Senki Symphogear no me pertenece, es de sus respectivos autores.
Hace muchos años, existía una hermosa princesa de un reino lejano. La princesa respondía al nombre de Tsukuyomi Shirabe, una bella joven de quince años, cabello negro como la noche, su piel tan blanca como la nieve solo era embellecida por sus dos ojos rosados como cuarzo.
Aquella linda princesa habitaba en una torre, alejada de su pueblo. Lo único que podía hacer en esa habitación de rapunzel era observar la luna con anhelo de que le levantaran aquel injusto castigo. Incluso con las estrellas ella se sentía sola y nostálgica. Hacia tantos años que no había compartido ese tipo de sentimientos en su pecho, esa preocupación de como estará esa persona y esa añoranza de volver a verla era simplemente confusa.
¿Era su castigo la indisciplina? ¿O el no entenderse así misma?
Su calvario, aquel por el cual el sueño la había abandonado era uno que había comenzado solo unas horas atrás cuando su día solo delataba que iba a ser cansado mas no tan extremo.
Horas antes.
El inicio de su catástrofe había comenzado aquella mañana otoñal; La reina, Yukine Chris había dado la orden a todo el personal del castillo que limpiaran en carácter de urgencia. Pues el príncipe Kazanari Tsubasa llegaría ese día. Aquel galante gobernante era una figura tan importante que solo su presencia bastaba para que los mas valientes temblaran ante el e incluso una sola orden suya era suficiente para desmantelar un reino completo. Las preocupaciones de la reina no eran menos, su futuro como gobernante e incluso el de su reino dependían de un hilo.
Nuestra protagonista, la princesa Shirabe, harta de tanto ajetreo en el castillo se encontraba en el jardín recostada en el lomo de su fiel dragona rosa, María Cadenzavna Eve. Una dragona herida que había llegado a su castillo cuando Shirabe apenas tenía seis años de edad. Desde entonces, y por mandato de la reina, la dragona habitaría el castillo, aparte de servir para su defensa, también seria la dama de compañía de la princesa gracias a su magnifica habilidad.
-No entiendo el porque tengo que conocer al príncipe Kazanari, no es mi asunto si viene o no -bufo la pelinegra mientras observaba el cielo con cierta molestia.
- ¿Tengo que recordarte que será tu futuro marido? -hablo la dragona con un tono calmado- no puedes huir de tu destino.
-Puedo hacerlo, así como lo hiciste tu -la menor vio con recelo a la dragona.
-Nuestros casos son diferentes -con un suspiro, cambio su forma a la de una mujer de veintiún años con cabello ondulado color rosado y ojos cían, que portaba un vestido marrón- yo estaba a punto de morir y tu me salvaste, eso es diferente -con cariño, acaricio la cabeza de su princesa que reposaba la cabeza en su regazo.
-María, quiero huir, pero cuando pienso en contradecir y reclamarle mis derechos a la reina. No puedo evitar sentir miedo -se lamento con un suspiro.
-Shirabe, lamento no poder traerte la felicidad que tu me has traigo a mi -comenzó a hablar la pelirrosa con cierta tristeza- pero si un día, encuentras la felicidad lejos de aquí. Yo seré la primera en ayudarte.
La menor enternecida, se incorporo y abrazo a su dama de compañía- Por ahora me conformate con un sueño… Se que algún día saldré de aquí.
-Lo mismo digo Shirabe, lo mismo digo- le correspondió el abrazo con cariño. Adoraba a esa chica, ella la había salvado y en su momento le devolvería el favor.
-o-o-o-
En la entrada del castillo, gallardo príncipe Kazanari había hecho aparición en un caballo blanco junto a su fiel escudero Akatsuki Kirika.
- ¿Tsubasa-san, enserio se va a casar? -preguntó el joven rubio- ¿no se esta apresurando?
-Entiendo tu preocupación, Kirika, pero no es mi elección. Tanto mi padre como la reina han decidido nuestro matrimonio -hablo el joven con melancolía- qué más quisiera yo cancelar ese compromiso. Pero no esta en mis manos hacerlo.
- ¿Entonces de quién?
-De nadie, es algo que ya esta decidido -con una media sonrisa, comenzó a cabalgar al interior del castillo seguido de su escudero- Akatsuki, ahora que recuerdo, ¿estas bien con regresar a este castillo?
-No es problema -el joven rubio negó suavemente con la cabeza- de hecho, estoy emocionado por estar aquí.
- ¿Así? -inquirió el Kazanari con una suave sonrisa- ¿Te emociona ver a esa niña que solías visitar en el pueblo?
-Claro que si, dess -asintió feliz- "Aunque en teoría no vivía en el pueblo" -en su mente, río con cierta inocencia al pensar en su mas grande secreto- Hablando de recuerdos, ¿Ha visitado a su madre ultimadamente?
-Por desgracia, no -negó con la cabeza y miro al frente con firmeza- quiero creer que después de esto podre visitarla.
- Con suerte y sí. ¡Lléveme con usted, quiero comer de las galletas que hace su madre! -el joven ojiverde asintió y sonrió con fervor.
El Kazanari rio enternecido deesa actitud despreocupada de su escudero. No por se había ganado el cariño de la madre del príncipe e incluso del rey que siendo tan frio, logro reír con los chistes del joven rubio.
o-o-o-o
- ¡Pero...! -usualmente, Shirabe no solía alzar la voz; pero en ese momento su paciencia colgaba de un hilo.
La reina, que en su asiento se encontraba, se levantó e incluso el viento le hizo una reverencia al mover suavemente la base de su vestido de lino rojo brillante, miro a la joven princesa.
-Te he dicho que no -declamo la reina Chris Yukine- no permitiré que hagas semejante barbaridad.
-Mi reina -comenzó a hablar la pelirrosa dama de compañía- si me deja explicarle...-antes de siquiera continuar, la mano alzada de la albina la hizo callar de inmediato.
-No quiero que interrumpas, María -su voz seria no daba más que escucharla- Shirabe se casara con el príncipe. Así es como se ha acordado.
-Pero mi reina… -de nueva cuenta, la pelirrosa fue callada por esos feroces ojos amatista.
-Segunda advertencia que te doy, María, no me hagas repetirlo –advirtió con aquella mirada- y tu –miro a la pelinegra- sabes perfectamente tus responsabilidades.
-Eso lo sé, pero… -antes de terminar de hablar, el guardia que custodiaba la puerta golpeo.
-Hablaremos de eso después. Ahora tomen sus asientos –ordeno con seriedad y tomo asiento en su gran silla real al igual que la princesa y su dama de compañía: aunque fue más a discuto que por mero placer.
- ¡El príncipe Kazanari y su escudero, han llegado! -declamo el guardia que vigilaba la puerta.
-Mas vale que te comportes -murro la reina a la princesa que se encontraba sentada a su lado derecho junto con su dama de honor.
La joven no contesto, se limitó a ver el como la puerta se abría y se mostraba las figuras mostradas.
De la gran puerta de madera; el príncipe Kazanari apareció galante, serio, y a su vez encantador. Eran sus ojos aún más misteriosos; su cabello corto bailaba con la misma energía con la que había jugado con el vestido de la reina; su figura, ni muy musculoso y ni muy delgado, era el delicado balance entre la moral y la perdición humana.
-"Ese tipo..." -María ahogo un quejido con sus manos sobre sus labios; Sus ojos abiertos detonaban la sorpresa que presenciaba en ese momento- "Nunca menciono su nombre..."
-Es un placer estar aquí con ustedes -el príncipe hizo una reverencia.
-Es todo un gusto para nosotras, Kazanari-san -la albina se levanto de su asiento e imito la acción del joven- llego a tiempo. Eso habla bien de usted.
-Le agradezco el alago -una leve sonrisa apareció en su cara- pero es gracias a mi escudero, Akatsuki -amable, señaló a su escudero con la mano.
-Es un placer -gracias a su entrenamiento, su característica frase no fue necesaria en ese momento- Reina Chris -miro a la mencionada con gran respeto- princesa Shirabe -al ver a la pelinegra, una sonrisa especial salió sólo para ella: una llena de nostalgia y cariño.
-"Es el..." -Shirabe quedo, por unos segundos atónita; Pero tras una leve sacudida por parte de la reina, logro corresponder la reverencia al salir de su trance- el placer, es todo mío -menciono lo más educada y tranquila que pudo.
Ante los ojos de la princesa Tsukuyomi, aquel chico que en antaño había conocido era casi igual. Su altura había cambiado a costa del tiempo que había sido generoso con el; esa cabellera rubia, rebelde ante el viendo como lo recordaba, reflejaba la luz del sol y lo hacia ver brillante; se veía mas alto que ella, pero a ciencia cierta no podía saber, pues daba mucho a la imaginación con la distancia y posiciones que tenían en ese momento; aquellos ojos que tanto quiso continuaban teniendo ese brillo de inocencia infantil al margen de su determinación; pero su sonrisa era la que conservaba aún más rasgos de su infantil etapa, era una sonrisa sincera que demostraba lo que en verdad sentía.
Por su parte, la joven Cadenzavna continuaba examinando cada minuciosa parte del joven Kazanari. Quería comprobar que realmente a quien conoció hace muchos años: en efecto, era esa persona con la que le llovió la desventura.
Se preguntarán, ¿Qué piensa nuestro guapo peliazul? Por fuera, se entraba centrado en contestar las trivialidades que la reina le preguntaba; pero por dentro crecía la interrogante de quien era esa mujer de cabellera rosada con ojos de color cian que se le hacia tan conocida.
- ¿Le parece que la dama de compañía lo lleve a sus aposentos? –ofreció la albina con una esplendida sonrisa.
-Seria todo un placer –contesto el peliazul de manera educada. Por su mente, ya se encontraba planeando un plan para sacar sus dudas sobre esa bella mujer.
-En ese caso –miro a la pelirrosa, en espera que sus ordenes le hubieran llegado - ¿María? –la llamo un par de veces hasta que, la aludida, al salir de su trance, por poco y se cae contra el piso- Dios, ¿ahora que tienes? -murmuro un poco enojada- ¿Que tal si en vez de perder el tiempo en tus divagaciones, llevas a nuestros invitados a sus habitaciones? -para quienes no la conocían, ese tono de voz pasa a ser sumamente gentil; Pero si la conocías bien, aquel tono de voz era de amenaza, y quien no le hiciera caso, sufriría las consecuencias.
-Claro... -hizo una leve reverencia y camino directo a los caballeros como si fuera un robot- síganme, por favor -se limito a decir cuando paso en medio de los dos y su nariz percibió el perfume del Kazanari: asquerosamente familiar.
-Gracias por la hospitalidad -el joven príncipe, un poco embelesado por la pelirrosa, se dio la media vuelta y comenzó a seguirla.
-Adiós -hablo el rubio con gentileza. Imito la acción del peliazul y continuó en el camino.
-Ve y alistate -le hablo la reina a la princesa- vas a ir al jardín con Kazanari-san -con eso dicho, se fue de la escena.
Por su parte, Shirabe se había quedado ahí, no había escuchado lo que Chris le había dicho. La sorpresa de ver a Kirika la había impactado a tal grado de paralizarla. Su mente divagaba entre que era lo correcto y que no, ¿seguirlos o no seguirlos? Pero la mayor de las dudas la acosaba: ¿El la recordara con la misma fuerza y pasión con la que ella lo hacía?
o-o-o-o
En otra hala del castillo, la dama de compañía, seguida por los caballeros, los guiaba hacia sus respectivas alcobas.
-Es un lugar enorme, ¿verdad? -preguntó el rubio con cierto aire infantil.
-Tienes razón, es un gran lugar -la sonrisa del joven, su transparencia, hizo que María sonriera de manera sincera- con el tiempo te acostumbras.
-Eso esperó -asintió cual infante mientras su miraba divagaba entre las diversas pinturas- ¿nuestros cuartos están muy lejos? Tengo muchas ganas de acostarme en la cama~
-Akatsuki, controlate -hablo el ojiazul con un poco de seriedad, aunque en el fondo se estaba riendo por esa actitud- la señorita puede pensar que eres fastidioso, ¿verdad? -en su búsqueda por hacerla sonreír como el rubio, se animo a preguntarle; Pero ella le contesto con una leve negación con la cabeza.
-Temo decirle que difiero -hablo la pelirrosa con la mayor calma que pudo- la actitud del joven Akatsuki me parece interesante -sus palabras pusieron de lo mas feliz al rubio, incluso comenzó a bailar discretamente.
-Aparentemente, me salió el tiró por la culata -el peliazul soltó una leve risita al notar la indiferencia con la cual hablaba la dama de compañía.
-Este es su cuarto, Kirika Akatsuki -la ojiverde señalo el dicha habitación- en unos minutos vendrán unos criados para ayudarte a acomodar, ¿entendido? -el cariño con el que le hablaba al joven sólo era comparado con el que le hablaba a su princesa.
- ¡Gracias, dess! -al decir su frase característica, se cubrió rápidamente la boca un tanto apenado.
-Hey, no pasa nada -la mayor acarició su cabellera rubia, enternecida por esa actitud- me daba la impresión de que te estabas reprimiendo algo.
-Lo...lo lamento -confesó el, riendo nervioso- es sólo que, no debería decirlo sin pensar.
-Me pareció algo lindo -lo miró un poco divertida- Pero de eso hablaremos después, ¿sí? Debo llevar al príncipe a su habitación -el ojiverde asintió convencido y se adentro a la habitación- continuemos, joven Kazanari -su voz cambio a una seria. Camino sin esperarlo hacia su habitación.
-Fuiste muy amable con Akatsuki, gracias -la voz del príncipe era cálida y agradecida- le he pedido que no se avergüence de eso. Pero no puede evitarlo, dice que es algo inapropiado.
-Que lastima -le contestó indiferente.
-Disculpe que le pregunte -el joven se coloco a su par - ¿nos conocemos de algún lugar? -inquirió curioso- tengo el presentimiento de que nos hemos visto antes.
Unos segundos de silencio se estableció entre ellos. María se pensó dos veces las cosas antes de contestarle. Razonaba si debía darle una pista o no. Incluso lo había pensado en ser buena y darle la pista; Pero el hecho de escucharlo hablar con esa fingida amabilidad y molesta risa, la hizo cambiar de opinión.
-No, no nos conocemos -contesto mirando al frente y sin sonar amable- llegamos a su habitación -señalo con la mano el lugar- como le dije a su escudero: en unos minutos vendrán criados a ayudarle en lo que necesité.
-Gracias, María -una sonrisa ladeada salió de sus labios- ¿Donde es que me voy a encontrar con la princesa?
-En el jardín principal -contestó en fingida amabilidad- vendrán por usted para guiarlo.
- ¿Usted estará con ella? –pregunto intrigado- es su dama de compañía; por lo tanto, debo asumir que esta con ella, ¿verdad?
-Temo desilusionarlo, pero no –su voz estaba a unos escasos milímetros de pasar a ser maleducada- como ustedes dos se van a casar, es correcto que primero se presenten, y convivan como el matrimonio que futuramente serán.
-Usted no está de acuerdo con esto, ¿verdad? –inquirió sabiendo a ciencia cierta cual seria la respuesta.
-Eso no me compete, joven Kazanari –contesto a secas. En el fondo estaba que le hervía la sangre; saber que su querida amiga se casaría con ese sujeto, solo provocaba que quisiera llevársela para que nunca sucediera el matrimonio.
-Es probable –el peliazul sonrió de lado- pero eso no significa que no sepa cuando a alguien no le agrado –la joven había quedado un tanto impresionada con esas palabras. Según ella, estaba disimulando bien el hecho de no agradarle el príncipe- ignoro si es por que me casare con la señorita Tsukuyomi o por otra cosa. Pero presiento, que posiblemente, no sea de su santa devoción.
La ojiverde carraspeo en un intento de recobrar la compostura. Aquellas palabras, si no se cuidaba bien, podía bien caer de nuevo bajo sus engaños de nuevo.
-Usted me es indiferente –la voz seria de María se dio a conocer al ver directamente a esos ojos índigo- mientras no le haga daño a la princesa: su vida o lo que quiera hacer con ella, me tienen sin cuidado –sentencio sin titubear ni un segundo. Ni el mismo Tsubasa se había movido cuando la escucho hablar- quedando todo claro, me retiro. No olvide que tiene que ir con la princesa –se dio la media vuelta y camino sin mirar atrás.
El Kazanari se quedó viendo la espalda de la mujer que lo había reprimido hace unos minutos, cuando ya estuvo fuera de su campo visual, una sonrisa divertida apareció en sus labios. Ella le había hablado de esa manera sin temer a las repercusiones; ella protegería a su ser amado pese a todo, y sin importar el titulo del agresor; esos ojos cian lo miraron desafiantemente.
-Vaya, chica… -aquella sonrisa no abandonaba su rostro. En el fondo estaba intrigado y quería conocer más a donde a esa dama de compañía- será divertido sacarle esas mascaras–con aquello dicho, se adentró a sus aposentos para cambiar sus vestimentas y alistarse para encontrarse con la princesa.
-Tiempo mas tarde-
En el gran jardín del reino.
- ¿Shirabe? –inquirió la mujer dragona a su protegida; ella miraba desolada los pétalos de rosas que habían caído al piso a causa de la futura entrada del otoño a su reino.
-María –contesto en un suspiro- ¿Por qué me palpita tanto el corazón? –pregunto esperanzada de encontrar una respuesta.
- ¿Qué? –la Cadenzavna la miro atónita, parpadeo un par de veces para procesar bien lo que veía y escuchaba. Su protegida tenia la mirada perdida, sus manos apretaban su pecho e incluso temblaban; sus mejillas antes blancas como la nieve, en ese momento se encontraban acosadas por un rojizo color que se atrevió a establecerse en ese lugar.
-Es que… -la menor jalo aire en un intento de relajar esa extraña sensación la invadía desde la boca de su estomago hasta la cabeza- desde que se presentaron, yo… -trago saliva y soltó aire- mi corazón no ha dejado de latir con fuerza. Es como si quisiera salirse de mi pecho. ¿eso es normal? ¿debo llamar a un curandero?
Sorprendida, la pelirrosa analizo con cuidado la situación. ¿Qué persona lograría que la pelinegra se pusiera de esa manera?
María cubrió con sus manos su boca, asustada de su conclusión - "Dios, no" –se negó a si misma esa posibilidad, su pequeña no podía estar comenzando a sentir cosas por ese tarado de cabello azul- "¿Amor a primera vista? No… eso no es posible"
-Dime María, por favor –suplico angustiada de que algo realmente malo le estuviera pasado- debo saber la verdad.
Se descubrió la boca y la miro preocupada- Shirabe, no me digas que tu…
- ¿Todo bien? –aquella era la educada voz del príncipe Kazanari que recién llegaba al jardín- si están hablando de algo importante, puedo venir después –dijo educadamente.
Pese a esos sentimientos extraños que la inundaban, el menor carraspeo y repuso su postura-No es nada, Kazanari-san –hablo al notar como su dama de compañía no lograba articular palabra alguna- ¿María, nos dejarías a solas? –le sonrió gentilmente. Ella pensaba que necesitaba un descanso, al fin y al cabo, ese día había sido muy ajetreado.
La aludida, miro a su protegida y luego al príncipe, así repetidas veces con el fin de querer darle sentido y razón a sus conjeturas.
- ¿Pasa algo, María? –hablo el peliazul- te ves algo pálida, ¿necesitas que te lleve adentro?
-Par…para nada –apenas si logro hablar con cierta coherencia- si me necesitas, estaré en la sala común –vio a la menor y esta asintió un poco preocupada- nos vemos –miro al príncipe y asintió con la cabeza. Con eso, se fue de la escena tambaleando de lo mal que se sentía por odiar de esa manera al prometido de su única amiga.
- ¿Cree que estará bien? –inquirió el mayor preocupado por María- no se veía muy bien.
-María es un tanto especial con los cambios de clima, puede ser la razón de su comportamiento –quiso no darle mucha importancia, pero a leguas se veía lo preocupada que se encontraba por ella.
- ¿No quiere ir a verla? –indago con la esperanza de que la respuesta fuera positiva. Incluso el se veía perturbado por no saber el estado de salud de la pelirrosa.
-Si la reina nos ve a dentro, habrá un escandalo –contesto con cierta seriedad- es mejor quedarnos aquí y terminar con esto –se dio la media vuelta en camino hacia una banca debajo del árbol que por generaciones había crecido en su jardín.
-Entiendo… -se decepciono un poco, pero como caballero, debía cumplir y acatar lo que le habían indicado- con su permiso –se sentó al lado de la pelinegra y la miro con una media sonrisa- imagino que para usted esto debe de ser incomodo, Tsukuyomi.
-Veo que usted no usa honoríficos, Kazanari-san –contesto seria- pero tiene razón, esta situación no es para nada cómoda.
-Lamento todo esto, enserio –la princesa lo miro con la ceja alzada: no creía para nada lo que el decía- le juro que lo que digo es verdad. Si por mi fuera, no estaríamos comprometidos.
- ¿Tanto le disgusta la idea del matrimonio? –la menor lo miro un poco intrigada- ¿es acaso usted de esos hombres que aborrece el matrimonio?
-No podría estar mas lejos de la verdad –contesto el con sinceridad- me disgusta la idea de tener que unir nuestras vidas a alguien a quien realmente no amo –un suave suspiro salió de su boca- sin contar que…
- ¿Sin contar, que?
-Que puede parecer cursi. Pero se a ciencia cierta se que estamos destinados a amar a una sola persona en nuestra vida, y yo ya tuve la mía –aquella media sonrisa se había convertido en una nostálgica y triste sonrisa.
-Supe lo de su prometida, lo lamento –la joven quiso darle su apoyo colocando su mano sobre el hombro del joven, pero aun tenia la suficiente confianza en el para hacer eso.
-Ella se estaría riendo de mi si me viera así –soltó una tenue risita amarga- siempre me decía que era demasiado cursi e incluso mas afeminado que ella. La extraño mucho…
-Entiendo que, especialmente para usted, esto pueda ser muy complicado –murmuro tras haber suspirado- enserio, lamento nuestra situación.
-El que lo lamenta debería ser yo –el, la miro y examino –tu aun puedes amar a alguien, tienes ese derecho mas que nadie en este mundo.
-Tal vez, el amor no se hizo para mí –se encogió de los hombros sin darle mucha importancia a aquello.
-Mas bien no ha conocido a la persona especial para usted, Tsukuyomi –esa sonrisa de parte del príncipe, fue lo suficientemente gentil para que pelinegra sonrisa sutilmente- tiene una hermosa sonrisa, podría enamorar a cualquier hombre si se lo propone.
-Pero que cosas dice… -sus mejillas se tornaron suavemente sonrosadas- parece ser que el que quiere enamorar doncellas es usted, Kazanari-san –se atrevió a decir. Incluso a ella le sorprendía ese comentario que salió de su boca.
- Puedes llamarme por mi nombre, veo que te molesta un poco los honoríficos -sugirió el mayor con una sonrisa sincera.
- Veo una doble intención aquí -la jovencita rio amigablemente y asintió- entiendo, Tsubasa, si no te molesta, también puedes decirme por mi nombre también.
- Te lo agradezco, Shirabe -asintió agradecido- si vamos a estar comprometidos, debemos familiarizarnos a tratarnos bien, ¿no?
- ¿O sea acaso una manera para conquista muchachitas? He leído mucho acerca de hombres que hacen eso para engataras señoritas -la pelinegra frunció el ceño en fingida molestia.
Le dio buena espina "jugar" un poco con el joven. Se veía agradable y de todas maneras tenían que llevarse bien, ¿Por qué no empezar de una vez?
-Como dije, yo ya tuve mi alma gemela. Aunque no tengo esa intención, a decir verdad –soltó un suspiro y se levanto de la banca- una vez ella me dijo "no puedes remediar el pasado, solo ve hacia adelante"– tomo con gentileza la mano de la joven princesa -así que- se inclino quedando con una rodilla pegada al piso mientras su otra pierna le daba el soporte- Kazanari Tsubasa, es un placer conocerla, Princesa Tsukuyomi Shirabe –con eso dicho, beso gentilmente el dorso de la mano de la menor.
Pocos segundos fueron suficientes para que la pelinegra reaccionara y le hiciera una reverencia al mayor- el placer es todo mío, Príncipe Kazanari Tsubasa. Espero gratamente nuestro matrimonio.
Se vieron un rato, y a rieron suavemente. Puede que haya sido mera formalidad, pero la manera en la que Tsubasa la trataba, la hacia pensar que era mas parecido a un hermano mayor que a un prometido.
Su tarde fue… algo tranquila, compartieron memorias y unos cuantos secretos sin importancia. Para Shirabe, ese joven de cabellera azul, había logrado agradarle, pero aun así guardaría ciertas cosas para si misma: como el hecho de que su dama de compañía era en realidad una dragona.
- ¡Viene, viene, dess! –grito el escudero del joven Kazanari- ¡quítense o los aplasto! –volvió a gritar de nueva cuenta.
Aquel joven de rubia cabellera, cargaba consigo una cesta llena de pan, y a su espalda, los cocineros que lo perseguían con ira y desprecio.
- ¡Que se quiten, dess!
- ¡Akatsuki, ten cuidado…!
- ¡Ah...! –aquel fue el ultimo grito que dio la princesa aquella tarde.
POV Shirabe
Actualidad
Y por eso me castigaron… el escudero se le ocurrió la brillante idea de robar el pan para dárselo a los patos del lago; pero no calculo que me terminaría tirando a Kazanari-san y a mi en dicho lugar.
-Si que es extraño… -no podía estar enojada con el, ni en ese mismo momento o en otro momento- pero se metió al lago para sacarme. Su sonrisa era en verdad hermosa –murmuré y casi al instante sentí el como mis mejillas comenzaron a acalorarse- ¿otra vez? –presioné mi pecho con mi mano derecha- mi corazón… de nuevo late como loco…
Jalé y solté aire repetidas veces para controlar ese desconocido sentimiento. Era una sensación que me causaba ansiedad, malestar que llegaba a gustarme en cierto punto.
- ¿Tal vez deba de ir al curandero…? –solté aun acalorada- a María la reprendieron por no estar ahí para ayudarme, así que no creo que me pueda llevar…
- ¡Yo lo hago, dess!
Aquella voz… era el. Busque y busque en los rincones de la torre, pero no encontré ni un solo rastro. Sali al balcón en busca de esa desconocida voz.
- ¡Aquí estoy, dess! –al escuchar su voz, giré la mirada a la derecha y lo vi sonriéndome en el balcón de al lado- ¡Hola! –dijo entusiasmado.
- ¿Cómo es que…? –me quede atónita al verlo ahí- la torre es de las mas cuidadas del castillo, ¿Cómo pudiste…?
-Tengo mis habilidades –se encogió de los hombros aun sonriendo- ¡te traje algo, dess! –de su bolso, saco una pequeña caja- ¿puedes atraparla? –asentí de manera tímida, los balcones no están tan cerca, unos ocho metros nos separan- ahí va –lo lanzo y gracias a los dioses pude atraparla- ábrela.
Al seguir su petición, tuve la grata sorpresa de escuchar una melodía proveniente de la caja- es… bellísima –alcance a decir. Una tonta sonrisa apareció en mi rostro al recordar esa melodía- es una canción que escuchan en el pueblo, ¿verdad?
-Si, dess –el asintió y me miro aun sonriendo- ¿ahora te acuerdas de mi?
Sonriendo tontamente, lo miré y asentí- claro que te recuerdo, Kiri-chan –él se sonrojo y comenzó a titubear el escuchar ese apodo.
-Oh~ ¿Por qué me pones los sufijos de mujer? –frunció el ceño y negó con la cabeza- soy hombre, no mujer.
-Cuando te conocí, parecías una niña –le dije con total sinceridad- para cuando me di cuenta de que eras un niño, ya me había acostumbrado.
-Esas cosas me pasan por usar los moños que mamá me había comprado… -se veía tan tierno sonrojado. Mi corazón dio un giro de lo feliz que estaba- pero al menos me recuerdas, eso es bueno.
-Jamás olvidaría a Kiri-chan. Kiri-chan es la persona mas importante en mi vida –abrace contra mi pecho esa cajita musical- y ahora que me das esto, esos recuerdos se hacen mas fuertes en mi mente.
-Eso me alegra, y mucho –asintió un tenuemente sonrojado.
- ¿Cómo has estado? Todo este tiempo no he sabido nada de ti –me animé a preguntar cuando lo vi un poco mas relajado.
-Pasaron muchas cosas, Shirabe –su sonrisa era transparente, incluso bajo la luz de la luna, logre distinguir que algo ocultaba- pero, antes que nada. Vine a disculparme contigo. Fui poco imprudente hace rato –rasco su nuca al mismo tiempo que reía de manera nerviosa- es solo que al ver los patitos…
-No pudiste ignorarlos, lo sé –dije comprensiva- así es Kiri-chan, es por eso que me gusta como eres.
- ¿Q-que te gusto? –sus ojos se abrieron cual plato e incluso casi se cae del balcón.
- ¿Qué tiene de malo? ¿Yo no te gusto? –ladeé la cabeza y lo vi con inocencia. En verdad no comprendía por qué se ponía así.
¿Acaso gustarle a alguien no es lo mas normal? Si alguien te gusta, es porque te agrada.
-E-es otro tipo de gustar –coloco su mano sobre su pecho, y exhalo y jalo aire- e-es otra cosa, Shirabe.
- ¿Enserio? ¿Por qué…? –antes de terminar de hablar, por detrás de la puerta, se escuchaba el como los guardias buscaban al escudero del príncipe Kazanari- ¿Por qué te buscan, Kiri-chan?
-Oh, puede ser que me robara el pastel, dess –saco su lengua y soltó una risita infantil- será mejor que me vaya o te meteré en mas problemas –se dio la media vuelta y comenzó a retirarse del balcón.
- ¡Kiri-chan! –grite de manera inconsciente al ver como su espalda alejarse- espera… yo…
Se dio la media vuelta, y me miro enternecido- no me iré para siempre. Esta vez no. Si Shirabe me necesita, seré capaz de protegerla con todo mi ser –coloco su puño sobre su pecho y sonrió confiado- nunca abandonare a mi querida Shirabe de nuevo.
-Kiri-chan…
-Por mientras, me retiro para que no te metan en problemas por mi culpa –su sinceridad hizo que me relajara- nos vemos mañana, Shirabe~ -sin más se fue, sin mirar atrás.
Al mismo tiempo que sostenía la cajita musical, mi corazón continuaba latiendo como loco y sin descanso. Era un cálido sentimiento el verlo de nuevo.
Ese era el Kiri-chan que tanto me había cautivado cuando era pequeña, no había cambiado tanto, seguía siendo una persona transparente.
Me fui a la cama con una enorme sonrisa, la cajita musical me acompaño sobre una mesa de noche al lado de mi cama. Cada recuerdo de Kiri-chan estaba tan fresco como el primer día en el que lo conocí.
Mis deseos de estar con el se volvieron grandes, por poco y quise perseguirlo. Pero, por mientras, así están bien las cosas, no es el momento de tonterías.
¡He vuelto! Quería subir este propiamente en año nuevo, pero… Tuve una reverenda flojera jaja, con decirles que me dormí temprano, aunque me asaltaron las pesadillas y pues no pude dormir, pero tampoco quise hacer nada, solo miraba a la nada.
Esta serie... Porque va a ser una pequeña serie, la tengo planeada desde hace dos años, pero si no subía el primer capitulo nunca lo iba a hacer xD. Ya con el paso de los capítulos se irán aclarando las cosas, de veras. Creo que hare como antes, actualizare un día a la semana esta historia, tal vez… Los domingos que es cuando normalmente me quedo tarde y no trabajo (tampoco los sábados, pero varia) así que… ¡Nos vemos el próximo domingo con otra actualización!
PD: Les deseo éxito y suerte en sus proyectos. Esperemos que este año nos vaya un poco menos peor que el pasado jajaja.
