Entre los pasillos de la academia Appleton, aún quedaban estudiantes que no pudieron partir hacia sus hogares. La gran mayoría aún esperaba, pero quienes eran extranjeras, tenían más complicado el traslado. Sin embargo, no se encontraban desoladas, ya que esos momentos sirvieron mucho para que los estudiantes de Appleton comenzaran a socializar con las jóvenes brujas, intentando reconfortar su incertidumbre. El odio hacia las mismas ya había casi desaparecido hace tiempo, pero nunca hubo un acercamiento de parte de los dos grupos. Irónicamente, fue en ese momento de ajetreo donde se comenzó a dar.

En sus rostros, se notaba una preocupación inmensa ¿Cómo una bruja sería capaz de hacer las cosas de las que se le acusa a Cerny? Se preguntaban los de Appleton, quienes siempre creyeron que la magia era débil y obsoleta. Se lo preguntaban las de Luna Nova, quienes siempre vieron a la magia como una fuente de vida y buenos sentimientos. Akko, quien aún sentada en aquel puente acompañados de sus amigos, tenía la mirada un poco perdida pensando en el estado de Chika y cómo estaban las cosas. Sucy y Lotte se percataron de ello en el momento, quienes estaban a su lado.

—No te preocupes, Akko. Ella es fuerte y muy pronto se recuperará —le dijo Lotte quien pareció le leyó la mente.

—Cree en ella, no es tan débil como para caer así —le apoyó Sucy.

—Muchas gracias, chicas —respondió Akko para abrazar a sus dos compañeras con una sonrisa.

—¿Por qué no la vas a visitar? Tal vez así se te pase la preocupación —aconsejó Frank.

—No estoy segura de que nos permitan eso, nos tienen aquí encerradas después de todo —comentó Amanda para luego comenzar a mirar de manera pícara a Diana—, a no ser que…

—Ni se te ocurra planear nada —respondió la joven al instante.

—Ten un poco de paciencia, Amanda —comentó Jasminka, siendo apoyada por Constanze.

—Creo que la maestra Chariot nos podría dar una mano con eso.

—No creo, Bárbara —respondió Hannah—. Debe estar ocupada con todo este problema.

—Es su deber. Ahora mismo lo más prudente que pueden hacer es esperar —dijo Andrew.

—No me gusta esperar —dijo Akko inflando sus mejillas.

—Pareces una niña.

—¡Tú eres el niño!

—¿A quién llamas niño?

—¡Los dos lo son! —dijo Diana interfiriendo entre el joven y la bruja, mientras los demás reían por el trío—. Pero, es cierto que lo mejor que podemos hacer es esperar.

—Veo que están un poco impacientes.

Ante aquellas palabras, los presentes alzaron la mirada para encontrar a Chariot llegando al lugar encima de su escoba.

—¡Maestra Chariot! ¿Sabe algo de Chika? —preguntó Akko animada al levantarse en seguida de su lugar.

—Por eso es que estoy aquí. Puedo permitir que la visiten para que vean cómo está.

—¡¿En serio?!

—Sí, pero no griten. Solo las llevaré a ustedes a petición de ella.

Todas emprendieron el camino con la profesora, pero antes de avanzar, Akko se detuvo en seco para girar hacia los dos chicos que se quedaron sentados en el lugar.

—¿No nos acompañan?

—Vayan ustedes, es su compañera después de todo —respondió Andrew a la castaña, quien asintió para luego despedirse.

En la sala de direcciones de la academia, aún se encontraban los directores de la misma debatiendo sobre la situación. Del lugar se habían ido varios, quienes solo cumplían papeles administrativos de la escuela, pero también llegaron algunos más quienes tenían altos cargos políticos. El ambiente que se respiraba era de tensión, siendo que había una acalorada discusión entre dos opciones: hacer caso a lo que dicen las brujas o tomar decisiones por su cuenta.

—Simplemente formamos tres pelotones, los enviamos en la noche para que ataquen por sorpresa y listo ¿No creen que sería más fácil? —Hablaba uno de ellos.

—No lo creo, Aron, esto de la magia últimamente... No sé... Nos ha dado bastante sorpresas. Primero, el misil que casi nos lleva a una guerra que, si no fuera por esas brujas que están aquí, hubiese sucedido, y ahora esto... ¿No creen que debemos tomarnos más en serio estas cosas?

—Sigo pensando que es una pérdida de tiempo y de recursos.

—No tienes por qué subestimarlas ¿Has visto alguna vez en tu vida cómo funciona esto en realidad? ¿Tienes idea de cómo funciona esa supuesta arma? ¿A quiénes crees que se le echará la culpa de todo si algo sale mal?

Lo que se suponía que sería un debate calmado y analizando cada aspecto, terminó siendo una pelea en donde cada uno discutía quién tenía la razón.

—¡Ya basta! —exclamó el ministro de defensa quien no había dicho nada hasta ese momento—. Ahora lo más inteligente que podemos hacer es esperar...

Todos se sorprendieron. No era muy raro ver a Blackwell con semblante malhumorado y a punto de arremeter contra cualquiera que lo estresara, pero en este caso, no era igual. Algo era diferente, no pasó desapercibido. Su mirada se notaba algo… Perdida. Sin embargo, ninguno se tomó el tiempo de pensar más al respecto puesto que escucharon cómo aquella puerta se abrió dando paso a dos mujeres. Una que ya habían visto antes y otra que era la primera vez que entraba a la sala.

—Señores, necesito su atención —comenzó a hablar Tsubasa mientras señalaba a la que, hasta ese momento, era desconocida para todos—. Les presento a Minami Kotori, bruja calificada. Ella nos va a ayudar a combatir a Cerny, además, cuenta con un plan.

Al escuchar la palabra "plan" todos se levantaron de sus asientos. Todo eso implicaba que ya conocían al enemigo a la perfección, tanto puntos fuertes como débiles, y simplificaron aún más el trabajo. Una puerta se abría para todos.

Por otro lado, en un pasillo un poco estrecho y desprovisto de ventanas, iba la profesora Chariot y sus estudiantes, acompañadas de un aura azul y nublada que daban los focos del camino, recordando a un hospital. Se trataba del ala de enfermería de Appleton, el cual recorrían hasta llegar a una puerta en específico, siendo este su destino.

—Bien, aquí es.

La profesora abrió la puerta. En la sala, las recién llegadas se encontraron con Chika acostada en una camilla hablando con otra joven que estaba sentada a su lado. Aparentaba la misma edad de todas, sus cabellos contaban con una tonalidad grisacea y falto de color, pero que era compensado con sus ojos, los cuales, vislumbra con un azul que recordaba al océano.

La manera en la que hablaba transmitía solo dos cosas: Alegría y optimismo. Todo eso dedicado a la joven postrada con varios vendajes en su cuerpo. Las cosas apuntaban que había una buena relación entre las dos, una conexión que se había forjado desde que las dos nacieron.

Chika notó la presencia de sus amigas en aquel instante.

—Oh, hola chicas, pasen —invitó Chika, con una sonrisa muy poco convencional—. Les presento a You-chan, mi mejor amiga. Nos conocemos desde que eramos niñas.

¡Hai! Es un placer conocerlas.

—El gusto es nuestro.

Todas se presentaron, una por una You se encantaba con las nuevas amigas de Chika. Las pequeñas discusiones o bromas que se hacían, como Amanda se la jugaba a Hannah y Barbara, la ternura de Constanze, las buenas vibras que daba Jasminka, la elegancia de Diana, gentileza de Lotte, la curiosidad que desprendía Sucy y los ánimos de Akko, fueron suficientes para dibujar una sonrisa en su rostro. Le recordaba mucho a cierto grupo de chicas que ya hace un tiempo no veía.

—¿Cómo la has pasado, Chika? —preguntó Akko.

—Al menos mejor que antes.

—Mi mamá hizo un hechizo que le adelantó la recuperación, aunque no la sanó del todo —explicó You.

—Tu madre debe ser bastante habilidosa —comentó Lotte.

—Sí, no es la magia en la que se enfoca pero ha estado practicando mucho. Sabe hacer lo básico para poder curar a las personas.

—Su madre perteneció al último grupo de nueve musas antes de que se aboliera el sistema, ya se pueden dar una idea —el comentario de Chariot tomó por sorpresa a todas.

La conversación se detuvo en el momento en que se escuchó un ruido en la puerta. Dos mujeres entraron a la sala.

—Y justo hablábamos de ustedes —dijo la profesora de cabellos rojos.

—Kira Tsubasa —comentó Diana.

—Y Minami Kotori —complementó Amanda.

—Al parecer mi hija tiene visitas —comentó Tsubasa con una sonrisa—. Realmente se lo agradezco, chicas. Pero hay un par de cosas que necesitamos hablar en este momento.

—¿Pasó algo, mamá?

—No te preocupes, Chika. Solo es algo que debemos aclarar.

Todas sintieron la pesadez en esas palabras. Con ello, podían darse idea de la razón del aura que desprendía Chika, pero no querían darle mucha vuelta al tema. Akko vio a su amiga postrada en la camilla, y supo que lo mejor era dar un espacio para que se aclarara un par de cosas. Ya pronto llegará su tiempo de hablar con ella y ayudarla, sin duda eso haría, pero aún no era el momento.

Al final todas se despidieron y salieron de la sala. En el lugar, solo quedaron Chariot, Tsubasa, Kotori y Chika. Siendo esto así, comenzaron a hablar con respecto a lo que sucedió.

—Bueno, Kotori. Creo que nos debes a Chika y a mí una explicación con respecto a lo que sucedió aquella noche… ¿Por qué el alma de Cerny está dentro del cuerpo de Honoka?

—Yo...

—Tía Kotori —dijo Chika, calmando el temblor que la mujer de cabellos grises tenía en sus manos y voz—, puede ser sincera con nosotras —cerró Chika con una sonrisa sincera.

Chariot se colocó al lado de la mujer para sobar su espalda, dándole fortaleza de poder mirar a Tsubasa a los ojos, y comenzar a relatar:

—Lo que sé, las chicas me lo contaron poco después de que despertara… Tanto Cerny como las demás estaban acorraladas en ese momento.

Las escenas comenzaron a volver, aquellas que creía que se mantendrían ocultas para siempre, pero aun así no lo fueron. Los sentimientos que trajeron aquella oscuridad se presentaban de igual forma, mientras los recuerdos volvían…

Así se disponían, Cerny enfrente de las nueve sumada Holbrook quien estaba al lado de Honoka en el centro de todas. Cerny no podía moverse, la presión que sentía sobre su cuerpo era inaguantable.

Tal vez los brazaletes le permitirían acabar con todas, desaparecerlas así como lo hizo con Umi, pero había un par de problemas: no sabía controlar aquellos artefactos y no estaba segura si usarlos para tal logro terminaría acabando su vida. No había bruja humana que soportara la energía de los brazaletes en su máximo poder, ni tampoco quien entendiera totalmente su funcionamiento, haciendo que toda la capacidad de los mismos sea limitada. Era la mayor debilidad de Cerny, y la mejor carta de Honoka y las demás. Pero, Cerny aún tenía un hecho jugando a su favor:

—Podrán inhabilitar mis movimientos, ¡Pero no me podrán quitar estos objetos!

Los Brazaletes del Caos se enlazan a tu alma para funcionar, es decir, nadie te los podrá remover si así no lo quieres. Además, si te llegaran a matar con los brazaletes puestos...

«Su alma se los llevaría consigo al más allá. E incluso en aquel lugar podrá usarlos para volver» los pensamientos de Holbrook acentuaron su expresión, aliviando la de Cerny.

—Lo ven ¿No? No tienen ninguna opción.

—Siempre hay una manera, Cerny —respondió Honoka.

—Tal vez, sellándola podamos detenerla.

—No lo permitirá, Nico —respondió Maki—. Puede evitarlo con la protección que le brinda los brazaletes.

—La única manera de enviarla al más allá sin que se lleve los brazaletes consigo…

—Es con el hechizo de Hades —complementó Rin las palabras de Hanayo.

—Aún así, necesitarán el poder del Grand Triskellion, es el único modo para realizar el hechizo del Hades. No creo que tengan el tiempo o la capacidad de romper el sello del Grand Triskellion, aún así estamos sobre él si les sirve de confort —comentario sarcástico de Cerny que fue callado por el aumento de presión sobre su cuerpo que la hizo arrodillar.

—No sería mala idea, el Grand Triskellion sigue sellado —dijo Nozomi—. Directora, Chariot Du Nord, ¡Tuvo que haber dejado la Claimoh Solais antes de desaparecer!

—No… La Claimoh Solais se perdió desde que Chariot se fue.

Otra camino cerrado. La mujer de cabellos naranjas, por su parte, le costaba quedarse quieta en ese momento. Miró a Cerny de reojo, y fue con paso firme hacia ella.

—¿A dónde vas, Rin? —preguntó Eli deteniendo el paso de la mujer.

—…Si me dedico a golpearla toda la noche, seguro no aguantará el dolor y terminará entregando los brazaletes.

—¡Rin-chan! —dijo Hanayo aterrada.

—¡Entonces díganme qué podemos hacer!

—Jajajaja —comenzó a reír Cerny arrodillada para que luego una carcajada de parte de ella llenara el lugar—. ¿Golpearme? ¿En serio? Ninguna de ustedes es tan fuerte como para ser capaz de torturar así sea a una mosca… No intentes engañarte, Rin.

La ira recorrió la cabeza de la chica gato mientras miraba a la mujer. Sin embargo, no pudo hacerle nada. Lejos de la rabia que pudiera tener, no podría golpearla o intentar humillarla estando ella indefensa. Cerny tenía razón.

—Debe haber alguna forma de reducir la protección que le da los brazaletes para sellarla siquiera —propuso Maki.

—No creo que haya forma, y mientras tenga esos brazaletes con energía rebosante, no hay forma de sellarla —dijo Holbrook.

—No será necesario —comentó Honoka mientras se acercaba a Cerny y quedaba justo delante de ella—, porque yo sí soy capaz de torturarla.

Al escuchar esas palabras, todas quedaron perplejas. Cerny levantó la vista con sus fuerzas, mientras miraba a la mujer. Su mirada estaba llena de una seriedad atemorizante. Muy pocas veces se veía a Honoka así, y cuando pasaba, todas sabían que no había nada que la detuviese. Pero, ¿era cierto? Aquella mujer no sería capaz de hacerle algo así… ¿Cierto?

—V-vamos, Honoka… No harías algo así.

—Honoka, esta no es la salida-

—Primero empezaré con tus brazos —dijo la mujer de cabellos castaños para aplicar una fuerza aplastadora al brazo derecho de Cerny, callando las palabras que Eli estaba a punto de decir—. Luego quebraré cada uno de los huesos de tu cuerpo. Tenemos toda la noche así que veremos quien aguanta más.

El pánico comenzó a apoderarse de Cerny. El dolor de aquella presión sobre su extremidad era insoportable, en serio sentía que se rompería su brazo. Y sin darse cuenta, la energía y protección que los brazaletes proyectaban sobre su cuerpo se debilitó. No era lo suficiente para sellarla, pero sí para que Honoka hiciera su movida.

—Caíste.

Y con una sonrisa traviesa, Honoka desintegró en fragmentos el cuerpo de Cerny, dejando solo en el lugar su alma. La mujer que estaba acorralada lo comprendió. Honoka nunca tuvo intenciones de torturarla, la manipuló para que el miedo le ganara y perdiera control sobre los brazaletes, por ende, la protección de los mismos. Pero, Honoka no podía tener el corazón tan frío como para fingir con tanta seriedad el querer torturar a alguien ¿No?... La verdad era que no, pero para ese trabajo se encargó Nico, quien jugó un papel en la manipulación con su magia de ilusiones, haciendo que Cerny cediera más al miedo y mirara a Honoka más atemorizante.

Así, Honoka tenía ante ella el espíritu de Cerny, con los brazaletes puestos en su brazo. Supo qué hacer, y al instante pronunció las palabras:

—¡Corporis: Siligum!

El espíritu de Cerny comenzó a ser absorbido por el cuerpo de Honoka. Aquella imagen la vieron todas, ver cómo esa silueta entraba por la boca y ojos de su amiga. Al final, el alma fue absorbida por completo por Honoka, quien pasó a portar los brazaletes en su brazo.

—Honoka… ¡¿Por qué?!

Ante la pregunta de Nozomi, ciertas palabras comenzaron a llegar a la mente de Hanayo, palabras que una vez su padre le dijo en una de sus tantas sesiones de estudio…

"¿Sellar un espíritu? ¡Déjate de tonterías, Hanayo! Es imposible sellar el alma de una persona o un espíritu. Solo hay una forma de hacer algo parecido, para realizarlo, el alma o espíritu en cuestión debe poseer un cuerpo suficientemente fuerte, para luego sellar el cuerpo que contiene el espíritu. Claro, la persona que se está poseyendo queda atrapada también junto a esa alma, pero bueno, no creo que te encuentres con un caso así, deberías estar muy acorralada para que eso suceda."

Las memorias de las palabras de su padre la sacaron de las lágrimas, pues sabía lo que significaba.

Todas veían como Honoka se retorcía para intentar tener control de su cuerpo el mayor tiempo posible, y temblaban atemorizadas ante el plan que Honoka estaba tratando de realizar.

—Saben que es la única forma —dijo la mujer mientras se arrodillaba con la respiración agitada.

—No te haremos eso, Honoka —dijo Rin.

—¡Debe haber otro camino! —apoyó Hanayo.

—¡No lo hay! —exclamó ella—. Los brazaletes siguen ligados al alma de Cerny, pero puedo reducir su energía mientras ella está en mi cuerpo para ser capaz de permitirles sellarla.

—Pero está en tu cuerpo, idiota ¡Tú también serás sellada!

—Lo sé, Nico… —respondió Honoka—. Pero si es así cómo puedo proteger a quienes amo, estoy dispuesta a aceptarlo.

Estas palabras, con aquella sonrisa que tanto la caracterizaba, puso a punto de soltar lágrimas a aquellas mujeres. Maki, Eli y Nozomi dieron un paso al frente.

—Puede invocar una caja de sello, ¿No, directora? —preguntó Eli.

—Sí, sí puedo.

—No pueden… —Nico veía a las tres mujeres—. ¡No pueden estar pensando en hacerlo!

—¡No hay otro camino! —sin verla a los ojos, Maki le estaba gritando.

—Es lo que hay que hacer, si es lo que Honoka quiere. No podemos perder tiempo discutiendo por nuestros sentimientos, sino afrontar la situación como podamos —comentó Eli.

—Eso significa ser una bruja —las últimas palabras que dijo Nozomi, estuvo acompañada por ese temblor en su voz, que dio justo en el interior de Nico, Hanayo y Rin.

A pesar que hablaban de esa forma, con esas palabras del deber, sus cuerpos temblaban y su voz se quebraba. No era necesario que las otras tres chicas las vieran a los ojos para saberlo: su llanto era inevitable, así como sus ganas de creer que había otra ruta.

Pero se estarían engañando si se aferraban a esa posibilidad.

—Alligatum…

Con las palabras de Hoolbroke, una caja apareció delante de ella, una pequeña.

Todas cerraron los ojos, no querían ver lo que pasaba. Kotori, por otro lado, descansaba inconsciente detrás de todas, pero con una mueca preocupada en su rostro. De alguna forma, sentía el presentimiento de lo que estaba a punto de suceder.

—¡In nomine chao!

Con esas palabras, la caja abrió como si tuviese vida propia. Ya abierta, una luz emergió de su interior para así comenzar a absorber las cosas que estaban al frente. Honoka estaba ahí, pero aún no era absorbida, no sin antes decir:

—Díganle a mi esposa e hija que las amo —recitó con unas lágrimas en su rostro—. Probablemente si saben que fui sellada intentarán liberarme y, no podemos permitir eso… Así que díganles que… Ya me he ido.

Con esta frase, su cuerpo comenzó a ser arrastrado por la absorción de la caja, así como las mujeres ya no eran capaces de soportar las lágrimas en sus ojos.

—Y… Gracias por todo, chicas.

Con una gran sonrisa se despedía la líder del grupo procediendo a ser consumida por la caja y siendo sellada dentro de la misma. Los ojos de sus amigas estaban cerrados, pero sus oídos bien abiertos a esas últimas palabras. Con impotencia, las lágrimas se filtraron. La luna seguía iluminando, los sonidos del bosque seguían sonando, pero el silencio era quebrado, por aquel mar de lágrimas y llanto de las mujeres. Ese día las marcaría a todas, puesto que ese mágico grupo de nueve que formaban todas, había quedado reducido a siete.

De esta forma, los recuerdos terminaron, así también lo hizo el relato, dejando un hilo de silencio en aquella sala de enfermería.

—...Creímos que esto ya había terminado, pero no contamos con que Zeya, Benton y Ariadna en realidad fingieron sus muertes y estaban del lado de Cerny… Yo… Lo siento mucho, Tsubasa.

Kotori se fue en lágrimas, así como Chariot. Pero, quienes más tenían el corazón dolido eran la viuda y su hija, quienes escuchaban atentas, pero tampoco pudieron contener las lágrimas.

—Honoka… Idiota —Fue lo único que pudo susurrar Tsubasa, para luego ir a darle un abrazo a su hija, el cual pedía a gritos.