El campus de la academia Appleton recordaba al de Luna Nova en sus años prósperos. Los conjuntos del edificio se alzaban inmensos ante las llanuras, mientras eran conectados por caminos de concretos amplios y extensos. Aquellas estructuras que iban en fila como si fuesen un círculo, rodeaban aquel templo de estilo gótico el cual se trataba del edificio principal de la academia. Al lado, había un espacio amplio y con suelo de concreto. Allí pasaban la mayoría de estudiantes para descansar durante el tiempo libre (exceptuando los que querían estar más solos. Para ellos estaban los puentes que daban con las limitaciones de la academia, rodeados de diferentes árboles y plantas que circundaban las instalaciones).
En esa zona amplia iban caminando Andrew Hanbridge de 17 años, con el uniforme de su academia acompañado por Frank, también portando el uniforme y ambos llevando dos carpetas bajo su brazo.
—Ah, no puedo creer que el profesor nos pusiera este trabajo —dijo Frank con un suspiro.
—Deja de quejarte, míralo como una oportunidad para ganar puntos. No es que te vaya muy bien con él después de todo.
—Sus clases son un somnífero, Andrew —respondió el chico rubio para luego mirar con ilusión el cielo—. Si no fuera por esta tarea, estaríamos en Luna Nova visitando el evento que están celebrando.
—¿Estaríamos?
—¡Estaríamos! Porque tú irías conmigo —dijo Frank con una sonrisa.
—Tengo asuntos más importantes pendientes, además, ni que te interesara mucho la magia. Solo irías allá por Lotte.
—¡Eso no tiene nada que ver! Además, sé que también querrías ir porque Akko está por allá, galán.
—¿Perdón? —dijo el chico alzando una ceja.
—Sé sincero y admite que te gusta.
—No.
—Vaya que eres obstinado.
En ese momento, un estruendo sonó en el cielo. Ambos chicos alzaron la mirada para ver que desde el horizonte, un grupo de brujas llegaba en escoba hacia la academia. Parecía un ejército completo, y no pasó mucho hasta que los estudiantes dentro de los edificios escucharon aquel estruendo también. Todos comenzaron a asomarse por los ventanales, viendo cómo aterriza el primer grupo en el campus, luego el segundo, el tercero y así hasta llegar al último. Cuando se dieron cuenta. todo el campus estaba lleno de aquellas jóvenes con sus uniformes de brujas junto a sus profesoras. Presenciando en primera fila, estaban Andrew y Frank.
—Pero... ¿De qué va todo esto?
Ante la pregunta del joven de cabellos rubios, salió la profesora Chariot en nombre de todas.
—Andrew, Frank. Necesitamos su ayuda, ¿Dónde podemos encontrar al señor Blackwell?
—No es necesario que me manden a llamar —Ante las palabras, los tres giraron encontrándose con el director de la academia y ministro de defensa del país—. Bruja ¿Qué es todo esto?
...
Al pasar las horas, todas las estudiantes se ubicaron alrededor del campus con ayuda de los profesores tanto de Luna Nova como de Appleton. No demoraron mucho hasta que las caravanas de la policía británica llegaron al lugar. Con el transcurrir del día, se les dio la oportunidad a las estudiantes de contactarse con su familia para avisar de su situación, y poco a poco, gran parte de las jóvenes brujas del plantel de Luna Nova, comenzaron a ser llevadas por la policía a sus hogares donde estarían mejor que aquella academia. Muchas otras que eran extranjeras tuvieron que quedarse puesto que la evacuación tardaría mucho más, y otras se quedaron por voluntad propia, aunque este grupo solo se trataba de nueve estudiantes, tratándose de las amigas de Chika.
Lo que sería un día rutinario más en la Academia Appleton, se convirtió en una odisea en donde todos los directivos de la academia, ubicados en el centro de administración de la misma, escuchaban atentamente lo sucedido. Una sala casi cerrada, solo se dejaban iluminar por las lámparas que guindan y con una gran mesa en el medio, así como un gran escritorio al fondo, era aquella habitación. Chariot estaba al frente de todos.
—¿La directora se encuentra allá en este momento? —preguntó Blackwell quien estaba en la punta de la mesa donde se encontraban los directivos.
—Sí, decidió quedarse para enfrentarse a Cerny.
—Qué imprudente. Bien, si es así la situación deberemos mandar un pelotón de la policía para acabar con esa criminal.
—Señor ministro, me temo que eso no es suficiente —la bruja ganó las miradas de todos—. Cerny es una criminal peligrosa, con un poder que ustedes no pueden comprender. Si envían un pelotón de policía lo más probable es que morirán a penas se acerquen a ella ¡Necesitamos las Fuerzas Delta!
—¿Fuerzas Delta? No me hagas reír. Es una simple bruja, ¿De acuerdo? Una bruja ¿Qué puede hacer una bruja contra un ejército de policías?
—¿Convertirlos en ranas? —dijo uno de los hombres de la mesa quién dejó salir una risa con su comentario a los dos que estaban a su lado.
—¡Esto es un tema serio! —aquella voz estruendosa los hizo callar—, es cierto que esa subdivisión del ejército está capacitada para tratar con brujas, pero eso no ha pasado desde la Gran Caza. En aquel entonces la magia era más poderosa ¿Pero qué puede hacer una de ustedes ahora que la magia es débil en el mundo? Considero que sería un malgasto en los recursos.
Pensó que desde el incidente con el misil, la manera en como esos directores tomarían la magia cambiaría, pero notó que no era así. Las Fuerzas Delta, subdivisión del ejército encargada de actos terroristas, era la mejor carta que podrían tener junto al apoyo del ministerio mágico, pero esa puerta estaría cerrada con aquel hombre al mando. Chariot intentó decir algo, pero las palabras de una mujer en la puerta la detuvieron:
—Cuanta obstinación tiene para ser un ministro de este país.
Las dos mujeres voltearon a la puerta, encontrando a una vieja conocida que dibujó una sonrisa en sus labios.
—¿Disculpe? ¿Quién es usted? —preguntó Blackwell.
—Tsubasa, Kira Tsubasa —dijo aquella mujer para acercarse al ministro—. Tengo permiso expedido por el ministerio mágico y alabado por el primer ministro de este país para dirigir la situación con usted, mientras el primer ministro no se encuentra.
—No es necesario tener una bruja a mi lado para saber cómo tengo que tomar mis decisiones.
—Deje de actuar como un niño y compórtese como el ministro que es.
—¡¿Qué dijiste-
—Por si no lo sabían los hombres de esta sala —ignorando a Blackwell y con ceño fruncido, Tsubasa comenzó a dirigirse a los demás directivos—, Cerny Bell es una terrorista, tiene en su mano un arma que es capaz de doblegar a todo el país si así lo desea.
—¿Cómo que un arma?
—Cómo escuchó, ministro. Es un arma mágica antigua que las naciones junto al ministerio mágico protegían y resguradaban, esa mujer la robó y ahora busca usarla en un plan que más vale detener si todos los presentes queremos vivir un día más.
—Pero... No tenía conocimiento de eso.
—Pues antes de tomar una decisión tan a la ligera, hubiese esperado a informarse mejor y luego medir las posibilidades. Si se supone que es el ministro, actúe como tal ¡El único imprudente en la sala es usted!
Con esas palabras, todos quedaron en silencio, desde Blackwell, los hombres en la mesa y la bruja quien expectó todo en silencio. Chariot vio los ojos de Tsubasa en esos segundos, se notaron en su expresión. Un cansancio e ira acumulados que estaba haciendo lo más posible por retener.
—Esperaremos a la llegada del Conde de Hanbridge antes de tomar cualquier decisión, mientras tanto, ayude a evacuar a las estudiantes lo más antes posible e informen a sus familias sobre la situación.
—Eso podría crear pánico —comentó uno de los hombres de la mesa.
—Tarde o temprano se enterarán, es mejor que sea por nosotros.
Y con estas palabras, Tsubasa se dirigió a la salida siendo acompañada por Chariot, dejando tras suyo al ministro y sus acompañantes completamente perplejos por lo que habían visto.
Afuera, iban caminando las dos juntas. Chariot miró de reojo a Tsubasa, se veía igual que hace unos años cuando la conoció en las veces que visitaba la academia a dictar un par de conferencias y colaborar con la directora Su carácter era envidiable por la mayoría de sus compañeras, ella no era la excepción. Fue la primera musa que conoció, con cuya relación se ha mantenido hasta estos momentos.
—...Se notaba que querías callar al ministro de una vez.
—Hice mi mayor esfuerzo para contenerme —dijo la mujer dando un suspiro y volviendo a su voz suave que la caracterizaba—. Ahora lo que más necesitamos es la colaboración de todos.
—Tsubasa... Sobre Chika.
—No te preocupes, Chariot —respondió Tsubasa dando una sonrisa sincera a la pelirroja—. Ya hablaremos sobre eso, ahora necesitamos enfocarnos en buscar ayuda lo más antes posible.
—¿A quién tienes en mente?
—...A una vieja conocida.
...
A las afueras de la academia, había bastante movimiento. Desde policías, grupos de estudiantes de Luna Nova siendo llevadas en camionetas hacia sus hogares y varios representantes legales en nombre de la institución discutiendo cómo darían la noticia (eso sin contar los reporteros independientes que llegaron cual cazadores para avisar sobre el suceso). Aunque el tema no era todavía tendencia en el país, con el ambiente, se veía que no faltaría mucho hasta ver en los titulares el éxodo de Luna Nova.
Alejados de ese bullicio, estaban Akko y sus amigas en el puente que conectaba las distintas zonas verdes que rodeaban la academia. Allí también se encontraban Andrew, Frank y Louis, recostados de espaldas sobre la barra mientras que las otras chicas estaban sentadas en el banco, o algunas igual recostadas.
—Así que eso pasó —dijo Andrew—. Me alegra que ninguna de ustedes haya salido herida.
—Vamos, vamos, esto tiene que ser una broma... —dijo Amanda con los ojos como platos.
—¿Qué sucede? —Andrew y todos la veían con expresiones preocupadas.
-Al final tú… —la chica pelirroja cubrió su rostro—. ¿Sí podías sonreír?
—¿En serio tu reacción fue por eso? —respondieron todas.
—¿Y acaso piensas que soy una maquina?
—He llegado a pensar que tú y Diana lo son.
—Muy graciosa —dijo la mencionada.
—Te lo dije, Amanda. ¡Me debes 100 libras! —exclamó Frank.
—¡Diana aún no lo ha hecho así que no te debo nada!
—¡Dejen de apostar con nosotros! —dijeron Andrew y Diana, dando un golpe en la cabeza a los dos, sacando una gota de sudor en todos los presentes.
—Pero, ¿Alguna sabe cómo se encuentra Chika? —preguntó Louis Blackwell.
—Hasta donde sabemos se encuentra estable —dijo Lotte.
—No nos han dejado verla, y hasta donde tenemos conocimiento su madre llegó —comentó Jasminka.
—¿Su madre? ¿Alguna bruja famosa? —preguntó Louis.
—Kira Tsubasa —confirmó Bárbara.
—¿Kira Tsubasa? —preguntó Frank incluyéndose en la conversación, ignorando el regaño que le estaba dando su amigo hace unos segundos—. ¡Yo la conozco! Legendaria bruja y perteneciente a las 9 musas de la generación del 95' ¡Su nombre resuena en el mundo mágico!
—Hasta ellos conocen su nombre y tú no, Akko. Vaya fallo.
—Déjame en paz, Sucy.
—Y supongo que planea combatir con esa tal Cerny ¿No? —dijo Andrew también incluyéndose en el grupo otra vez.
—Eso esperamos —apoyó Diana.
—¡Oye yo no he terminado contigo! —exclamó Amanda.
—Pues yo sí.
—¡Pues yo no!
Aquella discusión le sacó las risas a los presentes, aliviando así un poco el ambiente que se había formado. Ya necesitaban eso, pero aún así el estado de Chika permanecía en sus mentes constantemente.
…
A varios kilómetros del lugar, volando por los aires de aquel cielo despejado, iban Chariot y Tsubasa sobre sus escobas. Debajo, tenían una amplia vista de Loughton, un pequeño pueblo quedaba en el distrito de Essex, hacia el noreste de Londres. Muy pocas veces Tsubasa se había pasado por ahí, caso contrario del de Chariot quien le dio una mano a su compañera para llegar hasta el sitio.
—Bien, se supone que este es el pueblo. Pero ¿Sabes en dónde está exactamente?
—Bueno, sé dónde queda el pueblo. Pero la dirección del hogar de ella no la sé realmente.
—Creo recordar algo —dijo Tsubasa para luego alzar la mirada—… Hace años no nos encontramos, pero estoy segura que ella me dijo que pasaba la mayor parte de su tiempo en una cabaña del bosque Epping.
—Está justo al límite con este pueblo ¡Vamos hacia allá!
Tomaron el camino hacia este donde se extendía aquel gran bosque. Las ramas y las copas frondosas de un verde cegador no permitían a las mujeres ver desde donde estaban. Poco a poco descendieron hasta inmiscuirse dentro de aquella extensión de árboles. Comenzaron a volar dentro del bosque, estando su vista repleta de troncos altos y delgados, mientras que se respiraba una tranquilidad y el silencio abundaba por el lugar. Eso no duró mucho.
Una ráfaga de viento casi las empuja contra esos árboles. Levantaron la mirada y vieron la silueta de la autora. Tsubasa la siguió en escoba, la velocidad no fue problema. Chariot tomó otra ruta y acorraló al atacante.
—Create: obice —exclamó Chariot y una barrera se formó delante de ella.
La atacante chocó con la misma y cayó sobre un tronco. Tsubasa llegó segundos después y ahí estaban, las dos mujeres ante aquella quien las atacó segundos antes. Al descubrir su identidad, las dos quedaron perplejas.
—¡¿You?!
—H-hola.
Sonoda You, de 17 años, se levantaba en el lugar riendo nerviosamente mientras se sobaba la frente por el golpe que se dio cuando chocó con la barrera que creó Chariot. Ambas mujeres bajaron de sus escobas sobre aquella rama para dirigirse a la joven.
—¿Qué haces tan lejos de tu hogar?
—No estoy tan lejos, tía Tsubasa. Solo estaba practicando mientras mi mamá hacía unos quehaceres en la cabaña. Por cierto ¡Qué increíble volver a verlas! —exclamó la joven para así abrazar a ambas mujeres.
—Es también un placer volver a verte —dijo Tsubasa correspondiendo aquel gesto—, pero ahora no estamos de paseo.
—¿Dónde queda exactamente esa cabaña que nos dices, You? —preguntó Chariot.
—Permítanme y las guío.
Y con esto dicho, You comenzó a saltar de árbol en árbol en dirección al interior del bosque, mientras que era seguida por las dos adultas quienes iban en sus escobas. No tardaron mucho hasta que, metros más adelante, comenzaron a detallar su destino.
Entre el área de los árboles, había un terreno desprovisto de ellos, pero con los suelos llenos de césped, distintas plantas, animales y un gran jardín que se extendía orgulloso. Detrás de ello, una cabaña que recordaba a una casa de campo. Unas luces danzaban al son de una dulce y tierna voz que se escuchaba desde adentro de la cabaña. Aquella iluminación y la calma que daba el canto era simplemente acogedora. Las tres recién llegadas no pudieron evitar esbozar una sonrisa frente a ello, pero en ese momento, el canto paró y las luces desaparecieron.
—¿Traes visitas, You? —preguntó la mujer dentro de la cabaña.
—¡Sal de ahí, mamá! Vino la tía Tsubasa y la acompaña Chariot.
Con estas palabras, del lugar salió aquella mujer. Estatura mediana, piel pálida, cabellos grisáceos que se extendían por todo su cuerpo, una tierna risa y ojos dorados, parecía una joven de veinte años que estaba recién graduada de su universidad. Con su caminar animado, su rostro se iluminó al ver las visitas que tenían.
—¡Chicas! Tanto tiempo.
—Lo mismo decimos, Kotori.
Minami Kotori, de 38 años, se acercó a paso lento hacia las vistas. La elegancia de su andar desbordaba los sentimientos y las enseñanzas que por años recibió cuando estaba pequeña, digna de ser proveniente de la casa Minami, la familia portadora de la magia elemental del viento.
—Es lindo volver a verte.
Kotori las abrazó a ambas, siendo este gesto correspondido por las otras dos mujeres.
—Lo mismo pienso. Me atrapan ahorita preparando un té ¿Me trajiste los ingredientes que te pedí, You?
—¡Sí! Aquí los tengo —dijo la chica señalando su bolsa.
—¡Bien! Entonces pueden pasar para poder atenderlas como es debido.
—Me temo, Kotori… Que no estamos aquí de visita.
La mujer notó enseguida aquel semblante en el rostro de Chariot.
—¿Pasó algo?
—Cerny, eso pasó…
—¡¿Fue liberada?! —exclamó Kotori, desapareciendo en el instante ese rostro aliviado que tenía—. No puede ser, pero aún así… Tsubasa, déjame explicar-
—No hay nada que explicar, por ahora —dijo la mujer deteniendo a su compañera.
—¿Cómo está Chika? —Preguntó You con igual expresión preocupada.
—Está… En un estado delicado —respondió Chariot.
—Lo siento mucho, Tsubasa —dijo la mujer mientras bajaba la mirada ante su amiga quien tenía enfrente.
—No te preocupes. Lo más importante ahora es saber cómo nos vamos a enfrentar a Cerny.
—Creo que tengo lo que necesitas.
—¿Qué sería? —preguntó Chariot intrigada.
—Si queremos derrotarla, necesitamos el mayor apoyo posible, y solo se me ocurre un grupo de brujas que pueda enfrentar esto —sentenció Kotori con una sonrisa en su rostro—, es hora de reunirse otra vez.
...
A miles de kilómetros de allí, el campus de la academia Luna Nova parecía haber experimentado un bombardeo del ejército. Donde antes habían decoraciones de stands, pancartas y banderas, ahora solo había tierra levantada, grietas, madera y objetos destruidos o cabeza abajo. Entre todo eso, dos hechiceros y una bruja estaban al fondo, sin creer lo que veían.
—...Al final lo logró —alcanzó a decir Benton.
Ariadna comenzó a acercarse con paso lento, pero decidido. Así, se dirigió a Cerny.
—…¿Qué haremos con el cuerpo?
—Entierrenlo… Es lo mejor que podemos hacer.
Así, aquella mujer procedió a entrar dentro de las instalaciones de la academia, dejando atrás a Ariadna junto al cuerpo sin vida de la una vez fue directora de esa institución: Miranda Holbrook.
