Disclaimer: Naruto no me pertenece, es propiedad de Masashi Kishimoto.
Rating: M por violencia, situaciones sexuales, lenguaje antisonante y muerte de personajes entrañables.
Se recomienda discreción al lector. Capítulo con una muerte, aviso con anticipación.
"Mirando hacia atrás, mira
No hay palabras que puedan salvar esto,
Estás roto y yo cabreado
Corro como se supone que debo hacerlo,
Ser el hombre que debería"
Goodbye kiss / Kasabian
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Capítulo VIII
Pesadilla sin fin
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Ocho meses lejos de Konoha
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El tiempo pasaba rápidamente y el bar pronto se convirtió en un punto de encuentro muy recurrente al estar en el frontera con tres países, por lo que los días eran agotadores para las cinco personas que vivían en ese bar. A primera hora de la mañana Takeda Ryu y su hijo Koichi salían junto a Genji-sama a comprar provisiones a una aldea cercana del país del fuego, se iban en una carreta vacía y regresaban con Sake y alimentos. Mientras ellos hacían las compras, Shino y Hinata comenzaban a preparar los alimentos del día, mientras Akamaru los miraba aburrido desde una esquina de la enorme cocina, pero él se encargaba de avisar que Kiba había regresado pues cuando lo olfateaba comenzaba a menear su cansada cola con felicidad. Kiba dejaba a padre e hijo descargando las cosas y él se marchaba junto a Akamaru, quien usaba su jutsu antropomorfo, y corrían y hacían un poco de ejercicio para que el canino se animara y activara sus cansadas articulaciones. El enorme can no solo estaba cansado por su edad, sino que las lesiones de su encierro en su clan habían hecho mella en su cuerpo y no se podía mover tanto como antes. Después regresaban y el perro volví a su forma mientras iba a descansar al piso superior. Ya entonces comenzaba la rutina de Kiba de atender a los primeros clientes que llegaban cerca del mediodía.
Con autosuficiencia Kiba contempló como sus arcas de dinero continuaban creciendo, pero no dejó de capturar a ninjas con recompensa en los alrededores, pronto podrían comenzar a comprar armamento ninja ilegal para hacer realidad su asalto a Konoha. Hasta pudo comenzar a pagar un pequeño sueldo al padre y a Koichi, porque Kiba tenía claro que ese negocio no sería eterno y que eventualmente él y sus tres amigos se marcharían al país del silencio y pensaba en que esos dos se podrían quedar con aquel lugar y hacerle llegar una pequeña cantidad.
Por otro lado, Shino se preguntó porqué no había pasado más tiempo en la biblioteca de su padre. Pensar en Shibi Aburame lo llenaba de melancolía, más de la que generalmente sentía. Cada mañana Shino despertaba antes que Hinata, pues tenía que ir a alimentar a sus insectos rojos cada cuatro horas, pero en su opinión estaba valiendo mucho la pena el esfuerzo. Los insectos habían conseguido reproducirse y a pesar de su tamaño similar al de una pulga, su apetito era feroz; no solo comían chakra, sino también carne y huesos. Lo último lo comprobó una noche en que atrapó a un ratón de campo que logró colarse en la parte superior de la casa, lo tomó por la cola y lo dejó caer en la estructura de vidrio donde mantenía a sus insectos. Ni un minuto pasó y en lugar del ratón, solo quedó una mancha roja que delataba que algo estuvo ahí. Así que cuando Kiba dejó de llevarle restos de sus víctimas, comenzó a usar pequeños roedores que atrapaba en la casa y a experimentar el control de sus insectos. Pronto se dio cuenta de que con práctica y usando los sellos que su padre le enseñó alguna vez, podía detener la velocidad con la que devoraban y hasta empezó a pensar que podría controlarlos como Gaara controlaba su arena. No era una tarea fácil y por eso se lamentaba de no haber husmeado más en la ancestral biblioteca de su padre, pero al estudiar en sus tiempos libres textos de entomología, medicina, plantas y venenos, empezó a desarrollar ideas nuevas... ¿Y si agregaba insectos venenosos a su arsenal? Pero no solo eso... ¿Y si los insectos rojos eran lo suficientemente inteligentes para meterse en la piel de sus víctimas y entonces poder manipularlos como títeres? Con pocos recursos una serie de ideas asaltaron al chico, quien sonrió cuando logró que sus insectos no se comieran al ratón en turno, sino que se metieran bajo su piel... poco después se comieron al roedor desde dentro, pero había conseguido un avance enorme esos meses.
— ¿Shino-kun?
— Un momento, por favor. — dijo mientras tomaba notas de los sellos manuales que usó para ordenar a los insectos que entraran en el diminuto ser, quizá si desarrollaba algún químico que le ayudara a comunicar sus órdenes... Sacudió la cabeza y miró a la chica que estaba sentada en silencio en la cama al lado de la suya. — ¿No te da miedo dormir aquí, conmigo y mis insectos?
Hinata alzó la mirada y esbozó una pequeña sonrisa.
— Confío en ti, Shino.
Fue la corta respuesta que dejó satisfecho al chico, quien no lo admitiría pero le gustaba sentir que era importante para alguien.
— ¿De qué quieres hablar? Es raro que luego de una jornada larga te quedes más tiempo despierta.
Justo era cerca del amanecer, la hora en que cerraba el lugar.
— Me voy a ir de aquí.
Shino acomodó las gafas que Kiba le compró hace pocos meses.
— ¿A dónde vas?
— Amegakure sigue siendo un país en ruinas a pesar de que la alianza Shinobi ha hecho muchos esfuerzos por ayudarlos a levantarse. — Hinata se acercó para sentarse junto a Shino y pudo verla mejor iluminada. — Pondremos otro negocio, creo que podría ayudar a Kiba a generar más dinero.
— ¿De qué será tu negocio?
Hinata le dio una suave sonrisa de disculpa al chico.
— Será una casa de citas, yo lo administraré.
— Somos adultos, lo entiendo a la perfección.
Se quedaron en silencio, no era incómodo, más bien era pacífico y cobijaba los pensamientos de cada uno de ellos.
— Entonces también me iré. — concluyó Shino.
— ¿A dónde?
— A la cueva, creo que mis insectos podrán tener más espacio y no tendré riesgos de lastimar a Ryu y su padre.
De pronto se escuchó un golpe y algunas risas desde la parte de abajo, tomando en cuenta que ya habían cerrado, esas voces debían ser de Kiba y Takeda-san.
— Kiba parece ser muy feliz aquí... — murmuró Hinata mientras Shino asentía.
— ¿Te ha lastimado? — dijo Shino y de pronto su mano helada llegó hasta el cuello de la chica que mostraba un pequeño moretón.
— No, estoy bien.
Volvieron a quedarse en silencio mientras la mano de Shino caía y se quitaba los lentes para mirar mejor a su mejor amiga.
— Hinata...
— ¿Sí?
— ¿Ya no vamos a ir por Mirai... verdad?— Aquella pregunta cimbró a la chica. — Un bar y una casa de citas no son un buen lugar para que crezca, y yo soy una opción inviable sin importar donde esté.
— ¿Nos hemos vuelto muy avaros? Solo pensamos en dinero... — murmuró ella con tristeza y Shino sonrió.
— Sin dinero seguiríamos hacinados en la cueva, esto era necesario. — debatió el chico y acarició la base de vidrio donde estaban los insectos que en un inicio tuvieron la tarea de matarlo.
— Es que de nada sirve tener los recursos suficientes si no iremos por ella... Podríamos abandonar todo hoy mismo e irnos lejos de Konoha.
— Mirai-chan tendrá una vida pacífica en Konoha... Shikamaru cuidará de ella y le dará un hogar y una buena educación. — Shino miró a Hinata. — Es más de lo que nosotros podemos ofrecerle. — Shino le sonrió a su amiga mientras le acomodaba un mechón de cabello, mostrando más marcas en su piel. — Ni siquiera podemos cuidar de nosotros mismos, ¿Cómo cuidaremos de ella?
Hinata suspiró ante las palabras de Shino, quien siempre se había caracterizado por ser el más inteligente y mesurado de los tres. Si alguien había sido el capitán del equipo ocho había sido él, por eso le dolía la verdad que estaba escuchando.
— No le va a gustar a Kiba.
— Pero lo va a entender. — sentenció el chico. Aquella era la conversación más larga que habían tenido en mucho tiempo, pero se sentía bien, ir poniendo en orden sus vidas.
— ¿Vamos ahora? — preguntó la chica con cautela, y el chico asintió mientras volvía a colocarse las gafas negras.
Bajaron a la cocina donde Kiba estaba bebiendo una copa de sake de un trago acompañado de Akamaru.
— ¿Y Takeda-san? — preguntó Shino.
— Ya se subió a dormir. — los miró de reojo mientras se servía otra copa. — ¿Ya te contó Hinata?
— Sí, ya lo hizo, y yo decidí irme a vivir a la cueva. — directo al grano, justo como era Shino.
Kiba pensó por unos momentos antes de responder.
— Me parece bien, si sucede algo no nos atraparan a todos. — respondió mientras su canino amigo bajaba la cola con tristeza. — No estés triste Akamaru, es lo mejor.
— También pensamos que deberíamos desistir de la idea de ir por Mirai-chan. — Hinata dio un paso adelante y miró a Kiba con seriedad, él se tensó al escuchar aquello pero decidió esperar a que ella terminara de hablar. — Creo que ninguno está bien para cuidarla y darle el hogar que perdió... crecerá tranquila en Konoha.
Una vez que terminó de hablar, un silencio incómodo se instaló en la cocina.
— Puedo entender eso. — Kiba se sirvió una tercera copa y la bebió de golpe para después azotarla contra el piso. — Pero de ninguna manera pienso abandonar mi idea de vengar lo que me hicieron... lo que nos hicieron... y de lo que tu padre le arrebató a Mirai. — gritó Kiba con un evidente grado de alcohol en las venas.
— Nadie dijo nada de abandonar nuestra venganza. — Shino se acomodó las gafas. — Dame medio año más y tendré listos a mis insectos, estoy tratando de enseñarles a controlar ratas.
— ¿Controlar ratas? — preguntó Kiba con escepticismo.
— ¿Es eso posible? — preguntó Hinata con sorpresa. — ¿Podrías llegar a controlar a una persona?
— Estuve pensando en el jutsu de sombras de Shikamaru y el la arena del Kazekage, mis insectos podrían cumplir esos dos roles con un poco más de trabajo.
Kiba sonrió.
— ¿Tienen idea de lo que eso significa? — la risa maníaca de Kiba fue acompañado de un aullido de Akamaru. — ¿Entonces quieren ir por venganza pero dejar a Mirai-chan en manos de una aldea podrida hasta sus cimientos? Lo que nos hicieron se lo podrían hacer a ella...
— Ella estará bajo el cuidado del equipo de Asuma... ellos verán por su bienestar.
— Los tres son las cabezas de sus clanes, si les ordenan deshacerse de ella, lo harán. — se quejó Kiba.
— ¿Tu la criarás? ¿Con tu evidente alcoholismo, Kiba? — preguntó Shino con enojo, su ceño fruncido era evidencia de eso.
— Estoy cansado de todo, ayúdenme a sacar a Mirai de ahí y Akamaru y yo nos iremos a un sitio tranquilo a cuidar de ella.
— No la dejaré contigo. — ninguno de los dos chicos pudo haber previsto una respuesta tan agresiva de parte de la única chica de allí, pero eso solo hizo a Kiba reír.
— Tampoco la dejaré en manos de Konoha. — Kiba miró con fiereza a Hinata, quien le sostuvo la guerra de miradas.
— Propongo algo. — Shino llamó la atención de ambos. — Vayamos a Konoha por nuestras pertenencias... si es que quedan... tomemos venganza por lo que nos arrebataron y hablemos con Shikamaru... si no es capaz de cuidar de ella, nos la llevaremos y la dejaremos con una familia que pueda cuidar bien de ella.
Kiba volvió a reír.
— ¿Enserio? Hola Shikamaru, acabamos de incendiar media aldea, seguimos siendo probables culpables de asesinar a Kurenai-sensei y venimos a verte porque queremos saber si puedes cuidar de Mirai, de otra forma nos la llevaremos para darla en adopción... no, sin azúcar mi té. — se burló. — Hinata, tu escuchaste a Shikamaru gritar que nos encontraría y te mataría... ni hablar de lo que hará el Hokage si nos detiene.
La chica mordió su labio y asintió.
— Shikamaru-san... no creo poder acercarme a él... — bajó la mirada. — pero eso no nos puede detener, vayamos a ver si Mirai tiene una buena vida ahí, por favor Kiba, no quiero que ella pierda más.
— Tsk. — Kiba pateó los pedazos de copa que estaban rotos en el piso. — Yo determinaré si Mirai puede quedarse en Konoha o no, y si nos la llevamos... se dará en adopción a una buena familia a la que le pagaremos por cuidar de ella.
— De acuerdo. — Shino estiró su mano como cuando solían ser un equipo de ninjas al servicio de Konoha y estaban listos para empezar una misión.
— De acuerdo. — Hinata puso su mano sobre la de Shino.
— Ese es el plan. — Kiba respondió al gesto de sus amigos y puso su mano sobre la de ellos. — El plan será el siguiente... Tenemos que entrenar y tener todo listo para el ataque... ¿Cuánto tiempo necesitas para que tus insectos estén listos?
— Un par de meses, pero aún si no logro dominar su nueva habilidad, ya son sumamente letales.
Kiba asintió y miró a Hinata.
— Entrenaré mi estilo de pelea, no volverán a ganarnos.
— Yo contactaré a algunos conocidos que podrían servirnos de pantalla, por un poco de dinero atacarían Konoha.
Las palabras de Kiba calaron en los tres en cuanto fueron dichas.
— Vamos a atacar a Konoha... — murmuró Hinata mientras se llevaba una mano al pecho. Konoha siempre fue su hogar y el sitio por el cual estuvo dispuesta a dar su vida en la última guerra ninja... era la aldea donde reposaban los restos de su amado primo Neji, y era el lugar que habitaba su preciada hermana. — Yo mataré a mi padre.
— Yo a mi tío y al consejo del clan Aburame.
— Y yo seguiré el ejemplo de Uchiha Itachi, no hay espacio para más Inuzukas en este mundo... ¿Cuento con ustedes?
Y mientras la luz del nuevo amanecer iluminaba los alrededores, los tres chicos se asintieron como respuesta, rodeados de sombras y dolor, sabiendo que estaban tomando un camino que los condenaría, pero no estaban en la disposición de renunciar a la justicia que nadie más les daría.
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Un mes después.
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— Fue una buena compra. — dijo Hinata vestía una hermosa Yukata negra, calcetas blancas y unas sandalias de madera, así como sus ojos cubiertos por una tela negra.
— Por supuesto, la anciana me aseguró que todo estaba en buenas condiciones. — Kiba iba vestido con ropa de campesino, algo descolorida pero que le ayudaba a pasar desapercibido, mientras a su lado, un hombre que parecía ser su gemelo caminaba con ellos. — ¿Qué tal el doujo?
— Es perfecto, he podido volver a entrenar como antes. — respondió ella mientras seguía guiando a su compañero a través de un enorme edificio de planta baja y primer piso.
— ¿Ya elegiste a las chicas?
La chica desvió la vista.
— Aún no tengo estómago para hacerlo... — murmuró.
— Nadie las va a obligar, es un trabajo más por el que recibirán dinero. — Kiba observó a su hermano gemelo olfatear las flores del lugar para después estornudar. — Date prisa, pronto comenzarán los festivales del país de la tierra y muchos viajeros pasarán por aquí.
Akamaru vio cómo su amiga humana asentía y ambos humanos continuaban con su recorrido por las instalaciones de esa enorme casa. Por su lado Akamaru en su forma antropomorfa se dejó caer en el césped, cada vez se sentía más cansado y sus articulaciones le dolían desde que lo ataron con cadenas en su clan. Realmente extrañaba a su manada canina, pero estaba en paz con estar con su manada humana.
Hace un mes sus tres humanos favoritos se separaron, primero Hinata se fue a una zona donde el país del agua colindaba con el país del agua, mientras Shino se había ido con sus insectos a la vieja cueva a la que llegaron primero. Él se encargó de ayudar a Kiba a transportar sus libros y ropa, y cuando se cansó, se acostó en el piso de la cueva para ver cómo sus humanos favoritos cambiaban los muebles por unos nuevos, ponían muchos candelabros con velas y nuevas camas por si alguien más llegaba a quedarse ahí.
Honestamente se sintió muy triste cuando Hinata y Shino se fueron del bar donde vivía con Kiba, pero el pequeño Koichi se encargaba de cepillar su largo pelaje, siempre lo dejaba impecable. Se la pasaba durmiendo mientras Kiba trabajaba abajo, pero cuando este terminaba, lo llevaba a pasear y a jugar, alguna veces atacaban a algún forastero, pero esos eran sus mejores momentos con su amado Kiba. Si alguien le preguntara en esos momentos, Akamaru diría que su vida había sido muy feliz y siempre agradecería que Kiba hubiera sido su humano ninja.
— ¿Qué dijiste? — el grito de Kiba sacó a Akamaru de sus pensamientos y torpemente se puso de pie al estar usando su caracterización de humano.
— Rock Lee y Tenten están a menos de dos kilómetros de Shino. — A pesar de las vendas, el can identificó las venas del Byakugan de su amiga. La cueva estaba cerca del límite de su doujutsu ocular, estando el bar en medio de la distancia que los separaba a los tres, por eso fue importante para ellos comprar esa casa, para que Hinata pudiera seguir vigilando con su Byakugan.
— ¿No irán por él, verdad? — el color abandonó el rostro de Kiba.
— No lo sé, pero su trayectoria es directa.
Akamaru vio como sus dos amigos se miraban a los ojos y sin decir una palabra, subieron a la carreta de un brinco.
— Ven Akamaru, vamos a ayudar a Shino, pero mantén el jutsu y no ladres.
El can asintió y se subió a la parte trasera de la carreta que era jalada por dos caballos no muy robustos pero bastantes veloces.
En cambio, Kiba sintió sudor frío en sus manos.
— Tu cabello te delata. — y puso su propia capucha sobre Hinata.
— Te verán el rostro.
— Dudo que me reconozcan sin mis tatuajes y con esta barba.
Hinata asintió mientras volvía a enfocar su Byakugan.
— Están a un kilómetro.
— Llegaremos momentos después de ellos, esperémos que los insectos de Shino le avisen. — murmuró Kiba mientras arreaba a los caballos.
— ¿Vendrán refuerzos? Rock Lee y Tenten no son lo que esperaría que manden por nosotros, son muy llamativos. — pensó Hinata en voz alta y ante aquello, Kiba se congeló.
— ¿Y si es una trampa? Para que salgamos los tres y... Yo iré a ayudar a Shino, tu quédate escondida con Akamaru entre los árboles, por si llega alguien más.
Hinata asintió.
— ¿Y si solo es una coincidencia? Kiba... — Hinata sintió su corazón latir desbocado. — Kiba... ¿Debemos matarlos? — decir aquello fue demasiado para hinata, ellos habían sido los queridos compañeros de equipo de Neji, ella no podría matarlos por más que su vida estuviera en peligro.
Kiba tragó grueso antes de responder.
— No es tan diferente de matar a ladrones y prófugos son ellos o nosotros.
Cada vez se acercaban más.
— Pero si los matamos, tendremos que huir de aquí, Konoha peinará este lugar.
Kiba se mordió el labio hasta hacerlo sangrar.
— Cómo sea estamos jodidos... — gruñó mientras empezaba a frenar. — Dime si ya llegaron.
Hinata activó su Byakugan y vio a Rock Lee y a Tenten recargarse en un árbol frente a la cueva.
— Están descansando fuera de la cueva, no parecen buscar nada. — describió la chica.
— Dejemos aquí la carrera, iremos por los árboles a observar la situación, Akamaru, no vayas a destransformarte. — el can ladró en forma de respuesta.
— Rock Lee acaba de sacar una botella con agua... Tenten está escribiendo un trozo de pergamino. — la peliazul empezó a leer sus labios. — Dice Tenten, la misión fue difícil pero ya casi regresamos a casa. Ahora Lee está sacando un bentou y dice que Gai-sensei estará feliz de ver lo mucho que han mejorado...
Kiba se pasó una mano por el cabello y sonrió, casi con ganas de carcajearse.
— ¿Cuánta probabilidad hay de que pasara esto? Es demasiado estúpido.
Hinata asintió aliviada.
— Shino debe tener insectos afuera, basta con que no hagamos nada y solo se irán. — murmuró Hinata.— ¿Y si te regresas con Akamaru y yo vigi...?
Kiba giró de prisa y detrás suyo vio a un gran hombre calvo pero joven patear a una Hinata inconsciente en el piso.
— Es una pena golpear a esta dama tan hermosa, pero no pude evitar ver su preciado doujutsu ocular.
Kiba trató de hacer memoria pero no se habían encontrado con nadie en su camino hasta la cueva.
— ¿Qué veían? — se puso de puntillas pero no pudo ver nada. — ¡Qué tonto! Aún no tengo el byakugan para saber qué vigilaban.
No estaban tan cerca de la cueva, pero si estallaba una pelea, Tenten y Rock Lee llegarían en segundos.
— ¿Cuánto dinero me das por ella? — preguntó Kiba tratando de ganar tiempo, alejar al sujeto de ahí y ver cómo salvaba a Hinata.
— Creo que no entendiste, la chica es mía y no hay mucho que puedas hacer para salvar siquiera tu propia vida. aldeano de segunda. — Kiba frunció el ceño, pero era mejor que lo subestimara. — Pero me pregunto, ¿Por qué estás con esta chica tan buscada?
— Ella salvó mi vida y a cambio de eso le doy hospedaje.
¿Konoha o ese sujeto tan molesto?
El sujeto miró fijamente a Kiba y eso le irritó aún más.
— No pareces ser un ninja ni te ves fuerte, tu y tu gemelo se pueden ir antes de que... — pero una patada lo mandó a volar.
— Descuiden señores, nos haremos cargo. — Rock Lee había llegado.
— El olor a sangre nos alertó. — cuando Tenten dijo eso, Kiba recién notó que había un poco de sangre bajo Hinata.
— Aki... — Kiba llamó a su buen amigo que había estado a en estado de alarma en la carrera y llegó hasta él. — Solo queremos llevarnos a nuestra hermana...
Fue lo único que atinó a decir cuando Rock Lee empezó una singular pelea con aquel sujeto.
— Necesita un médico... si quieren puedo revisarla. — dijo la chica de ropa rosa y dos chonguitos, pero el chico negó.
— Estará bien, es fuerte. — y entre Kiba y Akamaru sostuvieron a la chica, colocándole la capucha y la subieron a la carreta.
Tenten iba a renegar, cuando el sujeto calvo hizo unos sellos y enterró a Rock Lee en la tierra.
— No se llevarán a mi maldita presa.
— ¡Arre! — exclamó Kiba a los caballos que comenzaron la carrera, aún si ese sujeto les contaba del Byakugan, esperaba poder estar lo suficientemente lejos... llevaría a Hinata con la anciana que les vendió la casa, era una partera pero algo de medicina sabría... pero entonces un insecto rojo se posó en su mano y sonrió, supo que Shino los estaba cubriendo. — Más rápido.
Entre Lee y Tenten intentaron hacerle frente al sujeto que constantemente buscaba escaparse de ellos.
— Deja a esos civiles en paz, metete con alguien de tu tamaño. — le dijo Lee a pesar de ser un poco más bajo que aquel sujeto.
— Ninjas de Konoha, si mi presa se va los voy a matar... el Byakugan es demasiado difícil de conseguir.
— ¿Byakugan? — preguntó Tenten.
Si bien había recibido una nota ultra secreta del Hokage pidiéndoles que se regresaran de su misión a la aldea por esa ruta ante los rumores de que podría ser uno de los lugares donde podría estar el equipo ocho, no vieron nada y realmente habían estado a punto de partir cuando sintieron el olor a la sangre.
Mientras Lee volvía a embestir al sujeto, Tenten miró la carreta que se alejaba y a pesar de que no reconoció al hombre castaño que vio, dos cosas la hicieron dudas, uno, su cabello castaño, dos, que tenía un gemelo... ¿Acaso sería Akamaru usando un henge?
— ¡Lee! ¿Puedes encargarte? — preguntó a su compañero.
— Sí, yo puedo solo. — el chico gritó con un pulgar arriba y su carisma de siempre, entonces Tenten se lanzó tras la carreta.
— Esperen... Hokage-sama quiere ayudarlos... — gritó Tenten mientras los perseguía sobre las ramas de los árboles. — Kiba-kun, si vienen con nosotros podemos aclarar todo... Kakashi-sensei ahora es Hokage y quiere escucharlos.
Kiba apretó su agarre por las cuerdas de los caballos mientras resistía el impulso de voltear, matar a Tenten no sería una tarea sencilla pero ella ya los había descubierto... Deberían adelantar sus planes de atacar konoha y marcharse de inmediato.
No podía caer en la tentación de lo que decía la chica que los perseguía, ella debía estar mintiendo... si regresaban a Konoha los matarían de una vez por todas, antes de siquiera darles un juicio. Pero... ¿Y si decía la verdad?
Los caballos se detuvieron cuando llegaron a una zona más boscosa, no acostumbrados a andas entre árboles e tan enorme tamaño.
— Por la memoria de Neji, les juro que estoy de su lado. — Tenten llegó en un brinco sobre la carreta, y kiba suspiró, actuaría con base en la situación. — Kakashi-sensei está haciendo mucho para ayudarlos, por eso nos encomendó esta zona a Lee y a mi, nosotros no tenemos intereses con ningún clan... solo queremos ayudar a Hinata y a sus amigos.
Kiba volteó y Tenten se tapó la boca al ver el estado en el que estaba, usando un parche y sin sus marcas rojas.
— ¿Kiba-kun?
— Nos encontraste, ¿Qué sigue?
La chica rápidamente se recuperó.
— Un médico para Hinata-chan, no parece una herida grave pero me extraña que esté inconsciente. — la chica se acercó lentamente a Hinata para voltearla y abrir la capa, revelando una tajada en su costado. — Es una herida superficial pero por el color, creo que tiene veneno.
Kiba chasqueó la lengua, aquello iba bastante mal.
— Tenten, si volvemos a Konoha nos matarán.
— Si no hacemos algo, Hinata-chan morirá... — pero entonces un grito de Lee los alertó. Aquel sujeto iba directo hacía ellos a toda velocidad.
Tenten abrió su enorme pergamino y cientos de armas salieron disparadas, pero el sujeto pudo esquivar sin problemas, por lo que la chica se lanzó al ataque con sus ninjato especial.
— ¿Por qué arriesgan su vida por unos simples ojos? — preguntó el hombre. — Tu amigo está muriendo, deberías ir a ver sus últimas palabras.
Tenten arremetió con más fuerza, pero entonces el hombre hizo unos sellos y de su boca salió una enorme llamarada de fuego que hizo que la chica saliera expulsada y chocara contra un árbol, cayendo inconsciente.
— Basta de molestias. — dijo el hombre calvo mientras se acercaba a la carreta.
— Mira, no sé cual sea tu problema, pero no puedo dejar que te la lleves. — Kiba sacó su kunai y se puso entre la chica y el sujeto. — Además, ni siquiera sabemos quién eres como para haber dejado así a dos ninjas de Konoha.
— Soy Kabane Michiaki, y me hace falta un byakugan en mi colección.
Kiba sintió su piel erizarse, con que aquel sujeto era el temible hombre del que le hablaron el otro día.
— No caeré sin pelear. — dijo Kiba y entonces vio detrás del sujeto un enorme enjambre de insectos rojos y comenzó a reír de alivio.
Kabane volteó al escuchar los zumbidos y una nube roja lo envolvió, haciéndolo gritar sin parar.
— Le he inyectado un antídoto a Lee, Tenten solo parece inconsciente. — dijo Shino al aparecer junto a Kiba.
— Hinata también está envenenada.
Shino asintió y se subió a la carreta para inyectar a la chica.
— Esto no es tan fácil, mocosos... — Kabane hizo unos sellos que ninguno de los dos reconoció y una serie de kunais envenenados fueron lanzados a toda velocidad sobre ellos.
Kiba cubrió a Shino pero al no sentir nada, la sangre se le heló. Su clon desapareció en una voluta de humo y apareció el gran perro blanco que era Akamaru, solo que cubierto de las armas de aquel sujeto.
Entonces Kiba se lanzó sobre su mejor amigo mientras Shino cerraba el puño con la orden de que devoraran a aquel sujeto, pero este desapareció al explotar en una voluta de fuego.
— Akamaru... muchacho... — gemía Kiba mientras Shino inyectaba el antídoto, pero al hacerlo, notó que el perro respiraba dificultosamente, además de que las armas habían tocado algunos puntos vitales.
— Kiba... — Shino lo llamó pero Kiba estaba aferrado al gran canino, quien lo veía con sus enormes ojos negros.
— No estás viejo, Akamaru, aún te quedan muchos años por vivir... — respondía a lo que su fiel amigo le decía, en un lenguaje que solo los dos conocían. — No debiste hacerlo... si te vas no me queda nada...
Akamaru lamió la mejilla de su mejor amigo.
Shino sintió un nudo en la garganta, pero eso no le impidió actuar. Metió la mano a su nueva gabardina y sacó otra inyección.
— ¿Más antídoto? — preguntó Kiba con desesperación.
— Es morfina, para que no sienta dolor.
Kiba rompió en llanto y se abrazó al cuello de su mejor amigo.
— Akamaru, chico... no me dejes, no puedo hacer esto sin ti... — y así comenzó a sollozar mientras el canino le hablaba y decía cosas que Shino no entendía.— No, ya te dije que no fui yo, y sí, te llevaré a comer más de esa carne, pero por favor, quédate conmigo...
Para Shino, salir de Konoha y entender que habían perdido la vida que tanto amaban fue un golpe duro. Pero ahora, sentado junto a un Kiba llorando sobre el cuerpo de Akamaru sin vida, supo que ya no había vuelta atrás. Por sus insectos había escuchado lo que Tenten le dijo a Kiba y cómo este dudó sobre si deberían confiar en ella. Pero ahora, ver el dolor en Kiba le dijo que aún si todo se solucionaba, aún si sus clanes asumían la culpa y ellos eran clamados como mártires y recibidos de nuevo con honor, estaban rotos y sumidos en una pesadilla sin fin.
Ya no había salvación que valiera para ellos. Ahora el infierno vivía en ellos y estaba bien, porque ninguno volvería a sentir nada que no fuera enojo y desolación.
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Nueve meses desde la huida del equipo 8
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Shikamaru apretó los puños con frustración.
— ¿Qué sucedió? — Ino llegó corriendo hasta Shikamaru, quien esperaba informes en la sala de espera del hospital de Konoha.
— No es nada grave.— se llevó una mano a la cien pero su rostro mostró todo lo contrario. — Es solo que Mirai casi se desmaya porque no quiere comer.
— ¿Sigue sin querer comer?
— Sí... dice que extraña mucho la comida de su mamá.
Los dos chicos se quedaron en silencio, aquello era muy duro para todos.
— Ya hemos dado de alta a Mirai. — Shizune apareció por el pasillo y miró con amabilidad a los dos chicos. — Pueden llevarla a casa.
Shikamaru sonrió con amargura e Ino lo entendió, Mirai jamás podría regresar a su amado hogar con su madre. Pronto ambos chicos llegaron hasta la habitación donde la pequeña estaba acostada y profundamente dormida.
— Le hemos puesto un suero y algunos nutrientes por vía intravenosa, pero deberían conseguirle estas píldoras con vitaminas y minerales para que no vuelva a tener otra descomposición, por otro lado, lo mejor sería que pudiera llevar una dieta balanceada con muchas frutas y verduras, no se rindan, estoy segura de que ella volverá a comer como antes.
Ino le sonrió en agradecimiento a Shizune y tomó la receta médica así como nota de todas las indicaciones mientras el chico cargaba a la niña y empezaban el camino de regreso a la cada donde vivía el equipo diez dentro de los límites del clan Nara.
— Hoy tengo la tarde libre, Kakashi-san me despidió temprano. — murmuró la chica mientras caminaban.
— Ya debe sospechar de ti, deberíamos mantener un bajo perfil para que no nos saque de la torre. — respondió Shikamaru en murmullos.
— Chouji escribió, dice que en su misión oyó al ANBU decir a otro que están desplegando otro escuadrón para buscarlos, Kakashi-san aparenta que el asunto está en el olvido pero está gastando muchos esfuerzos en encontrarlos.
— Quiere encontrarlos antes de que sus clanes lo hagan. — respondió el chico mientras miraba a la pequeña con determinación.
— Por cierto. — dijo con voz más alta. — ¿Qué tal van tus clases en el clan Hyuuga? ¿Ya te revelaron sus secretos?
— Tsk, qué problemática... no, solo peleo contra varios de ellos, estoy aprendiendo cuáles son las bases y movimientos clave del jukken.
Ino sonrió.
— Cualquiera diría que Hiashi-sama espera que seas tu quien encuentre primero a su hija.
El chico no se inmutó ni respondió a pesar de que también pensaba lo mismo. Al llegar a la casa, se encontraron con Temari, quien vestía ropa de viaje y parecía recién llegada a la aldea.
— Buenas tardes. — saludó con una breve reverencia. — ¿Podríamos hablar unos momentos? — preguntó con amabilidad.
— Ve, tu también necesitas descansar. — Ino tomó a la niña en sus brazos y luego de dar una pequeña sonrisa a Temari, entró a la casa sin más demora.
— ¿Sucedió algo?
— Sí, tengo información.
El cuerpo del chico se tensó de inmediato pero guio a la chica a una zona segura de su bosque.
A Temari no le hizo gracias saber que los dos compañeros de equipo de Shikamaru se habían ido a vivir con él. Le agradaban y confiaba en la relación que tenía pero estaba segura de que eso solo alentaba los planes del Nara, eran un constante recordatorio de su dolor. Pero no podía culparlos, ella y sus hermanos también solían unirse y separarse del mundo cuando algo los separaba, así que estaba tomando muchísimas misiones en las que hubiera una posibilidad de encontrar algo sobre Hyuuga y sus compañeros.
Pronto llegaron a un pequeño claro desde donde podían ver el atardecer pintar de hermosos colores cálidos el cielo y contrastar con el suave verde del césped y de las hojas de los árboles. Temari hubiera deseado visitar ese lugar tan hermoso en un momento más tranquilo y para pasar un momento con la persona que amaba.
— Ten. — le estiró un pergamino al chico, quien lo tomó y desenrolló para empezar a leer. — Hay un sujeto llamado Kuro que se dedica a ir de nación en nación cobrando el dinero de las recompensas que las distintas aldeas publican. Una vez que él cobra el dinero, se lo entrega al ejecutor, claro, quedándose con su respectiva comisión.
— Veo que ha tenido mucho trabajo, es un intermediario que se ha hecho demasiado rico en poco tiempo. — murmuró el chico mientras ignoraba la belleza del claro y del hermoso atardecer y se centraba en el pergamino.
— No es todo, parece que su principal cliente se llama Genji, sin apellidos.
— ¿Crees que están viviendo de cazar recompensas? — preguntó y por primera vez miró a la chica, quien lucía cansada pero se mantenía firme y seria.
— Sí, creo que el equipo ocho está cazando a bandidos civiles y algunos pocos con habilidades ninja, entonces entre Genji y Kuro se encargan de cobrar la recompensa, si ese sujeto se volvió rico, ellos deben estar nadando en dinero.
La mente de Shikamaru empezó a trabajar.
— ¿Para qué quieren tanto dinero? Es hasta descuidado lo que están haciendo... — una idea cruzó su mente. — ¿Tienes la ubicación de donde han capturado a los sujetos?
La chica negó.
— Muchas veces las policías no les preguntan donde los capturaron, solo reciben el cuerpo mutilado aunque con la cara intacta para que puedan reconocerlos. — ella hizo una mueca. — Vi algunas fotografías, es asqueroso cómo dejan los cuerpos. — ella le entregó un sobre con fotografías y Shikamaru las tomó y examinó. — No estoy totalmente segura de que sean ellos, pero los tiempos coinciden.
El chico asintió mientras examinaba, no podía ver marcas del junken en los cuerpos, ni picaduras, solo parecían haber sido molidos a golpes, sin técnica alguna pero con una fuerza tremenda... eso sonaba a Kiba.
— Es muy valioso lo que encontraste, Temari, muchas gracias. — se dio un momento para respirar y sonrió a la chica, quien a su vez también sonrió.
— Sé que es importante para ti esto, por favor, no lo compartas con nadie, Gaara no quiere crear un conflicto diplomático con Konoha.
— ¿Sabe que me estás ayudando?
— Lo sabe, pero desea quedar al margen... sin embargo... — sus voz titubeó.
— Dime...
Temari vio la ansiedad en sus ojos y continuó.
— Hay otro sujeto que podría ser el que esté detrás de esto y si no es, también deberías tener cuidado con él. — El rostro del chico mostró una evidente sorpresa. — Se llama Kabane Michiaki y es un ninja renegado... investigando esto me encontré con que ese sujeto es alguien de cuidado... alerté a Gaara de los crímenes que está cometiendo, viaja por todos los países y no hay mucho que podamos hacer sin crear tensión en la Alianza Shinobi.
— ¿Qué está haciendo ese hombre?
— Dicen que puede robar jutsus de la gente pero el precio es la vida del portador. Kankuro y yo sospechamos que podría tener un sharingan, de otra forma no sabemos como puede robar técnicas de cualquier naturaleza.
Shikamaru juntó sus manos en posición de meditación, ante lo que la chica se sentó a la orilla de un árbol y lo contempló. Se veía más delgado aunque su torso parecía más firme y musculoso, el cuerpo del chico empezaba a mostrar los resultados de estar sometido a un arduo entrenamiento. Temari recordó cuando lo conoció y le gustó ese chico flacucho y llorón, pero ahora tenía frente a ella un hombre totalmente diferente, no lo desagradaba el cambio pero le hubiera gustado que no se hubiera vuelto tan sombrío.
— Tengo una teoría. — dijo finalmente Shikamaru y tomó asiento junto a la chica, desde donde pudieron contemplar el cielo ya completamente oscuro y sin luna. — Kiba está cazando y cobrando recompensas con ayuda de dos intermediarios para que nadie lo pueda encontrar, si no hay señales de los otros dos es por que, uno, decidieron separarse y cada uno ir por su camino, o dos, están heridos o en mala condición física... me inclino más por lo segundo. — Temari abrió los ojos sorprendida con la velocidad con la que el chico estaba haciendo sus especulaciones con la poca información que le había dado. — Eso significa que están indefensos y Kiba cuida de ellos, si tan solo pudiéramos triangular su ubicación, sería el momento perfecto para atacar.
— Tengo contactos buscando a ese tal Genji, ya que Kuro es mudo de nacimiento. — respondió Temari.
El movimiento frenético de una pierna del chico evidenció la ansiedad que sentía.
— Siento que estoy tan cerca... pero Hokage-sama no me deja salir en misiones, me tiene todo el maldito día atorado en la oficina con papeleo estúpido y ahora Mirai está enferma y no quiero dejarla sola... — se quejó con amargura.
Temari puso una mano en su hombro y le sonrió.
— Hokage-sama no quiere que hagas nada imprudente, sé que trata de cuidarte a ti y a los chicos... primero está tu salud y la de Mirai...
— ¿Por qué Gaara no se ha encargado del tal Kabane Michiaki? — cambió de tema y la chica suspiró, quitando su mano del hombro del chico.
— Porque no podemos dar con él, es demasiado escurridizo y su arsenal de jutsus es abrumador.
— ¿Ya lo viste?
— Sí, llegué a apoyar a unos ninjas de élite que iban tras él, pero huyó como si solo hubiera estado jugando.
Shikamaru recostó su cabeza en el hombro de la chica, que se quedó congelada ante tal acto.
— Estás arriesgando mucho por mi, Temari, gracias...
El rubor cubrió el rostro de la chica.
— No es nada, esto vale toda la pena del mundo...
Y se quedaron juntos, contemplando las estrellas en esa noche.
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En esos mismos instantes, justo cuando el sol estaba totalmente cubierto, en la torre principal de la aldea, el sexto Hokage se encontraba revisando unos permisos de construcción cuando un par de golpes en su puerta llamaron su atención.
— Adelante. — dijo y a continuación vio a Yamato aparecer.
— Hokage-sama. — saludó el shinobi mientras ingresaba a la oficina y hacía una reverencia. — ¿Me mandó llamar?
— Es una emergencia, debes partir de inmediato. — dijo el peligris mientras hacía a un lado los papeles que leía. — Resulta que mandé a un equipo a cumplir una misión cerca de la zona que triangulaste para localizar al equipo ocho... y estabas en lo correcto, sin planearlo se encontraron con ellos.
— ¿A quién envió?
— Tenten y Lee tenían una simple misión de entregar un documento a unos comerciantes en el país de la tierra, venían de regreso por una de las rutas que nos diste, por lo que fueron a rastrear los alrededores para ver si encontraban al equipo ocho, y se encontraron con una escena desagradable, un extraño atacando a tres aldeanos.
— ¿Cuál es la misión, Hokage-sama?
— Tenten y Lee no han vuelto a comunicarse, deben ir por ellos con la suposición de que se encontraron con el equipo ocho.
— Sí, Hokage-sama.
— Lleva a Gai y a Sasuke, es una misión de clase A, cuando regresen lleguen directo a las instalaciones ANBU, nadie debe saber nada... También lleva a un médico de ANBU, temo por ellos.
Yamato asintió y marchó a convocar a los aludidos para salir de inmediato. Con el corazón latiendo a mil, esperaba que las cosas no se complicaran tanto. Si le preguntaran su opinión, estaba de acuerdo con Hokage-sama: todo era confuso y contradictorio. Pero la muerte de Tsunade, quinta Hokage de Konoha, no podía quedar impune y al parecer la única pista que tenía Kakashi era el equipo ocho. Suspiró cansado, ojalá Shikamaru estuviera de su lado, pero Kakashi dejó claro que sobre ese tema en particula, el Nara tenía su propia agenda.
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Muchas gracias por leer
Primer actualización del año, espero que les guste y que puedan opinar en un review o PM. Las cosas están tomando rumbo y ya empieza la acción, me emociono de solo pensarlo. ¿Realmente Lee y Tenten están de su lado? ¿Es una trampa de shikamaru? ¿Qué va a pasar ahora con Kiba?
Les deseo un muy feliz año nuevo y que vengan tiempos mejores para todos.
05 de enero del 2022
