CAPÍTULO II: RECELO E INTERÉS


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El interés es un juego inconsciente. En las mujeres genera intriga y en los hombres, recelo. Y el recelo en ellos, hace que la tentación sea incontenible.

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Ciertos rayos de luz caían por su habitación. Su cuerpo yacía tumbado en la cama, cubierto por sábanas de hilo fino. Tenía sueño. Estaba somnolienta. Aunque estaba con os ojos cerrados, podía oír perfectamente cada sonido del exterior. Como el canto de las aves, la luz tenue de su habitación, y ciertos movimientos en las afueras de su residencia.

Lentamente ella empezó a abrir los ojos.

—¡Señorita Bulma, despiértese!

Sus ojos azules de abrieron de golpe.

Sentándose en la cama, pudo visualizar cómo Milk entraba a la habitación y abría las cortinas con rapidez. No pudo evitar alzar una mano suya para taparse el rostro y evitar el contacto de la luz del sol.

—¿Qué pasa Milk? ¿Qué sucede?

—¿Acaso no se acuerda, señorita Bulma? —preguntó mientras sacaba un vestido de su armario.

Bulma ladeó la cabeza.

—¿Acordarme de qué, Milk?—preguntó. Fue cuestión de segundos para que su rostro pueda tornarse serio al ver cómo ella empezaba a preparar sus accesorios con rapidez. Sus delicados oídos escucharon varios carruajes pararse por su residencia—No me digas que han venido a darme regalos…

—Su madre está preparando todo para recibirlos, señorita Bulma.

Rápidamente Bulma se levantó de su cama y se posicionó en su ventana. La luz del sol iluminó su cuerpo y aquel vestido blanco de dormir. Su pecho se agitó al ver que afuera de su casa salían un sinfín de caballeros saliendo de su carruaje con ostentosos regalos en sus manos.

Ella se asustó.

Con deprisa, se volteó con dirección en Milk.

—Tienes que ayudarme a escapar, Milk.

Su doncella la miró con confusión mientras tenía en sus manos un juego de perlas.

—Pero, señorita Bulma, ¿acaso no quiere recibir….?

—¡Por supuesto que no! Sé perfectamente cómo es esa situación—respondió mientras empezaba a caminar de lado a lado. No pudo evitar poner un dedo en su boca mientras caminaba con desesperación. Sabía perfectamente que ella debería estar feliz de que caballeros vayan a la puerta de su hogar con una inmensa cantidad de presentes; sin embargo, ella no lo estaba—Yo misma lo viví cuando Tights recibía a los caballeros para aceptar sus regalos. Era angustiante. Recibir todos los regalos con la sonrisa más amable para darles alguna oportunidad de que aceptarás ser su esposa. De ninguna manera.

—Pero vea el lado bueno, señorita Bulma, al menos ya no tendrá que comprar más accesorios.

Bulma paró su paso mientras fijaba su vista en ella.

—Necesito salir…no pienso quedarme aquí y sentarme durante más de seis horas mientras entablo alguna conversación con caballeros y recibo con una sonrisa sus regalos. Tú sabes perfectamente la razón por la que no me gusta, Milk—enfatizó los último con cierto pesar.

Milk empezó a caminar con cierta pena hacia ella.

—Va a ser una experiencia totalmente diferente, señorita Bulma. Aquella vez se aprovecharon de usted porque era una debutante con tan solo quince años—dijo mientras acomodaba unos de sus desordenados mechones de su cabello suelto—Le va a encantar.

—Estoy totalmente segura que a ti no te gustará ver la casa llena de flores. Será mucho trabajo para ti limpiarlas. Sobre todo, al ver cómo los pétalos caen con facilidad.

—Esa es mi especialidad—soltó una risa.

Bulma la miró con reproche.

—¡No estás ayudando, Milk!

—Debería darle una oportunidad.

—Tal vez debería ir al campo, o la biblioteca, ¡o tal vez al teatro! ¡Sí! Necesito ir al-

—¡Bulma querida, no sabes el sinfín de caballeros que esperan en la casa! ¡Necesitas verlos! ¡Hasta han traído perritos! ¡Son de la raza Lazy! —dijo su madre mientras entraba con apuro por la puerta.

—Madre…

—¡Casi todos los caballeros son condes, vizcondes, barones! ¡¿Puedes creerlo querida?! Necesitas bajar, ¡rápido! —continuó mientras iba a su cambiador y buscaba los vestidos.

—Mamá…

—Milk, consigue algún vestido lila. El contraste que hará con su cabello turquesa será hermoso—dijo mientras volteaba y miraba a su hija estudiando su aspecto—Creo que te quedaría un hermoso moño.

—Mamá, yo no quiero…

—Shhh—puso un dedo en su boca—No intentes decirme que no querrás, querida, porque vas a ir.

—No pienso darles alguna esperanza, madre. Ni siquiera quiero casarme.

—Eso me lo dirás ahora, pero en un tiempo, no prolongado, querrás casarte, necesitarás casarte—enfatizó—lo mínimo que puedes hacer es asegurar pretendientes, querida.

—Pero mamá…

—Nada de peros, querida. Aparte, tu institutriz y yo te hemos criado como una plebeya. Que no vayas sería totalmente descortés—terminó mientras volteaba hacia su armario y empezó a buscar algunos vestidos.

Bulma miró a Milk , ella la miró. La peliazul no pudo evitar soltar un sonido de resignación mientras veía cómo su madre y Milk empezaban a elegir su vestuario para aceptar los presentes de los caballeros.

A veces desearía no haber sido mujer. Lo que menos quería presenciar, era ver cómo un simple hombre se moría con tan solo que ella respire o haga un discurso de una hora de lo hermoso y exótico que era su cabello.

Si hubiese sido hombre, estaba segura que tendría muchos más privilegios y beneficios que no tenía ninguna mujer en esta sociedad.

Miró el vestido lila que le enseñó su madre. No pudo evitar estudiar su vestido amarillo que ella traía, hacía juego con su cabello rubio. Se preguntaba cuanto tiempo tendría que estar sentada en el sillón y hablar con aquellos caballeros por obligación.

—Vamos, querida, los hombres no pueden esperar—dijo su madre.

Bulma sintió cómo Milk empezaba a ayudarla con los botones de su vestido. Ella solo se dejó, mientras maldecía por dentro.


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—Por favor, Milk, dime que harás tanto té como sea posible para que los caballeros tengan ganas de ir al servicio—dijo mientras caminaba por los pasillos de su hogar. Su madre caminaba adelante con una rapidez que ella se veía obligada a seguir su paso porque Milk también caminaba rápido.

—Se lo diré a la ama de llaves, señorita Bulma.

—Prométeme que no te irás a ningún lado y no me dejarás sola en la sala. Al menos puedes agarrar algunos libros y leerlo, o no sé, pero no me dejes sola.

—Prometo que estaré atenta a cada palabra y acción que digan los caballeros.

—Y si necesito tu ayuda, prométeme que me ayudaras a escapar de ellos. No sé si pueda soportar estar más de una hora sentada en un sillón.

—Señorita Bulma…—Bulma lo miró con ojos de súplica—lo intentaré.

Bulma estuvo a punto de hablar y seguir diciéndole algunas cosas a Milk; sin embargo, cuando estuvo a punto de bajar por las escaleras, pudo ver la gran cantidad de caballeros que estaban desde la entrada de la sala hasta, podría deducir, la entrada de la casa.

Su corazón empezó a palpitar con vehemencia mientras sentía cómo los ojos de aquellos hombres se posaron en ella. Nadie, absolutamente nadie, traía ningún regalo pequeño para ella. Todos eran cajas gigantes, estantes de flores, hasta perros como había dicho su madre.

Soltó una maldición mentalmente.

Con lentitud, Bulma empezó a bajar por las escaleras al ver cómo Milk le dio una mirada para que bajase. Y bajar, o solo mover la mínima parte de su cuerpo, generó que todos los hombres se quedaran en absoluto silencio.

Lo había vivido con Tights varias veces. Había visto cómo caballeros iban y le dejaban regalos. Pero esto, no era nada comparado con la cantidad de caballeros que ella tenía en su delante en este momento.

Porque estaba segura que eran como cien en total.

En estos momentos, ella estaba deseando con toda su alma tener algún hermano celoso para que espantara a todos estos caballeros. Estaba totalmente segura que, en este instante, Lapis estaba haciendo ello con Lazuli.

Bajó las escaleras con rapidez. Pudo escuchar cómo su madre hablaba y agradecía a los caballeros por su presencia. Se preguntaba, en dónde estaba su padre en estos momentos.

Lo más seguro es que esté haciendo una de aquellas máquinas como el científico que era.

Caminó hasta la entrada de la sala de visita. Y eso, fue lo peor que pudo haber hecho porque, inmediatamente, todos los hombres empezaron a llenarla de halagos.

—No sabe el honor que tengo, señorita Briefs, verla bajar por esas escaleras.

—Es usted la mujer más bella que haya visto jamás, mi lady, sin duda su belleza es incomparable.

—Desde el primer segundo que la vi, supe que usted debería ser mi esposa, señorita Bulma.

—No cabe duda, bella dama, que usted es un ángel en la tierra.

No supo de dónde tuvo las fuerzas para poder evitar hacer algún signo de impaciencia. Escuchar aquellos halagos, la cansaba por completo. Si pasar por el umbral de la puerta fue tedioso, aceptar cada regalo de los caballeros, hacerlos pasar, entablar, por respeto, una conversación con ellos, fue abrumante.

No había pasado ni siquiera ningún segundo desde que se había sentado en el sillón para que el primer pretendiente entrara con su regalo y hablara con ella. Se quedaron hablando durante veinte minutos, no solo con uno, sino con varios. Por respeto se vio obligada a aceptar con cortesía sus regalos y abrirlos, por orden de ellos, delante de todos para demostrar que su regalo era mejor que el del anterior. Era una lucha por quien la conquistaba por darle un mejor presente.

—¿Le gustó en regalo, señorita Bulma? —preguntó uno de los caballeros. Era un conde.

—Sí, se ve…—fingió estudiarlo—grande.

—Ábralo, mi lady. Dentro de la caja, hay un hermoso collar de zafiro. Fue traído desde las Indias. Desde el momento en que lo vi, me acordé de usted, por los hermosos y dichosos ojos que posee.

Ella solo atinó a sonreír.

En efecto, cuando abrió la caja, estaba un collar de zafiro.

Pudo escuchar cómo su madre ahogó un gemido de sorpresa e imaginaba que los ojos de Milk se abrieron lo más grande posible al ver lo ostentoso que era el collar.

Ella; sin embargo, fingió admiración.

—Es el regalo más hermoso que me han dado. Muchas gracias.

Mentira. Había recibido una cantidad inmensa de regalos. La mayoría eran collares. No obstante, eso no la sorprendió.

Un regalo no la podía comprar. Ella no tenía precio. Y de hacerlo, nadie, ni siquiera el propio rey de Inglaterra, podría ser capaz de comprar.

Los hombres venían y salían. Ella misma se encargaba con la mirada de decirle a Milk que les dé más té o algún pastelito para que ingieran y se vayan de una vez. Ella misma les decía para que lo hagan y, ellos por cortesía, lo hacían.

—Es usted la mujer más hermosa que haya visto jamás, señorita Briefs.

—¿De verdad? —preguntó. Estaba cansada de escuchar lo mismo. Quería ver cuan poetas eran los hombres con tal de conquistar a una mujer—¿Por qué está tan seguro?

—No suelo ser un hombre que se impresiona por la belleza de las mujeres. Para mí el talento es mejor que la belleza, pero verla a usted, generó que cualquier pensamiento se vea nublado por su talento y esplendida belleza. Por eso, le traje las flores más caras y exóticas que nadie puede obtener, ni siquiera la propia reina Carlota.

Bulma miró impasible ante lo mencionado. Pudo ver cómo dos criados formalmente vestidos ingresaban por la puerta de la sala principal y traían un estante grande llenos de flores.

Bulbo de Tulipanes.

Bul-bo de Tulipa-nes.

Ella pudo escuchar cómo un sonido de alegría salía de los labios de su madre. Sabía a la perfección que ella estaba feliz, muy feliz por todos lo regalos, pero ella no. En lo absoluto.

Solo hizo una mueca.

—Es… .so. —sonrió— .so

No fue el primer caballero que le dio unos arreglos florales tan extravagantes. Estuvo sentada por casi tres horas en el sofá mientras recibía los regalos con una sonrisa de princesita. Ningún hombre quería terminar alguna conversación que tenía con ella. Siempre era lo mismo. Siempre decían los mismo. Le mencionaban la cantidad de talentos que tenían, la historia de su título, se comparaba con los otros caballeros, hasta algunos irrespetuosos minimizaban a los demás para que ella no los acepte.

Ningún regalo llamó su atención.

Por más lujoso que fuera su regalo, ninguno le llamó la atención. Ninguno lo hizo. Hasta que Lord Shallot le regaló uno de los libros más hermosos de la época.

Una obra.

Una obra de arte.

Orgullo y prejuicio.

Bulma sonrió. Una sonrisa pareció en su rostro mientras sus ojos estaban totalmente pegados en la tapa dura de la obra. El libro era grueso a diferencia de las otras novelas que había conocido en el extranjero. Pero no le importaba. Había conseguido este libro, aquel que pensó que jamás obtendría. Estaba junto a ella.

Solo para ella en una edición especial.

—Es hermoso…—dijo mientras pasaba su mano sobre la tapa del libro—¿Cómo lo consiguió? —lo miró mientras alzaba su rostro.

El hombre la miró. Sus ojos negros se dilataron al ver cómo algunos mechones azules caían sobre su delicado y blanco rostro.

—En la biblioteca hay libros de muy buena trama, señorita Briefs. Si gusta, la próxima vez puedo visitarla y traerle otra novela—comentó con una sonrisa coqueta.

Los ojos de Bulma se abrieron de sorpresa al recordar la principal razón por la que había querido escapar de esta reunión con los caballeros.

La biblioteca.

Había estado queriendo ir a la Biblioteca que hay en Londres. Nunca tuvo la oportunidad de ir a aquel lugar. Había ido a bibliotecas, sí, pero solo en Estados Unidos. Pero la diferencia era que, aquí, la biblioteca solo estaba permitido para hombres más no para mujeres.

Bulma alzó su rostro. Lo fijó la fila perpleta de varones y más varones.

No podía quedarse más tiempo aquí. No lo soportaba. No quería seguir recibiendo más regalos y fingir que estaba interesada. No. Ya no quería. Si seguía un minuto más en este lugar, se desmayaría.

Ella sabía lo que necesitaba.

Salir.

Necesitaba salir.

Rápidamente fijó su mirada en Milk. Ella la miró. Le bastó ver el destello que se desprendían de los ojos azules de Bulma para saber que necesitaba su ayuda. Milk miró para ambos lados para asegurarse que la Lady Bunny estuviera ocupada hablando con algunos caballeros.

—¿Y bien, señorita Briefs? —insistió Shallot. Bulma lo miró. Se había olvidado de su presencia—¿Aceptaría pasear conmigo en el campo?

Bulma lo miró por unos segundos. No estaba prestando atención a nada de lo que él estaba diciendo, ni siquiera lo miraba. Su mirada estaba puesta en él, pero estaba perdida. Perdida en sus pensamientos. Perdida en adivinar cómo salir de aquí.

Sintiendo cómo el ambiente la estaba empezando a abrumar poco a poco. Se paró y puso el libro a su costado. Todos los caballeros hicieron un silencio absoluto al verla pararse.

Bulma tragó saliva mientras miraba a Milk y le daba una señal con la mirada.

—Iré a los servicios—rompió el silencio—Vuelvo pronto—dijo mientras se dirigía a los aposentos de comida y criados.

Caminaba con rapidez mientras caminaba por los pasillos de su casa. No quería volver. No quería volver a hablar con aquellos varones. No. No quería.

Volteó su rostro mientras veía cómo Milk venía tras ella.

—Señorita Bulma, ¿qué pa-..?

—Necesito salir de aquí, Milk—la interrumpió. Su voz sonaba totalmente desesperada. Se podía evidenciar que , por su vestido lila, su pecho subía y bajaba—Necesito ir a la biblioteca—confesó mientras se mordía disimuladamente la uña.

Milk se sorprendió por completo por su confesión.

—Señorita Bulma…

—No pienso quedarme ningún minuto más escuchando algún soneto tonto diciendo cuan hermoso es mi rostro—dijo mientras caminaba en ambos lados—No entiendo cómo Tights pudo haber soportado algo así.

—Si intenta escapar, podrán verla, señorita Bulma. Los caballeros no la dejaran escapar—intentó hacerla razonar—Aparte, ya le dije que no estamos en Estados Unidos. Inglaterra es totalmente diferente al país estadounidense.

La peliazul paró su paso para mirar a su doncella.

Una idea se le cruzó por la cabeza.

—Los hombres no se darán cuenta que salí si salgo como uno de ellos—contestó. Una sonrisa de satisfacción empezó a formarse en sus labios.

—Señorita Bulma, la sociedad es totalmente diferente.

—No me notaran si voy vestida de hombre—explicó. La cara de Milk fue de total pasmo—Milk, tienes que ayudarme.

—En la biblioteca tal vez puedan adivinar su identidad.

—Es en este momento donde la biblioteca está vacía. Tú misma has visto cómo los caballeros están yendo a la residencia de las damas para cortejarlas. Van a estar vacías.

—Definitivamente es una de las ideas más locas que he escuchado de usted, señorita Bulma. La diferencia es que, aquí, si la ven, podrían llevarla a prisión, señorita Bulma—dijo mientras vio cómo Bulma empezaba a caminar por uno de los atajos de la residencia.

—Los años de práctica me han ayudado a saber cómo actúa un hombre, Milk—explicó con una sonrisa mientras volteaba su rostro hacia ella y seguía caminando—Lo que menos haré será hablar y hacer que vean mi cabello.

—Supongo que yo también tendré que hacerlo para animar a los caballos—se resignó.

Bulma solo la miró con una sonrisa de satisfacción y emoción.


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Lady Bunny sonreía y sonreía a todos los caballeros que esperaban en el umbral de su puerta y estaban entrando a sala principal. Se hubiera quedado hablando más con ellos para saber qué tan buen partido era para su pequeña hija, pero el problema era justo eso. Bulma no había venido desde que se fue de la conversación con Lord Shallot.

El Lord se encontraba sentado esperando a su hija mientras los segundos corrían y se convertían en minutos. Ella empezó a angustiarse un poco. Si bien ella mismo invitaría el té y hablaría con todos los caballeros. Pero ella ya no era más una debutante. Por más jóvenes guapos y atractivos que estuvieran cortejando para su hija, era territorio de su hija. Ella estaba casada, y se encontraba en la prosperidad de su matrimonio.

Lady Bunny empezó a caminar con intranquilidad por toda la sala. Todos los caballeros estaban preguntando por su hija y ella ni siquiera sabía donde se encontraba.

Se dirigió hacia una doncella que sostenía una bandeja de pastelitos.

—Clare, ¿sabes dónde se encuentra mi Bulmita? —preguntó mientras agarraba unos pastelitos y comía con aquella delicadeza propia de ella.

—No, mi Lady. Pero creo que se ha ido con Milk.

—¿Sabes dónde se encuentra Milk?

—Lo más probable que la haya acompañado en su excursión, querida—respondió su esposo. El señor Briefs.

Bunny volteó hacia él con sorpresa de encontrarlo ahí.

—Oh, querido, ¿sabes dónde está Bulmita?

Su esposo agarró otro de los pastelitos mientras comía junto a su esposa.

—Yo no me preocuparía tanto por eso, querida—respondió dándole un mordisco a su muffin—Por qué mejor no les pides a los caballeros que te entreguen los regalos por Bulma. Sé que en un futuro lo necesitará. Por el momento, dejemos que Bulma vea cómo es la biblioteca en Inglaterra—sonrió.

Bunny lo miró. Soltó un suspiro al entender lo que se refería su esposo. Sin duda, Bulma era una mujer totalmente impredecible.


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Vegeta bebió un sorbo de licor mientras leía en profundo silencio uno de los párrafos de un libro de historia.

No solía venir muy a menudo a estas bibliotecas. No le gustaba compartir el lugar con ninguna persona que no fuera de su clase. Odiaba charlas con los demás caballeros sobre temas incoherentes.

Era una pérdida de tiempo para él.

Siempre solía sumirse a sus responsabilidades como duque. Todos los días trataba de dejar en alto su título como agradecimiento al rey por otorgarle tal honor. Se esmeraba en buscar las mejores máquinas para ayudar a las tierras de Vegeta-sai.

Sin embargo, había días donde necesitaba salir y alejarse de todas las responsabilidades.

Y la biblioteca de Londres, era una de ellas. Sobre todo, cuando los varones se iban a cortejar a las mujeres después de alguna fiesta.

Otra pérdida de tiempo.

El sonido de la puerta abriéndose se escuchó por toda la sala. No le prestó atención. Aunque, por una parte, maldecía mentalmente por haberle interrumpido su soledad absoluta y el silencio acogedor en el que estaba.

Decidió ignorarlo.

Después de todo, no descuidaría su lectura por un simple varón.

No supo por cuantos minutos se la pasó leyendo; sin embargo, fue cuestión de sentir una presencia a su costado para quitar sus ojos de su lectura y mirar al hombre de soslayo. Pudo ver cómo en cuestión de segundos, el libro que estaba en las manos de aquel caballero, se cayó al suelo.

—Maldición—soltó.

No fue la maldición en sí lo que hizo que volteara su rostro por completo hacia él, fue el hecho de haber escuchado el sonido de su voz.

Sí. Una voz casi femenina, por así decir, de aquel hombre.

Sabía que no debía importarle aquello; no obstante, una curiosidad generó en él al ver lo delgado y delicadas que eran sus manos.

Entrecerró los ojos al ver cómo se dirigía a una mesa con dos sillones de cuero a los costados. Cerró su libro de golpe mientras estudiaba su caminar.

Sin pensarlo dos veces, le habló.

—¿Ha venido usted alguna vez a la biblioteca? —preguntó. Su voz gruesa, grave y totalmente tosca se escuchó alrededor de la sala.

Bulma paró su caminar. Sentía cómo su corazón palpitaba con fuerza con tal solo haber escuchado su voz.

Sabía perfectamente quién estaba en esta biblioteca. De todos los hombres con las que se pudo haber encontrado, se encontró con nada más y nada menos que con el dichoso duque.

Debería responderle rápido si no quería tener más problemas con él. Suficiente tenía con el acto indigno que había hecho ayer.

Volteó su rostro de costado. Vegeta entrecerró más sus ojos al ver lo respingada que era su nariz.

—Sí—contestó lo más rápido posible Bulma. Aunque intentará hacer la voz más gruesa, sabía ella muy bien que no era muy buena haciendo voz varonil. Lo peor que podía pasarle en este momento, era ser descubierta por Vegeta y que descubra que ella era una mujer.

—Soy el duque de Vegeta-sai—dijo mientras avanzaba hacia él y lo miraba con recelo y suspicacia—Cuando una persona me responde, debe hacer una reverencia ante mí y mirarme.

Bulma apretó los dientes con fuerza. Había olvidado lo soberbio y arrogante que era. Tendría que contenerse si no quería que su identidad sea desvelada, aún así le cueste su orgullo y dignidad.

Volteó lentamente hacia él mientras hacia todo lo posible para que su sombrero tapara su rostro.

Vegeta caminó lentamente hacia él mientras estudiaba su apariencia. Su ropa era media suelta, su blusa y chaleco eran holgados. Su abrigo era largo y lo suficientemente ancho como si quisiera ocultar algo.

Frunció su ceño cuando miró su rostro. No podía verlo por completo porque su sombrero lo estaba tapando.

Cerró su libro con fuera.

—¿Cuál es su nombre? —preguntó mientras alzaba el mentón y lo miraba distante.

Bulma sintió cómo su cuero se estremeció ante su pregunta. No había pensado en ningún nombre cuando vino para la biblioteca. De hecho, lo había visto innecesario pensar en uno porque no había visto el carruaje de ningún varón fuera de la construcción.

Ella tenía un nombre cuando se hacía pasar de hombre en Estados Unidos, pero la diferencia era que, en este momento, el idiota del duque, la había tomado fría.

Tragó con saliva con dificultad mientras pensaba en un nombre para varonil para ella.

Alzó su rostro hacia él para verlo. Los ojos de Vegeta por un momento se dilataron al ver el azul profundo que eran los ojos de aquel varón.

—Sterling—soltó—Sterling Peyton—completó. Sí. Ese era el nombre con el que se hacía pasar en Estados Unidos.

Sterling Peyton.

Vegeta lo miró. Fijo sus ojos color obsidianas en sus ojos azules. Eran los azules más claros que había visto jamás. Aunque por cierta parte, se le hacía conocido ese color y sonido de ojos.

Poco a poco, su vista bajó por sus mejillas. Empezó a estudiar su rostro con rigurosidad mientras entrecerraba sus ojos. Todo lo hizo con una velocidad propia de él. Analizó sus facciones, que eran bastante delicadas para ser un hombre.

Su nariz era respingada y delgada. Sus mejillas eran blancas, pero con cierto rubor rosado que era natural de él. Sus labios eran rosados y carnosos para ser un hombre. Y su rostro, muy delgado y afeminado a comparación de un hombre.

Todas sus facciones en sí, eras femeninas.

Volvió su mirada a sus ojos mientras trató de sonar lo más adusto posible.

—¿A qué ha venido? ¿No debería estar cortejando a una de las damas después de la fiesta de ayer?

Bulma giró sus ojos para ambos lados. Tenía el presentimiento que, si se quedaba unos minutos más, el duque descubriría su identidad. Y eso era lo que ella intentaba evitar.

—Vine por un libro— contestó rápido—No estoy interesado en ninguna señorita por el momento.

—¿Hamlet? —preguntó mientras miraba el libro con cierto desdén— ¿Ha venido a memorizarme los actos del libro?

Bulma estuvo a punto de explicarle, pero luego se acordó que, por más vestido de hombre que estuviera, no le debía ninguna explicación a un hombre soberbio y maleducada que se encargó de humillar su hogar por tratarlo por como se merece.

Se volteó y le dio la espalda mientras caminaba hacia la estantería. No le importaba ser irrespetuosa con él. De hecho, se merecía más que eso.

—No tengo porqué darle explicaciones—dijo mientras ponía el libro en su lugar—No he venido a conversar, ni mucho menos a platicar con usted—volviendo a mirarlo mientras se daba la vuelta, caminó sin darle ninguna reverencia mientras se dirigía a la puerta de la biblioteca.

Vegeta lo miró todo el tiempo. O, mejor dicho, la miró irse de la biblioteca.

Soltó un bufido arrogante antes agarrar su vaso de vidrio y bebe otro sorbo de licor. No se tenía que ser un genio para saber quién era realmente aquel varón. Bastaba con estudiarlo detalladamente y escuchar el sonido femenino de su voz para saber quién era.

Sobre todo, bastaba ver algunos pequeños mechones azules caer atrás de su sombrero mientras le daba la espalda. Y ni decir por el color azul de sus pestañas.


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Ir a al teatro no había sido difícil para ella. De hecho, volver a su casa tampoco lo fue. Cuando había vuelto, todos los pretendientes ya se habían ido. Tan solo bastó para poner el primer pie en la entrada de su residencia para oler diversas fragancias de flores. Hasta había visto tres perritos nuevos corriendo por los pasillos de la mansión.

Miró a Milk, quien se encontraba al costado de ella en el carruaje. Ambas estaban con sus respectivas vestimentas de damas. Ella, con un nuevo vestido rosa palo, y Milk con su uniforme de doncella.

—¿Qué tal le fue en la biblioteca, señorita Bulma? —preguntó Milk rompiendo el silencio.

Ella tragó saliva mientras sentía cómo el carruaje las hacía moverse por las rocas que tenían que pasar debido a la cuadra.

—No ocurrió nada malo, Milk.

—Puedo deducir que ocurrió algo, señorita Bulma.

La peliazul lo miró soslayo. Milk sabía perfectamente, debido a las circunstancias que pasaron juntas, cuando ella mentía y ocultaba cosas.

Soltó un suspiro.

—Me encontré con el duque de Vegeta-sai.

—¿Con el duque?

Bulma asintió.

—El mismo. Tan solo recordar las palabras que me dijo me llenan de rabia y coraje, Milk. Tuve que aguantarme las ganas por haber estado vestida de hombre porque si no lo estaba, le habría insultado y puesto en su lugar.

—Puedo imaginármelo, señorita Bulma. Si usted no me hubiese contado lo que hizo con una de las sirvientas en la fiesta, no le hubiese creído. Creo que después de todo, su reputación no ha sido exagerada.

—¡Es un hombre déspota, machista y totalmente horrible! No puedo pasar ningún segundo a su lado porque me dan ganas de dejar mis modales de lado y restregarle todo en su cara.

—Nunca tuve la oportunidad de verlo...

—Pues, menuda suerte la tuya, Milk—la interrumpió—Porque basta con verlo para odiarlo por completo. Yo que tan solo lo conocí ayer, estoy completamente segura que, de todos los hombres, él sería el último con el que yo me casaría—confesó con rabia.

Milk la miró. Sorprendida por lo fácil que se había fastidiado de tan solo hablar del duque. Jamás la había visto tan fastidiada o molesta por alguien. Bulma solía ser una persona que no se molestaba con facilidad, a pesar de que ocurrieron algunos infortunios en el pasado que la marcaron de por vida. Pero a pesar de eso, jamás la había visto así.

Ambas sintieron cómo el carruaje paro su trance. La puerta del coche se abrió, bajando Bulma primero seguida de Milk.

La peliazul se tomó el tiempo de estudiar una vez más el teatro.

Una sonrisa de felicidad salió de su rostro al ver a la estructura.

Aparte de las ciencias, le encantaba las artes. Las amaba con toda su alma. Se había leído todos los libros que había en la biblioteca de su padre. La mayoría de ciencia y arte. Aunque de cierta manera aquellos libros habían jugado en su contra. Le había dado expectativas totalmente altas sobre los hombres. Cosa que, ahora, se arrepentía por completo.

Claro, por supuesto que ella había soñado infinidades con casarse y tener hijos. Tener un romance basado solo en el amor y respeto, y tener una extensa familia. Que su pareja la cortejara y se enamorara de ella a primera vista, que se casaran por amor y no por arreglos, había sido su sueño.

Un sueño tan inocente.

Un sueño tan…

Tan vacío.

Tan repugnante.

Le costó la vida conocer el mundo real. La manera en la que había sido llevada a la realidad y despojada de todos sus sueños. La forma sin piedad en la que le quitaron la venda de sus ojos y le enseñaron lo cruel y oscuro que era este mundo.

Simplemente no quería recordarlo.

Ya no.

Era una etapa que había sepultado en el fondo de su ser. La razón por la que se había ido a Estados Unidos.

Y ahí se quedaría.

Nunca más lo recordaría. Jamás.

Bulma miró la puerta de teatro. Tal vez debió haber esperado al menos un día para venir, pero simplemente no podía. Las ganas la consumían y el querer mostrarle más de sus dotes al Señor Michael, no la dejaban en paz desde que había abierto sus ojos.

Lentamente tocó su puerta mientras esperaba a que abrieron.

—¿Está segura que estará aquí, señorita Bulma? —preguntó Milk mientras la miraba—Tal vez haya decidido relajarse después de evento.

—Si hay algo que he aprendido de los hombres cuando tienen negocios, es que nunca, por muy mal que esté el clima y su semblante, nunca dejan sus negocios—volteó su rostro hacia ella—De algo tuvo que haber servido vivir en un mundo de hombres.

La puerta se abrió. Ambas voltearon su mirada hacia el hombre que la abrió.

Era un hombre alto, con la piel blanca y el caballo azabache en forma de palmera. Sus ojos eran negros, intensos, pero trasmitían confianza con tan solo verlos. No quería juzgarlo, pero por su apariencia, podía deducir que era algún burgués o algún trabajador de teatro.

Lo más probable es que fuera el último.

—¡Hola, soy Goku! —se presentó—¿se les ofrece algo? Me temo que las funciones todavía no empiezan.

Bulma sonrió por la calidad y confianza que transmitía su voz. Se sintió bien con tan solo verlo y poder conversar con él.

—Vengo a ver al señor Michael. Seré la nueva actriz principal, trabajaré en el teatro—explicó.

Goku las miró de arriba abajo. A ella y a su doncella. Sonrió cuando volvió su mirada a Bulma.

—Hace tiempo que no teníamos a una nueva actriz, o actrices—corrigió mientras centraba su mirada en Milk.

La pelinegra lo miró. Trató de ocultar su rubo en sus mejillas.

—Yo solo soy la doncella—explicó.

Goku se sorprendió.

—Así que tendremos a una actriz noble, ¿eh? No sé si el teatro debería sentirse afortunado o tú.

Bulma solo sonrió. Por primera vez, sentía que la informalidad le causaba familiaridad. A ella no le gustaba mucho hablar en usted, pero por educación tenía que hacerlo. Le gustaba que le hablasen como si fuesen alguna amiga, no que solo pretendan una apariencia como suele serlo toda la sociedad inglesa.

Tal vez, en el teatro, podría ser aquella Bulma libre que tanto quería sacar.

Sí. Después de todo, esa era la razón por la que había luchado por este puesto.

—Supongo que ambos—respondió con una sonrisa—¿Está el señor Michael?

—Por el momento no está—respondió él mientras se rascaba la cabeza y reía—Pero pasen, podría hacerles un tour por todo el teatro.

La sonrisa de Bulma se ensanchó.

—Muchas gracias.

Ambas caminaron con Goku en los diversos pasillos del teatro. Recorrieron los asientos, los aposentos, los camerinos, vio los vestidos, las pelucas, las obras, el maquillaje, los actos y los papeles. Pasó por escenario, sintiendo como si las luces chocaran contra su pálida piel. Se vio a sí misma bailar sin parar, siendo ella la atención de todo el público. Cautivándolos, por el movimiento de su cuerpo y la agilidad y delicadeza de sus movimientos. Se vio cantar alguna canción de ópera mientras deleitaba a los demás con el sonido de su voz. Se vio actuando, metiéndose con profundidad en su papel mientras sentía cada emoción, sentimiento hasta pensamiento de su personaje. Y por supuesto, se vio tocar un instrumento, dejándose llevar por sonido de cualquier objeto musical mientras sus oídos disfrutaban del sublime del momento.

Ella se vio en diversas facetas, y en todas las amó. Incluso, aquellas oscuras que sepultó en lo más profundo de su corazón.


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Su carruaje paró justo en la residencia de los Briefs. Vegeta le dio una de aquellas miradas frías e indiferentes como solía hacerlo con todo el mundo cuando posó sus ojos en la mansión. Había decidido ir después de dos días a la fiesta. Lo que menos quería encontrarse, era con una extensa cantidad de caballeros buscando cortejar a aquella mujer hija de los Briefs.

Así que cuando bajó del carruaje y visualizó que él era el único, se sintió satisfecho. No sería capaz de soportar a varones perdiendo el tiempo por una mujer como ella. No valía la pena ni siquiera mirarla. En lo absoluto.

Ingresó a la residencia con aquella frialdad y arrogancia propia y característica de él. Veía cómo los sirvientes le hacían una reverencia y agachaban su cabeza mientras lo saludaban. Como siempre, él pasaba ignorándolos. Era unos simples criados, ni siquiera debería dirigirles la mirada.

Había ido a la residencia Briefs para hablar con el barón. Últimamente estaba frecuentándolo por la máquina que él mismo necesitaba para sus tierras y el barón Briefs, era el más capaz, de no decir único, que podría hacer una máquina para él.

Ni bien Vegeta ingresó a la sala principal, pudo sentir, inmediatamente, como varias fragancias de flores ingresaban por sus fosas nasales. Su ceño se frunció por completo al sentirlo. Sobre todo, su ceja de alzó, cuando vio tres perros correr por la sala principal del lugar.

Lentamente se dirigió a la sala principal, mientras optaba por esperar a que el señor Briefs bajase por las escaleras y lo recibiera. Sin embargo, esperó encontrar que aquella sala estuviera totalmente decorada y perpleta de flores, adornos, regalos y más regalos.

¿Qué demonios..? ¿Acaso…acaso habían traído regalos para aquella vulgar e insoportable mujer?

Vegeta sintió cierto sentimiento indescriptible en su paladar mientras veía los estantes de rosas en las paredes.

—A que no está hermoso, ¿verdad, su excelencia? —rompió el silencio la insoportable voz de Lady Bunny.

Vegeta apretó los dientes mientras volteaba hacia ella y la miraba con indiferencia.

—Esa no sería la palabra que yo usaría, mi lady.

Ella solo sonrió mientras cogía un pastelito que estaba en la bandeja de la mesa.

—Hemos estados recibiendo muchos regalos estos días. Han venido como doscientos varones a dejar presentes a mi querida hija, ¡que emoción! Al parecer esto es totalmente diferente a comparación de mi querida hija Tights.

Vegeta solo volteó su rostro hacia las escaleras mientras esperaba la baja del señor Briefs.

—Y , ¿qué le pareció la fiesta, su excelencia? —preguntó mientras le daba un mordisco a su pastel—¿se divirtió?

—El ambiente estuvo bien—respondió con frialdad.

—¿Qué tal le pareció mi querida Bulma? ¿A que no es hermosa? Estoy segura que si no se hubiese escapado de los pretendientes y haber aceptado sus regaos, ahorita mismo estaría caminando por el parque con uno de ellos.

Vegeta la miró de soslayo.

—¿Se escapó de sus pretendientes?

Bunny soltó una pequela risilla.

—Ya sabe cómo son ciertas debutantes. Algunas de espantan de los pretendientes y buscar escapar de ellos, jiji.

Vegeta solo volvió a centrar su mirada en las escaleras mientras esperaba con cierta impaciencia al señor Briefs.

—Me pregunto, su excelencia, ¿Cuándo hará una fiesta?

—Yo no hago fiestas.

—Puede animarse.

—Lo dudo.

—Si gusta, cuando lo haga puede invitarme para ayudarle en la decoración. Una fiesta en el hogar de su excelencia estaría bien, ¿no cree?

Esta vez Vegeta no respondió.

Bunny estuvo a punto de continuar, si no fuera porque uno de los sirvientes bajo por las escaleras y le dijo al duque se subiese al escritorio del barón.

—Bueno, su excelencia, espero que se quede más tiempo para que pueda almorzar con nosotros.

Vegeta la ignoró. Estaba impacientado y molesto por la presencia de la esposa loca del barón Briefs.


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No era la primera vez que recorría por los pasillos de la residencia de los Briefs. Lo había hecho en varias ocasiones. Nadie podía decirle a donde ir, ni mucho menos qué tenía que hacer. Nadie le daba ordenes, ni siquiera tenia la potestad de imponerle órdenes. Solo la reina. Pero, aun así, nadie osaba mandarle. Él era quien mandaba.

Su palabra era la orden. Y así debía ser.

Nunca solía recorrer los pasillos del lugar cuando había visitantes, no. Siempre caminaba por las habitaciones más alejados. Hasta él mismo podía decir que conocía a la perfección cada espacio de la construcción. Sabía el número exacto de los sillones que poseía, su mente recordaba con exactitud el número de las habitaciones, salones, cocinas, y hasta el área para tomar el té.

No le importaba si era una falta de respeto que visitase este lugar, nadie le decía qué hacer.

Podía sentir perfectamente cómo los rayos del sol chocaban contra el suelo de madera color ébano. Caminaba con lentitud y en silencio mientras mantenía sus brazos cruzados en su pecho.

Siguió caminando. Hasta que escuchó la melodía de un piano resonar desde un salón sus oídos.

Vegeta no pudo cerrar los ojos mientras dejaba que su cuerpo se relajara ante el sonido de las teclas del piano.

Sintiendo cómo se formaba una curiosidad incipiente en él, empezó a caminar hacia el origen de la música.

No le importo que lo descubriesen, no le importó que pueda ser tomado como irrespetuoso o acosador, no le importó nada. Simplemente quería ver quién estaba tocando tal melodía que estaba cautivando poco a poco su alma y le llevaba a ciertos momentos del pasado.

Su pasado.

Lentamente, se asomó al umbral de la puerta.

Se sorprendió al verlo abierta. Pero, sobre todo, se sorprendió de encontrar a cierta mujer tocando tal melodía que le generaba y revivía emociones en lo más profundo de su ser.

La vio, a ella, a aquella mujer que hace dos días había tratado de la peor forma posible y lo trató de la forma más indignante que un duque, alguien como su título, podría ser recibido.

Sí, aquella mujer que lo encontró teniendo sexo con algunas de esas tontas criadas ilusas. La que no le tuvo miedo. Y la que, por supuesto, era totalmente diferente a cualquier mujer que hubiese conocido en carácter y físico.

La vio. Vio su cabello azulado recogido en un simple moño mientras estudiaba su el color de su vestido. Sí, ese cabello azulado que hacía resaltarla de los demás. Vio aquel vestido de color rosa palo que resaltaba por su piel de tono marfil. Pudo ver cómo sus brazos de movían con agilidad mientras tocaban otra melodía que generó que nuevamente, él, cerrase los ojos por la paz que trasmitía.

Se quedó parado, viéndola tocar el piano mientras ella le daba la espalda y tocaba como si él no estuviese allí. Se quedó parado, con los brazos cruzados y con el mentón altivo. Se quedó parado, mientras veía los gestos de concentración que hacían sus facciones, mientras veía cómo en ocasiones ella se dejaba llevar por el sonido y cerraba sus ojos, mientras veía lo respingada que era si nariz y lo delgado que era su rostro de marfil.

Bulma siguió tocando. Ella no sabía por cuanto tiempo había estado tocando, lo único que recordaba era haber empezado en el mediodía y hasta no terminaba.

Sí, estaba tocando para relajarse, pero también estaba tocando para ella y para mejorar sus dotes. No para que los hombres se sientan asombrados por ello, si no para ella misma y para demostrar su supremacía en el teatro. Principalmente por lo último. Desde que había venido del teatro, el señor Michael le había mencionado que le encantaba y gustaba su tono de voz. Pero quería cerciorarse que ella estuviera preparada para cantar ópera.

Y ella tenía que estarlo.

Siguió tocando mientras dejaba que sus labios se abriesen y ella empezara a cantar.

Su voz aguda, sensual y femenina causaran cierto escalofrío en aquel espectador invisible que la observaba sin escrúpulos.

Bulma siguió cantando mientras alzaba su mentón y miraba al frente perdiéndose en cualquier punto de la pared, pero no dejando de tocar el piano. Sentía cómo su garganta empezó a doler cuando se acercaba a la parte final del canto; sin embargo, continuó.

Y cantó la nota final, para luego terminar todo por completo.

Se perdió por unos momentos en el silencio de la sala, hasta que escuchó una voz que nunca pensó volver escuchar.

—Cantas horrible—escuchó Bulma a sus espaldas.

Soltando rápidamente sus manos del piano, volteó su cuerpo por completo y se paró con el rostro totalmente sorprendido e, indignado, por lo que había escuchado.

—¿Qué demonios está haciendo usted aquí?

Vegeta alzó su mentón mientras mantenía su mirada fría y distante contra ella.

—Es notable que es una vulgar. Ni siquiera tiene respeto para aquellos que son sucesores de la realeza.

El rostro de Bulma se indignó por completo.

—¡¿Respeto?! ¡¿Me está hablando usted de respeto?! Es el menos indicado para hacerlo—contestó mientras lo miraba con profundo odio.

Vegeta solo se quedó viendo, por unos segundos, aquellos ojos azules que desprendían un brillo muy peculiar.

—¿Ha tenido institutriz?

—Por supuesto que lo he tenido. He tenía la mejor educación que ninguna mujer pudo haber tenido jamás—presumió.

Él alzó una ceja.

—Tener una educación en un país totalmente inmoral como Estados Unidos, no equivale a nada—replicó.

La menor de los Briefs sintió cómo los pocos modales que quedaban con aquel hombre se estaban yendo a la borda.

—¿Qué está haciendo aquí?—preguntó hastiada.

—No tengo porque darle explicaciones.

—Usted está en mi casa.

—Casa de su padre, no de usted—refutó. Bulma sintió cómo se enfadaba más y sus mejillas se enrojecían—De igual forma, una mujer como tú no podría darse el lujo de tener una casa.

Bulma fingió no escuchar lo último.

—Casa de mi padre o inclusive de madre, es la residencia de los Briefs. Y mientras yo sea una, usted no puede poner ningún pie en este lugar.

—Su padre trabaja para mí.

—Mi padre no es ningún esclavo—empezó a caminar lentamente hacia él.

—Si usted lo quiere llamar así, entonces lo será.

Bulma apretó sus manos mientras quedó a algunos metros de distancia hacia él. Podía sentir cómo sus mejillas estaban totalmente coloradas por el enfado. De todos los hombres que tenía que ver en este momento, tenía que encontrarse con aquel duque.

—¿Desde hace cuánto tiempo está aquí?

—Lo suficiente como para saber que tocas y cantas horribles—soltó distante. Bulma pudo sentir cómo su cuerpo se tensaba más al ver lo serio que era al decirle su opinión.

—¿Así que ha estado espiándome como un maldito acosador?

—Soy un duque, no un estúpido hombre que acosaría a alguien como usted—contestó con aquella voz grave, gruesa y totalmente fría.

—Pues déjeme decirle que es un duque totalmente imprudente en todos los sentidos—soltó casi gritando.

Ahora fue Vegeta el que avanzó hasta quedar a solo pocos centímetros de ella. Bulma tragó saliva al ver cómo sus penetrantes ojos color ébano, oscuros como el anochecer, se fijaron en ella.

—¿Lo dice aquella mujer que no conoce el respeto y ha sido capaz de ir vestida como varón a un lugar solamente para hombres? —soltó de repente.

Bulma lo miró totalmente atónita ante su último comentario. Sintió su cuerpo paralizarse ante lo mencionado mientras el habla casi se le iba.

—No sé de lo que me está hablando—mintió. Mantuvo su mirada en él. No lo evitaría, evitarlo solo sería confirmarle aquello, y ella no haría eso.

Vegeta soltó una carcajada totalmente cruel y sádica. Bulma sintió un estremecimiento en su cuerpo y la ira crecer en ella al escucharlo.

—¿En serio creíste que no podría darme cuenta de que eras tú? —preguntó con desdén. Bulma lo miró apretando los dientes—Basta con mirar tus ojos ahora mismo para confirmarlo.

La peliazul se maldijo por dentro.

Sabía perfectamente que todo su plan casi se ve estropeado cuando lo vio desde el momento que había cruzado aquella puerta. Lo sabía, pero no podía darse vuelta atrás. No por un hombre como él.

—¿Y qué va hacer?—lo enfrentó—¿Va a recriminarme por hacerlo? ¿Va a llevarme a la cárcel por haber violado las reglas? Lo único que demostraría sería ser cuan receloso puede ser un hombre como usted. Le indigna saber que una mujer fue capaz de entrar a tal área privilegiada para hombres, ¿verdad?

Vegeta la miró. Un poco asombrado por ver la manera en la que le contestó. Nunca nadie se había dirigido así a él, ni mucho menos la reina. Tenía las agallas que nunca había encontrado en ninguna mujer. Cierto calor se formó en él mientras su mentón se endureció al ver algunos mechones sueltos por su cabello y cómo su piel blanca como el marfil se veía un poco más brillante por su enfado.

La mujer era muy atractiva. La más atractiva que había visto.

Frunció el ceño ante ello.

—No me indigna—soltó a regañadientes—Uste ni siquiera merece mi indignación.

Bulma sonrió con ironía.

—Y usted ni siquiera merece respirar el mismo aire que yo—susurró. Vegeta sintió cómo su piel se erizó al sentir su aliento chocar contra su rostro. Algo extraño sintió en su ser al darse cuenta de lo cerca que estaban.

Ambos se quedaron viéndose por unos segundos a los ojos sin decir nada, pero hablándose mucho por las miradas.

Recelo en Bulma…

Y cierto interés incipiente en Vegeta…

Dándose cuenta de lo cercano que estaban, Bulma se separó de Vegeta como si le quemara y salió de la puerta. Dejando, por tercera vez, a Vegeta sorprendido por una mujer.

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Notas de la autora: Ufff, pido perdón por la demora. La verdad que haber estado leyendo libros me consumió bastante jaja. Aunque la escuela también jeje. He estado actualizando mis demás fics, so, si son nuevos, les recomiendo hecharles un vistazo.

Bueno, ahora, sí. Ya empezamos con el enfretamiento de nuestros protagonistas. ¿Adivinan cuál ha sido la razón por la que Bulma se vio obligada a abandonar el Inglaterra? Debo de admitir que eso de dar regalitos era bien bonito ah, a mi ni algo bonito me dicen jaja.

Me gustaría saber qué les pareció este capítulo. Y ya saben, si les gusta la historia no olvden seguirla para que les llegue las actualizaciones. O pueden seguir por mi página de facebook en mi perfil.

Un review estaría bien 7w7.

Besitos y cuidense mucho. muack muack