Bueno, aquí os traigo por fin el décimo tercer capítulo de este fanfic. Espero que os guste mucho. Cualquier duda que tengáis no dudéis en dejar un comentario al respecto. Estaré encantada de saber que es lo que pensáis.

Disclaimer:Jojo's Bizarre Adventure no me pertenece.


Polnareff observaba con cierta irritación el motor del coche, se les había estropeado y no habían sido capaces ni de recorrer cien kilómetros aún. Se apartó al ver que seguía echando humo y miró a sus amigos mientras negaba con la cabeza, no tenía pinta de ser una avería que fueran a ser capaces de arreglar por su cuenta.

Habían estado camino de Lúxor cuando el vehículo había empezado a fallar y terminó echando humo desde el capó. Al menos no estaban demasiado lejos de la ciudad. Según había dicho Avdol les faltaban unos cinco o seis kilómetros para llegar a Kom Ombo, que era la ciudad que tenían más cerca en esos momentos.

Otra vez les tocaba recorrer parte del camino a pie, no es que les supusiera un gran problema, pero parecía que no podían utilizar un medio de transporte sin que este se estropease o sufrieran un ataque de un Stand enemigo durante el trayecto.

Tampoco se habían atrevido a utilizar medios de transporte en los que viajase más gente, no podían poner en riesgo vidas inocentes, ya suficiente peligro había corrido Anne acompañándolos parte del viaje.

Se preguntaba cómo estaría ella ahora mismo, se habían llegado a acostumbrar a la presencia de la menor, pero, no podía negar que dejarla atrás, en esa isla, había sido lo más seguro.

No habían contado con que DIO fuera a tener más usuarios de Stand que enviar a por ellos, el francés se preguntaba en qué se basarían estos, algo que ni el propio Avdol sabía. Ignoraban también la cantidad a la que tendrían que hacer frente, aunque Jean esperaba que no fueran demasiados. Ya tenían suficientes problemas de por sí.

Caminó hacia donde estaban los demás y emprendieron la marcha a pie.


DIO sonreía satisfecho, acababa de echar un vistazo a la ubicación actual del grupo Joestar. Esa vez estaba completamente seguro de que conseguiría lo que buscaba, las posibilidades de que esos cinco vencieran eran nulas.

Su paciencia comenzaba a agotarse de todas formas, pero confiaba en que Anubis tuviera éxito en la tarea que el resto de sus patéticos sirvientes habían fracasado de forma tan estrepitosa.

Los descendientes de Jojo habían demostrado ser más duros de pelar que lo que el vampiro había considerado en un principio, pero, por muy fuertes que resultasen ser, no serían rivales para su Stand, The World.

Necesitaba otorgarle un cuerpo estable a Jonathan, si quería estar junto a él como correspondía. Ya después se plantearía como mantenerlo a su lado durante toda la eternidad.

La lástima es que él no parecía aún entender o apreciar todo lo que estaba haciendo, pero bueno, DIO esperaba que, con el tiempo, eso cambiase. Tendrían todo el tiempo del mundo una vez se hubiera encargado de sus enemigos.

Miró su cuerpo, aunque había tenido tiempo de sobra para acostumbrarse a él, este seguía resistiéndose un poco, impidiendo que el vampiro pudiera manejarlo a la perfección. Ese hecho sólo aumentaba aún más la fascinación que sentía hacia Jonathan.

Había llegado a pensar que, igual que Jojo iba a necesitar el cuerpo de un Joestar, él necesitaría sangre de uno de ellos para asumir el control completo. Sonrió al pensar en eso, una vez lo lograse, tendría el mundo a sus pies.


Anne miraba aburrida por la ventana, no hacía mucho que se había separado del resto, pero los días se le hacían eternos. Dedicó los primeros dos días a recorrer la isla, pero no tardó mucho en cansarse. Aparte, aún tenía frescos los recuerdos de aquel día y más de una vez terminó pasando por el área donde la pelea tuvo lugar.

Suspiró, no tenía nada que hacer, ni tampoco con quien hablar, los de la Fundación Speedwagon no contaban, se aburría mucho, y lo único que podía hacer era desear que estuvieran bien. Había preguntado a los dos hombres que se hacían cargo de ella por el momento, pero por lo visto no tenían autorización para tratar ese tema con ella.

Quería ser útil de alguna forma, no soportaba quedarse ahí sin hacer nada, esperando al transcurrir de las horas, pues no tenía más que hacer. Tampoco se le había dejado ponerse en contacto con ellos por teléfono, al parecer ese tal DIO podría ser capaz de localizarlos o algo así. Anne, aunque no entendía bien cómo era eso posible, había hecho caso. Pero ya no aguantaba más vivir así, con el agobio y la angustia de no saber.

Habría valorado escaparse, si, primero, supiera manejar una lancha a motor en condiciones y dos, si no fuera porque uno de los trabajadores estaba pendiente de ella en todo momento.

Lo único que podía hacer era esperar a que volvieran.


Llegar a la ciudad les tomó varias horas a Jotaro y a los demás, aunque, afortunadamente pudieron recorrer todo el trayecto sin toparse con enemigos.

Fueron al hotel a registrarse, esa vez habían decidido que Jotaro y Joseph compartirían habitación, Noriaki y Jean en la de en frente y Avdol a la derecha de los primeros.

Aunque Jotaro no estaba demasiado contento con el reparto, le tocaba dormir en la misma habitación que el viejo y sabía que roncaba. También dudaba que Jean, a juzgar por lo contento que parecía, fuera a aceptar un intercambio.

Tendría que aguantar al viejo, aunque al menos sólo sería una noche, pensó en un intento de restarle importancia al asunto.

Era por la tarde, tenían tiempo de sobra para dar un pequeño paseo por la ciudad. Habían decidido buscar una tienda que vendiera cámaras de fotos, como comenzaban a acercarse a El Cairo era posible que las imágenes que obtuvieran fuera más clara ya.

De camino hacia el establecimiento se dieron cuenta de que un hombre estaba siguiéndoles sin disimulo alguno.

Llegando a un acuerdo en silencio optaron por dividirse. Jotaro y su abuelo fueron por un lado, continuando rumbo hacia la tienda mientras que los otros tres harían frente a ese posible enemigo.

Polnareff le observó serio. Desde la distancia a la que se encontraban podía percibir claramente el aura asesina que emanaba del desconocido.

-Yo me encargo-dijo a los otros dos. Ellos asintieron y se apartaron para dejarle espacio, pero sin estar demasiado lejos, por si fuera necesario intervenir para socorrer a su amigo.

Silver Chariot apareció detrás del francés y Anubis sonrió, desenvainó su espada y observó con cierta satisfacción la cara de perplejidad de su enemigo.

-¿No sacarás tu Stand?-el francés estaba tenso, el aura que había sentido antes había aumentado nada más desenvainar el arma.

Anubis no respondió y se limitó a arremeter. El estoque de Chariot le detuvo con facilidad y el Stand enemigo tomó nota rápidamente de ese movimiento. No tenía intención de ir con todo, por el momento se limitaría a analizar el estilo de combate de Jean Pierre y después lo contrarrestaría.

-Esa forma de atacar…-murmuró el francés entonces-No sabes manejar una espada…

Vaya, parecía que no era el único que estaba analizando el combate. Anubis sonrió, se iba a divertir pensó.

Polnareff le miraba cauto, esperando que fuera él quien reanudase el ataque. Algo no le cuadraba, si no manejaba bien la espada, ¿por qué estaba usando una para atacar? No tenía ningún sentido, algo no encajaba ahí.

Su instinto le pedía a gritos acabar ese enfrentamiento cuanto antes o las cosas se pondrían muy mal.

A duras penas fue capaz de detener la segunda vez la espada del otro. La velocidad y fuerza de sus golpes había aumentado considerablemente de la nada. Intercambiaron varias estocadas seguidas y Polnareff tuvo que dar su mejor esfuerzo para no retroceder.

Los otros dos debieron darse cuenta de sus dificultades, pues una ráfaga de fuego obligó al otro a retroceder. Permitiendo que el francés pudiera recuperar algo el aliento.

Anubis saltó hacia atrás y miró a los otros dos. Habían tardado muy poco en ir a socorrer al otro.

-Jean, ¿estás bien?-preguntó preocupado Noriaki acercándose junto al egipcio al francés.

-Sí...pero algo va mal-jadeó el otro mientras trataba de recuperar el aliento lo más rápido posible-No es normal la forma de atacar.

-¿A qué te refieres?-preguntó Avdol mientras se encargaba de mantener lejos al otro utilizando sus llamas. Ninguno de los dos había llegado a notar algo extraño.

-Es un aficionado-explicó Polnareff-La forma en la que sostiene la espada y la de atacar no son las de alguien que tiene experiencia manejando ese arma.

Anubis se estaba cansando ya de que el egipcio le estuviera manteniendo a raya de esa forma. El hombre alzó un poco el brazo y lanzó la espada contra ellos.

El arma atravesó con facilidad las llamas y se dirigió hacia Avdol, pero Polnareff se interpuso y con ambos estoques pudo detenerla.

La espada cayó al suelo y los tres centraron su atención en el otro hombre. Para desconcierto suyo lo encontraron tirado en el suelo inconsciente.

Intercambiaron una breve mirada y se acercaron. Comprobaron que siguiera respirando, no entendían cómo había pasado eso. Hasta el momento en el que había lanzado su arma había estado perfectamente.

-Un momento…y si el Stand era esa espada…-murmuró Polnareff girándose rápidamente para localizarla. Lo único que alcanzó a ver fue como un perro se alejaba corriendo con el arma enfundada entre sus dientes.

No pudieron hacer nada para detener su retirada. Jean guardó a su Stand y se relajó ligeramente.

-Deberíamos buscar a Jotaro y al sr. Joestar-dijo Noriaki serio, existía la posibilidad de que el enemigo fuera a por ellos.

-Sí…-jadeó un poco el francés-Es lo mejor.


Jotaro miraba serio la fotografía que su abuelo había obtenido segundos antes. No revelaba nada nuevo. Seguía estando tan oscura como las anteriores. Gruñó y la rompió sin miramientos. Qué pérdida de tiempo y de dinero había sido eso.

El anciano suspiró. DIO estaba resultando ser más difícil de encontrar de lo que había esperado. Y aunque sentía que iban por buen camino, el no ser capaz de obtener la respuesta que esperaba le dejaba un sabor amargo en la boca.

La actitud de su nieto tampoco ayudaba y el anciano no sabía ya qué hacer, ¿cómo se las habían apañado Polnareff y Kakyoin para llevarse bien con él?

Ya vería cómo podía hacerlo, no podía tirar la toalla se dijo serio. Conseguiría llevarse bien con su nieto.

-¿Crees que estarán bien los demás?-preguntó entonces Jotaro serio. Se encaminó en la dirección por la que habían llegado sin esperar al anciano, quien tuvo que andar algo deprisa para ponerse a su altura.

Habían recorrido más o menos la mitad del trayecto cuando se encontraron con ellos.

-¿Os encargasteis de ese hombre?-preguntó el moreno serio al llegar a su altura.

-Le conseguimos vencer, pero el Stand huyó-confesó Polnareff mientras procedía explicar lo que había ocurrido.

-Tendremos que estar alerta-Joseph estaba serio. Si era como el francés decía, tendrían problemas a la hora de hacerle frente.

-Por lo que vimos, la espada es capaz de controlar a quien entra en contacto con ella-contó Noriaki. Podían ser atacados por cualquiera.

-Su fuerza y velocidad no eran normales, si se hubiera alargado la batalla, me habría terminado por vencer-admitió a regañadientes Polnareff.

-No te vamos a dejar que te enfrentes a él tú solo la próxima vez-aseguró Noriaki serio. Los otros tres hombres asintieron enseguida

-Gracias-el francés sonrió un poco al oír eso. Se sentía bien sentir el apoyo de los demás.

-No las des-le interrumpió Jotaro antes de que pudiera seguir hablando el otro. Miró la hora, las seis de la tarde, tenían al menos dos horas y media más de Sol. Y no tenían ni idea de cuándo iban a ser atacados por ese Stand.

-Deberíamos planificar qué hacer-intervino Avdol. No podían ir sin una estrategia previa.

-Lo más prudente sería conducirlo a una zona sin gente-opinó Joseph entonces-¿Conoces alguna zona así por aquí, Avdol?

-Hay unas ruinas a las afueras-contestó el egipcio tras pensar un poco.


Encontrarle y conducirle al lugar resultó ser más complicado de lo que habían esperado inicialmente. Aunque entre los dos, Jotaro y Jean Pierre, consiguieron por fin llegar a las ruinas con la nueva víctima del Stand siguiéndoles de cerca.

El francés observó de reojo los distintos pilares que había en esas ruinas mientras calculaba algo deprisa mentalmente.

Aunque esperaba no tener que verse obligado a recurrir a eso, no era algo que pudiera descartar.

-Antes que nada, ¿quién eres?-preguntó Polnareff serio-No me gusta pelear contra alguien sin saber su identidad.

-Anubis. Soy el Stand Anubis-se presentó su enemigo sonriendo mientras lanzaba una estocada contra él. El francés la paró como pudo y, aprovechando la oportunidad, Star Platinum propinó un puñetazo al otro.

El hombre no se inmutó y siguió ejerciendo presión sobre el arma del Stand de Polnareff. Algo tan nimio como un puñetazo no le iba a detener.

El estoque del francés salió volando entonces y Anubis le hubiera dado en una zona vital si los tentáculos de Hierophant Green no le hubieran agarrado y sacado de su alcance.

Anubis rió divertido, si estaban todos ahí tenía la posibilidad de deshacerse de los que amenazan a su señor y de entregarle a Jotaro Kujo. No defraudaría a DIO.

Se giró y miró al joven, necesitaba tomar control de su cuerpo cuanto antes. Aprovecharía la más mínima oportunidad para ello.

Observó el estado de Polnareff, era cuestión de tiempo que pudiera matarle, por mucho que los otros intervinieran, sólo estarían retrasando lo inevitable. Conocía ya el estilo de lucha del francés.

Se lanzó a toda velocidad a por él y se encontró de bruces con el ataque del Stand de Kakyoin. Aunque fue capaz de desviar la trayectoria de unas cuantas, terminó recibiendo varios golpes en la pierna derecha y en el costado. Pero nada que supusiera un problema para moverse. Ignoró por completo la sangre que emanaba de sus heridas, era completamente incapaz de sentir dolor.

Esos imbéciles le habían proporcionado suficientes sitios para esconderse y atacar. Y tenía otra ventaja, ellos no sabían nada acerca de sus habilidades. Aún así, lo más prudente era deshacerse primero de Avdol y de Kakyoin, Polnareff y el anciano no le suponían demasiado problema.

En ese momento, unas lianas moradas se enredaron a su alrededor, aprisionándolo completamente con la fuerza suficiente como para que poco a poco comenzase a resultar complicado respirar.

Los otros no parecían muy dispuestos a acercarse, estaban esperando a que perdiera la consciencia. ¿Pensaban vencerle así? Encontraría la forma de volver a por ellos, por mucho que le derrotaran.

Cuando la presión en su pecho se hizo insoportable se desmayó.

Los cinco hombres se miraron dudosos. Fue Polnareff quien tomó la iniciativa y se acercó para comprobar que no estuviera fingiendo. Tardó un rato en estar completamente seguro. Miró desconfiado la espada-Jotaro, pásame la vaina-pidió. No quería arriesgarse a tocar la espada y terminar poseído por ese Stand.

Cuando tuvo por fin la vaina comenzó a introducir con sumo cuidado en su interior la espada, evitando en todo momento rozar el filo y la empuñadura.

-¿Qué hacemos con el Stand?-preguntó serio. No podían dejarlo ahí sin más o se arriesgaban a ser atacados de nuevo.

-Lo mejor sería deshacerse de la espada-dijo Joseph mientras se retiraba su Stand por fin.

Avdol se acercó a Jean Pierre y observó con cierta curiosidad la espada, era la primera vez que se encontraba con un Stand semejante-Me pregunto dónde estará su verdadero dueño…

-Tengo la sensación de que no tiene-contestó el europeo recordando el anterior enfrentamiento.

-No puede existir un Stand si no tiene usuario-le recordó el egipcio. Polnareff se quedó un rato callado pensando. También él encontraba demasiado extraña la existencia de un Stand semejante.

-¿Podemos centrarnos en lo importante?-cortó Joseph la conversación-Propongo que lo tiremos al Nilo.

Los otros cuatro se miraron, parecía una buena opción, siempre y cuando no entrase en contacto con algún animal.

-¿No sería mejor destruir la espada antes?-cuestionó Noriaki serio. Si volvía a por ellos no estaba seguro de que fueran a ser capaces de vencerle.

Polnareff observó serio la espada, la seguía sosteniendo por la vaina, quizá Noriaki tenía razón y lo más acertado era destruir el arma directamente y evitar futuros dolores de cabeza, pero…¿Cómo la destruían?

Formuló esa pregunta en voz alta, pero ninguno de sus amigos fue capaz de darle una respuesta, no estaban demasiado seguros sobre cómo hacerlo. Seguramente para ello tuvieran que desenvainar el arma y eso era algo que no les apetecía en lo absoluto.

-Creo que mejor la tiramos al agua y ya-opinó Jotaro. En vista de que esa parecía ser otra buena opción y que ninguno ponía objeciones ante esa propuesta, los cinco se encaminaron hacia la orilla del río.


Anubis, que había permanecido atento a lo que planeaban, gritó para sus adentros. Si le tiraban al agua no le llevaría más de dos días oxidarse. ¡Perdería toda su belleza! ¿¡Qué clase de salvajes eran esos que pretendían arrojarle al Nilo como si no fuera más que un despojo!?

Se vengaría...vaya que sí se vengaría de esos cinco humanos insolentes. En cuanto le tirasen a las aguas del Nilo se las pensaba apañar para salir de ahí y hacerles pagar semejante humillación.

No tardó demasiado en comenzar a hundirse en el río. Y la espada chilló de nuevo indignada. Joder, el agua estaba, sucia no, lo siguiente. Parecía que los humanos habían convertido ese río en su depósito de basura. Eso significaba que pocos animales iba a poder encontrar.

¿Cómo podían ser los humanos tan descuidados? Anubis recordaba a la perfección lo cristalina que habían llegado a ser las aguas del Nilo, aunque de eso habían pasado ya cinco siglos. Y le ponía de mal humor comprobar lo nocivos que eran los humanos.

No le extrañaba que DIO quisiera dominarlos, estaba claro que si no se les controlaba, terminarían por cargarse el planeta, A saber cómo lo tendrían dentro de diez años…

Aunque él no fuera capaz de ayudar más a su señor esperaba que este lograse conseguir tal noble objetivo.


Noriaki observó junto al resto como el arma se iba sumergiendo en las aguas del río-¿Y ahora qué? ¿Nos vamos?

-Tenemos que encontrar a Iggy-dijo Polnareff al darse cuenta de que el perro no estaba por ninguna parte. Los cinco gruñeron, lo último que les apetecía en ese momento era tener que desperdiciar tiempo en buscar a un animal que, claramente, no tenía la más mínima intención de ir con ellos de forma voluntaria.

-Sr. Joestar...no quiero sonar grosero, pero…-Noriaki dudó un poco sobre cómo seguir-Sé que Iggy tiene un Stand bastante poderoso...aunque no le veo con intención de ayudar…

El anciano suspiró un poco, el chico llevaba razón, pero no estaba dispuesto a admitirlo. No le gustaba reconocer que se había equivocado.-Llegará un momento en el que sea útil, ya verás-optó por decir. Los otros cuatro se miraron algo dudosos, pero no insistieron. Sabían ya que cuando se le metía algo en la cabeza, no cedería en nada.

-Deberíamos dividirnos para buscar al chucho-dijo Jotaro serio. De esa forma podrían cubrir más terreno, aunque tampoco estaba demasiado dispuesto a perder más tiempo del necesario buscando a ese animal. Si dependiera sólo de él, no hubiera dudado en absoluto en dejar a Iggy atrás.

-¿Por qué no vais Noriaki y tú juntos?-propuso enseguida el francés sonriendo.

Los dos jóvenes desviaron algo nerviosos la mirada pero ninguno de ellos se negó. A ambos les apetecía pasar tiempo juntos a solas.

-Nos encontraremos en el hotel a las nueve-indicó serio Joseph. Noriaki y Jotaro asintieron conformes. Tendrían tiempo suficiente para buscar.

Se separaron del grupo en silencio.


Jotaro encendió un cigarrillo mientras andaban. Noriaki le observó de reojo algo sonrojado, estaba algo nervioso.

-¿Crees que podremos vencer a DIO?-preguntó en ese momento. El moreno le miró, el otro chico parecía estar bastante nervioso. No se le daba demasiado bien calmar a la gente, pero a Jotaro no le hacía gracia verlo así. Apoyó la mano en su hombro y Noriaki le miró.

-No somos precisamente débiles-le dijo en un intento de tranquilizarlo.

-Ya...pero no sabemos qué poder tiene su Stand-Noriaki seguía dudando-Ni tampoco dónde está.

-Noriaki-dijo utilizando su nombre para captar su atención-Le vamos a encontrar y le venceremos.

-¿Cómo puedes estar tan seguro?-quiso saber el pelirrojo, envidiando la confianza que mostraba el otro.

Jotaro desvió un momento la mirada-Porque no me puedo permitir dudar. La vida de mi madre depende de eso.

El otro joven le miró, lentamente comprendiendo que Jotaro también tenía miedo, aunque no lo fuera a reconocer. Optó por no comentar nada para no estropear el momento.

Aunque el momento quedó roto cuando vieron a Iggy salir de una de las calles corriendo. Llevaba algo en la boca y un hombre le perseguía dando voces.

-¡Maldito chucho callejero! ¡Devuélveme el bocadillo!-los dos muchachos suspiraron al escuchar eso.

Al menos no habían tardado demasiado en encontrar a ese animal, ahora quedaba atraparlo.


Polnareff esperaba fuera de los servicios. Habían tenido que hacer una parada, Joseph había necesitado ir. Miró de reojo al egipcio.

-¿Qué harás cuando acabemos con todo esto?-preguntó con cierta curiosidad.

-Retomaré mi negocio-respondió Avdol enseguida-¿Y tú?

El francés cruzó los brazos y tardó algo en responder-No lo sé, supongo que volveré a Francia.

-¿Pero?-preguntó el egipcio, intuyendo que el otro no estaba demasiado convencido sobre eso.

-No tengo a nadie ahí. La casa es demasiado grande para una persona sola-confesó entonces Polnareff-También es posible que siga viajando un poco más. Me gustaría conocer mundo ahora que puedo.

Avdol le miró callado y asintió. No sabía bien qué decir y tampoco quería comprometerse a algo.

-¿Has estado alguna vez en Estados Unidos?-preguntó Joseph uniéndose a la conversación, pues había escuchado la última parte.

-No, la verdad es que son viajes muy caros-comentó el francés. Avdol asintió, dando la razón al europeo, pero Joseph no pareció demasiado convencido. Aunque cambió deprisa de tema-Antes encontré un enchufe muy extraño, al salir del baño.

-No lo habrá tocado…¿verdad?-quiso saber el francés aunque intuía ya la respuesta.

-¡Por supuesto que no!-exclamó indignado el anciano.

-Deberíamos centrarnos en encontrar a Iggy en vez de estar perdiendo el tiempo-interrumpió la discusión enseguida el hombre egipcio.

-Sigo pensando que no es más que una carga y que lo único que nos hace es perder tiempo-opinó el francés. Aunque no le caían mal los perros en general, Iggy no terminaba de resultarle especialmente simpático. Posiblemente fuera el hecho de que siempre estaba yendo a su bola.


Iggy gruñía a los dos jóvenes mientras utilizaba a su Stand para evitar que se acercaran a él. Estaba harto, no quería seguir viajando con esos mentecatos. No hacía falta ser muy inteligente como para no darse cuenta de que se dirigían a una muerte segura. No es que le importase, pero no pensaba verse involucrado en eso.

El canino lo único que quería era volver a su vida tranquila, después de lo que le había costado colocarse al mando de la manada de perros callejeros del barrio, ahora, por culpa de ellos le tocaría volver a escalar desde cero. Y eso era algo que le daba bastante pereza.

Observó como los dos humanos hacían aparecer sus Stands, aceptando por fin enfrentarse a él. Iggy no estaba preocupado lo más mínimo. Derrotarlos sería demasiado sencillo.

Cuando vio que el Stand verde lanzaba algo contra el suyo no se molestó en apartarlo y observó como esos proyectiles atravesaban a The Fool sin provocarle daño alguno.

Iggy, completamente relajado, comenzó a acicalarse mientras la batalla continuaba.


-Jojo, ¿tienes algún plan?-preguntó serio Noriaki al ver que su ataque no hacía absolutamente nada.

-Uno de nosotros debería entretener a The Fool y el otro ir a por Iggy-dijo enseguida Jotaro recordando el enfrentamiento contra Enyaba.

-Yo me encargo del Stand-afirmó enseguida el pelirrojo. Su Hierophant Green era el más adecuado para eso.

-Bien-Jotaro esperaría cualquier oportunidad para ir a por Iggy, pues sabía bien que no podían hacer nada contra su Stand.

Cuando creyó que era el momento más adecuado comenzó a correr directo hacia el perro, este le miró, pero en vez de mostrar miedo o alguna preocupación, se limitó a rascarse la oreja derecha con una de sus patas traseras.

Jotaro, sin dejarse impresionar por esa calma inusual del animal, continuó corriendo hacia él, pero entonces, un gran muro de arena impactó contra él, empujando al joven hasta la fachada del edificio más cercano. El chico mantenía los ojos y la boca cerrados para evitar que se le metiera más arena.

-¡Jotaro!-cuando por fin toda esa arena se retiró, el chico casi perdió el equilibrio, pero, gracias a Noriaki, no llegó a caer. Le miró, pero le escocían bastante los ojos, le había entrado arena.

-Parece que nuestro plan no ha funcionado-gruñó mientras utilizaba el pañuelo que Noriaki acababa de darle para limpiarse los ojos. Joder, había quedado lleno de arena.

-¿Se te ocurre otro?-quiso saber el pelirrojo mientras permanecía atento a Iggy, que en esos momentos bostezaba y se tumbaba en el suelo para dormir. Jotaro sacudió el pañuelo para quitarle la arena y escupió la que había conseguido entrar en su boca. Joder, que puto asco.

Jotaro fue a decir que no, que no sabía cómo lo podían hacer, pero entonces recordó la habilidad que, junto a Polnareff, había descubierto recientemente. Sabía que el francés le había aconsejado mantenerla oculta, pero si querían vencer a Iggy, quizá fuera su única opción.

-Tengo una idea, pero es arriesgada-dijo serio.

-No tenemos otra. ¿Qué has pensado?-Noriaki confiaba plenamente en su idea, aún sin haberla escuchado.

-Vamos a repetir lo mismo de antes-afirmó Jotaro sonriendo ligeramente.

-Pero, Jojo…-protestó enseguida el otro chico.

-Funcionará-Jotaro se negaba a permitir que un simple chucho callejero le venciera.

Noriaki le observó, el moreno estaba completamente convencido de ello y, por un segundo, el chico envidió esa seguridad en sí mismo.

-Pues, ¿a qué estamos esperando entonces?-preguntó el pelirrojo. Confiaría en Jotaro.

Eso hizo reír un poco al otro chico y Noriaki no pudo evitar quedarse mirando de reojo, le parecía una forma de reír...se sonrojó un poco ante el rumbo de sus pensamientos. Tenía que centrarse en lo importante ahora.

Hierophant volvió a encargarse de atacar una y otra vez a The Fool, tratando de que no prestase atención a Jotaro para brindarle a su amigo la oportunidad de llegar hasta Iggy.

El moreno hizo aparecer a su Stand y cuando vio que Iggy mandaba otra vez un muro de arena contra él detuvo el tiempo.

Se apartó deprisa de la trayectoria, aunque lo hizo por muy poco, pues el tiempo retomó su curso apenas un segundo después. Aprovechó el desconcierto de Iggy a su favor y se acercó aún más deprisa. Aunque el animal se repuso rápido y volvió a mandar a The Fool contra él.

Jotaro se dispuso a volver a detener el tiempo, pero esa vez, por alguna razón, Star Platinum no fue capaz de hacerlo. A consecuencia de eso, el moreno volvió a terminar estampándose contra un muro y tragando algo de arena.

Cuando esta se retiró, el joven se pasó los siguientes minutos tosiendo, tratando de expulsar la arena de su boca. Noriaki se acercó a él preocupado, aunque se mantuvo a una distancia prudencial para no agobiarlo.

-Puto chucho de mierda-mascullaba Jotaro cabreado con el animal. Le estaba tocando mucho las narices y se le estaba agotando toda la paciencia.

-Jojo, eso de antes…¿qué ha sido?-preguntó serio Noriaki-No te he visto moverte.

-Luego cuando acabemos con Iggy te lo explico-prometió el moreno enseguida. Le preocupaba no haber podido parar el tiempo antes. No pensaba desistir aún así-Volvamos a intentarlo.

-¿Otra vez? ¿Estás seguro, Jojo?

-Completamente-Jotaro se colocó bien su gorra. Noriaki asintió, aunque en el fondo deseaba hacer algo más que simplemente atacar a The Fool sin más.

Así que, cuando vio que el Stand de Iggy desviaba la atención de Hierophant Green para atacar a Jotaro, hizo que su Stand extendiera los tentáculos y, aprovechando el descuido del animal, logró atraparlo con éxito.

Iggy se revolvía como loco, intentando liberarse de su agarre, pero sólo consiguió que el Stand verde le sujetase con más fuerza para evitar que se escapase.

-Bueno, ¿volvemos al hotel ya?-preguntó Noriaki mirando a Jotaro, quien terminaba, por fin, de quitarse toda la arena de la ropa.

-Sí-contestó el moreno-Por cierto, gracias.

-No hace falta que las des-respondió enseguida el chico pelirrojo sonriendo contento.


Avdol despegaba con cuidado las chapas que se le habían pegado al cuerpo del anciano. Desde hacía un rato había notado que los objetos metálicos pequeños se veían atraídos hacia él.

Polnareff terminó de beber de la botella de refresco y suspiró. Se habían tomado un descanso y habían parado en un bar a tomar algo.

-Si nota que va a más, avise enseguida, sr. Joestar-dijo el egipcio serio.

-Sí, sí-respondió el hombre con pocas ganas. Lo último que quería era que se metieran con él por haber tocado lo que no debía.

-Suponemos entonces que ese enchufe era un Stand, ¿verdad?-preguntó el francés mientras se levantaba de la silla y los otros dos le imitaron.

-Sí, sería lo más probable-comentó Avdol serio mientras retiraba el tenedor que se le había pegado a Joseph en el sombrero.

El anciano gruñó, sí, sabía que no debería haber tocado ese enchufe, pero la curiosidad había sido más fuerte en ese momento. Ahora lo más importante era encontrar y vencer al dueño de ese maldito Stand.

-Lo mejor sería regresar al hotel-opinó Jean Pierre mientras observaba como el abridor de botellas que habían utilizado se acercaba, por sí solo, a Joseph.

-Creo que deberíamos seguir buscando a Iggy-le contradijo el anciano, poco contento ante la idea de quedarse de brazos cruzados.

-¿Mientras el magnetismo sigue yendo a más?-intervino Avdol, apoyando la idea del francés- No creo que sea buena idea.

Joseph suspiró. Sabía que llevaban razón así que, bastante a regañadientes, cedió y los tres emprendieron el camino de regreso al hotel.


Jotaro abrió la puerta de su habitación y, sin pensarlo dos veces, tras dejar al perro en el suelo, fue directo a la ducha. Quería quitarse toda la arena del cuerpo de una vez.

Había acompañado a Noriaki hasta su cuarto y después, cargando con Iggy, fue hasta su habitación. Aunque el chico le había obligado a prometer que después volvería y le contaría lo ocurrido durante la pelea.

Cuando llevaba ya un rato en el baño escuchó claramente como la puerta de la habitación se abría. Aguzó el oído y pudo oír la breve conversación de su abuelo y Avdol. Suspiró y terminó de limpiarse.

Salió del baño tras vestirse y vio a su abuelo sentado en la cama.

-Encontrasteis a Iggy por lo que veo-dijo el anciano al verlo-¿Os costó mucho atraparlo?

-Un poco-reconoció su nieto-Oye, viejo, ¿por qué tienes una lata de refresco en la espalda?

-¿Qué?-Joseph llevó ambas manos ahí, en un intento de quitársela. Jotaro gruñó, se acercó y, tras tirar un poco, se la quitó-Gracias, Jotaro.

El muchacho asintió y tras despedirse con un gesto salió. El anciano suspiró, estuvo a punto de llamarle la atención por eso, pero no le dio tiempo. Se quedó solo en la habitación. Quería acercarse al chico, pero este no lo ponía nada fácil.


Noriaki fue a abrir la puerta en cuanto oyó que se trataba de Jotaro. Polnareff observó con una pequeña sonrisa el entusiasmo del chico, pero se abstuvo de comentar algo. Por un momento se planteó dejarlos solos, al menos hasta que oyó el porqué estaba Jotaro ahí.

Por un momento se le pasó por la cabeza, reñir al chico por haberlo usado, pero desistió enseguida al ver el ambiente que se había instalado. Lo último que quería era romperlo y echar eso a perder.

Salió sin hacer demasiado ruido y les dejó intimidad. Dudaba que fueran a dar un paso agigantado, pero sabía leer el ambiente y él, en ese momento, no pintaba nada ahí.

Salió al pasillo y entonces se dio cuenta de que se había dejado la llave de la habitación dentro. Bueno, al menos, estaban ellos dentro para abrirle en caso de ser necesario, así que no tenía mucha importancia.

Se planteó ir a ver a Avdol, quizá fuera buen momento de empezar a buscar al dueño del Stand de antes.


¡Nos vemos en el siguiente capítulo! ¡Hasta la próxima!