Los pensamientos, apenas y lo dejaban trabajar, peinó tantas veces a su caballo, perdido en sus pensamientos que este le evitó, huyendo de sus cuidados, seguro le estaba lastimando, el rechazo de su única compañía le afectó más de lo que imaginó, intentó alimentarlo, pero se mantuvo quieto sin abrir la boca, de modo que entendiendo que no era un buen momento, dejó las frutas en su canasta.
Encerrado en su casa, intentó distraer la mente de aquellos pensamientos, pero se dio cuenta que era en lo único que tenía para pensar, quería desviar su mente en otra situación, pero la preocupación de Cú chulainn, su ausencia o la duda sobre su existencia o si realmente existía ¿Dónde estaba? ¿Por qué no lo había ido a visitar es tantos días?
Pensó si hubiera hecho algo que lo ofendiera, pero no encontró nada realmente relevante, instigarlo a que se vistiera decentemente no era un motivo del cual detenerse a pensar como ofensivo,
Paseó por la casa, e intentó ignorar a las hadas que le pedían miel, cerrando todas las ventanas, luego de encender el fuego de la chimenea, robusteciendo la llama que se comería los troncos, se lavó y se cambió para dormir sin esperar a nadie. No quería ya atender, ni formar parte de la Festividad, su preocupación lo llenaron de un sentimiento toxico de desesperación y angustia. Incluso, mientras se metía en la cama y espera por el sueño tras beber uno de los te que solía preparar para los niños con demasiada energía, pensaba en que, si se confirmaría sus sospechas, si de alguna forma estos dos individuos fueran ajusticiados por los hombres de otras creencias y su condena fuera la muerte, se iría definitivamente de allí, jamás volvería a esa casa, y entonces, lo vivido allí, formaría a ser parte de los acuerdos íntimos de su vida.
La idea de no poder ver más a CúChulainn, de su finitud, lo hizo estremecer de una forma que no creía posible. Deseó dormirse lo antes posible, buscaría, si era posible señales de esos dos hombres una vez terminara el Samain, no olvidaba que no solo había espíritus amables y bienhechores en el final del año sino también traviesos y malignos. Se cubrió totalmente, puesto que las hadas no dejaban de tocar la ventana con desesperación e insistencia.
Todo a su alrededor se silenció una vez logró cerrar los ojos y caer en un sueño terrible y angustioso, lleno de agua y desesperación, del cual no podía despertarse, aunque luchaba incesantemente por salir del agua, de esos remolinos oscuros de los que siempre huía en sueños y en la realidad.
Despertó entre lamentos y lágrimas silenciosas que solo se deslizaron ante su negativa de manifestarlas abiertamente, se limpió el rostro e intentó entender el sueño, el castigo de los que son anómalos como él.
Estuvo por un momento en calma, intentando incorporarse de su despertar, repentinamente el sonido de la puerta lo hizo saltar de su estupor, pero esta vez decidió no abrirle a nadie esa noche, la puerta continuó sonando unas tres veces más, hasta silenciarse por completo.
Emiya, solo en su alcoba se hallaba en completa oscuridad, no había encendido ninguna lámpara, puesto que al dormir esa tarde aun había luz del sol, con mucho cuidado se levantó de la cama y vestido con ese camisón azul avanzó hacia la puerta, estaba sin calzado y percibía el piso frio, caminó hasta llegar a la chimenea donde tomó la lámpara de vidrio y logró encenderla con aquel hongo inflamable. Recordó solo al encender la mecha de aquella lámpara el incidente con la hiedra venenosa y la cómoda y agradable sensación que experimentó su corazón cuando lo sanó y agradecido se le lanzó encima a llenarlo de besos.
Escuchó un resoplido, giró la mirada hacia la ventana que estaba a su izquierda, logró ver la silueta de su caballo junto a la ventana, estaba tan quieto y parecía mirarlo fijamente. Recordó que le evitaba en la tarde por excesivos cuidados de una mente distraída y se vio asaltado por la pena. Solo, no necesitaba mantenerse como un hombre compuesto e íntegro, no ocultaba ni un centímetro de sus expresiones faciales y se encontró visiblemente desgraciado.
Se acercó hacia la ventana, pero al mirar a su caballo no lo encontró por ningún lado. También, se dio cuenta que no había luz en los nabos cercanos a su área de descanso, no lo había amarrado, ahora pensó con cierto esfuerzo y …no recordaba que fuera tan grande como para tener que bajar el cuello junto a la ventana…
Miró de reojo hacia la puerta y se acercó a ella luego de un momento de meditación. Al salir lo saludó la oscuridad absoluta, el frio y lo desconocido, solo podía ver el fuego fatuo en la entrada e incluso se sorprendió de no escuchar absolutamente nada, nada… ni los mas diminutos insectos hacían acto de presencia a su alrededor. Encendió pues algunos pocos nabos en la entrada, luego se adentró a la oscuridad el jardín donde buscó a su caballo con corazón inquieto. Volvería mañana, en dado caso, tenía el amuleto y tenía la costumbre de no alejarse de casa por mucho tiempo…
Iba a retornar a casa, en cuanto no lo pudo encontrar donde había dejado su alimento, sin embargo, una presencia lo hizo detenerse en el acto, no podía verlo, pero lo presentía caminando cerca de sí, cubriéndose en la oscuridad, un repentino sentimiento de alarma le atenazó el espíritu, y prestó más atención a su alrededor con la intención de saber si estaba cerca o lejos de aquello indeterminado. Escuchó poco después el sonido de pasos, pero reconoció al momento el sonido de estos pasos, era su caballo, el mismo sonido que hacia al caminar….
Levantó un poco la lámpara lo más que podía dar su brazo y entornando la mirada, observó que se movía en su dirección, lentamente y sin prisa, Emiya se quedó quieto en la espera, hasta darse cuenta que tenia de irse de allí muy rápidamente, la sensación de malestar y desconocido temor no se disipaba y era porque aquello que se movía hacia él no era su caballo. por lo menos no uno, mucho más robusto, oscuro y de ojos brillantes. Tembló de pies a cabeza, sus piernas respondieron por el instinto de preservación y retrocedieron primero lentamente, como lo hacía cuando se encuentra uno con un animal peligroso y pronto, al ver aquellos ojos de carbón ardiente acercarse cada vez más, se aventuró a correr a la luz de la entrada de su hogar, abrió la puerta y se adentró en ella cerrándola tras de sí, pegando la espada de esta, como un refuerzo.
Segundos después no escuchó nada, ni pasos, pero él sabía, sentía la gélida aura detrás de la puerta esperando, respirando, aguardando por él. Pegó la oreja de la madera de la puerta…escuchó de pronto que tocaban y se vio obligado a alejarse, temeroso, no reaccionó, el sonido provenía de un lado de la puerta, natural, ni muy bajo, ni muy alto…como una persona, pero no abrió. Volvieron a tocar, y fue como si todos los huesos del hombre se sacudieran atemorizado. Estaba solo, en verdad estaba solo y alguien…algo terriblemente oscuro tocaba su puerta. Podía diferencia el aura debido a la influencia del Samain, era algo sombrío y desconocido.
—Emiya… - Frunció el ceño al escuchar la voz, abrió luego con desmesura los ojos - ¿Puedes dejarme entrar por favor?
Esa voz…
Era Cú Chulainn.
Una emoción llenó sus sentidos, pero detrás de esta lo azotó la confusión y no dejó que sus sentimientos lo turbaran, aunque si pegó más la oreja de a madera de la puerta, verlo por la ventana era imposible.
—¿Quién eres?
—¿Cómo preguntas eso? …-Escuchó del otro lado. – Soy CuChualinn… oye, hace mucho frio aquí afuera y esta oscuro. Muy oscuro.
—No hay ningún hombre llamado Cú Chulainn…-Objetó Emiya y hubo cierta desolación en su voz, algo endeble y trágico – sea lo que seas, puedes irte por donde viniste.
—¿Qué dices? ¡Soy yo! ¡Oye, no seas cruel conmigo! –Repuso el otro con voz contrariada. – No es divertido…
Emiya dudó…herido.
—Si eres tu ¿Dónde estuviste todo este tiempo? ¿Por qué apareces ahora?
Emiya no escuchó contestación al momento, preso de una profunda ansiedad.
—…Es complicado de explicar…-Dijo la voz. - He estado haciendo cosas…
—¿Qué cosas…?
—…una peregrinación…
—¿Qué?
—La cuestión es que me escapé. –Dijo al fin rápidamente- y Quizá Diarmuid se enoje conmigo por eso…
La mención de Diarmuid le hizo por un momento sentir esperanza, pero este espíritu era astuto y podía ver dentro de su corazón.
—Un hada me dijo…que tu no existías.
—¡Miente! Sabes …que pueden ser muy traviesas y mentirosas –Replicó en voz baja y Emiya percibió que se había puesto un poco nervioso.
—Cú Chulainn… ¿Por qué me mentiría?
—… ¡No lo sé! ¿Celos quizá? ¿Por qué le creerías? …y-yo ¡tengo mucho más tiempo contigo! No puedes creer lo que todos te digan solo porque sí.
—¿Por qué entonces deberías creerte a ti?
—¡Emiya! ¡Solo abre la puerta y sabrás que soy yo!
Llenó de incertidumbre se sintió aprisionado entre dos opciones, pero reflexionó sobre las reacciones del desconocido al otro lado de la puerta.
—¿No vives en el otro pueblo? ¿verdad?
—…Si.
Hubo un silencio pesado entre ambos.
—…No, no en el pueblo específicamente…-Dijo poco después – a las afueras.
—¿Vives en el lago? ¿No es así?
Pausa…
—… ¿Desde cuándo lo sabes?
—…desde hace poco tiempo… de hecho. –Confesó.
—Emiya… abre la puerta y hablemos.
—Estamos hablando.
—No, me refiero a verte la cara. ¡Necesito verte!
—¡No!-Pero hubo duda en su voz, y su interior de sacudió por aquellas palabras.
…Emiya se alejó de la puerta con cortos pasos, entonces escuchó que la golpeaban, pero esta vez, fue fuerte y seco, lleno de demanda.
—¡Emiya! ¡Solo necesito hablar contigo! ¡Abre!
Golpeó la madera de la puerta nuevamente y Emiya podía jurar que no solo los clavos de la puerta trepidaban sino lo hacía la casa entera. Eso gritaba desde afuera.
—¡Solo he venido a verte! ¡¿No era eso lo que querías!? ¿Por qué no quieres verme? ¿Por qué no hablas? ¡Dime algo! –Vociferaba desde afuera, con una voz casi animal, irreconocible, Emiya jamás lo había escuchado de esa forma – ¡Te necesito, Emiya! ¡Emiya…! ¡Emiya!
La puerta se movía de tal forma que pensaba en cualquier momento podría romperse, pensamiento que estresaba al joven sanador.
—¡Emiya…¡Ábreme! ¡Creeme, ¿Por qué no me crees?¡Necesito tanto verte! ¡Necesito…! –Pronto dejó de golpear la puerta, pero aún seguía allí, Emiya movió los ojos atentos a su alrededor y retrocedió hacia la chimenea, intentó sentir los sonidos de la casa…pero solo escuchaba los latidos de su corazón enloquecido, tenía sentimientos turbulentos, entre la ansiedad, el anhelo, la tristeza y el amor; no podía ser Cú Chulainn, el no existía…y si existía, era una amenaza.
—¡Emiya! –Escuchó en la ventana de la chimenea, tuvo tanto miedo de volver la mirada, cerró los ojos fuertemente y apretó la lámpara en sus manos. - ¡Mirame! Soy yo…
—No quiero… no quiero mirar…-Se dijo a sí mismo, recobrando ese miedo infantil que todos experimentan con el terror de lo desconocido, intentó girarse, pero no le obedeció el cuerpo así que lo hacía suavemente.
—¡No! ¡Emiya! ¡Soy yo…! ¡No! ¡Mirame! –Sintió con su voz intentaba traspasar el vidrio de la ventana, como flechas su corazón- ¡Escucha, me fui, pero tenía que hacerlo! ¡No quería! ¡Lo siento ¿está bien? ¿me perdonas? …
¿Por qué le decía todo esto? Como si ambos…
La voz no insistió más, pero Emiya aun podía sentir que seguía allí…esperando, aguardando.
—…Eres…un Kelpie –Dijo Emiya tenuemente- Cambias de forma…para comerte mis entrañas…seguro ya te has comido a Cú Chulainn.
—¡No! ¡No es cierto! ¡Yo soy Cú Chulainn! -Gritó desesperadamente. Luego un estruendo atacó el silencio, con la ventana rota. Emiya reaccionó abriendo los ojos y alejándose hasta la chimenea, cerca del fuego.
El hombre intentó entrar por la ventana, sin embargo, algo se lo impedía, pero esa fue la única oportunidad que Emiya tuvo de verlo, no tenía indumentaria en la parte de su torso, su cabello estaba alborotado, pegados a su rostro y su cuello, pálido, mojado como si hubiera salido del agua y en efecto, así era.
Aquella fuerza le desgarró las extremidades que intentaban ingresar al recinto…gruñendo, el individuo presionó un poco más. Sí, era Cu chulainn, al menos en apariencia. Eso vio Emiya antes de que se alejara de la casa y este fue rápidamente hacia la ventana, aunque con suma cautela. Cú Chulainn apareció nuevamente con esos ojos de carbón encendido que asustaron a Emiya hasta el punto de paralizarlo, alejando la cabeza un poco hacia atrás.
Ambos se miraron largamente, expectantes, con los corazones golpeando y respondiendo al otro; a pesar de aquellos ojos salvajes y sangrientos, Cú Chulainn tenía aquellas facciones hermosas, contrariado, entre la pena y la desesperación…pero si era verdaderamente él ¿Por qué no podía entrar como antes?
—¿De verdad eres tú?
—Lo soy. En serio.
Emiya llevó una de sus manos a la cabeza, turbado y esta comenzó a dolerle a horrores.
—Pero… entonces. Eres un Kelpie… -Dijo uniendo cabos, aun atormentado, hizo una pausa larga… – de verdad, yo no quería pensar…
Cú se pegó a la ventana rota, pero era incapaz de entrar, sino sería expulsado como antes o peor…
—Lo sé…
—Me mentiste.
—lo siento…
—¿Cómo que lo sientes? ¿Qué intentabas hacer? Eres un ser despreciable y oportunista.
—¡No, no! ¡Dejame explicarte!
—¡No hay nada que explicar! ¿cuándo pensabas decírmelo? Oh, sí, ya, cuando estuvieran comiéndome. ¡Claro! –Pronto la ira se reflejó en sus ojos claros, como la plata y algo de oro. Cú nunca había visto esa expresión en su rostro y se asustó de solo pensar que se prolongaría.
—Nunca haría eso. ¡Jamás! ¡No podría! Me gustas mucho.
—¡Que…intenta…aaa. ¡No digas esas cosas! -Emiya casi se cae de un repentino mareo
—¡Me has ayudado tantas veces! ¿Cómo piensas que podría hacerte daño! ¡Emiya, tienes un corazón tan noble! ¡Y eres tan hermoso! ¡Solo puedo sentir amor por ti! –
El hombre dentro de la casa, solo pudo cambiar a todos los colores del arcoíris. Intentó replicar, mantener su ánimo colérico, pero estaba turbado por el sonido de su corazón y el cómo se inflaban sus venas enrojeciéndolo, todo su cuerpo temblaba atacado por los nervios y la vergüenza.
—Ve…veo que con eso encantas a las gentes…-Replicó sin fuerza el otro, intentó mirarlo firmemente, pero sus ojos no resistieron ni unos segundos, parpadeando y evitando la mirada.
—Veo que funciona contigo. –Le dijo evidenciando su turbación- pero …¡es cierto! ¡No estoy mintiendo! Vamos ya, dejame entrar…
—No, aun no estoy del todo convencido
—¡Emiyaa…!
—¿Dónde estuviste?
Cú suspiro, sus ojos rojos se deslizaron por el vidrió roto, había algo candente en la forma en que entornaba los ojos.
—Fui con Diarmuid a liberar a Roman. ¿recuerdas?
—¿Cuál Roman?
—¿El caballo de Merlín? …sabes…Bueno, no te conté esa parte, Merlin había atrapado a Roman hace algunos años y luego de lo que hablamos pensé en darle una mano junto con Diarmuid para que celebrara el samain…
Emiya lo miró con firmeza, y ojos cargado de inteligencia y juicio.
—¿Qué le hicieron a Merlín?
—Nada…el simplemente no estaba en el establo…-Indicó – solo tomamos sus bridas, se la quitamos y huimos.
—¿Por qué no viniste después de eso?
—Si vine.
—¿Eh?
—Diamuid también. Ayer, comimos de tus ofrendas, Diamuid me dijo que no viniera hoy, que te asustaría, que no me querías, pero no pude evitarlo, cuando te vi ayer. ¡Necesitaba verte hoy! ¡Era imperativo! ¡Te extrañé mucho! ¡De verdad quería verte! ¡Emiya! –Manifestó mirándolo con sus ojos ardiendo en aquel sentimiento tan poderoso en su interior. Emiya solo pudo enrojecer. Oh no, cuando miró al otro había colocado los ojos de perro pateado. –Dejame entrar, Emiya…
El hombre de ojos claros hizo un gesto con los labios, pensando, furiosamente pensando, miró a Cú Chulainn directo a esos ojos, como mareas de sangre…
—E…está bien –Dijo, aunque no estaba del todo seguro. Notando el estado del hombre. Cú se movió lentamente y Emiya también, cuando iba a abrir la puerta, sus dedos no dejaban de temblar, haciéndole difícil sostener la lámpara y abrir la puerta al mismo tiempo…
Escuchó los pasos …no, más bien, sintió la presencia de Él en la puerta. Deslizó con sumo cuidado la puerta, solo lo suficiente para un pequeño espacio de visión, encontró uno de los ojos de Cu chulainn iluminado por el interior de la casa… Se miraron…
Cú con cierta timidez…intentó sonreír, pero algo le decía que no debía hacerlo…podía escuchar desde allí como las venas del otro se inflaban y palpitaban… estuvieron unos cortos segundos así, hasta que Emiya abrió por completo la puerta…muy lentamente. La luz del interior le iluminó todo el cuerpo y sintió el grato calor de un ambiente puro y seguro… Podía ver, además, el pequeño aro alrededor de la cabeza del otro… era casi imperceptible, pero sabía que significaba que era especial.
Avanzó un paso al interior y Emiya presagió que haciendo eso ya no había vuelta atrás, se sintió aterrado por la idea de un error…Cuando dio un paso, el retrocedió uno y luego cuando avanzó otro el retrocedió otro con la lámpara temblando en su mano. Luego Cú chulainn avanzó dos pasos y luego tres, cuatro hacia él y lo atrapó en un abrazo largo y apretado…Emiya tembló metido entre sus brazos, en el aroma hierba y agua. Su tacto era frio como la brisa de la noche, como agua de lluvia.
—Perdón por haberme ido de esa manera- le susurró suavemente a su oído. Todo el cuerpo de Emiya se sintió como hecho de una masa gelatinosa. Apretó fuertemente la lámpara… - Te extrañé mucho…mucho.
Luego el abrazo se tornó un poco más suave y afectuoso, el cuerpo cálido de Emiya reaccionaba contra su piel entibiándolo.
—No es por eso que debes disculparte, idiota…-Le replicó Emiya, aún estaba molesto, aunque el abrazo le reconfortaba de alguna manera – me has estado mintiendo durante todo este tiempo…
—Si. También perdoname por eso… pero…-Se separó un poco para verle el rostro atentamente. Ah, esos ojos parecían estar prendidos en fuego- si te lo hubiera dicho…
—...No hubiera dejado que te acercaras, lo sé. –Dijo, asintiendo. Cú lo miró atentamente, aun parecía turbado, el también se encontraba internamente nervioso, si Emiya le lanzaba fuera de su hogar, era el final de todo.
—Sí…-Cú concordó y esperó pacientemente hasta que Emiya se calmara por completo, esto ocurrió cuando por fin pudo sostenerle la mirada.
—¿Por …-Emiya comenzó – Pero…iba a decírmelo?
—¿Hum?
—¿Ibas a decírmelo…?
Cú Chulainn parecía dudar.
—Yo…iba a hacerlo, pero…
—¿Pero?
—tuve miedo…Oye…no quería que me abandonaras. -Le confesó con voz suave y tranquila pero apenado – no todo lo que te dije era mentira.
—¿Hum? –Emiya lo miró atentamente a lo que iba a decir.
—Mis padres y los de Diarmuid si murieron hace mucho tiempo.
—¿Y tú…y él? ¿Cómo se relacionan? –Le preguntó, su voz se escuchaba neutra y carraspeo.
—Es mi primo. –Le indicó – ha pasado mucho tiempo, a veces lo olvido, nos ahogaron en el lago al mismo tiempo.
Emiya dibujó una expresión turbada.
—Lo lamento mucho…-Susurró, pero luego recordó aquello sueños que le visitaban algunas noches.
Se quedaron en silencio mientras Emiya bajaba lentamente la cabeza pensando todo lo que sucedía ahora. Los ojos de Cú corrieron lentamente por la indumentaria del otro, alejándose solo un poco para mirarlo a detalle; estaba usando el camisón azul que él anteriormente había usado. El verlo lo hizo sentir más tranquilo, como un dragón que está rodeado de su tesoro en una cueva.
Solo entonces se permitió sonreír de oreja a oreja y sus colmillos, antes no visibles eran evidencia de la influencia de aquella festividad. Emiya se dio cuenta y también se dio cuenta de cómo brillaban sus ojos…
—Me alegra mucho poder verte…-Dijo cuándo sus ojos se encontraron, a estas alturas, Emiya ya debería saber que Cú chulainn no se guardaba nada para si mismo. Tenía también una extra forma de mirarlo…era algo cautivante la forma en que sus ojos se deslizaban sobre su rostro.
Emiya quería decir que también se alegraba de verlo, que se preocupó muchísimo y se sintió muy solo, abandonado y temeroso, pero no pudo expresarlo como hubiera deseado, solo no podía hacerlo. Desvió discretamente la mirada de sus ojos brillantes, internamente conmovido.
—Pensaba que algo malo te había ocurrido –Dijo en cambio en un susurro.
—Humm…podría decirse que ocurrió algo-Le indicó, Emiya escuchó con atención – Fuimos invitados a una de las tres colinas…en un desfile y no podíamos negarnos. No es bueno hacerlo…
—¿Te has escapado?
—Lo hice.
—No es eso …algo ¿peligroso?
—Sí, pero …no me importa –Le indicó Cú chulainn, aunque Emiya no estaba de acuerdo. Era de mala educación y seguro no sería invitado a ninguna celebración el próximo año. – Quiero pasar el Samain contigo.
Emiya parpadeó, antes de volver a mirarlo. Abrió los labios lentamente.
—…Yo también. –Manifestó en un susurro tímido. Se miraron por unos segundos antes de que Cú sonriera, satisfecho. Emiya sonrió con cierta timidez, pero internamente lo azotaba una felicidad tremenda…
Luego bajó los ojos hacia su mano que sostenía la lámpara, observó que los dedos de Cú se posaban con delicadeza sobre su mano y la tomaban, Emiya lo permitió, vio como la colocaba en una silla cercana.
—Estas empapado –Le indicó Emiya y se alejó de él para buscar una toalla en su armario. Cuando la obtuvo, fue a sala, pero se detuvo al darse cuenta que Cú estaba en el umbral de la puerta e ingresaba a la habitación.
Lo seguía no solo con la mirada, sino que literalmente lo seguía…Se ofreció a secarle el cabello y peinarlo porque en ese instate, el cabello del otro era un desastre…
Cú Chulain llevó la toalla a su cabeza y se secó los cabellos, entonces, Emiya se dio cuenta que tenía los brazos lastimados, efecto de aquella acción. Le jaló un momento hacia la cama donde se sentaron…Cú aún seguía secando su largo cabello con la toalla, se había vuelto muy hábil en ello desde que conoció a Emiya.
—Dejame ver tus brazos. -Le pidió Emiya, Cú por inercia se miró el brazo derecho y comprendió porque se lo pedía…estaba herido y Emiya estaba en contra de las heridas- Lo siento.
—No es tu culpa. –Le respondió Cú Chulainn- eres…realmente muy hábil en eso.
Emiya lo miró con ojos interrogantes, Cú se refería a lo que rodeaba la casa. Emiya lo comprendió.
—Mi padre me lo enseñó-Le explicó- El…era un "mago" muy talentoso…
—¿Qué le pasó?
—Lo mismo que a tus padres. –Respondió el otro con cierto pesar. Cú Chulainn se compadeció, pero no tuvo tiempo de hacer más cuando sintió que los rasguños de su piel se cerraban por completo. Impresionado, volvió a mirar sus brazos, ya no dolía ni ardía.
—Eres increíble, Emiya- Dijo dulcemente y le atrapó en un abrazo para besar su rostro. El hombre se estremeció y paralizado no creyó que podía enrojecer más aun que en ese momento, pero dentro esto era lo que quería.
No diciendo algo, no le apartó, ni le rechazó.
—¿Podemos dormir juntos esta noche? –La pregunta por un momento lo dejó sin palabras, atrapado en esos brazos fuertes y el rostro hermoso cerca del suyo.
—Podemos-Dijo Emiya y vio como los ojos de Cú se iluminaron sobrenaturalmente- Solo dejame arreglarte, estas todo mojado.
Asintió al momento y se levantó de la cama para desprenderse de la ropa que tenía, sus humildes pantalones azules, unos muy bonitos, por cierto, pensó Emiya. Este tardó en levantarse por admirar las acciones tan naturales del otro. Reaccionó cuando este se cubrió la mitad del cuerpo con la toalla ya que había aprendido que podía usarse así también.
Luego volvió a sentarse dándole la espalda y el albino reaccionó…buscando todo lo necesario para su empresa. Los primeros intentos de separar los pequeños nudos fue un terrible suplicio para Cú Chulainn, jamás se peinaba, y agonizó en silencio por unos minutos que fueron los nudos a desatar, luego sintió el placer de ser acariciado con aquel cepillo de dientes anchos…
Se inclinó un poco hacia atrás y su cuello cayó en el hombro de Emiya con suavidad, completamente flojo.
Suspiró de gozo y agregó
—Eso se siente muy bien…-Le sonrió, sus rostros muy juntos. Emiya olía a hierbas, un olor tan rico y agradable; un aura amable que había extrañado. Se miraron largamente, los ojos de Cú tenía un poder hipnótico, y cofre de Emiya emitía una canción muy deliciosa, no quería separarse de él.
De repente la cercanía fue tan mínima, que sus labios se encontraron tiernamente, Cú alzó uno de sus brazos para tocar el cabello blanco y suave. acariciándole, mientras sentía como lo aprisionaba en sus brazos, fuertes y firmes con mucha suavidad. Jugaron a besarse lentamente y lo suficiente como para sentirse satisfechos de aquel sentimiento burbujeante de tenerse uno al otro, cuando lograron separarse, los ojos de Cú se iluminaron cargados de felicidad.
—Tengo algo para ti. –Dijo de pronto, aturdiendo al albino. Emiya permitió que se alejara de él y se sentara de frente, lo vio quitarse algo del cuello, era aquel collar, con el dije en forma de luna, Emiya lo miró y no lo comprendió al momento, hasta que se lo colocaba en su cuello.
—Pero es tuyo… son tus bridas. –Replicó Emiya, tocando la luna en su pecho. Cú parecía emocionado.
—Sí, quiero que las tengas. –Le manifestó- Confió en ti. Sé que tu sabrás cuidarlas.
Emiya lo intentó mirar con seriedad, pero internamente se encontraba terriblemente conmovido y conmocionado. Sabia, lo importante que eran las bridas de un Kelpie. Admiró la forma del dije, una luna perfecta, reluciente.
—¿De verdad? -Quiso asegurarse el albino, con seriedad. Su corazón palpitó emocionado. Permaneció en silencio y tocó aquel artículo sintiendo la magia que provenía de él… Miró a Cú asentir con esa sonrisa cargada de seguridad.
—Has encantado mi corazón, Emiya. –Le proclamó entonces, y tocó delicadamente sus manos cálidas juntos a las propias y frías – Si aceptas mi amor, entonces seré todo tuyo y jamás estarás solo de nuevo. Cuidaré de ti y tu cuidaras de mi como has venido haciendo todo este tiempo.
El rostro de Emiya se transfiguró en una expresión afectada, entre la emoción que inspiraba los sentimientos del amor y algo de vergüenza sana, claro.
—Prometeme que nunca me volverás a mentir. –Le exigió poco tiempo después de reflexionar, turbado y emocionado. Solo entonces Cú comprendió lo importante que era para Emiya la sinceridad.
Su rostro adquirió una expresión solemne.
—Lo prometo. Tienes mis correas, tienes todo de mí. –Le aseguró, dejando en claro que ahora, después de haberle entregado aquel objeto estaba por completo a su merced. Unidos para siempre.
Acercó más bien la cabeza a la suya y estas se tocaron permaneciendo muy juntos. Con las manos unidas y los ojos cerrados, compartiendo un profundo bienestar en sus corazones.
Fin.
Espero les haya gustado.
Nos vemos en otra historia.
