, porque algo le decía que debía descartar la opción de despertar de un sueño muy vívido.
