Fullmetal Alchemist y sus personajes no me pertenecen, hago esto sin fines de lucro.
Advertencias: Rated M, Slash (slow burn), Fix-it. PTSD, Time Travel, temas maduros en general.
-"ABC..."-. Diálogo
-"ABC..."-. Pensamiento
ADVERTENCIA: Señales de síndrome de estrés postraumático e indicios de abuso del alcohol, descripción de un ataque de pánico, entre otras.
Llave
Capítulo 8, Sordomudo
Siendo quien era, Edward consideraba que no era la mejor persona para hablar de buenas costumbres o esas tonterías; en realidad, creía no tener derecho a emitir opinión sobre la vida de otros –si lo hacía, era sólo por diversión–. Si bien era un buen científico y tenía facilidad para comprender las teorías más extrañas de la alquimia –quizá como nadie podía hacerlo… excepto, tal vez, Hohenheim–, y tal vez podía llegar a ser un buen hermano –tan bueno como le era humanamente posible–, él estaba lejos de ser un ejemplo de lo que debía significar ser un hombre…
Ese era Alphonse, definitivamente.
Edward Elric creía ser un humano desastroso, patética excusa de un intento desperdiciado…
Ni siquiera era una buena persona, que podía justificar sus acciones por el bien de otros que no fueran sus seres queridos –y si eso no era ser egoísta, no sabía qué era–. La mayoría del tiempo necesitaba la ayuda de su hermano para funcionar en sociedad. Incluso el código social más sencillo le sonaba ajeno e irracional –no era su intención, a veces realmente no comprendía lo que sucedía, y se esforzaba, en verdad lo hacía, lo hacía–.
Tenía buenos amigos y una familia que se preocupaban por él, pero sabía que, muchas veces, los había puesto en una situación incómoda precisamente por su falta de comprensión… o simplemente porque, incluso entendiendo lo que debía hacer, Edward se rehusaba a comprometer sus principios por seguir la norma social. Sabía los problemas que causaba, lo sabía muy bien. Con sus palabras y sus consejos, apresurándose a abrir la boca antes de considerar su entorno, su temperamento volátil y… básicamente todo lo que lo componía.
Sólo Alphonse supo cuánto se esforzaba por hacer su mejor intento… y ahora…
Bien, seguía siendo un desastre. Muchas veces era porque no tenía idea del día en el que vivía, ni cuándo había comido por última vez, o si alguien hablaba con él o no; si a veces ignoraba a su familia, era porque algo interesante había llamado su atención y muchas veces la compañía de libros y las ideas dentro eran más reconfortantes que la presencia humana… excepto la de su hermano –y sabía que Alphonse también se cansaba de cuidar de él–. Como ser humano era… como ser humano no era ejemplar.
Vamos, Edward había hecho las paces con eso y, en algunas ocasiones, hasta podía disfrutarlo.
Pero Mustang…
Dios.
Roy Mustang era un desastre, de eso estaba seguro.
Lo había visto en la oficina, pero…
¿En qué demonios habría estado pensando para creer lo contrario? Por mucho tiempo… por mucho tiempo había creído que… que… no sabía qué había creído, pero definitivamente la imagen que había tenido del hombre había estado completamente equivocada.
-"Eh…"- se mordió el labio para no dejar escapar su opinión como habría hecho en cualquier otro momento.
-"¿Y bien?"- casi podía ver la expresión cansina de Mustang.
-"Gracias… por dejarme dormir en su departamento, señor"- porque no era mucho lo que podía decir.
Al tiempo que el hombre le daba la espalda, Edward aprovechó para mirar a su alrededor, o lo que pudiera observar.
Llamarle hogar a ese lugar sería insultar todo lo que había conocido como hogar en su vida. Y sería insultar a Mustang más de lo que era capaz de hacer –tenía límites, y los podía respetar si era necesario–.
-"No es nada"- suspiró, era obvio que sí era algo, pero Edward no lo corrigió ni intentó discutir sus palabras –"Lamento el desorden"-.
Desorden… sí…
El departamento donde Mustang vivía era… horrible.
Y Edward no encontraba, por el amor a su madre y a su hermano, nada bueno qué decir sobre ese lugar sin sonar completamente deshonesto…
No había nada ahí dentro. No tenía una mesa o un escritorio, no podía ver ningún estante, o libros, no había sillas… en las paredes no existía decoración que pudiera distinguir y estaba seguro que no existía ningún tipo de fotografía o algo que pudiera decir que ahí vivía un hombre con una vida. Podía ver un sofá en lo que debía ser la sala de estar y esperaba que Mustang tuviera una cama en algún lado… pero… no había nada más; incluso él había tenido un álbum con fotografías en su equipaje.
Y, a pesar de la falta de mobiliario u objetos personales, ese espacio olía a humedad y ropa sucia.
-"Hombre…"- Edward estaba luchando por no mostrarle una lástima que no serviría para nada y sólo conseguiría hacer enojar a un hombre orgulloso.
Mustang ni siquiera había intentado prender la luz, así que sólo debía suponer que no podía o no había una instalación de luz eléctrica ahí –pensando que el hombre podría usar su alquimia para prender un fuego no era ningún alivio–. Todo estaba tan iluminado como la luz de la calle permitía, con unas ventanas cubiertas con unas cortinas tan delgadas que habría dado igual si estaban ahí o no.
-"Puedes usar la cama, yo dormiré en el sofá"-.
Edward se encogió en su sitio.
Al menos sabía que Mustang tenía una cama –"Ni hablar"- respondió sin pensar –"Es decir… no puedo usar su cama"- añadió cuando vio la sorpresa del hombre –"Es que… yo…"- miró el sofá con resistencia –"Bien, sí… probablemente terminaría con dolor de espalda… y…"- luego recordó a su hermano y cómo Al nunca deseaba causar molestias –"Y no quiero causar más molestias de las que ya causé"-.
Eso podría haber resultado mejor.
Mustang rió un poco –"No estoy tan viejo, Prodigio"-.
Bueno, esperaba que no. Edward tenía sólo un año menos que el hombre. Y seguramente tener veinticinco años no era lo mismo que tener… eh… cuatrocientos cuarenta y ocho… cuarenta y siete, los cuatrocientos cuarenta y siete que tendría Hohenheim en esos momentos. Sin pretenderlo, Edward rió al hacer esa comparación. No se imaginaba diciéndole a Mustang que su escala de edad no era precisamente la misma que la de un niño normal.
Edward rodó los ojos –"No hablo de eso"- aunque podría haberlo hecho –"Yo puedo dormir aquí sin problema, así que eso haré"- se cruzó de brazos –"No puedo abusar más de su hospitalidad"- esperaba que eso fuera excusa suficiente para Mustang.
El hombre se encogió de hombros –"Haz lo que quieras, niño"- y desapareció por una de las puertas del pasillo.
Edward se quedó de pie hasta que escuchó la puerta cerrarse –"Uh… eso fue fácil"- no esperaba menos de Mustang, honestamente.
Todavía prefería esa actitud que conocía a la extraña amabilidad que no iba con Mustang.
Se encogió de hombros y dejó su equipaje a un lado.
¿Quién podía dormir ahí? ¿Quién, demonios, podía dormir en un lugar así? ¿Sería de mala educación que un huésped decidiera hacer la limpieza por ti? Suponía que cualquiera se sentiría agradecido porque alguien te quitara un par de tareas domésticas de la lista, si es que existía una… ¿o lo correcto sería esperar un poco para hacerlo? ¿Un par de horas? ¿Un día?
Oh, tal vez debía esperar un día, eso sonaba correcto…
Respiró profundamente y dejó caer la cabeza hacia un lado. Si se concentraba lo suficiente, Edward podría distinguir el suave, pero intenso, aroma a alcohol que le recordaba a Hohenheim y su reserva en casa. Se volvería loco si debía dormir ahí más de una noche sin poder hacer algún cambio a toda esa basura –"Bien, de acuerdo, sí… ¿qué haría Al en mi lugar?"- esa era una apuesta segura, imita a tu hermano menor y consigue ser un gran huésped, eso era fácil, ¿verdad?
Sí, porque si hablaba de Alphonse, era fácil predecirlo, sus reacciones eran sencillas y esperadas por las personas… la mayoría del tiempo. Su hermano era el epítome de los modales.
Sí… bien… sí, entonces, ¿qué haría Al en su lugar?
Su hermano tomaría amablemente el sofá, para no incomodar al hombre… bien, eso había hecho, todo estaba bien. Y probablemente saldría tan rápido como pudiera de ahí alegando alguna alergia o alguna razón para no incomodar a alguien en su propio hogar y buscaría el hotel más cercano para dormir…
Porque Alphonse podía ser amable, pero no era un idiota.
Alphonse jamás dormiría ahí si podía evitarlo y, aun cuando no podía evitarlo, encontraría la manera de buscar otro sitio y le agradecerían por eso. A veces no soportaba a su hermano.
Y, aparentemente, él era un idiota. Porque sabía que no podía irse de ahí tan fácilmente.
No como habría podido hacer si estuviera en su propio… no como habría podido hacer la primera vez que todo eso no había sucedido. Ser un adulto era horrible, tener en cuenta los sentimientos de otros era horrible… estar en el cuerpo de un niño era pésimo. Odiaba todo.
Si tan sólo conociera un par de meses a Mustang, estaba seguro que podría salirse con la suya con más facilidad que ahora. Mustang no tenía derecho a comportarse así, realmente no lo tenía…
¿Qué debía hacer Edward?
Presionó los labios con fuerza y se esforzó por mirar a su alrededor a pesar de la falta de luz. Era un espacio muy pequeño, suficiente para una persona, quizá, pero con todas las cosas en el suelo, sin muebles y en la oscuridad… Edward creía que sólo Mustang viviría ahí.
Podría apostar que esa cocina jamás se había usado.
Viendo el desorden, Edward se encogió de hombros y comenzó a quitar toda la ropa del sofá, sin atreverse a saber si estaba limpia o no –"Prefiero no arriesgarme"- pensó riendo un poco. Pasaron unos minutos hasta que Edward pudo despejar mínimamente la sala de estar y dejar toda la ropa en una esquina.
Iba a continuar, pero suponía que debía estar satisfecho por lo que había hecho –"Va a ser una noche muy larga"-.
Al menos, pensó durante los primeros diez minutos que permaneció recostado en el sofá, estaría cómodo ahí –casi tan cómodo como el sofá que Mustang tenía en su oficina–. Edward podía dormir ahí, sabía que podía hacerlo –"Va a ser una noche muy larga"-.
Negó con la cabeza.
Estaba siendo estúpido, es decir, había dormido en lugares mucho peores que ese. Había dormido en el estómago de Gula, por el amor a todo lo sagrado… y había despertado con Ling a su lado, abrazándolo. Por meses había dormido acompañado de un homúnculo en el cuerpo de su amigo –que no era precisamente la persona más limpia del mundo–. Dios, durante sus viajes había dormido en la calle y en algunos callejones acompañado de indigentes, ¿por qué ese departamento de pronto se convertía en todo un caso?
-"Porque estamos hablando del departamento de Mustang, ¿o no?"-.
Se abrazó un poco.
Porque no era ningún secreto, para nadie, que Edward tenía cierto… bien… cierto caso de idolatría por el hombre. Nada serio, por supuesto, pero tampoco había sido algo insignificante –a estas alturas, ni siquiera iba a molestarse por ocultarlo–.
No era porque el hombre hubiera recibido el horrible título de héroe de Ishval, tampoco se trataba de su especialidad en alquimia –Edward estaba impresionado por eso, pero no lo suficiente como para basar toda su admiración en algo que él podía reproducir–; era más bien… el aire que había usado cuando estaba cerca de él.
-"Bien, pero sabías que eso no era real"- no podía determinar con precisión el momento en que comprendió que Roy Mustang no era el hombre que había dibujado, pero podría decir que había sido alrededor de sus catorce o quince años.
Tal vez antes…
Incluso así, Mustang había mantenido su respeto y admiración por las decisiones que tomaba y sus metas, la forma en que lograba manipular su entorno con tal facilidad, hasta podía decir que era interesante cómo es que lograba mantener una conversación con él sin caer en el aburrimiento después de cinco minutos –si el hombre se hubiera molestado en no insultarlo tanto, tal vez habrían sido diez minutos–.
Sonrió un poco.
Jamás hubiera imaginado que el hombre fuera tal desastre en su vida personal; no con todo lo que Havoc solía decir sobre él.
Pero era estúpido haber esperado algo diferente; Mustang, después de todo, había pasado por mucho más de lo que podía imaginar. Aún con su conversación con Hawkeye, debían existir muchas cosas que desconocía. Juzgarlo sólo por ver el aspecto de su vivienda era… no era algo que debería estar haciendo ahora.
Sería casi tanto como si alguien se atreviera a juzgarlo por el estado de su pierna.
Lejos de Al, se dijo con cierta amargura, se sentía inapropiado para estar cerca de otros. Durante el tiempo que había viajado separado de su hermano, la compañía que había mantenido era sólo ocasional o inevitable –las personas tendían a no soportarlo después de un tiempo–, no había sido difícil saber la razón.
Edward no supo en qué momento de la noche dejó de preocuparse del estado de ese lugar, centrando su atención en la imagen de su Alphonse, el hombre en el que se había convertido su hermano después de tanto que habían pasado en vida, encima de él. La extraña mueca de agonía le pareció extraña, algo que no se suponía que debía ver en su rostro.
Alphonse era siempre una sonrisa en un rostro amable, una expresión que siempre le había recordado dolorosamente a su madre, eterna paciencia y exasperación en su mirada. Algo había sucedido con Al para hacerle sufrir tanto. Movía los labios rápidamente, pero Edward no alcanzaba a escucharlo, era como si esperara que Edward dijera algo para tranquilizarlo, como era la costumbre entre ellos.
Si sólo pudiera escuchar lo que decía, quizá podría…
Alzó una mano para tocar su rostro, tal vez si hacía eso podría calmarlo lo suficiente para hacer que Alphonse le explicara más fuerte lo que sucedía, no podía ayudarlo si no sabía qué había pasado. Parpadeó un par de veces antes de darse cuenta de lo pesado que su cuerpo era, casi como si hubiera recuperado su primer automail. Eventualmente logró acariciar con la yema de sus dedos la mejilla de su hermano… pero eso sólo logró que Alphonse comenzara a gritar algo que no entendía.
¿Qué sucedía ahí?
Luego vio una mancha roja en el rostro de su hermano.
Con la misma forma en que su mano había paseado brevemente por su rostro.
Al tomó su mano entre las suyas y Edward pensó que debía estar sucediendo algo muy malo para que Alphonse comenzara a llorar así. Quiso decirle que todo estaría bien, pero sintió como si hubiera tomado tanta agua sin molestarse en tragarla, casi como si se estuviera ahogando.
Tal vez eso estaba sucediendo.
Probablemente se estaba ahogando con su propia saliva, qué manera más estúpida de morir, se dijo sin emoción.
Intentó hablarle y decirle lo mucho que lo amaba y esperaba que fuera feliz, que no debía preocuparse por lo que fuera que sucediera ahí, que él estaba perfectamente bien, no había nada malo ahí, pero no supo si Alphonse había entendido –esperaba que sí– porque cuando comenzó a parpadear, frente a él no estaba Al, sino un techo.
Estaba demasiado oscuro para distinguir cualquier cosa que estuviera frente a él a más de un metro de distancia, pero la ausencia del rostro de su hermano fue suficiente para entender que Alphonse no podía haber estado ahí.
-"Porque Al no es un adulto"- comenzó a sentir la falta de oxígeno, pero cuando intentó inhalar, sus pulmones no respondieron como deberían –"Alphonse es un niño, tiene sólo once años…"- se forzó en inhalar profundamente y Edward tuvo que dejar salir el aire casi de inmediato.
-"Alphonse no está aquí… Al está aquí… ¿Al…? ¿Alphonse está aquí?"-.
Quemaba desde la nariz hasta sus pulmones, le parecía haber tragado una cantidad impresionante de cuchillos… hacía meses que no tenía una crisis así.
-"Bien, bien…"- pero nada estaba bien.
Acababa de ver a su hermano llorar encima de él y, dentro de su inconsciente, Edward sabía exactamente cómo eso no se trataba de un sueño… sino de una memoria.
Cerró los ojos con fuerza y colocó una mano en su boca para evitar dejar salir cualquier gemido que pudiera alertar a alguien que las cosas no estaban bien. Un ataque de pánico no era lo que hubiera previsto para la primera noche que había pasado lejos de su hermano desde… desde… ¿qué estaba haciendo ahí?
Edward se levantó del sofá con apenas suficiente fuerza para sentarse al borde, pero no la suficiente para detener las arcadas que comenzaron a correr por su cuerpo. Todo el contenido de su estómago terminó en el suelo de una habitación que no era suya, pero incluso cuando ya no tenía nada que vomitar, las arcadas no se detuvieron.
No era la primera vez que tenía una reacción así por un recuerdo, tampoco sería la última; sus ataques de pánico no eran precisamente algo nuevo para él, pero habría deseado que no fuera algo tan común… su hermano jamás se había enterado, y por eso estaba agradecido.
La primera vez que había tenido que vivir por algo así… Edward había estado tan solo como lo estaba ahora.
En ese entonces, su ataque de pánico lo había llevado a desmayarse, cuando sus pulmones se negaron a cooperar con su mente y su mente simplemente… se apagó.
Sólo existían dos personas que se habían enterado de su pequeño problema, una de ellas estaba a un desierto de distancia –y ahora ni siquiera sabría de la existencia de Edward– y la otra… la otra era una mujer que estaba cuidando de Al en ese momento. No contaba con mucha ayuda.
Se concentró en su respiración forzada y las grandes bocanadas de aire que entraban por su boca, pero que no llegaban como debían a sus pulmones –"Puedo… puedo hacerlo"- inhalar profundamente y contar… uno… dos… tres… cuatro…
Sostener el aire, sí… uno… dos… tres… cuatro… cinco… seis… siete…
Exhalar y contar… podía hacerlo… uno… dos… tres… cuatro… cinco… seis… siete… ocho…
-"Mamá… ayúdame…"- un sollozo se escapó y Edward intentó abrazarse para evitar que el frío siguiera corriendo por su cuerpo.
Era una noche helada y estar empapado de sudor…
Repitió ese proceso al menos diez veces más, fallando más de la mitad, hasta que consiguió tener la confianza de poder mecerse en su sitio, ignorando mínimamente el dolor de su cabeza y los ojos de un Alphonse que no estaba ahí. Regular su respiración era lo más importante ahora, eso era lo único que importaba.
Inhalar… y contar… uno… dos… tres… cuatro…
Sostener –"Al, lo siento tanto"- sostener –"¿Qué?"- ah, sostener el aire, uno… dos… tres… cuatro… cinco… seis… siete…
Era ridículo, nada de eso tenía sentido y él no debería estar pasando por eso justo ahora, no cuando se suponía que había logrado mantener todo bajo control –o, por lo menos, tanto como podía–. ¿Qué había pasado como para…? ¿Qué demonios había pasado para que Edward terminara así?
-"Exhalar… exhalar…"- cierto, debía respirar, ¿verdad?
Eventualmente, Edward logró controlar su respiración lo suficiente para darse cuenta del lugar donde estaba. Parecía que olvidaba con facilidad que, hacía poco menos de un año, Edward había hecho un trato que no sabía si debía haber hecho… para salvar un futuro que no existiría. Que ahora tenía toda una misión que nada tenía que ver con recuperar sus cuerpos o viajar para intentar llenar un vacío.
Se encontraba en la sala de estar del departamento de Mustang, sí, podía verlo.
Estaba ahí porque, dentro de un mes y algunos días, se presentaría al examen de alquimistas, esperando conseguir –como había hecho la primera vez– su certificación. Estaba ahí porque Mustang le había ofrecido su departamento como asilo mientras esperaba tres meses en la ciudad… bien, más bien había sido… no un ofrecimiento, no lo sabía…
Había sido más bien una formalidad, o eso creía. Mustang lo había visto en el sofá de su oficina y le había tomado menos de cinco minutos explicarle que no esperaba que tuviera un lugar donde quedarse hasta el examen –o el dinero, aunque no había dicho eso–, que necesitaba contarle los detalles del examen para darle la mejor oportunidad de pasarlo –Edward sintió un nudo en la garganta al saber que no podría decirle a Mustang lo fácil que había sido la primera vez que había pasado el examen, no tenía corazón para mentirle sobre el tema, así que guardó silencio–.
Aceptar ser hospedado ahí había sido un impulso.
Él estaba ahí, pero Alphonse no. Su hermano estaría en Resembool, dormido en cama, acompañado de la abuela y de Winry. No lo vería hasta que todo eso terminara y regresara con el peso extra de un reloj en el bolsillo, y con un título en la maleta. Quería regresar con él y darle las noticias que estaba esperando, y esas crisis sólo desperdiciaban su tiempo.
Sólo quería… quería… eh… gracioso, no tenía idea de lo que quería. Tal vez si lo supiera, todo eso no sucedería. Sabía que quería ver a su hermano, sabía que separarse no había sido su mejor idea, sabía que todo eso era un desastre y que su vida se había convertido en el mismo desastre que había visto en el departamento de Mustang… quizá mucho más.
Edward miró el suelo y suprimió la mueca de asco al ver el desastre que había causado en medio de su ansiedad –"Bien… no tiene caso pretender que no debo limpiar ahora, ¿verdad"- ya no podría dormir lo sabía, era mejor aprovechar el tiempo.
El olor comenzaba a ser más fuerte y Edward no necesitaba que Mustang despertara mientras él estaba… así. Debía limpiar todo eso.
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Hasta el siguiente capítulo!
