Helloooooouuu a todos!.
Antes de comenzar con la historia quería aclarar que es un mundo alterno, en donde intercambie los papeles de Kylo y Rey, lo demás sigue igual.
También quiero mencionar que es el primer fic que escribo, así que perdónenme si no sé utilizar algunas palabras, no redacto bien, hay faltas de ortografía, etc.
Agregar que no me manejo muy bien con todo lo que relaciona SW, sobre todo lugares y objetos, ya que solo vi las películas.
Bueno sin más preámbulos los dejos leer la historia. Espero la disfruten!
No sé en qué momento me encontré en estas circunstancias.
Yo, Líder Supremo de la Primera Orden perdida en medio de árboles, exhausta y desesperada en encontrar alguna persona que me ayudara.
Desde hace algunos meses estoy oculta en un planeta en las regiones desconocidas, uno cuyo nombre no vale la pena mencionar, completando mi entrenamiento.
O eso les hice pensar a todos.
Aun no podía comprender cómo me podía seguir moviendo con todos estos espasmos que circulaban por mi cuerpo, era impresionante. El dolor era desgarrador, mis músculos ardían bajo mi piel suplicándome que por favor expulsara esto que tenía estancado entremedio de mis entrañas. ¿Cómo era posible que un ser humano se pudiera producir a si mismo este tipo de estrés físico?
De alguna forma debía apaciguar este martirio, necesitaba utilizar la fuerza, era la única que podía aliviar mi dolor en estos momentos de crudeza. Sin embargo, para que eso sucediera debía recurrir a un lado de ella que le había dado la espalda desde hacía mucho tiempo.
El lado luminoso de la fuerza.
¿Podría ser capaz de usar ese lado de nuevo, que en primera instancia me puso en este maldito panorama? La verdad, no tenía otra opción. Me tenía que arriesgar, no podía encontrar ese tipo de consuelo en el bando del Lado Oscuro.
Con miedo e insegura, uní la palma de mi mano con la vieja corteza de un árbol que se encontraba cerca de mí. Cerré mis párpados llenando por completo mis pulmones del aire húmedo que albergaba el lugar, y con calma, lo liberé por mi boca.
Pero necesitaba algo más, necesitaba esa vieja frase que solía recitar mi tío cada vez que comenzábamos a meditar. No hay emoción, hay paz.
Me hice uno con el bosque.
Me extendí por los caminos que dibujaban las raíces de la vegetación, no encontrando límites en las extremidades de mi cuerpo, ya no existiendo las fronteras cuando me uní a la naturaleza del lugar. Permití que su vibrante energía también fluyera por cada célula de mi cuerpo, mostrándome lo que alguna vez conocí de qué estaba compuesta la fuerza. Vida. Muerte. Calor. Frío. Paz. Violencia. Luz. Oscuridad.
Balance.
Abrí mis ojos de golpe y retiré mi mano de donde estaba, desconectándome estrepitosamente del bosque. Ya sabía dónde dirigirme.
Para mi desgracia el alivio físico duro solo unos instantes, solo logre avanzar algunos pasos cuando el dolor intenso volvió a manifestarse en mi cuerpo. No me pude aguantar, caí de rodillas, sintiendo la humedad de la tierra en mis manos al hacer contacto con ella.
No pude evitar encontrarme con el sabor de la rabia acumulada entre mis dientes, esforzando mi pequeña nariz a quitar el aire de frustración de mis pulmones. No iba a permitir que esto me venciera, debía levantarme, debía encontrar el lugar al que me arriesgue a buscar traspasando a un área que había dejado.
Me esforcé a respirar con calma de nuevo, aprovechando ese pequeño entre tiempo que me dejaban los espasmos. Traté de extender ese pequeño consuelo que me entregaron mis músculos con el contemplar de la bella imagen que me proyectaba el manto de la estrellada noche, y las hermosas hojas de las copas de los árboles interponiéndose en el bello recuadro que se guardaba en mi memoria.
Sentí que el tiempo se detenía.
Pude recuperar un poco de mis energías con el mirar del cielo, como si las mismas estrellas se hubieran apiadado de mí entregándome un poco de su vivacidad. Mis piernas aprovecharon el impulso y me levantaron del suelo, comenzando mi travesía de encontrar el lugar que me había mostrado el bosque.
Aun en el estado que me encontraba podía correr, cosa que me impresionaba bastante, aunque me tenía que esforzar el triple para llevar un buen ritmo exigiéndole a mi corazón que funcionara a toda máquina para oxigenar mis músculos, ya que de momento mi cerebro estaba mezquino con la energía que se repartía por mi cuerpo gracias al producto de los malestares.
No pasó mucho para encontrarme con una choza, una cabaña que se unía a la infraestructura de un enorme e imponente árbol que brotaba lleno de vida adueñándose de mi visión, opacando lo hermoso que era lo demás a su alrededor. Estaba boquiabierta.
Pero el retorno de los dolorosos espasmos me hizo regresar a mis sentidos, al por qué estaba metida en esta travesía en primer lugar. Así que, apresuré más mis pisadas, necesitaba quitarme la incertidumbre si se encontraba viviendo alguien en esa impresionante estancia.
Se que podía facilitar las cosas utilizando la fuerza, pero ya no tenía la energía para llevar a cabo una tarea tan sencilla como esa.
Mi cuerpo no pudo resistir más el ritmo que llevaba con el correr junto la reciente aparición de las dolorosas contracciones en mi cuerpo, desacelerando el vaivén de mis piernas. Jadeaba con violencia, tratando de llenar desesperadamente con aire un espacio en mis pulmones que no existía.
Mi corazón ya no encontraba espacio para latir con más fuerte para suplir las necesidades que exigía mi cuerpo. Sentía que en cualquier momento saldría por mi garganta.
Estaba realmente ansiosa de solo ir a tocar la puerta y de que alguien me abriera. Pero no fue necesario aproximarme, solo pasaron algunos segundos cuando se realizaron los pensamientos que pasaron por mi cabeza.
Una anciana algo maltratada por la edad salió de aquel lugar, dándome un ligero sentir de esperanza de que pronto todo acabaría y me quitaría esto.
Fue imposible que pasara desapercibida para ella, era la única criatura en medio de un lugar inhóspito algunos metros fuera de lo que limitaba su terreno, atenta a cuál sería mi siguiente movimiento.
Sin quitarme los ojos de encima, simplemente cerró de la puerta detrás de si, de una forma increíblemente desafiante, bajo la penumbra de un rostro que ningún enemigo se atrevió a mirarme jamás.
Debía reconocerlo, tenía agallas la mujer, mirar a una de las mujeres más temibles de la galaxia así tenía su mérito.
Supuse que no sabía quién era exactamente yo y por eso tanto atrevimiento.
Pero su desafiante mirar se vio interrumpida por mi denigrante caer de rodillas por causa del fuerte dolor que me causó una contracción, soltando una inconfundible mueca de dolor, bajo el tono de un gruñir de mi garganta.
Me sentí pequeña.
Volví mi vista a las corneas deterioradas y propias de una mujer de su edad, con ojos suplicantes de misericordia que un monstruo como yo no había expresado desde que mis padres me habían abandonado con Luke.
Desde que me pase a Lado Oscuro por primera vez, sentí la necesidad de que las criaturas que estuvieran a mi alrededor se olvidaran de quien era, cual era mi cargo, y que vieran que era igual a todos los demás.
Quería que en este preciso momento la anciana me viera como el ser humano que era.
Pero eso no sucedió.
Me hizo un ademán despectivo con la mano, para que me largara de aquí como pudiera. Aquella mujer preferiría que fuera abono para las plantas que ayudar a un ser humano implorando auxilio.
Una vez más las criaturas de este maldito universo me decepcionaban.
Entré en cólera.
Yo era la Líder Supremo de la Primera Orden. Maestra de los caballeros de Ren. Asesina de Jedis. Nieta de Darth Vader. Yo era dueña de la galaxia, y ella era parte de ésta. Yo no suplicaba, yo ordenaba.
El dolor se esfumó.
No sé de dónde saque el ímpetu para que con un simple movimiento pusiera su pequeño cuerpo entre la puerta y una de las hojas de mi sable, inundando con el eco de su rugir el ambiente con el reflejo en su mentón su hermoso color carmesí, suplicándome la hoja escarlata probar su marchitada carne.
Ahora ella me suplicaba con sus ojos que no la matara.
Podía percibir ese inconfundible temor golpeando la corteza de mi cuerpo, ese miedo que siempre sentían las criaturas cada vez que me suplicaba por su miserable vida sin gesticular ninguna palabra.
Volvía a ser el mismo monstruo de siempre.
Pero otras sensaciones empezaron a brotar de la mente de la mujer cuando su vista se desvió a la parte que descubrió mi capa. Ya no lograba percibir su desprecio, sino el comprender de mi actuar y la compasión que necesitaba justo ahora, aunque no era para mi exactamente, eran para el otro ser humano con el que compartía el mismo cuerpo.
El mísero alivio que me entregaron los sentir de la anciana me hicieron bajar la guardia, colapsando en sus pies por el increíble esfuerzo que realicé anteriormente.
Todo se volvió oscuro.
¡Muchas gracias por llegar hasta acá, y darle la oportunidad a esta cochiná!
Espero lo hayan disfrutado y quedó con más ganas de leer.
Quiero decir que la historia la tengo completa, pero quiero tantear que tal la audiencia.
Otra cosa, todo aporta, cualquier comentario, sugerencias, corrección son bienvenidas. Lo mío no son las letras, pero quiero aprender y ponerle empeño️ .
Eso po. Saludos y nos leemos: 3
Los personajes no me pertenecen y la foto la encontré en pinterest, reconocimientos a su respectivo autor.
