El epílogo de esta historia ya está publicado, para que pasen a leerlo a continuación.
Muchas gracias por leer y comentar.
Capítulo XVIII
Dime qué consideras tu mayor fuerza, y sabré cuál es la mejor forma de vencerte.
Dime cuál es tu mayor miedo, que yo sabré cuál debo obligarte a afrontar.
Dime qué es lo que más quieres, y sabré qué debo quitarte.
Dime qué ansías, para que pueda negártelo...
Ambos despertaron de inmediato. Se miraron mutuamente, asustados. Todavía estaban recostados en ese enorme sofá. Trataron de calmarse antes de hablar, conociendo a la perfección lo que escuchó cada uno: el mismo mensaje, la misma voz.
- Ya llegamos- fue Luke quien les avisó primero- Él está aquí, puedo sentirlo.
Hubo un silencio entre los tres: sabían que lo que se avecinaba era riesgoso e inevitable.
Pensaron que todos los destructores estelares que ahora rodeaban Mandalore los atacarían, pero no. Les abrieron el paso sin siquiera preguntar. Todas las flotas de la Nueva Primera Orden y la Resistencia entraron a la atmósfera del planeta sin dificultad. Aquello los preocupó. ¿Sería una trampa?
"Acércate a mí. Podemos arreglar los asuntos de una manera civilizada"
"Quisiera creerte, pero siempre me has mentido"
"Sé que anhelas saber quién soy y yo quiero darte todo lo que siempre quisiste"
- Dirige el Fulminatrix al Palacio- le solicitó Ben a Poe, quien obedeció al instante
Todo continuaba en supuesta tranquilidad, aunque cada nave, persona y droide estaba en posición de batalla.
- Ben, ¿estás seguro de esto?- le preguntó Rey, tomando su mano
- Sí, no atacaré a menos que él lo haga primero. No arriesgaré más vidas innecesariamente si nos quiere solo a los dos. Madre, tú te quedas a cargo mientras no estamos. Eres superior a Hux, toda la Nueva Primera Orden debe obedecer tus órdenes. Al primer disparo, comienzas a atacar.
Ella se acercó y acarició la mejilla de su hijo.
- No tengas miedo de ser quién eres. No te dejes doblegar.
El consejo de su madre le infundió valor. Ella confiaba en él; ahora toda la galaxia cifraba su esperanza en ellos. Era agradable sentir que hacía lo correcto y que sus padres estaban orgullosos de eso.
- Nunca olvides de dónde vienes- le recordó Han a su nuera, entregándole un medallón con el símbolo de la Alianza Rebelde.
Ella se emocionó hasta las lágrimas de solo verlo. Era el símbolo de su familia. Ben sonrió mientras su padre lo ataba al cuello de Rey.
- Luke, tú ve al frente de las tropas. Te avisaré si necesito de tu ayuda- le encomendó Ben a su tío
La pareja bajó desde el Fulminatrix con sus manos entrelazadas. El suelo de Mandalore se sentía más árido que de costumbre. El vendaval levantaba la arena continuamente. Caminaron al palacio sin soltarse, con su mano libre sujeta en el sable de luz. Todo continuaba en una calma que amenazaba con quebrarse en cualquier momento.
Encendieron sus sables ante los guardias de la entrada, vestidos de rojo, similares a los que tenía Snoke. Sin embargo, estos no atacaron. Al contrario, les abrieron paso como si los estuvieran esperando. Rey admiraba la hermosura del palacio que recorrían, mientras Ben estaba atento a cada movimiento de los guardias. No soltó a su esposa ningún instante.
"¿De dónde salió todo esto, Ben?"
" Yo lo mandé a construir"
"¿En serio? ¿Cuándo?"
"Hace mucho. Pensaba gobernar contigo desde aquí"
Rey tenía claro que Ben, siendo Kylo Ren, deseaba tener su sede política en ese planeta. Ella solo lo acompañó una vez, dado que él le insistía en que tomara su lugar como Emperatriz. Pero aquella reunión no se realizó en ese palacio. Fue en otra construcción, rodeada de jardines, donde él le dio su primer beso.
Llegaron a la sala central. Aquel lugar era lujoso, amplio y de enormes ventanales. Un alto y esbelto alienígena estaba sentado en el trono principal. Nadie ocupaba el que estaba a su derecha.
- ¿Te sorprende mi recibimiento?- le preguntó, mientras sus visitas lo observaban fijamente.
Hubo un breve silencio. La joven nunca había visto a un muun en directo. Dirigió su mirada hacia Ben, quien no demostraba emoción alguna frente a su oponente.
- No. Supongo que algo tramas- respondió finalmente el más joven de los Skywalker
- Solo quiero contemplar a la Díada de la Fuerza. La misma que yo reuní. No aparecía una en generaciones...
- ¡¿Qué pretendes?!- lo interrumpió Rey
El muun estaba recostado en el trono, con clara despreocupación. No dejaba de observarlos.
- Ustedes tienen algo que me interesa. Algo que ni siquiera con la manipulación de midiclorianos he conseguido.
Ben abrió sus ojos en asombro. Había un solo ser que dominó esa alquimia Sith hace muchísimos años, pero estaba muerto... ¿cierto?
- Si eres quien creo, dime: ¿cómo sobreviviste a la muerte?- cuestionó el joven, intrigado por la verdadera identidad de su enemigo
El muun se levantó del trono, caminando en círculos alrededor de los dos. La sala seguía llena de guardias petrorianos.
- Sidious fue lo suficientemente ingenuo para creer que algo tan burdo me mataría. Lo dejé vivir una mentira, al igual que a ustedes. Él estaba obsesionado con El Elegido y reconozco que hizo un buen trabajo llevando a tu abuelo al Lado Oscuro. Me sorprendí cuando Darth Vader lo traicionó y decidió matarlo para salvar a su hijo. Palpatine quería gobernar todo el universo a su manera y casi lo logró. Su problema fue ignorar lo que para mi es fundamental.
La presencia de aquel ser perturbaba a Rey. Sentía como el Lado Oscuro la envolvía con solo tenerlo cerca.
- A tu abuelo le interesaban mis conocimientos. El secreto de la longevidad no está al alcance de cualquiera. Lástima que mi intención no era ayudarlo.
- ¿Te crees eterno, Darth Plagueis?- lo desafió Ben
- Me alegra saber que conocías de mi existencia- le sonrió
Rey miró a su esposo consternada. ¿Cómo es que conocía su nombre? ¿Por qué nunca se lo dijo? ¿Era un sith?
- Por ahora no soy eterno- respondió el muun-, pero con ustedes lo lograré muy pronto.
- ¡De lo que sea que estén hablando, no lo haré!- exclamó decidida, encendiendo su sable de luz dorado- ¡Tú mataste a mis padres! ¡Nos engañaste! ¡Snoke era uno más de tus sirvientes, cobarde!
Llena de ira se abalanzó contra él, dispuesta a cobrar venganza por sus seres queridos.
- Veo tanto odio en ti, niña... Tienes tanto potencial...- evadió sus golpes, aumentando el enojo de Rey- Que quede claro: ¡no soporto las faltas de respeto!- gruñó, utilizando la Fuerza para anular su respiración.
La castaña quedó suspendida en el aire, mientras su sable doble rodaba apagado por el suelo.
- Eres un maldito- siseó Ben, encendiendo su sable
- ¿Quieres que la mate aquí? ¿Frente a ti? Más te vale que controles a tu esposa- lo amenazó - A mí nadie me desobedece sin sufrir las consecuencias- entonces la lanzó a sus brazos, al mismo tiempo que ella recuperaba el oxígeno - Te conozco desde que naciste. Sé lo importante que es ella para ti, Kylo.
- ¡Él no es Kylo Ren!- exclamó, provocando que su esposo la mirara con severidad
"¡¿Qué haces?! ¡Casi te mata!"
"¡¿Qué haces tú siguiéndole la idea?!"
"Sacando información, ¿no entiendes? Necesito saber qué es lo que planea. ¡No seas impulsiva!"
- Dime qué quieres y qué pides a cambio - solicitó Ben a Darth Plagueis
- Esperé muchos años para encontrarlos y unirlos. Lo que ustedes son ahora es gracias a mí - Rey quería volver a gritarle, pero Ben se lo impidió, jalando su brazo- Aunque no estoy satisfecho con tu labor, Kylo. Te la di para que gobernaran juntos la galaxia, para que en un futuro se unieran a mí en el camino de los Sith, y nada de eso sucedió. Eres débil. Una copia barata de Darth Vader.
Ben apretó los puños y los dientes... ya estaba perdiendo la paciencia.
- Sin embargo, el poder de ambos es inigualable. Quiero que gobiernen conmigo, que sometan a cada ser viviente del universo, que sean los Sith que sus antepasados fueron. Si deciden ser mis aprendices, en poco tiempo lo lograrán.
- ¡¡Jamás!!- gritó Rey, descontrolándose
- Si ese era tu objetivo, te habrías aparecido mucho antes, cuando maté a Snoke- lo contradijo Ben- Esa no es la razón por la que nos quieres aquí. Hay algo más.
- Eres inteligente, Kylo, pero no sabio. ¿Olvidas que conozco cada rincón de tu atormentada mente? Eres obstinado al igual que ella. Preferiste darle el gobierno de la Primera Orden a esta jovencita en vez de cumplir tu destino. Habría sido tan fácil de haber accedido... en ese caso nadie tendría que morir- se colocó directamente frente a ellos- La Díada es fuente de vida. Ustedes me harán eterno.
El muun hizo una señal y el ataque comenzó, no solo contra ellos en el palacio, sino contra toda la flota que venía con la pareja. Ante eso, la General Organa también inició el combate aéreo.
El sonido de las explosiones en el exterior retumbaban en la construcción, mientras la Díada de la Fuerza luchaba con unos 20 guardias pretorianos. Sus movimientos ágiles y sincronizados hicieron sonreir a Darth Plagueis, quien los observaba con gusto. Su sorpresa fue mayor cuando los vio enviarse objetos a través de la Fuerza.
Ben estaba aterrado. No por lo que estaba ocurriendo en ese momento, sino por lo que sabía que pasaría. Conocía las ciencias oscuras, lo que un Sith era capaz de hacer con tal de cumplir su propósito. Snoke experimentó por años. Tenía laboratorios, los cuales destruyó cuando lo mató. Pensar que Rey pudiera ser víctima de esas torturas lo hizo entrar en pánico.
Después de algunos minutos, todos los guardias yacían muertos. Rey respiraba agitada, satisfecha de su labor. Cuando vio a su esposo, notó que su semblante no reflejaba para nada la serenidad que ella logró sentir al verse fuera de peligro inminente.
- Esto es maravilloso- los aplaudió el sith- Ni siquiera quiero imaginar el conteo de midiclorianos de cada uno. Sus hijos serán mis mejores armas.
- ¡Ni creas que te daré a mis hijos!- exclamó furiosa, lanzándose en su contra
- Por supuesto que lo harás.
En ese momento Ben entendió a cabalidad el plan de Darth Plagueis. Era peor que ser un experimento: era vivir sin tener voluntad propia. Lo que ese Sith por tantos años quiso hacer con él, ahora planeaba obtenerlo de ambos: anular su raciocinio, incapacitándolos para tomar decisiones. ¿Tan poderoso sería su control mental?
El Sith respondió las estocadas de Rey varias veces hasta que elevó su sable carmesí, provocándole un profundo corte en la mejilla izquierda. Ben fue en su defensa, logrando que su contrincante retrocediera de su sitio. Se arrodilló ante ella, quien aún estaba en el suelo adolorida. Tomó su rostro con ambas manos y se concentró. En consecuencia, Rey sintió sus energías renovadas y su piel intacta.
- Esto es mejor de lo que creí - añadió el muun, al presenciar semejante acto curativo
Ben se levantó airado volviendo al ataque. Sin decir una palabra, desató su odio contra aquel ser que se había atrevido a lastimar a su mujer.
- ¡Eso es Kylo Ren, sabía que seguías vivo! -exclamó mientras sus sables se mantenían cruzados, sin ceder
- ¡Ese no es mi nombre!
El hombre tenía una ganas enormes de decapitarlo en ese mismo instante, hasta que el muun lo desestabilizó y empujó contra una de las paredes, rompiendo parte de la estructura del palacio. Rey arremetió de nuevo, pero quedó paralizada en medio de su trayecto.
El grito desgarrador de la joven provocó que Ben saliera más rápido de entre los escombros. El Sith intentaba controlar la mente de su esposa sin piedad. Fue directo contra él, pues debía matarlo cuanto antes. No obstante, apenas se le acercó, la Oscuridad lo cegó, entrando a aquellas horribles pesadillas que tanto lo torturaron en su niñez. Esta vez no eran simples ilusiones: eran la realidad.
"¡Es Darth Plagueis!"
Cuando Luke escuchó en su mente la voz de su sobrino, después de años bloqueado por él, junto a aquel nombre, sintió que todo su mundo se detenía.
"Quiere nuestro poder. A la Diada"
Cuando ya no lo escuchó más, percibió un enorme quiebre en la Fuerza. Informó de lo acontecido a Han y dejó a cargo de las tropas de stormtroopers a Finn. Todo aquel planeta estaba repleto de troopers de elite con trajes negros defendiendo a su líder.
Corrió hacia el palacio. Sin embargo, quince darktroopers que le pertenecían al Sith le cerraron el paso. Aquello lo retrasaría un poco. Mientras tanto, rogaba a la Fuerza para que Rey se acordara de lo que le enseñó: esa técnica podría salvarlos.
Ella no paraba de gritar, arrodillada en el piso con la cabeza entre sus manos. Ben no era la excepción, aun así trataba de gatear en el suelo para estar cerca de ella. Sentían que la cabeza les iba a estallar. Entre lágrimas y sudor intentaban liberarse de su control, sin mucho éxito.
Para el Sith, la victoria estaba asegurada. Entre más se negaran a su dominio, más dolor les causaría. Él ya conocía sus pensamientos: tanto los de Ben desde pequeño, como los de Rey cuando él mismo borró sus recuerdos. Ni siquiera Snoke conocía la verdadera identidad de la joven.
Ni convenciendo a la chica de ser una Palpatine, ni haciéndola sufrir por el supuesto abandono y trabajo forzado en el desierto, consiguió que sucumbiera a la Oscuridad. Al contrario, se llevó a Kylo Ren con ella, su mejor prospecto a aprendiz. Llegó a aborrecer a la mujer por cambiar sus planes. Ahora pagaría por su alevosía.
-Quédense conmigo- la escuchó murmurar, una y otra vez, pensando que ya estaba delirando- Quédense conmigo...
Entonces algo extraño sucedió, algo que ni él mismo pudo explicarse: se desconectó de la mente de ambos porque simplemente sus pensamientos se bloquearon, como si algo muchísimo más poderoso ocupara ahora ese lugar.
Algo a lo que él no pudo ingresar.
El alivio en los jóvenes fue evidente. De pronto, muchas escenas, una tras otra, de ellos juntos, empezaron a rodearlos, como si el tiempo se detuviera dentro del caos que Darth Plagueis estaba provocando.
"¿Por qué la Fuerza nos conecta?"
"La gente sigue diciendo que me conoce... temo que nadie lo hace"
"No puedes volver con ella, así como yo no puedo"
Ninguno podía ver al otro en aquel grisáceo sitio, solo las imágenes, como si fueran recuerdos.
"No puedes escapar, Rey, no de mí. Hay tanto dolor en ti, tanta rabia"
" No tienes que hacer esto"
"Me llamaste monstruo"
"¡Eres un monstruo!"
Ambos se exaltaron. Seguían buscándose, pero estaban en un camino sin salida. Ben recordó las palabras de su tío, así como Rey la visión que tuvo en la cueva de Ahch-To: la Diada de la Fuerza, en cualquier realidad, se encontraría, aunque algunas resultarían peores que otras.
Rey intentó gritar el nombre de su esposo. Su voz no salió. No entendía qué quería decirle la Fuerza con todo esto. ¿Dónde estaba? ¿Y el sith?
"No estás sola"
"Tú tampoco"
"Somos una Diada en la Fuerza, dos que son uno"
"Rey, únete a mí, por favor"
"Querías tomar mi mano, ¿por qué no lo hiciste?"
La Rey de las escenas no era su esposa: era su enemiga. Reconocerla atacándolo llena de furia hirió su corazón. Entendió que había una versión de sí mismo mucho más orgullosa y egoísta, que terminó por alejar a quienes más quería. Decidido a seguir sus ideales, Kylo Ren se distanció de su familia y de quien sería su redención...
" Su compasión por ti será su perdición "
"Yo quería tomar tu mano... La mano de Ben"
Rey no podía parar de llorar. ¿Es que acaso en las escenas ella estaba muerta? ¿Él estaba muerto? ¿Por qué peleaban? Todo era inmensamente triste y ella solo quería volver con él. Envolvió en sus manos aquel medallón que le recordaba la lucha por la libertad...Pero aquel panorama era desolador ¿No era eso lo que advertían los textos jedi si no conseguían el balance?
-¡Ben! ¡Ben! ¡No me abandones!- gritó, abrazándose a sí misma
"Compasión que yo definiría como amor incondicional, esencial para la vida de un jedi"
Era la voz otro hombre y, sin embargo, le encontró sentido a cada palabra.
¿No era la compasión la que la motivó a quedarse al lado de Kylo Ren en sus peores días? ¿No fue compasión lo que sintió él cuando Snoke la quiso matar? ¿La misma compasión que ella sentía al curarle sus heridas físicas y emocionales? ¿Ese amor incondicional que llevó a Kylo devuelta a la Luz, dándole esperanza?
Ben sonrió: era la voz de su abuelo. El amor siempre sería el sentimiento más poderoso de todos, el que lo hacía sentir completo, en equilibrio.
Por fin la encontró, ella estaba llorando. Le extendió la mano.
- En cualquier realidad te amaré - la consoló
Ella agarró con firmeza la mano de su esposo.
- Y yo a ti.
En medio de esas visiones, parecían indefensos. No obstante, el sith no pudo dañarlos, porque una potente manifestación de la Fuerza los rodeó. Darth Plagueis debía estar entusiasmado con tal desplante de poder, ya que evidenciaba que sus cálculos eran certeros, pero esa alegría se transformó en preocupación. Sin duda, la Díada de la Fuerza era la muestra palpable del poder absoluto, de la vida misma y de la destrucción. Ese último detalle que él prefirió ignorar lo llevaría a su desgracia.
Luke por fin entró al palacio, luego de hacer pedazos a los darktroopers. Lo que se encontró allí era indescriptible: Ben Solo Skywalker y Rey Marek Eclipse tomados de la mano, rodeados por auras blancas y negras que se movían entre ellos en una expresión visible de la Fuerza que el jedi desconocía por completo. Frente a ellos, Darth Plagueis horrorizado. En ese momento lo supo: el Sith estaba oliendo su propia muerte.
Luke miró orgulloso a la joven. Rey había aplicado lo que le enseñó: conectarse por completo con la Luz, invocando a los antiguos jedis, liberaría su mente de quien quisiera someterla. No solo la de ella, sino también la de su otra mitad.
En un intento desesperado, el Sith quiso volver a controlar la mente de ambos. La pareja lo miró indiferente. Sus ojos brillaban y de sus bocas se oían voces al unísono como si hablaran decenas de personas a la vez: eran jedis del pasado que vivían en cada palabra.
Me hablas desde tu mente
Nada de eso me importa.
Puedo ver tus labios moviéndose
Pero acabo de aprender a no oírte.
Ya no desperdicies tu tiempo...
No podía perder. Tenía la fuente de la eternidad frente a sus ojos. Esta vez encendió dos sables de luz rojizos al mismo tiempo dispuesto a atacar. Luke observaba desde lejos; no sería necesario intervenir.
Nunca es suficiente para ti
Ya no quiero jugar tu juego
Nunca más
No importa lo que digas
Ahora que ya lo he intentado todo
Mitigaré el dolor
Hasta hacerme de piedra ante ti
Piedra, eso parecía lo que tenía el Sith frente a él: un bloque impenetrable de la Fuerza que los rodeaba y que destruía todo a su paso. Empezaron a caminar hacia él. Sus sables se volvieron inservibles cuando ellos alzaron las manos para detenerlos. En un abrir y cerrar de ojos cada empuñadura de sable explotó, tirándolo lejos.
Cuando los pocos guardias petrorianos que quedaban en la entrada del palacio salieron corriendo despavoridos, los troopers negros supieron que algo andaba mal. Ordenaron la retirada, pero todas las naves que Hux comandaba se los impidió, matándolos en el acto. Rose estaba tan emocionada por estar a punto de conseguir el triunfo, que tomó el rostro del pelirrojo y lo besó en los labios. La joven se avergonzó y le pidió perdón de inmediato. Armitage ignoró su disculpa y la besó de nuevo.
- ¡General Organa, todavía quedan naves intentando salir de Mandalore!- avisó Dameron
- ¡No dejen que ninguno escape!- ordenó
Mientras tanto, el palacio se caía a pedazos ante la gigantesca manifestación de la Fuerza que hacía temblar sus cimientos.
Tómate tu tiempo.
No te tengo miedo.
Haz de mí todo lo que necesites que yo sea
Así el juicio parecerá ser justo
No desperdicies tu tiempo.
Recordaré esto cuando tú me hayas olvidado.
El Sith no comprendía el significado de todas esas palabras y tampoco lo quería averiguar. La fluctuación de la Fuerza era enorme: la mezcla perfecta entre la Luz y la Oscuridad. Pero los miraba y ninguno de los dos era un absoluto. Eran el Balance.
Por más que intentó huir, la sola presencia de la Diada lo absorbía, atrayéndolo hacia ellos. Había leído tantas profecías al respecto y ninguna le advertió sobre algo así.
No importa lo que digas
Ahora que ya lo he intentado todo
Mitigaré el dolor
Hasta hacerme de piedra ante ti
Ella lo hacía por su padre; él por su abuelo; por todos los jedi y seres sensibles a la Fuerza manipulados por los sith durante tantos años; por todas sus mentiras. Aquello que causó tanto dolor en ellos mismos ya no existiría más.
Sus manos se dirigieron hacia él. La onda expansiva de Fuerza arrasó todo a su paso, desintegrando al Sith. Luke huyó del palacio ante el inminente derrumbe, pero a la pareja no le importó que la edificación les cayera encima. Nada podía hacerles daño ahora. Por primera vez sentían la Fuerza de cada ser vivo dentro de si: lo mismo que crea vida también la destruye. Cada escombro que osó intentar rozar sus cuerpos desapareció en segundos, volviéndose polvo.
El silencio llegó a sus vidas nuevamente cuando toda la construcción yacía destruida.
- ¡Rey!
Aquella voz hizo que su corazón brincara. Se volteó y encontró por fin a aquel hombre que añoraba contemplar.
-Papá - susurró jubilosa
- Estoy orgulloso de ti- le sonrió la silueta brillante de Galen- Orgulloso de que por fin sean la Diada que la Fuerza buscó por generaciones.
- Nosotros también lo estamos- añadió Anakin, apareciendo junto a Galen, a la vez que decenas de siluetas de antiguos jedis se les unían.
- Cuida mucho de nuestra pequeña, Ben.
- ¡¿Abuelos?!- exclamó ante la pareja que le habló a su esposo
Kento y Mallie Marek asintieron, observándola con amor. Rey no podía creer lo que estaba viviendo. Ben la abrazó al notar su sobresalto. Creyó que si no la sostenía, podría desmayarse de la impresión. No era para menos: él también estaba atónito con todos quienes los apoyaron en esa difícil situación.
- Volveremos- se despidieron Anakin y Galen al unísono, cuando todas las siluetas desaparecieron
Ben miró el cielo y ya todo se veía despejado. No se escuchaban disparos, ni explosiones ni disturbios. ¿Eso era la paz? Entonces sintió que alguien corría en su dirección. Era Finn.
-¡Almirante! ¡Ganamos!- gritó a viva voz
El joven Skywalker le sonrió, teniendo a su esposa todavía entre sus brazos.
- Ordena la retirada. Somos libres.
Basado en la canción "Made of Stone" de Evanescence
Este capítulo contiene extractos de la novela "Darth Plagueis" de Star Wars
Queda el epílogo. Muchas gracias por el apoyo que le han dado a esta historia.
