Fullmetal Alchemist y sus personajes no me pertenecen, hago esto sin fines de lucro.

Advertencias: Rated M, Slash (slow burn), Fix-it. PTSD, Time Travel, temas maduros en general.

-"ABC..."-. Diálogo

-"ABC..."-. Pensamiento

ADVERTENCIA: Escenas explícitas, no aptas para público sensible (tal vez)


Llave

Capítulo 5, Apología

Después de la visita de Mustang y la general de brigada –y después de una cena incómoda en la que sólo la abuela y Edward habían intentado mantener las cosas civiles, sorprendentemente–, Edward había subido por primera vez a la habitación que compartía con su hermano –con la ayuda de Alphonse y Winry, obviamente–. Ese había resultado ser un día agitado, para un jueves, pero suponía que tendrían que acostumbrarse tarde o temprano.

No había tenido el valor para hablarles sobre la decisión que había tomado. Sólo esperaba que tuviera tiempo de hacerlo a la mañana siguiente, cuando llegara el inevitable interrogatorio que vendría cuando Edward les dijera que quería un automail.

No esperaba obtener una buena reacción, pero con suerte lograría un resultado tan bueno como había sido el de la última vez.

Siendo honesto consigo mismo, las cosas estaban saliendo mejor de lo que habría deseado; la visita de Mustang había acelerado las cosas un poco –porque Edward había esperado tener algo de tiempo para asegurarse que su hermano pudiera tranquilizarse un poco–, pero creía que era mejor así. No estaba acostumbrado a ser tan paciente.

Por supuesto, ahora… ahora tenía cierto problema con Al.

Su hermano había permanecido en silencio la mayor parte del tiempo, sólo rompiéndolo para soltar algún comentario sobre lo inoportuno que había sido tener visitas ese día –lo cual no era necesariamente una mentira, sólo un poco grosero– o preguntándole a Edward si quería algo más de la mesa para servirlo, como hacía en cada comida. Edward había sido paciente hasta donde había podido, centrando casi toda su atención en Alphonse cuando la requería, normalmente intercambiando algunas cosas que su hermano no querría comer por cosas que estaban en su plato, mientras hacía preguntas irrelevantes sobre Ciudad del Este hacia la general y Mustang.

La tensión se había disipado poco a poco después de despedir a las visitas, hasta que Alphonse había bostezado y la abuela los había obligado a ir a descansar de una vez –antes de ponerlos a limpiar la mesa y la cocina por seguir despiertos–. Por supuesto, Edward no había tenido ningún problema con eso; hablar con Mustang podía robarte una gran parte de tu energía, incluso si habías disfrutado el momento más de lo que iba a admitir.

Ahora… acostados –en su cama, porque Al no parecía ser capaz de dormir por su cuenta, y Edward realmente lo entendía–, Edward intentaba dormir –"Sé razonable, Al, no es posible"- se masajeó la sien, esperando que el dolor de cabeza no se transformara en algo peor.

-"Pero… pero, ¿por qué?"- murmuró contra la almohada, habría sido gracioso, pero después de al menos una hora de lo mismo, Edward realmente quería dejar el tema –"Creo que es una verdadera oportunidad, Ed… podría investigar y tú descansarías… así buscaría la manera de recuperar tu pierna y…"-.

Eso, justamente eso había temido que sucediera.

Porque, en realidad, Alphonse y él no eran tan diferentes como muchos pensarían. Al parecer, la culpa era un buen combustible para la sangre xerxiana de los Elric, ni Edward, ni Alphonse, ni Hohenheim podían vivir sin culpa. Su hermano por supuesto, no sería la excepción, incluso si realmente no había nada que hubiera hecho mal.

Alphonse sólo había escuchado un fragmento de una conversación, sin siquiera tener idea de lo que Edward había discutido realmente con Mustang. No tenía idea de lo que planeaba hacer su hermano mayor y cómo aprovechar la oferta de Mustang.

-"Alphonse"- dijo con más fuerza de la que normalmente usaría –"Quiero que me escuches muy bien, ¿de acuerdo?"- su mala actitud se estaba saliendo de control –"No vas a enlistarte al ejército"- tomó el rostro de su hermano, pero cuando lo tocó, notó la humedad de inmediato –"¿Al? ¿Estás llorando? ¿Por…?"- no, eso no era lo que quería –"¿Por qué lloras, Al? No llores… no, por favor…"- vamos, no quería verlo así –"No llores"- sólo quería que entendiera.

Al se acercó un poco más hacia él –"N-No… no estoy llorando…"- idiota, añadió Edward en su mente, porque Alphonse lo había pensado.

-"Claro que no, Al"- suspiró y besó la frente de su hermano, intentando ignorar el llanto que humedecía su ropa y los hipidos que cortaban la tranquilidad de la noche –"Dime algo, Al, ¿por qué querrías entrar al ejército?"- habiendo tantas opciones para ser alquimista –"Por lo que vi hoy, no te agradan mucho"-.

Era difícil para él recordar una opinión de su hermano que abarcara a todos los militares.

No creía que Alphonse hubiera tenido suficiente tiempo para crearse una opinión personal sobre ellos, no después de todo. Nunca habían discutido el tema antes, primero porque su madre les había pedido no hablar sobre ellos, y segundo, porque habían tenido cosas más importantes que hacer.

Pero incluso con eso, Alphonse nunca había demostrado nada en contra del ejército, siempre abierto a conocer a las personas antes de juzgarlas por su trabajo y, afortunadamente, habían terminado bajo la custodia de la Unidad de Mustang así que, cualquiera que fuera su opinión antes, su opinión había sido moldeada por los cuidados de todos en esa oficina –Edward agradecía eso, en verdad–.

La mayoría de los adultos no tenían opiniones favorables del Estado o el ejército, así que sería fácil hacer que un par de niños asimilaran esas mismas opiniones –por supuesto, ellos no habían sido especialmente influenciables–.

Tardó un poco en responderle, como esperaba, pero al final lo hizo –"No quiero… no quiero entrar"- su voz era baja, tanto que Edward tuvo que esforzarse por escucharlo –"Pero el teniente coronel dijo que… que podría recuperar…"-.

-"El teniente coronel"- detuvo a Alphonse con más fuerza de la necesaria –"El teniente coronel tiene que aprender a cerrar la boca"- o él mismo se encargaría de cerrársela, pensó Edward –"Al"- su hermano realmente debía estar desesperado –"Él no lo sabe todo, no sabe lo que sucedió, no realmente"- pero su hermano no dejó de llorar –"Alphonse… estoy bien, estoy bien, de verdad… cometí un error, pero estamos bien, ¿sí? Lo prometo, todo está bien"-.

-"Es que… ¡Es que ese es el problema, hermano!"- no le gustaba eso, esa urgencia no iba con él y no se suponía que tuvieran esa discusión –"¡Tú no estás bien!"-.

Edward miró en la oscuridad hacia el muñón donde, hasta unas semanas atrás, habría tenido una pierna. Realmente no podía enojarse, no con Alphonse al menos; para Edward esa era una herida antigua, algo que ya había aceptado como parte de él y con lo que había aprendido a vivir perfectamente. No había nada especial en una pierna que había perdido hacía trece años en su mente, pero Alphonse no sabía eso, y no podía decirle algo para calmarlo.

Aun así, Edward tuvo que suprimir su reacción, porque… bueno, dolía que su hermano dijera esas cosas. Él estaba bien… estaba bien. No tener una pierna no significaba que Edward, de pronto, se había convertido en un ser inútil o que su vida había terminado. Sabía que Al no quería decir nada de eso, pero… dolía.

Se concentró en poner toda su atención en lo que su hermano decía –"… cuando desperté… cuando desperté, estabas cubierto de sangre… sangre"- Edward debió haber perdido una parte de la conversación –"Y temblabas… y te dolía y temblabas como… Dios, Ed… ni siquiera creo que pudieras ver bien"- bien, sí, pero eso había sido sólo por la pérdida de sangre, esos eran los efectos y los conocía muy bien –"Y estabas tan… pesabas muy poco, Ed… y yo no pude… no pude… no podía ver…"-.

No podía verte así.

Gracioso… esa era la primera vez que ser llamado pequeño no le molestaba… sólo desearía que su maldito cuerpo de niño dejara de reaccionar violentamente a esas palabras para disfrutarlo…

Su hermano no quería verlo lisiado, no quería ver que su hermano mayor hubiera perdido una pierna; porque debía ser una vista horrible, ¿verdad? Tal vez era hasta asqueroso, porque la herida era bastante grande y él… pero Al no era así, su pequeño Alphonse no era así, jamás lo había sido y… y no cambiaría ahora.

-"¿Crees que perdí mi pierna por tu culpa, Al?"- preguntó tan amablemente como pudo –"Sabes que no es así, ¿verdad?"-.

Pero conocía la respuesta.

-"¡¿Cómo podría saberlo?!"- gritó contra su pecho, golpeándolo un poco, haciendo que Edward tuviera que incorporarse para sostenerlo mejor, demasiado sorprendido como para hacer algo más si su hermano decidía ponerse más violento –"¡¿Cómo podría?! ¿Cómo…?"- respiró contra su pecho hasta que logró tranquilizarse –"¿Cómo puedo… puedo saberlo cuando no…? ¿Cómo puedo saberlo… si no recuerdo nada?"- de nuevo, Edward creía que era el peor hermano de todo el mundo, dejando que Alphonse pasara por todo eso, deseando haber negociado más con la Verdad para llegar antes y evitar muchas cosas –"Todo lo que recuerdo… lo que recuerdo es verte… y estabas en el suelo… yo… y yo…"-.

Su Alphonse siempre había sido un alma sensible, mucho más que él.

Siempre preocupándose por todo el mundo y ahora… bien, eso no iba a funcionar.

Esas semanas, durante esas semanas, Edward había mantenido un perfil bajo, manteniéndose callado y apartado de todos para no provocarles problemas, intentando que su hermano no se sintiera mal por lo que había sucedido, y había dado la impresión de estar en shock –lo había estado, pero no por las razones que todo el mundo quería creer–. Alphonse había estado preocupándose por él esas semanas, obviamente intentando mantenerlo en secreto y no compartiendo la carga con la única persona que lo entendería: Edward.

Era evidente que no sabría que Edward ya había pasado por eso y que estaba más que dispuesto a compartir esa carga… o llevarla por su cuenta si era lo que Alphonse deseaba. Al era sólo un niño, un niño, como él lo había sido en aquel momento y, ahora que tenía un cuerpo, simplemente había reaccionado como tal.

Se estaba haciendo daño.

Edward era el adulto responsable ahí, incluso si no recordara nada, Al era su responsabilidad; era su obligación ver por su hermano como no había podido hacerlo la primera vez.

Con eso en mente, Edward suspiró.

Si iban a tener esa conversación, era mejor que se pusiera tan cómodo como pudiera –"Eso sería más fácil si este estúpido cuerpo de niño tuviera un poco más de músculo o algo más de fuerza"- odiaba eso, ansiaba alcanzar los dieciséis, cuando había comenzado a sentirse cómodo con su propio cuerpo, a pesar de las hormonas que venían con eso.

De cualquier forma, tendrían esa conversación porque, aunque preferiría esperar un poco para discutirlo como se merecía, Al necesitaba escuchar lo más cercano a la verdad que pudiera darle, necesitaba escuchar todo lo que sí había sucedido esa noche… ya después improvisaría algo para justificar cómo es que no había perdido algo más de su cuerpo para recuperarlo.

-"Estaba nervioso… cuando comenzamos con la transmutación, mi teoría no tenía ningún error… excepto que tenía muchos, demasiados, pero no lo sabía"- Al tenía que entender que jamás deseó sacrificarlo para recuperar a su madre, nunca habría cruzado por su mente algo así –"Y cuando… cuando estábamos en medio de la reconstrucción, me asusté… mucho"- admitió por primera vez, no era algo de lo que hablara muy seguido –"Al principio no sucedió nada, no realmente… pero cuando volteé a verte… te vi… y comenzaste a gritar, ¿sabes?"- Alphonse negó con la cabeza, incluso si no era necesaria una respuesta –"Gritabas por el miedo… y de dolor… gritabas… y luego intentaste alcanzarme, y yo intenté… de verdad lo intenté, Al… pero… pero…"-.

Pero, ¿qué podía hacer un simple niño contra la Verdad?

-"Tú me dijiste que algo estaba mal, pero no nos detuvimos…"-.

La luz azulada que lo había enamorado aquella primera vez que había intentado transmutar algo por su cuenta, esa luz había iluminado cada parte de la fórmula inscrita en tiza blanca, con su letra. La luz había iluminado su rostro con la misma familiaridad que lo calmaba y le traía recuerdos de la gran sonrisa de su madre, pero entonces había cambiado.

El rojo no era normal, en una transmutación el rojo sólo significaba tres cosas: un rebote, una transmutación con la piedra filosofal… o una transmutación humana. Pero no había sido el mismo tono de rojo que le hacía sentirse con energía, ese rojo que había asociado con la piedra, era un… un tono más pálido, enfermizo, como el que le asocias a la fiebre en el rostro de un niño, casi violeta.

No había sido normal.

-"Y luego… la niebla negra… y un gran ojo se abrió al centro del círculo, Al, un ojo"-.

Perdido en sus recuerdos, no notó cómo su hermano se tensaba en su sitio.

Las manos, ¿cómo olvidaría esas manos? Pequeñas como la mano de un bebé recién nacido, sin fin, completamente negras… negras como la niebla que los había rodeado.

-"Lo primero que tomó fue tu mano izquierda… y después mi pierna"- si pudiera olvidar eso, si pudiera hacerlo, tal vez Edward viviría feliz –"Me llamaste, pero no pude hacer nada"-.

Cada una de esas manos arrastrándolo al centro del círculo, tomando a su hermanito como pago por esa cosa. Podía recordar muy bien los gritos de su hermano implorándole hacer algo, lo que fuera, por salvarlo, todavía podía verlo estirar su brazo para tomar la mano de Edward, sólo para ser llevado en pequeños pedazos por la Verdad, mientras que Edward sólo sentía que su pierna se disolvía en la nada.

-"Después de eso… me encontré en una habitación blanca"- quería llorar, pero eso sólo haría que Alphonse se sintiera mucho peor –"No recordaba mucho, nada de lo que estábamos haciendo, la cabeza me daba vueltas…"-.

-"¿Hermano?"-.

Pero Edward ya no lo escuchaba –"Alguien frente a mí apareció"- algo, más bien –"Era una persona, una sombra blanca, sin ojos y sin rasgos… con una gran sonrisa… le pregunté quién era… y me dijo…"-.

Soy lo que llamas el Mundo, o quizá el Universo, o quizá Dios, o quizá la Verdad, o quizá el todo, o quizá uno… y también soy tú.

Eso había dicho, así se había presentado. La Verdad podía ser dramática, pero al menos no había mentido, se dijo sin humor –"Después de eso me llamó idiota que no sabe cómo comportarse…"- cerró los ojos –"Unas manos negras me arrastraron a una puerta que estaba detrás de mí… eran fuertes y eran muchas… y la puerta se cerró… pero entonces pude ver"-.

Sí, por primera vez en su vida había visto.

Y qué bien se había sentido probando tanto ahí dentro.

-"¿Qué…? ¿Qué había?"- preguntó Al –"¿Qué había ahí?"-.

Edward regresó a su presente, no se había dado cuenta de cuánto había asustado a su hermano, ni de cuánta fuerza había usado para mantenerlo a su lado –"La Verdad… todo lo que desearas saber de alquimia… todo"- la magnitud de sus palabras no alcanzaban a definirlo –"Descubrí que mi teoría estaba mal"- había descubierto muchas cosas ahí –"Y después desperté… gritando porque mi pierna no estaba…"-.

El inmediato olor de la sangre, su sangre y… el silencio.

Un silencio roto sólo por sus propios gemidos y gritos intermitentes, eso había sucedido la primera vez. Su respiración llenando el vacío que había quedado, luego los primeros y últimos estertores de aquella creación sin forma que le había costado tanto… todo.

-"No estabas, estaba solo y esa cosa… la cosa… Dios… Al, esa cosa no era mamá"- negó con la cabeza –"Ni siquiera se parecía a ella, su cabello era negro y sus huesos eran demasiado largos… la piel que tenía parecía quemarse y despegarse del hueso…"- no deseaba que su hermano tuviera esa imagen, pero lo necesitaba –"No era mamá, Al, la alquimia no puede traer a los muertos, es imposible hacerlo"- quería que su hermano lo entendiera, que no se culpara por matar a su madre una segunda vez, no quería que sufriera en silencio por eso también, ese no era el pecado que cargaban.

El llanto continuó, pero Edward supo que se trataba de otro tipo de lágrimas.

Eso había sucedido antes, pero Alphonse no había tenido manera de expresarlo entonces; esas eran las lágrimas que jamás pudo llorar, era el alivio convertido en una muestra física, expiación de un alma que no había podido descansar. Aquella vez, Alphonse simplemente le había dado las gracias, al igual que la maestra, pero sabía que habría deseado dejar salir todo lo que esa información había ocasionado.

Edward lo había sentido, cuando había sacado los restos de la transmutación, cuando la abuela había medido los huesos cuidadosamente y le había dicho que eso… que eso no podría haber sido su madre, era un alivio que ninguno podría explicar.

Ahora que el sueño se había ido, Edward no tenía prisa, así que se mantuvo firme, dejando que Al se desahogara sobre él. De vez en cuando paseaba su mano por el cabello corto, implorando a cualquier deidad que existiera que pudiera traerle a su hermano algo de paz, que las pesadillas lo dejaran tan sólo por una noche, que su hermanito pudiera dormir.

-"Sacrificaría todo por ti, Al"-.

Sacrificaría todo y más, para que su hermano pudiera tener la vida que se merecía.

Edward había sacrificado todo y más por él.

-"E-Entonces…"- Edward regresó al presente –"En… entonces… ¿no…?"- pobre Al, quizá debió esperar un poco –"¿No…? ¿Nosotros no…? ¿No la matamos?"- de nuevo, quiso añadir Edward, pero se contuvo.

-"No, Al… no lo hicimos"- y dejó salir el aire que había mantenido.

No, no lo habían hecho y eso… eso había sido lo mejor que habían podido esperar. Su pecado no se borraría, pero la pena de haber fallado en traerla –cuando habían creído que podría haber sido posible si sólo ellos supieran más– no pesaría más en su pecho. Su hermano crecería sin ese dolor constante con el que Edward había aprendido a respirar y sobrevivir día a día, y no aprendería a esconder algo así; Edward estaría ahí, como un apoyo, y los dos podrían superar sus errores tanto como fuera posible.

Para que Alphonse sanara, ciertamente no podía permitirle buscar la certificación, porque entonces sería arrastrado a un mundo que no necesitaba.

En su pasado, aquel al que había renunciado, no había dejado que Al viera lo que Mustang le había descrito como ejército, después, por supuesto, se había enterado… Pero al menos había sido lo suficientemente mayor para entenderlo.

-"Hermano…"- su voz sonaba sin aliento, apenas un suspiro, así que no lo interrumpió, ya era lo suficientemente difícil para ambos –"¿Cómo?"- preguntó al final, como si recordara algo –"¿Cómo es que… sigo aquí?"- su cuerpo no había parado de temblar a su lado, si era por el frío o algo más, Al intentaba demostrarle qué tan fuerte era –"¿Qué fue lo que diste a cambio de… mí?"-.

Si era honesto consigo mismo, no quería mentirle.

Entre Al y él jamás habían existido mentiras tan grandes como esa, no con tal gravedad. No quería empezar ahora, no quería romper la confianza que se tenían –porque era de lo más sagrado que tenía de momento–, pero tampoco sabía qué más podía hacer, ¿qué podía hacer?

Responder con honestidad sólo le ocasionaría confusión, quizá pensaría que estaba loco o quizá le creería… y las preguntas seguirían… y Edward no quería eso. Saberse tan vulnerable por cualquier reacción que tendría Alphonse era… algo que no sabía cómo describir. Pero lo peor que podría suceder era que Al decidiera aceptar sus palabras y… distanciarse de él, porque Edward entonces dejaría de ser el mismo hermano que había conocido hasta ese momento –eso querría decir que Alphonse no habría entendido–, y dejaría a Al vulnerable, desprotegido del peligro de Padre. Y Edward tampoco sabría qué hacer sin él.

Ni siquiera quería contemplar una salida positiva, porque esas no existían.

Su hermano jamás aceptaría que la mente de una versión adulta de veinticuatro años de su hermano mayor estaría ahí, usando el cuerpo de un niño de once… y si lo hacía… inevitablemente tendría que explicarle por qué había decidido regresar… y entonces Al se culparía por todo.

¿Realmente podía hacerlo?

Mentirle sería la salida fácil, una excusa que inventaría en el lugar y le serviría en el futuro, para la siguiente conversación que tuviera con Mustang, quizá… o con Hohenheim. Pero la idea de mentirle a Alphonse simplemente no era… no podía… no lo asimilaba. Al no le mentiría, no así, no tan descaradamente y, cuando se enterara –porque Edward no subestimaría la inteligencia de Al–, perdería definitivamente todo.

-"No te vi ahí… en el sótano… y entré en pánico"- respiró profundamente –"Sólo estaba tu ropa y la sangre y… y esa cosa"- negó con la cabeza y bajó la mirada –"Desperté sin una pierna y sin mi hermano… la transmutación de esa cosa me había quitado a mi hermano y una pierna, así que hice lo único que pude pensar"-.

Quiso encogerse de hombros y dejar de lado el tema, pero Alphonse no se lo permitió.

Se separó un poco de él y, como si pudieran verse en la oscuridad, Edward sintió los ojos de su hermano en él. Ambos sentados frente al otro, eso era normal, era conocido.

-"… ¿Qué diste a cambio…? ¿Ed?"-.

Cerró los ojos y fingió por un momento que estaba hablando con el otro Alphonse; con ese que había vivido toda una vida con él, el que se había casado y habría arruinado su vida si Edward…

-"Ofrecí todo"- admitió, sin dejar que lo interrumpieran porque después de eso no tendría el valor de hablar del tema tan pronto –"Pero, ¿qué puede ser equivalente a una vida humana? A tu vida"- nada, esa era la respuesta –"Eso fue lo que le dije… así que me dio un trato"- no estaba tan alejado de la verdad –"A cambio de recuperar a mi hermano… recibí… recibí la carga de la Verdad"-.

-"Pero… ¿no dijiste que viste la verdad ahí…?"-.

Sí, lo entendía, era confuso –"En esa habitación, hay dos puertas… una detrás de ti, esa contiene la Verdad sobre la alquimia…"- intentó sonreírle, pero recordó que Alphonse no podría verlo muy bien en esa luz –"La otra puerta está cerrada… esa contiene el Conocimiento de la Verdad…"- lo menos que podía hacer por él era evitarle más mentiras –"Para salvarte, no perdí nada… sino que acepté algo"-.

La fuerza de su agarre hizo que Edward sonriera a pesar de las circunstancias, la preocupación de su hermano le hacía sentir extrañamente como si alguien le pusiera una manta encima sin haberse dado cuenta antes del frío a su alrededor.

-"¿Qué, hermano?"-.

-"Me dijo que sería la Llave… que toda puerta requiere una llave"-.

-"Y eso… eso, ¿qué significa eso?"-.

Suspiró de nuevo –"Me llamó la Llave"- el énfasis no se había perdido en Al –"Una llave al Conocimiento… Al"- cuando vio que su hermano no entendía, continuó –"Pude ver… mucho, demasiado… era como si mi cabeza fuera a explotar, era… más de lo que hubiera imaginado…"-.

-"No fue agradable"- murmuró Al, no preguntaba.

-"No… pero no importa"- añadió rápidamente –"De verdad"- sabía que no lo entendería ahora, Edward tampoco entendía totalmente y sabía que no estaba hablando tan claramente como podía hacer –"Vi más de lo que debería, vi la verdad… de una vida que no será, Al"- pero tenía la esperanza que, cuando su hermano creciera un poco más, cuando realmente ya no lo necesitara, podría explicarle todo lo que había sucedido –"No quiero hablar de eso, es… duele, ¿sabes?"-.

-"¿Duele?"-.

-"Como… como haber perdido a mamá de nuevo…"- tal vez más, se dijo, porque había renunciado a su muerte, a un pasado con amigos y familia por el que había vivido por mucho, había renunciado a toda su vida –"Pero estoy aquí… ¿sí? Estoy aquí, contigo, vivo… y tú también lo estás"- abrazó a su hermano con fuerza –"Una pierna no es nada para mí, ¿crees que me interesa recuperarla?"-.

-"… No"-.

Bien, bien, lo había entendido.

-"Ahora quizá podríamos…"-.

-"Pero yo… yo quiero que la recuperes"-.

Oh…

Eso tenía más sentido, era algo que comprendía… y no podía negarle algo así a Alphonse.

-"De acuerdo"- dijo simplemente –"De acuerdo, lo intentaré"- porque si Alphonse quería que Edward le consiguiera un diamante de las minas en Briggs, lo haría.

Si buscar la forma de recuperar su pierna le ayudaba a calmar esa culpa irracional que lo quería consumir, Edward lo haría, por supuesto que lo haría, ¿qué era una tarea más a la lista?

Alphonse saltó de repente en la cama, soltándose del abrazo y brincando con las rodillas sin descanso, logrando despertar el dolor de cabeza que Edward había logrado calmar. Francamente, sus cambios de humor tan repentinos no eran bien recibidos en medio de la noche. Aunque… su sonrisa hacía que Edward se mordiera la lengua para gritarle y obligarlo a calmarse para no despertar a la abuela o a Winry.

-"¡Gracias! ¡Oh, gracias, hermano! ¡Gracias!"- soltó una risa que le recordó a Winry –"Mañana mismo llamaré al teniente coronel y…"-.

Espera, ¿qué?

-"Claro Al… sigue soñando"- era un buen intento de manipulación, qué pena que Edward estuviera decidido con ese tema y tuviera sólo un poco más de experiencia que él –"Detente ahora mismo, Al…"- se cruzó de brazos –"Jamás dije que pudieras unirte al ejército, ¿o acaso lo dije?"-.

-"Pero…"-.

-"No"-.

-"Si sólo escucharas…"-.

Por el amor a su madre, Edward no tenía tiempo de tratar con un chiquillo malcriado, no cuando sabía que Alphonse no era así.

-"Te dije que no, Alphonse"- a veces no sabía quién era el hermano más necio –"Y esa es mi respuesta final, no te unirás al ejército"- incluso sin suficiente luz, Edward podía ver claramente cómo su hermano se mordía el labio y buscaba algún argumento que lo pudiera hacer cambiar de opinión, era una pena que Edward no fuera a hacerlo –"Recuperaré mi pierna, Al, pero no te unirás al ejército"-.

Su hermano se inclinó hacia él –"Debes admitir que podríamos investigar con toda esa información que tienen para los alquimistas estatales"- por favor, si eso pudiera convencerlo, probablemente no merecía el título de prodigio de la alquimia –"Ellos tienen acceso a investigaciones importantes, Ed… el teniente coronel lo dijo y… y… ¡y es la única opción!"-.

Edward bufó –"No me vas a convencer, Al, te prohíbo unirte a los militares"- esa era su oportunidad, suponía, no encontraría mejor momento que ese, suspiró –"Pero… yo lo haré por ti"-.

-"¿Qué?"-.

-"Eres mi hermano menor… claro que lo haré por ti"- le sonrió un poco –"No puedo dejar que vendas tu vida al ejército, Al, mucho menos por mí"-.

-"¡Quiero hacerlo! ¡Quiero hacerlo!"- cuando Edward no dijo nada, insistió –"¡Puedo hacerlo por ti!"-.

-"Lo sé… pero… yo te necesito a mi lado, Al"- admitió con cierta resistencia –"¿Puedes entenderlo? No podría perderte así de fácil, no puedo renunciar a ti para entregarte al ejército"-.

-"¿Y cómo va a ser mejor que seas tú el que…?"-.

-"Al, no es mejor…"- cómo podría ser mejor ver a un niño de once años entrar al ejército a cambio de su hermano de diez años, Edward quería reír por lo ridículo que sonaba –"Es la única opción que se me ocurre… el teniente coronel no lo sabe todo, el ejército no lo sabe todo, pero si lo que deseas es que intente recuperar mi pierna, es cierto que ser un perro del ejército es la mejor opción"- su hermano se encogió cuando escuchó el título –"¿Sabes cuánto odian a los militares, Al? ¿Realmente lo sabes?"-.

A pesar de todo lo que habían vivido, Edward siempre había intentado proteger a su hermano de algunas cosas, por mínimo que fuera. Era una lección que su madre le había enseñado y que había permanecido con él hasta sus últimas horas de vida. El mundo podía ser un lugar cruel.

-"Yo… no, no lo sé"-.

-"Bien, porque no es agradable, Al… les llaman perros porque obedecen todas las órdenes de sus amos, los alquimistas estatales ladran si se los piden, muerden si se los piden… nuestra maestra los odia porque no son alquimistas reales… son herramientas… mascotas de sus superiores, lo dijo el teniente coronel, ¿verdad? Los perros del ejército pueden ser llamados si hay guerra"- hizo que Alphonse se acostara a su lado de nuevo, pero no duró por mucho –"No quiero que te llamen así, porque eres mucho más que eso, ¿verdad?"-.

Alphonse dudó en responderle, pero al final su curiosidad cedió –"Podríamos intentarlo juntos… ambos haríamos el examen"-.

-"… ¿Qué sucedería conmigo si nos separan?"- tomó la mano de su hermano y se maravilló de la suavidad –"Si quieres que haga esto… si quieres hacerlo, necesitamos estar juntos, Al"- su hermano dudó un poco –"Mañana le pediré a la abuela un automail"- respiró con un poco más de calma, sabiendo que había convencido a su hermano –"Cuando me recupere, haré el examen para ser alquimista estatal, entonces ambos trabajaremos… juntos, ¿de acuerdo?"-.

Alphonse miró a su pierna… o lo que quedaba de ella y con la delicadeza con la que habría tratado a un animal herido, puso una mano sobre las vendas que cubrían las heridas que comenzaban a sanar y cerrar –"No quiero que te llamen perro del ejército"- dijo.

-"Y yo no quiero perderte tan pronto, Al"-.

-"Yo tampoco"- admitió, resignado –"Te quiero, hermano"-.

Alphonse era un idiota –"Oh, Al"- sonrió –"Yo también te quiero, Al, no lo olvides"-.

-"¿No te molesta?"- el silencio de Edward le dijo que elaborara la pregunta –"El ejército, ¿no te molesta eso? Pensé que le gritarías al teniente coronel y lo harías pensar dos veces… ya sabes, vino a molestarnos, ¿no?"-.

Eh, ¿cómo decirlo? Era… complicado –"Bueno… no estoy a favor del Estado"- dijo lentamente, con cuidado –"Y los militares son… en su mayoría son personas de cuidado, supongo"- luego recordó la expresión de sorpresa genuina en Mustang –"Pero creo que debe haber algunas buenas personas dentro"- suspiró –"Vinieron a hacer su trabajo, Al, los perros obedecen a su amo… no creo que fuera necesario gritarles cuando fueron tan civiles como podía esperarse de ellos"-.

Alphonse no respondió al principio –"La señorita Hawkeye fue muy amable con Winry… y conmigo"- sí, eso era de esperarse, ella era un alma amable, Hawkeye siempre lo había sido con él, era casi tan amable como Al –"Pero el teniente coronel… él te lastimó, ¿no es así?"-.

Así que lo había notado –"Sólo fue un golpe, Al"- era cierto, y a la vez no, no importaba cuánto tiempo pasara, la sensibilidad en el muñón era mucha –"Estoy seguro que el hombre no intentaba hacerlo"- porque lo había visto.

-"Pero fue muy grosero"-.

-"Bien… sí, tienes razón, pero después se disculpó"- eso no era cierto, de hecho, jamás lo había escuchado pedir disculpas –"Me imagino que debió estar sorprendido por todo lo que vio, Al, no puedes culparlo por eso… además, cuando hablamos a solas el teniente coronel se portó como un ser humano decente"- eso sería estirar la verdad al máximo, pero no podía decirle eso a Al, mucho menos cuando era obvio que su hermano no estaba muy convencido –"Y… eh… ¿sabías que él es alquimista estatal?"- agregó con un poco más de entusiasmo de lo que sentía –"Tiene un poco más de experiencia y creo que puede ser una oportunidad…"-.

Mierda, había hablado de más.

De pronto, la voz de Alphonse cobró más fuerza de la que había tenido –"El teniente coronel fue quien te convenció, ¿cierto?"- Edward no respondió –"Ese hombre vino y… y de pronto comienzas a hablar más… y quieres hablar a solas con él…"- apretó un poco la pierna de Edward y luego la soltó como si le quemara –"Y… y… y entonces, de pronto, dices que quieres estar en el ejército… por mí… pero…"- su voz no sonaba particularmente feliz, pero tampoco le parecía que estuviera molesto con él.

-"No me convenció nadie, Al"- eso era cierto –"La oferta de Mustang…"-.

-"Mustang…"- dijo como saboreando el nombre, y parecía que no le gustaba demasiado –"No me agrada ese tipo, hermano"-.

Esa sería la primera vez, todo eso era demasiado confuso –"¿Al? ¿Estás bien? Estoy seguro que no lo dices en serio, apenas conoces al hombre"- no iba a defenderlo, por supuesto, eso sería demasiado sospechoso y francamente no creía que Mustang necesitara ser protegido de un niño de diez años, ¿o no?

Alphonse se cruzó de brazos –"No me agrada, no deberías confiar en él…"-.

¿No había sido Al quien le había pedido confiar en Mustang una infinidad de veces? ¿Qué había sucedido como para que su hermano decidiera no confiar en él?

-"Al… ¿qué está pasando?"-.

-"Pero…"- interrumpió sus pensamientos –"Supongo que deberíamos aprovechar su visita, ¿verdad?"-.

Eh… eso estaba resultando ser más extraño que de costumbre, Al sería el primero en darle el beneficio de la duda a alguien; lo había hecho antes, con Codicia, por ejemplo, con Ling… bueno… de hecho, ese había sido él, ¿verdad? Pero Alphonse había aceptado muy bien a… ¡Ah! Al señor Zampano y Jerso, y… y al señor Gorila y a Heinkel. Incluso había aceptado a todos en el equipo de Mustang cuando Edward simplemente no podía ver más allá de lo que sucedía.

-"A veces las primeras impresiones pueden fallar, Al"- esto era demasiado para Edward, ¿acaso estaba defendiendo a Mustang de su hermano? ¿A dónde había llegado el mundo?

-"Sí… tal vez"-.


Comentarios y críticas son bienvenidos.

Hasta el siguiente capítulo!