El Recuerdo Perdido
Dedicado a KiKaLoBe
Este fic se sitúa ocho años después de "X-Men Apocalypse."
Primera Parte
Año 1991
Logan no podía recordar el periodo cuando había sido prisionero de Stryker. Sabía que había sido torturado porque su esqueleto de adamantium era prueba suficiente. Con frecuencia, en medio de pesadillas, le llegaban imágenes borrosas, que no alcanzaba a recordar al despertar. También sentía constantemente una sensación de vacío, como si alguien le hubiera sido quitado. Cuando esa sensación creció hasta deprimirlo, pidió ayuda a Charles Xavier. Pero el telépata se negó aduciendo que sus recuerdos parecían peligrosos y al sacarlos a la luz con su mutación, podría desequilibrarlo.
-Debes descubrirlo por ti mismo, Logan – le aconsejó con una sabiduría que el mutante no pudo apreciar. En cambio, encendió un habano y se marchó, pensando en maldiciones -. Te oí – lo amonestó Charles,
Logan respondió con un portazo en seco. Respetaba y admiraba al telépata. De hecho, él y su equipo X-Men eran quienes lo habían rescatado cuando vagaba perdido en el desierto de nieve y lo habían cobijado en Westchester hacía ya cuatro años. Sin embargo, estaba obsesionado en recuperar la memoria y encontrar la explicación a su vacío que lo sumergía más y más en un pozo profundo y oscuro.
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Peter Maximoff acabó su jornada de entrenamiento en el simulador que Hank McCoy había montado en el sótano y le sugirió a Kurt que salieran esa noche de juerga. Total ya eran lo suficientemente adultos y lo suficientemente responsables. Además se encargaban de arriesgar el pellejo cada semana para salvar a la Humanidad y podían darse el lujo de una noche de diversión.
Kurt le respondió humildemente que tenía otros planes y sus ojitos amarillos se desviaron en dirección a Warren Worthington, el mutante que se había incorporado al grupo la semana pasada.
Al igual que Logan, Peter maldijo a su amigo por traidor mentalmente y como Kurt no era telépata, nunca se enteró. Decepcionado, enfiló a la cocina para comer y distraerse. No esperaba encontrarse con Logan, recargado contra la mesada, con la mirada ausente y una botellita de cerveza en la mano.
A Peter, Logan le gustaba y mucho. Eso de que contara con más de cien años lo excitaba, también su cuerpo fornido y esa mirada de ángel rudo. Sin embargo, el joven pensaba que no tenía chances porque se daba cuenta de que Logan estaba más entretenido en recuperar su memoria que en una relación.
-Hola – saludó como para decir algo y abrió la nevera para servirse un yogurt. Mejor, dos yogures, se corrigió antes de cerrar la puerta porque sentía hambre.
-Hola, mocoso – masculló Logan y bebió lo que sobraba de su botella.
Peter sonrió de oreja a oreja. Eso de que lo llamara mocoso le encantaba. Ya no era un niño pero sabía que lo hacía con cariño. Sacó una cucharita y brincó en la mesada junto a él para comer sus yogures. Lo pensó, rápido como lo pensaba todo por su mutación, y se decidió a lanzarle la propuesta.
-¿Qué harás esta noche?
-¿Qué? – lo miró Logan confundido.
-Dije que qué harás esta noche, si tienes planes para salir o algo.
Logan rio. Sabía de las increíbles salidas de Peter y Kurt. Se retiraban caída la noche y no se los veía hasta el almuerzo del día siguiente con muestras de haber pasado veladas intensas. Logan se sentía deprimido y esa sensación de vacío lo acosaba cada noche.
-No sé, mocoso. ¿Qué piensan hacer Kurt y tú hoy?
-Nada – se encogió Peter de hombros -. Bah, Kurt tiene otros planes – explicó con fastidio.
Logan se alejó de la mesada.
-Te dejaron solo y quieres que yo te acompañe.
Peter asintió. Era obvio, pero también era obvio para él que ese lobo mutante era una compañía más excitante que su viejo amigo pero no lo iba a confesar.
Logan lo pensó. Podía retirarse a mirar tele, cambiando los canales sin encontrar nada interesante, o, retirarse a dormir para soñar pesadillas y despertar con dolor y bronca. Podía pasarse la noche tratando de dilucidar alguna pizca de su pasado, o, podía salir con este muchacho fuera de lo común y divertirse. La oferta le pareció sensata.
-En diez minutos me buscas en el estacionamiento junto a la motocicleta de Summers – decidió el lobo y se marchó para cambiarse la camisa sucia, ponerse perfume y buscar su billetera.
Peter sonrió. No solo había aceptado su ofrecimiento sino que le robarían la moto a Scott. Ah, la discusión con ese mutante engreído de anteojos oscuros sería épica por la mañana.
-Creo que Scott saldrá con Jean – le avisó casi riendo.
-Que le pida uno de sus coches a Charles – contestó Logan escueto y cerró la puerta de la cocina.
Peter rio con ganas al quedar solo. Brincó de la mesada y corrió con su mutación a asearse,
…..
Se detuvieron en una estación de combustible por la carretera porque Scott, tal vez intuyendo lo que Logan haría esa noche, había dejado su moto con poco aceite.
Bajaron del vehículo y se quitaron sus cascos. Peter se preparó para cargar el tanque y Logan entró en la tienda a pagar. Lo que vio lo dejó de una pieza. En el piso, junto a la góndola de papas fritas y demás frituras, estaba el empleado arrojado en el suelo con una niña encima mirándolo con odio y apuntándole las garras directo a los ojos.
-¡Ey! – exclamó el lobo y corrió a retirar a la pequeña. No reparó en que tenía su misma mutación, solo en la expresión de pánico del pobre hombre -. ¿Qué pasó aquí?
-Quiso llevarse golosinas sin pagar – tartamudeó el empleado desde el suelo.
Eso sonaba tan a Peter Maximoff, pensó Logan pero estaba entretenido con la chiquilla que se sacudía. La atajó de los brazos por la espalda para inmovilizarla pero ella sabía defenderse.
-¡Mentira! – gritó la pequeña, furiosa -. ¡Eres uno de ellos! ¡Yo te reconocí! ¡Trabajaste en Alkali Lake!
Logan parpadeó ante la mención del sitio y se echó hacia atrás, liberándola. La niña cayó al suelo apoyándose con las manos y pies como un felino. Estaba entrenada, no había duda.
El lobo olvidó a la chiquilla y se lanzó encima del empleado, enseñándole sus propias garras. El hombre casi se desmayó del susto. Se las apuntó al cuello y le rozó la piel, amenazante.
-Dime todo lo que sabes de ese sitio – exigió con la voz ronca. El empleado sollozaba -. ¡Hazlo! – demandó.
La niña, entretanto, se había puesto de pie y miraba la escena con los ojos abiertos como platos. Eran sus mismas garras, era su misma actitud. Eso significaba que ese mutante desconocido podía ser él, al fin lo encontraría después de once años. Cerró el puño derecho y sacó sus propias garras, mirando con fascinación su mutación y la de Logan.
Peter había terminado de cargar el combustible y se estaba impacientando. Lo hacía por naturaleza y también porque para pagar ya Logan se estaba tardando un poco. Se metió las manos dentro de los bolsillos y volteó hacia la tienda. El mostrador estaba vacío. Fastidiado porque no entendía en qué se podía estar demorando, decidió entrar. Vio la escena dantesca y corrió hacia ellos. La niña le apuntó con sus garras y él se sorprendió de hallar una mutación idéntica a la de Logan.
-Calma – le pidió amablemente -. Soy amigo de él – le señaló a Logan.
Laura escondió sus garras.
El hombre gemía, horrorizado con esos ganchos metálicos rozándole el cuello. Se echaba hacia atrás y cerraba los ojos, pero Logan le exigía con frialdad que hablara.
-¡Trabajé en Alkali Lake hace tres años atrás! – confesó llorando -. ¡Pero eso es todo, lo juro! No sabía qué hacían allí, yo solo me encargaba del control de las máquinas. Revisaba que las computadoras funcionaran correctamente. ¡Eso es todo, lo juro! ¡Nunca leí datos, ni revisé imágenes, jamás entré en los archivos! ¡Lo juro!
-¿Qué viste? – siguió reclamando Logan -. ¿Qué sabes de ese lugar?
-Por favor. . .
-¡Dilo! – gritó y le presionó una garra contra la piel, provocándole una herida.
-¡Cuidado, lo apretó! – avisó la niña y señaló un artefacto pequeño que el hombre tenía en la mano. Enseguida, le pisó la mano para que lo soltara y lo pateó bien lejos.
El artilugio voló hasta los pies de Peter. El joven se agachó a alzarlo.
-Es un localizador – avisó a Logan.
El lobo estaba tan enojado que tenía ganas de desgarrar a ese hombre, pero lo necesitaba para obtener más información. Con su audición privilegiada oyó helicópteros que aún estaban lejos. La niña también lo hizo.
Logan alzó al empleado del cuello de la camisa y volteó hacia Peter.
-Peter, márchate de aquí y llévate a esa niña. ¡Rápido! ¡Ahora! ¡Usa tu mutación, mocoso!
El joven estaba desorientado y no quería dejar solo a su amigo.
La niña tampoco quería irse. No ahora que había hallado al mutante que tanto buscaba. Corrió hacia Logan y lo abrazó de la cintura.
-¡No me alejaré de ti!
-Chiquilla, vete, esto se pondrá feo – explicó Logan y se preguntó desde cuándo daba tantas explicaciones y por qué lo haría a esa desconocida diminuta -. ¡Peter! – insistió -. ¡Márchate con ella! ¡Ahora!
La niña miró a Logan a los ojos sin soltarlo.
Logan no supo por qué pero sintió la necesidad de consolarla. Arrojó al hombre al suelo y se puso de cuchillas para estar a su altura.
-Tienes que irte de aquí – le pidió con suavidad. Peter quedó de una pieza porque jamás lo había escuchado tratar así a una criatura -. Él es Peter y es mi amigo. ¿Cómo te llamas?
-Laura – contestó ella y se tranquilizó -. Prométeme que te volveré a ver.
Logan suspiró y sin saber por qué asintió,
-Te lo prometo, Laura.
Segura y confiada, la pequeña corrió a tomar la mano de Peter. El lobo le hizo un gesto al joven para que se alejara de allí cuanto antes. En un parpadeo él y la niña desaparecieron de su vista.
Logan se levantó y corrió a la motocicleta antes de que se oyeran las astas de los helicópteros. Con el rápido vehículo, salió de la carretera hacia el bosque para guarnecerse en alguna cueva.
….
Peter podía llegar en un segundo a la mansión y pedir ayuda pero Laura no tenía su mutación y semejante viaje podía ser nocivo para ella. Por eso la llevó hasta una casa de comidas rápidas que estaba alejada de la estación, pero no tanto para que a la niña le afectara la distancia.
Laura era cautelosa porque había sido entrenada desde que tuvo uso de razón para sobrevivir. Había crecido acompañada de una científica, Gabriela Haller, que trabajaba en Alkali Lake. Ella la había educado, la había cuidado y le había dado cariño. También le había revelado a los nueve años de quién era hija y que a su padre le habían borrado los recuerdos y por eso había huido sin ella. Logan había escapado de Alkali Lake, en 1983, cuando la niña tenía tres años. Padre e hija habían convivido en la enorme base de experimentación secreta sin saberlo. Gabriela había sido asesinada un par de semanas atrás para ayudarla a salir del lugar y Laura había vivido como fugitiva desde entonces. Esa noche había identificado al empleado de la estación y lo estaba atacando cuando Logan y Peter llegaron.
-¿Quieres comer algo? – le preguntó Peter mientras la acompañaba a una mesa apartada y bien alejada del ventanal. El sitio estaba lleno, con familias y grupos de amigos cenando. Era el lugar ideal para refugiarse porque cualquier intento de captura violento llamaría la atención de tantos testigos.
Laura asintió. Llevaba dos semanas comiendo lo que encontraba y tenía mucha hambre. Se sentaron. Peter notó la delicia con que la niña observaba una hamburguesa con queso y papas de otra mesa, y le preguntó si quería eso.
-Sí.
El joven fue hasta el mostrador para hacer el pedido y regresó pronto con dos porciones y dos refrescos.
Laura abrió el paquete de su hamburguesa y comenzó a devorarla. Peter comía rápido pero su velocidad lo sorprendió.
-¿Cuántos años tienes? – le preguntó para iniciar una plática.
-Once – contestó la niña sin dejar de masticar.
-Tu mutación es interesante.
-También la tuya – contestó, chupando la salsa de los dedos.
-Sabes que no es conveniente enseñarla en lugares públicos.
Laura rio traviesa y cerró su puño derecho para liberar sus garras.
-¡Ey, no es broma! – amonestó Peter nervioso y miró alrededor. Por suerte la gente estaba en su mundo y no se había dado cuenta -. Esconde eso.
Laura rio más.
-Está bien – obedeció y siguió comiendo.
Enseguida los dos terminaron el plato.
-¿Quieres helado o malteada? – invitó el joven.
-No sé qué es eso – replicó la niña y se encogió de hombros.
-¿En serio no lo sabes? – se sorprendió Peter -. ¿Dónde has vivido todo este tiempo?
-En Alkali Lake – contestó Laura como lo más natural. Confiaba en el joven porque Logan había confiado en él -. Hui de allí hace dos semanas para encontrar a mi padre.
-Vaya, mi amigo, el que conociste en la estación y tiene tu misma mutación, también se interesa en ese lugar, como habrás notado.
-Lo sé, él es mi padre.
Peter escupió su refresco y casi la punta del sorbete le entró en un orificio de la nariz.
Laura rio tanto que tuvo que cubrirse la boca con ambas manos.
-Te sorprendí, ¿cierto? Te llamas Peter.
-Sí – tosió el joven -. ¿Cómo escapaste de allí?
-Me ayudó Gabriela.
-¿Gabriela es tu madre? – preguntó el joven con celos.
-No, yo no tengo madre – explicó la niña -. Ella me cuidó siempre y podría decirse que sí, lo fue – se puso triste -. Stryker la mató cuando me ayudaba a salir pero si no fuera por lo que ella hizo, todavía seguiría en ese lugar. ¿Helado y qué dijiste para comer?
Peter tardó unos segundos mientras acomodaba las ideas. Era extraño que alguien lo retrasara haciéndolo reflexionar.
-O malteadas. Son postres, cosas dulces – se levantó -. Quédate aquí que traeré dos de cada uno para que pruebes.
Laura asintió obediente aunque no tenía planes de levantarse.
El joven regresó con dos malteadas y dos helados.
-Cómete primero este para que no se derrita – le indicó el helado y le pasó una cucharita. Laura probó un bocado generoso y se pasó la lengua por los labios, claramente satisfecha -. Sabe bien, ¿cierto?
-Sí, Peter. Oye, ¿adónde fue mi padre? ¿Crees que esté bien?
-Sí, él sabe cuidarse – replicó Peter para tranquilizarla -. Te llevaré a Westchester, donde él vive con nosotros. ¿De acuerdo?
-Está bien – aceptó Laura y le pasó la lengua a su cuchara pero al alzarla se ensució la punta de la nariz.
Enternecido, Peter le limpió el helado con una servilleta. A Laura le conmovió el gesto y se dio cuenta de que estaba entre verdaderos amigos.
…..
Logan apagó el motor y metió la motocicleta dentro de una cueva para refugiarse. El par de helicópteros sobrevolaba la zona e iluminaba el sendero. Tenía que esconderse antes de que lo encontraran. Además necesitaba meditar lo que había pasado y empezaba a sentir que su mente iba a estallar con imágenes y recuerdos. Si algo le había enseñado Charles Xavier, era a focalizarse y se sentó contra el muro rocoso de la cueva para concentrarse y controlar su mente. Los recuerdos borrosos regresaban como fotografías y distintas sensaciones profundas lo acosaban. Logan se apretó la cabeza y presionó los ojos para tranquilizarse. No fue fácil pero tenía que hacerlo.
Casi sin querer, recordó cuando su esqueleto era de hueso y el instante en que lo obligaban a entrar en una especie de piscina y lo cubrían de cables, y la figura de un militar joven que se le acercaba. También había un científico, Trask, o algo así, no podía recordarlo bien. El soldado tenía un rango alto pero no podía acordarse del apellido. Tal vez porque le había hecho demasiado daño.
Abrió los ojos asustado y sudoroso. Esas imágenes valían oro para recuperar la memoria: militares, un científico, Trask, y la visión de su cuerpo antes de ser intervenido. De pronto, se dio cuenta de que esa niña, Laura, había apuntado al empleado con unas garras de adamantium como las suyas. Se preguntó si no había sido él el único experimento y el estómago se le revolvió al pensar que podían haber llegado a experimentar con niños.
Oyó que los motores de los helicópteros se alejaban para rastrear otra zona. Logan recargó la cabeza contra el muro rocoso y suspiró profundo. Tenía que regresar a la mansión para pedir ayuda a Charles, y también para encontrarse con esa pequeña porque estaba convencido de que Peter la tenía que haber llevado hasta allí. Esperó a no oír más los helicópteros con su mutación y salió de la cueva con la moto y cautela extrema.
…..
Peter sorprendió a todos cuando llegó a Westchester con Laura y como la niña le había permitido que revelara su identidad, se asombraron todavía más al decirles hija de quién era. Charles la llevó a su despacho y le pidió a Peter que lo aguardara afuera.
Laura estaba maravillada pero no asustada con la cantidad de gente desconocida porque se daba cuenta de dos cuestiones: la primera, que todos eran mutantes como ella y, la segunda, que conocían y querían a su padre.
Charles la tomó de la mano y la acercó al centro del despacho. Le pidió que respirara profundo y cerrara los ojos.
-Soy telépata, ¿sabes lo que es ser un telépata? – le preguntó antes de tratarla.
Laura asintió. Había sido una niña aplicada y había estudiado y leído mucho.
-Puedes meterme en mi cabeza y leer mi mente. Hubo una como tú, se llamaba Emma Frost, sus archivos están en el despacho de él.
Charles había conocido a Emma y sabía de su destino y de otros mutantes amigos: torturados y asesinados en el laboratorio de Bolivar Trask.
-¿Te refieres al doctor Trask?
-¿Lo conoce? – interrogó la niña sorprendida.
-Así es – replicó Charles con tristeza y recordó el encuentro en París y más tarde en la Casa Blanca. El Gobierno había cancelado los proyectos del científico y había cerrado su laboratorio pero parecía que el hombre se las había ingeniado para proseguir. La ayuda del coronel Stryker había sido fundamental por su posición en el ejército y esa base en Alkali Lake, guardaba muchos y oscuros secretos así como el pasado de Logan -. Entraré en tu mente, Laura. Solo si me lo permites, para leer quién eres exactamente y lo que has vivido. También para conseguir información sobre el sitio donde has estado y ayudarte a ti y a tu padre.
-¿No podría simplemente preguntarme lo que quiera saber? – cuestionó la niña a la que le gustaban las cosas simples y directas, como a Logan -. Tengo buena memoria y me acuerdo de todo.
-Me será más fácil si veo tus imágenes y, además, tienes recuerdos dormidos, reprimidos, o demasiado lejanos a los que podría acceder yo, solo si entro en tu mente.
Laura se encogió de hombros.
-Está bien.
Charles esperó a que cerrara los ojos y se relajara. Lo supo cuando su respiración se hizo más profunda y honda. Apoyó las yemas de los índices en los costados de los ojos de la niña y se concentró. Vio su vida completa, desde que llegó al mundo hasta que se cruzó en el estacionamiento con el antiguo empleado de la base. Fue demasiada información y la discriminó con su poder para comprenderla. Laura había sido llevada a una sala recién nacida y entregada a una científica, Gabriela Haller, que en ese momento era la mano derecha de Trask. Ella había criado prácticamente a Laura y la había mantenido alejada de los horrores que se gestaban en esa base. Le confesó a los nueve años sus orígenes para que entendiera quién era y cuando la niña quiso escapar y encontrar su identidad localizando a su familia, Gabriela se sacrificó para que lo lograra. La doctora Haller había dado su vida por Laura.
Charles le envió paz y calma porque sabía que había sacudido sus recuerdos, y abrió los ojos.
-Ya terminamos, Laura – le explicó con suavidad y le sonrió cuando la niña lo miró finalmente -. Gracias por tu ayuda.
-¿Le sirvió? – quiso saber la niña y se frotó los brazos. Se sentía extraña con tanta tranquilidad y bostezó.
-Muchísimo – y cambió de tema -. Peter me dijo que te llevó a cenar así que ya no debes tener hambre – la niña sacudió la cabeza -. ¿Te gustaría que él te llevara a alguna de las habitaciones disponibles que hay en la casa para que descanses?
-No tengo sueño, señor Xavier – explicó, decidida -. Quiero encontrar a mi padre.
-Y lo harás, pero estás bostezando y el cansancio te gana – le replicó el telépata -. Por cierto, puedes llamarme Charles. Tu padre me llama así.
-Está bien – y volvió a bostezar. Gruñó porque no quería hacerlo -. No, de veras. Quiero quedarme despierta hasta que mi padre regrese. ¿Tienen tele? Puedo mirar tele.
Charles sonrió condescendiente.
-Pero una niña inteligente como tú me parece que se divertirá más en la biblioteca.
-Prefiero la tele – aseveró Laura con su firmeza -. Puedo mirarla con Peter.
-Está bien – sonrió el telépata, maravillado del carácter resuelto y testarudo que había heredado sin dudas de Logan.
-Espera, Charles – suspiró la niña -. ¿Leíste todo sobre mí?
-Correcto.
-Entonces, debes saber quién es mi madre verdadera. Logan es mi padre pero, ¿quién es mi madre?
-No pude encontrar esa respuesta – contestó Charles con sinceridad -. Tus recuerdos comienzan desde el momento en que viniste al mundo y fuiste transportada a una habitación con la doctora Haller, que te estaba esperando.
-Ella me contó eso – recordó la niña -. Que me estaba esperando cuando me daban a luz y me cuidó desde ese momento.
-Te dijo la verdad.
-Ella nunca me mintió – respondió Laura con confianza y orgullo.
-No, jamás – le aseguró Charles y se acercó con la silla a la puerta para abrirle a Peter. Le comunicó que la niña quería ver televisión con él y el joven se alegró -. Pero cuida lo que miran, Peter. Nada de películas violentas ni subidas de tono.
Peter pensó que si hubiera visto a Laura apuntándole como lo hizo con sus garras en la estación, se daría cuenta de que esa niña sabía más de violencia que todos ellos juntos a su edad. Pero las órdenes de Charles Xavier eran preceptos que él acataba sin cuestionarlos.
-Nada de porno ni películas violentas – aceptó y tomó a la niña de la mano -. Bien, veamos los canales infantiles, ¿de acuerdo?
-¿Qué es porno? – preguntó Laura, frunciendo el ceño.
-Mierda – murmuró Peter inaudible y Charles se frotó la cara.
…..
Logan regresó a la madrugada a Westchester. Había sido precavido y por eso tardó tanto, eligiendo caminos alternos y apagando el motor de a ratos para captar ruidos extraños. Afortunadamente no sabían dónde vivía porque para el ejército y para Trask, su rastro se perdía en el desierto helado de las Montañas Rocosas, ocho años atrás, cuando escapó de Alkali Lake.
Laura tenía su mismo sentido auditivo así que escuchó su voz cuando saludaba a Ororo, y corrió a saludarlo.
-¡Hola, papi! – lo abrazó de la cintura como había hecho en la estación.
-¿Qué? – Logan por poco se cayó de espaldas.
Laura lo miró a los ojos con toda su alegría e inocencia.
-Eres mi padre. Mira – cerró el puño para enseñarle sus garras -. Esto lo heredé de ti.
Logan suspiró, descreído, y se inclinó de cuclillas para estar a su altura.
-Ese lugar horrible que nombraste, Alkali Lake, es un centro clandestino de experimentos – explicó y enseguida pensó si la niña sabría al menos lo que era "clandestino" -. Me has sido de una ayuda enorme al encontrar a ese sujeto en el estacionamiento pero no tenemos nada en común, salvo nuestras mutaciones.
-Ella dice la verdad, Logan – comunicó Charles, entrando. Logan reclamaba a los demás que fueran directos y así lo fue al contárselo -. Leí sus recuerdos. Ahora, si quieres una prueba de ADN, Hank podría hacerte una en su laboratorio.
A esto último el lobo no entendió si bromeaba o hablaba en serio. Se puso de pie pero siguió apoyando la mano sobre el hombro de Laura.
-Charles, es una locura, no puede ser – se negó a aceptar.
-¿No recuerdas el vacío que expresas sufrir de forma constante? – lo indagó Charles -. ¿No piensas que tal vez se trate de algún ser querido que hayas tenido que abandonar en ese lugar? ¿Qué tal una hija?
Peter llegó de la sala. Se había tardado para darles intimidad y se recargó contra el dintel de la puerta, observando todo callado.
Logan sacudió la cabeza. La idea no sonaba descabellada pero cambiaba su visión por completo. Él no tenía hijos, no al menos reconocidos y definitivamente no habría tenido un romance en ese sitio espantoso.
-Papi – insistió Laura, apretándole ambas manos y mirándolo a los ojos con cariño -. Desde que tenía nueve te estoy buscando, escapé de allí para encontrarte. ¿No me quieres?
Peter se pasó la mano por los ojos. No quería emocionarse y mostrar su lado más sensible.
Charles acercó la silla hasta padre e hija.
-Laura – llamó a la niña -. Déjanos solos un momento. No es que él no te quiera, es que todavía tiene que comprender muchas cosas que tú ya sabes.
-¡Todo este viaje fue inútil! – exclamó la niña, dolida y frustrada, y corrió hacia el corredor.
Peter se marchó detrás de ella.
Logan fue a arrojarse en una silla y se frotó la cara con ambas manos.
-Una hija, mi vacío se refería a ella – susurró, tratando de asimilar la idea.
-Así es – convino Charles e hizo silencio.
Logan echó la cabeza hacia atrás.
-Recuperé imágenes – confesó para desviar el tema -. Estaba escondido en una cueva y recordé a un científico, Trask, y a un militar joven. También cuando me encadenaban a una piscina para ponerme esto – cerró el puño para enseñar el metal de sus garras.
-Bolivar Trask fue un científico que experimentó con mutantes y que nos ayudaste a detener cuando viajaste en el tiempo en 1973 y nos visitaste – explicó Charles, mientras se le acercaba -. La otra persona que nombras, el militar, puede ser el coronel William Stryker.
Logan sintió una mezcla de horror, dolor y pánico indescriptibles y soltó un aullido al oír ese nombre. Lo asociaba con mucha angustia y con mucha tortura. Desde donde estaba, Laura lo oyó y lloró. Peter la abrazó con fuerza.
-¡Lo odio! – gritó el lobo -. ¡Lo odio más que a nadie!
-Logan, tranquilízate – pidió Charles asustado y pensó si no sería buena idea meterse en su mente en ese momento para ayudarlo.
-Charles – lo miró a los ojos -. Entra en mi cabeza y saca toda esta mierda a la luz.
-No puedo – recapacitó el telépata -. Los recuerdos son demasiado angustiantes y podría crearte un trauma tan grande que te haría colapsar.
-¿Y después de que colapse?
-Quedarías en estado catatónico, Logan – informó Charles apesadumbrado -. Los recuerdos tienen que surgir por sí mismos. No con mi ayuda.
-¡Maldita sea! – se levantó y apretó los puños enseñando sus garras. Era un mecanismo para quitar a flote la ira y frustración -. ¡Tengo que ir a esa base! ¡Debo ir ya mismo y enfrentar mi pasado!
El telépata comprendió que sería inútil detenerlo. Recordó que para eso estaba el equipo X-Men, para ayudarse unos a otros.
-Si vas a entrar en esa base, deja que reúna a todos – le propuso -. También a Magneto.
Logan pasó saliva. Erik Lehnsherr no le caía nada bien, de hecho, habían intentado asesinarse en algunas batallas, pero era un supremacista defensor de la causa mutante y no dudaría en acabar con esa base.
-Deja que me comunique con él – solicitó Charles -. Vendrá de Genosha enseguida.
Logan asintió y se retiró a prepararse. El telépata enfiló hacia el ascensor para conectarse con Cerebro y rastrear al equipo y a Magneto.
El lobo se fue tranquilizando a medida que caminaba y comenzó a tomar conciencia de que tenía una hija. Se trataba de un hecho inesperado e inaudito para él por la clase de vida que había llevado. Pero allí estaba esa niña y si Charles tenía razón, y la tenía la mayor parte del tiempo, su recuerdo de ella era ese vacío que tanto lo acosaba. Sin darse cuenta, a través de sus recuerdos reprimidos, él la extrañaba. Con su audición privilegiada, captó los sollozos de Laura y se dirigió a la habitación de dónde provenían. La encontró gimiendo en un abrazo consolador de Peter.
Logan entró. No tenía palabras para expresarle al muchacho cuánto valoraba que la estuviera consolando. El joven le hizo lugar en el sofá, poniendo a la niña en su regazo, y Logan se sentó y la transportó al suyo.
Laura mantenía los ojos cerrados y, en medio del llanto, sintió el cambio de brazos y el olor de su padre. Lo abrazó con tanta fuerza que casi liberó sus garras, y sepultó la cabeza en su pecho. Lloraba por todo lo que estaba viviendo. Lloraba porque al fin conocía a su familia y lloraba por Gabriela.
No había cursos para ser padres y menos para consolar hijos. Logan no tenía un manual donde consultar qué hacer así que simplemente le masajeó la espalda.
-No me dejes – pidió Laura entre sollozos. El lobo la apretó más -. Ahora que te encontré, ahora que sabes quién soy, podremos estar juntos para siempre.
-Mira, pequeña – le habló tranquilo y suave -. Tú eres la pieza fundamental para entender mi pasado y ni siquiera sabía que existías. Ahora que te recuperé sin buscarte, quiero terminar lo que tuve que empezar hace mucho y volveré a ti.
Laura era muy inteligente y creyó comprender a lo que se refería con "terminar algo que tuvo que empezar."
-Viajarás a Alkali Lake.
-Sí – confirmó Logan -. Pero no iré solo sino con otros mutantes, que me protegerán y me ayudarán a ganar. Buscaré mi pasado para vivir mi presente contigo.
-Cuídate.
-Por supuesto que lo haré – aseveró Logan -. Lo haré por ti.
-Y descubre quién es mi madre.
Logan alzó una ceja confundido pero era cierto: la niña tenía que tener una madre y se preguntó si no habría existido alguna amante de la que nada podía recordar.
-Volveré con respuestas – prometió.
Peter intervino.
-Yo me quedaré aquí contigo, Laura – le aseguró -. Para cuidarte mientras regresan.
La niña se sintió tranquila porque el joven se había ganado su confianza.
Logan se dio cuenta del sacrificio que Peter tenía que estar haciendo porque era siempre el primero que se alistaba en las misiones.
-Volveré pronto – repitió a modo de despedida. Besó la cabeza de su hija antes de deshacer el abrazo para ponerse de pie -. Adiós, Laura – miró al muchacho -. Adiós, Peter, y gracias.
-De nada – contestó el joven y se cruzó de brazos.
Al salir, Logan escuchó la voz de su hija.
-Ahora que se van todos, ¿podemos ver eso de porno?
A Logan se le subió el corazón a la garganta y enseguida escuchó la exclamación de Peter.
-¡No! ¡Ni lo sueñes! ¡Ni sabes lo que es eso! Mejor, vamos a la sala a mirar más caricaturas.
-Está bien.
-Y olvida esa palabra.
-Está bien,
Logan sonrió antes de marcharse.
….
Magneto y el equipo X-Men tenían posiciones enfrentadas y en más de una ocasión se habían trenzado, pero si Charles Xavier le pedía ayuda, él no dudaba en dejar lo que estuviera haciendo para acercársele. Por eso dejó Genosha en un parpadeo y después de atravesar el océano volando con su mutación, aterrizó en el jardín nocturno de Westchester.
Charles estaba ansioso esperando su llegada y Erik fue el último que se presentó para que el grupo estuviera completo. El telépata los despidió desde la pista de despegue del jet y se dirigió hasta la cámara de Cerebro para seguir conectado al equipo.
Logan no se sentía cómodo con Erik adentro de la nave, tampoco Kurt, que recibía reprimendas verbales del líder de Genosha de tanto en tanto cuando también amonestaba a su hijo Peter. Es que Kurt y Peter eran inseparables para las travesuras.
Magneto no dirigió ni una palabra a Logan aunque Charles le hubiera explicado ya cuando lo llamó, que se adentrarían en Alkali Lake para acabar con la base de experimentos mutantes y porque el lobo necesitaba descubrir su pasado. Erik había aceptado ayudarlos porque su causa ameritaba atacar sedes como esa base y, principalmente, porque Charles se lo había pedido. Eran amantes y no secretos. Sin embargo, sus objetivos distintos los mantenían separados: Magneto en Genosha, Charles en Westchester.
Hank aterrizó el jet a pocas millas de la base. Buscaron un claro en el bosque para idear el plan de entrada y ataque. Charles les comunicó mentalmente que Alkali Lake poseía varios túneles subterráneos que no eran muy vigilados por donde podrían irrumpir. Lo sabía gracias a la memoria de Laura.
Raven se camufló bajo la forma de un soldado y salió a dar un vistazo. Regresó para comunicar que Stryker había llegado hacía poco y permanecía adentro. No tenía noticias de Trask pero se suponía que también se encontraba allí.
La mirada de Logan se encendió. Magneto reconoció la furia fría que provocaba el deseo de venganza en sus ojos. Él, más que cualquiera, podía entenderlo pero se reservó la opinión. En cambio, pensó que con el lobo pasional y vengativo, la empresa resultaría rápida y un éxito.
El plan era simple: entrar por la fuerza atacando a todos a su paso. Sería una llegada sorpresiva y tomarían a los soldados desprevenidos.
Logan y Magneto se ubicaron a la cabeza del grupo. El lobo corriendo y Erik volando. Los mutantes atravesaron el túnel y a medida que corrían, se iban cruzando con diferentes soldados. Algunos tuvieron tiempo de disparar antes de caer fulminados, pero la mayoría se desplomó sin entender por qué.
Charles había recuperado de la niña el plano del lugar a grandes rasgos. Conectado a la mente de su hermana Raven, la envió al lugar exacto donde guardaban el archivo para que se lo llevara, y le indicó a Logan el sitio donde estaba el laboratorio. Allí el lobo se cruzaría finalmente con Trask y con la cámara donde había sido torturado para transformar su esqueleto.
Raven le contó a Logan lo que Charles le transmitía.
Magneto intervino.
-Yo también tengo cuentas pendientes con Trask – explicó -. Hizo mucho daño a muchos hermanos nuestros.
Logan pensó si no estaba soñando. Era imposible que el mismísimo Magneto lo acompañara pero comprendía su razón. Los dos juntos, enemigos que tantas batallas se habían dado, corrieron por los pasillos para encontrar el científico y vengar a los mutantes.
Stryker había llegado con dos soldados como custodia al laboratorio, alertado por el ataque que estaban sufriendo. Le ordenó a Trask, que se encontraba analizando muestras, que recogiera lo imprescindible y huyeran de allí. El coronel no era cobarde pero sabía que su ejército no estaba preparado para enfrentar a una horda de mutantes.
-Lo más importante no está aquí sino en los archivos – replicó el científico.
-Los archivos se encuentran almacenados en el otro extremo de la base – observó el coronel -. No hay tiempo de llegar hasta allí. Sígame y saldremos de este lugar.
-No, aguarde – se negó Trask escandalizado -. No voy a abandonar esos documentos. ¡Se trata del trabajo de toda mi vida!
-Y va a perder la vida si se empecina en conseguirlos – remató el militar tajante -. Vamos, doctor. Cada segundo cuenta con estos engendros atacando.
-¡No me iré, coronel! – se plantó Trask en el centro del laboratorio.
-¿Sabe lo que los mutantes le harán si llegan ahora y lo capturan después de lo que usted les ha hecho? – espetó Stryker para hacerlo entrar en razón -. Ellos saben lo que le ha hecho a su gente y. . .
El militar no pudo terminar porque sus dos soldados cayeron en seco. Uno aplastado por la puerta de metal recién arrancada y el otro con cortes punzantes de garras en el pecho. Stryker alzó la cabeza y se encontró con Magneto y Wolverine de pie, observándolos con un odio desafiante.
Trask, que tan empecinado se había mostrado, casi se desmayó del susto. En un parpadeo, Erik movió el arma de uno de los soldados caídos y le metió una bala en el centro de la frente. El científico no tuvo tiempo de reaccionar y cayó muerto al piso.
Stryker sacó su propia arma. No una de metal, sino una de plástico que llevaba siempre consigo por precaución porque conocía a Magneto.
Erik trató de controlarlo pero no llevaba placas ni nada metálico en el cuerpo. Eso lo enfureció. Logan se lanzó sobre el militar pero este lo esquivó con soltura y se recargó contra la pared, ya apuntando a uno y a otro mutante.
-Solo dime la maldita verdad – exigió el lobo con las garras alzadas de forma amenazadora y la voz ronca -. ¡Quiero recuperar mis recuerdos!
-La maldita verdad está en los archivos – le contestó Stryker con desdén. Aun en su posición de desventaja no les demostraría miedo -. Yo te convertí en quién eres hoy, una máquina de matar entrenada por mis hombres. El doctor Trask me ayudó pero la obra entera fue mía. ¡Mía!
Magneto no sabía si reír o llorar, y después lo llamaban a él un loco fundamentalista.
Logan volvió a demandar la verdad.
Stryker sonrió con sorna.
-¿Quieres la verdad? ¿Cuál de todas? Tienes muchos secretos, demasiados, Wolverine.
Logan pensó en lo más importante: su hija.
-Quiero saber todo sobre Laura.
-Así que esto se resume en un encuentro familiar – se mofó el coronel y sonrió -. Veo que la niña te encontró. Ella es tu hija, sí, también lo es mía.
Logan bajó las garras, aturdido. Magneto quedó de una pieza.
Stryker sonrió otra vez. Su revelación había tenido el efecto deseado.
-Las piezas del rompecabezas empiezan a encajar, ¿cierto, Wolverine? – inquirió, divertido con lo ofuscado que el mutante se encontraba -. Una vez que Trask reemplazó tu esqueleto con adamantium, me di cuenta de que un solo mutante de tu especie era un desperdicio, tu mutación necesitaba ser repetida.
-¿Qué hiciste? – preguntó Logan, jadeando.
Stryker miró a Magneto, que se sentía asqueado, y luego al lobo.
-Trask creó una fórmula química compatible con tu organismo y tu mutación para que concibieras. Te drogó y yo pude penetrarte.
-¡Lo violaste! – se horrorizó Magneto y era un mutante que había visto bastantes horrores.
-No podía desperdiciar tus genes ni los míos, Wolverine – contestó el coronel con una naturalidad perturbadora.
Logan sintió que su cuerpo tambaleaba y el mundo giraba como si estuviera dentro de una bola agitada. Sentía nausea y mareos. Era la verdad que tanto había buscado y que allí se presentaba: cruda y directa.
Stryker reía desvergonzado.
-Algún día lo recordarás todo. ¿Sabes cuándo perdiste tus recuerdos? ¿Sabes cuándo fue el momento exacto en que tu mente se bloqueó y olvidaste hasta quién eras? Cuando ella nació y la alejamos de ti. Fue tal tu dolor, que perdiste la memoria como un mecanismo para olvidarla.
-¡No! – aulló el lobo y atravesó al militar desprevenido con ambas garras. Se miraron con odio y repugnancia. El militar quedó con la boca abierta y sus ojos desorbitados se fueron apagando de a poco. Logan no lo soltó ni bajó la mirada. Empujó más las garras sintiendo cómo el metal le desgarraba la piel y los órganos. Era un placer sádico que no podía consolar la turbación que sentía pero necesitaba hacerlo. Era eso: venganza.
Stryker vomitó sangre negra por algunos minutos hasta que se desplomó sin vida. Logan arrancó las garras para que cayera al piso y contempló el cadáver con aborrecimiento.
-Vamos, Raven ya habrá conseguido los archivos – Magneto lo trajo a la realidad -. Allí debe estar el resto de tu historia – dio media vuelta y con un giro elegante de su capa se marchó.
Logan escupió el cadáver y lo acompañó.
…
