Disclaimer: Nada me pertenece.

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Beso donde no duele

Diego y Lila

Ambientado en algún momento después de la segunda temporada.

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–Es como en nuestra primera cita –dice Diego.

Lila no puede creer que el muy capullo tenga ganas de hacer una broma en ese momento, aunque lo cierto es que ella también estaba pensando en eso mientras cura las heridas con las que su novio ha vuelto de una de sus misiones. No obstante, no dice nada.

–¿Estás enfadada?

Claro que lo está. ¿Es que tiene que explicárselo?

–No, ¿por qué iba a estarlo? –responde sarcástica.

–Yo que sé, no es como si me hubiera hecho esto a propósito.

–Tampoco nadie te obliga a aceptar los encargos de Herb. Podrías dejar de hacerlo. Un día podría pasarte algo peor que esto.

Se abstiene de decirle cuánto la horroriza esa posibilidad, cuánto la asusta pensar que a Diego le pueda pasar algo grave. A veces piensa que estaba mejor sola, sin tener que preocuparse por nadie ni que pasarlo así de mal. También se perdería todas las cosas buenas que le trae su relación y eso es lo que la disuade de marcharse, pero no puede evitar el instinto de huida que la invade de vez en cuando.

–Tú también trabajas para Herb.

–Sí, pero yo lo hago bien.

A Diego le sienta oír eso como una bofetada. Lila es experta en encontrar la cosa más hiriente que decir cuando está cabreada. Ni siquiera tiene que pensarlo. Le sale natural.

Sabe que está siendo injusta, que a ella también la han herido alguna vez, que es lo que tiene el trabajo y que, por lo que Diego le ha contado al llegar, no ha sido realmente un error suyo, sino más bien de quien le dio la información sobre la misión. Sin embargo, su instinto de huida le pide que salga corriendo, que aproveche esa pelea para dejar la relación porque estando sola todo es mucho más sencillo, más triste, sí, pero más fácil. También sería todo más fácil si Diego le hubiera dicho que no a Herb cuando le ofreció trabajar para la comisión en el departamento que se encarga de evitar que ciertos delitos sucedan. Todo es culpa de su maldito complejo de héroe, ese que a Lila en el fondo le da cierta ternura aunque nunca lo vaya a admitir.

Diego sigue siendo un idealista a pesar de todo. Sigue creyendo que puede ayudar a hacer del mundo un lugar mejor y por eso aceptó el trabajo. Es un motivo más noble que la razón por la cual aceptó ella, que dijo que sí solo porque no tenía nada más que hacer. Normalmente la exasperan un poco los ideales de Diego, pero en el fondo también admira esa obstinación con la que se entrega a las causas en las que cree.

Ya ha terminado de curar sus heridas. Los calmantes están haciendo efecto y Diego se está quedando dormido. Lila se permite sonreír. Se va a poner bien. Todo ha sido un mal rato. Se mete en la cama a su lado y lo besa en la mejilla. Él entreabre los ojos, pero enseguida vuelve a cerrarlos. Mañana tendrán que hablar del tema. Por ahora él necesita descansar y, después del susto que ha pasado, ella también.

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Vuelvo después de un tiempo y lo hago repitiendo pareja, pero es que amo a estos dos.

El siguiente es beso en una lágrima que cae.