Fullmetal Alchemist y sus personajes no me pertenecen, hago esto sin fines de lucro.
Advertencias: Rated M, Slash (de clase slow burn), Fix-it. PTSD, Time Travel, temas maduros en general.
-"ABC..."-. Diálogo
-"ABC..."-. Pensamiento
Llave
Capítulo 4, Familiar
Las últimas semanas, Edward había estado… nervioso, suponía.
Es decir, esas últimas semanas habían sido diferentes.
Estando consciente de lo que sucedía a su alrededor, a diferencia de lo que había sucedido la última vez, Edward había notado varias cosas que jamás habían sido registradas en su mente y esa novedad no era particularmente buena, y tampoco mala. Estar presente en mente y no sólo en cuerpo significaba que ahora podía prestar atención a detalles que antes se le habían escapado… y que eran importantes. No podía realmente culparse por su reacción; la primera vez que había vivido todo eso, Edward en verdad había tenido sólo once años, no había tenido el privilegio de una mente más clara –aunque, siendo honestos, no creía que un adulto hubiera reaccionado mejor que él aquella primera vez–.
Ahora, a pesar de los problemas que tenía para asimilar lo que estaba viviendo por segunda vez –y las veces en que necesitaba al menos un par de horas para aceptar dónde, y cuándo, estaba–, Edward tenía… tenía una gran ventaja por encima de todos.
Pero sí, las cosas eran diferentes a lo que recordaba –o lo que no recordaba–.
Por un lado, la infección en su pierna se había complicado más de lo que habían esperado. Había sanado, pero aparentemente no como debió haberlo hecho. Las noches siguientes, cuando la fiebre de Edward había empeorado, Alphonse y Winry habían permanecido despiertos al pie de su cama, asustados al punto en que Edward no supo qué decirles para tranquilizarlos.
La abuela Pinako trabajó horas extra y sólo consiguió algo cuando Edward –desesperado por parar el llanto que escuchaba en la otra habitación y los gritos de su hermano, jurando que se encontraba mejor, que se recuperaría– accedió a soportar cualquier tratamiento que a la mujer se le ocurriera. Una semana después, Edward estaba mucho mejor, estable y en camino a recuperarse.
Por otro lado, la tensión en la casa de las Rockbell era difícil de definir. A veces era sólo Winry, que parecía molesta con él y Alphonse por las decisiones que habían tomado, otras veces la abuela se le unía, riñendo a Edward por el pésimo cuidado que había tenido con su hermano, a veces riñendo a Alphonse –y era cuando Edward debía intervenir–. Ellas no entendían muy bien las razones por las que Edward había manipulado a su hermano para intentar traer a su madre, a pesar de todo, ni la abuela ni Winry comprendían qué significaba quedarse completamente solos. No iba a justificarse, pero no creía que Alphonse debiera soportar esa actitud.
Esa tensión se liberaría, lo sabía, los Rockbell siempre habían sido una segunda familia para ellos, así que no creía que eso fuera a durar tanto tiempo. Sin embargo, no recordaba nada de eso –"Al tuvo que haberlo soportado solo"- y eso lograba hacerlo sentir más culpable.
Al menos ahora podría proteger a Alphonse de eso también.
Y es que tenía otras cosas en la mente; también tenía que tener en cuenta una cosa: en cualquier momento recibirían esa visita.
El teniente coronel Roy Mustang y la alférez Riza Hawkeye llegarían a tocar a la puerta, entrarían a la fuerza para confrontar a los hermanos Elric. Entrarían a la fuerza por la puerta y verían a Edward en su silla de ruedas, verían a Alphonse acompañándolo y Mustang lo tomaría por la ropa, intentando preguntarle qué demonios habían hecho en el sótano de su casa. Aquella vez, Edward no había cruzado palabra alguna.
El rostro de Mustang retándolo era la primera imagen nítida de su nueva vida; para muchas personas, su imagen no habría sido especialmente tranquilizadora –mucho menos si se trataba de un niño de once años justo después de un trauma como aquel–, pero para Edward… había sido lo más cercano a un milagro en esos momentos. Recordaba la visita como aquel punto coyuntural en su vida que le había permitido tomar las riendas de nuevo, encontrar una meta. El hombre le había dado –de una forma poco ortodoxa– la oportunidad para acceder a los medios que lo llevarían, invariablemente a recuperar a su hermano.
Y se lo agradecía, incluso si podría haberlo hecho mucho mejor –Mustang jamás había sido muy bueno con los niños–.
Ahora mismo no podría agradecerle gran cosa, porque ese Mustang no sería el mismo que había llegado a sacarlo de su depresión, pero… quería intentar regresar el favor que le había hecho, uno que el hombre no había entendido por completo aquella vez.
Lo había estado pensando, casi desde que se había recuperado lo suficiente para poder comer por su cuenta y sin la ayuda de Al –su hermano ya había derramado suficiente comida en su regazo, muchas gracias–. Su presencia en el ejército no podría estar atada a un deseo que no existía en ese tiempo; no había cuerpo que recuperar de la Verdad y su pierna no era incentivo suficiente para regresar tan pronto. Sin embargo, ahora tenía una tarea algo más complicada: recuperar las piedras filosofales.
No podía acercarse a Mustang y decirle –"¿Qué tal, Bastardo? ¿Cómo has estado? Yo, en lo personal, algo desconectado de mi cuerpo actual, y con un trabajo, aparentemente, ¿crees que podrías ayudarme a encontrar a tus amiguitos de Ishval? Creo que ellos tienen algunas de las piedras filosofales que necesito para terminar mi trabajo"- sería algo complicado acercarse con algo que el hombre no creería.
Además, Mustang no confiaba fácilmente, mucho menos si se trataba de alguien con la apariencia de un niño… y necesitaría su ayuda.
Sería complicado fingir que podría hacer todo por su cuenta, sin utilizar la ayuda de otros. Los recursos de los militares eran lo que le habían permitido viajar en su búsqueda de algún método para recuperar sus cuerpos en primer lugar.
Tendría que encontrar otra excusa para unirse a los militares, desafortunadamente.
Estar cerca de los militares significaría que podría mantener una vigilancia constante en Padre y sus homúnculos, estar al tanto de sus movimientos y evitar la tragedia que había sido la muerte del señor Hughes. También significaría obtener información sobre la situación en Amestris, cuidar a otros alquimistas de Cicatriz… Ser un perro del ejército tenía beneficios, eso le había dicho Mustang, sólo que Edward no había entendido qué tan ciertas eran sus palabras, hasta mucho después.
Estaba nervioso, porque no tenía idea de cómo haría que esa conversación fuera en la dirección que necesitaba –eliminando los brotes de violencia de Mustang, podía trabajar sin esos–.
Y, por supuesto, Edward tenía que tener en cuenta a su hermano.
Alphonse no era idiota, vería extraño que Edward –alguien que siempre había sido imparcial sobre el ejército y no estaba interesado en ellos– decidiera aceptar de pronto la oportunidad de ser alquimista estatal. Podría buscar más verdades de las que estaba dispuesto a darle, podría buscar la manera de detenerlo… o podría seguir su ejemplo e intentar convertirse en alquimista estatal para ayudarlo.
Porque Edward no creía entender la creciente protección que su hermano le mostraba. Comenzaba a ser preocupante, pero no había nada realmente malo con sus acciones, así que Edward lo dejaba estar.
Había comenzado con cosas sencillas, como ayudarle a comer cuando él no recuperaba la fuerza en sus brazos o cubrirlo con mantas cuando parecía que tenía un poco de frío. Después se había convertido en algo más extraño, pero normal entre ellos, como implorarle dormir en la misma cama después de una pesadilla –hasta ahora, Edward creía que sus malos sueños irían en aumento, porque era de esperarse, eso había sucedido con él– o las veces que buscaba abrazarlo cuando la abuela o Winry aparecían. Las últimas veces habían sido demasiado extrañas como para no notarlo; Alphonse lo había escuchado discutir con Winry y la chica había estado a punto de lanzarle una de sus herramientas, pero Al la había detenido.
Admitía que él no se había estado comportando exactamente como debía hacerlo; la normalidad de sus años de infancia no era la misma normalidad con la que había crecido los años siguientes y, aunque todavía disfrutaba una buena discusión, no creía que fuera justo de su parte discutir con una niña, y tampoco con la abuela –que había sido una gran ayuda y bastante comprensiva–. Así que se había mantenido en un perfil bajo, que todos habían confundido con una depresión o quizá el shock del trauma.
Alphonse no lo había tomado así, al parecer. Su hermano pequeño se había dado el papel de protector, algo que Edward no necesitaba, pero que le parecía demasiado familiar como para no aceptarlo a regañadientes.
Era jueves, así que no había mucho movimiento por Resembool –nunca lo había, era algo que había disfrutado cuando era un niño, pero después de vivir viajando, Edward no había logrado permanecer quieto en un lugar donde nunca nada pasaba–, normalmente recibían a uno de los clientes de la abuela los viernes, así que no esperaban a nadie.
Todos se sorprendieron cuando escucharon la puerta sonar, todos excepto Edward.
Eran golpes fuertes, el tipo de golpes que él daría si estuviera enfadado con alguien, pero no lo suficiente para ser confundidos con algo más que no fuera una mano de carne y hueso. La desesperación y furia en ellos podría confundirse fácilmente con pánico, por lo que la abuela tuvo que atender la puerta a prisa, antes que Edward pudiera reaccionar.
-"¡Al!"- llamó a su hermano, sentado al borde de su cama, el menor se giró de inmediato –"¿Podrías ayudarme a subir a la silla?"-.
A Alphonse no le gustaba verlo en la silla de ruedas, ni a esta versión pequeña, ni a la versión que él había visto crecer, nunca le había dicho qué era lo que veía, pero tenía una buena idea, su hermano a veces podía ser bastante transparente –"Pero, hermano… ¿no crees que deberías descansar un poco más?"- Edward rodó los ojos.
Había estado descansando demasiado, moría por encontrar una razón para salir, aunque se tratara de usar la silla para moverse o que alguien lo empujara –"Sólo tengo curiosidad, Al"- respondió.
-"Debe ser un cliente de la abuela… no debe ser nada interesante y…"- la puerta fue azotada en la pared y Alphonse se encogió en su lugar.
Sí, no lo culpaba –"Ayúdame, por favor"- recordaba cómo Mustang había empujado a la abuela para llegar con él, no necesitaban entrar en más conflictos. También recordaba cómo era su voz cuando gritaba, el tipo podía dar miedo.
A pesar de su resistencia, Alphonse terminó por asentir y ayudarle a subir a su silla. Los movimientos eran torpes, ninguno de los dos estaba acostumbrado a eso, así que la paciencia era lo primero que practicaban. Como Edward todavía no alcanzaba las ruedas para moverse libremente, era el trabajo de Al para llevarlo hasta la entrada –"Pronto voy a dejar esta cosa"- no tenía nada en contra de la silla, era sólo que… bueno, prefería moverse bajo sus propios medios.
-"Cállate, Den"- escuchó a la abuela –"No le ladres a los invitados…"- Edward sabía que, dentro unos minutos, no diría lo mismo.
Avanzaron lentamente hasta el vestíbulo antes de detenerse –"¿Dónde están?"- alcanzaron a escuchar, pero no hubo respuesta –"¡¿Dónde están?!"- debió suponer que Mustang no se iba a mantener tranquilo con lo que habría visto en casa, la última vez no había sido así, ¿por qué ahora sería diferente?
Aunque, si era honesto, la última vez no había tardado demasiado en llamar la atención de Mustang.
Ese hombre tenía serios problemas –"Y ahora… ¿qué hago?"- no sería fácil hacer que Al lo dejara a solas con Mustang, incluso si su hermano parecía acobardarse por momentos a su espalda.
-"¡No queremos a ningún perro del ejército en esta casa! ¿Qué quieren con nosotros?"- Edward se encogió al escuchar eso –"¿Qué hacen aquí?"-.
Sabía lo que seguiría, así que no se molestó en evitarlo.
Cuando Mustang conectó la mirada con él, Edward sintió que regresaba a una situación familiar, y algo familiar podía ser controlado. El hombre ignoró las preguntas de la abuela y avanzó el espacio que lo separaba de los dos niños que estaban frente a él. Mustang lo tomó de la ropa y lo alzó de su silla sin mucho esfuerzo –"¡Fuimos a su casa!"- cuando Edward no respondió de inmediato, el hombre continuó –"¡¿Qué era eso de ahí?! ¡¿Qué hicieron?!"-.
No pudo responderle, primero porque no tenía idea de qué decir para calmarlo, y segundo, porque Alphonse decidió que era momento de detener a un hombre con el doble de su peso –"¡Deténgase!"- gritó a su espalda –"¡Suelte a mi hermano!"- Edward miró a Al por un segundo, sintiendo que la voz de su hermano se desvanecería pronto, temblaba y sus palabras eran cada vez menos comprensibles, Mustang no lo entendería –"No… no fue nuestra… no lo fue… no queríamos…"- sus palabras fallaron y sólo escuchó cómo su hermano caía al suelo sin fuerza.
Las manos de Mustang perdieron la fuerza y Edward cayó en su silla sin gracia, golpeándose la pierna con el borde –"Al… Al"- llamó.
Su hermano se levantó poco a poco y desvió la mirada –"¿Qué hace aquí?"- preguntó, pero era evidente que no esperaba ninguna respuesta.
Edward estiró su mano hasta que Alphonse decidió que podía tomarla –"Ven, ven"- Al se acercó incómodamente hasta él y dejó que Edward lo abrazara por un momento, hasta que lo soltó.
Era lógico, su hermano no iba a llorar frente a dos extraños, no cuando la abuela también estaba ahí y podría verlo tan miserable como se sentía. Edward podía respetar eso, a pesar de saber que no era saludable. Eventualmente el menor regresó a su lugar detrás de la silla de su hermano y dejó que la abuela dirigiera a los dos militares al comedor, siguiéndolos poco después.
La general de brigada –no, no, espera, todavía no lo era– Riza Hawkeye se quedó atrás, como había hecho antes.
La última vez, había sido Al quien había explicado todo lo sucedido –dejando los detalles de lado, sin posibilidad de recordar lo que había visto detrás de la Puerta, sin el valor suficiente para describir qué había sucedido con la transmutación–, esta vez era su turno. Alphonse se sentó a su lado y Edward le extendió una mano de nuevo, su hermano la tomó y apretó con fuerza.
-"Nuestra madre murió"- comenzó Edward –"Hace… hace algunos años"- no podía mirarlo –"Así que… así que convencí a mi hermano menor que debíamos traerla"- incluso ahora, la amargura en su voz no había desaparecido –"Y no funcionó"- señaló su pierna.
Mustang arqueó una ceja –"Una pierna no parece un castigo suficiente"- no, a Edward tampoco le parecía suficiente, pero antes había sido su pierna y su hermano –"Un castigo suficiente para un… crimen"-.
Edward alzó la vista, conectando la mirada con el hombre, se preguntaba si Mustang era acaso religioso, porque esa pausa… esa pausa la había usado antes, Edward no tenía problema en llamarle a sus acciones pecados, pero Mustang lo estaba separando, y él era un alquimista.
Ignoró cómo su hermano presionaba su mano con más fuerza de la necesaria y miraba con furia a Mustang, ignoró cómo la abuela intentaba defenderlo –"Fue mucho peor"- terminó admitiendo en contra de su voluntad, lanzó una mirada a Alphonse que sólo pareció notar Mustang.
Mustang tomó una bocanada de aire –"Intercambio equivalente"- murmuró el hombre, claramente malinterpretando sus palabras por algo que Edward no quería que entendiera –"Teniente coronel Roy Mustang"- se presentó y extendió una mano.
Edward extendió la mano libre –"Edward Elric"-.
El hombre suspiró –"Esto es una sorpresa"- sí, eso era más conocido –"Escuchamos que en Resembool había un alquimista prometedor y vine a verle, entrevistarme con… él"- dijo como si realmente no lo creyera, dirigiéndose a la abuela Pinako –"Pero jamás imaginé que un niño como este podría realizar una transmutación, aunque imperfecta… y… y traer a un ser humano sin problema"- al precio de una pierna, escuchó Edward claramente, aunque el hombre no lo dijo –"Está más que calificado para ser un alquimista estatal"-.
Sintió la mano de Alphonse apretar todavía más y luego el sudor que parecía formar parte de él desde que la había tomado, claramente había notado lo que Mustang había dicho –"Imbécil"- pensó con furia, no se suponía que Mustang malinterpretara ese pequeño detalle, ahora había hecho sentir mal a su hermano y Edward no podría negar nada, porque su conclusión era la más lógica –"Pero Al va a empezar a preguntar"- cerró los ojos.
Alphonse, por supuesto, había notado las miradas del hombre, la forma en que se había sobresaltado al notar que Edward había hecho lo imposible –obviamente, era complicado intentar explicarles que, en realidad, Edward no había hecho nada, sino que había algo detrás que lo había ayudado–. Su hermano creería que Edward… por Dios… creería que Edward había pagado algo más por él, y Edward no le había dicho nada.
-"Una vez que lo sea"- continuó sin darse cuenta de lo que había hecho –"Deberá servir como soldado en caso de una emergencia"- sí, claro, emergencia, como Briggs quizá, como Ishval, tal vez –"Sin embargo… también recibiría algunos privilegios y acceso a investigaciones de primer nivel"-.
Bufó mentalmente, si sus investigaciones eran de primer nivel, Edward no quería conocer qué demonios era de segundo o tercer nivel. La mayoría de los alquimistas estatales eran más bien estúpidos –con la excepción de algunos, por supuesto–, solamente aceptados por el ejército porque su ambición superaba cualquier tipo de principios que pudieran llegar a tener. Kimblee o Basque Grand eran ejemplos de esa ambición y ejemplar afinidad con la alquimia.
Edward en verdad quería callarlo de una vez, antes que el hombre empeorara las cosas. Casi podía ver a su hermano reaccionar a la oportunidad, eso no estaba saliendo como él desearía.
-"Incluso podría recuperar su pierna o…"-.
Oh, no, no, no… no… imbécil, Mustang era un verdadero imbécil.
La abuela golpeó con fuerza el cenicero y frunció el ceño, Edward la entendía, ahora que habían pasado algunos años, no podía comprender cómo es que el hombre había considerado siquiera la posibilidad de enlistar a un niño al ejército. Ahora mismo no estaba pensando en él, estaba pensando en su hermano que era un niño. Era… algo que el viejo Mustang haría, lo sabía, pero en ese momento, Edward había visto una oportunidad, un milagro.
-"Cuando llegaron tambaleando cubiertos de sangre… fui a su casa"- Edward bajó la mirada hacia la mujer, preguntándose cómo alguien podía ser tan fuerte como para ver eso y no inmutarse como Edward lo había hecho dos veces ya –"Lo que… lo que había… ¡lo que había ahí no era humano!"-.
-"No lo era"- cortó Edward –"No lo era"- repitió para su hermano, ya había tenido suficiente de eso, esos dos sólo estaban logrando confundir a Al –"Mi teoría y mis cálculos fallaron… no logramos regresar a nuestra madre, ni a nada que fuera remotamente ella"- suspiró.
La abuela Pinako se inclinó sobre la mesa, ignorándolo –"¿Me está diciendo que la alquimia hizo eso?"- Mustang no se movió –"Estoy en contra"- sentenció –"¿Quiere que estos dos vuelvan a pasar por un infierno?"-.
En el silencio, Edward consideró la situación mientras masajeaba el dorso de la mano de Alphonse, su hermano estaba tenso, respiraba con dificultad, pero no se atrevía a decir nada –"Abuela, Al, ¿podrían dejarme a solas con el… teniente coronel?"- no le sonrió ni volteó a verlos.
Su pregunta no era una petición, se dieron cuenta, era más bien una orden.
-"¿Hermano?"- claro, Al no quería dejarlo solo, y en cierta forma lo entendía, él era sólo un niño a sus ojos, quedarse a solas con un militar significaba que podría ser fácilmente manipulado, ¿verdad? También, no lo descartaba, su hermano estaría pensando en cómo entrar al ejército para ayudarle, a él, y recuperar su pierna.
¿Cómo le explicabas a un niño que habías vivido con una pierna de metal por trece años y ya era parte de ti?
Este Alphonse sólo veía cómo su hermano había terminado herido por una estupidez, se culpaba, lo veía. Y si se culpaba, probablemente intentaría por todos los medios hacer algo… típico de los Elric, al parecer –"No aprendemos nada, ¿eh, Al?"-.
-"Por favor"- luego miró a la mujer y asintió con la cabeza.
Sólo cuando la abuela tomó a Al por el brazo, pudieron moverse de ahí. Caminaron lentamente, como si con eso pudieran hacer que Edward se retractara y les pidiera quedarse, pero al final, cuando escuchó la puerta cerrar, supo que habían entendido.
Por primera vez desde que el hombre había cruzado la puerta y lo hubiera atacado, Edward miró fijamente al hombre, analizando todo lo que pudiera encontrar ahí.
En trece años de conocerlo, Mustang no había cambiado demasiado. El hombre apenas y había envejecido cuando había asumido el cargo de Führer, con algunas líneas de expresión en el rostro que, probablemente, habían sido causadas por algunas de las aventuras que Edward y Alphonse habían tenido bajo su cargo. El hombre, a pesar de la visita, era una imagen familiar, algo que podía relacionar con su pasado… con un futuro que no ocurriría. Su expresión era serena, tanto como podría estar dadas las circunstancias; no haría mucho que la guerra de Ishval habría terminado, así que no podría decir que estaba perfectamente bien.
Tenía ojeras que no había notado la primera vez, y no tenía sus guantes a la vista, parecía más sorprendido de lo que debería estar, pero lo ocultaba casi tan bien como lo ocultaría el Mustang de su futuro. Estaba claro que el hombre estaba nervioso.
Casi tanto como él, suponía.
-"Preferiría hablar con tu guardián"- comentó Mustang, sin poder soportar el silencio.
Edward se encogió de hombros –"La abuela Pinako no es nuestro guardián…"-.
-"Quizá tu padre sería…"-.
-"Nuestro padre se fue de casa hace… poco más de ocho años"- sí, no se había dado cuenta de cuánto tiempo había pasado, vaya que Hohenheim los había abandonado –"Nuestra madre cuidó de nosotros hasta que murió, hace seis años"- no quitó la vista del hombre, asombrándose de todo lo que podía ver ahí.
Habría sido tan bueno que Edward pudiera leerlo así de fácil antes, le habría ahorrado mucho.
Sorpresa primero, después cierta culpa por haberlo mencionado, luego un destello que Edward reconocía como el oportunismo del hombre… y algo parecido a la simpatía.
-"¿No deberían estar a resguardo del Estado?"- Edward asintió.
Porque eso debería haber sucedido, pero nadie en Resembool creía que fuera necesario o especialmente importante para el Estado. Cuando Trisha Elric había muerto, simplemente se había realizado un funeral, y los niños Elric habían quedado a custodia libre –Edward, por supuesto, había acompañado a la abuela para asegurarse que no los separaran–, cuando Edward había cumplido diez años, justo antes de la visita de la maestra a Resembool, había falsificado algunos papeles para declararlos independientes, nada que se saliera de lo común.
Era evidente que nadie tenía por qué saberlo –"Me he hecho cargo de mi hermano desde entonces"-.
-"Y vaya trabajo has hecho"-.
Lo dicho, Mustang era un imbécil –"Lo sé"- su respuesta no es lo que el hombre esperaba, lo sabía, y sintió una satisfacción morbosa al verlo endurecer las facciones –"Lo supe desde que murió nuestra madre… es por eso que decidí que la quería de vuelta"-.
-"No… no pareces tan afectado por lo que hiciste"-.
Edward sonrió sin humor –"Lo estoy…"- siempre lo estaría, había marcas que no se borraban fácilmente –"Pero tengo a Alphonse, quiero hacerme cargo de él… y él estará bien, así que yo lo estaré"- sin pretenderlo, llevó una mano al inicio de su pierna, cuando se dio cuenta de lo que hacía, puso ambas manos encima de la mesa –"Una pierna es un precio mínimo, me parece"-.
-"Pero no fue sólo la pierna, ¿o sí?"- vaya, el hombre en verdad no era estúpido –"Intercambio equivalente…"- dijo de nuevo –"Hiciste una transmutación humana y demando saber el precio real…"- Mustang se cruzó de brazos –"Quiero saber cómo trajiste a tu hermano de vuelta"-.
¿Debería hacerlo? Es decir, sabía que el hombre entendería, incluso si no era por completo, Mustang era de las pocas personas que gozaban de la completa confianza de Edward y ahora mismo no era tan diferente como quisiera. El hombre tenía un hueso moral que no muchos en su posición tendrían, a pesar de ser flexible con las reglas cuando quería algo, sabía de antemano que no delataría a Edward con el ejército, porque quería tenerlo en su equipo. Pero ahora… Edward quería algo también, si iba a ayudarlo, quería que Mustang entendiera que sus respuestas debían ser claras, que sus intenciones no podrían cubrirse con excusas.
Que, si iba a ser parte de un equipo, esperaba ser tratado como parte de él…
Sería difícil.
Así que… información, sí, Mustang la había pedido, ¿cierto? Edward se la daría… y después sería su turno… intercambio equivalente.
-"A cambio de esa transmutación… pagué con mi pierna y mi hermano"- se abrazó, tal vez debió haber aceptado la manta que Alphonse le había ofrecido –"No podía perder más, ¿lo entiende?"- claro que no lo entendía, no todavía, no lo entendería nunca si Edward podía evitarlo, el hombre no necesitaba ese tipo de dolor –"A cambio de mi hermano… el precio fue…"- se mordió el labio –"Fue ver la Verdad"-.
-"¿La verdad?"-.
Edward suprimió una sonrisa –"Perfecto…"- luego intentó lucir tan confundido como podría parecer un niño –"Lo siento, pensé que estaba hablando con un alquimista"- un leve color subió al rostro del hombre –"Fascinante"-.
-"Soy un alquimista"- dijo con más fuerza de la necesaria –"Alquimista estatal, de hecho"-.
-"Oh… ¿y no sabe lo que es la Verdad?"- preguntó con genuina curiosidad.
No creía que Mustang fuera particularmente un mal alquimista –su maestría con el fuego era suficiente para Edward–, era un hombre con un amplio conocimiento en su especialidad y, francamente, le habría podido enseñar un par de cosas. Pero tampoco podía esperar que todos los alquimistas tuvieran el mismo entrenamiento que su hermano y él habían tenido –nadie era como Izumi Curtis–. La alquimia no era sólo el método científico que usaban regularmente, se trataba del uso de muchas otras disciplinas para comprender el entorno y lograr manipularlo; sin embargo, la idea de uno es todo, todo es uno era algo básico.
-"Niño…"-.
Edward lo detuvo –"Lo siento, es sólo… supuse que todo el mundo lo sabría"- miró sus manos, y suspiró –"¿Podría hacerle algunas preguntas?"-.
Habría sido gracioso molestar al hombre, suponía que ciertos hábitos eran difíciles de romper, pero ese no era el momento adecuado para hacerlo –"Adelante"-.
Se inclinó un poco hacia la mesa –"¿Cómo es que supo de… de mí?"-.
-"Los registros del Estado señalaron a dos hermanos con el talento de la alquimia, aunque las edades no estaban… cerca de la realidad"- Edward inclinó la cabeza de lado –"Treinta y un años, treinta años… dos prodigios de la alquimia"-.
¿Habría sido un error de registro? ¿O se trataría de algo más?
Hasta donde sabía, Padre no tenía idea de la existencia de ellos, no lo sabría hasta que se cruzaran con él accidentalmente, dentro de cuatro años. Los homúnculos no tendrían idea de eso tampoco, ninguno, ni siquiera King Bradley o Selim… Hohenheim se había asegurado de no ligar su nombre con el de ellos, así que no habría ninguna conexión –a menos que alguien los reconociera por el cabello o los ojos–.
Incluso si el registro había sido un simple error humano, Edward no entendía cómo es que alguien podría haberse enterado de su habilidad con la alquimia. Es decir, practicaban en casa, dentro, con los Rockbell en ocasiones, pero jamás en otro sitio. Tenían mucho cuidado de no hacer nada en la escuela o en algún sitio público, ¿cómo se habían enterado?
Edward podría haber sido arrogante, era arrogante, pero sabía muy bien cómo cuidarse y cuidar de su hermano para evitar que alguien quisiera tomar ventaja de ellos –"¿No es extraño?"- terminó diciendo –"¿Cómo es que lo sabían?"- Mustang parecía confundido con sus preguntas –"Ni mi hermano ni yo practicamos fuera de nuestra casa…"- cuando el hombre no dijo nada, presionó –"El colegio es peligroso, no podemos ser descuidados ahí… y el pueblo está demasiado lejos"-.
En Dublith habían sido conocidos por…
Dios… había sido eso.
-"Se trataba sólo de un rumor"- por un momento, Edward odió ver esa pequeña sonrisa de suficiencia en el hombre, saber que había ganado algo solamente con decirle de aquel rumor –"Aparentemente, intentaron detener el desborde de un río"- la duda en su voz era casi tan molesta como su sonrisa.
-"Sí…"- lo había olvidado por completo, había sido un día de emergencia.
Los adultos no habían sabido qué hacer, si el río se desbordaba, el ganado se vería afectado y también la cosecha… además de un par de casas cercanas. Después de haber sufrido por la visita de los ishvalanos que habían quemado algunos sembradíos, el pueblo no podía darse el lujo de más problemas. Había sido una emergencia, Alphonse y él habían ido.
-"¿Fue cierto entonces?"-.
Su madre jamás los habría dejado ir, ese era un error más que Edward tendría que cargar –o no, sustituyó su mente, porque gracias a ese descuido, Mustang los había guiado a un camino que les había salvado la vida–.
Edward negó con la cabeza –"Intentamos detenerlo, pero el flujo de la corriente destruyó nuestra… las barreras, fue nuestra maestra quien salvó el pueblo"- y vaya que había sido impresionante. Había sido la primera vez que había visto a un alquimista de verdad –"Alquimista, te debes al pueblo"- o algo así, después de eso, la mayoría de los alquimistas encontrados en otros pueblos y ciudades habían sido decepcionantes.
-"Esa maestra, ¿cuál es su nombre?"-.
Claro, porque era tan idiota como para darle su nombre, sería mucho más fácil dejarla asesinarlo después de unirse al ejército que darle el nombre a Mustang, confiaba en él, pero no tanto –"Ella prefiere el anonimato, no estaría muy feliz de saber que estoy hablando con un militar"- inclinó la cabeza –"Igual que nosotros"-.
Eso hizo que Mustang sonriera un poco más –"Por supuesto, es algo que debía esperar de dos prodigios como los que había sido enviado a investigar"-.
Esa actitud no quedaba con el Mustang que Edward conocía, esa amabilidad extrema que ocultaba apenas sus verdaderas intenciones, palabras dulces y concesiones no eran lo que recordaba del hombre. Tampoco era típico de Mustang adularlo, adularlos, ese no era su estilo; el hombre simplemente estaba intentando encontrar el camino más fácil a ellos, acceder a dos personas como Edward y Alphonse Elric, ese era su objetivo.
-"¿Nos dejaría solos?"- se atrevió a preguntar –"Mi hermano y yo no necesitamos la atención del Estado sobre nosotros"- aunque sabía la respuesta real, Edward deseó continuar con esa conversación un poco más.
El hombre pareció considerarlo –"Bien… podríamos hacerlo, pero sólo sigo órdenes"-.
-"Entonces, ¿lo enviaron a investigar?"-.
-"Sí"- tanta fuerza en su respuesta, tanto talento para mentir, qué pena que Edward supiera mucho mejor –"Mis superiores creen que dos alquimistas con ese talento podrían ser útiles para el ejército y la protección del país"- la tensión en sus hombros creció.
¿Sus superiores? Como si Mustang actuara sin pensar las cosas por sí mismo, el hombre lo había dicho, él no seguía órdenes irracionales, no después de Ishval –"Y ahora… ahora que sabe que somos menores, ¿por qué sigue aquí?"- en realidad, siempre había estado curioso de eso, pero jamás había tenido el valor de preguntarle a Mustang, en aquel tiempo, todas esas razones habían carecido de sentido para él.
-"¿Por qué?"- Edward asintió –"Como les dije, dos alquimistas así…"-.
Negó con la cabeza –"Me está mintiendo, señor, lo sé"- quería repuestas directas y las iba a conseguir, quisiera o no –"Somos dos menores de edad… y en algún momento debió darse cuenta, antes de llegar a tocar a la puerta, que aquellos alquimistas se trataban de dos niños"- miró fijamente al hombre, retándolo a negar sus palabras –"Usted no está siguiendo órdenes de nadie, ¿cierto?"-.
Vaya.
Mustang era rápido, en verdad lo era.
Y había tenido que regresar en el tiempo para darse cuenta a qué extremo llegaba su ambición y qué tan efectivo era cuando quería algo. Debía aplaudirle, porque no muchos habrían avanzado tanto en tan poco tiempo –cabeza del Estado a los treinta y cuatro años era una hazaña–, tampoco habría tantas personas que serían tan descaradas como Mustang para conseguir lo que deseaban.
Visitar a unos niños para enlistarlos al ejército… probablemente no de inmediato, pero sí eventualmente, asegurándose ser de confianza para dos mentes maleables. Edward estaba impresionado, realmente lo estaba.
Porque lo había conseguido.
Incluso si Edward estaba impresionado y no podía guardarle rencor al hombre, creía que, si se hubiera tratado de otros niños, no hubiera sido tan permisivo con la situación. Con la mente clara, Edward veía cuánto daño pudo causarles.
-"En verdad eres un prodigio, ¿no?"- la pequeña sonrisa del hombre cubría muy bien su incomodidad, cuando pasó un momento en silencio, volvió a hablar –"Es mi día libre"- admitió.
-"¿En jueves?"- qué horrible –"¿Qué es lo que quiere de nosotros, señor?"-.
Mustang se encogió de hombros –"Ver por el futuro de Amestris, supongo"-.
-"Bonita forma de decirlo, bastardo, al menos no mentiste esta vez"- era refrescante, eso era familiar, con eso podía trabajar –"Por supuesto"- era una verdadera pena que no pudiera decir todo lo que deseaba –"Y ese futuro incluye un título y un grado militar, ¿cierto?"-.
Mustang asintió –"O quizá un lugar en la Academia, si lo ven necesario"- luego miró al espacio vacío junto a su pierna derecha –"Pero creo que podrían tener cierto… límite de tiempo"-.
-"Casi"- era bastante bueno, pero no tanto –"Si me faltara un brazo y el cuerpo entero de mi hermano, tal vez ahí tendrías razón"- aunque admitía que usar lo poco que sabía de él era una buena opción –"Apuesta por algo que no me interesa, teniente coronel"- se encogió de hombros –"Tengo todo lo que deseo, mi hermano está en perfecto estado de salud… su oferta de ser parte del ejército no me parece interesante"-.
Sólo esperaba que el hombre entendiera lo que quería decir con eso. El ejército no le importaba, pero la promesa que Mustang había hecho… eso era interesante.
Mustang no lo decepcionó, después de unos minutos en silencio, habló –"No parte del ejército, ¿no deseas responder a un superior?"-.
-"No tengo superiores"- se cruzó de brazos, la risa del hombre seguía siendo molesta, deseaba que se callara un poco –"Y el ejército no tiene la mejor reputación"-.
-"Veo el rostro de tu hermano y pienso en toda la culpa que tiene oculta, probablemente no lo hayas notado, ¿verdad? Tal vez demasiado ocupado mirando al vacío desde la comodidad de tu silla"- arqueó una ceja –"¿Dejarías que tu hermano viviera con esa culpa sobre sus hombros?"-.
Quiso tener su automail de nuevo y golpearlo directamente en la nariz, quizá con eso lograría hacerle entender que, si usaba a Al como argumento, probablemente las cosas no saldrían como él deseaba que salieran. Pero Edward no era… podía controlar sus impulsos lo suficiente para no matarlo ahí mismo –"Voy a pedir algo, incluso antes de escuchar su verdadera oferta"- advirtió –"Ni siquiera contemple la opción de meter a mi hermano en esto, porque no le va a gustar mi respuesta, Mustang"- respiró profundamente –"Ahora, estoy algo cansado y mi muñón está doliendo un poco desde que me levantó de la silla, así que quiero respuestas"- lo miró fijamente –"¿Me está amenazando o me está ofreciendo algo?"-.
Bien, eso estaba bien, ¿verdad?
Había sido directo, pero no tanto; había confrontado a Mustang como debió haber sido, pero no lo suficiente como para dejarle ver qué tanto sabía realmente.
-"Preferiría llamarle una oferta"- luego se detuvo –"¿Qué es lo que puede adivinar un prodigio como tú?"- oh, así que eso era una prueba, a Edward no le gustaban las pruebas.
-"Parece que es un alquimista relativamente joven, señor Mustang"- hasta ahora, Edward había podido tranquilizarse a tiempo, no iba a arruinar esa reunión sólo por el atrevimiento de Mustang, le daría el beneficio de la duda, porque el hombre aprendería a no meterse con él y con Al –"Y teniente coronel, además… me pregunto cómo es que llegó hasta ese puesto… y tan rápido"- entrecerró los ojos –"Alquimista estatal… salió de la Academia, ¿cierto?"- no dejó que el hombre contestara, porque él no había acabado –"Directo a servicio… eso debió ser… ¿Ishval?"- la tensión en el hombre le dio fuerza para seguir –"Pero no se ve muy orgulloso por eso"- Mustang siempre evitaba hablar del tema, jamás había sido discutido apropiadamente, pero en aquel momento la general de brigada Hawkeye había sido muy amable en explicarle un poco de las razones del hombre.
Agradecía eso, porque de otra forma, jamás habría confiado tanto en él.
-"Eres… bastante perceptivo"- intentó sonreírle, pero no consiguió más de una mueca que incluso a Edward le pareció dolorosa –"¿Algo más?"-.
-"Si no está orgulloso de eso… entonces está inconforme…"- negó con la cabeza –"Más que eso, los militares no actúan por su cuenta, eso no es… normal"- fascinado por las expresiones de Mustang, Edward no notó cómo se inclinaba sobre la mesa y hacía que el hombre se retirara casi imperceptiblemente –"Promovido justo después, supongo, y ahora… ahora vino a Resembool, un pueblo que siempre es olvidado por el ejército, buscando a dos alquimistas por voluntad propia"-.
-"No pareces especialmente adverso a mis acciones"- el hombre se cruzó de brazos –"Y deberías, después de todo vine buscando a dos niños"-.
-"No estoy feliz de sus intenciones para manipularnos, pero… hay algo en usted"- se encogió de hombros, luego añadió –"Tengo suerte de estar vivo"- Mustang simplemente no tenía idea de cuánto, así que Edward se permitió una sonrisa amarga –"Esta es mi segunda oportunidad y me parece… que usted está utilizando la suya"-.
La risa del hombre lo sorprendió más de lo que debería haberlo hecho –"¿Segunda oportunidad? Sí, supongo que podría llamarle así… pero más bien lo veo como una deuda que debo pagar"-.
Una deuda –"Intercambio equivalente, eso es lo que mueve a los alquimistas"- la culpa era demasiado grande para cargarla por toda una vida, Edward lo entendía mejor que nadie.
Tenías tanto sobre los hombros, sólo existían algunas opciones antes de llegar, invariablemente, a la necesidad de pagar por tus errores; podías compartir la carga –condenando a otro a vivir lo que tu viviste– o llevarla por ti mismo hasta que tu cuerpo no pudiera más.
-"Me pregunto, ¿cuál es la opción que Mustang eligió?"- sabía que la general de brigada Hawkeye había estado a su lado, también Hughes, pero… ¿realmente había compartido su propia carga? ¿O se trataba de tres personas con un peso similar en la misma posición, cada uno cargando sus pecados por separado, sin compartir realmente?
-"¿Qué tan grande es esa deuda?"-.
-"Tan grande como el país"-.
Edward asintió y ambos se quedaron en silencio.
Tan grande como el país… sí, suponía que la carga era tan grande como el país… pero al mismo tiempo Edward no creía que una deuda tuviera comparación, la carga era tan pequeña o tan grande como el individuo la creara, era su corazón quien decidía qué podría sanarlo.
Sentía cierta pena por el hombre, porque habían sido sus principios lo que lo habían llevado hasta esa posición, el sueño de proteger a sus seres queridos había sido manipulado para beneficio del Estado que, al final, sólo significaban los planes de Padre, tanto como la creación de Amestris, ¿cuántas personas habrían caído en la misma situación? ¿Cuántos otros habían muerto pensando que habían logrado algo?
-"Esa es una carga terrible"- comentó Edward después de un poco –"Una pierna no parece tan importante ahora"- cerró los ojos, sin darse cuenta de la sorpresa en crudo en el rostro de Mustang, sin notar que había logrado algo que no se había propuesto –"¿Cree que un alquimista como yo sea útil para ayudarle a pagar esa deuda?"-.
-"… Pensé… que no deseabas responder a nadie"-.
-"Quizá si hablara más claro… podríamos llegar a un acuerdo"-.
Pedirle algo así a Mustang era como pedirle a Al no ser amable con todo el mundo, simplemente no se hacía, pero el hombre tendría que esforzarse un poco –"¿Qué clase de acuerdo podría funcionar contigo, Prodigio?"- se preguntó –"Los beneficios de ser un alquimista estatal son…"-.
-"Deben ser increíbles privilegios, ¿verdad?"-.
Para un niño de la provincia, la oferta de privilegios por encima de otras personas debía parecer una buena oferta, pero Edward había disfrutado de esos privilegios, y francamente no eran más privilegios que aquellos que le dabas a los cerdos que ibas a sacrificar dentro de poco –"Pueden serlo… si tienes la fortuna de tener un superior que se preocupe por sus subordinados"-.
Ah, ahí estaba.
-"Sí, eso es cierto… si tal superior existiera, supongo que sabría exactamente lo que quiero…"- y Mustang definitivamente no sabía.
Esto comenzaba a ser divertido, sólo desearía poder demostrarlo, porque ahora mismo podría ser incómodo explicarle al hombre qué sucedía con él como para no estar en la misma condición que Alphonse.
-"Supongo que esos privilegios significarían no involucrar a tu hermano, ¿me equivoco? Eso es posible"-.
-"Y también es posible que simplemente me niegue… difícil probar que dos niños pueden hacer alquimia"-.
Mustang no dejó que Edward siguiera –"Pero no tan complicado revisar algunos registros para encontrar a dos niños sin guardianes legales"- eso era una amenaza, pero incluso Mustang no sería capaz de hacerlo, era más probable que estuviera fanfarroneando.
-"Podría intentarlo, señor"- sabía que estaba acabando con la paciencia de Mustang, pronto el hombre se daría por vencido y regresaría por donde había venido –"Pero dudo que encuentren algo"-.
Eso era un reto, Mustang lo veía como un reto –"Creo que deberías considerar lo que estoy ofreciendo"- sí, protección y privilegios.
-"Ese es el problema, teniente coronel… no me ha ofrecido nada, y nada de lo que tenga por ofrecerme el ejército me interesa, y si intenta mencionar a mi hermano de nuevo, quizá no lleguemos a nada, señor"-.
Mustang alzó ambas manos –"Te ofrezco acceso a material que ni tu hermano ni tú podrían imaginar, espacio para investigar libremente"- claro, porque eso había sucedido la última vez –"Si pasaras la certificación…"- suspiró –"Pero nada de eso te interesa, ¿cierto?"- Edward negó con la cabeza –"Sí, suponía eso"-.
-"Estamos hablando de una posibilidad remota, señor"- hablar con Mustang no se había hecho más sencillo con el tiempo y la ventaja de conocerlo –"La idea de aceptar unirme al ejército es… lejana, y es mucho más lejana la idea de encontrar a una persona que pueda preocuparse por aquellos que trabajan bajo su mando"- negó –"Y si encontrara tal cosa, si tal superior lograra convencerme, ¿cómo podría asegurarme que, en cinco o diez años, no cambiaría? El ser humano es voluble, después de todo"- los humanos eran tan volubles como una pluma al viento, pero Mustang… no.
No pedía que el hombre confiara en él, porque esas cosas se ganaban, sólo pedía un poco de honestidad.
Miró la puerta, esperando que nadie quisiera entrar todavía, porque eso complicaría todo cuando no había necesidad de ello. Winry podía ser entrometida cuando no obtenía lo que deseaba y, a esa edad, recordaba que no había practicado la paciencia como virtud.
-"¿Qué es lo que quieres saber?"-.
-"La verdad"- dijo con más fuerza de la que pretendía, saboreando lo que significaba tener el conocimiento.
Mustang lo miró fijamente –"Deseo proteger a los habitantes de este país"- dijo firmemente –"Para hacerlo, necesito estar en una posición en la que pueda moverme libremente… y un equipo es esencial"-.
Edward se mantuvo en silencio por un segundo más de lo que habría necesitado, sólo porque evaluar al hombre era mucho más interesante que responderle de inmediato –"Y tener a dos alquimistas es…"-.
-"Demasiado bueno para dejar pasar, Prodigio"- Edward rodó los ojos.
-"No soy ningún prodigio, sólo soy un alquimista"- corrigió –"Pero… creo que entiendo su punto, Futuro Führer"- podía notar que tanta honestidad no era buena para el hombre –"Pobre…"- pensó con gracia –"¿Cuál es la garantía que puede dar? ¿Cómo puede asegurar que no se desviará del camino que propone?"-.
-"Tengo alguien a mi espalda que no permitirá que me desvíe"-.
La general de brigada, sustituyó su mente.
Por primera vez desde que Edward y Alphonse habían salido de su casa bajo la lluvia, Edward sonrió genuinamente –"Usted es… interesante"- obviamente nadie le había llamado así antes –"Ansío tener un asiento en primera fila cuando llegue a su meta…"- suspiró –"¿Tienen prisa?"- preguntó de pronto.
-"Eh… no"- Mustang parecía confundido.
-"Podríamos invitarlos a cenar"- dijo ofreciendo su mano.
Mustang tomó su mano por instinto –"Eh… ¿qué? No… no lo sé… ¿lo siento?"- Edward suprimió una sonrisa.
Sí, no esperaba eso –nadie esperaba que Edward pudiera ser amable, a veces no los entendía, él podía ser bastante educado si se lo proponía–. Tal vez creyó que esa conversación no se llevaría tanto tiempo, porque eso definitivamente había tardado nada la última vez –"Pero eso no va a pasar, ¿verdad? Tal vez debería… debería empezar a dejar el pasado… o el futuro… atrás"- inclinó la cabeza hacia la puerta –"Invitarlos a cenar… a usted y a su compañera"- dijo lentamente.
Edward intentó mover la silla de ruedas por su cuenta, moviendo una rueda primero para salir de su lugar a la mesa, y después intentando girar hacia la puerta y convencer a todos los que estaban del otro lado que era buena idea ser buenos con los invitados. Por supuesto, no era fácil hacerlo y terminó llevándole más tiempo del que normalmente le tomaba a su hermano, pero al final llegó hasta la puerta y la abrió.
Como esperaba, Alphonse estaba tan cerca de la puerta como sería socialmente aceptado, intentando escuchar una conversación que, siendo sinceros, no habría podido escuchar de todas formas. La abuela y Winry estaban con la… la alférez Riza Hawkeye, casi en silencio, intentando tomar té.
-"Hermano… no te escuché… no te escuché gritar"- su confusión era evidente y comenzaba a molestar un poco a Edward.
Eh… ¿por qué esperaba que gritara? No había necesidad de eso cuando Mustang podía comportarse medianamente frente a él –"¿Por qué lo haría, Al?"- preguntó aceptando la mano de su hermano.
En vez de responderle, Alphonse dirigió la vista al hombre detrás de él –"Supongo que ya se van, ¿cierto?"- hacía mucho que no veía a su hermano ser tan hostil con otros, quizá había sido buena idea mantenerlo fuera de la conversación –"Deben estar muy ocupados"-.
-"Al"- apretó un poco su mano, a modo de advertencia –"Abuela, quisiera invitarlos a cenar, ¿podríamos hacerlo?"-.
La mujer pareció considerarlo un momento, antes de verlo fijamente y asentir –"Tenemos suficiente para todos"-.
Pinako Rockbell era una mujer inteligente, habiendo soportado por tanto tiempo a Hohenheim y después a los Elric, Edward creía que esa mujer se merecía un monumento –Edward sabía cuánto le había ocasionado–, así que no le pareció sorprendente que accediera sin mucho problema a la petición de Edward, no cuando había notado claramente que el menor había mostrado cierto interés en la conversación que había tenido con el hombre.
Alphonse lo miró sin entender –"Son invitados, Al, ¿de acuerdo?"- el menor frunció el ceño, pero no dijo nada más –"¿Por qué no ayudas a la abuela y a Winry? Iré enseguida, te lo prometo"-.
-"Está bien… sólo ten cuidado, hermano"- con una última mirada a los dos militares, Alphonse se fue detrás de Winry.
Edward no se molestó en girarse para ver a Mustang y hablar –"Si promete hacer todo lo posible por no involucrarlo con el ejército, consideraré seriamente su propuesta, Futuro Führer"-.
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Hasta el siguiente capítulo!
