La serie de Once Upon a Time y sus personajes aquí mencionados, no me pertenecen.
Esta es una historia que tenía mucho tiempo queriendo escribir y publicar. La idea tiene como unos 3 años aproximadamente, y este primer capítulo se escribió en abril del año pasado.
La historia se ubica un año y medio después de los sucesos de Neverland.
Regina logró salvar a todos deteniendo la maldición de Pan e hizo que permanecieran en Storybrooke sin ir al Bosque Encantado. Por ende, Rumpelstiltskin está muerto (sorry), y Emma y Henry, nunca fueron a New York.
Advertencias: Contenido para adultos que puede herir susceptibilidades y mucho drama. Si piensa que alguno de estos temas podría no ser de su agrado, es preferible que no lea.
Estas son todas las advertencias que recibirán durante este fic. Manténganlas presente.
Prohibida cualquier forma de plagio de todo el contenido.
Espero les guste...
Era viernes por la tarde en la pequeña, pacífica y alegre ciudad de Storybrooke y la alcaldesa del lugar se encontraba completamente absorta en su trabajo, cuando de pronto, la puerta de su oficina se abrió dejando pasar al apuesto y encantador sheriff de bellos y únicos ojos azules
- Señorita Mills - dijo serio - Tenemos una emergencia - comenzó a caminar lentamente hacia ella. Volteó a ver rápidamente las piernas de la reina y se mordió el labio inferior sin poderlo evitar.
Regina llevaba un vestido gris que dejaban ver todas sus preciosas y esculturales piernas debajo de su peculiar escritorio. Regresó su mirada a ella y la vio sonreír de lado un poquito socarrona, dejándole ver que sabía lo que hizo
- ¿Cuál es la emergencia, sheriff? - respondió, recuperando la compostura y actuando como lo que era, la jefa de David. Ladeó un poco su cabeza y le miró fijamente esperando por una respuesta.
Se colocó frente al escritorio, apoyó sus manos en el mismo y se reclinó lo más que pudo hasta estar casi cara a cara con Regina.
Fijó su mirada en los preciosos y tersos labios de la reina y después, la alzó para verla directamente a esos bellos y enigmáticos ojos color chocolate que le hacían sentir mil emociones a la vez
- Voy a robarme a la alcaldesa - dijo y pudo ver cómo el bello rostro se llenó de sorpresa ante lo que escuchó
- ¿Ahora? - preguntó incrédula, haciendo su cabeza hacia atrás, alejándose un poquito de él
- Ahora mismo - afirmó con una sonrisa malvada en su apuesto rostro.
Se irguió para darle vuelta al escritorio y llegó hasta una Regina que le miraba extrañada por esa loca idea, pero al mismo tiempo se veía divertida y expectante
- Eres un ocurrente - le dijo cerrando sus ojos por un momento y negando con su cabeza. De pronto se vio levantada de su asiento por una mano firme que la aferró por la muñeca y la jaló. El príncipe se agachó un poco y se la echó al hombro sin esperar más - ¡David! ¡No! - gritó al sentirse levantada de esa forma.
Pero el sheriff no respondió.
Salió de la oficina de la alcaldesa, le guiñó el ojo a Belle, quien ahora era la secretaria de Regina y les miraba sorprendida y sin saber muy bien qué hacer.
Salió por la puerta trasera de la alcaldía con ella así, sobre el hombro, hasta llegar a su camioneta cuidando que nadie les viera, porque no iba a dejar que alguien fuera testigo de ver a la alcaldesa de Storybrooke sobre el hombro del Príncipe Encantador. Era una reina y un poco más refinada que eso, y si algo así llegaba a pasar muy seguramente terminaría incendiado con una bola de fuego.
Abrió la puerta y la metió con cuidado a pesar de las divertidas protestas de su novia
- Estás oficialmente secuestrada, señorita Mills - le dijo bloqueando la salida mientras ella se acomodaba debidamente en el asiento fingiendo indignación
- David - se escuchó la voz de la secretaría de Regina. El príncipe volteó y tomó de las manos de Belle el bolso y el abrigo de la reina
- Gracias - le dijo
- Eres una traicionera - reclamó la reina a su secretaria desde la camioneta y le lanzó una mirada de pocos amigos.
Belle sólo movió su mano diciéndole adiós con una amplia sonrisa en el rostro
- Deja de atormentarla y ponte el abrigo - le dijo pasándole sus cosas mientras Belle se retiraba - Te tengo una sorpresa - alzó sus cejas un par de veces juguetón
- ¡Ay, David Nolan! - soltó rindiéndose ante los encantos tan propios del príncipe - No puedo contigo - sonrió divertida, porque la verdad era que estaba muy entusiasmada por saber qué era lo que su novio tenía planeado.
El príncipe cerró la puerta, rodeó la camioneta, se subió al volante y al instante tenía a Regina encima de él, besándole con intensidad
- Estaba muriendo por verte - dijo ella soltando un suspiro enamorado
- También yo - respondió dedicándole una hermosa sonrisa a la dueña de su corazón y de sus sueños - Pero si tantas ganas tenías de verme no entiendo qué haces trabajando a deshoras y reteniendo a tu secretaria - dijo llamándole un poquito la atención porque siempre pasaba lo mismo con la reina. Se perdía en la montaña de trabajo que tenía y a veces las horas pasaban sin que se diera cuenta y muchas de esas veces, él tenía que ir a sacarla de la oficina
- No fue intencional - torció los ojos ante la llamada de atención del sheriff. Estaba exagerando y en su defensa su pequeño príncipe estaba con su otra madre y a él, se suponía que lo vería más tarde
- Está bien - accedió a dejar su pequeño e inútil regaño de lado. Sabía bien, que la reina no dejaría de trabajar como lo hacía solo porque él decía - Lo único que quiero, Regina, es que me dejes consentirte - rozó sus labios con los de ella en una tierna y provocativa caricia que la hizo suspirar y cerrar sus ojos - Ya le pedí permiso a Henry para robarte - rio bajito ante sus propias palabras y ella también sonrió negando con su cabeza.
Henry tenía ahora 11 años y medio y desde que David comenzó a acercarse a Regina con intenciones de tener algo con ella, el casi adolescente empezó a comportarse muy protectivo con su madre. Tanto, que tenía muy bien advertido al príncipe de hacer las cosas bien con ella y no lastimarla. Lo más curioso era que sólo lo hacía con la reina. No se comportaba así cuando se trataba de la vida amorosa de Emma
- ¿Qué dices, hermosa luz de mi vida? - preguntó besándole la mandíbula y por fin, la reina abrió sus hermosos ojos color chocolate que tanto amaba y le miró con intensidad
- Róbame, David - susurró sobre sus labios.
La camioneta se paró en medio de la inmensidad del bosque. Se habían internado bastante entre los árboles y no faltaba mucho para que la noche comenzara a caer.
David se bajó del auto mientras Regina se asomaba por la ventana, tratando de ver cuál era la sorpresa que su apuesto novio tenía preparada, pero no alcanzaba a divisar nada más que un montón de árboles y arbustos.
La puerta abriéndose para que bajara y la imponente figura del sheriff la sacó de sus pensamientos
- Vamos - le ofreció una mano que ella tomó sin dudar y la ayudó a descender - Con cuidado, Majestad - le dijo porque como siempre, andaba con sus tacones altos intentando aparentar, sin éxito alguno, ser más alta. Con ciertas personas le funcionaba, pero definitivamente con él, no. Eso le divertida y al mismo tiempo le encantaba. Simplemente le fascinaba que fuera mucho más bajita que él.
Cuando Regina estuvo abajo, David no se movió, al contrario, se relamió los labios con ansiedad enfrente de ella
- Sabes que es una sorpresa - le dijo y la reina asintió también emocionada, a lo que él, no pudo evitar sonreír genuinamente.
Amaba a esa mujer con toda su alma y su ser, como jamás pensó que llegaría a amar a alguien. La amaba mucho, más de lo que amó alguna vez a la que había dejado de ser su esposa hacía año y medio ya. Por lo que ver sonreír a Regina, le hacía sentirse en el mismo cielo
- ¿Puedes cerrar los ojos? - preguntó y no pudo evitar reír al verla hacerlo de inmediato
- ¿Qué? - preguntó frunciendo su ceño, pero un beso cálido y largo en su frente, de esos que amaba con todo el corazón, logró hacerle dejar pasar ese pequeño detalle.
Al príncipe le maravillaba ver la confianza que tenía en él, simplemente por ser ella, su amada Regina.
Una mujer que había sufrido mucho durante toda su vida, que había sido traicionada y usada de mil formas, que por muchos años tuvo razones suficientes para desconfiar de todo el mundo y encerrarse en sí misma con todos sus demonios.
Pero que después de salvar al pueblo entero de Pan, se había ganado el cariño y el respeto de la gente. Y ahora, Regina era capaz de confiar, de abrir su corazón y David se sentía inmensamente afortunado de ser una de las pocas personas en las que la reina depositaba su entera confianza
- Eres increíblemente hermosa, Regina - respondió besándole la mejilla y en ese momento no se refería solo a su precioso aspecto físico, sino también a su alma y su corazón. La reina le sonrió con ternura - ¿Lista? - le preguntó besando su cabeza y ella asintió. La tomó de las manos y comenzó a retroceder mientras ella avanzaba - No los vayas a abrir hasta que yo te diga - indicó con ligera advertencia
- No - respondió ella sonriendo, asegurándole que no lo haría. El príncipe avanzaba lento, cuidando que ella no tropezara.
Pronto escuchó y sintió las ramas de algunos arbustos rozar apenas la piel expuesta de sus brazos y se movieron un par de pasos más para luego detenerse.
El sheriff soltó sus manos y después, la rodeó hasta colocarse detrás de ella
- Ábrelos - le pidió emocionado y Regina lo hizo.
Entreabrió su boca con sorpresa al ver una manta enorme que abarcaba todo lo largo de un diminuto claro rodeado de muchos árboles y arbustos, como si fuese un pequeño lugar escondido y secreto. La manta estaba cubierta con pétalos de rosas rojas y sobre la misma había muchos cojines, una canasta muy grande y otras mantas dobladas.
Y los árboles de alrededor, estaba adornados por luces que comenzaban a brillar con más intensidad conforme la noche caía, iluminando ese pequeño rincón en medio de la inmensidad y la oscuridad del bosque solo para ellos.
Era, sin lugar a dudas, una cena romántica, de esas que tanto le gustaba a David preparar para ella
- David - suspiró enternecida y emocionada por ese gesto tan dulce. Sintió que la rodeaba con ambos brazos por la cintura y ella llevó sus manos a los mismos para acariciarle
- ¿Te gusta? - le preguntó besando su hombro izquierdo y después recargando su mentón ahí
- Me encanta - soltó casi sin aliento porque en verdad estaba fascinada con la sorpresa y recibió un besito en la mejilla que la hizo cerrar los ojos y suspirar
- Me alegro - le habló al oído y la reina pudo sentir que un agradable escalofrío le recorría el cuerpo entero. Llevó su mano hasta la mejilla del príncipe y volteó su rostro para besarlo amorosamente, giró entre sus brazos y lo abrazó por el cuello.
David la apretó un poquito más entre sus brazos mientras respondía al hermoso beso que su novia le estaba dando y no se separaron hasta que el aire les hizo falta.
El príncipe se agachó sin previo aviso sorprendiendo a la reina y comenzó a quitarle las zapatillas para que pudiera estar descalza sobre la manta. Después hizo lo mismo con sus zapatos.
La tomó de la mano y se sentaron en el centro de la manta. El sheriff se alargó para jalar la canasta hacia ellos
- Cena cortesía de Granny - dijo mientras comenzaba a sacar todo - Ah, ah - negó cuando vio que Regina trató de ayudar - Permíteme servir la deliciosa cena para usted, hermosa majestad - le sonrió con encanto sabiendo bien que, con ello, la reina no se iba a poder negar a su petición.
La alcaldesa solo le miró estrechando sus bellos ojos un poquito y se acomodó mejor sobre la manta dejando que David hiciera lo que fuera que tenía planeado
- ¿Alguien sabe que estamos aquí? - preguntó con curiosidad viéndole acomodar todo
- No. Sólo tú y yo - aseguró con una hermosa sonrisa en su apuesto rostro. Una que logró encender ligeramente las tersas mejillas de su bella novia.
Tuvieron una romántica y encantadora cena y ahora estaban muy juntos el uno del otro, besándose tiernamente mientras bebían el vino que estuvieron tomando con la comida.
Y de un momento a otro, las copas estuvieron fuera del camino y ahora se besaban apasionadamente. Había pequeños gemidos y jadeos mientras sus bocas se movían en perfecta sincronía.
Regina tenía su mano derecha en la mejilla izquierda de David, aferrándose de ahí y jalándole un poquito hacia ella para aumentar las sensaciones.
El príncipe en realidad estaba excitado y comenzaba a sentirse muy acalorado. Tenía su mano derecha en la nuca de su novia y la izquierda apretaba la manta bajo ellos, en un vago intento por contenerse y no aventar al demonio la promesa que le había hecho tiempo atrás, cuando comenzaron a salir.
La reina se aferró con su mano izquierda a la camisa de su novio como no queriendo dejarle ir jamás.
Fue David quien rompió el beso con todo el dolor de su corazón y de su despierta erección. Pegó su frente con la de ella jadeando con sus ojos cerrados sabiendo bien, que por más que quisiera, no podía hacer con ella todo aquello que había soñado.
La reina sentía el tibio aliento de David en su rostro y su mano acariciar su cabello con ternura para después descender eróticamente por su espalda hasta llegar a su trasero, para luego subir hasta su cintura y bajar de nuevo.
Y en ese momento se decidió.
Sabía muy bien que el príncipe la amaba, se lo decía a cada oportunidad que tenía y ella, estaba perdida de amor por él. No se lo había dicho aún, pero lo amaba, lo amaba con todo lo que era. Lo amaba como nunca había amado a nadie y no quería esperar más tiempo para entregarse a él por amor y sentirle amarla como mujer.
Llevó sus delicadas manos al apuesto rostro de su novio y le jaló hacia ella estampando sus labios con los de él mientras se erguía sobre sus rodillas. Su lengua se hundió en la boca del príncipe abarcando cada rincón de la misma con pasión y deseo impregnados.
Las grandes manos del sheriff se posaron sobre la curvatura entre el final de la espalda y el inicio del trasero de infarto de su bella novia y la aferró con ganas de ahí haciéndola gemir en su boca.
Dios, si eso seguía así no se iba a poder detener y por un momento temió que Regina hubiera entendido todo mal. No la había llevado ahí para presionarla y que accedería a tener sexo con él, solo quería pasar una linda y romántica velada con ella
- Debemos parar, belleza - le pidió casi en una súplica sobre sus bellos labios porque en verdad estaba sufriendo. Estaba luchando contra sí mismo y su anhelante necesidad de tomarla en ese preciso instante para demostrarle lo mucho que la amaba
- No. No quiero parar - susurró jadeante y sus mejillas se encendieron un poquito ante su confesión mientras miraba los bellos y ligeramente oscuros ojos azules que brillaban con intensidad en medio de la oscuridad del bosque.
Llevaban meses saliendo. Los más bellos y maravillosos meses de toda su vida. Jamás se había sentido como el estar con David la hacía sentir. Tan viva, tan libre, tan querida, amada, apoyada, comprendida, cuidada y protegida.
Había sido muy bueno, paciente y cariñoso con ella durante todo ese tiempo y había logrado ganarse su corazón y su amor.
El príncipe era todo aquello con lo que alguna vez había soñado y mucho, mucho más, y desde hacía unos días se decidió por fin entregarse a él por primera vez.
El sheriff contuvo el aliento en cuanto la escuchó. Su bella reina, le estaba pidiendo que estuvieran juntos por primera vez y no lo podía creer. David le había prometido esperar hasta que ella estuviera totalmente lista y convencida para estar con él.
Fue en su primera cita cuando sucedió. La invitó a salir y al llevarla a su casa, hubo algo que le hizo pensar a la reina que solo estaba buscando tener sexo con ella y la decepción en su bello rostro no se hizo esperar.
Le dolió mucho verla así y de inmediato le convenció de que no era eso lo que buscaba con esa cita.
Desde luego que la deseaba. Regina era, sin lugar a dudas, la mujer más bella de todo el mundo y cualquiera querría poder tener la dicha de estar con ella aunque fuera una sola vez, pero quería que ambos quisieran que pasara por igual y no sólo él.
La reina confesó con lágrimas contenidas que pensó eso porque estaba acostumbrada a que todos los hombres que se le acercaban de la forma en la que él lo estaba haciendo, lo hacían sólo porque querían acostarse con ella.
Jamás había tenido una cita, tampoco alguien que se preocupara tanto por ella al grado de llevarla hasta a su casa y eso le hizo pensar algo que no era. Equivocadamente se sintió comprometida a corresponder sus atenciones con sexo y no era culpa del príncipe.
David maldijo una y mil veces a todos aquellos que hicieron eso con Regina. Le dolió profundamente que una primera y romántica cita que terminó con él llevándola a su casa en medio de la noche, fuera algo que hiciera sentir a la reina comprometida a tener sexo con él.
Y fue entonces que hizo su promesa.
Le prometió que aguardaría por ella hasta que se sintiera lista. Hasta que estuviera segura que quería estar con él de esa forma y sí, había sido una tarea titánica porque Regina era una mujer ardiente en todos los sentidos. En su forma de comportarse, de verse, de besarle, de tocarle… Oh, sus delicadas manos sobre su cuerpo le hacían sentir tantas cosas a la vez. Era simplemente maravilloso.
Ella era maravillosa y se sentía inmensamente afortunado de tenerla a su lado.
Se irguió para quedar sobre sus rodillas tal cual ella estaba y la sostuvo esta vez por la espalda
- ¿Estás segura? - le preguntó y tragó pesado acariciando lentamente su espalda
- Jamás he estado tan segura en mi vida, David - respondió con seguridad y firmeza.
Estaba más que convencida que quería tener sexo con el príncipe. Estaba tomando la libre decisión y con total voluntad de entregarse al hombre que amaba con todo su corazón y eso, le hacía sentirse muy feliz porque jamás había tenido la oportunidad de hacerlo.
Daniel le fue arrebatado mucho antes de que pudieran estar juntos por amor y desde entonces, no había amado a nadie más hasta ahora
- Oh, luz de mi vida - cerró sus ojos y besó su frente un par de veces con amor.
Tomó su bello rostro entre sus manos y la besó con un poquito de arrebato porque estaba muy emocionado, pero sabía bien que no podía ir muy a prisa.
Era la primera vez del uno con el otro, y fuera del deseo que sentía por ella, la amaba. La amaba real y profundamente, con toda su alma y su corazón y quería que Regina se sintiera así, muy amada durante todo el acto porque sabía además, que esa era la primera vez que la reina haría el amor.
Regina estaba un poco nerviosa porque nunca antes había tenido sexo con una persona que la amaba y a la cual, ella amaba por igual. Haría el amor por primera vez y no sabía muy bien qué debía hacer. No era como las demás veces, solo sexo y ya. Había amor de por medio y esa era una experiencia totalmente diferente y desconocida para ella
- Iremos con calma - murmuró con cariño mientras la seguía besando y sus manos acariciaban su espalda lentamente, subiendo con cautela hasta encontrar el cierre del vestido. Sintió sus delicadas manos sobre su pecho y aguardó un poco, pensando en que quizá Regina le iba a detener, pero para su sorpresa, ella comenzó a desabrochar los botones de su camisa.
Así que David bajó despacio todo el cierre de su vestido gris, para luego acariciar su espalda desnuda y subir hasta sus hombros para deslizar la prenda por sus brazos. La reina entendió de inmediato el mensaje y le ayudó un poco.
Sintió el frío del bosque en su torso desnudo y sus pezones se endurecieron ligeramente bajo el brassier, pero pronto las manos cálidas de su novio acariciaron su espalda y su pecho.
Logró sacar la camisa y la interior del príncipe hasta que estuvo igual que ella, desnudo de la mitad del cuerpo hacia arriba, aunque Regina aún portaba su brassier. Ambos se sonrieron con emoción.
David besó su cuello con pasión mientras sus manos acariciaban sus muslos y subía el vestido justo antes de que su intimidad quedara expuesta. La envolvió con su brazo izquierdo por la cintura, jalándola un poco hacia él de tal forma que quedó entre sus divinas piernas y después, la alzó un poco, solo para dejarse caer hacia el frente con ella segura entre sus brazos.
Regina dio un pequeño gritito de sorpresa y se abrazó de su cuello pensando que caería sobre la mullida manta, pero el sheriff se apoyó con su mano libre sobre la suave superficie y la sostuvo con mucha firmeza impidiendo que eso sucediera.
Le sonrió socarrón mientras la depositaba con cuidado sobre la manta y su hermosa reina rió divertida haciéndole reír junto con ella.
Oh Dios… su risa, esa hermosa risa que tanto le encantaba y le embelesaba. Verla tan feliz le llenaba de felicidad y de amor.
Se relamió los labios y se inclinó para darle otro beso, la reina alzó un poco sus piernas para darle mejor acceso y acarició con sus delicadas manos su pecho desnudo. El príncipe besó su bello rostro, su cuello y su hombro derecho mientras sus manos bajaban los tirantes del brassier negro que llevaba.
La prenda era preciosa, pero definitivamente estaba muy interesado en ver lo que había debajo de la misma. Regina se alzó un poquito apoyándose en sus antebrazos para permitirle desabrocharlo por detrás mientras llevaba sus manos hasta la hebilla del cinturón del sheriff buscando abrir sus pantalones.
Una mano de David se posó sobre su nuca abarcando su cuello e hizo que inclinara su cabeza hacia atrás atrayendo su atención hacia él y le besó de nuevo con ardor. Se hizo hacia adelante haciendo que la reina dejara de apoyarse en sus antebrazos y tomando el brassier de enmedio lo saco por sus brazos.
Se apoyó sobre sus dos manos a cada lado de Regina y se permitió admirar un poco sus maravillosos senos desnudos. Tenían una forma perfecta y unos lindos y bellos pezones que estaban ya endurecidos, invitándole a tomarlos con su boca y chuparlos
- Son hermosos - susurró. Las palabras habían escapado de su boca, no había sido su intención decírselo, pero al ver la hermosa expresión en el bello rostro de su novia por el elogio agradeció haberlo hecho.
Besó con ternura su mandíbula, bajó por su cuello hasta el inicio de su pecho y se movió un poco más hacia el sur, hasta que besó justo en medio de sus preciosos senos. Se relamió los labios y tragó pesado.
Empezó a recorrer con sus labios desde ese punto hasta el pezón izquierdo y le dio un besito, después sopló un poco haciendo que la reina se removiera poquito debajo de él y sonrió encantado por la reacción.
Sacó su lengua y lamió la endurecida protuberancia ganándose una exhalación pronunciada. Observó el pecho de Regina subir y bajar un poco más acelerado de lo normal y eso le gustó.
Lamió alrededor del lindo pezón, lo hizo varias veces antes de tomarlo en su boca y empezar a succionar con gentileza ganándose un gemidito de los dulces labios de su novia. Las delicadas manos acariciaban su espalda mientras las preciosas piernas se apretaban contra sus costados y eso le incitaba a chupar con más ganas. Lo succionaba al tiempo que jugaba con el pezón con la lengua dentro de su boca y luego lo tomó con sus dientes y le mordisqueó cariñosamente
- Mmnnh - ese fue el primer gemido de excitación totalmente audible de esa noche y a David le pareció hermoso.
Y entonces una extraña urgencia por escucharla de nuevo le invadió. Quería escuchar más de esos preciosos sonidos, mucho más de eso.
Jaló la protuberancia con sus dientes un poco, pero procurando no lastimarla y la reina siseó bajito por la sensación. Lo chupó fuertemente de nuevo y lo soltó.
Subió para robarle otro beso arrebatado que fue respondido con pasión y deseo por su hermosa reina.
Se separó de sus labios y bajó para atrapar el pezón derecho. Levantó su mano izquierda, quedándose apoyado sólo en la derecha, y la llevó a la estrecha cintura de Regina para aferrarla de ahí con firmeza e intención.
Oh Dios, se relamió los labios sintiéndose cada vez más excitada con las atenciones de su novio. Chupaba y mordisqueaba su pezón mientras una de sus manos acariciaba su cintura y subía por su torso hasta tomar su seno izquierdo y masajearlo con erotismo
- David - susurró su nombre comenzando a mover sus caderas contra el cuerpo varonil a pesar de que ambos aún llevaban ropas - Nngh - gimió cuando el príncipe soltó su pezón y justo en ese momento, su propia humedad se dejó sentir. Abrió sus bellos ojos un poquito espantada de que estuviera sucediendo tan rápido y solo por la estimulación de sus senos.
El sheriff comenzó a repartir besos por su pecho y su estómago. Hundió su lengua en su ombligo haciéndola arquearse un poco y se detuvo justo donde la tela gris de su vestido ya no le permitía besar.
Jadeó entrecortadamente preso del deseo y la anticipación de verla desnuda por primera vez y solo esperaba no venirse en sus pantalones en cuanto la tuviera como Dios la habría traído al mundo.
Tomó aire y llevó sus manos ligeramente temblorosas a la prenda para tomarla. Volteó a ver a su reina y Regina le miraba con amor, pero también con deseo reflejado en sus hermosos ojos. Le dedicó una pequeña sonrisa y ella le respondió por igual para después morderse el labio inferior en un erótico gesto que hizo que su miembro respondiera reclamando por atención.
Empezó a bajarla y su novia, recogió un poco sus piernas en el aire para facilitarle la tarea de deslizar la prenda fuera de su cuerpo. Aventó el vestido importándole poco dónde iría a parar. Se relamió los labios mientras miraba fijamente el último pedazo de tela que le impedía verla completamente desnuda.
Tomó las rodillas de la reina y abrió sus piernas inclinándose para besar debajo de sus pechos al tiempo que comenzaba a deslizar sus bragas por su precioso trasero. Regresó a su posición para sacarla por sus piernas y al fin tenía a su amada novia, a Regina Mills, la hermosa reina del Bosque Encantado y alcaldesa de Storybrooke que le había robado el corazón, completamente desnuda y dispuesta a estar con él de la manera más íntima y hermosa en la que cualquier enamorado desearía estar con su persona amada.
No pudo evitar quedarse mirando por algunos segundos sin poder decir palabra alguna. Nunca en su vida había visto a una mujer como la que tenía enfrente
- Oh, belleza. Eres… - jadeó entrecortadamente y tragó pesado después - No tengo palabras para describirte - dijo al fin y se abalanzó sobre ella para besarla fogosamente.
Introdujo su lengua hasta donde podía en su divina boca y la envolvió entre sus brazos acariciando su divino y perfecto cuerpo… Sí, perfecta
- Perfecta - dijo entre besos y Regina luchaba por aliento - Eso eres. Eres perfecta - pegó su frente con la de ella jadeando con fuerza, tratando de controlarse y sintiendo su miembro palpitar
- También quiero verte - acarició con sus manos la ancha espalda hasta llegar a los pantalones e intentó bajarlos sin mucho éxito haciendo reír a su novio. Soltó una pequeña exhalación inconforme.
Besó la frente de la reina con cariño y después besó la punta de su preciosa nariz mientras se alzaba en su antebrazo izquierdo y llevaba su mano derecha hasta el sur del escultural y perfecto cuerpo
- Te amo tanto - le dijo rozando los tersos labios con los suyos y la escuchó contener el aliento cuando las puntas de sus dedos le acariciaron la intimidad casi imperceptiblemente y sonrió mirando esos bellos ojos que le veían expectantes.
Le dio un pequeño beso haciendo que ella le abrazara por el cuello y le besara de vuelta mientras seguía acariciando toda su intimidad con delicadeza. Subía y bajaba con calma, apenas rozando por entre medio de sus pliegues.
Con su dedo índice los abrió y acarició el centro de su intimidad encontrándola ya húmeda y gimió a causa de ello en la boca de Regina.
Dejó sus labios para bajar besando por entre medio de sus pechos de nuevo y bajando poco a poco, en una tortuosa caricia para la reina que ya ansiaba con cada fibra de su ser tenerlo dentro.
Repartió besos en su plano vientre y Regina abrió más sus piernas tratando de incitarle a tocarla de una maldita vez. Estaba segura que si no lo hacía iba a enloquecer.
Tragó la saliva que se acumuló en su boca al percibir su aroma. Era exquisito y delicioso, mucho más de lo que llegó a imaginar que sería y moría por probarla.
Inhaló profundamente y soltó el aire despacio mientras cerraba sus ojos y, con solo la punta de su nariz, descendía hacia su rosado y depilado sexo.
Gruñó desde el fondo de su garganta cuando su esencia mojó su nariz y la pudo oler con totalidad
- Hueles exquisito, belleza - siseó por entre sus dientes y ladeó su cabeza para dejar un besó en su ingle
- David - volvió a llamarle con necesidad - Oh, sí - gimió con gusto y se dejó caer sobre la manta por completo cuando el príncipe comenzó a devorarla literalmente - Sííí - siseó con ardor.
Dios… Regina sabía delicioso, mucho más que cualquiera de las otras mujeres que había probado en su vida, que no eran muchas y no incluía a su ex esposa en su conteo porque ella jamás le permitió hacer eso.
Colocó sus manos debajo de su trasero y la aferró de las nalgas alzándola un poco. Las piernas de la reina se retorcían colgando de sus brazos.
Le estaba follando con su lengua y era maravilloso. Su mano derecha aferraba la manta debajo de ella y la izquierda la llevó hasta el cabello de David. Sus caderas comenzaban a moverse involuntariamente contra la boca del príncipe y su vientre temblaba pronunciadamente junto con sus piernas
- Ah - abrió sus ojos hacia la nada cuando se prendió de su hinchado clítoris y le chupó como si quisiera arrancárselo por la fuerza - Ah… ¡Ahhhh! - se arqueó lo mejor que la posición se lo permitió mientras le sentía hundir sus dedos en sus nalgas y los dedos de sus pies se curvaban tensos - Oh, D-dios - fue un lloriqueó que salió estrangulado y fue apenas audible.
El orgasmo llegó para Regina de forma potente y arrasante. Al principio se tensó por completo, pero después empezó a retorcerse presa de los incontrolables espasmos que atacaban su cuerpo sin darle tregua.
Retiró su boca cuando supo que había alcanzado el orgasmo porque quería verla. Se veía hermosa agitándose y retorciéndose sobre la manta y de pronto, tenía las piernas de Regina frente a su cara impidiéndole verla.
Las había recogido y se cubría también el rostro con sus brazos mientras seguía sufriendo espasmos y gemía. Besó su muslo izquierdo y mientras aguardaba por ella, aprovechó para quitarse sus pantalones y los boxers.
Tomó su adolorida erección y la masajeó un poco mientras se arrodillaba de nuevo frente a ella.
La reina trataba de recuperar el aliento, disfrutando de los remanentes de ese delicioso orgasmo que el príncipe le había dado y por un instante se cuestionó por qué demonios había esperado tanto para estar con él.
Volvió a sentir las manos de su novio acariciando sus piernas. Tomó aire y las abrió un poco al tiempo que bajaba sus brazos para alzarse un poquito y poderle ver mejor.
Tenía una hermosa sonrisa en su bello rostro que al instante se llenó de asombro al ver el miembro erecto y turgente de David frente a ella.
Oh Dios. Era… grande. Es decir, no era descomunal, pero definitivamente para ella, dada su complexión, sí era de tamaño considerable y… grande. Mucho más largo y grueso que cualquier otro miembro que había tenido dentro, que de igual forma, no eran un gran número.
"Demonios", pensó.
Estaba en problemas porque además del tamaño, tenía casi dos años desde la última vez que había tenido sexo.
Hizo gala de su autocontrol para no soltarse riendo al ver la expresión de Regina. Tenía su mirada clavada en su erección y sus preciosas mejillas se encendieron un poquito más haciéndola ver adorable
- ¿Sucede algo? - preguntó casi seguro de saber el por qué estaba así
- N-no - respondió la reina, pero la vio tragar pesado y después se mordió el labio inferior mientras volteaba a verle algo contrariada.
Porque… bueno, David tenía un cuerpo escultural. Torso, abdomen y pectorales bien definidos, brazos y piernas trabajados y se veía realmente irresistible. ¡Por Dios! ¡El hombre era divino!
- Te prometo que iré despacio y seré muy cuidadoso - le dijo mientras se subía sobre ella pero sin aplastarla y acarició tiernamente su bello rostro y su cabello con sus manos
- Eres hermoso - susurró Regina solo para él y le sonrió genuinamente
- No más que tú, belleza - besó con cariño su mejilla - Te amo - atrapó sus labios en un beso entregado que de inmediato se tornó ardiente con la respuesta de la reina
- Hazme el amor, David - le pidió acariciando con las puntas de sus dedos la mejilla y mirándole con entrega. No pudo evitar que sus ojos se humedecieran al hacer su petición porque para ella, ese momento, tenía un significado profundo y especial y sabía bien que el príncipe era consciente de ello.
Habían hablo de eso, de que Regina nunca había tenido sexo con una persona a la que amaba, mucho menos con una que le amara por igual y David le escuchó atento y comprensivo. Además de eso, también hablaron del hecho de que Regina no podía concebir debido a que, en el bosque, tomó una poción que la hizo infértil.
Recordaba que fue una de las primeras cosas que le confesó cuando llevaban un mes saliendo. Lo hizo antes de que David se ilusionara con la posibilidad de tener hijos con ella y también porque prefería que la dejara de una vez y no la rechazara más adelante, cuando estuviera loca de amor por él.
Porque para ese entonces, ya sabía perfectamente que el príncipe era el verdadero amor de su vida. Estaba muy enamorada de él y estaba segura que iba a llegar a amarlo como jamás lo había hecho en su vida.
Pero se llevó una de las más gratas sorpresas cuando el príncipe le aseguró que eso no le importaba. Que estaba perdidamente enamorado de ella y fue ahí, cuando le confesó por primera vez, que la amaba.
Al verla así tan vulnerable no pudo evitar envolverla entre sus brazos y aferrarla contra él. Dejó un besito en su cabeza mientras acariciaba su cabello
- Te amo. Te amo - repitió y la dejó recostada de nuevo con cuidado. La besó en los labios mientras la reina se empujaba contra su cuerpo de tal forma que el plano vientre se restregaba con erotismo contra su hinchado y pulsante miembro.
Jadeó cuando dejó su boca y sus labios rozaron su mentón cuando él alzó su rostro un poco. Podía sentir el líquido preseminal humedecer su piel y la sola anticipación de tenerlo dentro le hacía mojarse toda
- Te deseo tanto - le dijo besando su mandíbula.
Se agachó para atacar su cuello con besos ardientes y húmedos. Llevó una de sus manos hasta su sexo, que esta vez, encontró empapado
- Oh, Dios - gimió desde lo más profundo de su garganta.
Masajeó su intimidad con dos de sus dedos, tanteando su húmeda entrada y comenzó a introducir uno de ellos haciendo que su reina jadeara un poquito pesado.
Estaba tan mojada que pudo deslizar su dedo con facilidad, pero de inmediato supo que tendría que ser muy cuidadoso cuando la penetrara. La sentía estrecha y sabía bien que tenía mucho más de un año que no se acostaba con nadie.
Regina tenía su cabeza ladeada para darle mejor acceso a David a su cuello, mientras él la penetraba con su dedo y ella ondulaba ligeramente sus caderas buscando mayor estimulación.
Entreabrió sus preciosos ojos hacia los arbustos y su vista era un poco desenfocada. Su cuerpo estaba inundado de placer y no podía pensar en nada, en nada que no fuera él y lo que le estaba haciendo.
Apretó sus ojos cuando empezó a introducir un segundo dedo y daba gracias a todos los cielos que estaba muy húmeda porque el grosor que creaban era suficiente para hacerle sentir un poquito de incomodidad y también presión.
Besaba ahora su garganta mientras la penetraba con dos dedos. Los introducía y los giraba un poco buscando hacerse espacio y acostumbrar el ardiente interior de su novia a tener algo dentro antes de meter su miembro.
Después de un par de minutos en los que ya tenía a Regina jadeando alto y pidiendo por más, curvó sus dedos con precisión encontrando ese punto especial dentro de ella. Lo supo porque la reina abrió sus hermosos ojos de golpe y jadeó con un poco de sorpresa
- ¿Es ahí? - preguntó acariciándole la mandíbula con su nariz y ella solo pudo asentir con desespero.
Le estimuló con afán con sus dedos y se alzó un poquito para verla. Regina tenía sus hermosos ojos clavados en los de él y conforme se acercaba al orgasmo, le apretaba los dedos con su estrecho interior y entrecerraba sus bellos ojos como si no pudiera controlar el movimiento y justo cuando estaba por alcanzar el orgasmo, sacó sus dedos
- ¡No! - se quejó de inmediato en un lloriqueo que se escuchó suplicante porque estaba a punto de llegar
- Tranquila, belleza. Tenemos toda la noche - le dijo al ver algo de angustia en su bello rostro y la vio tratar de llevar una mano a su propia intimidad, pero la tomó rápidamente impidiéndoselo - Shhh, te gustará más así - aseguró en cuando la escuchó quejarse de nuevo y llevó la delicada mano hasta su boca para depositar un besito mirándole atento.
Regina respiraba ya muy agitada y se sentía abrumada porque necesitaba venirse, pero al mismo tiempo estaba ansiosa por dejar que David hiciera todo lo que tenía en mente.
Nunca había estado con alguien que se preocupara por su placer.
El infeliz y miserable de Leopold jamás lo hizo. Siempre tomó lo que quiso sin importarle ella en ningún aspecto y Graham, bueno, con él fue distinto. El cazador obtenía su placer mientras ella, el suyo. Era solo sexo, cada uno buscaba su propio orgasmo y ya.
Pero David… el príncipe se estaba esforzando por brindarle la mejor experiencia posible en esa primera vez y sabía bien, que estaba postergando su propio placer aguardando a que ella estuviera lista para recibirle, pero ya no quería esperar más y era seguro que él tampoco
- Estoy lista - aseguró tomando el apuesto rostro entre sus manos para jalarlo hacia ella y darle un beso fogoso y hambriento que logró convencerlo al fin.
Se irguió por completo y llevó sus grandes manos hasta las perfectas caderas para aferrarla de ahí. La alzó un poco subiéndola a su regazo y tomó su pulsante e hinchado miembro llevándolo hasta la dulce intimidad de la reina. Posicionó la sensible punta contra la estrecha entrada y, sin soltar su erección, empujó con firmeza y delicadeza hasta que la cabeza entró.
Regina se quejó un poquito y por reflejó se apretó sobre la punta del miembro en su interior. Volteó a ver al príncipe quien tenía una expresión concentrada en su apuesto rostro y le miraba con sus penetrantes y oscurecidos ojos atentamente. Se mordió el labio inferior y asintió, dándole la confianza de seguirse introduciendo en ella.
Apretó los ojos cuando siguió empujando, ganado terreno dentro de ella y el estrecho interior. La reina se dejó caer sobre la manta con sus ojos abiertos y respirando agitadamente.
Era invasivo y doloroso, pero de una manera soportable y hasta cierto punto placentera, no en la que le haría quererle parar o quitar. Gimió bajito cuando el pulgar de una de las manos del príncipe comenzó a estimular su sensible clítoris.
David estaba siendo muy cuidadoso con sus movimientos. Avanzaba lento y atento a las reacciones de su bella novia porque no quería lastimarla ni hacerla sufrir durante el acto. Le masajeaba el pequeño botón de placer para distraerla de la incomodidad y dolor que pudiera estar sintiendo mientras él mismo estaba muriendo porque en verdad, Regina era muy, muy estrecha.
Si no supiera sobre su pasado juraría que era virgen.
Cerró los ojos con fuerza y apretó el agarre sobre la cadera de ella porque la presión sobre su miembro era demasiada y temía venirse en ese mismo instante. Respiró profundo un par de veces sin dejar de tocarle el clítoris y después volteó a ver el punto donde se estaban uniendo.
Faltaban un par de centímetros para estar completamente dentro de la reina. Así que se posicionó mejor sobre sus rodillas y llevó su brazo izquierdo a la estrecha cintura rodeándola por debajo. Colocó su mano derecha sobre el plano vientre y la volteó a ver.
La sostuvo firmemente de esa forma y la jaló hacia a él introduciéndose en ella hasta el final.
La reina se arqueó entre los brazos de su príncipe cuando lo tuvo por completo en su interior. Echó su cabeza hacia atrás mientras abría su boca en un gesto mudo y miraba hacia la nada
- Eres estrechísima, mi amor - siseó el príncipe inclinándose y alzándola un poco más para besarle el torso al tiempo que se quedó quieto, aguardando a que ella se acostumbrara a tenerle dentro y poderse controlar para no venirse.
Removió un poco sus piernas acomodándose mejor. Se sentía sumamente cuidada, amada y apapachada por el príncipe y no podía hacer otra cosa más que sentirse inmensamente feliz de estarse entregando a él por primera vez.
La sensación de tenerlo dentro era maravillosa porque a pesar de ser algo un tanto incómodo y un poquito doloroso, era reconfortante sentirse llena por él en cuerpo y no solo en alma y corazón.
Lo amaba, con cada espacio de su ser.
Sintió las delicadas manos de su novia acariciarle el cabello y fue hasta entonces que la bajó para dejarla recostada de nuevo sobre la manta. Le acarició con sus manos el bello torso desnudo y acunó los preciosos senos para masajearlos. Tomó los endurecidos pezones con sus dedos y jugó un poco con ellos ganándose pequeños gemidos.
Estuvo así durante un ratito, aguardando a que se acostumbrara a su grosor y sintiera que podía ser penetrada. Hasta que, por fin, ella habló
- Hazme tuya - le pidió con ardor en la voz al tiempo que giraba un poquito sus caderas haciéndole gemir roncamente.
Se irguió una vez más, poniendo las manos en sus preciosas nalgas. La reina colocó las plantas de sus pies sobre la manta buscando apoyo. David extrajo su miembro hasta que solo la punta quedó dentro y, al tiempo que la jalaba hacia sí mismo, la reina se empujó contra él.
Ambos gimieron cuando estuvieron completamente unidos de nuevo. Regina llevó sus manos a los muslos del príncipe y se aferró de ahí mientras comenzaba a mover sus caderas y las manos, ahora ardientes de su novio, la tomaban por la cintura para jalarla hacia él.
Encontraron una perfecta sincronía casi al instante. Las manos de David viajaban de la estrecha cintura de su novia hasta sus muslos y de regreso procurando brindarle el mayor placer posible.
No pasó mucho tiempo para que la penetración dejara de ser incómoda para Regina y fue entonces que aumentó el ritmo de sus caderas y empezó a gemir alto.
Se había quedado muy cerca del orgasmo y estaba segura que no tardaría mucho en llegar.
El miembro del príncipe se sentía perfecto en su interior. Entraba y salía con firmeza de ella, ensanchándola deliciosamente y sus manos, esas perfectas manos que siempre le tocaban con adoración, estaban haciendo maravillas en su cuerpo.
Y oh, David tenía razón. Su cuerpo entero comenzaba a temblar haciéndole difícil respirar por segundos y después se relajaba para volver a hacerlo y por Dios que jamás se había venido tan pronto siendo penetrada y ni siquiera estaba tocando su clítoris
- D-daviiiid - gimió agudamente y se agarró de los brazos del príncipe que le estaban aferrando por la cintura en esos momentos mientras el orgasmo azotaba con fuerza su cuerpo.
Sus caderas se movían incontrolablemente mientras su interior convulsionaba con fuerza sobre el miembro del príncipe
- Mmghh… ¡Ahhhh! - gritó al fin, dejándose caer sobre la manta con una hermosa sonrisa de gozo en su bello rostro sonrojado y ligeramente sudoroso.
Sonrío ampliamente al ver a su novia disfrutando del orgasmo que acababa de darle. Se veía hermosísima y lo tenía completamente hipnotizado y muy, muy enamorado
- ¿Te gustó? - preguntó acariciando su costado y sintiéndola más relajada sobre la manta y su erección.
Regina abrió los ojos en cuanto le escuchó. Aún lo tenía dentro y él, no se había venido.
Se levantó sorprendiendo a David y se hizo un poco hacia atrás haciendo que saliera de ella. Se posicionó sobre sus rodillas y le besó mientras se acercaba a él y le empujaba para que fuera ahora el sheriff quien se recostara sobre la manta
- Me encantó - respondió por fin acomodándose sobre su novio y colocando una mano sobre el amplio pecho, se inclinó para besarlo
- ¿Tienes ganas de montar, Majestad? - preguntó con un toque juguetón en la voz mientras colocaba sus manos sobre su bello trasero de infarto apretando un poquito sus nalgas.
Ella negó divertida moviendo sus caderas buscando que la punta del miembro de David quedara sobre su empapada y lista entrada. Sería sólo cuestión de descender para tomarlo.
Y cuando la encontró, lo escuchó jadear con excitación ante la anticipación y Regina le miró con intensidad
- Es el turno de tu reina de hacerte el amor, encantador - se movió hacia atrás tomándole lentamente en su interior. Siendo ella misma quien obligaba a sus paredes internas a ensancharse alrededor de la gruesa circunferencia en la que se estaba clavando.
David gimió largamente durante todo el trayecto de Regina hasta que volvió a estar envuelto por completo en el cálido, apretado y húmedo interior de la reina.
Dios… Era exquisito. Nunca antes había estado con alguien que se sintiera así como se sentía su amada novia. Era perfecta, como si hubiera sido hecha para él.
Regina giró un poco sus caderas arrancándole un siseó ardoroso al príncipe y se mordió el labio inferior gustosa ante la estimulación que consiguió.
Comenzó a moverse de adelante hacia atrás penetrándose sola a un ritmo placentero y firme. Apoyó sus manos sobre el amplio pecho de su novio mientras las grandes manos de él, acariciaban sus muslos, sus caderas, su costado y espalda con erotismo.
Se tomó un momento para observar a la mujer de su vida. Estaba majestuosa así, a la luz de la luna que alcanzaba a colarse por entre los árboles del bosque. Había echado su cabeza un poquito hacia atrás y gemía con su preciosa boca entreabierta. Cerró los ojos y se mordió el labio inferior por un movimiento en particular de las preciosas caderas que ondulaban con sensualidad y erotismo sobre él.
Cómo la amaba. Regina se había convertido en su mundo entero de la noche a la mañana y pronto se dio cuenta que iluminaba sus días de una forma en la que jamás pensó podría pasar. Ella era la luz de su vida y por fin, por fin estaba haciendo el amor con ella y no podía ser más feliz en ese momento. Sintió sus ojos humedecerse por la emoción.
La reina se inclinó colocando ahora sus antebrazos sobre la manta para poder acariciar el cabello de su príncipe sin dejar de ondular sus caderas.
David acariciaba ahora toda su espalda con ternura y sostenía su cabeza de pronto mientras con la otra mano aferraba su cadera.
Se besaron y Regina empezó a moverse con mucha rapidez al tiempo que gemía más pronunciadamente en medio del beso que se daban y él la sostuvo por las nalgas disfrutando, dejándole moverse como lo necesitara.
Disminuyó el ritmo de nuevo y se alzó un poco, apoyándose sobre sus manos esta vez. Siguió subiendo y bajando sobre la dura, larga y gruesa erección de su novio y después, se inclinó hacia atrás llevando sus manos hasta los muslos de David y le acariciaba al tiempo que le montaba.
El príncipe se alzó abrazándola con su brazo derecho y quedó apoyado con su mano izquierda sobre la manta. Su novia no dejaba de mover las caderas sensualmente y él se prendió de su pezón derecho para chuparle con ganas mientras acariciaba su nalga y la apretaba de pronto aumentando las sensaciones.
Y no podía hacer otra cosa que admirar a ese bello pecado de mujer sobre él, tan erótica y sensual, clavándose sola en su miembro buscando el placer de ambos. Dejó de abrazarla y su pezón para acariciar todo su pecho mientras Regina se movía con más ímpetu soltando hermosos gemidos y jadeos que iban en aumento.
David volvió a recostarse y las manos ahora acariciaron su plano vientre, rozó apenas cerca de su clítoris haciéndola temblar ligeramente y que se inclinara de nuevo hacia él. Le besó apasionadamente, pero también con muchísimo amor y entrega.
Y en realidad, él ya no aguanta más. Colocó su mano derecha sobre su cuello, llevó la izquierda hasta el medio de sus nalgas sosteniéndola y de esa forma, comenzó a empujar sus caderas contra ella con algo de rapidez y urgencia. Se sentía muy cerca y esperaba que Regina pudiera alcanzar el orgasmo una vez más porque él no podía más.
Los dedos acariciaron su entrada posterior haciéndola estremecer
- Ohhh - gimió ahogadamente cuando David tocó esa parte de su anatomía que nunca antes nadie se había atrevido a tocar.
La tenía sostenida con firmeza pero sin lastimarla y la penetraba con fuertes estocadas desde su posición, que si bien no eran rápidas, eran duras y le sacaban un gemido cada que se enterraba en ella. Le besaba cariñosamente la frente, nariz y los labios. Pegó su frente con la de ella y enganchó su azul mirada con la chocolate y bella.
Amor… No veía otra cosa en los ojos de David que no fuera amor, amor profundo y verdadero como el que ella sentía por él. Sus ojos se llenaron de lágrimas por el inmenso placer que sentía y aunque no pudiera venirse de nuevo, solo quería verlo llegar al orgasmo.
Empezó a mover sus caderas más rápido, lo más que podía dada su posición y empujó a la reina hacia él para aumentar la presión y estimular ese punto especial dentro de ella
- ¡Ahh, ahhh, ahh! - gemía sobre su boca con sus bellos ojos cerrados y su rostro contorsionado de placer.
Sonrió satisfecho cuando sintió que las paredes internas se estrechaban sobre él y siguió hasta que sabía que ambos estaban a nada de llegar
- R-regina… - llamó su atención - Voy a… - tragó pesado y apretó los dientes, así como el agarre que tenía en ella, listo para cambiar de posición y poder salir de su interior para descargarse fuera
- Dentro. Lo quiero dentro de mí - su hermosa voz se escuchó estrangulada y sus palabras hicieron que el príncipe comenzara a gruñir y gemir audiblemente - ¡Ohhh! - gimió alto la reina - Te amo, David - apretó la manta entre sus manos con fuerza alcanzando el orgasmo una vez más y con el amor de su vida en su interior
- ¡Oh, belleza! - le siguió David cuando se cerró fuertemente sobre su miembro impidiéndole el movimiento y explotó muy profundo, dentro de la mujer que amaba y que acababa de confesarle su amor.
Regina se derrumbó sobre el pecho de su sheriff totalmente exhausta y de inmediato los fuertes brazos del príncipe la rodearon. Gimió bajito ante la agradable y reconfortante sensación de la ardiente semilla de su novio derramándose con fuerza hasta lo más profundo de su interior.
David era el único hombre que se había venido dentro de ella con su total consentimiento. Era la primera vez que eso sucedía porque Regina quería y le hacía tan feliz que se sintiera tan bien y correcto, pero sobretodo, que fuera por amor.
Respiraba pesado en búsqueda de aliento y se sentía inmensamente feliz. Acababa de hacer el amor con él y también, le acababa de confesar que lo amaba. Sintió un besito en su mejilla y gimió bajito cuando lo sintió entrar y salir despacio de ella, penetrándola un par de veces, para después retirarse por completo.
Se vio de pronto de lado sobre la manta muy segura entre los protectores y amorosos brazos
- Te amo, hermosa luz de mi vida - susurró bajito sobre los preciosos y entreabiertos labios mientras trataba de recuperar el aliento. Una hermosa sonrisa se formó en los labios de su amada
- También te amo, mi amor - llevó su delicada mano izquierda a la mejilla derecha y le besó con mucho amor - Me siento inmensamente feliz de que hayamos hecho el amor - confesó con lágrimas en sus bellos ojos y sintió que la evidencia del orgasmo de ambos resbalaba de su intimidad.
David le sonrió con emoción, se prendió de sus labios y les movió a ambos de tal forma que Regina quedó recostada y él de lado.
Siguieron compartiendo besos, caricias, palabras tiernas y amorosas, totalmente ajenos al hecho de que alguien les estuvo observando desde los arbustos durante todo el acto.
