Misión 12: Caso Resuelto

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Sarada se abrazó a la toalla que Boruto le había dado para que la usara después de darse un baño, mismo que podía darse en el baño de la habitación en la que estaba. Se sonrojó cuando Boruto se la había ofrecido. Soltó un suspiro y buscó en su portafolio su celular y marcó a su madre. Dos tonos y la pelirrosa había contestado.

"¿Hija? ¿Ya vienes?"

Se escuchó la voz preocupada de su madre.

—Mamá, ya es algo tarde, no te preocupes Boruto me dijo que podía pasar la noche aquí y que mañana temprano me llevaría a casa.

"Oh! Sara chan por fin dará el paso!"

Ella se sonrojó —Mamá no! ¿Qué dices? Solo somos amigos no te hagas ideas extrañas ¿Está bien?

"Como digas hija, duerme bien"

La pelinegra rodó los ojos al escuchar aquello —Si mamá, tu también, descansa y no hagas esfuerzos.

"No me digas que hacer, recuerda que soy doctora"

—Ok, tranquila, nos vemos temprano.

Luego de eso colgó, respiró profundo y decidió entrar al baño tomando también aquel pijama que era de él y que seguramente le quedaría enorme.

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Boruto se recostó en su cama y soltó un suspiro, sonrió al recordar que ella estaba ahí, a un lado. Miró al techo y pensó en lo que habían hablado. Después de todo ella seguí firme en arriesgarse por su trabajo y llegó a la conclusión de que no podía hacer nada más que mantenerse cerca de ella.

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Al día siguiente, Boruto llevó a Sarada al departamento en donde se quedaba con sus madre y ambos se despidieron sin decir más, y no era para menos, la noche anterior habían tenido un vergonzoso encuentro en medio de la oscuridad cuando ambos, al no poder dormir habían salido por un poco de agua. Ella había pegado un grito cuando este apareció frente a ella con gran rapidez porque el contrario había creído que se trataba de un intruso.

Ambos se disculparon y Boruto le proporcionó el vaso de agua que ella buscaba. El momento se volvió incómodo cuando el rubio se percató de que se le veía malditamente bien el pijama que ella portaba, se veía tierna porque todo (tanto el pantalón como la camisa de mangas largas) le quedaban grandes al punto no solo de cubrir sus pies descalzos, sino también sus manos.

El punto es que se había perdido observándola de arriba abajo y ella se había dado cuenta, por lo que había carraspeado regresándolo a la realidad, el no pudo decir nada y ella solo le agradeció, él recibió el vaso de vuelta y luego de darle las buenas noches, ella se retiró a la habitación.

Entonces ambos nuevamente se sintieron aliviados de que nadie dijera nada. Aunque el hecho de que no pudieran hablar con claridad le frustraba de sobremanera al rubio. Él sentía que las cosas no deberían ser de aquella manera.

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Cuando Boruto llegó al edificio, el Ministro ya estaba ahí y Kakashi había procedido a retirarse del lugar.

Naruto sonrió al ver a su hijo llegar a su oficina —Buenos días… Boruto —se contuvo de decir hijo.

Boruto avanzó hasta el escritorio del Ministro y dio una leve inclinación —Buenos días señor.

—Al parecer hoy solo hay papeleo… —murmuró Naruto mientras revisaba unos papeles y firmaba algunos —Estos días han estado demasiado… —el rubio apartó la vista de las hojas y miró directamente a su hijo, quien mantenía una postura y semblante serios —caóticos…

—Estuve investigando los patrones de las últimas explosiones —dijo el menor de un momento a otro mientras Naruto asentía para prestar atención a lo que diría —todo indica que esto apenas comienza, solo han sido coches bomba… las desapariciones de niños han disminuido, en cualquier momento vendrá algo grande… después de todo, esos mensajes en los cuerpos… pretenden ser directos.

—¿Ubicación posible?

—Este edificio o… el edificio donde está viviendo con mi madre.

Naruto asintió, aquello no le sorprendió, esperaba que ellos atacaran su sede directamente pero hasta entonces no lo habían hecho y al parecer aquello sucedería en cualquier momento —Boruto, me he dado cuenta que te desenvuelves correctamente en este ambiente, solo quiero asegurarme de que todo estará bien ¿Puedes revisar el protocolo de seguridad de los edificios?

—Está bien.

—Perfecto.

Boruto carraspeó para llamar la atención de Naruto una vez que este volvía a concentrarse en lo suyo.

—¿Qué sucede?

—Estoy investigando algo pero… necesito un permiso para una orden de cateo.

Naruto asintió —podrías obtenerla pero, no eres policía ni tampoco un fiscal, y esos permisos…

—Estoy trabajando con alguien de este piso.

—¿Un fiscal de aquí?

Boruto asintió —Confío en ella así que esta bien.

—¿Ella?

—Sarada Uchiha.

Naruto le miró sorprendido —¿Sarada-chan? ¿Ustedes se conocen?

—Somos amigos y estamos trabajando juntos.

Naruto sonrió —Jamás me esperé que ustedes se conocieran.

Boruto no quiso ahondar más en ese asunto y volvió al tema —Entonces, ¿Nos darás un permiso?

Naruto elevó una ceja por el cambio repentino —Bueno, como fiscal Sarada puede pedir…

—No podemos hacer eso.

Naruto le miró con sorpresa y se recostó en el respaldo de su silla —¿Por qué no?

—Sarada tiene una leve sospecha de que puede haber alguien del departamento filtrando información.

Naruto suspiro mientras se tallaba las manos en la cara —Esto es algo posible, hasta ahora no ha habido problemas pero esto no es descartable.

—Si me das permiso puedo investigarlo, además… ese permiso, es mejor que lo de usted y así mismo, evitamos que alguien de ahí sepa que vamos a buscar en ese lugar.

—¿Cuál es el lugar?

—Es el departamento de un hombre que probablemente está muerto. Al parecer era un testigo que Sarada buscaba para su caso, mismo que estoy investigando por mi cuenta.

Naruto se quedó pensativo —Boruto, ambos sabemos que lo que haces es peligroso ¿Qué tan metida está Sarada en esto?

Boruto negó —No pude convencerla, ella adora su trabajo y es terca… —murmuró con una mueca lo último, a lo que el mayor sonrió. —Así que le ofrecí mi ayuda, todo esto está relacionado con un integrante de Akatsuki.

Naruto asintió —Bien, pero no dejes que se involucre demasiado y, dejaré que corrobores las sospechas que tienen y lleven a cabo esta investigación.

—Entendido, más tarde le pasaré la solicitud.

Naruto le sonrió y después se quedó pensativo —¿Qué fue lo que llevó a Sarada a sospechar algo así?

—Hay irregularidades con la forma en que trabaja el departamento de investigación, anteriormente Sarada había solicitado un permiso para el arresto e interrogatorio a otro testigo y no le dieron respuesta inmediata y cuando fue a ver que sucedía, su jefe fue muy brusco.

Naruto frunció el ceño —Se supone que aquí esas cosas no toman mucho tiempo, este tipo de cosas no deberían de pasar.

Boruto asintió.

—Comienza con esto cuanto antes y llama a Shikadai para que te cubra.

—Como diga señor —se inclinó el joven y luego se retiró.

Una vez afuera, marcó el número de su compañero.

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Sarada sacaba copias de los documentos con información actualizada sobre los casos de extorsión en el barrio en el que estaba trabajando, revisó que todo estuviera en orden y al darse la vuelta se topó con Sumire.

La pelimorada le sonrió —Oh! Sarada, buenos días.

La pelinegra le devolvió el saludo —Sumire —dijo sin más con una sonrisa. Aún se sentía incómoda tratando con ella.

—¿Mucho trabajo? —le preguntó Sumire.

—Si… muchísimo.

La contraria asintió y tomó lugar en la máquina de fax —Supongo que es normal, el caos no termina en esta ciudad.

—Si… ah… me voy ahora —dijo la pelinegra señalando la salida con el folder de su mano.

—Claro, no vemos —despidió la otra y cuando Sarada se retiró, ella soltó un suspiro, aquella chica que había sido su amiga por tantos años ahora la trataba como a una desconocida. Se mordió el labio inferior y volvió a su trabajo.

Terminó de enviar algunos documentos que requerían firma y esperó un rato, cuando los recibió de vuelta los tomó y se dirigió por el pasillo para tomar el elevador hacia su oficina. Esperó un rato y entró. Cuando las puertas del mismo se abrieron, se topó de frente con un hombre realmente atractivo a sus ojos, justo como le gustaban, delgados pero con un cuerpo evidentemente trabajado, rubio, ojos de color y un rostro de modelo de revista, tan sexy, envuelto en ese traje oscuro, con ese saco y esa corbata.

—¿No saldrá?

Aquello la hizo volver a la realidad de golpe, parpadeó y con algo de torpeza asintió y salió de ahí viendo como este ingresaba.

Antes de que las puertas se cerraran ella se apresuró a disculparse —¡Lo siento!

Se emocionó cuando este le sonrió sin más y se despidió —Descuide señorita.

Cuando las puertas se cerraron, ella se quedó en su sitio con un sonrojo en sus mejillas.

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Boruto llevaba consigo el permiso que Sarada le había dado, ahora era cuestión de que fuera firmado y que aquello se llevara a cabo cuando antes para que no hubieran riesgos de filtración de información.

Salió del ascensor y entró a la oficina del Ministro. Este le miró —¿Lo tienes?

—Si —dijo mientras se lo extendía. Naruto lo leyó rápidamente y luego lo firmó y selló con una nota de carácter urgente. Luego se lo devolvió.

—Tengan cuidado y no la dejes sola mientras estén juntos —dijo el mayor. Boruto asintió —¿Algo más?

—Permiso para indagar por las instalaciones señor.

Naruto sonrió —Concedido, solo sé cauteloso ¿Bien?

Boruto asintió, se inclinó en señal de respeto y luego salió sin más.

Ser cauteloso era su segundo nombre, había aprendido muchas cosas en las fuerzas especiales pero aún más con Sebastián. Sabía burlar cámaras de seguridad y era muy perceptivo a la hora de ver si alguien mentía.

Entró a un cuarto de mantenimiento y se coló por un ducto de ventilación. No le había tomado mucho tiempo investigar y memorizar el piso donde trabajaba Sarada y en donde estaba el área de permisos del juzgado. Pasó por las oficinas principales y se detuvo en la del jefe de Sarada. Al comprobar que no había nadie, llevó su mano a su muñeca y oprimió algunas cosas en su reloj desactivando las cámaras por unos segundos y luego dejó que la grabación corriera con la imagen congelada, aún si él estaba ahí, la cámara no lo grabaría. Bajó sigilosamente y comenzó a hurgar entre los papeles.

Revisó sutilmente sin dejar nada fuera de su lugar y paseó sus manos bajo los muebles hasta que dio con un sobre pegado bajo uno de estos. Lo tomó y revisó lo que estaba escrito, frunció el ceño al ver que era un sobre que tenía fecha para ser enviado en un par de días a una dirección concreta, la cual era demasiado extraña, pues se trataba de un local de comida rápida en los barrios bajos de Japón.

Sin perder tiempo, sacó un dispositivo de su pantalón y encendió una luz azul eléctrico con el que escaneó el sobre y también el contenido de este topándose con información clasificada de los criminales más peligrosos que hasta ahora se encontraban en la prisión de máxima seguridad del lugar: la prisión Kage.

Algunos ya los conocía…

Uno de ellos era un soldado que se había vuelto loco en una de las misiones y acabó con la vida de su propio escuadrón, él mismo fue quien lo venció y lo detuvo.

Negó —Maldito hijo de puta, eres quien protege a todos estos malditos.

Tomó todo y lo devolvió en su lugar como estaba, subió nuevamente por el conducto y antes de irse, el tipo entró apresurado al lugar y comenzó a pasearse como gato enjaulado y hablando en tono bajo.

—En dos días tendrá todos los datos pero por ahora no puedo darle más detalles sobre Sasori, me es imposible saber que tanto fue lo que se obtuvo de su confesión… lo sé hago lo que puedo pero no es fácil —dejó de caminar y se dirigió a servirse una copa —también estoy haciendo que las cosas se retrasen por aquí, hasta ahora he dejado los casos más complicados a los novatos, pronto se sentirán en un callejón sin salida y pedirán retirarse, así los casos serán reclasificados y olvidados… bien, esperaré mi paga después de esto.

El tipo colgó y luego se dejó caer en el asiento mientras tomaba el teléfono del escritorio —Haz pasar al muchacho.

Un joven entró con pasos torpes y algo dudoso le extendió la carpeta a su jefe.

—Señor, necesito una autorización para el proceso de detención de este tipo —djjo mostrando la fotografía de un criminal.

El hombre negó —No no muchacho ¿Otra vez con eso?

—Pero señor, tengo algunas pruebas y todo apunta hasta ahora que…

—¿Algunas pruebas? No quiero algunas pruebas, quiero pruebas contundentes, no sé como vas a hacerle pero quiero que me traigas soluciones.

—Pero señor, hasta ahora no he podido avanzar mucho porque no me ha dado…

—No cabe duda que eres un novato, estás igual que la señorita Uchiha, graduados con todos los honores y al final no saben hacer su trabajo, ¡si quieres abandona el caso!

—No he dicho eso señor… yo solo…

—¿Quieres perder tu puesto?

—Con permiso señor —dijo mientras se inclinaba y salía rápidamente de lugar.

Boruto frunció el ceño, ahora lo comprendía todo.

Sarada se sobresaltó cuando escuchó la puerta abrirse y vio al rubio entrar como si nada a su pequeña oficina.

—¿Boruto?

—¿Nos vamos?

Ella le miró con cierta curiosidad y él continuó mientras le mostraba el permiso con la orden —Tenemos la orden.

Ella le miró con emoción y la tomó para ver que no fuera una broma —Qué rápido! —le miró—De haber sabido que podía hacer esto te habría pedido ayuda desde antes.

Boruto le miró sonriente —Vamos ahora, haremos las cosas con forme al protocolo, pasaremos a la estación para que nos acompañen un par de oficiales.

Ella asintió y tomó su bolso de inmediato.

El trayecto a la estación no fue largo, ambos llegaron en poco tiempo al edificio e ingresaron al departamento del desaparecido. Al parecer todo estaba en orden, el lugar estaba pulcro y pronto ambos comenzaron a buscar entre las cosas algo que le sirviera a Sarada para el juicio contra Haruki y por ende, a su jefe Kakuzu.

Boruto encontró algunos sobres en el cesto de basura. Comenzó a revisarlos y descubrió que se trataba de amenazas.

—¡Boruto!

La voz de Sarada le hizo llegar hasta ella, Sarada tenía unos papeles y se los mostró —Son los datos sobre las finanzas de un club y el propietario es nada menos que Haruki…

Boruto frunció el ceño —Realmente lo estaba investigando…

—Con esto y el verdadero contrato ya tengo las pruebas que necesito —dijo ella y el rubio asintió.

Los oficiales entraron a la habitación —Parece que ya no hay nada irregular por aquí ¿Seguirán revisando?

—Es todo oficial —dijo ella.

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Nuevamente estaban en el departamento de Boruto, en el área secreta.

Sarada colocó los papeles encontrados —Supongo que debemos ir a ese bar.

—Iremos ahora pero necesito que hagas lo que te pida.

Sarada le miró —Claro —dijo mientras le miraba colocarse la chaqueta.

—Bien —le miró —Haruki ya habló pero será resguardado para que no nos arriesguemos a que lo maten. Justamente hoy planea reunirse con su jefe, es mi oportunidad para atrapar a Kakuzu.

Sarada parpadeó —Boruto… —dijo ahora preocupada, aquella idea no le gustaba.

El rubio se mantuvo serio —Escucha —miró su reloj —Yo me iré ahora, espera dos horas y luego ve a la estación —Boruto le extendió un papel más —Esta es otra orden de cateo para el bar.

—Ya veo —dijo recibiéndola —Esperas adelantarte para atrapar al tipo y luego llegaré yo con la Policía.

Boruto asintió —Esto es algo que planee de último momento pero saldrá bien, no hay margen de error —el rubio sacó una tarjeta y se la extendió —Hay un oficial que puede servirte de apoyo, es el único en la estación en el que confío, su nombre es Inojin Yamanaka, es joven pero muy capaz, cuando vayas a la estación presenta esta tarjeta y él te atenderá la orden. De cualquier forma hablaré con él para que te reciba.

—Boruto… —murmuró sorprendida por todo.

El rubio sonrió —Ten cuidado —señaló un closet —Ahí hay chalecos anti balas, ponte uno antes de salir de aquí.

Ella asintió.

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Boruto salió del edificio y se dirigió a la mansión de su tío Ciel, en donde una vez ahí subió a su habitación y se cambió de ropa, tomó algunas armas para guardárselas, Sebastián entró y se paró frente a él con las manos tras él.

—¿Tienes la clave de acceso al bar?

El pelinegro asintió —La clave es "Sangre por Sangre" —dicho esto, le extendió una tarjeta oscura.

Boruto la recibió y asintió y se dirigió a la salida sin decir nada más. Condujo por las calles hasta llegar al lugar, el bar "Nación" no era lo que esperaba, tenía un casino clandestino en la parte subterránea en donde había ciertos políticos muy conocidos apostando como locos y rodeados de mujeres. Boruto llevaba una peluca oscura y pupilentes verdes, estaba irreconocible y aún más con aquella vestimenta casual.

Pidió una bebida y esperó un rato mientras observaba todo el movimiento a su alrededor, uno de sus pupilentes tenía la opción de grabar todo lo que mirara y era justo lo que hacía desde que había entrado.

Cuando bebió su contenido, se levantó y caminó hasta los pasillos que lo llevaban a la oficina de Haruki, cuando unos hombres lo interceptaron.

—¿Quién es usted?

Boruto se mantuvo relajado, sacó la tarjeta y la mostró sin más, esta fue corroborada por uno de ellos y de inmediato lo hicieron pasar. Uno de ellos le siguió de cerca y el rubio se detuvo a verlo.

—¿Qué se supone que haces?

—Cuando Haruki está aquí para reunirse con el jefe siempre necesita que alguien le acompañe.

—Pues yo no lo necesito, vine aquí porque a Haruki se le presentó algo urgente y casi me obligó a asistir a esta mierda, no me gusta esto pero tampoco necesito de nadie.

—¿Está seguro señor?

—¿Me harás repetirlo? —dijo en tono de fastidio.

El hombre hizo una mueca y le dejó ingresar solo a la oficina. Cuando el rubio entró, hizo una rápida revisión de las cosas ahí y para su sorpresa no encontró nada irregular, por eso Haruki pasaba tan desapercibido, difícilmente se encontraba con información sobre él, por eso aquél abogado había sido asesinado.

Luego de un rato volvió a ocupar el asiento en el escritorio y comenzó a mecerse en la silla giratoria. La puerta se abrió y la voz de Kakuzu se hizo presente.

—Me dicen que Haruki no ha venido, ¿Quién eres tú hijo de perra? —escuchó en tono agresivo.

De forma lenta, Boruto giró la silla y se mostró ente él con una sonrisa —¿Qué importa quién sea? Después de todo he venido a hacer negocios.

Kakuzu sonrió —No eres más que un mocoso —sacó su arma, quitó el seguro y le apuntó —Si Haruki no está eso significa que quien venga en su lugar debe ser eliminado.

—Supongo que en Akatsuki se toman muy enserio eso de la seguridad ¿No?

—Te acabas de delatar solo, ni siquiera Haruki sabía que yo pertenecía a Akatsuki ¿Estás aquí por mí?

Boruto le miró unos segundos en silencio aún sentado y luego suspiró —Supongo que sí… tú también acabas de confirmarme de dónde vienes así que… vamos a terminar con esto.

—Demasiado tarde —Kakuzu disparó pero Boruto fue más rápido y se tiró a gran velocidad al suelo, sacó un arma mientras el otro seguía disparándole y le devolvió las balas. Varios hombres entraron para dispararle y Boruto lanzó una granada aturdidora, con ello logró herir a los pocos hombres que había ahí montando guardia y corrió tras Kakuzu, quien se dirigió a la salida de emergencia, para ese entonces las personas comenzaron a salir caóticamente del lugar.

Kakuzu se maldijo por su poca condición física, correr no era lo suyo y lo comprobó cuando Boruto lo derribó con fuerza y ambos rodaron por las escaleras. El rubio fue el primero en levantarse y le pateó la cara con fuerza devolviéndolo al piso, casi al instante Kakuzu sacó un cuchillo enorme de su espalda y amenazó al rubio.

—Maldito hijo de perra, no sabes con quien te metes! —gritó lleno de rabia.

Boruto lo esquivó y ambos forcejearon con el arma pero un mal paso hizo desestabilizar a Boruto logrando que Kakuzu le clavara un poco el cuchillo logrando abrirle una herida no muy profunda pero que definitivamente sangraba. Boruto se contuvo el dolor y le dio un cabezazo, retiró el cuchillo y lo lanzó lejos mientras se lanzaba a golpes sobre el tipo sin dejarle tiempo de hacer más hasta que terminó por dejarlo inconsciente.

Boruto controló su respiración hasta calmarse y caminó hasta el cuerpo de Kakuzu para inyectarle algo en el cuello.

—Objetivo neutralizado —murmuró y luego caminó hasta el cuchillo, lo tomó y lo guardó en su chaqueta oscura.

De pronto, el ruido que provocaba la policía al llegar se hizo presente.

Tomó su teléfono —Colmillo blanco, aquí Fox 0… está hecho.

"Recibido Fox 0, vamos entrando"

Boruto colgó y gurardó su teléfono. Miró escaleras arriba y una vez que los hombres de Kakashi entraron se aseguró de que tuvieran a Kakuzu y lo llevaran a la camioneta.

Kakashi le miró confundido al verlo subir de vuelta.

—¿A dónde vas? Me parece que vas herido.

—Tengo que asegurarme de algo, vayan, los alcanzaré en unas horas.

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Sarada se encontraba algo ansiosa por su primer redada, no pensó que aquello fuera a ser tan rápido, pensaba que se quedaría un buen tiempo trabajando tras un escritorio pero ahí estaba, de camino al bar con el Oficial Inojin Yamanaka, ella reconocía el apellido, los Yamanaka trabajaban en el servicio de inteligencia donde laboraba su padre en aquella base militar secreta.

—Joder, llevo un par de años intentando desmantelar este lugar que sirve para diversión de políticos pero por eso mismo no había podido llegar a más y ahora vienes con la ayuda de Boruto para hacerlo posible —dijo con una sonrisa tranquila pero que no evitaba que estuviera realmente emocionado.

Ella asintió —Espero que hagamos un buen trabajo.

—De eso me voy a asegurar, solo espero que agarremos al jefe.

—Al jefe ya lo tenemos.

Inojin le miró sorprendido —¿Qué?

Ella asintió —Realmente supo como pasar desapercibido, parecía ser un simple delincuente y estafador pero ocultaba este asunto del bar.

—Mierda! has investigado bien ¿Eh?

—Con ayuda de Boruto.

—Supongo que el tipo está en manos del departamento del Ministro. Bien, no hay problema, ni yo mismo confío en algunos colegas de la estación…

Sarada asintió, Inojin parecía ser muy agradable y por la forma en que se expresaba de Boruto, al parecer confiaba en él tanto como el otro.

—Hemos llegado —dijo el rubio y tomó su radio —Prepárense todos para entrar.

Cuando llegaron había caos en el lugar y se escuchaban algunos balazos, la policía comenzó a detener personas y casi de inmediato se hicieron cargo de los hombres que trabajaban ahí, al parecer habían algunos desorientados. Algunos se les enfrentaron con metralletas e Inojin mantuvo a Sarada tras él mientras disparaba, aquello solo tomó unos minutos y luego terminó.

—¡Este lugar quedará acordonado para investigación! —gritó Sarada mientras junto con el rubio caminó hasta la oficina y comenzó a vigilar que todos los papeles ahí a fueran metidos en cajas.

—Que se tomen huellas de todo el lugar —ordenó Inojin.

Unos de los tipos que era detenido logró soltarse e iba a disparar hacia Sarada, Inojin apenas iba a apuntar pero un disparo de la puerta detuvo al atacante mandándole al suelo mientras gritaba de dolor por su mano destrozada.

Ambos miraron a la puerta y se sorprendieron de ver a un joven pelinegro de ojos verdes con el arma en la mano. Sarada lo reconoció al instante.

—¿Quién eres tú?

—Vamos Inojin.

—Oh, pero que mierda ¿Vienes del salón de belleza? ¿Por qué te teñiste? —dijo burlón el rubio y todos los presentes volvieron a su trabajo.

Boruto rodó los ojos —No me lo teñí.

—Dime que atrapaste a uno grande.

—Si pero, el departamento del ministro se hará cargo —dijo con tranquilidad.

—No importa en tanto esté asegurado.

Boruto asintió mientras miraba a Sarada —¿Estás bien?

—Si, solo fue la… impresión.

—Supongo que irás al area de investigación —dijo él y ella asintió

—Si, revisaré las pruebas y pondré todo en orden.

—Tienes mi ayuda fiscal —dijo con seriedad Inojin.

—Se lo agradezco agente.

Boruto miró a la pelinegra —Yo te llevaré en mi auto, nos adelantaremos, no quiero que la prensa sepa de tu identidad como fiscal en esto —miró a Inojin —Espero que entiendas.

El rubio sonrió —Claro que comprendo, quieres proteger a tu chica, esta bien —dijo mientras se encogía de hombros y los dejaba ahí.

Ambos iban a reclamar aquello que no pudieron decir más.

Ella carraspeó —Esta bien, vamos —dijo mientras caminaba con el rubio tras ella.

Cuando subieron al auto, evadiendo exitosamente a la prensa y a cualquier sospechoso que pudiera estar mirándoles, Boruto suspiró mientras se retiraba la peluca ante la curiosa mirada de Sarada y cuando este se inclinó para meter la llave, Sarada logró visualizar una notoria mancha de sangre en su costado izquierdo.

—¡Estás herido! —dijo alterada.

—Esta bien, es solo un le corte.

Ella detuvo su intento por arrancar —No, déjame ver.

—Esta bien, lo revisaré cuando…

—¿Cuándo te desocupes? —dijo en tono de ironía y Boruto le miró con la boca abierta.

—No hagas eso, te oyes como mi madre.

—Pues pobre mujer —sin pedir permiso comenzó a desabrocharle la camisa.

Boruto no podía creerlo y algo nervioso miró por la ventana para verificar que no los vieran (aunque las ventanas estaban cerradas) y tragó.

—Sarada…

—Dime que traes un botiquín.

—En la guantera…

Sarada lo buscó y sacó el alcohol y gasas.

—¡Auch!

Ella le miró —Mierda… es una herida profunda.

—Ni tanto… —dijo soltando un jadeo.

Ella rodó los ojos.

—Voy a coserte.

—Ya sabes que estoy en tus manos.

Ella le miró con sorpresa y él volvió a ponerse nervioso —Es decir… me refiero a…

Ella asintió —Entiendo, ya lo sé —soltó una sonrisa para volver a la herida.

Sin embargo, Boruto le miró con seriedad.

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Un par de días después de aquello, Sarada logró reunir las pruebas y con ayuda del ministro se llevó a cabo el juicio sin que nadie del edificio se enterara hasta el día siguiente de este, pues hacía falta desenmascarar a su jefe, quien estaba filtrando información. Cuando Boruto se lo dijo ella quedó más que sorprendida y Naruto tomó las medidas necesarias.

Todo apuntaba a que Akatsuki eran quienes controlaban las calles mas pobres y con ello ejercían la estafa y la extorsión. Tan solo se valían de pequeños peones que hacían el trabajo sucio, como las ejecuciones y las desapariciones.