Este capítulo es continuación directa del anterior. Disfrútenlo!


Capítulo XII

- ¿Por qué me miras así?

- Es que... de verdad creí que nunca lo firmarías.

Ben tenía el documento en sus manos, firmado por ambos, donde se acreditaba su unión en matrimonio. No lo podía creer: por años había ansiado que ella lo aceptara de una manera más íntima y ahora eso sería permanente.

- No debiste pensar eso. De todas formas, tú eres el único que me quiere.

Sus ojos tristes le partieron el corazón. Debía decirle la verdad: él no era el único que la quería. Estaba seguro que Han y Leia también la adoraban... aunque entendía que ella se refería al cariño romántico. Lo que diría a continuación pondría en peligro el documento recién firmado, pero no podía seguir ocultándolo.

- Rey... yo... escucha, yo antes de que pasara todo esto hice cosas de las que me avergüenzo. Y... entre eso está...- ella lo miraba con atención, así que respiró profundo. Ya no había vuelta atras- Rey, había más hombres en el Supremacy interesados en ti.

La joven no reaccionó, de modo que tuvo que continuar su relato.

- Ya no recuerdo cuántos eran. Yo... yo apenas sabía, me deshacía de ellos: los despedía o los cambiaba de nave para que no se toparan contigo. Sé que no debí hacerlo, me involucré en tu vida personal sin tu autorización. De verdad lo lamento- confesó arrepentido

- ¿Por qué lo hiciste?

- En ese entonces no era el hombre que tú esperabas de mí y creo que no hubiera soportado que te enamoraras de alguien más.

- Sé que esperas que esté molesta, pero no puedo, porque yo... yo hice lo mismo.

La observó sorprendido mientras ella se sonrojaba, evitando su mirada.

- En el Fulminatrix y después en el Supremacy, hubo mujeres que se me acercaron. Ellas no conocían tu cara, pero llegaban a mí con cartas dedicadas a ti. Me pedían que te las entregara porque en el fondo temían tu rechazo. Y yo... discúlpame, la verdad, es que las leí todas y me enojé tanto... a todas les dije que no. Que ya estabas enamorado de alguien más. Sé que fue tremendamente inmaduro de mi parte, pero tenía 17 y reconozco que lo volví a hacer a los 18, perdóname - le rogó avergonzada

- Hiciste lo correcto. Yo habría respondido exactamente lo mismo.

Ambos se miraron sonrojados. Ben tomó el documento y lo envió. Luego abrió un cajón y sacó la cajita negra aterciopelada. Ella le sonrió cuando con un pequeño gesto le pidió su mano izquierda. La joven aceptó, observando en silencio cómo colocaba el hermoso anillo en su dedo anular: era increíblemente ostentoso en comparación a la simple ropa que ambos llevaban puesta.

- ¿Me perdonas si me lo quito para ir al baño? Necesito ducharme- inquirió risueña

-Solo esta vez... Porque tendrás que usarlo el resto de tu vida- bromeó

Le dio un efusivo abrazo, como tantas veces hizo antes, para luego caminar hacia el armario y sacar su pijama, en silencio.Pensó que confesarle sobre sus actos en contra de las "cartas de amor" sería humillante; muy por el contrario, fue liberador.

Aquel día había sido muy extraño y lleno de revelaciones. Necesitaba descansar y relajarse. Tomó una ducha. Después de secarse el cabello, se lo dejó suelto y se puso otro camisón para dormir, estampado con vulptices. Era delgado y fino como el de porgs. El aire acondicionado le permitía dormir así a pesar del frío del exterior. Se colocó una bata blanca antes de salir.

Lo vio también secándose el cabello, con el pijama negro completo puesto. Al parecer se había duchado en el baño de la otra habitación.

- Ben- él apagó el aparato- ¿Por qué colocaron una sola cama si hay más de una habitación?

- Porque descubrí tu secreto.

- ¿Cuál?

-¿Tienes más de uno?- le sonrió coqueto

- Ben, hablo en serio- se molestó

- Cada vez que yo salía de viaje, dejaba mis aposentos cerrados con cámaras de seguridad grabando día y noche. Bien sabes que nunca he confiado en nadie ahí. Y cuando volvía, las revisaba. Adivina con qué me encontré, no una vez, sino siempre.

La joven estaba tan roja que realmente deseó correr y esconderse para nunca más ser hallada por él. Ahora sí no soportaba la vergüenza. Se sentía expuesta en lo más íntimo de su ser.

- Lo sé hace años, pero me sorprende que lo siguieras haciendo. Si tanto te gusta mi cama, entonces la vamos a compartir- añadió

Él siguió secándose el cabello como si nada, cuando ella sintió que todavía no podía aceptar esa propuesta.

- Eso yo lo hacía cuando no estabas. No contigo ahí.

- Entonces piensa que no estoy. Es lo mismo. No haré nada que no quieras.

- Pero...

- O duermes aquí o en el suelo. No hay más opciones.

Él apagó la luz y se metió a la cama, ignorando que ella seguía de pie sin saber qué hacer. Ben la conocía: era escurridiza, siempre lo fue. Poner otra cama sería una desventaja.

Para Rey, firmar ese papel no significó mucho. Había firmado centenares de documentos antes y ese parecía uno más... recién ahora se percataba de lo que él planeó desde el inicio del viaje.

- Ben, es que yo...- pero no logró terminar la frase

- ¿Recuerdas las dos veces que te traje envuelta en sábanas y dormimos en mis aposentos?

- Sí.

- Imagina que es lo mismo, solo que sin sábana de por medio.

Lejos de tranquilizarla, escuchar eso la perturbó más. ¿Qué iba a hacer si lo tocaba sin querer? ¿Realmente sería sin querer? ¿Y si...?

- ¿Vas a venir o no?- le reclamó

Ella suspiró. Dejó la bata colgada y se metió a la cama. Al menos era bastante grande así que dudaba que se lo topara. Aunque le hubiera gustado que fuera más pequeña para tener la excusa de haberlo tocado "por la falta de espacio".

- Buenas noches- se despidió él

- Buenas noches.

Pero ella se movía demasiado en la cama, tratando de acomodarse.

- Si quieres te doy un beso de buenas noches para que duermas tranquila- le ofreció Ben- Tú me lo diste antes y funcionó.

- Me robaste más de uno.

- Los que sean necesarios para sentirse mejor. Fue un día difícil.

Sí, todavía seguía tensa por todo lo ocurrido. No podía dejar de lado que quizás no era una Palpatine como le habían enseñado. ¿Quién era entonces? ¿Dónde estaban sus padres?

Ben se acercó un poco a ella, tomando en cuenta sus emociones recientes, las que logró leer como casi siempre lo hacía. Muchas veces Rey ni lo notaba... de verdad el vínculo los unía hasta en sus pensamientos menos perceptibles.

- Bueno, dame uno- aceptó

La calidez de sus labios la hizo estremecer, más aún sabiendo lo cerca que estaba su cuerpo, de lado, acostados frente a frente. Y no... un beso nunca sería suficiente entre ellos. Ben lo sabía, ella también, pero no quería admitirlo. El segundo fue más profundo, el tercero venía con un abrazo de regalo que ella no pudo rechazar, entrelanzado su cuerpo al de él en suaves movimientos de piernas.

Ben trató de respirar. Se estaba ahogando entre los besos y su propia oxigenación intermitente causada por tenerla unida casi por completo a él. La ropa era una barrera innecesaria entre ellos, aunque no sabía cómo plantearle aquello.

- Me encanta tu pijama- le murmuró agitado

- El tuyo no está mal.

- Pero me molesta. Me lo quiero quitar.

Rey iba a reclamar. Eso no venía con el "beso de buenas noches" original , eso ya era otra cosa y él lo sabía. No veía nada, solo lo sintió alejarse y empezar a lanzar ropa sobre las sábanas.

- Ben, qué haces, esto no era lo que yo--

- Solo me dio calor, no haré nada que no quieras- la interrumpió

- Pero íbamos a dormir.

- Muchas veces duermo semidesnudo.

No mentía. Le encantaba poner el aire acondicionado en la temperatura ideal y dormir solo con ropa interior. Aunque en el fondo de su ser deseaba tentarla a que ella hiciera lo mismo.

- Deberías intentarlo. A mí me agrada- agregó

- ¡No! ¡Claro que no! Menos ahora.

- Pensé que me tenías confianza.

- No así, Ben. Es que tú no entiendes...

- ¿Qué no entiendo?

- Olvídalo- se giró en dirección opuesta, tratando de calmarse

- Disculpa si te incomodé. Volveré a ponerme el pijama.

- Ya déjalo así. Estoy bien...

- ¿Aunque duerma solo con--

- ¡Ben, ya basta! ¡¿Qué planeas?! Me desesperas,¡no sé qué hacer contigo!

- Yo sí sé.

Estaba perdido en las intensas emociones que ella le hacía sentir. Ni siquiera sabía exactamente a qué se refería cuando le respondió de ese modo. Solo quería estar más unido a ella como por tanto tiempo anheló, en la misma cama, sintiendo su piel, su respiración agitada, su intimidad húmeda... Se acercó con cautela, no quería ser atrevido aunque supuso que su casi desnudez ya lo era. Pero de verdad no soportó la ropa, tenía demasiado calor y los besos de su ya esposa no aliviaban su sentir, era todo lo contrario, estaba más extasiado.

Su espalda sintió el vacío del colchón. O caía al suelo o aceptaba acercarse a él, quien la estaba acorralando sigilosamente.

- Ben, por favor, me dijiste que no harías nada que yo no quisiera hacer.

El joven se detuvo y comenzó a retroceder. "Lo lamento" le dijo a través de la Fuerza. Entonces le dio la espalda y se quedó quieto en su lugar. Rey se sintió aliviada ante la ausencia de presión, pero verlo en esa actitud tan cerrada la preocupó.

- ¿Estás bien?- le preguntó

- Tal vez seamos una Diada y tengamos que estar unidos en muchos sentidos, pero quizás la carnal no sea una de ellas. Descansa, Rey.

- No creo que sea así. Es que yo... no sé qué hacer- le confesó pudorosa.

- Yo tampoco sé qué hacer exactamente. Mis expectativas son cada vez más bajas, ya que dudé que alguna vez quisieras hacerlo conmigo. Te deseo, Rey, desde hace años, y quizás antes era solo eso hasta que me di cuenta que me había enamorado de ti; lo cual fue peor, porque sabía que estaría condenado a amarte aunque tú no lo hicieras. No soy de piedra... nunca lo fui.

Todo se lo dijo dándole la espalda en la oscuridad. Ella lo escuchó atenta y cada palabra caló en su corazón. Ese mismo corazón enamorado, que también veía esa situación como algo irreal, que nunca ocurriría... solo en sus sueños. Pero él ahora estaba ahí diciéndole la verdad, Su verdad, y ella quería ser igual de sincera.

- La primera vez que me besaste, no sabía lo que ocurría, hasta que después lo entendí y ahora no puedo vivir sin tus besos- admitió - Yo... también te deseo, Ben, ni te imaginas cuánto. Por eso te miraba entrenar, me gustaba imaginar que me amabas.

- Pero sí te amo- le respondió volteándose para mirarla en la penumbra.

- Lo sé, pero me asusta... y cuesta aceptarlo cuando sientes que no mereces ser amado, porque ni siquiera sabes quién eres en realidad.

Ambos perfiles se posicionaron de nuevo, frente a frente en la cama.

- Sé que tampoco merezco tu amor después de todo lo que hice mal y aun así me muero si no lo tengo. Eres lo que me motiva a ser mejor. No importa de dónde vengas ni tu linaje, lo único que marca quién eres en realidad eres tú misma y para mí eres la mejor en todo- le acarició su mejilla hasta llegar a su largo cabello

- Lo dices porque fui tu aprendiz- se rio

- En parte sí, tuviste al mejor maestro.

- Eso no lo dudo.

- Ahora podríamos aprender juntos.

- Aprender ¿qué?

- Sabes exactamente de lo que hablo.

- Solo quería saber si seguías atento.

Lo besó con intensidad, tomando con sus manos su rostro, como si se le fuera a escapar, mientras él la abrazaba por la cadera. Se giró, quedando de espaldas a la cama y ella sobre él, quien seguía entretenida con su boca. Descubrió que aquel camisón era corto y escurridizo, dejando sin tela sus glúteos muy bien formados, donde sus manos encajaban perfecto. Se deleitó acariciándolos, frotándolos y apretando contra su propia entrepierna, mientras escuchaba los delirios de ella. Fue entonces cuando Rey lo entendió, como de verdad la ropa se volvía un estorbo, como la desnudez ahora debía ser su mejor aliada, sin pudores.

"Desnúdame..." por fin le solicitó a través de la Fuerza, liberando a su esposo para que le quitara por fin esa tela que lo separaba de su cálida piel.

Él obedeció de inmediato, deslizando la suave tela hasta que la ayudó a quitársela cuidadosamente por la cabeza. Ella lo abrazó con timidez, uniendo sus pechos vírgenes al fornido tronco que la recibió gustoso. Se quedó ahí quieta, sintiendo aquellas enormes manos acariciar su espalda. Se atrevió a besar su cuello con ternura, pero para el hombre ese fue un gesto sumamente provocador.

Desesperado hizo pedazos la ropa interior que cubría la cadera de la joven, sacando los restos de entre las sábanas y lanzando la tela al suelo.

- No alegues, tienes muchas iguales- murmuró ronco

Con gran habilidad se despojó de la suya, logrando que Rey respirara abrumada al notar que ya no había límite entre ellos.Para su sorpresa, fue ella la que se empezó a descontrolar, volviéndose más efusiva al tocarlo y al frotarse contra él.

- Rey... Rey... Rey cuidado me voy a caer- tuvo que advertirle cuando se vio al borde de la cama

- Perdón - le escuchó decir en un susurro, mientras se alejaba de él

- No te vayas...- murmuró, volviendo al centro de la cama

- Creo que no lo hago bien.

- Me gusta lo que haces, pero si lo haces lento lo disfrutaremos más.

La abrazó de nuevo, un brazo por los hombros, otro por la cadera, sus piernas se entrelazaban otra vez. Le encantó escuchar el suspiro que hizo al sentir sus intimidades toparse. Pero ella seguía muy nerviosa, su cuerpo estaba demasiado inquieto.

- ¿Qué ocurre?- le preguntó manteniendo el abrazo

- Siempre quise que fueras mío.

- Acabo de firmar un papel al respecto- se rio

- ¿A ese sentimiento se referirá la Diada? Es que no puedo dejar de pensar en eso... y en cómo todo ha cambiado tan rápido estos últimos meses.

- Pero fue para mejor.

- Sí, lo sé...

- Ahora quiero que te relajes y pienses solo en nosotros, en mí, en lo afortunada que eres al tenerme desnudo- la sintió reir

- De acuerdo. Pero prométeme que leeremos cuanto antes los libros Jedi que trajiste.

- Lo prometo. ¿Y sabes? Te tengo una sorpresa.

- ¿Qué sorpresa?

- Sé que debí enseñarte antes, lamento eso, pero ahora traje todo lo necesario junto a tu cristal kyber.

- ¿Tú... en serio voy a...?

- Construirás tu propio sable, Rey.

Su emoción fue tal que ahora sí que estaban unidos literalmente. Estaba aferrada a él por completo haciéndolo sonrojar hasta las orejas.

- Gracias- le dijo en voz baja con alegría - Pensé que nunca me enseñarías.

Él ya no le contestó. Hacerla suya era su meta, por primera vez y para siempre. Por eso la tentación lo venció, adueñándose de su boca otra vez.

Rey ahora tenía aún más razones para besarlo con gusto, para hacer todo lo que él quisiera... y todo lo que ella quería hacerle a él. Entonces ambos lograron sintonizarse al mismo ritmo, mismos movimientos y deseos.

- No te detengas, aunque te lo diga... no me hagas caso... Solo hazlo- logró modular jadeante en su oído, percibiendo como acercaba su caliente entrepierna a la suya.

Aquello fue una orden que él cumplió al pie de la letra. Ahora por fin tenía en la espalda cicatrices por amor y no de guerra... Y es que rasguñaba muy fuerte su mujer, aunque supuso que él igual era responsable de eso. Quizás estaba siendo muy brusco con cada estocada que le daba, pero no podía detenerse, ya no... Ese lugar era tan excitantemente estrecho que con cada movimiento se abría en los dos un mar de sensaciones desconocidas que iban desde la incomodidad hasta un disfrute sin igual. Quedó convencido de que lo estaba haciendo bien tanto por su éxtasis personal como por los fuertes gemidos entrecortados de su joven compañera.

Estaba fascinado aprisionando sus pechos mientras le hacía el amor, cada detalle de ella lo volvía loco, y es que por fin la poseía... aquella jovencita rebelde que casi lo llegó a odiar ahora estaba bajo sus caderas, regalándole sus quejidos llenos de deleite. Su intimidad era una delicia y cada roce provocaba que ella enterrara más sus uñas, desesperada. Sonreía de solo escucharla.

Dolor, asombro, miedo, deleite, excitación, placer... tanto y más que no sabía cómo describirlo. Se había entregado por completo a él y no se arrepentía en absoluto. Sentirlo dentro de ella era tan caótico como cautivante... de aquí en adelante ya no podría vivir sin que él le hiciera "eso".

Quejidos más fuertes y él no aguantaba más. Ya no había rincón donde no hubiera estado. Ben tomó el poder absoluto y Rey quedó sin voz con aquel desenlace. Por un momento a ambos se les olvidó hasta cómo respirar... olvidaron todo y les dio igual. Nada más importaba ahora, solo ellos y esa agradable sensación de pertenencia absoluta.


Pronto sabremos qué ocurre con el resto de la galaxia. Hoy quería centrarme solo en ellos dos. Saludos a todos y gracias!! :D