El patio donde se practicaba con escoba estaba completamente lleno. La torre Luna Nova resplandecía al pie del lugar, siendo testigo de todo el movimiento que había. El campus reluciente por el trabajo de las hadas en la mañana de ese día, cargaba consigo varias columnas de distintos colores organizadas en hileras, dejando bastante espacio entre ellas, formando caminos que llevaban a recorrer todo el lugar como si se tratara de una calle con sus faroles, formando una cruz.

La vista de los que caminaban por ahí, estaba conformada de los stands y pancartas que se alzaban al lado del camino, recordando un mercado tradicional donde las tiendas eran entonces stands de todo tipo. Las carpas cubrían a las estudiantes donde cada una presentaba una exposición distinta. Había algunas mostrando su capacidad de combinar partes de animales, otras generando objetos, otras haciendo mover estatuas, y para los trucos más complejos tenían su lugar a parte de las tiendas, que daban a la derecha de la cruz que formaban los caminos.

Rodeadas de un rectángulo hecho de piedras, esas estudiantes mostraban trucos más avanzados que tomaban más espacio, donde se lograba ver la generación de un caballo, brujas creando remolinos con distintas sustancias, u otra creando un gran árbol mágico.

Se respiraba un ambiente de bullicio encantador, donde todas se movían por aquí y por allá, incluyendo los trabajadores de la academia, quienes participaban como espectadores en la exhibición. Entre aquella mezcla de emociones, se encontraba Akko en medio de los caminos, mirando todo con los ojos iluminados, mientras era acompañada por su mentora.

—¿No le parece esto increíble?

—Vaya que sí lo es. Me encantó el trabajo que hicieron todos —respondió Chariot, al ver cómo un minotauro jugaba con un pequeño espíritu a unos metros de ella—. Eso me recuerda ¿Al final qué preparaste?

—Sucy, Lotte y yo decidimos combinar nuestros proyectos, ¡Vamos a hacer un espectáculo como el del Festival Samhain!

—Qué alivio —dijo la profesora dando un suspiro—. me alegra que por fin hayas encontrado un proyecto para presentar.

—Estamos preparando todo, solo espera y verás-

A Akko casi se le quema la cabeza con aquella ráfaga de fuego que pasó justo a su espalda, pero que no alcanzó a hacerle gran daño.

—¡Amanda! ¡Ten cuidado!

—¡Lo siento! —dijo la pelirroja mientras escondía sus manos en sus espaldas, acompañada por Constanze y Jasminka quienes estaban preparando una máquina en el campus amplio de hechizos complejos.

—No puedo creerlo.

—Ha estado incontrolable desde que descubrió tener tendencia al fuego.

—Si sigue así de inquieta quemará a alguien.

—Pero mira quien le dice inquieta a quien —ante el comentario de la mujer detrás de Chariot y Akko, ambas se voltearon, encontrándose a la directora—. Realmente tengo altas expectativas por lo que presentarán todas este año.

—¡Pues cuente con que el equipo rojo va a robar el show en este día!

—Vaya que tienes energía, señorita Kagari.

—¡Akko!

Ante el llamado, las tres giraron para notar que se trataba de Lotte y Sucy, la primera con cara de preocupación y la segunda con su rostro diario encima.

—¿Qué ocurre? —preguntó la castaña

—¿Dónde están los materiales que te mandamos a pedir? —preguntó Sucy.

—Eso...

Cuando se dio cuenta, ya era arrastrada por la capucha de su uniforme por sus dos compañeras para ponerla trabajar en el stand, dejando a Holbrook y Chariot riendo por la escena.

A un par de metros, Hannah y Bárbara se encontraban en su lugar también rodeadas de un cuadro de piedras, y ambas con sus utensilios en la mano. Entre las dos, generaban unas perlas pequeñas, las cuales usaban para dar forma a distintas figuras, algunas simples como un círculo o un cuadrado, pero las ponían complejas formando a un tigre saltando un aro a un águila volando. Los ojos de ambas se iluminaban con cada forma que creaban mientras que las brujas aledañas se magnificaban con el trabajo.

—Han mejorado mucho con la herrería.

—¡Diana! —Las dos pegaron un salto para girar y encontrarse con su compañera de habitación detrás suyo—. Nos asustaste.

—Discúlpenme, solo quería ver un poco lo que habían creado. Debo admitir que esas figuras son muy hermosas.

—Hemos practicado mucho —respondió Barbara con una sonrisa.

—Solo espera a que llegue la tarde y el espectáculo que armaremos será grandioso —dijo Hannah con aire orgulloso, pero también sonriendo de manera sincera a Diana.

Las tres rieron en ese momento. Diana, estando al lado de ellas, vio a lo lejos en los caminos principales donde estaban las carpas, a Chika en un ciclo de salir y entrar de la academia hacia su lugar y viceversa. Algo despertó sus sentidos en ese momento.

—Chicas, ya vuelvo.

Donde la joven de cabellos mandarina, se acumulaban una gran cantidad de cajas con distintos utensilios. Muchos que veían aquel lugar cuando pasaban por ahí, se compadecían de la situación que parecía ser de alguien que se atrasó completamente con su proyecto. Así, Chika salió del edificio con una última caja la cual colocó en el suelo, poniendo fin a la descarga de paquetes.

—¡Bien! Ya por fin terminé.

—¿Chika?

—Kiii- ¿D-diana? —dijo la joven sobresaltada ante su compañera—. Moo~, Diana, no me asustes así.

—Pensé que ya tenías todo preparado.

—Bueno, sí. Pero me faltan detalles jejejej.

Diana se inclinó hacia un lado para ver esa gran pila de objetos que parecían pertenecer más a un puesto de mercado de pulgas que a un puesto de exposición mágica.

—¿Más de todo lo que está ahí?

—Sip. Aunque todavía me falta un objeto que tengo que buscar primero —dijo Chika para así sacar su escoba entre la montaña de cajas que tenía al lado, así como su sombrero de bruja y abrigo.

—¿Y dónde es?

—Bueno, es-

—¡Diana!

Ambas voltearon al llamado. Se trataba de la profesora Finnelan quien, acompañada de Badckook y Nelson, estaban terminando el papeleo. Cavendish al llamado, sabía que era para algo referente al evento. Pero, en ese momento, la atención hacia Kousaka era la principal. Aún recordaba la tarea que la directora le había encomendado hace dos atrás.

—Bien, voy a hablar con ellas y luego te acompañaré a buscar ese utensilio.

—No me trates como una niña pequeña, Diana —dijo Chika con el ceño fruncido—. Sé cuidarme bien, además, las profesoras necesitan tu ayuda.

—Sí, pero-

—Confía en mí ¿Sí? —le dijo con una sonrisa—. Ya la directora sabe del viaje, no me tardaré mucho de todos modos. Debo buscar unas cosas en Blystonbury y me devuelvo apenas las tenga, te lo prometo.

De nuevo, Finnelan llamó a Diana. La joven le indicó a la mayor con un gesto que ya iba, pero se quedó ahí de pie, con la mirada baja y pensando en la respuesta de Chika. Al final, tomó uno de los dos caminos.

—Bien, pero no te demores que el evento ya está empezando y... —le echó un vistazo a su stand—. Hay mucho que debes reorganizar.

—Cuenta con ello.

Y con una sonrisa juguetona, Chika se fue camino a la salida de la academia donde se abría el portal de la línea ley que la llevaría hacia su destino. Diana por su parte se dirigió hacia las profesoras, con un único pensamiento:

«Espero haber tomado la decisión correcta»

...

Las horas pasaron, y había llegado el tiempo de almuerzo. Chika aún así todavía estaba volando dentro de aquella línea ley, habiendo pasado la salida a Blystonbury ya hace bastante tiempo. Su destino era otro, y la puerta se abrió justamente en ese momento, para dejarla entrar a aquel lugar. El mismo paisaje que vio aquella fatídica noche, se abría ante sus ojos. Irónicamente, esta vez se abría amplio, colorido, con las plantas por fin vivas y con el árbol Wagandea elevándose majestuoso en el horizonte.

Era el mismo lugar, pero no lo parecía. Sin embargo, no importaba cuántos colores el sitio tenga en ese momento, a Chika le seguía dando el mismo sentimiento desde lo que pasó aquella vez.

—Por fin llegué —gracias a las ventiscas no tan fuertes, Chika sacó un mapa del lugar del cual se fijó donde sería el punto de encuentro—. Bien, al norte cerca del árbol.

Así, Chika emprendió su viaje a la base del árbol Wagandea. El terreno pasaba veloz debajo de sus pies, mientras veía cómo se acercaba cada vez más al lugar en específico. Wagandea, que se veía como una torre alta y delgada, se iba agrandando conforme más se acercaba. Cuando tuvo al árbol frente suyo, redujo la velocidad para luego reducir la altura en la que estaba. La base, se veía a penas gracias a los árboles que la rodeaban. Irónicamente, este punto la magia del Grand Triskellion no llegó, puesto que los árboles que rodeaban la base del Wagandea, parecían sacados del antiguo Arcturus como lo conocían antaño.

Chika bajó su distancia y aterrizó en aquel pálido césped. Los colores habían quedado atrás, ahora solo estaba rodeada de árboles muertos en todos lados, pero donde al frente tenía una gran raíz de la que se elevaba el Wagandea. El espacio entre las raíces y los árboles adyacentes no era mucha, pero sí suficiente como para poder hacer una reunión, o así lo veía Chika quien trataba de mantener esas cosas en su cabeza, antes que el agotamiento le ganara en la respiración. Así, ella se puso a esperar.

—Ariadna se demora mucho —susurró la de cabellos naranjas, mientras veía cómo se movían las manecillas de su reloj—. No puedo creer que haya perdido el mapa, menos mal hice una copia.

...

Por otro lado, en Blystonbury el ambiente era distinto. Ese pueblo tenía personas moviéndose de aquí a allá, en esas pequeñas calles con autos pasando y edificios a la vista con diseños clásicos que hacían enloquecer a cualquier amante de lo retro. Akko, Lotte y Sucy iban caminando por la acera de sus calles, camino a la tienda mágica por algo que necesitaban.

—Lo siento, Lotte —dijo Akko quien iba en medio de sus dos compañeras—. No había caído en cuenta que la planta que me mandaste a comprar era distinta.

—No te preocupes, Akko —dijo la chica de anteojos—. Fue mi error no especificar bien el color. De todos modos, ya estamos cerca de la tienda y solo será intercambiarlas.

—Si es que el tendero se encuentra —agregó Sucy.

No les tomó más de cinco minutos, y ya estaban delante de la cafetería de objetos mágicos. Entraron para encontrarse al tendero conocido mientras intentaba arreglar lo que parecía un reloj antiguo en la recepción.

—¡Hola chicas! Mucho tiempo sin verlas ¿Qué se les ofrece?

—Una flor Inse, por favor, pero las azules.

—Con mucho gusto, pequeña Lotte —el hombre comenzó a buscar en la estantería que tenía a sus espaldas el objeto en cuestión.

—Señor ¿Sabe si una joven llamada Chika pasó por aquí? —preguntó Akko.

—¿Chika? —preguntó Lotte—. Pensé que tenía todo listo.

—Lo mismo pensaba, pero al parecer le faltaba un último objeto que estaba aquí. Diana me pidió el favor de preguntar si estaba por acá.

—A juzgar por su puesto, creo que le faltaba más que un objeto para terminar su proyecto —comentó Sucy.

—¿Chika? —preguntó el tendero mientras ponía la planta en cuestión en la mesa. Una especie de orquídea dentro de un jarrón, cuyos colores llamativos llamaron el sentido del veneno de Sucy, colocando una sonrisa en su rostro—. ¿Una pequeña de cabellos naranjas?

—¡Sí! ¡Esa misma!

—Bueno, sí la vi, pero... —el señor se recostó en la barra mientras miraba un papel en su mesa—. Se le veía un poco nerviosa, y cuando llegó, compró una serie de cadenas conductoras de magia. Supuse que los usaría para el evento que tiene Luna Nova hoy, pero esas cosas solo las usan para cuestiones grandes. La capacidad de absorción y transmisión de energía mágica de eso es simplemente impresionante y, a menos que quieras dar luz a una ciudad, no veo el por qué una estudiante querría algo así.

Las tres jóvenes bajaron la mirada para comenzar, y así las cruzaron entre ellas.

—¿Sabe a dónde fue? —preguntó Lotte en el momento.

—Pues cuando se fue, dejó caer por accidente este pergamino.

El hombre se los entregó a las tres. Las jóvenes lo abrieron para verlo con detalle, tratándose de un mapa. Un mapa cuya zona reconocieron apenas la vieron.

—¿Qué hace en el bosque Arcturus?

—Lo que sea que esté haciendo, no puede ser bueno.

Con estas palabras dichas por Sucy, Akko pagó la planta y salieron corriendo, ya no rumbo a la escuela, sino al lugar que indicaba el mapa.

...

Los minutos pasaron, y Chika aún estaba recostada sobre aquella gran raíz, mientras escuchaba los sonidos de los pequeños animales. Estaba inquieta, más de lo normal. Su mente no procesaba aún lo que podría suceder ¿Vería a su madre otra vez? ¿Volvería a la vida? ¿Eso era un sueño? Esas preguntas pasaban por su cabeza. Lo más importante, era que ya no había vuelta atrás, era hora de actuar y lo haría sin importar qué.

En ese momento, un movimiento comenzó a generarse en los arbustos que estaban al frente de la chica. Se levantó prevenida, pero para su alivio se trataba de Ariadna. Ya no disfrazada de ningún animal, ahora sí en su forma humana, cargando dos palas en sus manos.

—Bueno, es hora, Chika.

Así, la joven tomó uno de esos objetos y comenzó a cavar junto a su acompañante en aquel suelo áspero y pálido. Su corazón se aceleraba conforme más bajaban el nivel de la tierra. Ariadna parecía calmada, pero Chika, esa joven apenas podía mantenerse en pie por la idea de lo que vendría si lograba hacer su cometido. Así, llegaron al objetivo, una caja que cabía en dos manos adultas, tallada de madera. Sin embargo, encadenada por todos lados, algo que impedía siquiera ver cómo eran las curvilíneas de hierro que rodeaban la caja.

—Bien, es hora, Chika.

Ariadna se lanzó al agujero que habían formado para tomar la caja. Salió de ahí con la misma facilidad con la que entró para poner el objeto sobre una de las ramas del gran árbol.

—Ya sabes cómo funciona, esta caja está sellada con fuertes cargas de aura. Sin embargo, si le colocamos la cadena que conseguiste, sumado a las corrientes de aura que pasan por el Wagandea, la caja se sobrecarga y le permitirá abrirse. Todo lo que debes hacer es saber colocar la cantidad de aura adecuada, Chika.

—No se preocupe por eso, profesora —así, la joven amarró esas cadenas al objeto en cuestión, dejando un extremo del cual agarró para luego alejarse—. No voy a fallar.

Con rostro calmado, intentó respirar profundo para así canalizar todas las energías que podría utilizar.

—Recuerda la técnica cuando te dije que practicaras con la fruta. Concentra el aura y siéntelo fluir por tu cuerpo.

Así como la mayor decía, hizo lo realizó. Cerró los ojos para hacer caso omiso a cualquier distracción, se concentró en las sensaciones, en los flujos de aura recorrer. Sintiendo la presencia, es como si las viera. Comenzó a notar esas corrientes que iban y venían por su cuerpo, en el cuerpo de su acompañante, en el árbol, en el suelo, y sobre todo en la caja. Parecía ver al frente suyo una gran luz proviniendo del objeto, como dos fuerzas chocando una con la otra. De esta forma, Chika comenzó a infligir aura a la caja y todo empezó a temblar.

Ariadna no era una bruja de espíritu, pero podía ver claramente cómo aquellas cadenas empezaron a brillar, grietas se formaron en las raíces del árbol y la caja, pequeña y débil, temblaba de manera inmensa mientras daba estruendos que se escuchaban a lo lejos y límites del bosque. Las cadenas que la rodeaban se estaban agrietando y quebrando, mientras que la tapa se intentaba abrir.

—Vamos, Chika. Puedes hacerlo.

La joven sentía esa energía, era tanta, tan alta y poderosa. Sentía como si sus brazos se los llevara aquella caja también, pero no era así. Ya estaba llegando al punto final, las cadenas eran más las que cedían, ya todo eso parecía un espectáculo de luces púrpuras y amarillas que ahuyentaron a todos los animales cercanos. En ese momento, la caja cedió.

—¡AH!

Y con el grito de Chika, una explosión se creó en la zona dejando un estruendo, proveniente de la caja que estalló y creó una gran nube de humo. La chica y la mujer fueron empujadas por ese choque y se estrellaron contra dos árboles, mientras alzaban la mirada y veían cómo esa nube se levantaba.

—Finalmente...

Haciendo caso omiso a lo que dijo Ariadana, Chika se levantó para acercarse a aquella nube de polvo. Las pequeñas partículas se mentían por su nariz y boca, la hacían toser. Intentaba ver algo por aquel lugar, tanteaba de manera inquieta y agitada. Quería verla, si eso era real, ya quería verla. Los segundos que se estaba tomando aquella nube para disiparse, eran siglos para Chika. Pero no pasó mucho, y aquella nube se disipó. Así, Chika la vio delante de sí.

—¿M-mamá?

Honoka, con la misma bata de aquella noche, las mismas vestimentas, el mismo porte, todo, se levantaba delante de ella. La joven la vio, mientras las lágrimas salían de la comisura de sus ojos. Era como haberse devuelto en el tiempo aquella noche y haberla traído de vuelta. En ese momento, Chika lloró, y Ariadna reía silenciosa desde el lugar donde estaba.