—M-mamá...
Chika, con lentitud comenzó a acercarse a quien se levantaba delante de ella. Las risas de Ariadna a unos metros atrás eran imperceptibles. Lo único que giraba en su cabeza era la mujer que tenía enfrente. Se levantaba imponente y se acercaba a ella con lentitud.
—Y-yo... —las palabras de Chika temblaban, y ya no podía retener las lágrimas—. Te extrañé mucho...
Quiso lanzarse para abrazarla. Lo que recibió de parte de la mujer fue un golpe en el costado de su cuerpo, que la lanzó hacia uno de los árboles que tenía al lado. Su cuerpo se chocó contra el tronco, sintió cómo perdió el aire momentáneamente por aquel suceso.
Levantó su mirada temblorosa, y la vio. Era su madre, Honoka, de pie delante de ella. La misma que vio hace tantos años. Pero ¿Por qué? ¿Por qué le hizo eso? ¿En serio era ella?
—...¿Quién eres?
—Lamento decepcionarte, niña.
—A-ariadna.
Antes de que la chica pidiera ayuda, vio cómo la mujer de cabellos oscuros se posicionó detrás de la atacante. Confundida, lo que escuchó la dejó helada:
—Todo está listo, Cerny. Zeya y Benton van camino a Luna Nova y ya han hecho todos los preparativos.
—Bien —dijo aquella con el cuerpo de Honoka—. Entonces podemos partir.
—¿Cerny?... ¡¿Qué hiciste con mi mamá?!
Ambas se detuvieron en el lugar. Chika se encontraba de pie, con los puños cerrados, con disposición de atacar.
—...La idiota de tu madre ya no está en este mundo, pero al menos me dejó su cuerpo para poder manipular. Ahora, te aconsejo que te quedes donde estés. No tengo buenos recuerdos de ti desde aquella noche.
Cerny y Ariadna le dieron la espalda. Chika se levantó tambaleando. Dio un gritó. Corrió hacia ellas pero recibió el mismo golpe en su estómago que la devolvió a donde partió. Cerny se acercaba.
—Todo hubiera salido excelente si no fuera por ti, mocosa.
Chika apenas podía respirar luego de aquel golpe. Se encontraba sobre sus extremidades, con ganas de vomitar y su respiración agotada. Alzó un poco la mirada, vio a Honoka, pero no era ella.
—Diez años encerrada en esa caja, ¡Diez años que pude haber aprovechado para lograr mi cometido! ¿Tanto te costaba quedarte en casa aquella noche? ¡¿Dime?!
El ataque empezó.
Uno, dos, tres, cuatro. Chika no pensaba, solo sentía el dolor de cada una de las patadas que Cerny le daba. Sus lágrimas se asomaban, mientras sentía el punzón de la punta del zapato de Honoka en su estómago, piernas y brazos. No era su madre, lo sabía. Pero igual dolía, dolía mucho. A ojos de ella, se veía como ella. Pero había sido engañada, había liberado a un monstruo, ayudó a hacerlo. No le daba tiempo siquiera para gritar. Un último golpe en su cabeza la dejó con la vista borrosa.
—¿Ya terminaste? Debemos irnos.
—...No, aún no —dijo la mujer, mientras miraba el cuerpo de la joven.
Las vestiduras las tenía rasgadas, moretones recién formados en todo el cuerpo y con un hilo de sangre deslizandose por el rostro. Con igual furia tomó el cuello de su camisa y la levantó.
—¿Qué piensas hacer?
—...Acabar esto de una buena vez y Honoka tendrá un boleto en primera fila para verlo.
Tomó el rostro colorado de Chika, para quebrar su cuello y acabar con su vida. Un hongo cayó del cielo, en medio de Cerny y Ariadna. Una nube de humos morados se formó y nubló la vista de todas. Sin embargo, Cerny sintió cómo dos chicas bajaron y tomaron a la joven malherida. Sintió cómo salieron de aquel humo en la escoba e intentaban escapar. No las atacó.
—Cerny ¡Se escapan!
El humo ya se estaba disipando, y Ariadna alcanzaba a ver a dos escobas sobrevolando el cielo.
—Déjalas, ya llegaremos a Luna Nova.
En los cielos, iba Lotte cargando en su espalda a Chika. A su lado iba Sucy haciendo lo mismo con Akko. Iban a la mayor velocidad que podían permitirse.
—¿Cómo está Chika, Lotte?
—No la puedo revisar ahora, pero no parece estar nada bien.
—No debemos demorar mucho tiempo. Debemos ir ya a la línea ley —dijo Sucy, mientras veía el cuerpo de Chika inconsciente y recostada sobre Lotte.
Las escobas alcanzaron la mayor altura posible dejando atrás los terrenos del arcturus. Se abrió el portal de la línea ley frente a ellas para luego pasar por ahí.
..
En la academia, las exposiciones ya habían empezado. Varias estudiantes se encontraban paseando por los caminos que se formaban para ver las distintas stands de sus compañeras. Había algunas que se robaban el show, otras que no les iba tan bien y por último algunos que estaban haciendo ideas de negocio con sus trucos. Las maestras se envolvieron en esa dinámica admirando las maravillas de sus estudiantes (siendo las clientes estrella para las estudiantes, pues quién no querría unos puntos extras para su materia).
A las entradas del edificio, con vista panorámica de todo lo que sucedía, se encontraban Chariot y Holbrooke, admirando el evento desde lo lejos.
—Extrañaba ver esto, era mi evento favorito de mis épocas de escuela.
—Sin duda te llevabas el show, Chariot —comentó la directora—. Después de todo lo que ocasionaste, resultó ser una tarde muy loca.
—Si lo dice así, no me hace sentir muy orgullosa, directora —dijo Chariot con un suspiro.
—Puede que tú no, pero yo sí.
Ante el comentario de Holbrooke, los ojos de Chariot brillaron.
A lo lejos, en la entrada de la línea ley de la escuela se abrió el portal. Nadie esperaba aquello, además con la violencia con la que se abrió era poco inusual. Las estudiantes voltearon a ver de qué se trataba, el sonido al este de la zona donde estaban. Las dos mujeres que estaban a la entrada del edificio comenzaron a moverse hacia el lugar, así como los minotauros y trolls preparados para enfrentar a cualquier intruso.
—¡AAAAAH!
Con aquel grito, las cuatro estudiantes llegaron en escoba, aterrizando de manera forzosa sobre el césped debido a la velocidad que llevaban. Chariot y Holbrooke se acercaron lo más rápido que podían, mientras que los trolls auxiliaban a las recién llegadas, y las demás incluyendo profesoras y estudiantes llegaban a lo lejos.
—¡Chicas! ¿Están-
Las palabras de Chariot se detuvieron al ver a Chika, inconsciente y cubierta en su sangre, raspones y morados, mientras que sus vestiduras estaban rasgadas y su cara hinchada. Fue colocada en el piso por los trolls mientras llamaban a las demás hadas para darle primeros auxilios. No pasó mucho tiempo hasta que la bruja enfermera de la academia llegó. El resto de las profesoras intentaban alejar a las demás estudiantes de la escena. Amanda y su equipo, así como Hannah y Bárbara, no podían quedarse quietas después de ver a lo lejos aquello, pero las profesoras impedían su paso. Diana, por otro lado, estaba congelada.
—Bien, todas apártense.
La enfermera tomó una jeringa inmensa de aluminio para clavarla en el pecho de Chika. No se podía ver el contenido del artefacto, pero se escuchó que algo se estaba extrayendo, para empezar luego a ayudarla. Akko, Sucy y Lotte tuvieron que alejarse con Chariot. Holbrooke fue la única que se acercó.
Por otro lado, el grupo de estudiantes estaba inquieto.
—¡Necesito ver cómo está!
—¡Amanda! —exclamó Finnelan mientras se colocaba delante de la pelirroja quien ya iba a iniciar a correr—. Cálmate, estás alborotando a las demás.
—¡¿Cómo pide que me calme mientras Chika está así?!
—... —Constanze jaló de la falda de Amanda, la pelirroja la miró y veía las palabras en su rostro "Cálmate, por favor".
—...No es justo —dijo la pelirroja para sí misma mientras contenía su frustración.
Más adelante, la directora vio con horror a su estudiante, para girar enseguida hacia la castaña.
—Kagari, dime quién hizo esto ¿Cómo pasó?
Akko guardó silencio unos segundos mientras procesaba lo que vio. Sucy y Lotte tocaron su espalda, dando el empujón que necesitaba.
—Nos enteramos que se había desviado al Bosque Arcturus antes de venir aquí. La encontramos a los pies del árbol Wagandea siendo... —tragó saliva antes de continuar—. Golpeada por dos mujeres.
—Una era alta y con cabellos oscuros. No sabíamos quién era —dijo Sucy.
—La otra era... Honoka, su madre. La estaba golpeando...
Con estas palabras de Lotte, Chariot y Holbrooke sintieron que sus corazones se detenían.
—P-pero... ¿Honoka no?
—No era Honoka, Chariot... Era Cerny, Cerny Bell.
—Pero, se supone que ella estaba sellada ¿No?
—Sí, y acaba de ser liberada.
A lo lejos, Nelson estaba en el centro de las profesoras. Con su megáfono particular, indicaba a las estudiantes a guardar distancia. Intentaba calmar los humos, pero era un trabajo casi imposible viendo lo que acaba de pasar.
—Profesora Finnelan, ¿Qué hacemos ahora?
Esa pregunta era la que llegaba a la maestra, no solo a ella, sino a todas quienes estaban intentando reagrupar a las estudiantes dentro de la academia, pero cuyos intentos poco efecto tenían.
—Directora —llamó la enfermera a Miranda—. Pude estabilizarla, pero necesita un equipo médico de manera urgente.
—Creo que lo mejor será evacuar a las estudiantes junto a Chika —Chariot se añadió a la conversación, mientras Akko y su equipo expectaban—. Cerny no dudará en llegar aquí, y no sabemos qué pueda hacer a las alumnas si lo hace.
—Si es así, necesito que dirijas a las estudiantes.
—¿Eh? ¿Yo?
—Cerny es una criminal y terrorista, debes ir a la academia Appleton y comentarlo al ministro de defensa —decía la directora mientras se acercaba a la pelirroja—. Él nos brindará ayuda y ayudará a las estudiantes a volver con sus familias, al menos mientras todo esto pasa.
—Y-yo... Lo haré.
Así fue. Todas comenzaron a ser agrupadas gracias a Nelson en distintos grupos. Eran una gran cantidad de estudiantes, así que la profesora decidió armar varias organizaciones con forma de V, para que así todas fueran lideradas por una de las profesoras. Así se encontraban dispuestas. Las hadas y trolls tuvieron que escapar por otra ruta siendo dirigida por otras dos profesoras. En el campus, solo quedaban las distintas filas en V preparadas en escoba a punto de despegar y pasar por el portal de la línea ley. El principal que iba a la cabeza de todos, era el dirigido por Nelson quien cargaba a Chika detrás, acompañada por la enfermera quien iba detrás para atender cualquier situación que se presente en vuelo con Chika.
—Bien ¡Es hora de despegar!
El primer grupo, cuya cabeza la llevaba Nelson, dio un pequeño salto y quedó flotando en el aire.
—Me vas comunicando para ir dirigiendolas, Nelson —dijo la directora, quien estaba al lado de la profesora en la V principal.
—¿Está segura de esto, directora?
—No te preocupes, me uniré a usted en el último grupo ¡Ahora ve!
Así pasaron los grupos. Primero el grupo A, le siguió el B, el C, y por último quedaba el grupo G, dirigido por Chariot , mientras se ubicaban delante del portal que abría paso a la línea ley.
—Bien, todas prepárense.
Las estudiantes, con un pequeño salto, se elevaron. Dos hileras más atrás, estaba Akko y sus amigas, con la primera siendo llevada por Lotte en su escoba.
—Espero Chika se encuentre bien.
—¡Claro que se encuentra bien, Akko! —respondió Hannah—. Ella... Tiene que estarlo.
—No perdonaré a quien sea que hizo esto —dijo Amanda, mientras recibía miradas preocupadas de sus compañeras de cuarto.
—Ahora... Debemos enfocarnos en escapar.
Con estas palabras de Diana, aquel último grupo comenzó a avanzar. Delante de todas, y al lado de Chariot, iba la directora cuya mirada estaba baja desde hace unos momentos. Eso no pasó desapercibida para la profesora.
—Directora, ¿Sucede algo?
—Cuida mucho a mis estudiantes, Chariot. Espero que la próxima directora lleve el legado de Luna Nova mejor como lo hice yo.
Lágrimas cayeron de los ojos de la anciana. Desapareció delante Chariot, dándose cuenta la profesora que siempre se trató de una ilusión, Holbrooke nunca estuvo al lado de ella. Por el contrario, siempre estuvo sentada en la entrada de la academia, viendo cómo los grupos se iban. Nunca fue su intención irse, sino quedarse y enfrentar lo que hace años creó. Cuando Chariot se dio cuenta, ya estaba dentro de la línea ley con las estudiantes.
—¡Directora! —gritó la profesora.
Las estudiantes se sorprendieron y se confundieron. A sus espaldas, la entrada que daba con Luna Nova se quebró. La terminal línea ley de Luna Nova había sido sellada. La verdadera Miranda se había quedado sentada en las escaleras de la academia, esperando, solo esperando.
...
A varios kilómetros de la lejanía, iba la profesora Nelson a la punta del triángulo principal del cual iban varias estudiantes. Ya estaban elevadas en los aires con bastante altura, permitiendo poder ver las extensiones de tierras amplias y prósperas, con árboles y llanos verdes. Más allá estaría la academia Appleton. De vez en cuando volvía a ver a las estudiantes y a los demás grupos que la seguían. En ese momento, vio cómo un portal de línea ley se abría, saliendo el grupo de Chariot de ahí. Nelson no dudó en un momento y tomó su esfera de cristal.
—Nelson a Chariot, responda profesora.
La profesora pelirroja comenzó a sentir una vibración en su bolso. Husmeando ahí dentro, tomó la esfera y comenzó a escuchar de ahí la voz de la profesora Finnelan.
—Chariot, ¿Me escuchas?
—...Fuerte y claro.
—Bien, ya estamos-
—¡Profesora! ¡¿Cómo está Chika?! —gritó Akko varias filas atrás para ser silenciada por Sucy quien enrolló ramas en su boca. Desde la punta Chariot veía cómo la castaña golpeteaba a la pálida.
—¿Esa fue Kagari?
—Sí, jejeje
—Esa niña... En fin, le decía que ya estaríamos todos. Cuando lleguemos a la academia, comentaré toda la situación al ministro y las ayudaré a aterrizar. En el momento que toquemos tierra, tú y la directora tomarán el manejo de la situación.
—...Sobre eso...
Un hilo de silencio salía de esa esfera. Nelson se quedó en silencio también, esperando una respuesta que no llegaba. Su mente barajó las posibilidades, pero solo una respuesta pudo formular su mente.
—¿La directora se quedó en la academia?
...
Allí se encontraba aquella anciana, sentada en las escaleras de la entrada de la academia, aún esperando pacientemente. Tarareaba una canción mientras jugaba con las mangas de su chaqueta roja. Su padre la cantaba mucho y se tranquilizaba cuando la escuchaba, le hacía recordar sus épocas de juventud, ya hacía 150 años... ¿O eran 165? Ya ni podía recordar, aquel hecho le sacaba muchas risas cuando hacía sus quehaceres en su oficina. Pero, ya no estaba en su oficina, estaba sentada a las afueras, sola, rodeada de árboles, stands abandonados y nubes. Entre las mismas, vio cuatro figuras acercándose en escoba.
No tardó mucho hasta que aquellas siluetas se detallaron, y un minuto después, aterrizaron en los terrenos de Luna Nova. Holbrooke alzó la mirada y los vio, ahí paró de tararear su canción.
—Zeya, Benton y Ariadna... Así que ustedes eran los fugitivos de los que hablaba el ministerio. Después de que hicimos un funeral y todo en su nombre.
—Es a mí a quien te tienes que dirigir ahora, Miranda.
—Cerny, cuanto tiempo... Es curioso hablar contigo pero que sea a Honoka quien veo.
—Echale la culpa a esa cabeza hueca. No se le ocurrió mejor movimiento que destruir mi cuerpo y encerrarme en el suyo —dijo Cerny con ceño fruncido—. De todos modos ¿Qué haces aquí? ¿Por qué no te fuiste con tus alumnas?
—Ellas estarán a salvo, y yo me encargaré de retenerte para que ellas puedan alejarse —dijo Miranda mientras se ponía de pie.
—¿Por qué querría hacerle algo a esas niñas? A menos que quieran interrumpir mis planes, no tengo nada en contra de ellas. Tampoco las iré a buscar.
—Puede que no hoy, pero mañana no lo sabré. Mientras esos objetivos tuyos sigan de pie, no hay nadie a salvo… Ni siquiera las brujas o magos.
—¡¿Cómo te atreves a decir eso?! —exclamó Ariadna, pero fue detenida por Cerny quien puso su brazo delante de ella, indicando que lo dejara pasar.
—Te equivocas en eso, Hoolbroke —comenzó a decir Cerny dirigiéndose a la anciana—. En el mundo que crearé las brujas y magos no tendrán más que temer. Siempre quería que lo vieras, pero eras demasiado ciega, y aún después de tantos años lo sigues siendo.
—No me hagas reír...
—¿Tanto te cuesta aceptar la realidad? ¿Tanto te cuesta ver cómo la magia se estaba debilitando?
—¡Se debilitó por ti! —sentenció Hoolbroke con una voz que hizo estremecer a los tres acompañantes de Cerny—. Dependemos de la piedra filosofal para hacer magia, para practicarla, nos vimos obligados a usar varitas, y el flujo mágico en el mundo simplemente se redujo ¡Todo porque interrumpiste el hechizo del equilibrio! ¡Porque prefieres poner tus deseos egoístas de tener los brazaletes por encima del mundo mágico!
—¡¿Egoísta?! Todo lo que he hecho lo hice por las brujas y magos ¡La magia ya estaba débil incluso mucho antes de intentar hacer el hechizo del equilibrio! Incluso haciéndolo no se solucionaría.
—Eso no lo sabes.
—Claro que lo sé —con ceño fruncido, Cerny se comenzó a acercar con paso decidido hacia la anciana—. He visto suficiente para saber que es así.
La posición de Holbrooke detuvo el caminar de Cerny. Delante de ella, la directora alzaba su varita luminosa apuntandola. Veía claramente las intenciones, no podrían solucionar eso hablando, era muy tarde para eso.
—...Me darás los brazaletes del caos, haré el hechizo del equilibrio y luego serás encerrada, eso es lo que pasará.
—Siempre tan terca... ¿Sabes qué? Te daré una oportunidad.
Cerny giró para darle la espalda a la anciana, para comenzar a caminar en dirección hacia sus compañeros. Con elegante movimiento se quitó los dos brazaletes que tenía portando en sus brazos, para luego entregarlo a Ariadna quien estaba al frente suyo.
—Si ella me llega a vencer, se los entregas. Sin dudarlo.
—¿Estás segura de esto Cerny? —preguntó Zeya.
—No pienso echar a la basura todo lo que hemos logrado —apoyó Benton.
—Y no será así —respondió la mujer.
Detrás de sí, vio a Holbrooke acercándose poco a poco con mirada decidida. Cerny giró para luego tomar camino a donde estaba ella. Así, las dos caminando y acercándose poco a poco, las tensiones subían entre aquellas dos mujeres.
—Si logras vencerme, Ariadna te entregará los brazaletes. Sin trucos, ni juegos.
—Me parece bien —dijo la directora con una sonrisa.
—Entonces comencemos.
