Era la hora del almuerzo, los comedores estaban llenos y las aulas vacías en su mayoría, exceptuando una. Dentro del salón de clases de astronomía mágica, un sitio bastante grande, con sillas en filas elevadas como escalones, con un escritorio de madera sobre una plataforma elevada y un gran tablero verde, se encontraban nada más dos personas a esa hora donde las clases terminaban.

—Me encantaría ayudarte, Akko —comentó Chariot mientras organizaba los libros en su escritorio—. Pero nos prohibieron rotundamente involucrarnos en la elaboración de sus stands.

—Pero no es como si lo vaya a hacer por mí, solo una ayuda. Realmente no sé qué hacer para mi presentación.

La castaña se sentó en la elevación de la zona donde estaba el escritorio. Chariot la vio y luego se sentó junto a ella.

—Akko, no te desanimes. Ya se te ocurrirá algo.

—¿Qué hizo usted cuando fue estudiante, profesora Chariot? —preguntó Akko—. ¡Estoy segura fue espectacular!

Con esta pregunta, muchas memorias regresaron a la cabeza de la mujer pelirroja. Recuerdos que le sacaban una sonrisa pero que a su vez le sacaban una gota de sudor en la cabeza.

—Bueno... Realmente intenté hacer un show de invocación, pero... Al final todo fue un pegajoso caos —una sonrisa nerviosa se formó en su rostro y recordaba cómo aquel espíritu gelatinoso que invocó arrasaba con los demás stands.

—Eso suena como algo que yo haría —respondió la estudiante riendo de manera juguetona.

—No somos muy distintas, Akko. Sé que pudiste haber pensado que era la más talentosa bruja, pero tenía muchas dificultades.

—Soy consciente de ello, pero aún así nunca se rindió y luchó hasta conseguir lo que quiso: sacar sonrisas e inspirar a muchas a creer en la magia, yo incluida. Sé que ya se lo he dicho muchas veces, pero no puedo estar más agradecida por lo que hizo por mí.

Ante las palabras, los ojos húmedos de Chariot comenzaron a relucir.

—...Realmente…

—¡Akko!

Antes de que la profesora pudiera responder, la puerta fue abierta por una compañera de Akko quien se veía agitada.

—¿Chika?

—Akko ¡Lo logré! Hice que la fruta madurara-... ¿Interrumpo algo?

—No, tranquila —respondió la profesora disimulando su pequeña humedad en los ojos—. Pueden irse las dos, ya falta poco para que termine el almuerzo.

—La veo después de clases, profesora Chariot.

Y así, con una sonrisa la castaña se despidió para seguir a Chika e irse las dos juntas de aquella sala. Chariot se quedó sonriendo de manera calmada y con el rostro aliviado.

—Al menos Croix tuvo razón en algo.

La jornada transcurrió de manera corriente. Habían pasado tres días desde que se había dado el anuncio del festival venidero en la academia. En las paredes se podían ver panfletos anunciando aquel evento y muchos otros que informaban las reglas y cómo participar. Muchas estaban emocionadas con lo que se venía, aquel festival no resaltaba por ser tan grande como el Festival Samhain o el encuentro mágico, pero sin duda era algo digno de recordar. Sobre todo, los ojos estaban puestos en aquellas quienes cursan segundo año, siendo estas las más nerviosas por lo que se venía.

De esta forma, iban Akko y sus amigas caminando por los pasillos a altas horas de la tarde. El sol entraba por los ventanales de aquel corredor que se separaba en dos caminos. A su izquierda, daba con la entrada de la biblioteca, pero a su derecha daba el pasillo que dirigía o bien, a los salones magistrales, o a los dormitorios siguiendo derecho. El grupo iba caminando, recién habiendo terminado las clases con la profesora Badcook donde la mayoría casi se dormía, y adelante de todas iban Akko y Diana, estando esta última prácticamente huyendo de la primera.

—¡Diana! ¡Por favor!

—Ya conoces mi respuesta.

—¿Por qué no simplemente la ayudas? —Preguntó Amanda.

—Ayudarla tal vez, hacerle el trabajo no.

—¡No es eso! Ya sé completamente qué hacer.

—¿Ah sí? —preguntó Barbara.

—Ok, me rindo, no tengo idea.

—No seas dura contigo —dijo Lotte acercándose a su amiga con una sonrisa—, ya se te ocurrirá algo.

—¿Qué van a presentar ustedes? —preguntó la castaña.

—Últimamente he estado descubriendo muchas cosas con respecto a los espíritus mágicos. Voy a presentar los resultados de mis investigaciones y también planeo mostrar muchos ejemplos. Ya tengo todo preparado —respondió la chica de anteojos con los ojos iluminados.

—A lo mejor hago trucos con escobas —dijo Amanda.

—¿Es lo único que sabes hacer? —la pregunta de Hannah frunció el ceño de la rebelde.

—Aquello que estabas leyendo en la biblioteca era bastante interesante —le decía Jasminka a la pelirroja—, puedes empezar por ahí, Constanze y yo te podríamos ayudar con gusto —ante la mención, la pequeña asintió.

—¿Amanda? —preguntó Hannah.

—¿Leyendo? —preguntó Barbara

—¡Un milagro! —dijeron las dos.

—¡Cállense! —reclamó la mencionada, mientras las otras dos reían.

—Sea lo que elijas, procura no hacer desastres.

—Sé cuidarme, Diana.

—No lo digo por ti, sino por los que vayan a verte.

—Eso… bueno… —Amanda solo pudo bajar la mirada recordando cómo intentó enseñarles trucos de vuelo a las de primer año hace dos días. Esas chicas terminaron en enfermería después de eso.

—Por cierto, ¿La academia se responsabiliza si alguna muestra afecta a los espectadores?

—Sí, así que más te vale cuidar tus hongos, Sucy.

—Constanze, Jasminka ¿Ustedes qué van a presentar? —preguntó Akko.

—Hmmm —la pequeña puso su dedo en los labios, en forma de decir que era un secreto.

—Al igual que Lotte, he hecho algunos descubrimientos interesantes. Tengo planeado mostrar eso a todo el público —esa era la respuesta de Jasminka—. Digamos que ya me he comenzado a interesar por la rama física.

—Hmmmm… Aún no se me ocurre nada.

—¿Por qué no le preguntas a Chika? Tal vez no tenga una idea y necesite ayuda, las dos podrían darse una mano —aconsejó Bárbara.

—Ella sabe qué hacer. Justo cuando terminaron las clases, regresó primero que nosotras a los dormitorios a hacer su formato —explicó la chica de cabellos verdosos.

—Por favor, Diana, solo será para que me des una idea de lo que debo hacer y ya. Vamos, no seas mala ¿Si?

La castaña se arrimó a su compañera. Mirándola con ojos llorosos, Diana solo pudo girar la mirada unos segundos, sin poder lograrlo, los ojos de Akko la seguían. Las lágrimas comenzaron a salir de las comisuras, y con un fuerte gruñido, Diana solo pudo ceder ante la presión de aquella chica con cierto calor en su pecho al verla así.

—Está bien, te ayudaré, pero no creas que voy a hacerte todo ¿De acuerdo?

—¡Como usted diga! —exclamó Akko entusiasmada, borrando repentinamente todo rastro de lágrimas de sus ojos, haciendo que Diana diera un largo suspiro.

«Qué tramposa» pensó Cavendish.

—Bueno, vamos que se hace tarde.

—Ah, ¿Justo ahora?

—Justo ahora, así que vamos.

Diana comenzó a caminar así hacia la biblioteca, que daba al pasillo hacia la izquierda. Akko la miraba irse hasta que Amanda tocó su hombro.

—Al parecer tendrás una tarde dura, Akko. Nos vemos mañana —así el grupo de Amanda se retiraba tomando por el pasillo contrario.

—Esfuérzate ¿Está bien? Sabemos que lograrás hacer algo increíble —Lotte y Sucy hacían lo mismo.

—Espero que no seas un problema —dijo Hannah.

—Ya suficiente has hecho con quitarle el descanso a Diana —apoyó Bárbara para luego retirarse junto con su amiga.

—Agh, aún no se les ha quitado completamente lo arrogante a esas dos.

—Akko ¿Te vas a quedar ahí parada?

—¡Oh! ¡Ya voy! ¡Espérame!

...

A varios metros del lugar, se encontraba la joven de cabellos mandarina sentada en su cama, en medio de la habitación del equipo de Cavendish. Escribiendo en un cuaderno sobre sus piernas, de vez en cuando alzaba la mirada para ver si la entrada de la habitación que tenía justo al frente, abría o no. Esto le daba calma, puesto que al lado suyo se encontraba un gato oscuro, que se confundía con las sombras del lugar, puesto que ya el sol se había escondido.

—Bien, ya tienes suficiente control de aura para poder lograr nuestro cometido.

—¿Es suficiente? Aún no soy una experta.

—No te preocupes. Si no es así, con todo lo que practicas vas a lograrlo. El día del festival será nuestro momento, presentarás este documento y de esta manera tendrás una excusa para escabullirte al bosque Arcturus.

—El bosque... Arcturus... —Con mirada baja y voz decaída, Chika movió la cabeza para concentrarse—. Ahí será entonces.

—Sé que ese lugar no te trae buenos recuerdos, pero pronto verás cómo todo cambiará.

La joven le dio una sonrisa a la felina Ariadna para luego continuar llenando el formulario que tenía con el proyecto que iba a realizar.

...

En la biblioteca, por otro lado, se encontraba con poca gente alrededor. La luz ya no entraba por los ventanales, así que lo que permitía ver en aquel lugar eran las lámparas que colgaban de los techos, cuyo diseño permitía viajar en el tiempo a quienes las veían. Acompañadas por lámparas en cada una de las mesas que alumbraba los libros. El piso primero, con la puerta de la entrada a las espaldas y la recepción como las escaleras al frente, era el más vacío en ese momento, pero que aún tenía la presencia de dos chicas. En una de esas, con varios libros abiertos, lapiceros y una taza de té acompañando, estaba la castaña con su cabeza sobre la mesa botando humo, acompañada por su amiga.

—¿Y qué tal si intento realizar un espectáculo como Chariot?

—Akko, creo que ya habías aprendido que era hora de ir formando tu propio estilo y no andar viviendo a la sombra de Chariot.

—¡Lo siento! Pero es que no se me ocurre más.

—Tratemos de empezar por lo base ¿A qué rama de la magia piensas especializarte?

—Aún no me decido jejeje... Me tiene confundida todo este tema de las ramas.

—No es tan difícil ¿Qué no entiendes con exactitud?

Akko comenzó a pensar, mientras Cavendish la observaba. La chica de cabellos verdosos confiaba en que las clases de introducción a especialización mágica que han recibido le servirían a Kagari, así que no sería mucho lo que tenía que repasar. Con delicadeza, Akko respondió:

—Todo —recibió un coscorrón de Diana por respuesta.

—Si es así, no tengo de otra que explicar de cero —dijo Diana volviendo a su asiento, dejando a Akko con su cabeza adolorida—. La magia tiene tres propiedades: variabilidad, restricción y pureza. La primera, variabilidad, le permite a la magia dividirse en tres ramas fundamentales y una especial:

Diana tomó uno de sus cuadernos y lapiceros, para así abrir en una hoja en blanco y comenzar a dibujar una espiral, así como la forma de un fuego encima de la misma.

—Espíritu, es la rama que se dedica a la manipulación del aura y entra en contacto con el plano espiritual. Todo lo que existe en el cosmos tiene su propia aura, incluso en los espacios vacíos hay brotes de aura, y la magia de esta rama se encarga de manipular la misma, reduciendo su energía, potenciandola, entre otros movimientos, para que tengan efecto en el cuerpo cuya aura se está manipulando. Pero no solo tiene ese enfoque, puesto que su conexión con el mundo espiritual, le permite a la bruja o al mago tener contacto con espíritus, para que le ayuden u obtener clarividencia.

—Así como la habilidad de Lotte.

—Exacto, Lotte se está enfocando en esa rama —respondió Diana para después, dibujar otra espiral a la esquina que dibujó primero, y con la forma de un pequeño hombrecito—. Por otro lado, está la rama del cuerpo, esta se dedica a la manipulación de toda la materia física. Aunque su base es el aura, se diferencia de esa rama ya que la física va mucho más allá y puede modificar, generar y transformar la misma base de la materia. De ahí se desprenden magias como las de herrería, elemental o de metamorfosis.

—Jasminka mencionó algo, creo.

—Dijo que presentará algo al respecto en el evento —dijo Diana—. Y así, llegamos a la tercera rama: la mente. Esta magia se dedica a tener efectos directamente en la conciencia y psicología de otra persona, usando la tuya propia, para afectar la manera en la que ven el mundo. Pueden ser capaces de crear ilusiones, hacer conexiones mentales para hablar con telequinesis, entre otras características.

—Espera, ¿Ese es?

—Sí, es el Triskell, el símbolo del Grand Triskellion.

—Así que, a eso se referían los libros con que era la magia original.

—¿Leíste al respecto? —preguntó Diana a lo que Akko asintió con su cabeza.

—Cuando estaba buscando las siete palabras, tuve que leer mucho al respecto del Grand Triskellion. Entre las cosas que encontré, estaba su historia —empezó a decir la castaña, quien comenzó a buscar en su mochila para sacar un gran libro, cuya cobertura era de cuero con el símbolo del Triskel tallado en su portada—. Este libro me lo regaló Chariot en aquel entonces, habla sobre el Grand Triskellion. Menciona que es la magia original, que se entregó a las nueve antiguas brujas hace tiempo y es lo que permite el uso de la magia en el universo, de ahí se desprende toda la magia. Prácticamente...

—Sin Triskell, no hay magia —complementó Diana—. Pero fue sellado por las nueve brujas debido a su poder desmesurado. Lo liberaste el año pasado, pero ya no está en este mundo. La Claiomh Solais desapareció apenas la usamos contra ese misil.

—Ojalá la tuviera aquí, ¡Podría hacer muchos trucos!

—Mejor dedicate a elegir la rama, Akko —dijo Diana—. Ya estamos en segundo, es hora de que cada una vaya eligiendo una de las tres ramas, recuerda lo que nos comentaron en la inducción a clases: "Si quieren crecer como brujas, deben elegir una rama. Si no lo hacen, se quedarán estancadas haciendo trucos básicos"

—¿Y por qué no simplemente nos especializamos en las tres?

—No podemos, entre más te especialices en una rama, menos habilidad tienes en las otras dos. Si te intentas especializar en las tres, al final no avanzarás y te quedarás haciendo trucos básicos... Por eso necesitamos elegir una y especializarnos en ella, pero debemos elegir sabiamente. En el momento en que escojamos una, solamente seremos capaces de hacer trucos y especializarnos en la magia de esa rama. Todo hechizo o truco avanzado de otra rama diferente a la que elegimos, quedará imposible de realizar, esa es otra propiedad de la magia: la restricción.

—Es muy complicado.

Ante la respuesta de Akko, Diana solo pudo dar un suspiro.

—Pareces una niña. Debemos ayudarte a elegir una rama que vaya acorde contigo.

—¿Y qué tal tú, Diana? —preguntó la chica levantándose con los ojos iluminados hacia Cavendish—. ¿Cómo elegiste tu rama? Tal vez tuviste que haber tenido problemas como ella escogiendo, pero supongo que la instrucción de alguien te ayudó ¿Tal vez tu mamá? ¿O tu papá? ¿O una tutora?

—¿Yo?

Diana bajó la mirada, con unos ojos perdidos y nublados; la sonrisa de Akko desapareció en ese momento.

—¿Diana?-

—No es nada. Yo aún no me decido qué rama usaré.

La chica comenzó a tomar su té con la mano temblorosa. Pasaba desapercibido para las estudiantes que salían de la biblioteca a pocos metros de las dos, pero no pasaba con Akko. Con ceño fruncido, y voz delicada comenzó a decir:

—¿Sucede algo, Diana?... ¿Dije algo malo?

—No es eso, Akko, es solo… Sabes que no suelo hablar mucho de mi pasado. Desde que mi madre se fue, solo he tenido a Anna y… Nadie más —Diana giró su mirada hacia el costado, evitando la de su compañera—. Debo confesar que por eso vine aquí, tal vez podría… Mejor nada, olvídalo.

—¡No! Diana, estoy escuchando —dijo Akko para bajar la mirada—. Me interesa todo esto que me dices, me gustaría poder ayudarte.

—No tiene sentido, Akko.

—¡Claro que sí! —Dijo la castaña poniendo sus manos en la mesa—. Para mí lo tiene, si algo te agobia lo que más me interesa es darte una mano… No estás sola, Diana, ni hoy ni aquel entonces. Tenías a Ana ¿No? —mencionó Akko mientras le sonreía calurosamente a su compañera, contagiando aquel gesto—. Y, estoy segura que tu papá tuvo que haber ayudado.

—Mi papá…

—Casi nunca lo mencionas, pero sé que de alguna forma-

Lo que vio, detuvo su hablar. Si antes el temblor de sus manos solo lo veía ella, ahora lo podría notar cualquiera que estuviera medianamente cerca a Diana, ya no solo sus manos, sino su cuerpo entero. Sus pupilas miraban fijamente la taza que tenía entre sus dedos, encogidas y pérdidas entre el calor y el color del líquido. Su respiración Akko la comenzó a escuchar, veía cómo sus hombros se reducían sobre su pecho, como si vertieran un balde de líquido frío sobre su espalda. Sus dientes se lograron ver, completamente apretados, de donde se podían escuchar pequeños sollozos de su parte. Era la primera vez que Akko la veía así, no parecía que fuera la Diana que conocía.

—¿Diana?

—Y-yo…

Pero era ella, la Cavendish que conoció desde el primer día, temblando frente a ella. Parecía que se rompería en llanto, Akko no sabía qué hacer. En ese momento, a su mente solo llegó una idea. No la pensó, solo lo hizo, buscando que Diana no temblara más, buscando por fin calmarla; el llanto de ella, provocaría el suyo también.

—Akko…

—Tranquila, Diana…

Ambas quedaron abrazadas. Akko se había levantado de su puesto y había envuelto sus brazos sobre el cuello de su amiga, cubriendola desde atrás, como si fuera una manta.

—Yo estoy aquí, contigo, ¿De acuerdo? No ocurre nada, nadie te hará daño. Solo trata de respirar e intenta relajarte.

Cavendish sentía el calor. El frío de antes desapareció, los recuerdos de su pasado se esfumaron. Lo único que había en su mente era esa sensación, esa dulce sensación, ese placentero calor que los brazos de la castaña le otorgaban. Parecía como si quisiera quedarse ahí para siempre, no quería separarse de su amiga. Su corazón agitado comenzó a calmarse y a calentarse. En ese momento, por fin pudo hablar.

—Akko...

Ambas, con una sonrisa cálida y acogedora, quedaron así por unos segundos. Hasta que Diana decidió levantarse, haciendo retroceder a la castaña.

—¿T-te enojaste? —preguntó Akko quedando frente a frente con Diana—. P-perdón si fue así, yo solo quería.

Pero antes de responder, Diana ya la había envuelto en sus brazos. Akko correspondió aquel gesto, quedando las dos abrazadas, en medio de la soledad de la biblioteca.

—Gracias… —Susurró Diana.