Fullmetal Alchemist y sus personajes no me pertenecen, hago esto sin fines de lucro.

Advertencias: Rated M, Slash (de clase slow burn), Fix-it. PTSD, Time Travel, temas maduros en general.

-"ABC..."-. Diálogo

-"ABC..."-. Pensamiento


Llave

Capítulo 3, Recuerdos

Si era sincero, despertar en una cama –sin idea alguna de lo que había sucedido para llevarlo a ella–, era algo a lo que Edward estaba acostumbrado, más de lo que iba a admitir en público. Ser imprudente durante su tiempo en el ejército, en misiones que había logrado convertir en algo innecesariamente peligroso –y divertido–, le había costado mucho tiempo perdido en visitas al hospital. Eventualmente había aprendido que, cuando despertabas en una cama, debías ser cuidadoso contigo mismo.

La primera vez que había sentido la desorientación convertida en pánico, había logrado abrir las puntadas en una herida de quince centímetros en el costado, y la segunda vez había sido peor.

No tenía deseos de pasar por algo así de momento.

No era ajeno al dolor, pero con el tiempo había aprendido que era mucho mejor disfrutar la suavidad de la calma que traía una cama caliente o un momento de silencio y paz a saltar de inmediato a los peligros que podían o no existir.

Su mente llegaba invariablemente a las preguntas básicas, ¿qué tal si se trataba de un secuestro? Bien, si lo era, ya estaba secuestrado, ¿no? No tenía caso entrar en un frenesí sin motivo que podría traerle dolor o quizá una respuesta violenta de sus captores. Luego, cuando notaba el estado de la cama en la que estaba, Edward bufaba, ¿qué tipo de secuestrador le daría tantas comodidades? Por lo menos, él no lo haría.

¿Qué sucedería si su hermano estaba en peligro?

Bien, eso lograba hacerlo salir de la cama.

Pero sabía que Alphonse podía cuidarse en momentos así, por lo menos hasta que la ayuda llegara a él. Su hermano era capaz de mantenerse en calma hasta que pudieran salir del problema… probablemente algo que había aprendido durante sus años como una estoica armadura –algo bueno debía haber sacado de su infierno personal–.

Ahora… si pudiera recordar qué le había sucedido como para terminar en una cama… una cama que no era suya y olía particularmente familiar…

-"¡Ed!"- escuchó a lo lejos –"¡Winry! Trae más agua… ¡WINRY!"-.

Lo había logrado, ¿cierto?

Ahora Winry lloraría de nuevo, preocupada por lo que fuera que estuviera pasándole, la abuela Pinako le gritaría y su hermano probablemente estaría no muy lejos de una combinación de esas dos reacciones. Desearía que no se preocuparan tanto por él, era normal en él y seguramente no era lo peor que había sucedido.

Cuando intentó abrir la boca para preguntar lo que sucedía, Edward sintió que se llenaba de arena… o quizá de sal. Si intentaba hablar, se lastimaría.

Por un momento, todo se volvió negro.

Eso estaba bien. En la oscuridad de su propia mente, Edward sería incapaz de sentir –o percibir– lo que sucedía afuera, en el mundo real. Siempre era una buena idea escapar al interior de su mente del mundo real.

No era como si sólo él hiciera eso. Sabía que otras personas escapaban a un rincón de su cabeza cuando todo se volvía un poco más difícil y permanecían ahí hasta que el mundo fuera seguro de nuevo; Edward lo hacía cada que tenía oportunidad, imaginando posibilidades de cosas que no sucedían ni sucederían, le gustaba y no hacía daño con eso… mientras nadie se enterara de lo que hacía cuando, invariablemente, alguien notara la mirada vacante.

Tampoco era como si fuera algo tan malo, ¿quién podría culparlo de tener un pequeño pasatiempo? No hacía daño a nadie, así que…

-"Sólo necesito despertar"-.

Si podía despertar pronto, se encargaría de tranquilizar a su hermano y a Winry, con ayuda de la abuela. Estaba seguro que lo que fuera que hubiera pasado, él estaba perfectamente bien, no debía ser algo grave.

Tal vez si recordara qué sucedía…

-"… estable… tomar un respiro… mir"- sólo quería abrir los ojos y descubrir por qué gritaban tanto y sin sentido –"Ve… ¡no estoy…! …phonse"- esa, esa debía ser la abuela Pinako.

Todo sonaba como si estuviera lejos, o como si estuviera viviendo dentro de una burbuja que le impedía escuchar por completo… o abrir los ojos y ver qué demonios sucedía.

-"No vo… mi… ¿cómo pued…?"-.

Era como entrar y salir de un sueño extraño –"¿A…?"- no supo qué sucedió para que su cuerpo se rebelara en su contra, pero cuando intentó hablar, Edward se encontró con una extraña burbuja de un líquido ferroso en la boca, escupiendo sin poder levantarse de su sitio.

-"¡Hermano!"- oh, ese debía ser Al, aunque su voz sonaba extraña.

Caliente y demasiado grande como para poder ignorarla, Edward comenzó a toser, primero sin fuerza, luego un par de manos pequeñas lo inclinaron lo suficiente para hacerlo rechazar el resto del líquido poco a poco.

El olor era asqueroso y Edward no tuvo el control de detener las arcadas de su cuerpo, a lo lejos pudo escuchar a su hermano gritar de nuevo, con la misma histeria que Edward habría sentido si los lugares estuvieran al revés. Pero ahora mismo no podía preocuparse por él –e intentar hablar no era precisamente una opción–. Por el amor a todo lo sagrado, Edward no tenía idea de qué había sucedido para enviarlo a una cama de hospital, bajo el cuidado de Pinako.

Cuando intentó recordar lo que fuera, aunque fuera sólo una parte, el dolor en su cabeza y el ardor en su espalda se volvió en su contra, impidiéndole concentrarse en lo que sucedía.

De acuerdo, si Alphonse estaba bien, Edward podría relajarse.

Sí, tal vez debería dormir un poco más, no era sólo el dolor, su cabeza simplemente se negaba a cooperar y ahora mismo descansar sonaba como la mejor idea que había tenido. Sólo serían un par de horas, de cualquier forma. En cuanto pudiera abrir los ojos, se aseguraría de preguntar qué demonios sucedía y si había arruinado algo –por la forma en la que escuchaba pasos apresurados o gemidos ahogados, Edward suponía que había hecho algo muy estúpido para preocuparlos–.

Disculparse se había convertido en un problema por sí solo, recordó.

La última vez que había intentado disculparse con su hermano, Alphonse lo había golpeado en la cabeza, gritándole por ser tan desconsiderado y ordenarle que no volviera a disculparse –todavía no entendía sus razones, pero había estado al borde del llanto, así que Edward no había discutido demasiado–. No quería obtener una respuesta así de nuevo.

Sentía como si estuviera flotando en… no lo sabía, pero sentía que su mente estaba muy lejos de su cuerpo. El dolor no existía si estabas inconsciente, consideró por un segundo, tal vez estar inconsciente no era tan malo como lo hacían ver.

Ahora… si pudieran hacer que todo se oscureciera un poco más, se los agradecería inmensamente.

¿Acaso no tenían consideración por un enfermo? Sólo cerrar las cortinas sería suficiente, probablemente el palacio imperial de Xing debía tener cortinas, ¿o no? Tenían dinero, después de todo; debían tener lo suficiente para controlar la…

Fue una luz directamente en su rostro lo que hizo que despertara por completo.

El punzante dolor al pretender abrir los ojos lo hizo soltar un gemido sin mucha fuerza y, repentinamente, sentía que le faltaba el aire.

Tomó grandes bocanadas, como alguien que había pasado demasiado tiempo bajo el agua, o como alguien que no recordaba qué tan importante era respirar para vivir –"Dios… si sigo así, Winry va a matarme por ser descuidado"- la mujer podía tener una excelente puntería si se lo proponía.

Poco a poco su mente comenzó a registrar su alrededor. La luz era una señal obvia, pero le parecía demasiado fuerte incluso después de estar inconsciente… tal vez era la luz de una cama de examinación, esas las conocía mejor que cualquier otro. Luego, y porque todavía no estaba preparado para abrir los ojos, notó el desagradable olor a desinfectante, penetraba hasta su garganta y sólo lograba raspar constantemente en su nariz –al menos, se dijo sin prestar mucha atención, no era el olor de piel podrida mezclada con sangre fresca–.

Cuando logró controlar su respiración y evitar quejarse más de lo que ya había hecho, Edward notó un peso confortable en su costado derecho… una cabeza… y el calor era agradable.

De inmediato, Edward se dio cuenta que todo eso estaba mal.

¿Qué estaba haciendo ahí?

-"Pero lo sabes, ¿no?"- dijo una parte de su mente, casi con humor, sobre la situación –"¿Acaso no puedes notarlo?"-.

¿Notarlo? Podía notar muchas cosas, pero ahora mismo era difícil centrar su mente en algo que no fuera la sensación de saber que todo estaba mal, que nada de eso debería estar sucediendo y, por supuesto, se dijo, era de esperarse… sabiendo que estaba en un tiempo que no debió haber sido y su Alphonse…

Oh, Dios.

Tuvo la necesidad de cubrirse la boca para evitar vomitar, pero vagamente recordó que no había contenido alguno en su estómago y que probablemente no tenía fuerza suficiente para mover sus manos.

Porque Edward Elric había regresado. Había aceptado un trato con la Verdad, a cambio de salvar a su hermano.

Edward Elric había muerto durante la boda de su hermano menor, en Xing, protegiéndolo. Había estado preparado para morir y dejar que su alma dejara de existir, cuando había sido salvado por la Verdad. Había regresado a esa habitación blanca… le había ofrecido un trato, a cambio de salvar a Alphonse de sus propias estupideces, Edward tendría una responsabilidad.

Y lo había hecho, y ahora estaba…

Ahí.

Se obligó a abrir los ojos, incluso si le era doloroso en una forma que no deseaba experimentar, parpadeando varias veces sin detenerse. No estaba dispuesto a perder su tiempo en tonterías cuando necesitaba ver que Alphonse estaba bien, en su cuerpo, saludable… en un cuerpo de diez años y no en el cuerpo de veintitrés años al que Edward había renunciado para rescatarlo.

Este Alphonse no recordaría nada de lo que había sucedido en Xing, ni su esposa… no recordaría nada de lo que podría haber sido un futuro de ensueño. Este Alphonse era como un libro en blanco, listo para ser escrito con nuevas memorias, mejores memorias… un futuro que le asegurara no cometer errores como el que habían tenido.

Cuando logró enfocar la mirada lo suficiente, la luz había disminuido a un nivel soportable, lo suficiente para ver, pero no tanto como para dejarlo ciego.

Estaba…

Estaba en la cama que había ocupado aquella vez, hacía trece años.

La cama era igual de incómoda dentro de la comodidad que le proporcionaba. Sus piernas… su pierna no alcanzaba el borde de la cama –destinada para adultos– y sus brazos estarían en la misma condición… no es que su cuerpo fuera más pequeño –él no era pequeño–, sino que Edward estaba acostumbrado a su cuerpo de veinticuatro años, muchas gracias. Era un cuerpo resistente y perfectamente capaz de soportar mucho más de lo que ese cuerpo de once años podía.

Su mano izquierda estaba conectada con la IV que la abuela le habría puesto para mantenerlo, o sedado, o lo suficientemente saludable para estabilizarlo. No recordaba que eso estuviera conectado a él mientras se recuperaba de sus dos amputaciones, pero suponía que haber tardado tanto tiempo en el sótano y luego recorriendo el camino bajo la lluvia… el esfuerzo de avanzar con Alphonse ayudándole, todo eso había terminado siendo perjudicial.

Abrió la boca, pero la cerró de inmediato; si su hermano o alguien más lo escuchaba quejarse, probablemente pensarían que algo más había sucedido. Incluso si ahora mismo estaba entrando en pánico, Edward se mantuvo quieto, no serviría de nada reaccionar con violencia, porque era seguro que su cuerpo no lo soportaría.

Una mano le acercó un vaso.

No creía tener la fuerza necesaria para sostenerlo, pero la abuela Pinako no parecía querer obligarlo a hacerlo. Era de ese tipo de vasos metálicos que las Rockbell usaban cuando tenían un paciente en su cama; el contenido del vaso era desconocido para evitar que alguien pudiera decir algo sobre el color de la medicina –aunque no ocultaba el olor–. Pero ahora sólo era agua, algo que Edward agradecía, no necesitaba tomar nada que tuviera algún sabor extraño.

Poco a poco, porque la abuela podía ser cuidadosa cuando se trataba de trabajar con sus pacientes, la parte superior de la cama comenzó a moverse, para dejarlo en una posición más… cómoda.

-"¿Dónde…?"- quería preguntar dónde estaba Alphonse, pero cuando miró a su derecha, su hermanito estaba ahí.

Tan pequeño como recordaba que había estado hacía tantos años, aunque algo más sucio de lo que debería estar, ¿acaso Pinako no lo había enviado a tomar un baño? No tenían que descuidarlo así, su hermano…

Bien, pero tal vez estaban más preocupados por él, ¿cierto?

De cualquier forma, Al estaba bien, tan saludable como podría haberlo estado dadas las circunstancias, completo.

-"Edward"- volteó a ver a la mujer, curioso –"¿Qué sucedió, Edward?"- oh, eso iba a ser incómodo.

La última vez, no recordaba haber explicado lo que había sucedido, seguramente habría sido Alphonse quien se había dado a la tarea. Por supuesto, ahora Al no estaba en condiciones de asimilar las estupideces que habían hecho –"Y yo soy el mayor, es mi responsabilidad"- suspiró –"Una transmutación que salió mal, abuela"- dijo con cuidado, en un volumen bajo para no lastimarse la garganta –"Intenta… intenté traer… intenté traer a mamá"- de reojo, notó cómo la abuela se cubría el rostro, pero no parecía estar más sorprendida del hecho –"Y no funcionó"- para distraerse, Edward comenzó a pasear una mano por el cabello de su hermano –"Iba… iba a perder a Al"-.

Ignoró los temblores de su cuerpo y la evidente furia de la abuela, porque ambos los merecía y no tenía excusa, incluso ahora, con una vida respaldando sus decisiones –"¡Muchacho estúpido!"- Edward se encogió, pero no dijo nada.

¿Qué le decías a una mujer que había cuidado de ti después de la muerte de tu madre? ¿Qué le decías a una persona que no tenía ninguna responsabilidad, pero que aun así la había tomado? ¿Qué podías decir cuando su reacción era natural y sus palabras sólo eran la verdad?

Verla llorar sólo haría que todo fuera mucho peor.

Al final, cuando la abuela se tranquilizó, le extendió de nuevo el vaso –"¿Cómo está mi hermano?"- susurró después de beber un poco más.

Podía imaginar claramente el rostro de Alphonse después de lo que había sucedido, sin dormir, preocupado por lo que hubiera sucedido con él. Veía claramente cómo Alphonse tendría el rostro cenizo, pálido por la falta de luz solar, con los ojos hinchados y rojos. Podía ver la expresión de su rostro al encontrase con que su pierna no estaba –el horror había sido bastante claro, ahora que lo recordaba–, que no regresaría. Pero también podía ver su alivio, la pequeña sonrisa, con lágrimas en la comisura de los ojos, podía verlo respirando para tranquilizarse… vivo.

No notó cómo la mirada de la mujer se suavizaba –"Alphonse está bien… preocupado por ti"- bufó sin mucho sentimiento –"No ha comido muy bien"-.

Debería haberlo supuesto, Alphonse iba a recibir un buen…

No, todavía no, tendría que ser paciente con su hermanito, después se daría el tiempo para reñirlo por ser tan descuidado –"¿Debería…?"- se aclaró la garganta con dolor –"¿Debería… despertarlo?"- la abuela negó con la cabeza y eso lo alivió.

-"¿Cuánto tiempo?"- preguntó la mujer con voz severa y, cuando Edward no respondió de inmediato, presionó –"¿Cuánto tiempo estuvieron planeándolo?"-.

Vaya, eso también era nuevo. Se preguntaba cómo es que Alphonse había logrado responder sus preguntas sin evitar desviar el tema. Ahora mismo Edward no iba a hacerlo, no podía, porque eso significaría que la abuela y Winry comenzarían a atacar a su hermano, exigiendo saber algo que sólo les causaba más dolor a ellos.

¿Cuánto tiempo estuvieron planeando un suicidio? Agregó Edward en su mente –"Sólo les causamos dolor, ¿verdad?"- era tan malagradecido como todo el mundo decía –"Desde…"- cerró los ojos, y respiró profundamente, no creía que tuviera caso mentirle –"Lo pensé… después del funeral"-.

Sonaba incluso más estúpido cuando lo decía en voz alta.

Había sido la primera vez que esa idea había cruzado por su mente. Cuando, de pie mientras bajaban el cuerpo de su madre a un agujero en el suelo que no significaba nada de lo que había sido en vida, Edward había considerado seriamente la posibilidad de crear a un ser humano, regresar a alguien de la muerte.

Al principio, al estudiar lo básico de la alquimia, Edward sólo la había usado para crear pequeñas tonterías que hicieran reír a su madre, nada fuera de lo normal, nada fuera de lo permitido. Cuando se había cruzado con la idea de la transmutación tabú, Edward la había ignorado –pero no lo suficiente como para que la posibilidad de traer a un muerto al mundo se fuera–. No lo había mencionado con Al, no cuando todo estaba bien… pero cuando las cosas habían colapsado… sólo le había tomado un par de días para convencer a su hermano.

Fácil, demasiado fácil.

Le traía cierta paz saber que, esta vez, Alphonse no sufriría las consecuencias de sus actos. Redención le llamaban unos, Edward lo llamaría clemencia.

La bofetada de la abuela simplemente era lo mínimo que se merecía, porque el escozor se iría y la hinchazón desaparecería, pero los recuerdos se quedaban; eran su penitencia.

Había desafiado una ley natural, un ciclo que era imperturbable; había profanado la memoria de su madre y había logrado lastimar a todos sus seres queridos en el proceso. Se había convertido en un niño soberbio desde corta edad, seguro de su inteligencia y sus habilidades como para lograr lo que muchos otros, antes que él, jamás habían logrado. Cualquier reacción que la abuela decidiera tomar, sería perfectamente válida –excepto, como sabía que había pensado la última vez, quitarle a Al–.

Si alguien preguntaba qué era un monstruo, Edward tendría la respuesta.

-"Tu hermano necesita dormir"- la mujer suspiró –"Tú también necesitas descansar… acabas de salir de cirugía"-.

Eso explicaba el dolor sordo, los calmantes debían seguir en su sistema.

Salir de cirugía, recordaba, había sido doloroso. Recordaba que la abuela le había dicho sobre la otra parte que debió cortar para salvar lo que había quedado de su brazo. No era sorpresa que no soportara por mucho tiempo los hospitales o el olor con el que podías identificar un sitio así. Aunque, para él, era más las veces que había estado en una cama similar que el olor. La mayoría de sus médicos habían sido bastante amables.

Sin embargo, podría vivir sin la sensación de la medicina en su cuerpo y los efectos secundarios.

Asintió con la cabeza –"¿Cuánto tiempo…? ¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?"- debía comenzar a contar los días, necesitaba un calendario.

Pronto recibirían una visita… incómoda.

-"Llegaron a casa hace cuatro días"- Edward abrió los ojos, definitivamente las cosas eran mucho peores –"Te desmayaste justo en mi entrada, niño malcriado"- tuvo que reír un poco a eso, haciendo a la mujer sonreír un poco –"Perdiste mucha sangre… y la infección que obtuviste fue grave"- señaló su pierna –"No encontré… no encontré tu pierna"-.

Así que eso había sucedido. Al final, Edward no había podido evitarle a la mujer el horror de bajar al sótano y encontrarse con eso. Suponía que la abuela debía haber enterrado la transmutación por ellos, algo que debería haber sido su trabajo –aunque, claro, Edward no creía que estuviera en condiciones en ese preciso momento–. Tendría que encontrar algo de tiempo para disculparse con ella, porque aparentemente también había estado buscando algo que no encontraría.

Sentía pena y alivio en partes iguales al saber que la abuela no tenía idea de lo que había sucedido, la mujer no necesitaba saberlo todo –"Es… fue mi castigo"- negó con la cabeza, miró a lo lejos y luego a su hermano.

La mujer no volvió a hablar.

En la punta de la lengua, lo tenía justo en la punta de la lengua.

Edward consideró seriamente decirle toda la verdad, contarle cada detalle de su otra vida –porque, si alguien podía entenderlo, sería Pinako Rockbell–, pero desistió casi de inmediato. Esa era su carga, nadie más tenía por qué llevarla con él y, realmente, ¿quién podría creer algo así?

Eventualmente, se dijo mentalmente, alguien notaría algún error… su única buena suerte era que sólo Al, la abuela y Winry serían los que lo notarían. Sabía que podía mentirles, fingir demencia y pretender que no sucedía nada extraño, así que esa sería su mejor apuesta. Además, todo el mundo atribuiría su extraña actitud o los errores que cometiera a un evento tan traumático como había sido ver dentro de la Puerta, no era como si fuera una mentira, en verdad su actitud se debía a la Verdad, ¿no?

Con las manos más pequeñas –no era pequeño, muchas gracias–, Edward tomó el vaso que le extendía la mujer. Extrañaba el calor de la cabeza de su hermano en su mano, pero si podía sentirlo en su costado, respirando, estaría bien. Nadie ahí tenía idea del alivio que le causaba tener al menor respirando, nadie tendría idea de eso.

La abuela Pinako se despidió de él unos minutos después, notando que sería imposible separarlo de su hermano u obligarlo a dormir –estaba cansado, pero ahora mismo podía mantenerse despierto un poco más–. Quizá porque tenía que atender a Winry ahora que ellos dos estaban estables, o quizá se fue para dejarles un poco de privacidad. Era cierto que Alphonse necesitaba una cama apropiada para descansar y que él no podía moverse de ahí; cuidar de su hermano en esas condiciones no era lo mejor… además, cuidar de Alphonse significaba que no podía dejarlo volverse tan caprichoso, al punto de ignorar sus propias necesidades.

Mordiéndose el labio, Edward pasó los siguientes diez minutos intentando despertarlo –no recordaba que Al tuviera el sueño tan pesado–. No podía gritarle, porque dolía demasiado, tampoco podía moverlo mucho, porque todavía no recuperaba la fuerza, así que insistir era su única opción.

-"Al…"- quisiera que su hermano tuviera el sueño ligero –"Al… Al…"- todavía no podía gritar, realmente quería gritar –"¡Al!"- su voz era tan áspera, que Edward creyó que era suficiente.

Lo movió con la mano por un par de minutos, hasta que Alphonse decidió que era hora de despertar. El menor se llevó una mano a los ojos, tallándolos con fuerza –"¿Hermano…?"- cuando logró fijar la vista en Edward, su expresión cambió.

-"Al, necesitas descansar en una cama"- dijo tan amablemente como pudo –"Yo estoy bien, ¿por qué no…?"-.

La mirada de Al viajó hasta sus piernas, o donde deberían haber estado ambas, pero no encontró lo que estaba buscando –"Hermano"- respiraba poco, como si le faltara el aire –"¿Qué…?"- señaló la pierna.

-"Definitivamente esta no es una conversación que hubiera querido tener aquí"- negó con la cabeza y consideró sus opciones de momento.

Por un lado, Edward podría alegar cansancio –algo que no era necesariamente una mentira–, evadir la pregunta que su hermano no se atrevía a terminar y dejar una conversación tan seria para un momento en el que ambos se sintieran ligeramente mejor. Por supuesto, si hacía eso, Alphonse comenzaría a insistir, primero rogando y después exigiendo una respuesta… eso, o su hermano comenzaría a creer que Edward lo culpaba de lo que había sucedido –se conocía lo suficiente, conocía a su hermano más que eso–.

Por el otro lado, Edward podría responder sus preguntas, obligarlo a formularlas frente a él y arreglar lo que fuera que sucediera –antes de llegar a una discusión como la que habían tenido en el hospital, después del laboratorio cinco–. Si lo hacía, su hermano probablemente no soportaría escuchar todo lo que Edward podría decirle; sabía de antemano que Alphonse tendría que madurar un poco más antes de comprender todo lo que iba a suceder… todo lo que Edward pasaría. Además, ni siquiera sabía muy bien qué pasaría con él, no podía mentirle a su hermano si le preguntaba directamente algo, ambos lo sabían.

Esperó pacientemente para que Alphonse tomara valor y preguntara, ahí decidiría qué hacer.

-"Hermano…"- no recordaba que Al fuera tan tímido –"¿Cómo…? ¿Cómo estás? De verdad"-.

Podía ver las lágrimas acumulándose –"Al, no… no llores"- intentó sonreírle, pero no creía que fuera a ser aceptado –"Estoy… cansado, Al"- le extendió una mano para que su hermano la tomara, pero en vez de eso, Alphonse subió a la cama y se acostó a su lado, Edward tomó eso como un buen signo y comenzó a pasar la mano por su cabello de nuevo –"Me duele un poco la garganta"- admitió –"La espalda también, pero no es nada"- porque había pasado por peores –"¿Cómo estás tú?"-.

-"… Cansado"- su hermano era adorable, sólo esperaba que Alphonse no se enterara de eso, porque él odiaba eso tanto como Edward odiaba que lo confundieran con alguien pequeño –"Me duele la cabeza"-.

-"¿Has comido algo?"-.

Sabía la respuesta, pero Al siempre insistía en mentirle –"Sí"- cuando Edward no respondió a eso, el menor tuvo que añadir –"He comido… pero no quería dejarte solo"-.

-"Alphonse…"-.

-"De verdad…"-.

-"Al…"-.

-"No tenía hambre"- estaba seguro que si pudiera cruzarse de brazos, Edward lo tendría haciendo un mohín en la esquina –"Estoy bien"- murmuró escondiéndose en su costado.

-"Alphonse, tienes que comer"- quería que su hermano entendiera las cosas, pero de momento no se sentía capaz de ser tan firme como para ser una figura de autoridad –"No puedes descuidarte así, ¿me entiendes?"-.

-"Sí…"-.

Suspiró, no recordaba que Al fuera tan difícil de niño, siempre había tenido una imagen perfecta de su hermanito –"Tal vez esa era sólo una fantasía"- no sería la primera vez que Edward idealizaba algo –"Alphonse, quiero que vayas a la cocina… que le pidas a la abuela Pinako algo de comer, ¿de acuerdo?"- cuando el menor no hizo ningún gesto y sólo apretó el agarre en su estómago, Edward insistió –"Al, necesitas comer, no quiero que enfermes"- obligó a su hermano a alzar la vista –"Yo voy a estar aquí, ¿sí? Esperaré que termines de comer y luego hablaremos"- le sonrió.

No era tan difícil sonreírle, se dio cuenta.

Alphonse era… Dios, ver a su hermano, la simple imagen de Alphonse ahí era como si Edward hubiera tomado agua después de pasar semanas sediento en el desierto y encontrar un oasis –y sabía cómo se sentía eso–. Su memoria era bastante buena –excelente, de hecho–, pero Edward se había vuelto bastante bueno ignorando esos recuerdos que le traían más dolor que otra cosa, así que no era una sorpresa que se encontrara realmente fascinado de verlo.

Verlo frente a él, sin la horrible luz de la transmutación, ni la gran capa de polvo, ni la oscuridad de la noche… verlo vivo y saludable, sintiéndolo cálido a su lado, respirando… era más que perfecto.

Su hermano era pequeño, lo sabía porque Al había tardado demasiado en subir a la cama y porque sus manos se sentían pequeñas, incluso si Edward no distaba mucho de su complexión. Tenía el cabello algo más largo de lo que acostumbraba usar –no era un gran fanático del cabello largo, y decía que sólo Edward podría usarlo así– y Edward sabía que pronto sería tiempo de cortárselo. No era tan bueno como mamá, ella había sido bastante buena para cortar el cabello de sus dos hijos, pero cuando Edward había tomado esa tarea… había mejorado, al final…

Pero lo que más llegaba a sorprenderlo, era la redondez de su rostro, la suavidad infantil que Alphonse había perdido, incluso cuando había recuperado su cuerpo. Era algo que Edward no había logrado olvidar, el rostro de un niño. Alphonse no sonreía, no respondía a su gesto como lo habría hecho antes, pero Edward veía la inocencia genuina de alguien a quien había salvado, como no había salvado a su hermano antes. Tenía un ligero color en las mejillas, pero no parecía ser alguna enfermedad, y tal vez algunas marcas de las lágrimas que se habían secado sin poder ser limpiadas… unas marcas debajo de los ojos que desaparecerían en cuando su hermano durmiera como debía.

-"¿Qué sucede?"- preguntó al final.

Edward abrió los ojos, sorprendido por la urgencia de su pregunta, confundido por la urgencia con la que su hermano parecía querer escapar de la mirada –"¿Lo siento?"-.

-"¿Por qué…? ¿Por qué me ves así?"-.

Oh –"Bueno, Al, sucede que hice un trato con la Verdad, antes de esto conocí el que habría sido nuestro futuro, que fue mi futuro, pero no es ahora el tuyo porque obviamente voy a cambiar todo para salvar a nuestros futuros amigos y salvarte a ti de hacer una estupidez después de tu boda con una princesa; la verdad es que te veo así porque hacía años que no veía tu rostro y no sabía si algún día podría ver algo igual otra vez"- sí, no podía decirle eso, ¿verdad? Sería mucho más sencillo si su hermano no fuera tan observador cuando le era conveniente –"Al…"- se mordió el labio y luego dejó de sonreír –"Estoy feliz de verte… bien"-.

No era mentira, sólo… no era toda la verdad.

El color en su rostro aumentó un poco –"Estoy bien… hermano, estoy bien"- no había sonrisa todavía, más bien parecía molesto –"Eres tú el que no está bien"- rió un poco –"Ed… tu pierna, ya no está"-.

-"Vaya… gracias, hermanito… eso fue bastante sutil, no imagino cómo podrías dar esas noticias mejor"- se encogió en su sitio, quizá Edward ya había asumido que no tenía un miembro, después de todo había tenido trece años para hacerlo, pero definitivamente Alphonse necesitaba aprender a… se suponía que Al era mejor que él, demonios –"Lo sé"-.

La primera vez, aquella vez que había despertado de la cirugía, Alphonse no había dicho una palabra, y Edward no había hablado tampoco. Había sido el turno de la abuela de darle las malas noticias, pero incluso en ese momento, apenas había registrado sus palabras. Su mente había estado demasiado envuelta en la culpa por haber fracasado y arruinado la vida de su hermano, no había tenido cabeza para preocuparse por su propio cuerpo. Después, después había sido difícil asimilar la pérdida, pero Edward había decidido que no tenía derecho a llorar por eso, no cuando Alphonse no tenía forma de llorar por su propio cuerpo.

Ahora… las cosas realmente no eran diferentes.

Es decir, la culpa por haber encerrado a su hermano en una armadura no había desaparecido –ese Al, el Alphonse de la armadura, con el que había pasado años buscando la piedra filosofal, ese Al había pasado un infierno–, sus memorias no lo abandonarían y no tenía derecho a olvidar sus pecados. Pero… era diferente, porque Alphonse, el Alphonse pequeño y aterrado, estaba ahí, y su cuerpo completo temblaba contra él; su hermano podía sentir calor, frío, la incomodidad de la cama y del estómago de su hermano mayor.

¿Qué era una pierna en comparación de su hermano?

-"¿No est…? ¿N-no estás…?"- ahora mismo, su único problema era ver cómo su hermano parecía culparse, pronto se enfermaría, no quería eso para él –"¿No estás molesto?"- susurró.

Edward obligó al menor a recostarse a su lado, acariciando su cabeza –"No… ¿cómo podría?"- respiró profundamente –"Cometimos un error, ¿no es así?"- su hermano asintió –"Un pecado"- el sollozo ahogado de Alphonse no fue sorpresa –"Pero... estamos vivos, tú estás aquí"- no podía pedir más.

Sin embargo, era obvio que su hermano no pensaba igual –"Voy a traerte algo de comer, ¿sí?"- y antes que Edward pudiera responderle, Alphonse se levantó y se fue.

Suponía que esa era la mejor reacción que iba a obtener, con suerte, podría hablar con Al cuando se tranquilizara y explicarle lo que había sucedido esa noche. Su hermano era sensible, debía recordarlo, no podía lastimarlo tratándolo repentinamente como el adulto que no era. Además, debía cuidar sus palabras si Winry estaba cerca.

Cuando Al regresó, traía consigo una bandeja con dos platos de comida, dos vasos y una expresión de fastidio mezclada con su preocupación que le hizo pensar en lo que debió soportar de la abuela para regresar relativamente rápido –"Es estofado"- murmuró cuando dejó la bandeja en la mesa de noche –"Winry y la abuela pensaron que… que querrías comer algo así"-.

-"Gracias"-.

No notó cuando su hermano se encogía ligeramente al escucharlo agradecerle, pero sí notó cuando el menor intentaba acercarle el plato para hacerlo comer –"¿Puedes sostenerlo?"- Edward iba a decirle que sí, pero no creía que fuera capaz de hacerlo, así que negó con la cabeza –"Te ayudaré"-.

-"Oh, Alphonse"- su hermano era simplemente adorable –"De acuerdo"-.

La determinación en la mirada del menor era suficiente para aceptar cualquier ayuda, si ayudarle a comer un poco le hacía sentir mejor, Edward lo dejaría tener ese momento.


Comentarios y críticas son bienvenidos.

Hasta el siguiente capítulo!