Los personajes de esta historia no son de mi pertenencia si no de RUMIKO TAKAHASHI
En tus Brazos
En menos de un parpadeo Sesshomaru atrapo los labios de Rin, estaba claro, ya no soportaría contener las mil sensaciones que esa chica le provocaba y más aún, teniéndola entre sus brazos, semidesnuda.
Ese beso, se había posado en los labios de la chica como un suave rose, era solo una prueba, una afirmación de que así como ella pensaba, era verdad, el amor de su adolescencia, el amor que tanto llamaba prohibido, había tomado la delantera para expresar sus sentimientos. Aunque no fuese con palabras, pues sabía que su señor, prefería actuar.
La sensación en sus labios, fue suave, tibia, tierna y sumamente inesperada, lo suficiente que no reacciono, su cuerpo no la dejo siquiera parpadear, lo que le permitió ver en todo su esplendor, la delicadeza con la que Sesshomaru, se había acercado a robarle su primer beso.
La sorpresa en sus ojos no desapareció incluso cuando el Yokai, tomo distancia, Rin no podía imaginar que pasaría después de eso, aunque si se preguntó si volvería a besarla, si le habría gustado la textura de sus labios, dudas, que pronto se disiparon, pues para él, ese pequeño rose, le había bastado para comprobar lo mucho que deseaba, comérsela a besos.
Pues… en cuanto la vio de nuevo a los ojos, no tardo en volverla a besar, pero ahora, con pasión, con desenfreno, con el deseo de un hombre hacia una mujer.
Como si hubiera esperado toda la vida, tomó entres sus manos la pequeña cintura de la joven y la abrazo juntando sus cuerpos, mientras el calor de ambos, se combinaba en sensaciones de placer que parecían explotar en cada suspiro.
Rin estaba atrapada por la euforia de Sesshomaru, parecía que solo faltaba poco para que la ahogara, pero eso no significaba, que quisiera separarse de él, entre más se besaban, mas confianza tenia, sus labios se comenzaban a coordinar con los movimientos necesarios para hacer de esa, la mejor experiencia de su vida. Como pudo, libero sus manos y sin pensarlo, los enredó en el cuello del Yokai, provocando con ese acto, que el calor entre los dos aumentara aún más.
No paraban de besarse, era como si estuvieran recuperando los años en que ninguno de los dos, se había atrevido a confesar sus intenciones.
Claramente, la chica era inexperta, por esa razón, ignoro el movimiento que su cuerpo hizo involuntariamente, pues entre más cerca estaba de ese hombre, más calor la inundaba, provocando arquear su espalda para sentirlo, tanto como ella lo necesitaba. El estoico Yokai, sintió satisfacción, al tener en sus brazos, a la mujer más hermosa, tierna y sensual que jamás había conocido.
No ignoro el acto de la joven, así que respondiendo a ello, la rodeo con un solo brazo, mientras que con el otro, comenzó a pasearse por sus caderas, bajó por sus muslos y con firmeza, levando una de sus piernas.
Algo que podía mejorar aún más ese momento, era tocarla. Sentir lo suave de su piel, el calor que parecía evaporar de ella. Pues sabía que era deseo.
En ningún momento se inmuto para comenzar a acariciarla, era perfecta, toda una escultura, con las curvas exactas para recorrerla toda. Y no se detendría, Rin no había mostrado timidez ante sus caricias, ni siquiera miedo, pues entre más rosaban sus manos con su piel, ella más dispuesta se sentía.
No es como si ella hubiera ocultado su lado sexy durante los años, sino que era totalmente normal, lo amaba, y como cualquier humana, no podía pasar desapercibió, disfrutar de las sensaciones que le trasmitían las manos de tan imponente hombre. Por ello, no opuso resistencia, cuando este mismo, bajo ambas manos y le alzo, acomodándola en su cintura. Parecía conocer las intenciones ya que de inmediato, amarro sus piernas a su alrededor.
No fue necesario pedir permiso, estaba más que claro que ella lo deseaba, así que apartándose de sus labios, comenzó a besar húmedo y punzante, el cuello de la chica. Mientras Rin sentía perder la cordura, abrazo a Sesshomaru, recargando su cabeza en uno de sus hombros, lo que le permitió disfrutar del delicioso olor que emanaba de él.
Sentir, tocar su largo cabello plateado, mientras la complacía con sensaciones nuevas, era lo mejor que podía estar viviendo.
De igual manera, para Sesshomaru, disfrutar del sabor que la delicada piel de Rin, le ofrecía, era solo una razón más para no detenerse. Por años ese característico olor que siempre disfruto de ella, por fin lo podía saborear, sin duda, era delicioso, caliente, divino. Lo suficiente que se sintió capaz de arrodillarse ante ella, si es que se lo pedía.
Escuchar los pequeños gemidos que el pudor de la joven intentaba ocultar, lo hicieron sonreír para detenerse y regresas a los carnosos labios que estaba seguro, se convertirían en su vicio.
El momento era perfecto, ambos lo deseaban, estaban dispuestos a todo, pero una conocida voz, los sacó del momento tan rápido que lo único que pudieron ver del otro, fue su agitada reparación.
- ¡¿Amo Sesshomaru?! – gritaba Jaken, mientras se acercaba al lugar donde ambos radiaban calor - ¡¿Amo Sesshomaru?!
Ninguno oculto su decepción, sin embargo, la repentina interrupción, le devolvió a Rin, la vergüenza suficiente para bajar la mirada y ocultar sus sonrojos ante su señor.
Segundos después, apareció Jaken.
- Amo Sesshomaru, lo he estado buscando… creí que se habían ido sin mí, de nuevo…
El pequeño verde, no pudo terminar de decir lo que pensaba, pues en cuanto fijo su mirada, encontró frente a él, una escena que nunca espero. Su amo Sesshomaru, tomando del rostro a la jovencita que no solo le escurría agua del cabello, sino que se encontraba a medio vestir. Hubiera querido preguntar qué era lo que sucedía, pero su sorpresa no le permitió más que tartamudear.
- Pero… que… que… que…
Por otro lado, Sesshomaru, ignorando los tontos tartamudeos de Jaken, volteo la mirada a Rin y con un tono suave le dijo:
- Termina de vestirte
Pero sin pensarlo, el pequeño sapo, replico:
- ¿Qué? ¿Aún no terminas niña? Por tu culpa el amo Sesshomaru siempre se retrasa…
- ¡Jaken! – interrumpió Sesshomaru, con fuerte voz – De ahora en adelante, como te refieres a mí, te referirás a ella
El sapo verde, quedo impactado, estaba seguro de haber escuchado bien, así mismo, conocía perfectamente el peso de esas palabras. Por un momento observo a su amo y justo después a Rin, sintiéndose completamente desubicado, pero algo que agradecía de estar tantos años a lado de Sesshomaru, era; el comprender las firmes decisiones de su amo.
Así que, aunque tuviera mil preguntas acerca de lo que pasaba, decidió callar y obedecer la orden.
Para cuando Rin termino de vestir su kimono, Jaken ya era otro, pues de inmediato se acercó a ella y cumpliendo la misma reverencia que hacía con Sesshomaru le dijo:
- Mi lady, es hora de irnos, no traje conmigo a Ah-Un pero… permítame, en un momento lo traeré
La actitud de Jaken, sorprendió de sobremanera a la joven, ocasionado voltear su sorpresa al poderoso Yokai, intentando así, conseguir una manera para saber cómo actuar. Fue entonces que con una mirada, Rin entendió todo. Ya no era un miembro más del grupo, en realidad era mucho más que eso, ya que desde ese momento en adelante, se había convertido en la compañera de Sesshomaru.
El rubor en su rostro no se hizo esperar, acomodo su cabello y tímida, respondió:
- Ah… yo… se lo agradezco señor Jaken, pero no hace falta…
Sintió extraño saber que tendría la potestad de darle órdenes a Jaken, pero al mismo tiempo, admiración por la manera tan franca y firme en que su señor, había actuado. Como siempre, sin inmutarse por nada, cuando ella, aun no podía dejar de sentir que las piernas le temblaban, que el corazón se le aceleraba y que su mente razonara todo lo que estaba pasando.
Entonces, tomaron camino.
Debía admitir que no era exactamente como lo había imaginado, pero estaba pasando, su amor era correspondido, y se había declarado de la mejor manera posible, de la manera más linda, tierna y sensual posible. Lo suficiente que solo con recordarlo, mordía sus labios para controlar sus pensamientos.
Mientras que Jaken, intentaba asimilar todo, esa nueva orden de tratar a Rin como la compañera de Sesshomaru, le había llegado muy de sorpresa, si estaba consciente que desde un tiempo, su amo, veía con ojos diferente a la chica, mas nunca le había hecho el comentario, pues temía que le arrancara la cabeza por imprudente.
Pero era verdad, ahora su amo, por fin había elegido a una compañera, y aunque Rin le desesperaba, no podía negar que le guardaba un cariño especial, así mismo que era la única mujer que aun, siendo humana, podía ser digna de su amo.
Mientras que la chica, montada en su amigo de dos cabezas, se esforzaba en contener su gran felicidad y emoción. Una emoción tal, que le provocaba, inmensas ganas de llorar.
A partir de ese día, todo cambio, Rin, ya no permanecía atrás, ahora el orden era diferente: adelante se encontraba Sesshomaru, justo detrás de él, la hermosa joven montada en Ah-Un y hasta el final, Jaken, siendo el responsable de cuidar, a la mujer de su amo.
Si antes la chica, era consentida por Sesshomaru, ahora era en extremo. Pues cada cosa que ella pedía, tenía que dársele por mínima que fuera.
Si es que Rin veía hermosas flores en el camino, detenían el paso, para que ella fuera a disfrutarlas, y si así lo deseaba, cortar todas las que quisiera. Y si es que tenía hambre, el encargado de ir a buscarle comida era Jaken. Una tarea realmente difícil pues le costaba mucho trabajo adivinar qué era lo que ella como humana, podía comer.
Pero lo mejor, era que cada noche, dormía entre los brazos de Sesshomaru.
Dos años después.
- ¿Sucede algo anciana Kaede? – pregunto Kagome
- Han pasado dos años desde que Rin se fue… - suspiro la anciana, con un tono de preocupación
- Bueno… creo que debíamos esperarnos algo como esto, la única razón por la que veíamos con frecuencia a Sesshomaru, era porque venía a visitar a Rin. Pero ahora teniéndola con él, ya no tiene motivos para acercarse a una aldea llena de humanos. Si bien sabemos algo él, es que la única humana a quien aprecia es a Rin… y a mí, bueno…. Creo que solo me soporta – explico sonrojada
- Si… - suspiro
- No se preocupe anciana Kaede – insistió Kagome – Rin, es más importante para Sesshomaru de lo que podemos imaginar. Estando a su lado, no correrá ni el más minino peligro. Díselo Inuyasha – dijo pidiendo el apoyo de su esposo
Quien recargado en un árbol, con los ojos cerrados, disfrutaba de la sombra mientras escuchaba con tranquilidad la conversación de las mujeres. Cuando de pronto, poniéndose alerta, se levantó de un brinco.
- No puede ser… - expreso sorprendido mirando al bosque
- ¿Sucede algo Inuyasha? – pregunto su esposa
Y después de gruñir, se encamino al bosque diciendo:
- Maldito bastardo…
- ¿Qué? Espera… Inuyasha – grito preocupada la joven sacerdotisa
Segundos después, divisando entres los árboles, apareció Rin, quien montada en Ah-Un, se acercaba a la aldea. Todos sus viejos amigos y los que por mucho tiempo, habían sido su familia, al verla se acercaron con emoción a recibirla.
- ¡Rin! – saludaban gustosos
- ¡Hola a todos! – dijo ella, con una sonrisa en el rostro
Aunque estar al lado de Sesshomaru la hacía completamente feliz, no podía evitar extrañar a sus amigos, es por eso que había pedido a su señor ir a visitar la aldea, cosa que el poderoso Yokai no le negó a la chica y aunque le parecía innecesario, sabía que a ella, le haría feliz.
Rin bajo del lomo de Ah- Un y con alegría abrazo a todos quienes fueron a recibirla, realmente los había extrañado y le hacía sentir muy feliz, saber que ellos también a ella. Entonces, sin perder tiempo dio a conocer la noticia que tanto les deseaba compartir.
- ¿Vienes de paso o te quedaras unos días en la aldea pequeña Rin? – pregunto Kagome con curiosidad
- Esperaba que nos permitieran quedarnos un par de días – expreso tímida
- ¿Quedarnos? – dudo la anciana Kaede, incrédula a que se refiriera a Sesshomaru
- Quiero presentarlas a… Towa y Setsuna, nuestras hijas – dijo Rin, mostrando a las dos pequeñas bebes que permanecían dormidas en la espalda de Ah-Uh en lo que parecía una pequeña hamaca.
La sorpresa en el rostro de todos los presentes no se dejó ocultar, porque realmente era una noticia sorprendente. Conocían el amor que Rin le había sentido a Sesshomaru desde hace mucho tiempo pero para un Yokai puro como él, corresponderle era algo que parecía imposible. Ahora, al ver a esas dos pequeñas que eran claramente el reflejo de su padre, no cabía más la duda de que el amor, era capaz de doblegar todo, incluso a Sesshomaru.
Lo que paso después, no fueron más que felicitaciones y gritos de emoción, pues era increíble saber que Rin era correspondida pero más que eso, saber la hermosa familia que había conseguido en tan solo dos años de su partida.
- ¡Aquí estas imbécil! – gruño Inuyasha al encontrase con su hermano
Sesshomaru se limitó a mirarlo, hasta ese momento todo estaba bien, pero ese maldito animal había llegado a interrumpir su tranquilidad.
- ¿Qué? ¿Acaso te estas escondiendo? ¿Por qué lo hiciste Sesshomaru? – grito furioso, irritando al Yokai
- ¿Qué demonios balbuceas Inuyasha?
- Sabes bien de lo que hablo. Pude olerlas, apestan a tu esencia – demando indignado. Seshomaru levanto una ceja – ¿Cómo pudiste infeliz?
Inuyasha ya conocía el interés de Sesshomaru por Rin, se había percatado hace tiempo que había dejado de verla como una niña pero nunca imagino que llegaría a ese grado. Él era un Yokai de sangre pura, ¿Por qué tener descendencia con una humana?
- ¡Cállate Inuyasha! – exalto molesto – Deja de ladras estupideces…
- ¿Sesshomaru?
- No seas infantil, no es nada que no hayas hecho con tu esposa, crees que no estoy enterado, sé que tienes una cría con ella, apesta a ti, e incluso podría decir que tiene sangre más pura que la tuya a pesar de ser un Shihanyo – Inuyasha frunció el ceño
- No lo compares, mi situación es diferente, yo desee formar una familia con Kagome
- Escucha bien Inuyasha – dijo, dando media vuelta – las hijas del gran Sesshomaru, son Hanyo – y después de aquellas palabras, comenzó alejarse
Inuyasha quedo paralizado, pues aunque al principio no comprendió, segundos después todo tuvo sentido.
Sesshomaru era un Yokai de sangre pura, cuyo objetivo por años fue la búsqueda de supremacía, humillando a cualquiera por su nivel de poder, era de esperarse que si llegaba a tener decencia, buscaría conservar su sangre, en cambio, había elegido tenerla con una humana, con Rin, reconociendo a esas dos pequeñas como hijas suyas.
Estaba claro, aunque no lo hubiese dicho de manera directa, Sesshomaru le había confesado a su hermano, la decisión de tomar a Rin como esposa, simplemente por amor.
El Hanyo, bajo la mirada y sin saber que más decir, se marchó.
Esa misma noche, Rin fue en busca de su señor, se dirigió a los cerezos donde solía esperarlo cuando la visitaba, pues sabía que durante su estancia en la aldea, no se movería de ahí, si bien le era insoportable el olor a humanos, a esa distancia cuidaría de ella y de sus hijas, así que no tuvo duda en que lo encontraría.
- ¿Qué haces aquí? – hablo Sesshomaru en cuanto la chica se acerco
- Sabía que te encontraría en este lugar – respondió con satisfacción y un aire de nostalgia, pues él, permanecía sentado entre las raíces de aquel hermosa árbol donde solían encontrarse
- No deberías estar aquí, ve y pasa tiempo con esos humanos, me dijiste que los trañabas
- Lo sé pero… es solo que… te extraño – expreso, tímida con un pequeño rubor en sus mejillas.
A pesar de todo, aún continuaba poniéndose nerviosa ante tal presencia tan imponente
- Sabes que estaré aquí – aseguro, clavando con benevolencia sus intensos ojos ámbar
- No es lo mismo – adelanto, acercándose a él - No es lo mismo, dormir sola a dormir entre tus brazos, además, vine a decirte que… le pregunte a Kagome si podía cuidar a nuestras hijas, ya están dormidas y estoy s
egura que no despertarán hasta el día de mañana, así que no le causaran molestia, por cierto, ella y el señor Inuyasha tuvieron una hermosa niña, es más pequeña que nuestras hijas pero quisiera que se llevarán bien, al final, son primas – dijo con entusiasmo
- ¿Por qué la dejaste con ella? – cuestiono curioso
- Bueno… pensé en que tal vez…. Podríamos pasar tiempo a solas – propuso con voz suave sentándose en el regazo del Yokai
Hace tiempo que Rin había dejado la formalidad con Sesshomaru, era de esperarse, su confianza había subido de nivel y aunque fue extraño para ella al principio, el Yokai nunca mostro molestia, en realidad, que su esposa se comportara a la altura, le satisfacía por completo.
Más que nada, cuando tenía actitudes como esa.
Ese acto, más que sensual, cautivo por completo los sentidos de Sesshomaru, en su rostro se dibujó una casi invisible sonrisa, una que solo Rin podía identificar, la tomo de las caderas y la acerco a su cuerpo para sentir su calor y el ardiente deseo que emanaba de ella. Le acaricio el rostro y sin decir más, comenzó a besarla.
Comentarios de la autora:
¿Creían que ya no iba a actualizar esta historia? Jejeje pues aquí la tienen…
Pero, también es aquí cuando explico ¿Por qué no escribí Lemon? Sencillo, porque desde un principio esta historia no fue planeada para describir un Lemon entre los personajes. Como ya sabrán, estuvo implícito que sucedió, pero, realmente no lo quise incluir, pues desde que pensé en esta historia, quise enfocarme en un amor que más allá del deseo carnal, para que fuera un amor más sólido, no estaba en mis planes hacer que el sexo, los uniera como pareja. Aunque claro, las escenas sexis me gustan y eso fue lo único que quise incorporar.
Espero que aun así, les guste mucho esta historia pues este fue el tercer y último capítulo. Saben que las quiero y que amo leer sus Reviews, les mando un fuerte abrazo.
