Fullmetal Alchemist y sus personajes no me pertenecen, hago esto sin fines de lucro.
Advertencias: Rated M, Slash (slow burn), Fix-it. PTSD, Time Travel, temas maduros en general.
-"ABC..."-. Diálogo
-"ABC..."-. Pensamiento
ADVERTENCIA: Señales de síndrome de estrés postraumático, reflexiones pseudo-psicológicas, entre otras.
Llave
Capítulo 7, Suerte
La estación de trenes de Resembool siempre había sido un lugar tranquilo. Pocas veces al año había suficiente movimiento como para pensar que el pequeño pueblo podía ser de importancia para Amestris –o para el sector Este del país–. Los comerciantes se reunían ahí para buscar sus mercancías y algunas veces los niños con sus madres se acercaban para curiosear. No siempre se veían visitantes, así que ver a gente nueva era algo que se comentaba por todo el pueblo por meses, y cómo odiaba y amaba esos meses.
Era un caos que contrastaba con la perpetua calma de un pueblo como Resembool.
Edward estaba ahí, en la estación con la que se había familiarizado con el tiempo, acompañado de Winry, la abuela Pinako y Al, esperando pacientemente su turno para comprar un boleto hacia Ciudad del Este. Vagamente notó a Alphonse alejarse de ellos por un momento, distraído seguramente por la escena. El tren estaba ahí y, mientras ignoraba con facilidad las palabras de Winry sobre los cuidados que debía mantener en su automail, Edward observaba.
Porque eso hacía un buen científico… y porque ver su pasado como si fuera su presente era… surrealista. Le parecía un sueño tan extraño que no tenía idea de cómo clasificarlo.
Y también observaba porque el movimiento constante de personas a su alrededor –conocidas o no– era casi tan familiar como subirse al tren y viajar. Había cosas que nunca cambiaban, a pesar del paso del tiempo.
Edward, que había crecido por un tiempo como un niño de pueblo, en una comunidad relativamente cerrada, había encontrado fascinante cada vez que nuevas o viejas personas paseaban por el centro de Resembool, o cuando se perdían lo suficiente como para llegar hasta los caminos que se recorrían hacia su casa. Cuando su madre los llevaba hasta la plaza del pueblo, Edward podía pasar horas viendo las escenas desenvolverse a su alrededor.
-"Un boleto a Ciudad del Este, por favor"- dijo alcanzando el dinero al mostrador, donde la mujer estaba mirándolo con curiosidad, de nuevo ignorando a Winry.
-"¿Sólo un boleto?"-.
Edward sonrió sin mucho humor –"Sí, por favor"- no valía la pena pelear con ella, la vería muy seguido y comenzaría a conocerlo como el resto de Resembool, luego giró la cabeza un poco para ver cómo dos hombres conversaban por encima del diario que tenían, y luego miraban su reloj.
Por supuesto, esa fascinación no había disminuido con el paso del tiempo, aunque había aprendido a disimularlo un poco.
-"Y recuerda que debes usar el aceite que te di si las uniones comienzan a sentirse…"-.
Tal vez podría fingir que tardaría un día más en llegar a la ciudad y podría pasear por su cuenta, Mustang no se daría cuenta y un niño en la ciudad era fácil de perder. Ya después buscaría alguna excusa por su retraso.
-"Resiste el agua, pero no deberías…"-.
Estaba seguro que podría permitirse una visita a la biblioteca pública por algo interesante que leer antes de encontrarse con tantos rostros familiares. Quizá algo más que los libros que había tomado de su madre.
Oh, quizá podría comprarle un par de libros a Alphonse como recuerdo y para sus estudios, sabía que le agradaría tener material extra para comparar los libros del estudio de Hohenheim. Además, no quería que siguiera sintiéndose mal por no acompañarlo –su madre sabía cuánto le estaba afectando a Alphonse–. Y, por supuesto, tendría que comprar un par de cosas para la abuela y Winry.
Sería cuestión de administrar el dinero que llevaba… pensando que tendría que pasar tres meses en la ciudad –y que iba a aprovechar la estupidez de Mustang para que su estadía fuera gratis–.
-"¿… escuchando?"-.
Parpadeó un par de veces y miró a Winry por un segundo –"Eh… ¿perdón?"- sonrió sin mucha convicción, en el momento en que la niña alzó un brazo para golpearlo, Edward alzó ambas manos a la defensiva –"Ya, estaba bromeando…"- sí, por supuesto que estaba bromeando –"Cuidaré de no mojar mi automail, ni de usarlo mal… lo limpiaré y, si necesito mantenimiento, llamaré"- era una ventaja, se dijo, haber recibido exactamente las mismas instrucciones cada vez que se iban.
Winry pareció convencida parcialmente, así que lo dejó en paz para comprar algo de comida para el viaje, llevándose a la abuela con ella y dejándolo sentado en uno de los banquillos.
Cuando ella y la abuela se fueron, Alphonse tomó el espacio vacío a su lado –"Hermano, ¿ya compraste el boleto?"- Edward se lo mostró y el menor bajó la cabeza –"¿Estás seguro que…?"-.
-"Al, estaré bien"- dijo con más fuerza de la que había deseado, luego suspiró y le sonrió a su hermano tan bien como pudo –"No estaré lejos por mucho tiempo, ¿de acuerdo?"- sólo unos tres meses, agregó en su mente –"El teniente coronel dijo que llegaría a tiempo para el examen de certificación, así que no debería tomarme mucho tiempo en la ciudad"-.
Sí, bien, suponía que una pequeña mentira no le había hecho daño a nadie.
Además, esta vez no era su culpa.
Realmente no era su culpa.
Edward debía actuar el papel de un niño ignorante –así que era difícil contarle a su hermano que Mustang lo requería en la ciudad mucho antes de lo estrictamente necesario–, no sería lógico que pudiera explicarle el tiempo que tardaría en la ciudad y, si lo hacía, su hermano querría seguirlo de inmediato –nunca habían estado tanto tiempo separados, hasta ese momento–. Tenía que pretender que no tenía idea de nada, por el bien de todos y el bien de sus planes. Alphonse lo perdonaría de inmediato… pero no estaba muy seguro sobre Mustang.
-"Eso… debió haberlo pensado antes"- se dijo con fuerza –"Mustang pudo haberme informado, eso le habría evitado problemas con Al"- aunque dudaba que al hombre le importara ganarse problemas con un niño.
Y su hermano no causaba problemas, nunca lo había hecho, así que el hombre no tendría nada de qué preocuparse, un poco de resentimiento de su hermano se esfumaría en un par de horas, máximo.
-"Podría acompañarte"- dijo por sexta ocasión desde que había planteado viajar solo –"El señor Mustang no te dijo mucho y no confío en él"- se cruzó de brazos e hizo un mohín, como si eso hiciera que esa discusión fuera más seria –"Podría ser peligroso y tal vez habría sido buena idea hablar con la señorita Hawkeye antes de comprar tu boleto y…"-.
Edward suspiró una vez más –"Tal vez se tardaría un poco más de unas horas"-.
De acuerdo, Mustang no estaba ganando puntos con Al, pero Edward no podía hacer gran cosa ahora, no realmente –"Al, necesito que te quedes aquí, cuidando de la abuela y de Winry"- y no era una mentira, creía que, si iba a ponerse en la mira de los homúnculos, su pequeña familia no estaba a salvo y Edward confiaba plenamente en Alphonse.
-"¿Por qué no puedo ir contigo?"- de nuevo, esa pregunta sólo lo hacía sentirse culpable.
-"Porque, Al, no tenemos suficiente dinero para dos boletos más"- dijo lentamente –"La abuela y Winry han sido demasiado amables permitiéndonos quedarnos en su casa durante tanto tiempo y sin pagar un solo centavo, no puedo pedirles más"- frunció el ceño –"En cuanto consiga pasar el examen podré pagarles y entonces tú y yo no nos separaremos"- prometió.
Alphonse asintió –"¿Llamarás?"-.
Esa parte iba a ser complicada, pero suponía que podía arreglárselas, tenía que hacerlo por el bien de Al –"Claro, llamaré todos los días, ¿de acuerdo?"-.
Llamaría todos los días de esos tres meses para mantenerlo informado… y para asegurarse que haber salvado a su hermano no era un simple sueño que acabaría en cuanto dejara de ver sus alucinaciones. A Edward le serviría estar lejos, en tanto que pudiera calmar esa parte de su mente que le decía que todo era falso, podría tomar aire y recuperar un poco de la independencia que había ganado con los años. A Alphonse le serviría para algo similar, su hermano debía aprender a vivir sin él, por mucho que doliera pensarlo, la distancia le ayudaría a poner en perspectiva todo lo que había sucedido unos meses atrás y, con suerte, le ayudaría a tranquilizar su mente de la culpa que seguía cargando.
Era algo necesario para ambos, pero eso no lo hacía más fácil.
-"Todos los días"- repitió el menor, luego tomó su mano con fuerza –"Promételo, Ed"- exigió.
Edward sonrió suavemente –"Todos los días antes de dormir, te llamaré, ¿de acuerdo?"- abrazó a su hermano con la misma fuerza –"Quiero que comas bien, Al, por favor… necesitas dormir y preocuparte por ti, ¿sí?"- su hermano asintió –"Muy bien, yo regresaré cuanto antes, con buenas noticias"- besó la frente del menor y rió un poco cuando notó el color en el rostro de su hermano.
Ni él ni Alphonse estaban acostumbrados a muestras de afecto, a menos que se tratara de un abrazo ocasional, pero desde que había despertado, Edward no tenía el corazón para seguir con algo así cuando tenía a su hermano. Todavía se maravillaba al sentir la suavidad de su hermanito y no creía que pudiera renunciar a algo así cuando la última vez no había tenido esa oportunidad.
Winry regresó poco después con una bolsa de diferentes cosas que Edward podría comer en el camino a Ciudad del Este –eran casi ochenta kilómetros de camino, alrededor de dos horas y media, así que no creía terminarse todo eso antes de llegar a la estación–. Apreciaba el gesto, porque la comida de la estación era bastante buena.
Alphonse estaba más tranquilo, aunque la tristeza era algo que no podía borrarle, Edward abrazó la bolsa con comida contra el pecho y con una mano tomó su maleta –"¿El teniente coronel no te dijo cuánto tiempo estarás en Ciudad del Este?"- preguntó Al con menos desesperación que antes –"¿No le preguntaste?"-.
Claro que le había preguntado, no por él, sino por el bien de la estabilidad mental de su hermano. El hombre, por supuesto, sólo le había dado vagas respuestas que no podía discutir por teléfono y sin dar a entender que Edward sabía más de lo que aparentaba. Lo intentó varias veces, pero Mustang simplemente no parecía estar dispuesto a darle más de lo estrictamente necesario.
Y Edward todavía no sabía por qué estaba viajando con un mes de anticipación al examen real.
-"Le pregunté, pero sólo me dijo que eran cuestiones burocráticas y no era conveniente hablar de eso por teléfono"- suspiró por tercera vez –"Me aseguraré que el hombre sea quien le avise a Al, el imbécil tiene que servirme de algo, por lo menos"-.
Su hermano frunció el ceño, pero no comentó nada más del tema –"Ed… ¿crees que puedas pasar el examen?"-.
-"… Sí…"- por supuesto que lo haría, sino era por su propia habilidad, sería porque el führer lo vería ser un perfecto candidato para ser un sacrificio, su lugar estaba asegurado –"Ya verás, Al, ¿confía en mí?"-.
-"¡C-Claro que confío en ti, hermano!"- rió nervioso –"Yo sé que pasarás el examen y… y…"- miró a las piernas de Edward –"Y recuperaremos lo que perdimos, ¿sí?"-.
-"Lo haremos"-.
Cuando Alphonse se distrajo un poco con Winry, Edward tomó la oportunidad de hablar a solas con la abuela –"Cuiden de Al, por favor… no dejen que regrese a esa casa el solo"- sólo ellos sabían lo mucho que le había costado a su hermano entrar a la casa para limpiar todo, sólo Edward sabía lo que le había causado estar ahí dentro, a pesar de no ser Alphonse el que había bajado al sótano a limpiar todo lo que había permanecido ahí.
-"No te preocupes por eso, muchacho"- la convicción en su voz lo tranquilizó –"Se quedará con nosotras, por supuesto"-.
-"Gracias"-.
-"Promete que no desaparecerás del mapa, Ed"-.
No, eso nunca, él no era Hohenheim –"No lo haré, abuela, ya le prometí a Al que llamaría, estaré en contacto"-.
Eso la dejó satisfecha y a él también, porque ambos sabían lo que un viaje a veces significaba.
Después de quince o veinte minutos despidiéndose y prometiendo mantenerse en contacto, pretendiendo no ver las lágrimas en los ojos de Winry y de Alphonse, Edward abrazó a todos y subió al tren. El olor a carbón quemándose ya se sentía como un hogar y el crujir de los asientos incómodos se sentía como una cama que no había usado en mucho tiempo.
Edward sonrió a todos por la ventana y se despidió de ellos cuando el tren comenzó a avanzar y hasta que se perdió de vista la estación.
Se dejó caer en su asiento, dejando espacio suficiente para su maleta a un lado, y después dejó la bolsa de comida en la mesa frente a él.
Viajar era esencial en su vida, los trenes eran el mejor medio para hacerlo… aunque podría haber vivido con un camarote de primera clase, para ser honesto. Eran rápidos y eficientes, cumplían sus horarios y Edward no tenía que preocuparse por el trayecto mientras mirara por la ventana. Por supuesto, Edward había aprendido a viajar de cualquier manera si con eso significaba conocer y avanzar; en Aerugo, por ejemplo, había viajado en barco por un tiempo y había disfrutado la experiencia –sino fuera por el problema de su automail–.
En ocasiones se volvía algo aburrido, así que con el tiempo Al y él habían comprado una baraja para jugar, a veces sólo dormía todo el camino hasta que el silbato del tren sonaba… otras veces Edward miraba por la ventana e imaginaba estupideces hasta que su hermano lo sacaba de sus ensoñaciones o le daba hambre.
Edward tomó su nueva libreta con las pocas notas que había logrado reunir hasta ahora y sacó la pluma que había tomado del estudio de Hohenheim para continuar con su trabajo. Perder tiempo no era algo que iba a hacer ahora.
Ya tendría tiempo para perder después…
Hasta ahora había reunido la información que le parecía más importante sobre la situación de Amestris, el círculo de transmutación nacional, las ciudades sacrificio, el arreglo que había visto en Xerxes… y también las fechas aproximadas de cada exterminio. Sabía que, hacía poco había iniciado el conflicto de Fotcett, pero para su mala suerte, Edward no había estado preparado para detenerlos, sin dinero o poder militar, su voz sólo sería la voz de un niño. Era frustrante, porque tenía el conocimiento y no podía usarlo, pero iba a asegurarse de defender a los habitantes de Liore y detener la masacre de Fotcett en cuanto tuviera la oportunidad.
El conflicto de Briggs no vendría dentro de mucho, así que tenía tiempo para evitarlo y, si no podía evitarlo, tenía plena confianza en la general Armstrong –y una buena dosis de miedo–.
Por otro lado, Edward tenía un pequeño apartado para las fechas que le interesaban a nivel personal, todas ellas conectadas con las personas con las que había convivido brevemente o con algún evento que desencadenaría algo mucho peor. Sí, el nombre de Nina y el de Hughes eran los que más resaltaban, pero Edward era ambicioso… mucho más de lo que podrían darle crédito.
¿Qué tal si detenía el fanatismo del padre Cornello antes de que empezara? ¿Y si intentaba enseñarles alquimia? No podían engañarlos si sabían que los milagros no eran milagros reales.
¿Y qué había de su maestra? Tenía que visitarla, verla y hablar con ella a solas, explicarle que la transmutación humana era imposible, que no había matado a su bebé… ella necesitaba eso… y necesitaba ser sanada. Antes, la maestra le había explicado a él y a Al que Hohenheim le había ayudado, pero estaba convencido que tendría mejor suerte con el doctor Marcoh –el hombre se especializaba en alquimia medicinal, debía ser capaz de ayudarle–. Si debía hablar con ella, tendría que esperar a recibir su certificación, prepararse para su castigo y explicarle lo que habían hecho…
Esa sería su primera parada.
Después… bien, necesitaba despejarse un poco antes de planear más allá de sus propias necesidades.
Tal vez ayudar en Youswell antes de lo previsto, ayudar a levantar la ciudad –algo que podría hacer ahora–… o… o podía esperar las órdenes de Mustang y viajar a las ciudades tal como había hecho en su momento.
-"Esto es demasiado"- decisiones, decisiones, no era bueno con eso, necesitaba una segunda opinión y, desafortunadamente, Edward no tenía el lujo de algo así.
Mantener su título de alquimista del pueblo sería clave si quería obtener contactos y algunos favores para el futuro. Asegurar ciudades para cualquier eventualidad –porque no estaba dispuesto a pasar tanto tiempo ocultándose con la pandilla de Codicia de nuevo– y para preparar a todos a un posible golpe de Estado.
Pero de todas las cosas que necesitaba… era contactar con Cicatriz lo más pronto posible.
No sólo porque el hombre tenía información vital sobre el círculo de transmutación, Alphonse le había contado sobre eso y cómo la red de ishvalanos en Amestris había conseguido anular el control de Padre en la alquimia del país, sino porque había causado innumerables muertes de alquimistas que, en otro momento, podrían haber sido aliados… o enemigos.
Era una apuesta grande, pero si conseguía salvar más vidas, Edward estaría conforme.
Vigilar a los homúnculos era otra cosa; aunque sabía dónde se encontraba su base de actividad, sería muy peligroso bajar por su cuenta y enfrentarlos de una vez, mucho más si tomaba en cuenta la condición de su cuerpo actual. Tendría que tener cuidado.
Debía entrenar… entrenar más de lo que había hecho antes, más de lo que su maestra les había impuesto… más.
-"Es demasiado"- pensó
Organizar fechas de eventos que todavía no sucedían era más complejo que sólo escribirlas y codificar la información, significaba tomar en cuenta todas las conexiones que existían para que se diera un suceso tal como había sucedido la última vez, en tanto que Edward no se involucrara antes de lo previsto, podía replicar los resultados… pero si comenzaba a entrometerse más de lo estrictamente necesario, probablemente el resultado cambiaría y, tanto podía ser bueno, como podía ser malo. Arriesgar su ventaja valdría la pena si podía salvar a más personas, pero no serviría de nada si sólo lo arruinaba.
¿Qué tan moral sería de su parte que estuviera decidiendo todo eso? ¿No debería estar esforzándose por evitar todo lo terrible y no preocuparse por las consecuencias?
Un alquimista debía elegir la vida sobre la muerte, eso le habían enseñado, de otro modo sólo llevaría una existencia sin dignidad.
Pero sabía que no se trataba de sus principios, ni de algo bueno o malo… sino de tomar las mejores decisiones para lograr el mejor resultado posible –incluso si existían bajas que él podría haber controlado–. Extrañaba los días en que sus elecciones no eran tan complicadas y él no tenía problema de poner a Al por encima de todo –tal como había hecho al aceptar regresar–.
Si pudiera tener a alguien con quien discutir todo eso, estaba seguro que llegaría a la mejor solución, quizá aquella que lograra cumplir todos sus caprichos y lograr un final feliz para todo el mundo.
Las cosas no eran así, crecer te daba cierta perspectiva sobre lo que sucedía a tu alrededor, sobre tu pasado y tu futuro… creía que no podía realmente sentirse culpable por seguir pensando como un niño y buscar el camino fácil.
Todos deseaban tener un final feliz, las personas necesitaban buscarlo con sus propios medios y encontrar aquello que los hiciera sentir así. Edward había encontrado el mejor resultado posible para su propia vida, cuando había recuperado el cuerpo de su hermano. Claro, había renunciado a una parte integral de su ser, pero había valido la pena –además, creía que era un castigo apropiado por haber jugado a ser Dios–.
Adaptarse a una vida distinta cuando él había sido… lo que había sido…
Eventualmente lo había conseguido. Había logrado encontrar el equilibrio del que tanto habló Lan Fan y Ling, viajando por su cuenta y acumulando conocimiento, escribiendo sobre alquimia y sabiendo que su hermano estaría bien sin él.
Debió ser un punto de inmensa paz… pero más bien se trató de una epifanía.
No se trataba de esforzarse toda una vida por conseguir un último resultado y esperar que fuera el resultado perfecto; la vida no era una ciencia, no era un cálculo que debía resolver. Aceptar que tus esfuerzos podían llevarte a una vida mejor era una buena idea, pero también era necesario descubrir que esos esfuerzos podían darle valor a la vida que llevabas y no siempre el resultado iba a ser perfecto, esperado o deseado.
Viajar solo le había dado tiempo para entender que así era. Aunque habría deseado viajar con su hermano y estar cerca de él, la separación le había hecho entender que podía disfrutar de su vida en tanto que sus seres queridos estuvieran felices. Disfrutar el proceso y no el resultado… aceptar las cosas que llegaban a él de manera natural y pasar cada uno de sus días intentando dar lo mejor… de eso se trataba su vida.
Había comprendido que la felicidad no era un estado de perpetua euforia, sino una combinación de distintas experiencias que te hacían apreciar los pequeños o grandes momentos de la vida.
En ese momento, Edward había aceptado, por fin, que su alquimia no regresaría, que la había dado a cambio de algo mucho mejor y que, aunque no estaba con su hermano todo el tiempo, podía todavía apreciar las veces en que podían verse y hablar como si no hubiera pasado un día. La tristeza que normalmente lo plagaba le ayudaba a aceptar los buenos momentos como tal, sus temores y pesadillas le servían de recordatorio de todo lo que había hecho y lo que había conseguido…
Siempre existiría un lado positivo… y uno negativo…
En medio de todo eso, en el espacio vacío, debía estar algo.
Y ese equilibrio se encontraba ahí.
Debía encontrar ese equilibrio de nuevo, comprender su nueva vida bajo esa filosofía, encontrar el punto de balance y entender que, aunque deseaba con toda su alma salvar a todos y de todo, muchas veces era necesario tomar una ruta distinta.
A veces no existía muy bien esa línea que Edward y Alphonse habían dibujado claramente de pequeños, con la que se dividía lo bueno de lo malo, sino que… era más complicado que eso.
Que a veces las mejores lecciones se aprendían con los peores errores, que eso te hacía más fuerte y una mejor persona, que a veces no podías salvar a aquellos que no deseaban ser salvados. Que la muerte no era un final –y Edward lo sabía muy bien–, que la vida no era lo único que le daba sentido a la vida… que las buenas intenciones no lo eran todo… que el camino al infierno estaba pavimentado con esas buenas intenciones, que esas malas intenciones habían sido provocadas por algo más profundo…
Que todos formaban parte de un gran ciclo… y que muchas veces ese ciclo no era precisamente un círculo.
Sin embargo, encontrar ese punto de balance era un proceso… solitario.
La compañía de alguien que lo entendiera era un lujo que no podría darse… que dudaba que alguien deseara entregarle su compañía.
-"Esa es la vida de aquel que sabe"- se dijo amargamente –"Mientras más arriba de la pirámide estás… más difícil es tener compañía"-.
No sería capaz de hacer que alguien más llevara esa carga con él, no podría hacerle eso a nadie, no podía ser tan egoísta. Además… ¿quién sería tan idiota como para acercarse tanto a Edward? Nadie en su sano juicio se haría algo así a sí mismo.
Sólo estaba pensando tonterías para no concentrarse en su problema, quiso reír. Cerró la libreta y miró por la ventana hasta que alcanzó a ver la silueta de la primera parada del tren, Kaumafy era un pueblo más pequeño que Resembool, si podía compararlos, tenían una buena relación con ellos y normalmente comerciaban con ellos justo antes del invierno. Estarían ahí unos veinte minutos antes de seguir avanzando, pero Edward no quiso moverse de su sitio.
La bolsa con comida seguía intacta y se preguntó si su apetito regresaría pronto, porque sería un desperdicio no comer lo que habían comprado para él.
-"Tal vez podría regalarlo"- pero de inmediato negó con la cabeza.
No había desayunado nada y necesitaba hacerlo, como le había dicho a su hermano, su salud era importante.
El resto del viaje, Edward se forzó a comer una parte de lo que Winry había comprado, jugó un poco más con su libreta y miró por la ventana, deseando con fuerza que ese paisaje tan conocido le brindara la misma tranquilidad que le había dado por años, deseando dormir… para no perderse en su mente y llegar, inevitablemente, al punto al que jamás había querido llegar.
Logró hacerlo… hasta cierto punto. La vista de los campos era agradable, le traía recuerdos amables. El aire que entraba por la ventana y golpeaba su rostro era suficiente para despejarlo un poco.
Pleonuk pasó de largo casi tan rápido que Edward no tuvo la oportunidad de apreciar la belleza del movimiento de las personas y la bendita ignorancia de tantas personas que seguirían con su vida sin saber que en ese tren estaba una persona que podría arruinar todo…
Luego de eso cerró los ojos –"Mamá, dame fuerza"-.
Escuchó a personas subir y a lo lejos una madre conversar con un niño pequeño, dos hombres se sentaron detrás de él y poco después el tren avanzaba de nuevo.
-"Tal vez habría sido buena idea traer algo más para cubrirme"- comenzaba a tener frío y el gran suéter que había tomado de su madre no era suficiente para cubrirlo.
Habría sido estupendo transmutar su antiguo abrigo; cuando lo había hecho, había pensado principalmente en una tela lo suficientemente caliente para mantener una buena temperatura en su cuerpo –el automail a veces le causaba problemas–, pero… no quería ni necesitaba llamar la atención en esta ocasión. Ahora mismo no necesitaba el abrigo para mantenerse saludable y soportar su automail. Aunque se tratara de un tributo a las enseñanzas de su maestra, una declaración de los principios alquímicos que seguía, creía que debía encontrar otra manera de hacerlo.
Intentaría crearse algo más… discreto, una vez que consiguiera su certificación.
-"Ah… pero sería tan cómodo"- era por eso que había tomado el suéter de su madre para cubrirse.
Era lo suficientemente grande para ocultarse dentro de él y era suave, era cómodo y Edward podría usarlo por mucho tiempo antes de… de… antes de crecer hasta su estatura normal –porque ahora mismo tenía el cuerpo de un niño, un niño normal, así que era normal que no fuera exactamente del tamaño de un adulto–. Le gustaba ese suéter, era rojo y era grande, era cómodo y lo usaría hasta que no pudiera más.
Antes de lograr conciliar el sueño, a pesar del frío, el silbato del tren sonó y lo despertó por completo.
Buscó en su bolsillo por un reloj, hasta que recordó que él no tenía ninguno –"Muy inteligente, Edward, muy inteligente"- quiso golpearse.
Cuando el tren se detuvo por completo, Edward tomó sus cosas y avanzó a la salida de su vagón.
Era tan extraño bajar del tren y no tener a Alphonse a su lado –nunca se había acostumbrado por completo–, sentía cierto vacío que le causaba más frío del que en realidad tenía, pero se sentía medianamente seguro de estar solo. Era lo mejor, porque Al necesitaba ese tiempo en Resembool y sabía que su hermano no quería estar ahí, no realmente.
Avanzó por el andén mirando a su alrededor.
Mustang no le había dicho si alguien estaría esperando por él en la estación, así que probablemente tendría que hacerse camino hasta el Centro de Comando por su cuenta. Por supuesto, también podría contar con la extraña responsabilidad que el hombre parecía querer tener con él y alguien estaría ahí, esperándolo. Era como jugar a las cartas. Mustang se comportaba de manera extraña la mayoría del tiempo y pocas veces podía predecir todo lo que haría –"No más"- se recordó –"Ahora yo tengo la ventaja"- eso era una buena noticia.
-"¡Edward Elric!"-.
Gracioso, creyó escuchar a alguien llamarlo –"Necesito dormir"-.
Tal vez, cuando llegara al Centro de Comando, podría alegar cansancio por viajar en tren tanto tiempo y tal vez conseguiría usar el sofá de Mustang –siempre quiso quedarse con él, era cómodo– para descansar un poco. Nadie podría negarle algo así a un niño, ¿verdad? Ni siquiera Mustang tenía el corazón para hacerlo –"Supongo que esas son algunas ventajas"-.
Ser tratado como un niño –de nuevo– por la abuela Pinako era una cosa, pero ser tratado como un niño por su antiguo equipo… iba a tomarle un tiempo acostumbrarse.
Si tenía suerte, podría fingir lo suficiente para dormir un par de horas.
-"¡Elric!"- Edward se giró en su sitio para encontrarse a dos metros de la general de brigada… no, ese no era su rango… con la alférez Hawkeye. No quería ver qué sucedería si se equivocaba con eso, sería la manera más estúpida en que alguien pudiera descubrir su pequeño secreto.
Suspiró y comenzó a caminar hacia la mujer; al menos Mustang había decidido ser un adulto responsable y enviar a su mano derecha por él –"Supongo que un niño debe sentirse cómodo con un rostro familiar"- pero lo cierto era que Edward se sentiría cómodo con ella.
-"A-Alférez Hawkeye"- saludó –"Buen día"- sonrió un poco –"No creí que nadie esperara mi llegada, lo siento"-.
La mujer correspondió su sonrisa –"El teniente coronel no quería que un niño estuviera solo en la ciudad, asumimos que sería la primera vez que saldrías de Resembool"- bien, al menos no había hecho mención a su tamaño.
-"¿Cómo puedo explicarle? Soy un par de años mayor que tú…"- Edward rió un poco –"No es la primera vez que salgo de Resembool"- aclaró –"Pero es la primera vez que viajo a una ciudad tan grande"- ofreció al mismo tiempo que tomaba el suéter y lo llevaba más cerca de su cuerpo.
-"Ya veo"- Edward no quería explicar cómo es que en este punto habría viajado a Dublith para aprender alquimia, no cuando sabía que esa información llegaría a oídos de Mustang y el hombre no tendría problema en buscar a su maestra, de hecho, le estaba haciendo un gran favor y salvándole la vida al no enviarlo a Dublith –"Me alegro de estar aquí y ser tu guía entonces, Edward… ¿está bien si te llamo Edward?"-.
-"Ah…"- existían muchas razones por la que Edward tenía un especial cariño a esa mujer –"Por supuesto, sí"– la forma en que siempre lo había tratado era, por mucho, la razón principal para ganarse su respeto, siempre lo hacía sentir cómodo en su presencia.
-"Veo que te dejaste crecer el cabello"- señaló la mujer luego de un silencio incómodo.
Edward se encogió de hombros –"Sí… pensé que sería una buena idea"- luego la miró y no pudo evitar señalar lo mismo –"Usted tenía el cabello corto, ¿no es así?"- como Edward, su cabello había crecido hasta los hombros –"Creo que se ve bien así"- añadió cuando notó que lo que había dicho no era precisamente amable.
-"Muchas gracias, Edward"-.
Caminaron en silencio hasta la salida de la estación, cuando Edward recordó que todavía tenía algo de comida y no sabía qué hacer con ella.
-"Eh… ¿alférez Hawkeye?"- la mujer giró la cabeza al tiempo que Edward extendía la bolsa –"Parece que compré muchas cosas para el viaje"- bien, eso estaba bien –"¿Quiere algo?"-.
Si la mujer se sorprendió por su oferta, Edward no lo notó.
Hawkeye era una mujer reservada y sus expresiones no eran algo que hubiera aprendido a leer con el paso del tiempo, pero podía confiar en la franqueza de la mujer cuando realmente se necesitaba.
Riza Hawkeye no era nada menos que eficiente.
Ahora, si pudiera convencerla de llevarlo a ver la ciudad antes de ir al Centro de Comando… eso estaría mucho mejor para él.
Hacía años que no visitaba Ciudad del Este.
Recordaba las calles y los caminos para llegar a los lugares que más visitaba, pero… quizá había olvidado lo bien que se había sentido al respirar el aire de una ciudad tan ocupada como esa por primera vez.
Había cierta dureza en el suelo de las ciudades que le hacía sentirse en mayor control que caminar por el campo. La estructura planeada de Amestris siempre había tenido un efecto similar. Y ahora, con el sol golpeándole el rostro, Edward se sentía con el mismo control que había tenido alguna vez sobre su futuro.
-"¿Te gusta?"- preguntó después de un rato.
Edward la miró por un segundo antes de entender su pregunta –"Es… diferente"- asintió con la cabeza, cómo desearía poder decirle cuánto le gustaba ver la ciudad de nuevo.
-"Tal vez tengas tiempo de dar un paseo por la ciudad antes de tu examen"-.
Se contuvo de rodar los ojos, pero cuando iba a darle una respuesta adecuada, Edward sonrió un poco más –"Bien… no estoy seguro de cuánto tiempo voy a estar aquí… el teniente coronel no me dijo mucho, así que supongo que en cuanto haga el examen traeré a mi hermano para visitar apropiadamente…"- disfrutó un poco más de lo que debía la evidente incomodidad de la mujer.
-"El teniente coronel te explicará… todo lo que necesitas saber"-.
Por supuesto que lo haría.
-"Gracias"-.
Disfrutó como pudo la incómoda conversación que la mujer intentó mantener con él –sin mencionar el examen, obviamente–, incluso cuando Edward buscaba sacar más información y presionarla. Aunque Edward respetaba a Hawkeye, creía que se merecía eso porque la mujer debería tener cierto criterio para decirle a un niño que debía quedarse ahí tres meses y no sólo algunos días. Si ella no deseaba hablar, estaba bien, pero creía que un poco de escarmiento no le haría daño.
Además… debía aprovechar ahora que su curiosidad parecía sólo curiosidad y no otra cosa, Hawkeye podría culpar a Mustang de tantas preguntas, porque, ¿cómo podría un niño no tener preguntas? Dentro de un año, cuando todo el mundo supiera que su curiosidad no era sólo curiosidad, Edward no podría disfrutar de eso, había oportunidades únicas en la vida.
-"Esto fue divertido"-.
A pesar de todo, el trayecto en el auto fue corto y la conversación amable.
Podía verla luchar contra su instinto para decirle las verdaderas intenciones de Mustang, así que cuando tuvo suficiente, Edward dejó que la mujer llevara la conversación mientras él jugaba al niño reservado que nunca había sido –"Sí, Al y yo tenemos… una relación cercana"- accedió mientras daban vuelta en una esquina.
Hawkeye rió por lo bajo –"Pude notarlo…"- al ver su confusión, agregó –"La forma en la que se movía a tu alrededor"-.
Edward inclinó la cabeza, sin saber qué podría haber visto –"Somos… la única familia que tenemos"- dijo con cuidado –"Cuidamos uno del otro… así que Alphonse estará un poco preocupado por mi viaje"- suprimió su sonrisa cuando notó la molestia de la mujer –"Es un buen niño"- para ser sincero, desearía tener una fotografía para demostrarle con pruebas que decía la verdad.
-"Un buen niño…"- murmuró, pero Edward alcanzó a escucharla –"Creo que no le agradamos mucho cuando los visitamos sin avisar"-.
¿Qué habría hecho Alphonse ahora? Estaba seguro que la general de brigada jamás trataría mal a su hermano, la mujer tenía cierta debilidad por los niños, lo sabía, lo había visto varias veces y hasta había tomado cierta ventaja de eso más de una vez.
-"Bien… eh… Resembool no tiene la mejor opinión del ejército"- excusó como pudo algo que no sabía muy bien –"Pero le aseguro que mi hermano jamás los juzgaría apresuradamente"- tendría una conversación muy seria con Alphonse cuando regresara a casa.
Hawkeye asintió con la cabeza –"¿Y está bien contigo uniéndote a los militares?"- su pregunta era genuina, había curiosidad y preocupación en ella, tanto como todas las veces en que había demostrado que Edward y Alphonse eran parte de ese equipo que se había convertido en una familia muy extraña para todos.
Bien, eso era una pregunta justa, era la duda de alguien que, no hacía mucho, había estado sacrificándose por un camino que no le parecía muy claro, lo sabía, ella necesitaba la tranquilidad de saber que no sería odiada a primera vista por todos –"¿Está familiarizada con el principio más básico de la alquimia?"- preguntó en vez de responderle inmediatamente –"No hablo de la ley de intercambio equivalente…"- cuando ella negó con la cabeza, Edward siguió –"Nuestra maestra nos lo enseñó… es un principio universal, uno es todo, todo es uno"- luego le sonrió un poco –"Quisiera dejar que usted averiguara qué significa eso, pero…"- miró por la ventana –"Nosotros somos uno, y el mundo es todo… de alguna manera estamos conectados y todo termina siendo un ciclo"-.
-"Es una forma interesante de ver la vida"-.
-"Es la forma en que deberíamos verla"- corrigió amablemente –"Usted es sólo una persona, así que deberíamos verla como tal… mi hermano y yo no juzgamos a las personas como una institución… sino como individuos"- dijo con cuidado –"Sin conocerlos… no sería justo hacerlo"-.
La tensión en los hombros de la mujer se desvaneció poco a poco y, al momento de llegar al Centro de Comando, había desaparecido por completo. Le alegraba saber que su conversación había tenido algo bueno para ella.
Bajaron del auto y ella lo ayudó con su maleta mientras Edward se las arreglaba con la bolsa de comida y cubrirse con su suéter –juraba que se haría un abrigo más caliente–. Si hubiera sido otro momento, la gran entrada del edificio habría sido casi intimidante, pero no fue así.
Cruzar las puertas de metal y los pasillos era como regresar a una etapa de su vida que había disfrutado sin saberlo. Recordar las estúpidas misiones sin sentido le hacían valorar un poco más los esfuerzos de Mustang por usarlo algunas veces –incluso cuando el hombre le habría ahorrado mucho si se hubiera explicado claramente–. De vez en cuando debían detenerse para saludar a algunas personas, pero Edward se mantenía al margen, detrás de Hawkeye. Algunas personas le eran familiares, pero no lo suficientemente importantes como para recordar sus nombres.
Edward se distraía lo suficiente observando todos los detalles del edificio y pensando cómo es que soportaría pasar por ahí constantemente. Ya había cometido dos errores mientras caminaban –sin mostrarse mínimamente confundido por la dirección que tomaban y sin preguntarle a la mujer dónde estaría Mustang–, no sabía en qué momento alguien lo descubriría.
La puerta de la antigua oficina de esa unidad se abrió ante él.
Y era exactamente como la recordaba.
El piso de madera pulida tenía una simple alfombra roja que los dirigía al escritorio del fondo, donde Mustang se suponía que debía estar trabajando. Los escritorios de sus subordinados estaban a los lados, y tres de seis tenían una gran cantidad de documentos encima –sí, recordaba que esa oficina no se caracterizaba por la puntualidad del trabajo escrito–. Al fondo, detrás del escritorio de Mustang y hacia la derecha de la habitación, estaba el sofá que quería usar para descansar un poco.
Edward sonrió un poco cuando vio dos rostros conocidos en la oficina, fingiendo trabajar.
-"Hay cosas que nunca cambian"-.
Los pasos de la mujer resonaron lo suficiente en el piso –a diferencia de los de Edward– como para hacer que los dos hombres dentro comenzaran a tomar papeles al azar para leerlos. Edward rió por lo bajo y sonrió un poco más cuando vio la pequeña sonrisa en el rostro de la mujer. Sabía cuánto disfrutaba de esos pequeños momentos de control, ella y él tenían cierta satisfacción cuando sucedía algo así.
Cuando notaron que Hawkeye no venía sola, sin embargo, redujeron la velocidad hasta dejar por completo sus movimientos.
-"¿Hay algo que nos quiera decir, alférez?"- no pudo contenerse, lo sabía, Jean jamás había tenido tacto para esas cosas, viendo cómo jugaba con la pluma en mano, Edward se preguntó cuánto tiempo debía conocerla para este punto, si creía que su actitud iba a ser pasada por alto –"¿Alguna aven…?"- luego se frenó lo suficiente para corregirse –"¿Algún marido oculto, tal vez?"-.
Si Hawkeye se molestó con eso, no lo hizo notar –"Este es Edward Elric, lo espera el teniente coronel"- lo presentó.
Sólo alzó una ceja, pero no dijo nada más –"Bien, Jean siempre me agradó"-.
El hombre decidió que sería mucho mejor para él si no insistía en seguir su pequeño comentario –y qué buena idea era eso–, así que rodeó su escritorio para saludar a Edward correctamente, como lo haría con cualquier visitante. A veces olvidaba que Jean había trabajado en la tienda de su familia antes de entrar a la Academia; el hombre sabía cómo tratar a otros.
Edward se apresuró a extender una mano al hombre y sonreírle un poco –"Edward Elric, un gusto"- dijo, porque en verdad era un gusto ver esos rostros –"Te ves mucho mejor sin esa estúpida barba, Jean"- pensó mientras el hombre tomaba su mano –"Tal vez podría convencerlo de jamás intentar un nuevo estilo"- ese sería un buen cambio.
Todos habían sufrido bastante con la crisis de la mediana edad de Mustang… Jean simplemente no lo había hecho mejor.
Al estar lo suficientemente cerca, Edward pudo apreciar el olor a tabaco de buena calidad que Jean tenía e hizo todo lo posible para no inclinarse más de lo que debía ser amable y oler sólo un poco más de ese delicioso…
No, no… no sería una buena idea.
-"Suboficial Jean Havoc"- se presentó con una media sonrisa –"Oye, Breda"- llamó al hombre que lo veía desde su escritorio con curiosidad –"Ven a saludar"-.
El hombre rodó los ojos, pero se levantó de su sitio y caminó hasta él con la misma sonrisa oculta que cargaba cada vez que algo le daba cierta gracia –"Suboficial Heymans Breda"- Edward tomó su mano.
-"Un placer, señor"-.
Antes de poder decir algo más, Jean se acercó un poco hacia él –"Me pregunto, niño, ¿por qué estás buscando a nuestro jefe?"- la pequeña sonrisa se extendió y Edward lo miró confundido –"¿Algún negocio pendiente con él?"-.
-"Eh… ¿qué?"-.
-"Vamos, puedes decirnos, ¿cierto, Breda?"- cuando Jean se inclinó sobre él, Edward tuvo que dar un paso atrás y mirar hacia la mujer para buscar alguna respuesta lógica.
-"¿De…? ¿De qué está hablando?"- bien, eso era propio de esos dos, pero no recordaba que la primera vez que se habían visto, Jean hubiera tomado tanta confianza con él tan rápido –"Tiene que ser una de sus tonterías"- quiso rodar los ojos, pero en vez de eso, volteó a ver a Hawkeye.
Hawkeye negó con la cabeza –"No es nada importante, Edward, por favor, siéntate, el teniente coronel no debe tardar en regresar"- comentó mirando a la puerta y suspirando.
Esperaba que eso fuera cierto.
Ese cuerpo no estaba acostumbrado a los viajes tanto como su mente lo estaba y el dolor de su espalda, si bien no era tan malo como la última vez, comenzaba a molestarlo más de lo que debería. Deseó poder recostarse un poco, pero la silla al menos era cómoda para descansar del viaje. Ahora, si su pierna estuviera en mejores condiciones, tal vez Edward no estaría pensando en el dolor que le causaba el frío de la ciudad –sí, debía acondicionar su cuerpo pronto, lo sabía–.
Ansiaba porque pasaran suficientes años como para sentirse cómodo de nuevo en su propio cuerpo; era difícil moverse incluso de las maneras más sencillas y debía pensar casi cada uno de sus pasos sólo para no tropezar o terminar creyendo que sus brazos eran más largos o podía correr cierta distancia en menor tiempo. No era sólo su altura –porque eso no era importante, para nada–, era la dimensión de objetos, el peso; habían tenido que pasar cinco años antes de sentirse bien dentro de su cuerpo adolescente –a los diecisiete, por fin había alcanzado la altura de su hermano menor– y luego dos años más para acostumbrarse y aceptarse. Su umbral de dolor también había crecido, pero no había tenido idea de cuán conectados podían estar mente y cuerpo como para notar tantas diferencias y haber cometido ya tantos errores. Por suerte, su hermano y Winry simplemente lo habían atribuido al problema de acostumbrarse a usar un automail después de perdido un miembro.
No sería un buen día cuando Edward hiciera algo sin pensarlo y alguien como Hawkeye notara la enorme diferencia entre un niño normal y un adulto en el cuerpo de un niño.
-"Debo tener cuidado"- suspiró y se hundió en su sitio.
La oficina quedó en silencio y, con la presencia de Hawkeye, los dos hombres regresaron a sus escritorios para trabajar en lo que sea que tuvieran que hacer –"Ahora que lo pienso, ¿qué demonios se supone que les toma tanto tiempo firmar?"- siempre era lo mismo.
Cuando Edward y Al visitaban el Centro de Comando, los veía trabajar con distintos papeles, cuestiones oficiales que requerían su atención, pero realmente no se había puesto a pensar qué tan importante era lo que firmaban y si en realidad era necesario hacerlo. Sólo veía montañas de documentos acumularse en el escritorio de Mustang al final del día y… y no más.
Los militares eran raros.
Todo se solucionaría mucho más fácil si no tuviera que pasar a manos de una burocracia militarizada que realmente no estaba preparada para trabajar así. Sólo Hawkeye parecía preparada para un trabajo de escritorio –y aún así, Edward la había visto varias veces postergando su propio trabajo con la excusa de supervisar a Mustang–. Sí…
-"Quizá tuve suerte… sólo tenía que escribir reportes ocasionales y entregarlos directamente a Mustang… supongo que no podré quejarme demasiado"-.
Escribir reportes era aburrido… preferiría entregarle avances de su investigación –y no deseaba hacer esa tontería– que escribir estúpidos reportes sobre cómo es que las cosas habían salido tan mal en cualquiera de las misiones a las fuera enviado. Por supuesto, quizá su molestia tenía que ver con los constantes comentarios sobre su pésima caligrafía o los errores que un niño había hecho en medio de una misión tan sencilla. Pero suponía que no era tan malo si debía comparar su trabajo con el tedioso trabajo de escritorio que todos ahí parecían odiar.
-"… ard"-.
Si debía sentarse en uno de esos escritorios y firmar tonterías, Edward regresaría el estúpido reloj sin siquiera pensarlo. Ya le daría alguna excusa a Al –con su suerte, Alphonse se ofrecería desesperado a hacer su trabajo si con eso conservaban la ayuda del ejército–.
Oh… podría simplemente fingir que no tenía idea de cómo hacer un reporte y luego escribir tonterías como solía hacer. Seguramente así Mustang no querría ponerlo a cargo de papeles importantes. Además, un niño no es responsable, quién sabe qué podría autorizar.
Esa era una buena idea –"No pueden fastidiarme con esas cosas"- pero… pero no podía hacer eso, ¿verdad?
Tenía la intención de ganarse la confianza de todos ahí, de nuevo, así que hacer su mejor esfuerzo era primordial. Mostrar madurez era importante, ¿qué era ser maduro, de todos modos? Pero Edward sabía ser profesional… casi siempre… bien… la mayoría de las veces… la mayoría de las veces en que no tenía que tratar con Mustang directamente.
-"Edward"- giró la cabeza para ver a la mujer mover los labios.
-"Oh… lo siento"- eso no era normal –"Lo lamento, estaba un poco distraído, ¿sucede algo?"- sonrió un poco para mostrarle que realmente no había escuchado.
Hawkeye sonrió un poco –"¿Quisieras hablar con tu hermano? Avisarle que llegaste a salvo"-.
De hecho, eso estaría bien, Alphonse debía estar preocupado y él había prometido llamar, ¿verdad? No iba a romper una promesa. Sin embargo, antes de asentir, Edward recordó algo –"Se supone que debo decirle cuánto tiempo voy a estar aquí"- se mordió el labio –"Sí… me gustaría hablar con él, pero le prometí que podría avisarle cuánto tiempo estaría en la ciudad"- no era mentira, simplemente quería que Mustang se hiciera responsable por sus mentiras –"¿Podría esperar al teniente coronel para preguntarle?"-.
La mujer desvió ligeramente la mirada, y luego asintió –"El teniente coronel puede avisarle a tu hermano el tiempo de tu estadía, Edward, no te preocupes por eso"-.
-"Así que así siente Mustang cuando las personas hacen lo que él quiere sin siquiera esforzarse… bien, puedo entenderlo… un poco"- era una satisfacción que no conseguías con cualquier cosa, tal vez debía hacerlo de vez en cuando –"Y ahora… ¿qué hago?"- bajó el rostro un poco, sólo para que no alcanzaran a ver la sonrisa que no pudo reprimir –"Muchas gracias, alférez Hawkeye"- gracias por ayudarme a fastidiar a Mustang, agregó en su mente.
-"Llámame Riza, Edward"- dijo con una pequeña sonrisa.
Vaya…
Eso había sido rápido.
La última vez, Edward había tardado todo un año en obtener ese ofrecimiento. Hawkeye se había reservado a tratar con el niño del equipo –probablemente aferrándose a la pobre impresión que había hecho cuando habían visitado Resembool–, para el tiempo en que le había dado permiso de usar su nombre, Edward estaba demasiado acostumbrado a llamarle por su título o su apellido como para cambiarlo. Que ella fuera la única a la que Edward respetaba por su rango militar le añadía cierto valor.
Alphonse, obviamente, había obtenido el permiso de usar su nombre en el primer mes, pero se había mantenido usando su rango como deferencia a la mujer –como hacía con todo el mundo–. Habría sido bueno mostrarle a su Al que él podía ser amable si se lo proponía.
-"… Muchas gracias, señorita Riza"- listo, eso era normal en un niño, ¿no es así? Y también era normal en un hombre que, en realidad, era mayor que ella.
De cierta manera, verla así le recordaba vagamente en la mujer en la que Winry se convertiría con el tiempo. No tratarla como su hermana sería imposible.
El silencio de la habitación se rompió sólo por el uso frecuente de las plumas o el movimiento del papel, Edward pasó la siguiente hora leyendo uno de los libros que había empacado y compartiendo la comida que había quedado en la bolsa. Decir que extrañaba eso sería admitir que unirse al equipo de Mustang había sido una buena idea, pero… extrañaba eso. El compañerismo que se construiría ahí sería suficiente para crear el principio de una nación más fuerte y grande de lo que Olivier Armstrong habría hecho.
Edward sonrió.
Esperaba que ese momento llegara antes de lo que había sido la primera vez.
Ver a Grumman como führer había sido una experiencia agridulce, pero al menos su presencia le había permitido a Mustang hacer un viaje a Ishval y ayudar a restaurar la ciudad. El anciano tenía horribles bromas y muchas veces sus comentarios dejaban qué desear, el hombre podía ser algo más que autoritario –nunca como Bradley, al menos–; su intención jamás había sido restaurar la democracia, así que Edward había rechazado de inmediato al hombre.
Al menos, se decía cada vez que visitaba y debía lidiar con las formalidades de saludar a ciertas personas, no había estado mucho tiempo en ese puesto. El pueblo de Amestris había exigido a alguien más, a alguien que entendiera las necesidades de todos… y una nueva generación había tomado el control.
Sí, esperaba que el turno de Mustang pudiera llegar antes de lo previsto.
Aunque… no estaba deseando asistir a la ceremonia… eso no había sido divertido, ni siquiera con Al embriagándose –oh, y cómo había hecho que su hermano se arrepintiera de hacerlo–. Demasiados protocolos que seguir, muchas personas desconocidas…
Esa fiesta había sido el infierno.
Antes de que pudiera considerar las implicaciones sociales de una ceremonia tan frívola como había sido el nombramiento del führer Mustang –y cómo es que él había tenido que asistir a pesar de haber renunciado para esa fecha al ejército–, la puerta de la entrada azotó con fuerza en la pared –"Oh"- dejó el libro sobre el escritorio y giró la cabeza hacia la puerta tan rápido como pudo –"¿Tal vez así se sentían cuando yo lo hacía…?"-.
Se encogió de hombros, ese no era su problema.
El teniente coronel Roy Mustang entró a la habitación con pasos firmes y una media sonrisa que no concordaba con su actitud antes, luego volteó a ver a Hawkeye –"¿Alférez?"- confundido –"¿Qué hace aquí? Pensé que había…"-.
-"Buen día, señor"- saludó Edward desde su sitio, guardando el libro en la maleta y levantándose para ver al hombre mejor –"Dios… Mustang, ¿qué te pasó?"-.
Edward podría decir que conocía a ese hombre casi tanto como podías conocer a un político. Reconocía que, por mucho tiempo, su existencia sólo había sido una herramienta y un obstáculo para lograr sus metas, pero con el tiempo… con el tiempo había llegado a considerarlo una de las personas en que podía confiar con su vida y la de su hermano. Mustang era… un desastre, lo sabía, todos los que estaban cerca de él lo sabían.
Pero saberlo y verlo… eran dos cosas muy distintas.
Siempre había tenido cuidado de mostrar una apariencia pulcra, tal como su educación lo exigía. Y Edward nunca lo había visto con un aspecto menos que perfecto, ¿qué demonios sucedía ahí?
¿Cómo unos meses de diferencia podían hacerle ver tanto?
Antes, cuando Edward había viajado junto a Al para hacer su examen, habían llegado justo a tiempo para ingresar su solicitud –con un poco de tiempo ganado por Mustang–. Dos días después, Edward comenzó a presentar diferentes pruebas para convertirse en un alquimista estatal, pruebas que no eran precisamente difíciles, pero sí consumían bastante de su tiempo. Al final, durante los dos meses que habían durado los exámenes, Edward había visto a Mustang un total de cinco veces –incluyendo la vez que había presenciado su prueba práctica del examen–.
Al parecer, unos meses de diferencia… hacían la diferencia.
-"Ah… niño, llegaste"- luego miró a Hawkeye –"Pensé que me avisarías cuando hubieran llegado para…"- hizo un gesto con la mano, pero no dijo más –"Muy bien… sí…"- y luego se quedó sin comentarios.
-"Hay días buenos… y otros no tanto"- hizo todo lo posible por no dejar que su rostro mostrara ninguna expresión semejante a la lástima, porque él odiaba la lástima, y se mordió el labio –"¿Cómo puedo ayudar?"- pensó sin poder detenerse.
Su rostro estaba pálido y tenía una ligera capa de sudor en la frente que brillaba con la luz de la oficina; debajo de sus ojos estaban las marcas de cuánto había dormido las últimas semanas y no parecía que eso fuera a mejorar. Su uniforme estaba arrugado y Edward creía que podría ver algunas manchas si se esforzaba lo suficiente.
Y ahora se sentía culpable de haber planeado usarlo para excusarse con Alphonse, perfecto.
-"Teniente coronel"- empezó Hawkeye sin prestar atención al estado del hombre, o quizá ignorándolo, no lo sabía –"Edward quería hablar con su hermano para explicarle cuánto tiempo va a estar en la ciudad"- luego lo miró fijamente, haciendo obvio que lo estaba culpando por la preocupación que le habían causado a Al.
-"Bien… tal vez es culpa de ambos"- pensó Edward encogiéndose ligeramente en su sitio y tomando el borde de su suéter para cubrirse mejor, porque no sabía qué decir para mejorar la situación y aligerar el ambiente –"Mi Al… mi hermano estará bien si espero un par de horas"- dijo con suavidad, intentando no parecer mínimamente molesto por eso.
Pero… parecía que esa no era la respuesta correcta –"Ven a mi escritorio, Prodigio"- suspiró –"Te explicaré las… circunstancias"-.
Edward arqueó una ceja –"¿Circunstancias? Esa es una forma de llamarle"- pero siguió al hombre hasta el escritorio.
Cuando iba a permanecer de pie frente a él, Mustang apuntó al sofá del fondo –"Ponte cómodo, Prodigio, vamos a hablar"-.
De pronto, el silencio no le parecía ser tan bueno como había pensado en un principio. Edward tomó asiento en el sofá con el que se había familiarizado y se mantuvo en su sitio, a pesar de querer recostarse un poco. Sólo cerraría los ojos unos segundos, no necesitaba mucho más –"Pero ahora mismo no es el momento"- se dijo –"Gracias por enviar a la señorita Riza"- dijo al final –"Creí que tendría que encontrar este lugar por mi cuenta"- no habría sido difícil, considerando lo que sabía.
-"Sí"- carraspeó –"Es… debo cuidar de mis futuros subordinados, ¿no es verdad, Prodigio?"-.
Nunca una palabra que suponía ser un cumplido había sonado tanto como un insulto –"Imbécil"- si alguien podía hacer eso, era Mustang –"El nombre es Edward, señor"- sonrió sin humor.
-"Por supuesto… eso"- hizo un gesto con la mano.
Tenía que tranquilizarse –"Tranquilo… tranquilo… es un mal día, un mal día"- excusar la actitud de Mustang fue lo único que hizo que Edward se calmara un poco –"Me pregunto… ¿cuántos de estos días ignoré?"- no podía enfadarse con el hombre por algo que él mismo habría hecho, ¿verdad? Además… no había sido grosero, no como podría haber sido –"Puedo esperar, si lo necesita"- ofreció.
-"¿Qué?"- abrió los ojos –"No, no… sólo…"- las cosas debían estar muy mal como para que el hombre intentara encontrar alguna excusa –"Demasiado trabajo, Prodigio…"- le sonrió de lado.
-"Sí… trabajo"- Edward arqueó una ceja –"Por supuesto"- era difícil comentar algo más cuando sabía que todos en la oficina escucharían esa conversación –"¿Por qué no come algo?"- Edward se levantó antes que Mustang reaccionara y fue por la bolsa de comida que había permanecido en el escritorio de Jean y regresó, ofreciéndole tomar lo que quisiera, mientras él tomaba uno de los panes que había guardado para el final del día.
El hombre miró la bolsa –"¿Qué hay contigo y la comida?"- preguntó, pero no parecía molesto.
No era nada especial, sólo que, durante el primer año después de la transmutación, Edward había tenido problemas para adaptarse a todo.
Su vida se había convertido en una parodia de la que había sido, él había perdido un brazo y una pierna y su hermano había perdido todo su cuerpo, así como la capacidad de sentir, dormir, comer o cualquier otra función humana que no fuera pensar, moverse o hablar. La culpa de seguir vivo había sido demasiada, incluso cuando había decidido recuperar el cuerpo de Alphonse.
Así que… perdía días pretendiendo investigar todo lo que llegara a sus manos sobre cualquier pista de la piedra filosofal, a veces no dormía por días a pesar del sueño. No comía, no bebía… hasta que su cuerpo no soportó más y tuvo el primer y único rechazo de sus prótesis.
No había sido una buena época y sus recaídas habían sido más frecuentes de lo que deberían, pero al final… suponía que había llegado a un punto de equilibrio donde él podía controlar la mayoría de sus problemas sin intentar matarse consciente o inconscientemente…
Había sido Al quien lo había convencido de algo muy sencillo: si quería recuperar su cuerpo, tendría que cuidar de sí mismo.
Se encogió de hombros –"La comida es buena para ocupar la mente"- de reojo vio la expresión del hombre y sonrió sólo un poco –"Es necesaria para seguir avanzando… y a veces puede reconfortar el alma"-.
Era más lo que significaba para él que la comida misma, pero Mustang no necesitaba saber eso.
Cuando bajó la mirada, no notó la sonrisa de alivio en el hombre, y tampoco notó cómo la mano de Mustang se estiraba para alcanzar su comida, hasta que desapareció de la vista –"Tal vez tienes razón, Prodigio… la comida es bastante buena para ocupar la mente, gracias"-.
-"¡Eso es mío!"- extendió la mano para quitarle su pan, pero Mustang se apartó –"¡Es mío!"-.
-"Ah, pero eres tan amable, Prodigio"- y comenzó a reír forzadamente, lo suficientemente fuerte como para que todos en la oficina escucharan –"Seguro que no te molestará que tome esto… ¿verdad?"-.
Edward tomó con fuerza el suéter; quería golpearlo, porque eso era suyo, ni siquiera Alphonse se atrevía a quitarle su comida, pero en vez de eso, suspiró –"Por lo menos me dio las gracias"- se dijo.
Lo estaba intentando.
Estaba intentando ser amable, comportarse como se suponía que debía hacerlo hasta que consiguiera su estúpido reloj, Mustang se estaba aprovechando de él, lo sabía. Tal como había hecho la última vez.
Pasaron al menos diez minutos antes de que Edward pudiera ver al hombre tomar cierto control sobre sí mismo, cuando lo hizo, su respiración al menos se había regulado –"Quizá debí informarte antes, Prodigio, pero supongo que no había manera de decirlo"- se excusó una vez que terminó de comer, extendiendo una mano para tomar algo más de la bolsa –"El examen estatal está dividido en cuatro secciones para evaluar a los aspirantes"- explicó –"Son filtros y cada uno es más complicado que el otro… y cada examen tiene una duración de dos semanas"-.
Edward esperó un tiempo prudente antes de hablar –"¿Dos meses?"- preguntó –"¿Debo estar dos meses aquí?"- Mustang volteó a ver su escritorio, convenientemente –"No tengo suficiente dinero… no puedo…"- quizá debió dedicarse a la actuación, se dijo con cierto orgullo.
Mustang frunció el ceño y alzó la voz un poco, lo suficiente para mostrarle que no había recuperado su paciencia –"¿Quieres convertirte en alquimista estatal?"- no, no realmente.
-"No, no realmente"- sería una mala idea responderle con la verdad, así que asintió con la cabeza y fingió alejarse un poco de él –"Sí, pero…"-.
-"Yo me encargaré de tus gastos…"- vaya, el hombre más avaro que había conocido le estaba ofreciendo algo así –"… Y de tu alojamiento"- ofreció –"De cualquier modo necesito entrenarte para…"-.
Luego de eso, dejó de escucharlo.
Conocía a la perfección de qué trataba el examen, cada una de las secciones y cada una de las pequeñas preguntas trampa que debía solucionar por su cuenta. También conocía lo que debía hacer para impresionar al führer y los pequeños trucos que un alquimista de su edad no debería saber. Sabía exactamente qué hacer para conseguir su nombramiento y, aunque no lo supiera, su lugar estaba asegurado como un sacrificio. Nada de eso le preocupaba, como le había preocupado la primera vez que todo eso había pasado.
Que Mustang deseara entrenarlo era…
No sabía si reír o simplemente dejar que la sorpresa tomara control.
¿Habría querido hacer eso la última vez? ¿Habría querido encargarse de él y de Alphonse antes del examen?
No recordaba que Mustang expresara algo así durante los dos meses de examen, tampoco recordaba que el hombre hubiera ofrecido algo más que espacio en su oficina para estudiar.
Quería sentirse agradecido por la preocupación y el apoyo –innecesarios, pero agradables–, sin embargo, debía considerar todo eso como un problema; había decidido tener cuidado con los pequeños detalles, evitar cambios grandes que pudieran provocar problemas y ahora, ahora las cosas comenzaban a ser extrañas para él.
Si no conocía los eventos futuros, ¿qué se supone que haría? Su única ventaja contra los homúnculos y Padre era precisamente su conocimiento sobre el futuro del que venía.
-"Bien… pero no ha cambiado demasiado, ¿verdad?"- intentó calmarse –"Mientras no tenga ningún contacto con los homúnculos, no cambiaré el resultado final… Mientras no exista nexo con ellos, no debería tener problemas… espero"-.
Lo cierto era que no todo lo que sucediera en su vida iba a afectar el resultado de los eventos más importantes, como la situación con Alphonse, ¿no? Su hermano tenía su cuerpo y Edward en teoría no tenía razón para unirse al ejército y, a pesar de ello, ahí estaba. Había logrado solucionar ese pequeño problema gracias a la culpa de su hermano –por mucho que no le gustara saber la verdadera razón–.
-"Mu… Señor"- interrumpió al hombre –"¿Podría hablar con mi hermano ahora?"- su pregunta era más bien una orden y francamente necesitaba solucionar el asunto de ese viaje antes de perder más tiempo hablando de tonterías o pensando estupideces –"Necesito explicarle que estaré aquí dos meses"-.
Como había previsto, Mustang asintió y le señaló su propio teléfono para usarlo, pero antes de que Edward alcanzara el auricular, escuchó el carraspeo de alguien detrás de ellos y luego sintió la mano de Mustang en su hombro –"Eh… Prodigio… yo hablaré con tu hermano, ¿por qué no me das el número?"-.
Hacía una hora, Edward habría aceptado ese ofrecimiento sin problema, pero todavía notaba a Mustang ligeramente pálido y francamente entendía cómo debía sentirse, no quería agregar más peso a su espalda, aunque hablar con un niño no debería ser tan malo como lo que estaba pasando en esos momentos –"No, no, está bien"- intentó negar con la mano y alcanzar el teléfono –"Yo puedo hablar con él y decirle…"-.
-"No serán dos meses, Prodigio, serán tres meses"- casi podía escuchar la culpa en su voz –"Así que dame el número"-.
En contra de su buen juicio, Edward le dio el número de la casa de la abuela, esperando que Alphonse estuviera ahí, acompañado por la familia en vez de haber ido a dormir solo en la casa que prácticamente estaba abandonada. Su hermano tendía al mismo dramatismo que él si lo dejaba solo el tiempo suficiente.
Mustang llamó y esperó a que alguien pudiera responder del otro lado, mientras Edward se alejaba lo suficiente para darle un poco de privacidad –y para no sentir la urgencia de tomar el teléfono y explicarle él mismo a Al lo que sucedía–.
-"Teniente coronel Mustang en el teléfono… asumo que estoy hablando con Elric"- hubo un momento de espera –"Sí, tu hermano está bien, llegó hace un momento"- el hombre miró con cierto fastidio a la ventana –"Estoy seguro que tu hermano estará bien… hablarás con él en un momento, debo explicarte algo sobre su estadía"-.
Edward se encogió en su sitio –"Bien… no fue una buena idea"-.
Era de conocimiento popular saber que Edward era quien tenía menos paciencia entre los dos, Alphonse siempre intentaba ser la voz de la razón, pero muy pocos sabían que debían temer más a la furia de Al que a la suya. Su hermanito era simplemente demasiado amable para su propio bien, pero cuando su paciencia se agotaba… normalmente Edward estaba del lado correcto de la discusión.
Por supuesto, ahora mismo pensar en su hermano siendo un niño no le causaba el mismo temor que el Alphonse adulto, ese que había conseguido heredar el carácter de su madre y había aprendido un par de cosas de Izumi Curtis.
-"El examen de certificación requiere de toda su atención, así que me haré cargo de…"- apenas podía escuchar a su hermano del otro lado –"Sí, él estará… de acuerdo, lamento que te sientas así"- no parecía que lo lamentara demasiado, notó Edward –"Creo que no hay necesidad…"- el hombre miró a Edward –"¿Por qué no hablas con él? Estoy seguro que eso será lo mejor"-.
Derrotado, Mustang le extendió el teléfono –"Gracias"- Mustang lo dejó para acercarse a Hawkeye y hablar con ella sobre algo que no le interesaba lo suficiente –"¿Al?"-.
-"¡Hermano!"- escuchar su voz era… tranquilizador –"¿Estás bien? Pensé que llamarías en cuanto llegaras a Ciudad del Este…estaba pre… es decir… Winry estaba preocupada por ti y no sabíamos si estarías bien, ¿comiste? ¿El teniente coronel…?"-.
-"Al… respira"- dijo soltando una pequeña risa –"Estoy bien, llegué a la ciudad no hace mucho, Al… siento haberlos preocupado tanto, estuvimos esperando al teniente coronel para hablar sobre el examen"- su hermano parecía más tranquilo –"Todo está bien, hace un poco de frío por acá, pero la alférez Hawkeye ha sido muy amable conmigo"-.
-"Bien… sí, eso está bien"- Alphonse suspiró –"El… el señor Mustang dijo que estarías en la ciudad por tres meses"- no se escuchaba muy feliz.
Con el tiempo, había aprendido a leer su voz antes que depender de sus expresiones faciales –por un tiempo, Al había tenido que reaprender cómo debía mover su rostro para demostrar sus emociones–; adivinar su estado de humor era para él casi tan fácil como respirar. Alphonse había aprendido a hacer lo mismo con él, aunque suponía que él era mucho más fácil de leer.
Respiró profundamente –"Sí… acabo de enterarme"- se mordió la lengua para no decir la verdad o excusar a Mustang ahora –"Al… parece que el examen es más complicado de lo que creímos y son cuatro pruebas de dos semanas cada una"- era mejor si le explicaba eso ahora.
Del otro lado hubo silencio.
-"¿Dos meses?"- fue la única pregunta que escuchó –"El señor Mustang dijo que serían tres…"-.
Ah… cierto… bien, no lo había pensado –"Eh… sí, el teniente coronel me llamó un mes antes porque… porque…"- vamos, no era difícil decirlo –"Quiere entrenarme para ayudarme a…"-.
-"Quieres decir que quiere entrenarte para asegurarte en su equipo, ¿verdad, hermano?"-.
-"… Al está molesto"- pensó algo nervioso –"Al, por favor, estoy seguro que el teniente coronel sólo quiere ayudarnos, no puedo negarme a recibir su ayuda ahora"-.
Escuchó un bufido del otro lado –"Ed, lo estás haciendo de nuevo…"- se encogió en su sitio –"El señor Mustang no me da buena espina, ¿por qué no regresas a Resembool? Podríamos viajar juntos para el examen"- ofreció.
Y Edward había estado a punto de aceptar el ofrecimiento, porque ya extrañaba a su hermano y ni siquiera había pasado un día, pero… no. Alphonse necesitaba estar en Resembool, y él necesitaba hacer el examen solo.
-"¿Qué? ¿Qué se supone que estoy haciendo?"- se preguntó cuando repasó las palabras de su hermano –"Al, no puedo regresar a Resembool, ya gastamos lo suficiente en el boleto, y el teniente coronel me ofreció amablemente su apoyo mientras permanezca en la ciudad"-.
-"Pero… pero son tres meses, Ed"- si no conociera a su hermano, habría creído que estaba lloriqueándole, a él –"No quiero que estés allá tres meses… ¿no puedes regresar a casa?"- bien, ahora estaba siendo irracional –"Te extraño"-.
-"Eso es bajo, Al, incluso para ti"- suspiró –"Yo también te extraño, Al…"- lo hacía –"Pero no puedo regresar, dije que regresaría con buenas noticias, ¿cierto?"-.
Su hermano no respondió de inmediato, pero Edward notó su frustración, incluso en el silencio. Al era un niño, tuvo que recordarse, su actitud era completamente razonable para alguien de su edad, mucho más si tomaba en cuenta lo que habían pasado hacía muy poco. Él lo entendía, porque muchas de sus decisiones en aquel tiempo habían sido tomadas a partir de una frustración similar.
Pero Alphonse era mucho mejor que él.
-"… Sí"-.
-"Y también te prometí que llamaría, y lo haré"-.
Edward volteó a ver a Mustang por un momento y el hombre murmuró algo, pero no pudo escucharlo; Alphonse era más importante ahora mismo –"¿Llamarás todos los días?"-.
-"Todos los días, Al"-.
-"Te cuidarás, ¿verdad?"-.
Rodó los ojos –"Por supuesto, siempre lo hago"- cuando escuchó la risa ahogada de su hermano, supo que las cosas estarían bien –"Alphonse, ¿te estás burlando de mí?"-.
-"No… para nada"-.
Claro.
-"Al, tengo que colgar, ¿de acuerdo?"- dijo en un susurro –"Llamaré mañana, por favor… cuida de la abuela y de Winry… y no se te ocurra descuidarte"- ordenó.
-"Está bien, Ed… ¿todo está bien por allá?"-.
-"Todos han sido muy amables, Al, no te preocupes por eso"-.
-"De acuerdo… cuídate, hermano, llámanos"- Edward sonrió –"Te quiero… vuelve pronto, ¿sí?"-.
Oh…
Se quedó callado un segundo antes de obligarse a responder –"Claro, Al… te quiero, regresaré pronto"-.
Esperó a que su hermano colgara antes de colgar el auricular. Era difícil respirar en esa habitación y quiso salir por un momento, pero no se movió mucho de su sitio, salvo para sentarse de nuevo en el sofá a petición de Mustang.
No sabía qué hacer, ¿qué se suponía que debía hacer ahora?
La separación con su hermano era más compleja de lo que había predicho –principalmente porque nunca había considerado exactamente cómo lo tomaría Alphonse–. La última vez su hermano lo había acompañado, por lo menos para las primeras etapas del examen, las últimas dos semanas las había pasado en Resembool y jamás le había mencionado algo sobre… bien, esa ansiedad que no era típica en él.
Su hermano se comportaba extraño desde la transmutación, no era una reacción normal, o no como había sido la última vez. Su ansiedad por separarse siquiera unas horas de Edward era prueba suficiente, pero no lo había visto. Ocupado en sus problemas, Edward no se había preocupado en su hermano más de lo evidente.
Porque Al estaba proyectando a Hohenheim en él, lo sabía.
-"Prodigio, ¿todo bien?"- Edward asintió –"Tu hermano puede ser un poco…"- dudó en hablar, pero cuando Edward no dijo nada, continuó –"Especial, ¿no es así?"- su tono era condescendiente, había lástima en él.
Suspiró –"Mi hermano está pasando por mucho, señor"- luego lo miró –"Agradeceré que no hable de él de esa manera"-.
-"Bien… tú perdiste una pierna, no te escucho quejándote"-.
-"Perdí más que eso, Mustang"- Edward negó con la cabeza –"¿Por qué me quejaría por algo así? Yo tengo suerte de estar vivo y Alphonse es sólo un niño, no puede esperar que reaccione mucho mejor de lo que ha hecho… estoy orgulloso de él"-.
Mustang cerró la boca después de eso.
No tenía derecho de hablar sobre Al, no cuando no tenía idea de cómo debía estar sintiéndose. Su hermano estaba siendo mucho más valiente de lo que Edward podría ser, y que tuviera esa confianza en él, para regresar, era muestra de eso.
Se aseguraría de llamarlo todos los días, si con eso conseguía mitigar su inseguridad –y procuraría no dejar que Mustang hablara con Al, si era posible–.
-"Pues bien, Prodigio"- el hombre le sonrió –"Parece que tienes más suerte de la que esperaba, entonces"-.
Y, en ese momento, Edward se dio cuenta de qué tan cierto era eso.
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Hasta el siguiente capítulo!
